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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Probando el fango para el cuerpo: un remedio contra la celulitis

Hoy, en este episodio de “Productos que he comprado una vez y que no volveré a comprar como me llamo Mara” os traigo mi aventura con el fango corporal.

WIKIMEDIA

Nuestra historia empezó en el supermercado cuando lo vi rebajado en uno de los estantes del Lidl (más o menos el motivo por el que suelo animarme a probar algo de belleza) y por 1 euro con 50 céntimos me dije “Para dentro”.

El packaging apuntaba maneras. Aquel sobre prometía luchar contra las imperfecciones de la celulitis literalmente: “Tratamiento que combina la acción drenante y desintoxicante de la arcilla con la acción estimulante de los exclusivos extractos de algas”.

Yo he de decir que desde que he dejado de comer alimentos procesados (además del ejercicio) me ha desaparecido mucha celulitis, pero sí que tengo una poca (herencia genética de mi madre) en la que por curiosidad más que por estética (vivo tranquilamente en paz y armonía con ella), me decidí a probar el producto.

Para empezar, si eres del club de las que tenemos los muslos de buen año, el sobrecito te va a dar para la mitad, lo que hizo que colocara el fango en los lugares más estratégicos (el lateral de la pierna). Así que si tienes mucha piel de naranja, o haces como yo o te olvidas de comprar solo uno.

Yo conocía olores desagradables como un contenedor de compresas lleno, el baño masculino de una discoteca, el cuarto de la basura después de Nochevieja… Pero ninguno como el de la arcilla corporal.

Era una mezcla entre animal marino muerto, alga secada al sol durante horas, plástico descomponiéndose y fábrica de papel de Pontevedra. Yo no sé dónde quedaban el resto de olores que debería tener según los ingredientes como lavanda, menta o extracto de hoja de centella asiática, pero en mi arcilla no venían.

De hecho no solo me dieron arcadas mientras me lo echaba sino que tuve que salirme a la terraza con el invento puesto porque me subían los olores de mi celulitis cociéndose bajo la masa y eso no había quién lo aguantara.

Pues parece que la celulitis sigue ahí. @MEETINGMARA

Durante los primeros diez minutos la sensación es de frescor, algo que te choca de primeras. Pero a partir de ahi empiezas a notar un calorcillo en la pantorrila que da gusto.

Y digo que da gusto porque después de leer cómo funcionaba el barro y que daba sensación de calor, estaba yo acongojada pensando que aquello iba a quemarme como cuando metes un dedo en salsa de tomate que tienes al fuego, pero la verdad es que era un calorcito agradable, como cuando estás tomando el sol en la playa y te da el solete en las piernas.

Al rato verás que el barro empieza a secarse y por tanto a cambiar de color. Es el peor momento para moverte a no ser que te guste andar como un potro recién nacido. A la media hora de habérmelo echado fui a aclarármelo con agua templada y casi tuve que emplear otros 30 minutos en sacarlo. Aquello solo se iba frotando con los nudillos y enfocando el chorro a presión de la ducha.

Lo importante es que ya había terminado y podía evaluar los resultados. Sí que es verdad que mis piernas se veían más tersas y uniformes, pero no sabría decir si fue gracias al fango o al masaje drenante de los nudillos. A la hora de la verdad, la celulitis del lateral de mis piernas, que como os decía, es la que realmente tengo a la vista, seguía igual. Algo más sonrosada pero igual.

Para la próxima compraré con ese 1,50€ una buena crema corporal y me dedicaré a masajearme el muslo con la fuerza del gran tifón y la energía del fuego ardiente, que es como hacían las cosas en Mulán (y no le iba tan mal a la guerrera).

Por cierto, no os olvidéis de cotillearme en Instagram (@meetingmara) y pasar por mi página de Facebook si os ha gustado (y si no os ha gustado, también podéis ponerme verde).

El HIIT o cómo ponerte en forma entrenando 20 minutos

Déjame adivinar: quieres ponerte en forma este verano. Pero entre las ocho horas que pasas sentada en la oficina delante del ordenador, la cena, las lavadoras o el ir a hacer la compra porque te has quedado sin desodorante, y aquello huele a gato encerrado, no sacas ni un rato para salir a correr por el parque (con el buen tiempo que hace) y unirte a los que disfrutan del ejercicio al aire libre.

REEBOK

Si te sientes identificada con esta descripción, has vivido lo mismo que vivo yo. Cada día. Sin excepción. En el momento en el que empezaba a cansarme solo con subir los dos pisos de escaleras, me di cuenta de que tenía que ponerme en marcha y literalmente.

Pero claro, mi dilema existencial, y el de tantos, es que NO TENGO TIEMPO. Sin embargo, no desesperemos porque las cosas están cambiando en el fitness y el tiempo ya no es un impedimento, o al menos, eso me confirma Ángel Carmona, entrenador personal en el gimnasio Altafit de Cuatro Caminos y creador de Muscle Winner.

Y es que numerosos estudios han demostrado que lo de hacer una hora de ejercicio equivale en gasto calórico a hacer menos tiempo con intervalos de intensidad, pero ¿cómo ha cambiado esto a la hora de planificar los entrenamientos?

“Gracias a los entrenamientos HIIT (High Intensity Interval Training) hemos conseguido darle más importancia a la variable de la intensidad respecto al volumen y tiempo total de cada entrenamiento, ya que se ha probado que entrenamientos intensivos de corta duración traen consigo muchos más resultados que largas y tendidas horas de trabajo a media intensidad”.

¿Es el fin entonces al sufrimiento de ocupar la cinta durante horas? “Se podría decir que sí, pero depende un poco de cada persona y el objetivo. En el gimnasio se ha notado mucho la inclusión de los HIIT” me dice él, que mejor que nadie sabe si los clientes se pelean o no por ocupar una máquina libre.

De manera sencilla, que podamos entender todos, los beneficios que aporta entrenar de esta manera al organismo según Carmona incluyen mayor oxidación de grasa (adiós celulitis, adiós) en el entrenamiento gracias al EPOC (exceso de consumo de oxígeno post ejercicio), mejora significativa en la capacidad cardio respiratoria (hola, resistencia) y mejoras en todos nuestros sistemas, como el hormonal, ya que el entrenamiento en HIIT estimula considerablemente la hormona de crecimiento.

Dicho así te suena tan bien, que lo quieres probar, ¿verdad? Pero ¿cómo podemos realizarlo si estamos fuera del mundo fitness y no sabemos ni por dónde abrocharnos la zapatilla?

“Hay tres puntos importantes a la hora de planificar HIITS: el tiempo de duración total, que no debe de sobrepasar los 20 minutos de duración, saber jugar con el número de repeticiones y tiempo de trabajo (a más repeticiones el tiempo de esfuerzo activo deberá de ser menor) y no olvidar el principio de la individualidad (si trabajamos a intensidades muy altas hay que saber medir bien los esfuerzos que podemos hacer).

Entonces, para que nos entendamos, ¿qué va mejor para la operación bikini? “¡HIIT sin duda! Sin olvidar combinarlo con sesiones de fuerza. Además podemos hacer HIITS en todos los ámbitos y de todas las maneras posibles”.

Pero ojo, “no todos podemos entrenar de esta manera ya que existen contraindicaciones: personas con dietas muy hipocalóricas, con problemas en alguna articulación o personas con algún tipo de enfermedad cardíaca” deberían abstenerse.

¿Carmona cumple el “en casa del herrero cuchillo de palo”? Para nada. “Mis clientes entrenan de esta manera porque ganamos en tiempo y en resultados. Los entrenamientos más cortos y más eficientes siempre son la mejor opción” afirma.

Pero, ¿es algo con lo que tengamos “futuro”? ¿Podemos mejorar haciendo solo HIIT? “Sí, a medida que pase el tiempo tenemos que buscar entrenamientos en los que podamos seguir progresando y no estancarnos. Por ejemplo en una sesión HIIT con pesas, una buena variable para seguir mejorando es la sobrecarga progresiva o intentar subir el peso en los ejercicios a cada cierto tiempo”.

“En una sesión de cardiovascular podríamos trabajar con la velocidad de carrera o el tiempo total de trabajo. Por ejemplo, si estoy corriendo a una velocidad durante intervalos de 20 segundos, dentro de una o dos semanas voy a intentar programar sesiones a la misma velocidad durante 30 segundos”.

Ahora solo nos queda atrevernos a probarlo (¡o buscarnos otra excusa que no sea la del tiempo!)

Mascarillas de tejido: Miin vs Garnier, la batalla de las pieles (hidratadas)

Cuando salieron las máscaras de tejido pensé que por supuesto quería unirme a la experiencia beauty de ayudar a mi piel pareciendo el asesino de La matanza de Texas, que es a quien te asemejas en cuanto las pruebas.

Mi spa casero.

(Nota mental: si la vuelvo a probar por la noche, hacerlo cuando esté sola para no provocarle un infarto a mis compañeros de piso)

La cosa es que llegaron a mis manos dos mascarillas hidratantes de tejido de celulosa, la Hidra Bomb de Garnier y la Deep Hydratating de Skin Lounge distribuida por Miin, por lo que decidí tomar nota mientras mi piel tomaba hidratación de los tratamientos para poder compartir mi opinión.

Ambas son para pieles secas que necesitan un “chute”, además cuentan con ácido hialurónico, que nunca viene mal teniendo en cuenta que dejamos de producirlo según pasa el tiempo. Pero vamos a la chicha, que es lo que realmente os interesa.

Esta es la cara que se os va a quedar de guapxs.

La primera que probé fue la de Garnier, que tiene una de las caras con un plástico azul que tienes que dejar por fuera. Al sacarla del envoltorio aquello goteaba más que los sobaos cuando los mojas en el café del desayuno, de hecho dejé un poco del parqué en modo post ducha.

Tras colocarla sobre la piel tienes que quitar el plástico azul, lo que hace que se te vuelva a poner la apertura de la boca en Parla y la del ojo en la oreja, pero se pone todo en su sitio otra vez y fuera.

La de Miin, en cambio, se adapta más, o al menos me dio la sensación de que los recortes para los ojos y la boca iban mejor con la forma de mi rostro (y no es que yo sea de belleza “picassiana” precisamente). La única diferencia es que no sabía bien qué lado era para dentro y cuál para fuera, pero imagino que daría igual.

Lo suyo con cualquiera de ellas es usarla tres veces por semana (aunque va a ser difícil que saques tanto tiempo) y respecto a precio andan bastante igualadas (la diferencia es 1 euro más aproximadamente en el caso de Miin).

Tras quitarme las mascarillas, las dos dejaban la piel muy húmeda después del tratamiento, para lo que debes masajearte el producto hasta que reabsorba del todo (y ya no parezcas una rana recién salida de la charca). Sé inteligente, como los de Media Markt, y échate también el producto en el cuello, que más de una ya lo llevamos con más arrugas que una tortuga.

Siendo mi piel mixta, y aprovechando que puedo usar un poco de todo, mi conclusión es que este tipo de mascarillas te dejan la piel radiante, pero radiante en plan bien, a lo hidratada de manera natural, no como si hubieras estado vigilando el churrasco en la barbacoa y tuvieras la piel llena de grasa y sudor.

De todas formas, y como siempre, os invito a compartir vuestras experiencias (ya sean buenas o malas) con este tipo de máscaras para que todas lo tengamos en cuenta cuando vayamos de maratón de compras de belleza.

¿Cómo me maquillo si llevo gafas?

Soy miope. ¿Os había dicho que soy miope? No mucho, vaya, lo bastante como para necesitar las gafas cuando voy al cine o a clase, pero no lo suficiente como para plantearme ir con lentillas por la vida.

Pero, ¿sois capaces de subir la ceja tanto como yo?

Así que soy de gafas, y de gafas de pasta además (que ya que las llevo, pues que se vean bien). Y claro, si, como yo, perteneces al club de las dioptrías y tus gafas se han convertido en el básico de tus estilismos de cada día, habrás pasado por la duda existencial de “¿Y yo ahora cómo me maquillo? ¿Cuáles son los secretos de sacarme partido con los cosméticos si mi montura de pasta me tapa parte de la cara?”

  1. Si algo he aprendido de las brochas y de las gafas es que se llevan bien en muchas zonas y en otras no tanto, como por ejemplo, el puente de la nariz. Si ponemos mucho maquillaje en esa zona terminará por desaparecer o cuartearse, así que mejor déjalo sin pintar.
  2. Los ojos son la clave, úsalos sabiamente. Si por el cristal parecen más pequeños intenta agrandarlos jugando con las pestañas o el eyeliner. Pero si los cristales crean un efecto óptico haciéndolos parecer más grandes, dale protagonismo a los labios.
  3. Si tus gafas, como las mías, son de pasta, es una buena idea que controles qué zonas quedan tapadas (y por tanto con sombra) por la montura para compensarlas con maquillaje.
  4. Las cejas son siempre una buena idea ya que son el marco de las gafas. Rellénalas con un lápiz o con un poco de sombra y disfruta del efecto Kardashian. Si pones iluminador debajo del arco quedarán más marcadas.
  5. Iluminador, tu mejor amigo si eres una #gafotaestilosa. Úsalo para darle luz a las zonas que pueden quedar oscuras por la montura. Aplícalo no solo debajo de las cejas sino en el lateral del ojo siguiendo la cuenca.
  6. Un toquecito en el lacrimal tampoco está nunca de más. Glow, girl, glow!
  7. Si eres fan de las pestañas postizas, déjalas para cuando vayas sin gafas si no quieres estar todo el rato con la sensación de que chocan contra el cristal. Si tus pestañas son normales puedes untarlas tranquilamente en máscara. Mirada de muñeca de porcelana modo ON.
  8. ¿Colorete? Sí, gracias. Échalo sin miedo (pero tampoco te pases, que no estamos en 1980).
  9. Acuérdate de limpiar las gafas con desmaquillante para sacar los restos de cosméticos.
  10. Pero sobre todo siéntete igual de estupenda que cuando vas sin gafas.

Si sigues todos los pasos (y te pones tu sonrisa de “¡Que ya es viernes!”) te quedará un resultado parecido al mío (y, ya de paso, puedes seguirme en Instagram y ver lo emocionante que es mi vida de periodista en Milán. Vale, es mentira, no es tan emocionante. Pero uso muchos emojis.)

Lo poco que mi padre me enseñó sobre la moda (y lo mucho que me ha servido)

(Suena Lennon de fondo mientras escribo. El beatle siempre será tan él)

Pijama, moño despeinado, los pies encima de la mesa del salón y las gafas de ver. Llega mi padre a casa y, viéndome de esa guisa, se acerca sonriéndome diciendo que estoy muy guapa. Él es así, de esos padres que, si por ellos fuera, nos mantendrían sin una pizca de maquillaje, tinte en el pelo, piercings o tatuajes, tal y como “salimos del cascarón”.

PIXABAY

Todo lo que mi padre me enseñó de la belleza es que la belleza no es algo importante. No digo que no la apreciara (¿quién no la aprecia? Tampoco os penséis que mi madre es un cardo borriquero ni mucho menos) pero me enseñó que es algo a lo que no hay que prestarle mucha atención.

No es que me lo dijera así, pero junto a mi madre se dedicaba a llenarme la habitación de libros y a leerme las historias de Juan Sin Miedo o El Quijote antes que de las princesas Disney. Lo hacía de manera sutil, yo creo que ni a propósito, enseñándome a apreciarme (a mí y a quienes me rodearan) por cómo soy por dentro y no por mi aspecto exterior.

Para él, lo más bonito es “esa cabecita que tengo sobre los hombros”. Y sé que se refiere al los engranajes que giran por dentro echando humo, analizando todo lo que me rodea constantemente.

Mi padre es de esos hombres que no sabe que te has cortado el pelo, que estrenas algo nuevo, no aprecia que llevas un color nuevo en los labios a no ser que se lo digas. Simplemente no repara en ello, pero se da cuenta de muchas otras cosas, como de venir a darme las buenas noches a la cama aún con 25 años o de estar pendiente de si necesito que me acerque a algún lado.

Y ya no os hablo de su relación con las tendencias. Si su armario experimenta alguna nueva introducción es gracias a mi madre, ya que, si por él fuera, seguiría vistiendo la ropa que le compraba mi abuela en 1980. La ropa es, en su opinión, una cosa que sirve para cubrirse y poco más, exceptuando cuando va a trabajar, que es el único momento en el que se preocupa de llevar el traje impoluto y corbata y camisa a juego.

Sácale del trabajo y perderá toda esa atención que le presta a la vestimenta. Pero la seriedad con la que se toma su etiqueta laboral ha hecho que, inconscientemente, yo ahora siempre salga de casa para trabajar más pendiente de llevar la ropa limpia y cuidada que de si me he maquillado.

No le importa para nada lo que me ponga a no ser que lo considere incompatible con mi bienestar. Los comentarios que le oirás decir son desde “Abrígate, no cojas frío” hasta “Ten cuidado llevando tacones tan altos que luego se resienten las rodillas” pasando por “No te olvides de echarte crema” cuando veía mis maratones de adolescente de tostarme al sol. Siempre más preocupado por la salud que por la apariencia.

A sus 58 años, mi padre no sabe quién es Anna Wintour, Olivia Palermo o Alessandro Michele. Si le pides que te acerque los stilettos te preguntará si es algo que se come y no creo que sea consciente de si en “Bershka” la “h” va delante o detrás de la “k”.

Pero no le hace falta, porque a sus 58 años sigue dejándome robarle las camisas, chaquetas y cazadoras impunemente de su armario para crear mis estilismos, sigue preocupándose por la salud de mis pies y sigue animándome a ser bella, pero no como mujer, sino como persona.

Y por ello (y por todo lo que no está aquí escrito) siempre voy a considerar que soy muy afortunada de que me tocara él como padre.

Feliz día,

Mado

Cómo luchar contra los dichosos puntos negros de la nariz

De todas las herencias que me han tocado de mi familia, la de los puntos negros en la nariz es de las peores. Viene de mi padre que a su vez lo recibió de su padre y así hasta remontarnos hasta mi tatarabuelo homo sapiens que seguramente también tenía la nariz con más huecos que un colador.

La beauty routine que seguí. MARA MARIÑO

Pero ya que hay tanto producto específico para tratar esa zona, decidí darles una oportunidad a los cosméticos y ver si podía deshacerme de ellos de una vez por todas. Para la Gran Guerra contra los Poros (nombre que algún día darán los historiadores a estos encuentros) me compré dos productos: las tiras de nariz, que se supone que te retiran el punto negro y una máscara minimizadora de poros que también quita impurezas y promete dejar el poro pequeñito para que no te lo vean desde la Estación Internacional cuando se asoman a comprobar si la Tierra sigue ahí.

Para utilizar los parches (y cualquier tratamiento en general) tienes que tener la cara limpia, y en este caso, con la zona humedecida. Únicamente utilicé el de la nariz ya que ni en la frente ni en la barbilla (afortunadamente, gracias papá y mamá) tengo el problema de los poros abiertos.

El parche era de una textura parecida al papel. Se coloca sobre la punta de la nariz y las aletas y se deja actuar unos quince minutos aproximadamente, los cuales aproveché para documentar el momento y hacer los correspondientes stories para Instagram.

Sacarlo no es tan doloroso como hacerse la cera pero tira un poco. Sin embargo, una vez despegada, no hay mayor placer que ver (perdonadme por ser escatológica) los puntitos pegados al parche. Es un espectáculo extrañamente placentero. Los restos que puedan quedar se tienen que aclarar, nada de salir a la calle con manchurrones negros en la nariz.

A continuación me puse la máscara reductora de poros. Es una máscara de algodón que viene doblada, por lo que abrirla y colocarla, teniendo en cuenta que venía untada de un líquido, fue un poco lioso.

Una vez puesta, tocó esperar otros quince minutos y masajear el producto sobrante para que se absorbiera.

Al final, aunque no me desaparecieron todos los poros, sí que muchos de ellos quedaron limpios y, por tanto, no se veían tanto.

Respecto a la mascarilla reductora, la veo menos necesaria (o al menos si se usa sin limpiar los poros de la nariz previamente) ya que lo único que hace es hacer el poro más pequeño pero por dentro sigue sucio.

Si vosotras usáis otros trucos de belleza para eliminar los dichosos puntos, vuestras opiniones serán bienvenidas.

Las series a las que engancharte si te encanta la moda

Por mucho que las series me enganchen por la trama, el vestuario es algo en lo que no puedo evitar fijarme. Si te sientes identificada, entre la pausa de Juego de Tronos, Las Chicas del Cable y Stranger Things, puedes engancharte a algunas de las series preferidas de los amantes de la moda.

Toma nota de los estilismos porque te ayudarán a ver con otros ojos tu armario.

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    1. Sexo en Nueva York: además de que nunca se tiene suficiente de las genialidades de Samantha Jones o de la ironía de Miranda Hobbes, la quinta del grupo (quitando a la Gran Manzana) es la moda, que nos regala alta costura (y zapatos inalcanzables) capítulo tras capítulo.

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    2. Gossip Girl: nos enganchó la reina cotilla por la vida privada del grupo de amigos del Upper East Side pero nos quedamos por los estilismos de Serena Van der Woodsen y Blair Waldorf, que nos hizo descubrir el preppy style y rescatar todas las diademas que llevábamos sin usar desde el colegio.

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    3. The Carrie Diaries: la precuela de Sexo en Nueva York nos trajo la lista de éxitos de los 80 de vuelta a nuestras vidas (¿alguna vez se fue?) y looks al alcance de nuestra mano. Tan fáciles de conseguir como saqueando el armario de nuestras madres.

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    4. The Royals: es la típica serie a la que llegas por el inglés. Y es que su reparto británico hace que te ayude a refrescar el oído en cuanto a la lengua anglosajona se refiere. Pero por mucho que tengas las orejas a otra cosa no podrás quitarle el ojo a los estilismos de las mujeres de la familia real.

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    5. Empire: aunque no te vaya mucho el hip hop te engancharás igualmente a Taraji P. Henson en el papel de Cookie Lyon. Entre su sabiduría popular y su vestuario acabarás volviendo a rescatar todas las prendas con print animal de tu armario (si, hasta las camisetas de leopardo que pensaste que murieron en 2005).

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    6. The Bold Type: habla de la historia de tres chicas que acaban de introducirse en el mercado laboral dentro de una revista de moda. Además de ser maravillosamente feminista, querrás copiar todas las elecciones estilísticas de las protagonistas. Para mí fue el relevo millennial de Gossip Girl.

      TUMBLR

¿Conoces otras series de la pequeña pantalla que tengan una buena relación con la vestimenta que recomendarías?

Trucos para cuidarse el pecho a cualquier edad

Tenemos jabones, mascarillas, cremas y tratamientos especialmente creados para el cuidado de la cara en la repisa de nuestro baño, pero en lo que a pecho se refiere andamos un poco perdidas.

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Y es que claro, como cuando vas por el pasillo del supermercado no hay ningún letrero que ponga “Crema para pechos”, no te planteas que necesiten un cuidado especial. Tiempo al tiempo, que igual los de marketing lo ven una buena idea y lo acabamos teniendo.
Además de que la zona del escote cuente con una piel delicada, tiene que sujetar más peso que otras partes del cuerpo, lo que hace que a la larga puedan aparecer estrías.
Pero que no cunda el pánico, podemos cuidar el pecho desde ya con lo que tenemos por casa y cambiando algunos hábitos que hacen que nos juguemos la salud de la zona.
Para empezar despídete del topless, está genial que quieras evitar las marcas del bikini, pero si ya de por sí el sol es malo, en el pecho ni te cuento. Sin embargo, si tu bronceado es algo que te tomas tan en serio como el currículum de LinkedIn, al menos toma el sol con protección total.
El sol hace que la piel pierda agua y precisamente tenemos que procurar tener la zona bien hidratada, lo que incluye aplicar cremas específicas y exfoliarla al menos una vez a la semana para eliminar las impurezas de la piel. Además, darse duchas con agua fría en el pecho produce también efecto reafirmante.
Aunque lo recomendable sería ir sin sujetador para mantener la musculatura de la zona activa, si te resulta incómodo ir con las gemelas sueltas (no todas lo llevamos bien) elige el sujetador correctamente, lo que significa no solo comprarlo de tu talla sino elegirlo sin aros. Puedes empezar también a hacer ejercicios de pecho para desarrollar los músculos de la zona.
El pecho es como todo, con unos buenos hábitos de ejercicio y alimentación equilibrada, también podemos cuidarlo. Por último, no nos olvidemos que igualmente forma parte del cuidado explorarnos el pecho con regularidad (puedes aprender a hacerte la autoexploración en este vídeo) y estar pendiente de las pruebas correspondientes que te pida el médico.
La estética es importante, sí, pero la salud es lo primero.

El desnudo de Laura Escanes o por qué vamos de culo

Como diría un prefacio misal, el culo de Laura Escanes en su publicación de Instagram es justo y necesario.

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Justo porque es un culo original, sin trampa ni cartón, sin silicona ni retoques de Photoshop, es un culo auténtico, tal cual. Una retaguardia como la tuya o como la mía, con unas sombras aquí y otras allí.

Es un culo de una mujer que es más que culo, y que ojos azules, y que melena rubia corta. Es el culo sobre el que se sienta una escritora, algo a lo que no llegan muchos negándose a ver más allá.

Porque a veces parece que se nos olvida que, por mucho que haya un culo a la vista, somos más que la suma de las partes de nuestro cuerpo. Pero claro, la sinergia, como no es una etiqueta o un hashtag, no la comprendemos.

UN CULOOOOOOOOO

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El culo de Laura Escanes es, al mismo tiempo, un culo necesario que nos recuerda que puedes tener curvas por mucho que la pasarela o la publicidad se empeñen en conservarlas apartadas y a cubierto. Y sobre todo que no tienes que avergonzarte de ellas.

Es un culo fundamental que, solo con el pie de foto (“UN CULOOOOOO”), ya nos está diciendo que nos tomamos los culos (y la desnudez en general) demasiado a pecho, como si fueran ofensiva personal, y, más de uno, como un ataque en contra de su dignidad.

Cuando la posadera recibe semejante avalancha de comentarios negativos, de odio visceral anónimo (y no tanto), de bodyshaming, queda claro que es la sociedad, y no ella, la que, al final, ha terminado con el trasero al aire.

La historia de la (casi) primera modelo con hijab de productos para el cabello

La diversidad es negocio. Lo sabe Rihanna lanzando Fenty Beauty, lo saben los diarios que apuestan por blogueras curvy como Marisa Jara, lo sabe Desigual con la mayoría de sus campañas, lo sabe Cosmopolitan apostando por una mujer trans para protagonizar una de sus portadas…

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Y lo sabe L’Oreal que vio en la bloguera de belleza Amena Khan su próxima modelo para la nueva campaña de productos para el cuidado del cabello, lo que le habría convertido en la primera marca internacional en incluir a una mujer con hiyab en una campaña de productos para el cabello.

Digo “habría convertido”, porque los tuits que la bloguera publicó en 2014 dando su opinión acerca de la guerra de Israel en Gaza, han hecho que dé un paso atrás y se retire como imagen. Pese a que luego se ha disculpado y ha intentado explicar en qué condiciones escribió esos tuits.

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Defender la diversidad es una de mis pasiones, no discrimino a nadie. He decidido eliminarlos ya que no representan el mensaje de armonía que defiendo. Decido retirarme de esta campaña, porque las conversaciones actuales que la rodean socavan el sentimiento positivo e inclusivo que había decidido brindar” explicó en sus redes sociales.

La marca, por su parte declaró: “Agradecemos el hecho de que Amena se haya disculpado por el contenido de sus tuits y por las reacciones que puedan haber despertado. L’Oreal Paris está comprometida con la tolerancia y el respeto hacia todas las personas. Estamos de acuerdo con su decisión de renunciar a la campaña”.

Aunque Khan no ha sido la imagen de la campaña por los pelos (tenía que meter el chiste en algún momento, entendedlo), que L’Oreal quisiera dar este paso es algo sobre lo que me gustaría reflexionar.

En primer lugar está el mensaje que la marca quiere hacer llegar, el hecho de que el cuidado del cabello es para todos independientemente de si decides mostrarlo en público o no. De hecho, en la entrevista que realizó la modelo con Vogue, declaró que para ella “mi pelo es una extensión de mi feminidad. Es una expresión de quién soy. Si sé que mi pelo está graso, por mucho que me ponga un pañuelo, me siento sucia todo el día”.

La marca pretende también con ello adentrarse en el mercado musulmán y animar a todas las mujeres que usan el hiyab a comprar sus productos (o en otras palabras: negocio, negocio y negocio).

Pero como dice Amena Khan, la exaltación de la diversidad es con lo que deberíamos quedarnos del suceso: “Siempre es motivo de celebración cuando ves una cara marrón en televisión”.

L’Oreal ha intentado ser vista con esta (casi) campaña como una marca que apoya la diversidad. Veremos si decide implicar a diferentes modelos próximamente ya que, por lo pronto, parecía ser una cosa puntual si echamos un ojo a las caras que usa para sus productos en Instagram.

INSTAGRAM L’OREALHAIR