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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Archivo de la categoría ‘Fashion week’

Semana de la Moda: más moda y menos cuento

Si algo consigue la Semana de la Moda de Madrid es que me vuelva a entrar el sentimiento de melancolía.

GTRES

He venido a trabajar, como tantas otras veces y con tantas o más ganas. Sabría definirte a la perfección el tipo de asistente al pabellón 14 solo con ponerle el ojo encima.

Sigue siendo un evento precioso pero sigue siendo un evento con mucho cuento. “Esas solo vienen a que les hagan fotos” dice una de mis compañeras periodistas de las chicas que pasean delante de la entrada, sin aparente prisa por entrar, y pendientes de los medios en los que van a salir las fotos.

Las hay también a quienes no podría importarles menos porque viven el estilo que llevan puesto, que no se ‘disfrazan’ para acudir a la pasarela, que por mucho que su cita sea un desfile se pondrían lo mismo para un cumpleaños familiar.

La gente ha cambiado, igual que la pasarela. Muchos diseñadores optan por hacer sus presentaciones fuera de los veintiocho metros de longitud del pasillo de Ifema, para que sea “menos frío”, buscando el abrigo de otros focos que no sean los del recinto ferial.

Pero no quiero pasarme de dura. En lo que respecta a los invitados, hay que entenderlo. Quizás están en el camino de descubrir su amor por la moda. Incluso recuerdo que yo, cuando era más pequeña aprovechaba la cita para arrasar con todo lo que me ofrecieran por los stands.

Y ahora, años después de ese momento y dedicándome a ello, soy de esas que llega a casa después de doce horas trabajando sin parar delante del ordenador y de la pasarela, y se pone en streaming el último desfile del día porque no se quiere perder ninguna colección.

Me siguen fascinando los que, en lugar de ocupar su asiento en las gradas para ver el desfile, se quedan discretamente tras las bambalinas, sin hacer ruido, observando de cerca las prendas e incluso tocando al vuelo algún tejido para luego escribir una crónica más detallada.

Somos los que nos negamos a sacar el móvil en el carrusel final y aplaudimos con fuerza porque nos negamos a que el reconocimiento que reciban los diseñadores, al final de la exhibición, sean las pantallas iluminadas y el silencio.

¿Qué nos pondremos esta primavera? La pasarela ha hablado

Ya sí que sí, por fin podemos decir que es primavera y… Sorpresa, este año, el panteón de diseñadores de la industria de la moda también ha decidido sacar cosas que no tenemos en el armario para animarnos a consumir (pero tan TAN BONITAS).

Pero como somos muy apañadas (y un poco pobres también) y no tiramos una prenda a no ser que se caiga a cachos o que vaya sola a la caja de ropa que donas a la beneficencia, revisa con lupa el armario, el de tu madre y el de cualquier persona que se te ponga a tiro en busca de las siguientes tendencias:

-El PVC es un hecho, ya os lo comenté, y una de las maneras más casuales de llevarlo será en chubasquero transparente. Esto es muy fácil de versionar, ya que si guardas el del Parque de Atracciones (ese para no mojarte en las atracciones de agua), lo puedes reciclar con mucho estilo.

Marc Jacobs, Dior y Valentino

-Como es verano, no podían faltar los estampados coloridos, esos que nos encantan porque si se te cae un poco de mayonesa de la ensaladilla rusa nadie se da cuenta con tanta cosa dibujada. Los de 2018 serán especialmente recargados llegando casi al barroco nivel “jarrón de casa de tu abuela”. No pasa nada. Te garantizo que ella tiene todavía en su casa una camisa hortera de los 70 que te hará salir del paso victoriosa:

Gucci, D&G, Versace

-Que no, que no nos queremos quitar las zapatillas de deporte ni para la boda de una prima. Como con el chándal con ninguna prenda. Es por eso que esta temporada continuamos sumidos en la nebulosa deportiva que hace que podamos aprovechar la ropa del gimnasio para salir a la calle y hacernos las suecas si nos preguntan que si vamos a correr. ¡Ja! Que se lo pregunten a las modelos de Dior si se atreven. Este año la moda se meterá especialmente en el mundo automovilístico como os adelanté hace unos días aquí.

Dior, Tommy Hilfiger y Valentino

-A ver, hacer una colección primaveral sin estampados de flores es como hacer una tiramisú sin mascarpone. ¡Las flores vuelven! (Ah, ¿pero alguna vez se van?) Lo cual es genial porque todos los años te compras algo floreado (y lo sabes, no mires para otro lado). Sácalo del armario, átalo a la cintura para que marque la silueta y ya puedes ir tanto en tacones como en chanclas con calcetines, como propone Marc Jacobs.

D&G, Gucci y Marc Jacobs

-Por último, como buenas millennials, nos conquistarán un año más los colores pastel, especialmente el lila, pero como no es un color que me apasione especialmente, os he elegido las fotos de las colecciones primavera/verano en color rosa. Que yo sé que es un color bonito, pero no hay manera de que lo vea conmigo. Veo algo lila y me bloqueo, me entra un tic en el ojo y empiezo a hablar en HTML.

Chanel, Valentino, Versace

Ahora, pequeña padawan, después de esta lección de estilo express ya estás lista para salir a la calle con las tendencias de la temporada. Ve y corre libre (que para algo siguen estando de moda los estilismos con zapatillas de deporte).

Moda y motor: las colecciones para primavera, inspiradas en quemar rueda, que querrás esta temporada

Da igual que no seas de Fórmula 1, que te eches la siesta cuando tu novio (o padre para las solteras) se pone el Rally Dakar o que aún no sepas que Marc Márquez ha renovado por Honda.

TOMMYHILFIGER

Da totalmente igual porque esta temporada te vas a convertir en una apasionada de los deportes de motor, hasta el punto de que puedes incluso terminar con la bandera de una escudería de decoración.

“Venga Mara, que el frío te ha congelado la neurona que tienes por ahí suelta. ¿En qué momento voy a volverme una friki de las ruedas?” Pues en el momento en el que Rihanna y Tommy Hilfiger se han hecho con las motos y la Fórmula 1 como temas de sus nuevas colecciones.

La primavera de Tommy Hilfiger, junto a la modelo Gigi Hadid, tiene las parrillas más calientes que la polémica que generó la medida de prescindir de las azafatas de carreras.

Su desfile tuvo lugar en un auténtico circuito en el que presentó una colección tan bonita (y tan cara) por la que vendería hasta el edredón de mi cama (y eso que en Milán está nevando). Es colorida, con un aire vintage y con pinta de poder ponértela hasta para bajar la basura.

TOMMYHILFIGER

TOMMYHILFIGER

TOMMYHILFIGER

TOMMYHILFIGER

Por otro lado, la de Barbados, que ya el año pasado revolucionó el gallinero con su colección deportiva para María Antonietas modernas (la recordarás porque ahora TODAS tus amigas tienen las chanclas en millennial pink con el lazo de raso), ha decidido pasar del pastel a la gasolina, del “Oui, monsieur” al “Brum brum”.

Looking soooo slick in #FENTYxPUMA SS18 @voguemagazine 🏍

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Mientras que la colección del diseñador americano ya está a la venta, tendremos que esperar al 15 de marzo para la colección motera de Rihanna, una línea que promete darle mucha caña al armario (y al bolsillo).

Ahora solo nos queda decidir si nos montamos al coche de Tommy o damos un paseo en moto con Rihanna.

Mientras tomáis partido, me gustaría recordaros que, si os gusta escribir de moda, belleza y tendencias (o de cualquier tema en general), podéis participar en la XII edición de los Premios 20Blogs. Tenéis toda la información aquí.

Semana de la Moda en Milán, mi pesadilla y redención particular

Nunca me ha gustado lo falso. Cuando veía a la venta imitaciones de bolsos o prendas prefería no comprarlas antes que llevar algo “de mentira”. No es que os cuente esto para que tengáis en cuenta que, si queréis mandarme regalos, los prefiero originales (que ojalá recibir algún día algo más que cartas del banco), sino para que entendáis por qué le he cogido algo de manía a las semanas de la moda.

Estilismos casuales de invitadas al desfile de Pedro Pedro. MARA MARIÑO

No me malinterpretéis, la moda me apasiona y me apasionará siempre. La oportunidad de ver en primera línea de batalla el trabajo de diseñadores, esos profesionales que trabajan entre la cultura de la vestimenta y el arte, es algo que me hace sentir realizada. Pero lo malo de las semanas de la moda es la gente.

No toda, claro, no penséis que soy antisocial, pero sí los que aprovechan las ocasiones para vestir con un artificio que improbablemente les verás un día de diario por la calle para llevarse un protagonismo que debería centrarse en las colecciones.

El deseo de ir a los eventos para ser visto o de hacerse la foto de rigor para la red social de turno, hace que haya encontrado personas dispuestas a hacer cualquier cosa para entrar a un desfile, incluso si eso incluye utilizar a otras por el camino.

En esta Semana de la Moda en Milán he tenido mucho de eso, pero, afortunadamente, mucho de lo contrario también. He visto mucha tendencia, mucho trabajo, ideas creativas y prendas bonitas.

He podido conocer de primera mano a una diseñadora argentina que va a abrir una sombrerería en Barcelona, he intercambiado una conversación en el baño con una estudiante peruana que quería lanzar la primera revista de moda en su país

Y me he dado cuenta que lo bonito de estos eventos, y algo a lo que no estaba prestando atención hasta ahora, es el roce, en el trato, en poder sentarte al lado de la diseñadora de interiores de Armani porque así te han colocado las organizadoras del evento o poder compartir una copa de Prosecco con la ilustradora Georgina Gerónimo mientras comparamos los desfiles italianos con la Mercedes-Benz Fashion Week o la 080 de Barcelona.

Es un sinfín de conversaciones en inglés, español o italiano mezclando los idiomas entre sonrisas y valoraciones de los espectáculos. Al final, la primera Semana de la Moda de Milán del año me ha quemado y me ha enamorado por el mismo motivo: la gente (de la moda lo estoy siempre).

Como una imagen vale más que mil palabras, os invito a compartir la experiencia conmigo, os animo a que os deis un paseo por las calles milanesas decoradas con portadas de revistas, a que me acompañéis a los desfiles que pude ver, a que sintáis un poquito de esa magia que hay dentro de la moda.

Cabezas cortadas, pollos de goma o palomitas: las cosas más raras de esta edición de la Semana de la Moda

Soy clásica. He tenido que seguir esta edición de la Fashion Week para darme cuenta de ello ya que no he entendido ni la mitad de las supuestas inspiraciones de muchos diseñadores.

Original para unos, de mal gusto para otros y una completa aberración extraña que me ha hecho sentir confusa, incómoda y rara de narices a partes iguales. Pero, ¿qué es lo que ha pasado para que me encuentre tan alterada?

  1. La pasarela de Gucci de moderna se pasó tres pueblos ya que presentó su colección acompañada de figuras de silicona artesanas hechas por el laboratorio Makinarium de Roma. Serpientes, camaleones, dragones y cabezas idénticas a las de algunos modelos. Fijaos si ha sido llamativo que hasta Giorgio Armani, a sus 83 años, declaró al diario italiano Il Sole que él no está para estos trotes con la moda. Si no todavía no te parece escalofriante es que no has visto el vídeo del desfile.

    GTRES

  2. Las pelucas vaginales de pelo falso del desfile de Kaimin también rozan lo bizarro. Aunque la idea del show era difundir un mensaje bodypositive y sobre todo recordarnos que el pelo en ese lugar tiene una función concreta, ¿alguien se ve saliendo a la calle con un triángulo de pelos pegados al pubis (que además deberá estar adecuadamente rasurado para que se pegue en condiciones)? Next.

    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ KAIMIN 18FW: "Oriental Garden – Utopian Discord” ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ LOOK 16 @princessgollum photographed by @hellemoos ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Helping to realize KAIMIN’s concept on the runway were @ryburk, leading the makeup artists of @kreativekommune, and the hair stylists from @premahair, led by @daledela in collaboration with @charlielemindu, using @anti.collective hair products. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Overall stylistic concept of the show's looks was directed by @kurt__johnson Stylist @jessicabobince ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Live musical performance by @ianisiah Artistic visual direction by @jon_jacobsen Live conceptual synthesizer composition by @gavinrayna (@lcdsoundsystem) ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Special thanks to @chrishabana @myenemyjewelry @kiragoodeyfootwear and to everyone who supported the show ❤️ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ #kaiminfashion #kaimin #kaiminofficial #nyfw #nyfw2018 #OrientalGarden #UtopianDiscord

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  3. Las palomitas cubrieron la pasarela por la que desfilaron las modelos de Calvin Klein en Nueva York, y así como estéticamente tenía un sentido ya que la colección cuadraba perfectamente en un día de nieve, el gasto era casi ofensivo. Palomitas por el suelo pisadas, y por tanto, imposibles de aprovechar, en un desfile de una marca de renombre con la cantidad de gente que está viviendo hambrunas. Muy elegante. Y eso sin contar la de zapatos de asistentes que quedaron llenos de maíz.

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  4. Los alumnos de Central Saint Martins, la escuela londinense de diseño de moda, siempre suelen sorprender y esta vez no ha sido la excepción. Entre el vestido/piscina hinchable, los zapatos con la cara de Donald Trump y los pollos de goma a modo de tocado hacen que me pregunte en qué momento la moda se convirtió en un arte irreverente (pero arte a fin de cuentas).

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  5. La bolsa de plástico de casi 600 dólares que propuso Céline en el último desfile. Bolsa. De Plástico. De casi 600 dólares. Y a mí que me parece caro cuando me cobran 10 céntimos por la del supermercado.

  6. En el desfile de Chromat de la Semana de la Moda de Nueva York, varias modelos desfilaron comiendo Cheetos directamente de la bolsa. Igual que tú cuando estás viendo una película un domingo por la tarde solo que ellas, a diferencia de tu pijama, con ropa de cientos de dólares (tenéis el vídeo en la segunda imagen). La modelo le pega un bocado con tanto glamour que en vez de un Cheeto cualquiera diría que está degustando huevas de esturión.

  7. Por último, y también desconcertante aunque de una manera positiva, por primera vez en sus 91 años la reina Isabel II se presentó a la Semana de la Moda de Londres. El elegido fue Richard Quinn, ganador premio Queen Elizabeth II para el diseño británico por el British Fashion Council. Y, ¿dónde se iba a sentar la reina de Inglaterra que no desentonara? Junto a la editora de Vogue, Anna Wintour o, como la conocemos en mi casa, mi ‘ídola’. Vamos, que si me dejaran elegir al lado de quien me podría sentar, el asiento junto a la reina iba a estar vacío.

    GTRES

Mi segunda oportunidad con la Semana de la Moda de Milán

He de admitir que cuando me llegó hace unos meses el mail de la Camera Nazionale della Moda (organismo que regula todo lo relacionado con la moda italiana), para iniciar el trámite de solicitud de prensa con el fin de asistir a la edición de septiembre de la Semana de la Moda, lo eliminé no sin cierto placer.

VESTIDA PARA UNO DE LOS DESFILES. @MEETINGMARA

Pero es que mi pasada experiencia, algo negativa, aún estaba reciente, y no me apetecía mucho no solo volver a enfrentarme a empujones y exhibiciones de postureo sino a pagar los 50 euros (de mi bolsillo) que supuestamente hacen que puedas “acceder a los servicios para prensa”, o sea, agua y una zona con wifi.

Sin embargo coincide que una de las agencias de comunicación que lleva varias firmas italianas, se quedó con mi correo electrónico de la edición pasada y me bombardeó con lo que han sido, en total, unas 20 invitaciones entre desfiles, conferencias y presentaciones a los showrooms.

Y como más vale invitación en mano que ninguna en absoluto, decidí darle una segunda oportunidad a la que es, junto a París, la semana más importante de la moda.

El primer desfile al que acudí, Maryling, tuvo lugar en la sala de las Caballerizas del Museo de Ciencia y Tecnología, un espacio que conocí en febrero. De la feminidad imperante en todos los conjuntos a través de cinturas marcadas, tejidos vaporosos y vestidos que parecían salidos de un moderno picnic improvisado en el borde de un canal, pasé a la fiesta de inauguración de la Milán Fashion Week organizada por Kenzo, donde el modernerío más moderno de la ciudad hizo acto de presencia.

Con un poco de ayuda de un fotógrafo de la agencia SGP, mi acompañante y yo nos las ingeniamos para entrar en el desfile de Lucio Vanotti, cuyos diseños, más basados en la superposición de capas y en el enmascaramiento de la figura femenina bajo prendas anchas, desfilaban con la catedral milanesa de fondo en una de las alas del Palacio de La Rinascente.

Pero no fue hasta el desfile del domingo de Vicky´z (Vicky Zhang), que debutaba en Milán tras desfilar en la pasarela de Nueva York, que volví a conmoverme.

Durante el espectáculo de casi media hora de duración (algo raro ya que los desfiles no pasan de diez minutos), Xinyin Xu, la diseñadora de la firma, me sorprendió con vestidos que parecían salidos de una reinterpretación de las películas Disney pero en una versión actual.

Si que es verdad que las anchuras y cortes chinos se podían apreciar en algunos diseños más que en otros, pero por lo general me pareció una colección que, además de estar pensada para niños y adultos, ya que modelaron childrenswear y womenswear, se puede llevar perfectamente en una ocasión especial.

No sé si fueron esos cincuenta niños perfectamente coordinados que salieron con un farolillo rojo al terminar el desfile o los vestidos que casi me hacían desear tener más bodas para 2018, pero entre la música y la atmósfera de cuento de hadas y cenicienta moderna que se respiraba, me pasé la mitad del tiempo con la piel totalmente de gallina.

Y es que la moda puede gustarnos, no gustarnos en absoluto, podemos entenderla o no, pero nunca nos deja indiferentes. Y, en ocasiones, como fue mi caso, hasta emociona.

DESFILES DE MARYLING, LUCIO VANOTTI Y VICKY´Z. MARA MARIÑO

La Semana de la Moda de Madrid tiene un precio

Y se sitúa en 250 euros, que es lo que te cuesta pasar la noche en la suite del Hotel Barceló Torre de Madrid.

Esa cantidad, que en función de si eres estudiante, becaria o abogada puede parecerte inalcanzable o irrisoria, incluye, además de la habitación, la entrada a la fiesta de inauguración, pases para un desfile (con Kissing Room incluido) y un paseo guiado por el backstage de la pasarela madrileña.

@MEETINGMARA

Es decir, la mitad de un mes de alquiler en la misma ciudad te permite, según el comunicado de prensa del grupo, “ir a los desfiles sin tener que ser una influencer (que a ellos les sale gratis, claro, y no tienen que pagar ni una botella de agua).

Como periodista amante de la moda que me considero, no puedo evitar mirar la propuesta con un poco de sorna, porque lo que ofrece el grupo Barceló no es una experiencia de moda, es una experiencia de postureo, y son cosas muy diferentes. Es decir, en vez de fomentar el trabajo de lo que hacen los diseñadores que desfilan en la Mercedes Benz Fashion Week, apoyan en lo que se ha convertido la Semana de la Moda madrileña: una pantomima, una farsa, un globo sonda cuyas fiestas e invitados se llevan el protagonismo de un foco que debería estar sobre las prendas.

Francamente, pagar para compartir una copa con Topacio Fresh o Angy Fernández sin tener la más remota idea, o interés, por lo que ha inspirado a Palomo Spain, por poner un ejemplo, en crear su última colección me parece el colmo. Y, creedme, aún de poder gastármelos libremente, no le dedicaría ni 250 ni 10 euros.

Recuerdo cuando la primera vez que accedí a la MBFWM, como medio acreditado, pude ir al pase de prensa, previo desfile, con algunos diseñadores. Recuerdo a Roberto Torretta enseñándonos su colección y animándonos a acariciar las prendas con ese acento argentino que a pesar de llevar tantos años en España no ha perdido, y con esa mirada de ilusión que solo encuentras en quien realmente vive con pasión su trabajo.

Recuerdo que el diseñador salió al Cibelespacio después del desfile y cómo ninguna de las personas que se encontraban fuera le reconoció, saludó o pidió una foto. Recuerdo la rabia que me dio que uno de los que para mí forma parte de los pesos pesados de la pasarela, no tuviera la misma importancia que los exconcursantes de Operación Triunfo.

El Hotel Barceló tenía la oportunidad de crear una experiencia que sirviera tanto al establecimiento como a la moda nacional creando un meet&greet con el diseñador, un acceso al estudio o incluso entradas para el Museo del Traje. Pero claro… subir fotos del estudio de Teresa Helbig seguramente no de tantos likes como una junto a Mario Vaquerizo.

Moda, fiesta y playa en el Mercedes-Benz Fashion Weekend Ibiza

Por lo general, las semanas de la moda se traducen en una sucesión de desfiles que, día tras otro, reúnen a un sinfín de interesados por la moda que conocen de primera mano las tendencias. O al menos es lo que la Madrid y Milan Fashion Week me habían demostrado.

El Mercedes-Benz Fashion Weekend Ibiza no llega a durar un día. Por no durar, los desfiles no duran más de cuatro horas, pero la experiencia es mucho más que ese tiempo. La experiencia de moda ibicenca reúne los principales atractivos de la isla: la playa, la fiesta, pero sobre todo, el ambiente distendido y relajado que te hace sentir que estás de vacaciones aunque hayas acudido por trabajo.

La piscina del hotel Ushuaïa, con la playa d’en Bossa al fondo, se convierte en la pasarela acuática en la que cinco pesos pesados de la moda española se baten por conquistar con sus colecciones crucero a un público que, por encima de todo, entiende la moda que va a ver como un producto para uso, sí, pero más para disfrute. Vestidos vaporosos, bañadores, sombreros… Conjuntos que te imaginas en la parte trasera de un cuatro por cuatro, luciendo en alguna cala o, por qué no, en una fiesta de las incontables discotecas que parece tener la isla.

A las seis de la tarde, con un sol resplandeciente y Miley Cirus como fondo, abrió la colección de Desigual en la que las modelos llevaron las interpretaciones del denim hasta el extremo en una interpretación nómada junto a largos vestidos floreados. El country ibicenco del suizo Thomas Meyer es femenino, bohemio y lleva plumas en el sombrero.

MARA MARIÑO

Andrés Sardá, sobre la creatividad de Nuria, la hija del diseñador, añade los metales al verano con una colección de trajes de baño y bikinis en dorados y plateados para no pasar desapercibida. Los diseños más formales apostaron por el cuerpo femenino como protagonista siendo las aperturas y encajes transparentes las tendencias estrella.

MARA MARIÑO

Teresa Helbig nos transportó a un verano salido de los años 70. Los vestidos minis y las faldas con forma de A acompañados de botas de caña alta lograron que respiráramos el espíritu Flower Power viendo los colores elegidos por la diseñadora: rosa, amarillo y naranja.

MARA MARIÑO

Fue el gallego Jorge Vázquez el que escogió los tejidos más ligeros que parecían flotar alrededor de las modelos. De estampados étnicos y florales pasó al monocolor en coral, blanco o amarillo pistacho que podemos imaginarnos llevando en ocasiones más especiales para las amantes del estilo comfy que no quieran perder un ápice de glamour.

MARA MARIÑO

Alvarno puso el punto y final al evento en una pasarela custodiada por esculturas que sostenían bandejas con fuego. La colección de Álvaro Castejón y Arnaud Maillard buscó conquistar la noche veraniega con el punto sexy de sus vestidos largos en negro y dorado que combinan transparencias y brillos.

MARA MARIÑO

Tras los desfiles los asistentes fuimos invitados a Hi, una de las discotecas más conocidas de Ibiza donde pudimos disfrutar de, como os comentaba, una de las cosas más típicas de la isla: la fiesta aderezada con música electrónica.

En definitiva, todo el Mercedes-Benz Fashion Weekend fue una experiencia única en la que la buena organización brilló (algo que no siempre es fácil en estos eventos) y el tándem formado por la directora de Mercedes-Benz Fashion Week, Charo Izquierdo y el director del evento, Daniel Gómez, llevó el proyecto a buen puerto.

Solo me queda desear que esta primera edición sea el punto de partida de una pasarela que llegue a consolidarse, y, por supuesto, que pueda acudir a cubrirla como prensa.

Lo que no te cuentan de la Milan Fashion Week

Después de haber hecho de corresponsal en la semana de la moda milanesa, ya habréis visto en otro post que he decidido hacer una comparación entre esta y la “de casa”, la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.

Como ya os comenté, los desfiles en Milán no son como en Madrid. Vas a Ifema al amanecer y sales al anochecer después de una organizada sesión maratoniana de moda. Aquí no, aquí cada uno es de su padre y de su madre en una punta de la ciudad. Como no tienen un horario que deban cumplir a rajatabla para no descolocar el orden del día, lo mismo se retrasan 15 minutos que 45. Aún con todo, y dispuesta a dejarme llevar por la magia que llevaban todo el mes vendiéndome, quedé otro día con Dianina XL para ver juntas un desfile.

En la entrada nos hicimos las fotos de rigor que no pueden faltar como buenas bloggers que somos. “Sácame la frase de la cazadora” le pido mientras me giro para que se lea el “Feminist as fuck” (Feminista de cojones) que llevo pintado. En esto veo que un chaval me hace fotos también, algo relativamente normal en estos eventos que siempre sacan los streetstyles o estilo de la gente de a pie.

La cosa es que el chico se me acerca y me pregunta que si entiendo italiano. Cuando le digo que sí me dice que le ha gustado mi culo y que si lo puede tocar (esto es 100% real, sino preguntadle a Diana). Parece ser que el lema de mi cazadora, ese que viene a decir implícitamente que no deseo ser cosificada, es demasiado sutil para su entendimiento. Como mis padres me han dado una buena educación contuve las ganas de reventarle la cabeza con un bate rodeado de alambres y tras decirle que no, nos fuimos flipando.

Al ir al mostrador de prensa para que nos dijeran dónde teníamos que sentarnos, la mujer encargada de las listas sacó un post-it, sí, un post-it, y tras partirlo en trocitos escribió “ST”. Me recomendó que no lo perdiera ya que me lo iban a pedir en la entrada. ¡¡¡Un cacho post it!!! ¡Que estamos hablando de la Milán Fashion Week! O sea, hello? Are you kidding me? Puro glamour.

“St” que significa “Standing” traducido a español como “de pie apiñadas pegadas a la pared como sardinillas en lata“. Pero como buenas españolas tiramos de picaresca y en cuanto vimos un par de sitios plantamos el culo bien plantado. La clave en estos sitios es aparentar que realmente ese es el puesto que debes ocupar y nadie te dice nada. Aunque traté de repetir la maniobra en el desfile de la tarde fracasé, ya que la que llevaba las listas venía cada dos por tres a recriminarme. Y mira que nos cambiamos de sitio varias veces pero nada, la tía parecía saber dónde encontrarme.

Otro de los momentos “simpáticos” fue el desfile de Simonetta Ravizza. Como era un día milanés helador, aproveché para llevar el cuello de pelo de mi madre. De camino al desfile, como de costumbre, fui informándome sobre la marca: una firma de lujo de pieles. “A tope” pensé, ya que no había mejor ocasión para lucir la bufanda peluda.

La cosa es que al llegar y salir del metro me encontré un pequeño grupo con pancartas y mochilas ‘perruoflauta style‘. Cuando vi que llevaban peluches manchados de rojo empecé a caer en que igual ir a un desfile peletero con un cuello que imitaba pelo no era la mejor de las ideas. Confirmé mis sospechas cuando empezaron a gritarme cosas como “Che schifo” o “Puzza di merda”. Yo contesté que era un cuello sintético pero no me hicieron ni caso. Ya me veía o manchada de pintura o llegando a las manos con alguno.

La cosa es que escribí a mi madre contándole lo que suscitaba su pelo de imitación. “No hija, si es que ese es auténtico”. Ah, pues que bien oye. Espero que lo hayas disfrutado porque a este ritmo vuelvo a casa sin él, pensaba viendo como el pabellón donde iba a tener lugar el desfile estaba rodeado de Carabinieri. Al final les invitaron a salir y volvieron a soltarme alguna perlita acompañada de gestos poco amigables.

Carabinieri a la entrada del desfile de Simonetta Ravizza y activistas.

Pese a que tenía entradas para otros desfiles consideré que ya había profundizado en la semana de la moda milanesa lo suficiente. Y es que durante esos días la ciudad enloquece. Los medios de transporte, que ya van llenos, se convierten en imposibles. La gente aprovecha para sacar sus pintas más estrafalarias. Y con estrafalarias me refiero a realmente estrafalarias. Me viene a la mente un chico que iba vestido todo de naranja y su complemento era una pecera rectangular naranja con peces naranjas nadando dentro. No puedes ir a tal o cual discoteca porque X diseñador la ha reservado para una fiesta privada, los asistentes a los desfiles se convierten en almas histéricas que te empujan y te estrenan, el gimnasio se llena de modelos haciéndose selfies en los bancos en los que normalmente entrenas con las pesas… Y sobre todo el desorden a la hora de sentar a los asistentes, el caos cuando empieza el desfile y hay gente que se te pone delante porque no hay nadie que controle la acomodación, la desorganización, el mal trato a la prensa o las maneras de muchos relaciones públicas son solo algunas diferencias que, como invitada a ambas pasarelas, encontré respecto a la nuestra.

Insultos y multitudes, crónica del primer día en la Milan Fashion Week

Ahí estaba yo hace un mes, rellenando los casi tres folios de documentación que me exigía la Camera Della Moda Italiana para formar parte de la stampa o prensa acreditada. A eso hubo que sumarle 60 euros que salieron de mi bolsillo que pagas a la Camera que (supuestamente) se cobran para luego darte un ‘sinfín de facilidades’ cuando llega la Semana de la Moda (esas facilidades son agua gratis y autobuses que te llevan a los desfiles en los que NUNCA hay plazas ya que somos cientos).

La prensa funciona de tal manera que aún estando acreditado y pagando los 60 euros no tienes derecho a entrar a los desfiles. Básicamente de lo que se encarga la Camera es de incluirte en la lista de prensa que hacen llegar a las casas de la moda, que son las que deciden a quién invitan y a quién no. Así que cuando empezaron a llegar invitaciones a los desfiles y presentaciones, era la persona más emocionada del norte de Italia.

Mi primer desfile en la MFW (Milan Fashion Week) fue el de Kristina Ti, italiana oriunda de Torino de estilo hippie chic cuya colección se llamaba Fly with me (Vuela conmigo), o, como a mí me gusta llamarla, Squash with me (Espachúrrate conmigo), ya que los standings (es decir, todos aquellos sin asiento que no somos compradores, influencers o celebrities, en otras palabras, prensa y blogueros) nos apretujamos alrededor de las paredes del Palazzo Bovara.

Pese a que fui de las primeras en llegar, entré de las últimas (lo de echar a correr para coger sitio cuando retiran la cinta de seguridad es algo que siempre me ha dado mucha pereza), lo que supuso que los sitios pegados a la pared estaban ocupados y tenía que ponerme delante de alguien. La opción quedarme fuera NO estaba contemplada. Así que me puse donde me indicó la acomodadora con la mala suerte de que le tapaba la visión a una japonesa con una chaqueta naranja fluorescente de peluche que llevaba una mochila hiperrealista de Bob Esponja quitándose la piel de la cara y dejando a la vista los músculos (esto es para que os hagáis una idea de cómo iba vestido el personal). Como soy educada, busqué otro sitio en el lateral de un conjunto de bancos. Al segundo entro un PGI o ‘Pequeño Grupillo de Influencers’ (aunque en este caso también se podría llamar Pequeño Grupillo de Imbéciles).

Para empezar una de ellas preguntó a otro chico del PGI si iba con ellos, y en cuanto el chico le dijo que no empezó a llamarme “puta” (además de otras lindezas que incluían a mi madre) por ser alta y no dejarle ver bien. O era maleducada empedernida de esas que parece que va a clases particulares de grosería o la criatura pensaba que no entendía italiano (de todas formas puttana en concreto es un insulto que se entiende universalmente yo creo).

La cosa es que al empezar el desfile, en vez de mirar la colección, el PGI se dedicó a retransmitir en directo, hacerse selfies y a documentar todo excepto la línea de ropa que paseaba delante de ellos, basada en terciopelo, anchuras tipo kimono, verdes botella, burdeos y azul oscuro, por cierto.

AEn cuanto terminó corrí en transporte público (intentar conseguir plaza en los autobuses de la Camera estaba descartado) hacia el otro desfile. “Cuánto glamour” me decía alguna seguidora que vio los stories que iba subiendo de los desfiles en @meetingmara. Bueno, eso es porque no me viste en ese momento subiendo los escalones del metro de tres en tres, sudada y con todo el pelo pegado en la frente, querida.

La situación se repitió: prensa apretujada contra la cinta como si fuéramos ganado, invitadas medio histéricas empujando, la calma chicha de la mujer que llevaba las listas… Y por supuesto, la falta de asientos y la gran cantidad de personas apretujadas contra las paredes del sitio. A diferencia de la Semana de la Moda madrileña, mi querida Mercedes-Benz Fashion Week, en la que todos los desfiles tienen lugar en las dos gigantescas pasarelas de Ifema, en Milán los desfiles se realizan en lugares representativos como palacios en los que, a lo largo de las estancias, desfilan las modelos. Por mucho que este sistema les permita meter entre (calculando a ojo) el doble de asistentes que en la MBFW al final aquello acaba siendo un caos tanto en las entradas como en las salidas e incluso una mala experiencia para espectadores que en muchas ocasiones no pueden ni ver en condiciones en desfile.

Luego están los que tienen la oportunidad de verlo en primera fila pero prefieren verse a sí mismos en la pantalla del móvil. ¿Mi conclusión del primer día? Si algo tienen en común las pasarelas de ambos países mediterráneos es el postureo.