Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Archivo de agosto, 2018

Este otoño necesitas una diadema

Las diademas tienen la magia de reducir a la nada todos nuestros problemas capilares de “es que no me da tiempo a peinarme el remolino/se me ha quedado el pelo con la forma de la almohada/no sé qué narices hacer para que no se me caiga continuamente el mechón por delante de los ojos mientras trabajo con el ordenador.

PIMKIE/GUCCI

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

De hecho es tan apañada que se trata de un accesorio al que también recurren los estilistas de las royals británicas cuando se sabe que van a pasar el día en un lugar con mucho viento (toma ya, truco de Kensington Palace directo a Chamberí).

Además de relajarnos de inmediato el estrés que pueda producir el cabello despeinado, es algo que rejuvenece gracias a ese aire juvenil que tiene, de cuando estábamos en Educación Primaria y nuestra madre nos plantaba la cinta para que no protestáramos porque nos molestaba el pelo.

Vamos, que ponerse una diadema es fácil, lo difícil es saber cómo combinarla.

Pero que no cunda el pánico que Phoebe Buffay llega al rescate mientras mentalmente, solo de leer su nombre, ya estás tarareando Smelly Cat.

Sus conjuntos de vestido con jersey de cuello cisne o chaqueta de punto con una diadema a juego son el ejemplo estilístico perfecto que debes seguir para ponerte el accesorio.

Pero, ¿y este furor tan repentino por las diademas como si estuviéramos en 2011? Culpa a la pasarela, ya que han aparecido en los desfiles de Miu Miu, Molly Goddard y Moncler Gamme Rouge.

Hasta Chrissy Teigen se ha unido muy fuertemente a la tendencia, tanto que ha creado el hashtag #Headbandoftheday para compartir las diademas que se pone cada día.

Eso sí, a diferencia de las tuyas que son de H&M o Lefties, las de la modelo son de firmas  como Jennifer Behr o Gucci. Pero vamos, que a la hora de llevarlas, quitando los cientos de euros de diferencia, es casi igual.

Así que ya te inspires en el personaje de la serie o en la musa de All of you, es el momento de ver las reposiciones de Friends y copiar la manera de llevar las diademas.

Series en las que puedes inspirarte cuando no sabes qué ponerte

Nadie quería verlo pero es oficial: se aproxima el final del verano. Y como ahora toca la inminente vuelta a las clases, con el consecuente periodo de readaptación en el que tienes los horarios más cambiados que si hubieras ido a Hawai (aunque en realidad lo más lejos que hayas ido sea a tu pueblo en Cáceres), quiero compartir una de mis fuentes de inspiración estilísticas.

THE BOLD TYPE. YOUTUBE

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

Entre lo que me gusta la pequeña pantalla y lo que me encanta la moda, las series de televisión son una mina en cuanto a estilismos se refiere. De hecho recuerdo cómo durante primero de carrera acudía a clase con diademas de lazos como si fuera la mismísima Blair Waldorf solo que en vez de yendo a un colegio privado, a la Complutense.

The Bold Type
La mencioné en su día en las series que debes seguir si te gusta la moda, pero conforme pasan sus temporadas se posiciona como mi favorita. Es perfecta para estilismos de off to work si en tu trabajo no tienes que ir de traje. Tienes mil ideas de conjuntos para ir a la oficina, tomar algo con tus amigas o incluso para salir de fiesta. Lo mejor es que son 100% realistas y, si eres bajita, podrás tomar nota de los trucos de Jane, una de las protagonistas, que sabe cómo vestir consiguiendo sumarse unos centímetros con la ropa. Con la jefa de la revista también sacarás ideas para tu próxima cena de trabajo.

Friends
¿Friends aquí? ¿Estamos locas? Con el retorno de las tendencias de los años 90, Friends ha pasado de ser considerada casi vintage a una serie con tendencias totalmente actuales. Los monos de Phoebe, los jerséis de Rachel o las plataformas de Monica te sonarán más que nunca ya que son las mismas que están ahora en los escaparates de las tiendas. Además si pensabas que solo del videoclip de Wannabe podías sacar peinados noventeros, atenta a los estilismos de las tres protagonistas.

Younger
Perfecta para ver con tu madre ya que trata de una mujer de 40 años que se hace pasar por una veinteañera para encontrar trabajo. Si bien la protagonista tiene conjuntos que más o menos te pueden gustar, es el personaje que interpreta Hilary Duff el que te hará querer correr al armario a experimentar. Su vestuario a lo largo de la serie es para hacer Ctrl+C y Ctrl+V pero directamente en tu cuerpo. Ya te aviso de que los vas a querer todos. Por otro, lado a los looks de la jefa de la editorial, que empezarán horrorizándote, les terminarás cogiendo el punto. Si bien no para ponerte ahora mismo, para dentro de unos años, cuando te conviertas en esa jefa carismática e influyente que estás destinada a ser.

Pequeñas Mentirosas
Aunque Gossip Girl es una de mis series favoritas de la vida por su ropa, no es con la que más identificada me puedo sentir. Sin embargo, para las que se quedaron con más ganas de la serie que nos hizo soñar con el Upper East Side, los looks de Pequeñas Mentirosas pueden quitarnos el antojo ya que son más fáciles de emular. Cada una de las protagonistas tiene un estilo muy marcado: moderno con aires rockeros, preppy, atrevido, clásico… Por mucho que estés metida en la trama, se te irá el ojo a los conjuntos.

Girls
No necesitas ser fan de Lena Dunham si lo que quieres es sacar ideas para ir a clase o a trabajar ya que es imposible que no te sientas identificada con el estilo de una de las cuatro protagonistas. A diferencia de Pequeñas Mentirosas, con Girls encontrarás un armario más ‘europeizado’, por llamarlo de alguna manera (y ya sabéis lo que quiero decir). Si te sientes identificada con un gusto elegante a la hora de vestir atenta a Marnie. No te pierdas tampoco el power dressing de Shoshanna ni el boho chic de Jessa.

Y ahora para que todas podamos beneficiarnos, dime tú, querida lectora (o lector) cuáles son las series que te inspiran a la hora de vestir. No vaya a ser que me esté perdiendo alguna que me pueda dar ideas.

El maquillaje “para hombres” de Chanel

Cuando salió el primer maquillaje unisex, lo celebré como la que más. Ese era el camino: cosméticos para todo el mundo.

Sin embargo, creo que, como de costumbre, cuando sale un producto que pretende conseguir algo tan inmenso como es romper los estereotipos, nos hemos hecho un lío con las brochas.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

CHANEL BEAUTY

En noviembre Chanel lanzará una línea exclusiva para que los hombres puedan maquillarse, compuesta por una base, un cepillo de cejas y un bálsamo labial, mate, por supuesto, no vaya a ser que se note que un hombre lleva algo en los labios.

A mí me parece que estos intentos de introducir productos cosméticos con la coletilla “para hombres” dejan en relieve dos cosas: la primera es que el maquillaje se ve todavía como algo femenino y por tanto hay que sacar productos específicos para el público masculino y dos, que las líneas de maquillaje para hombres apenas cuentan tres productos básicos para que la masculinidad no se sienta amenazada.

No vaya ser que la colección incluya un lápiz de ojos por si alguno quiere una mirada más profunda como los egipcios y le salgan tetas al hacerse el delineado.

Si la casa francesa quiere dar el paso, algo que me parece perfecto, vamos a darlo bien. Porque lo que pretende reafirmar Chanel es que la belleza no es una cuestión de género. “No hay líneas, colores, actitudes o gestos que sean exclusivos femeninos o masculinos. Solo existe el estilo” han llegado a decir en la nota de prensa de los productos. Pero por mucho que quieran escapar de las categorías, son los primeros en hacer la discriminación, por lo que la línea de cosméticos y el mensaje terminan siendo contradictorios.

De hecho fijaos si hay una marcada distinción que los productos pertenecen a la colección “Boy de Chanel” y todo el packaging es en azul oscuro (azul oscuro casi negro, como tantos desodorantes, champús, geles y productos “para hombres”).

Si tanto quieren hacernos recordar que fue la propia Coco Chanel la que se encargó de dibujar el armario femenino moderno cogiendo prendas del masculino, es el momento de compartir el maquillaje en vez de categorizarlo, ya que lo único que consiguen es seguir prolongando la distinción.

Si somos nosotros los que nos definimos, y lo suyo es que podamos definirnos como queramos, que no sean las marcas quienes precisamente impongan la etiqueta de “esto que estás comprando es maquillaje de chico o de chica”.

Una vez que el maquillaje “para hombres” se vea como algo normal, como “maquillaje” a secas, podremos empezar a planteárnoslo como algo sin género, como el jabón de manos o la pasta de dientes.

El furor de las lentejuelas en la moda de verano

Corrían los años 70, y si no llegaste a ver cómo corrían porque eres millennial, como yo, las reposiciones de la película Mamma Mia vienen a ser casi lo mismo para que os hagáis una idea del tema del que te quiero hablar.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

Quiero hablar de las lentejuelas, ya que se han convertido en uno de los hits inesperados de la temporada.

Es inesperado por dos motivos, en primer lugar porque a estas alturas del mes se nos hace difícil pensar en las tendencias veraniegas sin que haga sombra el otoño (y seamos sinceras, las nuevas colecciones pintan muy bien).

Y en segundo lugar porque, hasta donde yo sé, era algo propio de las colecciones de fiesta de Nochevieja, casi tan típicas en las tiendas como los anuncios de turrón Antiu Xixona en la tele.

Sin embargo estamos aquí, como si nada, cuando deberíamos abrir el armario y escuchar Dancing Queen solo de los brillos que salen de las prendas.

Era precisamente eso lo que nos daba un poco de miedo de las lentejuelas, que no nos pegaban más allá de contextos de fiesta, pero algunas influencers han demostrado que de eso nada ya que también puedes lucirlas bajo el sol (pese al riesgo de deslumbrar con los destellos).

What are you wearing tonight? Something easy and casual ahahahah

A post shared by Chiara Ferragni (@chiaraferragni) on

Brilli brilli ✨ – @albertmullor 📷

A post shared by Aida Domenech (@dulceida) on

Chiara Ferragni o Dulceida han optado por las lentejuelas en sendos monos, pero independientemente de la prenda, ya vengan en camiseta o pantalón, que no se queden esperando a que se haga de noche.

Además, según ambas, el mejor complemento es una buena ración de iluminador hasta que notes que el pómulo es más reflectante que las señales de tráfico.

Y para la opción nocturna elige un vestido que haga morirse de envidia hasta a quienes inventaron la aplicación Kirakira como hace María Turiel.

Noches de verano 💫

A post shared by María Turiel Soler (@meryturiel) on

Tener tatuajes ya no te va a impedir conseguir trabajo

No, mamá, hacerme un tatuaje no va a ser un impedimento cuando esté buscando trabajo.

Si tu madre es como la mía, de esas que relacionan los tatuajes con la delincuencia, pese a que tú que eres su hija (y más buena que el pan) solo te hayas tatuado una mariposa en el pie, esto va para ella.

PIXABAY

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

Señoras del mundo: tener tatuajes no es un problema a la hora de conseguir que nos contraten, así que dejad de repetírnoslo cuando os contamos que vamos a continuar el tatuaje del hombro a lo largo del brazo.

Podemos encontrar dificultades a la hora de encontrar trabajo por cómo están las cosas en España, pero no por los tatuajes, de verdad, podéis quedaros tranquilas.

Afortunadamente, la concepción que se tenía de ligar los tatuajes a presidiarios ha disminuido gracias a que nosotros, millennials, nos hemos tatuado con una pasión y una continuidad como ninguna otra generación antes.

Pero para tener seguridad plena sobre el tema, la revista americana Human Relations ha publicado un estudio que se encargaba precisamente de analizar cómo eran percibidos los tatuajes en el ámbito laboral.

Ni el número de tatuajes, ni el lugar donde tienes el diseño (es decir, si son visibles o no) estaban relacionados con ningún tipo de discriminación en el trabajo o menor tasa de empleo.

De hecho, los tatuajes parecían ser una pequeña ventaja ya que el estudio demostró que la gente con tatuajes trabajaba más horas y días al año que aquellos que no estaban tatuados (estamos acostumbrados al sufrimiento, seres no tatuados).

Aunque haya empezado hablando de nuestras madres (os adoramos), el cambio en la percepción no es que se haya dado en treinta años ni mucho menos.

El último estudio que se hizo al respecto fue en 2006 (es decir, ayer) y su resultado fue que el 80% de los participantes pensaban en los tatuajes a la vista como algo negativo.

Así que ahora que los tatuajes son aceptados en el lugar de trabajo (a no ser que hagas algo del tipo Guardia Civil), el diamante del hombro o tu nombre en chino no se van a interponer a la hora de conseguir tu trabajo soñado.

Con este truco puedes conseguir un pelo “efecto playa”

Agosto, el mes por excelencia de las vacaciones… A no ser que seas freelance o que a estas alturas no te queden días libres, te toque quedarte en casa y lo más cerca que vayas a estar de la playa sea en la sección de cremas solares del supermercado de tu ciudad.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

PIXABAY

Si te has sentido identificada, te pasa como a mí. Pero que estés en la ciudad no significa que tengas que mantenerte alejada de todo lo que te gusta del verano.

Para empezar las faldas tipo pareo, los collares y pulseras de conchas y los bolsos de mimbre son accesorios que puedes llevar independientemente de dónde te encuentres.

También te puedes montar un día ‘playero urbano’ durante el fin de semana en cualquier piscina. Y además, puedes conseguir en tu pelo el efecto beach hair don’t care de manera casera con una receta que te hará ir a la oficina con unas ondas surferas que harán que tu jefa se plantee si acabas de llegar en furgoneta de Peniche (pero muy bien vestida, claro).

La receta es muy sencilla: solo necesitas una taza de agua templada, una cuchara sopera de sal de mar (la encuentras en herbolarios y en algunos supermercados), una cucharadita de aceite de argán y cinco gotas de aceite de esencia de lavanda.

Primero tienes que disolver la sal en el agua removiendo hasta que quede totalmente integrada y luego añadirle ambos aceites. Puedes echarlo en un bote difusor (el ‘flus-flus’ para los amigos) y así tenerlo listo para aplicar en cualquier momento.

Se echa sobre el pelo dándole algo de forma con las manos (queda muy bien en las puntas) y listo.

Si bien no es algo para que uses todos los días (no te vuelvas muy loca que por mucho que lleve aceites, es agua con sal) es ideal para darle un toque playero a tus estilismos sin que te haga falta una playa cerca.

You will change the world just by being a warm kind hearted human being. Be kind to everything that lives. Love is a medicine for the earth. We are our choices. @primark.beauty has its own cosmetic brand and just announced that they’ve got the Cruelty Free International Leaping Bunny certificate. The Leaping Bunny logo will be visible on all the skin and haircare products of Primark Beauty, which guarantees that Primark’s own beauty brand is not animal tested. So from now on you can buy cruelty free skincare and haircare at Primark! This kind of news makes me so happy. I think it’s important that this change is happening and that these big brands are making better choices. True beauty is cruelty free. Let’s root for each other and watch each other grow. 🙏🏻❤️ #PrimarkBeauty #iworkwithprimark #ad #crueltyfree #beachlife #swimsuit #bodygoals #bodypositive #sunset #beachhairdontcare #idigyourhair #hairgoals

A post shared by nathaliekemna (@nathaliekemna) on

¿Y si no quiero sonreír en las fotos por mucho que “esté más guapa”?

Desde hace un tiempo dejé de enseñar los dientes en todas las fotos y empecé a posar con un gesto que definiría como “sereno”.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

Yo misma y una cabina de Liverpool

Lo hago porque apetece, me siento más identificada y así dejo las sonrisas para los momentos en los que verdaderamente las siento, no solo cuando hay un flash de por medio.

Sin embargo era una cosa que antes no entendía de Victoria Beckham. ¿Por qué no sonreía en las fotos?

Había sido una Spice Girl, tenía su propia marca de ropa, desfilaba en la pasarela de Nueva York… Y a nivel personal lo que todos sabemos, un marido más majo que el pan (mirad el vídeo que hizo con Deadpool) y cuatro hijos que son para achucharles los mofletes como cuando tu tía llevaba sin verte varios meses.

Entonces, ¿cómo era posible? Como que no andaba falta de motivos para sonreír precisamente. Y claro, no puedes salir sin sonreír cuando sonreír en las fotos se ha convertido en algo normal.

Ahora quien no sonríe enseguida encuentra varias reclamaciones en forma de comentarios que preguntan, como Joker a sus víctimas, “¿Por qué tan serio?”. No nos dejan optar por la seriedad.

A pesar de ello, Victoria Beckham ha hecho del gesto serio su marca en las fotografías. De hecho, está tan comprometida con la seña que en una ocasión escribió de pie de foto “Sonriendo internamente” para zanjar la controversia, reivindicando que sale como le da la gana en las fotos.

Otra que se aleja de la “sonrisa de foto” es Caitlin Moran, columnista inglesa, a la que le preguntaron en Twitter en varias ocasiones por qué siempre salía con cara de estar pasándoselo muy bien o, como decían literalmente, con “cara de marioneta”.

Ella respondió que la gente tenía que reflejar que estaba feliz, pero que ella no quería reflejar nada, sino proyectar lo que estaba viviendo realmente.

Así que la próxima vez que poses en una foto, piensa realmente cómo quieres salir. Que no sonrías no significa que estés sumida en la depresión más profunda, sino que, simplemente, no quieres sonreír.

Si desde pequeños nos enseñan que no se deben dar besos a la fuerza, ¿por qué no empezar a enseñar que tampoco debemos sonreír a la fuerza?

Me he cansado de escuchar: “Sonríe, que estás más guapa”. A lo mejor no quiero ser más guapa, a lo mejor solo quiero ser yo.

Pasta de dientes y vaselina: el (fallido) truco casero para aumentar el pecho

Que tire la primera piedra quien nunca se haya fiado de un vídeo de Youtube para hacer algo (yo sin ir más lejos recurrí a la plataforma cuando empecé a vivir sola y no sabía cómo funcionaba exactamente el abrelatas).

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

PIXABAY

La red está llena de vídeos con trucos que van desde a blanquearte los dientes con bicarbonato hasta conseguir un aumento de pecho con -no os lo perdáis- vaselina y pasta de dientes.

Sí, aparentemente frotarte vaselina en el pecho y pasta de dientes en los pezones hace que crezca el tamaño del pecho.

Mi pregunta es cómo es posible que en algún momento alguien piense que, realmente, eso que sirve para cepillarse los dientes tenga propiedades mágicas aumentadoras de pecho. Me recuerda a esos mitos que circulan de que si comes pan o muchas nueces terminarás como Salma Hayek. Un poquito de sensatez.

La vaselina es un cosmético que actúa como emoliente, lo que significa que forma una capa que impide la evaporación del agua favoreciendo la hidratación de la piel desde el interior. Sin embargo, esto es algo que viene genial para los labios, pero no es igual de bueno para todas las zonas de la piel. Si tienes piel grasa y encima te echas vaselina, las sustancias que se eliminan a través de los poros quedan atrapadas, lo que puede producir acné.

Respecto a la pasta de dientes, por mucho que limpie, y que sea un aliado estupendo cuando te está saliendo algún grano, tiene sustancias que pueden irritar la epidermis, dejarla enrojecida, reseca y con sensación de ardor ya que deshidrata la piel.

Es por eso que va tan bien para eliminarlos, pero no para echártela directamente, y menos todavía en los pezones. ¿Pero os hacéis una idea de lo que puede escocer eso? Es como una versión cutre de Cincuenta sombras de Grey.

Allá cada una con su pecho, pero cuando se trata de temas tan delicados como son los relativos al cuerpo, ¿no es mejor fiarse de gente experta antes que de un vídeo de Internet?

Como dice mi madre: “Los experimentos solo con gaseosa”.

¿Te echas bien la crema solar?

Menuda pregunta, ¿eh? Como si fuera algo para lo que necesitaras hacer un posgrado. Pero es el momento de sincerarnos. Que levante la mano quien se eche la crema aprisa y corriendo procurando extenderla al máximo para no terminar como una croqueta recién salida de la sartén. Exacto, todo el mundo.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

GTRES

Sin embargo hay algo que no pone en la etiqueta de los botes (y he leído bien las de los míos, así que sé de lo que hablo) y es que la cantidad de crema que te eches determina si te estás protegiendo bien contra el sol.

Vamos que por mucho que te pongas protección SPF 30 o el cemento armado que parece la de 50, si no te pones la cantidad suficiente, no le estás sacando todo el partido.

Para que te hagas una idea, necesitarías seis cucharadas de postre para protegerte bien el cuerpo (siete si te gusta ir a playas nudistas). De hecho, según los expertos nos ponemos muy poca crema por centímetro cuadrado, lo que significa que solo estamos recibiendo el 40% de la protección que pone en el bote.

El investigador a cargo del estudio que ha llegado ha estas conclusiones, el profesor Antony Young, declaró que “no hay duda de que la crema solar proporciona protección contra los rayos ultravioleta que provocan cáncer, sin embargo lo que este estudio muestra es cómo la manera en la que nos echamos la crema tiene un importante papel en determinar su efectividad. La gente se echa mucha menos protección de la que piensa. Si usas crema de factor 20 y te echas 0,75 mg por centímetro cuadrado tu nivel de protección es como si te echaras crema factor 4″.

¿Su recomendación? Ponerse crema “con un factor de protección tan alto como consideres” y en la cantidad adecuada, por supuesto. Es decir, nada de escatimar para no quedar con las manos pringosas, úntate bien aunque luego signifique que vas a dejar la pantalla del móvil con huellas.

Y además recordar que no solo hay que echarse el producto media hora antes de recibir los rayos de sol (es decir, antes de salir de casa localiza el bote y empieza con el proceso de cubrirte en pringue blanco) sino que cada vez que nos bañemos, sudemos o nos sequemos con la toalla, hay que volver a echarla. Por tanto tenemos que estar pendientes continuamente. Tienes que imaginarte que están tus padres al lado diciéndote “Ponte crema”.

Puede que no sea una de las cosas que más nos guste (todos tenemos a alguien del grupo que parece estar en guerra contra la crema solar y termina más churruscado que un chorizo a la parrilla. Si no se te viene nadie a la cabeza es posible que esa persona seas tú), pero es algo que hay que hacer.

Becomes a mum but still gets sunburnt like a kid #ChiaraTakesSardinia

A post shared by Chiara Ferragni (@chiaraferragni) on

Curso de ‘influencer’: ¿locura o genialidad?

¿Te suena la palabra influencer? Quizás la hayas oído o leído en este espacio unas 863 veces aproximadamente.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

GTRES

Pero para quienes os acabéis de levantar y estéis en modo zombie: un influencer es una persona que, a través de las redes sociales, puede influir en su público.

Os sonará el concepto por Chiara Ferragni o Dulceida (por tirar para casa), que protagonizan campañas, sacan colecciones de productos o son maestras de ceremonias de eventos gracias al alcance que tienen en las redes.

Influencer o youtuber son algunas de las profesiones idílicas de las nuevas generaciones (adiós periodista o futbolista, que eran las guays hace unos años) y las universidades están empezando a tomar nota al respecto.

De hecho, la Universidad Autónoma ofrece un curso universitario de formación específico en el tema: Intelligence Influencers, que promete enseñar una serie de conocimientos necesarios para iniciarse en la profesión.

Mientras que algunos influencers en las redes sociales ya han dejado clara su postura manifestando que, a grandes rasgos, “influencer se nace, no se hace”, otros han reflexionado sobre la decadencia de las carreras universitarias y el florecimiento de estos cursos.

En mi opinión, antes que nada, creo que ya hemos superado la frase machacona de nuestros padres de “hay que estudiar una carrera para conseguir un trabajo”. Quizás en su época valía, pero ahora, por mucho que estudies, te comes los mocos (con perdón por la imagen mental, que ahora estarás tomando el café).

Tengo amigas con carreras, dobles grados, másteres, y un sinfín de cursos y, de ellas, las pocas que trabajan, cobran mucho menos que un amigo que se sacó un curso de informática. La realidad es que hay muchos trabajos para los que solo te piden un curso de formación y encuentras profesionales muy competentes, sin ir más lejos, mi pareja, que es entrenador personal.

En segundo lugar, creo que es una maravilla el hecho de que aparezcan nuevas opciones para estudiar lo que nos gusta a cada uno. Hace 20 años, el máster que hice de Comunicación de moda y estilismo era impensable. De hecho, quienes trabajaban como estilistas para revistas de moda, no habían recibido formación, todo se limitaba a su gusto personal.

Y si bien es cierto que el gusto o la personalidad son cosas que no se pueden enseñar, siempre que haya talento, la formación puede ayudar a potenciarlo.

Estamos en un momento en el que las profesiones, casi todas, han evolucionado a lo digital, por lo que lo lógico es que surjan cursos que ofrezcan la posibilidad de manejarse en aguas del 2.0. Y siendo las redes sociales el nuevo nicho de mercado, lo suyo es que profesionalmente puedas aprender a sacarles partido.

No sé si un curso de seis meses como es el de la Autónoma, es suficiente para todo lo que implica ser una figura referente en las redes o si resultaría interesante, en cambio, complementar el curso con otros conocimientos, pero independientemente de ello, el saber no ocupa lugar y puestos a saber, la posibilidad de saber de algo en lo que estamos inmersos gracias a un dispositivo siempre al alcance de la mano, no está de más.