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¿Por qué criticamos a las mujeres que se someten a operaciones de cirugía estética?

Hay un tipo de body shaming que últimamente está en pleno apogeo. No hablo del acoso a las modelos XL como Tess Holliday o de aquel que se le hace a muchas madres con el tema de los kilos ganados durante el embarazo.

Ni siquiera hablo del bodyshaming que se le hace a Gigi Hadid por el peso que ha perdido por su enfermedad del tiroides o del que señala la celulitis o los pelos en cuanto a una mujer le da por enseñarlos (en redes sociales, claro).

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Hablo del acoso que realizamos (me incluyo) cuando sabemos que alguien se ha operado. Quien esté libre de pensar “Sí, está muy guapa pero se ha puesto labios/tetas/culo/introducir implantes aquí” que tire la primera piedra.

Aquí hay dos cosas sobre las que me gustaría reflexionar. Para empezar, todos somos libres de hacer lo que queramos con nuestro cuerpo y por tanto de someterlo a las intervenciones que nos dé la gana (si nos da). Es una cuestión personal que no nos atañe ya que no es sobre nosotros mismos.

Quizás me dé un poco de miedo el hecho de que desde el florecimiento de las redes sociales, y en concreto de la comunicación a través de la imagen, ha aumentado el número de operaciones estéticas hasta llegar al punto de que pacientes jóvenes han pedido a cirujanos que emulen con el bisturí su imagen tras un filtro de Instagram, lo que significa que es probable que una relación negativa con la tecnología conduzca a las agujas.

Y puede que no lo comparta, que me dé miedo o que me preocupe el hecho de que las próximas generaciones se agranden cada vez más y más los labios o los ojos para parecerse a una imagen que no es real, pero ¿quién soy yo para decir nada?

Y cuando digo yo, digo tú o digo Antonia Dell’Atte, que es otra que debería tener un título profesional en hacer body shaming, ya que desde que empezó el programa de MasterChef Celebrity no ha parado de hacer comentarios peyorativos sobre las operaciones estéticas a las que podría haberse sometido Carmen Lomana.

Antes de abrir la boca o de pulsar una tecla debemos pensar en que las personas tienen sensibilidad. Lo que estamos haciendo es promover que los cuerpos sigan sujetos al escrutinio, que fue quizás una inseguridad el mismo motivo que llevó a la persona a retocarse en primer lugar, como el caso de los labios de Kylie Jenner.

Por supuesto que tenemos la libertad de escoger qué hacemos, pero, ¿no sería mejor empezar desde pequeños con la (alocada) idea de que todas las formas son maravillosas? ¿De que un labio fino es bonito? ¿De que el tabique es atractivo? ¿De que todos valemos la pena?

Quizás es el momento de cambiar el paradigma y empezar a valorar a una persona por lo que suelta por la boca en vez de la forma de esta, independientemente de cómo la haya conseguido.

Cinco cosméticos básicos para cuidar tu piel este otoño

Al igual que cuando termina el verano nos ponemos especialmente cuidadosas con nuestro pelo (hemos aprendido a golpe de tijeretazo que la sal y el sol nos han costado varios centímetros), es el momento perfecto para empezar con una nueva rutina que se adapte a tu nuevo ritmo de vida durante los meses del entretiempo.

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Que sí, que esta rutina te va a gustar. No como la que te han puesto en el gimnasio que no sabes muy bien si son indicaciones de ejercicios o instrucciones para montar un mueble de Ikea.

Como buena mujer adulta comprometida con la salud de mi cuerpo, he escuchado la llamada de emergencia que estaba haciendo mi piel (imaginad de fondo SOS de ABBA). Así que a modo de resumen, estos son los cinco cosméticos imprescindibles que deberíais usar en las próximas semanas.

Pueden ser muchos más, claro, pero esta selección es lo que realmente NO puede faltar en vuestro cajón del baño:

  • Cacao: el elemento básico durante todo el año, pero todavía más en otoño. Entre que vas en el metro con todo el calor humano y luego te enfrentas al aire frío de la calle que sopla a las 8 de la mañana, lo mejor que puedes hacer es tenerlos protegidos constantemente. Sé previsora y déjate un bote pequeño en la oficina o llévalo siempre junto a la cartera para que no se te olvide.
  • Mascarilla para limpiar los poros: hola, otoño y hola, puntos negros. Lejos quedó el verano donde la máxima contaminación a la que te enfrentabas era el humo de los food trucks de los festivales de música electrónica. La vuelta a la rutina, a las clases o al trabajo significa que tu piel vuelve a estar rodeada de radicales libres, contaminantes y demás sustancias que hacen que se te ponga la nariz como la cara visible de la luna.
  • Crema corporal: ¿cómo? ¿Que hay que seguir usando crema hidratante aunque ya se me haya ido todo el moreno y vuelva a estar del color de la miga de pan? Una piel elástica e hidratada es una piel sana, así que aprovecha para hidratarte de la cabeza a los pies. Masajea especialmente la zona de las piernas porque ambas sabemos que pasas muchas horas sentada (y así activas la circulación).
  • Spray con protección solar: a la mayoría de nosotras nos da mucha pereza lo de ponernos crema con protección solar. En verano que daba el sol todavía, ¿pero ahora? “Anda hombre, si está nublado y el otro día llovió. Que más querría yo que un poco de sol”. Da igual, la radiación ultravioleta está ahí, así que hay que seguir protegiéndose. Si te parecen demasiado densas, puedes usar una bruma con protección solar, que es muy ligera y protege tu piel igualmente.
  • Crema de manos: ya que has vuelto a incorporar a tu vida el jabón de los baños la facultad, ese que parece Fairy descolorido, es importante que, ante los químicos o el frío, te centres en cuidar la piel de las manos, ya que es una de las zonas más expuestas del cuerpo. Además ahora tienes la opción de las cremas hidratantes de manos y de uñas para darles a las tuyas un respiro después de todas las veces que les has hecho la manicura blanca este verano.

¿Por qué lo llaman “diversidad étnica” cuando deberían llamarlo “negocio”?

Cada mes una nueva firma de cosméticos anuncia el lanzamiento de su nueva línea compuesta por mil quinientos cuatrocientos veinticinco bases de diferentes colores que cubren etnias por doquier.

Puede que a ti, como mujer nacida en León cuya piel solo necesita un tono más claro para los meses de “recluida en casa estudiando” y otro más oscuro para la época de “vuelta y vuelta en la toalla en agosto”, te parezca algo innecesario, pero esto para muchas mujeres de la industria de la moda, antes era un problema.

FENTY BEAUTY

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La modelo Iman fue la primera en quejarse de que tenía que llevarse su propio maquillaje a las sesiones de fotos, una mezcla que creaba combinando varios cosméticos, porque los maquilladores no tenían bases de su color de piel.

Entiendo que ahora diréis: “Pero Mara, mira la cantidad de líneas que hay ahora de maquillaje inclusivo. Tienes a Rihanna, a Kim Kardashian… Prácticamente nadamos en sombras blancas, amarillas y marrones”.

El desarrollo de varias gamas de colores ha marcado una gran diferencia en cuanto a que se han popularizado los cosméticos. Estamos en pleno boum, como el de los gofres con burbujas o los helados en rollitos, pero ¿se está haciendo lo suficiente? ¿Esto es la diversidad?

Cuando acudí al examen final que tenía que hacer una amiga maquilladora, todas las caras que nos habíamos presentado éramos blancas, y, de hecho, me comentó mi amiga, que solían practicar sobre ellos mismos, también de etnia europea.

Por mucho que luego tengas a tu disposición las sombras que te permitan pieles más oscuras o más claras, ¿no deberías haber practicado con ellas antes? Es como si los que te están haciendo la reforma del baño te dicen que pueden dejarte todo perfecto a excepción de las tuberías, porque nunca las han trabajado.

Otro ejemplo que me hace reflexionar sobre esto: en mi máster de estilismo, para todas las asignaturas relacionadas con fotografía se cogía una selección de modelos de agencias. De esas modelos ninguno de mis compañeros escogía etnias más allá de una asiática que, a fin de cuentas, en cuanto a pelo o piel, viene a ser lo mismo a la hora de trabajar.

Si en un futuro íbamos a dedicarnos al estilismo, ¿quién dice que no tendríamos que hacer un editorial de moda o belleza con una modelo africana y por tanto tener en cuenta que a lo mejor esa gorra deportiva que tan bien nos queda a nosotras, no le entra en la cabeza a una modelo con el pelo afro?

Desconocer el efecto de los focos o incluso no tener claro como realizar la propia edición de fotografías son el caldo de cultivo de las polémicas que sacuden Internet de por qué una modelo o actriz sale más clara en una revista.

Ampliar la diversidad de la belleza y por tanto, de la moda, es mucho más que sacar productos, que seguir una corriente que ha hecho que unos cuantos incrementen sus ventas. La diversidad no es negocio, sino una cualidad que deberíamos plantearnos de verdad y en todos los ámbitos.

Esas mujeres con bigote

Desde pequeños somos conscientes del vello facial en las mujeres. Todos teníamos a una abuela, tía lejana o prima cuarta de esas que solo ves una vez al año, que cuando nos daba un beso pinchaba (y si no la recuerdas es probable que esa mujer seas tú).

MAC COSMETICS

También recuerdo que, en mi caso, me di un día cuenta de ese vello rubio que cubría la cara de mi abuela y que solo se veía en ciertas ocasiones. Era como una pelusilla de melocotón. 

Y aunque he de admitir que cuando fui consciente del vello de debajo de la nariz, lo que llamamos cariñosamente “el bigote”, me lo empecé a quitar, si que es cierto que con los años me he relajado al respecto.

Mi piel no es 100% lisa como la de una rana lechera amazónica (la primera rana que me salía en Google). Tengo mini pelitos minúsculos (otros no tanto) y no voy a preocuparme por ello.

Los cuatro pelos negros que se ven desde marte prefiero quitármelos porque me da la sensación de que me asemejo a uno de mis tíos, y aunque a él el mostacho le queda estupendo, de mí no puedo decir lo mismo.

Es una elección personal pero que no hago muy en profundidad. Con la pinza cojo esos cuatro pelos y ya está. Soy consciente de que encima del labio superior sigue quedando pelusilla y no pasa nada. Nos queda a la mayor parte de nosotras.

De hecho, lo raro es cuando ves esas imágenes en los anuncios de televisión o en campañas de revistas de cremas, pintalabios o dentífricos que muestran cutis más que imberbes, totalmente matizados, no se ve pelo, arruga, poro ni nada que muestre que la piel es real.

Los niveles de Photoshop llegan a niveles alarmantes, y no es que nos guste encontrarnos esto. Está comprobado que las marcas con las que nos sentimos identificadas ganan cada vez más adeptas y el bigote no es la excepción a esta regla.

Mac se ha pronunciado sutilmente al respecto en una de sus publicaciones de Instagram. La foto muestra el color de un lápiz labial en una boca y sorprendentemente, si nos fijamos en la piel de encima del labio, podemos ver pelos.

No es que la marca haya usado a una modelo sin depilar por primera vez, es que la firma de cosméticos ha decidido dejar de editar digitalmente las imágenes.

¿El resultado? Romper el ideal de belleza irreal, mostrar lo que hay en las mujeres de a pie y normalizarlo. Porque, si nos paramos a pensarlo, todas cada vez que nos pintamos los labios podemos tener algún pelillo, pero ¿y qué? Estamos igual de estupendas.

¿Te echas bien la crema solar?

Menuda pregunta, ¿eh? Como si fuera algo para lo que necesitaras hacer un posgrado. Pero es el momento de sincerarnos. Que levante la mano quien se eche la crema aprisa y corriendo procurando extenderla al máximo para no terminar como una croqueta recién salida de la sartén. Exacto, todo el mundo.

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Sin embargo hay algo que no pone en la etiqueta de los botes (y he leído bien las de los míos, así que sé de lo que hablo) y es que la cantidad de crema que te eches determina si te estás protegiendo bien contra el sol.

Vamos que por mucho que te pongas protección SPF 30 o el cemento armado que parece la de 50, si no te pones la cantidad suficiente, no le estás sacando todo el partido.

Para que te hagas una idea, necesitarías seis cucharadas de postre para protegerte bien el cuerpo (siete si te gusta ir a playas nudistas). De hecho, según los expertos nos ponemos muy poca crema por centímetro cuadrado, lo que significa que solo estamos recibiendo el 40% de la protección que pone en el bote.

El investigador a cargo del estudio que ha llegado ha estas conclusiones, el profesor Antony Young, declaró que “no hay duda de que la crema solar proporciona protección contra los rayos ultravioleta que provocan cáncer, sin embargo lo que este estudio muestra es cómo la manera en la que nos echamos la crema tiene un importante papel en determinar su efectividad. La gente se echa mucha menos protección de la que piensa. Si usas crema de factor 20 y te echas 0,75 mg por centímetro cuadrado tu nivel de protección es como si te echaras crema factor 4″.

¿Su recomendación? Ponerse crema “con un factor de protección tan alto como consideres” y en la cantidad adecuada, por supuesto. Es decir, nada de escatimar para no quedar con las manos pringosas, úntate bien aunque luego signifique que vas a dejar la pantalla del móvil con huellas.

Y además recordar que no solo hay que echarse el producto media hora antes de recibir los rayos de sol (es decir, antes de salir de casa localiza el bote y empieza con el proceso de cubrirte en pringue blanco) sino que cada vez que nos bañemos, sudemos o nos sequemos con la toalla, hay que volver a echarla. Por tanto tenemos que estar pendientes continuamente. Tienes que imaginarte que están tus padres al lado diciéndote “Ponte crema”.

Puede que no sea una de las cosas que más nos guste (todos tenemos a alguien del grupo que parece estar en guerra contra la crema solar y termina más churruscado que un chorizo a la parrilla. Si no se te viene nadie a la cabeza es posible que esa persona seas tú), pero es algo que hay que hacer.

Becomes a mum but still gets sunburnt like a kid #ChiaraTakesSardinia

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Mascarilla de ducha para el cabello: una idea “engorrosa”

Cuando sacan productos de belleza hago como cuando estrenan una nueva película de Jurassic Park, me subo al carro y a mitad de la experiencia me doy cuenta de que no ha sido buena idea y de que tenía que haber esperado las opiniones.

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Un gorro de ducha mascarilla para hidratar y reparar el pelo sonaba bien, veinte minutos (¿os dais cuenta que todo lo bueno se hace en veinte minutos? Calentar una pizza, una mascarilla…) dejando cubierto tu pelo como si fuera un gorro de ducha normal y después a aclarar. Que no hacía falta resolver una ecuación, vaya.

Pues ahí estaba yo, emocionada con mi gorro con patatas fritas estampadas, lista para terminar con la melena de ángel de Victoria´s Secret sin pasar por peluquería ni nada. Qué ingenua que soy y qué bien le vengo a las empresas de cosmética.

Ya la logística me parecía poco práctica debido a que tienes que ponerte el gorro una vez tienes el pelo limpio (con el champú aclarado y escurrido con la toalla), pero yo, que soy de dar muchas oportunidades, estaba dispuesta a llegar hasta el final.

Como tengo el pelo largo, lo de meter toda mi melena en el gorro no fue sencillo. Además que, una vez cerrado, había que masajearse la cabeza para que el producto nutriera bien el cuero cabelludo. Pero claro, si te frotabas la cabeza el gorro se movía.

El gorro, al descolocarse, dejaba pelos por fuera y al final terminabas peor que cuando vas con el casco de la moto puesto sin hacerte una coleta primero.

Lo peor es que pasados los veinte minutos tienes que volver a entrar en la ducha ya que, a no ser que seáis muy habilidosas o que contéis entre la ducha y el bidé con un lavabo de peluquería, el grifo no termina de apañar y necesitas tanto la alcachofa como espacio.

El resultado final, que como os digo, me esperaba digno de un anuncio de acondicionador, parecía más bien digno de un reportaje de Callejeros, con todas las raíces sorprendentemente grasas y el pelo liso nivel “pasaba por aquí una vaca y me ha lamido la cabeza”.

Pensé que podía ser cosa de la mascarilla o de mi pelo, pero una amiga que se dejó enredar con el otro tipo de mascarilla, terminó exactamente igual.

Entre que el producto no se repartía bien, era complicado de aclarar y que terminas necesitando una hora para hacerlo bien (un arroz con leche y una mascarilla son dos cosas que no puedes hacer con prisas) dudo mucho que repita del asunto.

Prefiero esperar a que salgan más opciones de otras marcas y, en todo caso, volver a probarlo cuando sea, si lo consiguen, una inversión que merezca la pena.

El bikini del revés: la tendencia que solo queda bien si te has operado las tetas

¿Os acordáis cuando a las blogueras de moda les dio por el underboob, el escote que dejaba la parte de abajo del pecho a la vista en vez de la de arriba? Bien, ha llegado la versión veraniega.

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UPSIDEDOWN BIKINI FACEBOOK

Los estilismos estivos, compuestos muchas veces por bikinis, sumados a la enésima reinterpretación de un escote han dado lugar al upside down bikini, una manera de colocarse las tiras de la parte de arriba del traje de baño que te resultará muy familiar.

¿Te has dado cuenta? Correcto, es lo mismo que hacía tu madre cuando quería ponerse morena en la piscina para evitar las marcas de los tirantes: un nudillo en el centro y los extremos por detrás de la espalda (en este caso por dentro de la copa).

La idea de darle una segunda vida al bikini, es buena, no seré yo quien diga que no como firme defensora que soy de reciclar ropa. Es buena, sí, pero especialmente si tienes el pecho operado.

A mí la idea me estaba gustando. Incluso con cierta esperanza he visto el vídeo tutorial de Instagram que explica cómo puedes hacerlo.

Sin embargo, a la hora de mirar los ejemplos que daba la cuenta de la tendencia, me costaba encontrar mujeres con el pecho sin operar.

Fijaos que de las primeras cien fotografías que muestran el bikini hacia abajo solo he contado cinco de mujeres cuyo pecho fuera al natural. Y sí, podéis creerme cuando os digo que sé diferenciarlos.

Entonces, ¿qué pasa? ¿Es para todas esto? Pues honestamente, no. Los intentos que he podido hacer a la hora de atar el bikini de esa manera, me dejan el pecho espachurrado y con parte del pezón al aire, lo que me horroriza ya que es una piel extremadamente delicada y no debería estar al sol.

Por otro lado, los casos de las mujeres con pecho grande y natural, al perder la sujeción del tirante anudado al cuello, terminan con las tetas desparramándose por fuera. Igual aguanta bien puesto los dos minutos que posas para la foto, pero nada más levantarte aquello va a caer por su propio peso.

En definitiva, que las tendencias, ideas, propuestas y maneras alternativas de llevar una prenda están muy bien, pero me gustarían más si fueran algo que pudiéramos disfrutar todas en vez de una cosa que solo resulta favorecedora si has pasado por el quirófano.

Es el momento de romper con el sujetador de aros

(Y da igual cuando leas esto.)

Desde tiempos inmemoriales las mujeres hemos sometido a nuestro cuerpo a torturas absurdas fruto de la estética de la época: miriñaques, polisones (los culos postizos estilo hermanastras de la Cenicienta), el corsé… Y todavía seguimos usando los nietos del último.

VICTORIA´S SECRET

Los sujetadores con aros son el mal y lo sabes, ya que nada más llegar a casa es lo primero que te desabrochas, peores incluso que el hilo de suciedad que se queda sin barrer entre el recogedor y la escoba. 

Mi madre me lo decía cuando vivía mi hormónica adolescencia: “No te pongas ‘sujes’ con aros”. Pero yo, cabezona, insistía en sumergirme en el mundo de los aros y las almohadas de relleno de los push ups. Hasta que llegué un día a casa y, sin decirme nada, se los había quitado a todos ellos. Menudo trauma.

Quizás no fue, no, quizás no, mamá, quitárselos sin mi consentimiento no fue la mejor manera de hacerlo, pero ahora sé que solo te preocupabas.

Y con razón, porque los aros metálicos del sujetador hacen un daño impresionante. Y vamos a ser realistas, a diferencia de cuando tu monitor de spinning quiere que le des más caña a la bici, si hace daño NO está funcionando.

Pero además de resultar molestos, provocan que los músculos de la zona se atrofien y, por tanto, no se desarrollan, lo que logra que el pecho quede sujeto de manera natural.

Pero eh, ¡eh! No te me lances al cuello ni corras a esconder tus sujetadores a un lugar más seguro (por si tu madre lee esto y tiene la ocurrencia de la mía). 

Existe todo un mundo de posibilidades más allá de los aros y, gracias a la tendencia de buscar un pecho más natural, las firmas lenceras cada vez ofrecen más variedad, lo que se traduce en que hay sujetadores sin aros más allá del típico color carne.

Así que si eres de esas que no pueden salir de casa sin sujetador o que simplemente te encanta la prenda, atrévete a buscar las más cómodas y, por tu bien, pasa de la tortura (innecesaria) de los aros.

De las ‘youtubers’ que maquillan a sus hijas

Al poco de llegar a casa nuestro perro, mi hermano me comentó que había quienes ponían cartones dentro de las orejas de los cachorros para que crecieran rectas, pero que él no tenía pensado hacerlo.

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“Quiero que sea él mismo”, me dijo. Pensaba exactamente igual sobre enseñarle órdenes como si fuera un animal de circo.

Su intención es (y sigue siendo) que el animal sea feliz, sin presiones por su parte ni por aquellos que nos repiten una y otra vez lo inteligente que es el border collie y que cuántos trucos sabe hacer el nuestro.

Me gustaría que no solo todos los padres perrunos, sino los humanos, pensaran de esa manera y dejaran ser a sus retoños lo que los infantes que quieran y no los que ellos decidan.

Con Instagram, Youtube y el fenómeno influencer, los niños no se escapan. Chiara Ferragni publicita a Gucci o Fendi con su primogénito de apenas tres meses, pequeñas youtubers firman en la Feria del Libro y, las que más me aterrorizan, niñas cuya edad no llega a los dos dígitos maquillándose para la red.

Todas hemos cogido el pintalabios de mamá y nos hemos emborronado los labios para jugar (con su respectiva regañina más o menos intensa en función del precio de la barra), pero convertir a tu hija en un cuadro en el que aplicar cosméticos químicos (y sus correspondientes desmaquillantes), que su piel no necesita para nada, me asusta.

Es una niña: déjale hacer puzzles, jugar con coches, muñecas, leer libros, cómics o bailar con Beyoncé. Déjale disfrutar de una infancia ajena a lo que le espera. Déjale porque ya se encargará la sociedad en unos años, desgraciadamente, de hacerle sentir mal, de decirle que no es lo bastante alta, delgada, tetona o que su boca no es lo bastante voluptuosa.

Déjale que decida ella, más adelante, si quiere o no maquillarse, si pasa de esas cosas o si el pintalabios es más imprescindible en su bolso que el abono transporte. Pero dale tiempo, y sobre todo, no seas tú quien empiece exponiéndole de esa manera tan innecesaria solo para hacer visitas o monetizar tus vídeos.

Enséñale, en todo caso, que dentro de las millones de cosas de la vida, la belleza solo es una y que no es tan importante.

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Probando el fango para el cuerpo: un remedio contra la celulitis

Hoy, en este episodio de “Productos que he comprado una vez y que no volveré a comprar como me llamo Mara” os traigo mi aventura con el fango corporal.

WIKIMEDIA

Nuestra historia empezó en el supermercado cuando lo vi rebajado en uno de los estantes del Lidl (más o menos el motivo por el que suelo animarme a probar algo de belleza) y por 1 euro con 50 céntimos me dije “Para dentro”.

El packaging apuntaba maneras. Aquel sobre prometía luchar contra las imperfecciones de la celulitis literalmente: “Tratamiento que combina la acción drenante y desintoxicante de la arcilla con la acción estimulante de los exclusivos extractos de algas”.

Yo he de decir que desde que he dejado de comer alimentos procesados (además del ejercicio) me ha desaparecido mucha celulitis, pero sí que tengo una poca (herencia genética de mi madre) en la que por curiosidad más que por estética (vivo tranquilamente en paz y armonía con ella), me decidí a probar el producto.

Para empezar, si eres del club de las que tenemos los muslos de buen año, el sobrecito te va a dar para la mitad, lo que hizo que colocara el fango en los lugares más estratégicos (el lateral de la pierna). Así que si tienes mucha piel de naranja, o haces como yo o te olvidas de comprar solo uno.

Yo conocía olores desagradables como un contenedor de compresas lleno, el baño masculino de una discoteca, el cuarto de la basura después de Nochevieja… Pero ninguno como el de la arcilla corporal.

Era una mezcla entre animal marino muerto, alga secada al sol durante horas, plástico descomponiéndose y fábrica de papel de Pontevedra. Yo no sé dónde quedaban el resto de olores que debería tener según los ingredientes como lavanda, menta o extracto de hoja de centella asiática, pero en mi arcilla no venían.

De hecho no solo me dieron arcadas mientras me lo echaba sino que tuve que salirme a la terraza con el invento puesto porque me subían los olores de mi celulitis cociéndose bajo la masa y eso no había quién lo aguantara.

Pues parece que la celulitis sigue ahí. @MEETINGMARA

Durante los primeros diez minutos la sensación es de frescor, algo que te choca de primeras. Pero a partir de ahi empiezas a notar un calorcillo en la pantorrila que da gusto.

Y digo que da gusto porque después de leer cómo funcionaba el barro y que daba sensación de calor, estaba yo acongojada pensando que aquello iba a quemarme como cuando metes un dedo en salsa de tomate que tienes al fuego, pero la verdad es que era un calorcito agradable, como cuando estás tomando el sol en la playa y te da el solete en las piernas.

Al rato verás que el barro empieza a secarse y por tanto a cambiar de color. Es el peor momento para moverte a no ser que te guste andar como un potro recién nacido. A la media hora de habérmelo echado fui a aclarármelo con agua templada y casi tuve que emplear otros 30 minutos en sacarlo. Aquello solo se iba frotando con los nudillos y enfocando el chorro a presión de la ducha.

Lo importante es que ya había terminado y podía evaluar los resultados. Sí que es verdad que mis piernas se veían más tersas y uniformes, pero no sabría decir si fue gracias al fango o al masaje drenante de los nudillos. A la hora de la verdad, la celulitis del lateral de mis piernas, que como os decía, es la que realmente tengo a la vista, seguía igual. Algo más sonrosada pero igual.

Para la próxima compraré con ese 1,50€ una buena crema corporal y me dedicaré a masajearme el muslo con la fuerza del gran tifón y la energía del fuego ardiente, que es como hacían las cosas en Mulán (y no le iba tan mal a la guerrera).

Por cierto, no os olvidéis de cotillearme en Instagram (@meetingmara) y pasar por mi página de Facebook si os ha gustado (y si no os ha gustado, también podéis ponerme verde).