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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Resiliencia. Capítulo 8: Cuesta abajo y sin frenos

Hace años me instaron a escribir esta historia. Aunque, cuando me lo dijeron, esa historia no era esta historia. Así que supongo que, aunque no he elegido que sea de esta manera, he elegido compartirla tal cual es ahora. No es una historia personal aunque algunas vivencias son propias. Si he decidido escribirla es porque, si a mi me sirve de terapia, quizás a ti te pueda servir de ayuda.

Resiliencia te puede haber pasado a ti, a tu madre, a tu compañera del trabajo, a tu prima pequeña, a tu mejor amiga. Puede sucederle a tu hija. Es la historia de superación del mayor trauma de una vida. El maltrato puede adoptar muchas formas, pero, sobre todo, puede adoptar muchas caras.

Mia tiene 20 años, compagina sus clases en la universidad con su nuevo trabajo de azafata de eventos mientras saca tiempo para ver a Hugo, su novio adicto al gimnasio. Andrés a sus 28 años parece que tiene la vida resuelta con un trabajo fijo en una empresa de repostería y una relación de más de cinco años. Acaban de encontrase y ninguno sabe lo que se les viene encima.

Capítulo 1: Dos semanas antes de la colisión
Capítulo 2: Una semana antes de la colisión
Capítulo 3: Un día antes de la colisión
Capítulo 4: Seis horas antes de la colisión
Capítulo 5: Colisión
Capítulo 6: 30 segundos después de la colisión
Capítulo 7: No solo los aviones vuelan

Capítulo 8: Cuesta abajo y sin frenos

Cuando al día siguiente Mia le comunicó que, oficialmente, había roto con su novio, Andrés alzó un puño tirando al suelo el bol de pasta que estaba compartiendo. Su compañero de piso se asustó por la reacción de su amigo.

-¿Qué pasa, macho?
-Ha dejado a su novio por mí -dijo ufano mientras recogía los macarrones que estaban desperdigados por la alfombra.
-Enhorabuena tío. Ya me la presentarás. -Su amigo le dio una palmada en el hombro y se unió a Andrés en la recogida de comida. Tras dejar el bol en la cocina Andrés sintió la necesidad de verla urgentemente.
-Raúl, ¿me prestas la moto? -Un ruido de llaves chocando contra la mesita baja del salón llegó hasta él.
-Ya sabes dónde está aparcada.

Según llegó a la facultad de Ciencias de la Información la dejó aparcada en la puerta. Apenas tenía una hora libre para comer y ya casi había pasado. Le quedaban unos minutos antes de que Sanz le llamara dándole por culo recordándole que tenía que entrar a las tres. Entró a la facultad y se dirigió a la ventana de información.
-Buenos días, ¿podría mandar un mensaje por megafonía? Es una emergencia familiar.

Cuando Mia llegó a la ventana de información, su cara era de sorpresa hasta que vio a Andrés. El chico supo al instante que ella le seguiría la corriente.
-Mia, es tu abuelo. Tenemos que irnos. -La chica, manteniendo el semblante serio, cogió uno de los cascos de moto que Andrés llevaba enganchado del brazo y se dirigió a la puerta.
Cuando salieron ella siguió andando hacia el aparcamiento. Andrés la seguía de cerca. No entendía a qué venía tanta prisa. Mia ya sabía de sobra que todo había sido para sacarla de clase.
-¿Qué cojones ha sido eso? -dijo ella sentándose en el borde de la acera, lo bastante alejada para que no les viera el bedel.
-He leído tu mensaje, quería que me contaras como ha sido. -dijo él tranquilo. Le lanzó una sonrisa mientras ella seguía taciturna.
-¿Me has sacado de clase para decirte algo que podría haberte contado más tarde? -Andrés alucinó. ¡O sea que estaba enfadada por haberle hecho salir! No se lo podía creer. Él había ido con toda la ilusión del mundo a verla y lo único que recibía por su parte era un jarro de agua fría.
-Bueno, yo entro ahora a trabajar… Entonces no podríamos habernos visto hasta más tarde. -dijo él tratando de justificarse.
-No es excusa, no puedes hacer esto. No puedes llegar y sacarme de clase como si nada. Esto es mi futuro ¿sabes? Tú el tuyo ya lo tienes, pero yo aún estoy construyendo el mío… -Andrés explotó sin dejarle acabar la frase.
-No me puedo creer que seas tan desagradecida. He hecho esto porque me moría por verte. Y sí, soy tan pasional que quería que me contaras en persona cómo has hecho para volver a ser libre. Fíjate si me interesas, Mia… ¿Por qué tienes que ser tan racional? Simplemente me he dejado llevar por mis sentimientos. -Notó cómo sus palabras empezaban a calar en ella hasta que al final la chica se puso en pie y se acercó a él.
-Tienes razón. Ha sido un gesto bonito. No me lo tengas en cuenta, es solo que no estoy acostumbrada a tanta… espontaneidad.
-Claro, claro, tu ex no estaba tan zumbado por ti, ¿no? ¿Es eso? -dijo él alzando la voz. Seguía molesto por el recibimiento frío de la chica.
-No Andrés, no es eso. No quiero hablar de Hugo. Ya no estamos juntos y eso es lo que importa.
-¿Le has dicho que le dejabas por mí? -preguntó cortándola otra vez mientras le clavaba la mirada. Ella la retiró y supo que no le iba a gustar la respuesta.
-Le he dicho la verdad, que no funcionaba y que no podía estar con alguien que no me hacía “mariposas” en la tripa.
-O sea que no sabe nada de que ha sido por mí -atajó.
-No le he dejado por ti, Andrés. Hemos roto porque no funcionaba.
-¿Y qué vas a hacer ahora? -demandó él.
-Pues no lo sé… creo que deberíamos tomarnos un tiempo de recuperación. Ya sabes… Los dos hemos estado emparejados mucho tiempo y no creo que empezar de repente sea una buena idea. Necesitamos salir, conocer gente, airear las sábanas antes de que volvamos a meter a alguien en ellas. -Andrés la miró incrédulo.
-¿Cómo que un tiempo? ¿Quieres ver a otra gente? Yo he dejado a mi novia por ti. -Las dudas de la chica le exasperaban. Había movido cielo y tierra para estar con ella y ahora se le iba de las manos.
-Yo nunca te dije que fuéramos a empezar nada. Estamos conociéndonos y pasar de cero a cien es una locura.

Andrés se alejó dolido. No podía creer que aquello estuviera sucediendo. De pronto sintió rabia. Tenía ganas de coger aquella moto que ni siquiera era suya y escapar de todo. Pero no podía. Fuera a dónde fuera sabía que sus pensamientos seguirían atados a ella de una manera o de otra. Notó como unos brazos le rodeaban la cintura y como una cabeza morena se acomodaba en su pecho.

-Andrés…di algo -pidió Mia en un susurro.

El chico le quitó los brazos y aún sujetándolos la cogió de ambas manos. Levantaría las cartas. Era o en ese momento o nunca.

-Mia, lo que he visto en ti no lo he visto nunca. He quitado de mi vida todo lo que me impedía estar contigo y solo quiero tenerte, aunque sea sin frenos y cuesta abajo y nos demos una hostia. Si eres tú quien se la pega conmigo, dolerá menos el golpe. Pero si no estás dispuesta a aprovechar esta oportunidad, me voy, porque no quiero perder el tiempo. Ya no soy un niñato de veinte años. Soy un hombre que tiene claro lo que quiere y es a ti, pero si no puedo tenerte te dejaré en paz y seguiré con mi vida.

Pensó en las conversaciones de la feria de manualidades, en su abrazo de despedida, en aquella escapada tan loca a Barcelona que le había sabido a días aunque se hubieran tratado de horas y supo que por la cabeza de la chica estaba pasando lo mismo.

-Está bien – dijo ella al fin-. Veamos a dónde va esto.

Andrés la abrazó contra sí. Mia respondió de buena gana hasta que notó que algo vibraba contra su cadera.

-¿Tanto te alegras? -dijo ella mirándole descaradamente la entrepierna.
-Joder, ¡es Sanz! -Andrés descolgó el teléfono. -Sí, sí, estaba yendo para allá pero ha habido un accidente en la M-30… han tenido que atender a una epiléptica –dijo mientras le guiñaba un ojo a Mia -. Perfecto, ahora te veo. –Tras colgar miró con pena a la chica- Me voy, caramelo. ¿Tú qué vas a hacer?
-Ahora que ya he salido iré a casa o algo. No es plan de que vuelva a entrar.
-Vale, ¿hablamos luego? -dijo mientras bajaba la moto a la carretera.
-Sí. Luego nos vemos. -Mia se giró para marcharse pero Andrés la detuvo.
-¿No vas a darme un beso?- dijo el chico- Ahora ya no tienes excusa.
-¿Aquí? ¿En un parking de motos?- Andres bufó internamente. Otra vez la lógica Mia que nunca se dejaba llevar por el momento.
-Sí, aquí. ¿Qué tiene de malo?
-Pues… que es un primer beso.-titubeó Mia como si aquello lo explicara todo.
-Lo especial de un primer beso no es el sitio sino con quién te lo des.

Cuando más larga se le hacía la tarde era a partir de las cinco, cuando ya no tenía nada más que hacer. Pero aquel día no podía de parar de dar vueltas por el almacén subiendo y bajando cajas simplemente cambiándolas de sitio. Estaba extasiado, pletórico, se sentía ligero y efervescente, como si por dentro tuviera las burbujas de todo un stock de Coca-Colas. Rememoraba una y otra vez el beso con Mia. Había empezado con un roce casi hasta tímido y por poco tienen que separarles con agua hirviendo de las ganas que acabaron poniéndole al beso. Lo volcaron todo: los días de espera, la tensión creciente, la química más que evidente de cada roce y mirada… Y tenía ganas de más. Aquello le había sabido a tan poco que, mentalmente, ya se estaba organizando para ir a verla en cuanto saliera del trabajo.

-¿Qué haces en tres horas, caramelo? -El chico escribía el whatsapp cuando se percató de la imagen de perfil de la chica. Mia todavía tenía la foto con su ex novio. Andrés sintió sus entrañas hervir de rabia.
-¿Se puede saber por qué todavía tienes esa foto? Porque es como si dijeras que aún estáis juntos y te recuerdo que estás conmigo.

El chico se mordió las uñas tratando de tranquilizarse. Mia seguía sin aparecer en línea y su preocupación iba en aumento. No tenía ni idea de cuándo había visto el teléfono por última vez al tener oculta la hora de conexión más reciente.

-Caramelo, necesito que te pongas la hora de conexión. No me gusta sentirme así de intranquilo.

No había manera. Andrés trató de contener su imaginación que ya iba kilómetros por delante de él. ¿Y si había vuelto con su ex? ¿Y si estaban juntos en ese momento? La duda le estaba matando por dentro.

-Mia, ¿qué haces? ¿Dónde estás?

Era el cuarto mensaje y no quería escribirle más. Se puso a buscar a la chica en las redes sociales y la encontró en Facebook donde también salía con su ex novio en la foto de perfil. Andrés mandó la solicitud de amistad e inmediatamente volvió a escribirle al Whatsapp.

-¿En Facebook también? No me jodas Mia…

Viendo que la chica seguía sin contestar, tiró con rabia el teléfono. Si ella esperaba que toda la relación fuera así, lo tenía claro.

Caída de una montaña rusa. PUBLICDOMAINPICTURES.NET

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2 comentarios

  1. Dice ser Sara

    Interesante como siempe y a esperar un nuevo capitulo con ganas.
    Por otro lado Andres me parece un poco intenso, agobiante e inseguro.

    09 Marzo 2016 | 10:12

  2. Dice ser Pebbles

    Poco a poco a Andrés se le va cayendo la máscara y nos deja ver a ese otro Andrés que ni es adorable, ni es espontáneo…sino que es frío y , principalmente, calculador, hasta el punto de llegar a agobiar a los de su entorno, en este caso, a Mía.
    Me gustaría equivocarme, pero tengo la impresión de que este chico, aparentemente rendido a los pies de Mía, esconde más de lo que muestra…
    Espero con ganas el siguiente capítulo

    09 Marzo 2016 | 17:14

Los comentarios están cerrados.