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Me llevo la moda a otra parte

No, no, a ver, tranquila, que no voy a colarme esta noche por tu chimenea a robarte los zapatos (¿o sí? ¿Calzas una talla 39?). Vengo a despedirme de este espacio. No es una despedida de esas tristes que incluyen música de Ludovico Einaudi y fondos en negro, me marcho porque la vida me conduce por otros derroteros.

Mi madre, mi mejor fotógrafa

Madre mía, tantos años escribiendo payasadas y haciendo chistes malos y ahora me da por utilizar palabras cultas. Lo que hay que leer. Pero es que han sido más de tres años escribiendo cuatro veces a la semana. ¿Sabes lo que es eso?

Me he llevado este blog a todas partes. Me lo he llevado a los Alpes italianos cuando me fui a trabajar como au pair, me lo he llevado durante un año y medio a Milán mientras estudiaba el máster y trabajaba y me lo he llevado a todas mis vacaciones en cualquier momento del año.

Asturias, Barcelona, Londres y Roma también han visto nacer artículos de Mara Viste y Calza por citar algunos de mis destinos en los que le recordaba a mi novio que teníamos que volver pronto/despertarnos antes para que me diera tiempo a escribir. Así durante tres años.

En tres años he tenido la suerte de conocer a personas que no solo se quedan en el blog sino que han pasado a formar parte de mi vida. Tuve la suerte de entrevistar a una ilustradora catalana jovencísima, Georgina Gerónimo (¡mayo de 2016, Gina!) y ahora es una de mis mejores amigas. Fue gracias a este espacio que Editorial Planeta quiso contar conmigo para escribir tres de sus libros de la colección Para chicas con prisas (que podéis cotillear aquí si queréis leerme en formato físico). En el tiempo que he pasado aquí escribiendo, he aprendido que todo en la vida pasa por algo y que echarle ganas y amor a lo que hacemos solo trae cosas buenas a cambio.

Y no, no ha sido moco de pavo. En estos tres años he tenido que levantarme pronto aun cuando no tocaba trabajar en la redacción o en un congreso, me he devanado los sesos sin saber de qué escribir esa semana (pocas veces, pero alguna), me he recogido a horas insultantemente tempranas por tener que escribir al día siguiente.

Como he cancelado planes o citas románticas, cortado llamadas telefónicas o faltado a planes familiares porque para mí, el blog era lo primero, mis disculpas a todos aquellos que han “sufrido” en carne propia alguna de mis ausencias estos tres años. Y, por supuesto, gracias por entenderlo.

También gracias a mi parroquia, a los lectores que he tenido, desde quienes me leen habitualmente hasta quienes han topado conmigo una única vez. El hecho de que alguien dedique un solo rato de su vida a leer algo que has escrito, es una sensación tan inmensa que desborda. De hecho tienes que ser muy fan para seguir leyendo el artículo más largo y menos relacionado con moda de mi historia y no haber abandonado a la mitad la lectura. Gracias también por eso. Dios te lo pague con aguacates en oferta.

Tengo la gran suerte de que 20 Minutos siempre ha estado ahí, apoyándome y dándome la visibilidad que me ha conducido a otras oportunidades. Por esta aventura digna de película de Indiana Jones siempre le estaré agradecida, con todo el corazón, a Melisa Tuya, quien le propuso un día a la becaria que vestía con sombrero que se presentara a la prueba para escribir un nuevo blog de moda que lanzaría el diario. Me sacó de mi zona de confort a base de teclado y aquí estoy. Melisa, tienes una silla en mi boda con derecho a barra libre y mesa de postres si algún día me caso.

Mientras escribía este blog he compaginado trabajos de azafata, he sido chica del ropero, niñera, imagen de un estadio de fútbol, becaria infinita, fotógrafa, estilista, community manager, escritora y, finalmente, periodista de moda en la versión digital de la revista Hola, motivo por el que dejo este espacio ante la incompatibilidad de firmar en ambos medios (así que ya sabes dónde puedes encontrarme).

Espero que en estos tres años y más de 600 temas escritos te hayas quedado con el mensaje más importante: hay que quererse mucho y bien. Quererse sin que importen las tallas, los tamaños, los pelos, los granos, que una teta sea siempre más grande que la otra o que hayas heredado los dedos de los pies de tu tío Joaquín.

Recuerda que la moda está para divertirse, para jugar, para atreverse. Es una cosa seria pero no demasiado, no salva gatitos atrapados en un árbol, aunque, en mi caso, me sigue haciendo latir el corazón como el primer día que vi un desfile en directo sin saber que aquello solo era el principio.

Septiembre de 2013, mi primer desfile en MBFWM

Me despido de 20 Minutos con el corazón lleno de todo lo bueno que me ha aportado esta experiencia y deseando la mejor de las suertes al resto de mis compañeros del diario. Sigamos hablando, escribiendo, señalando, informando y dando voz a aquellas personas o causas que no se dan a conocer de ninguna otra manera que no sea a través de los medios. Eso es lo que hace grande esta profesión.

Con amor,

Mara

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Cómo vestirte si eres feminista

(Y no, no hace falta llevar una camiseta que lo diga)

Hay personas que, cuando hablan de las feministas, lo hacen como si se estuvieran refiriendo a una tribu urbana dentro de la sociedad como los grunges, los chonis o los góticos.

PRETTY LITTLE THING

“Las feministas, esas con pelo en el sobaco y las tetas colganderas que queman sujetadores en marcha cuando van en moto”, así tal cual, como salidas de la portada de disco de una banda de rock satánica.

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Pero la realidad es que las feministas somos de todos los colores, tipos, alturas, medidas y estilos. Ahí reside nuestra fuerza, en que somos tan diferentes y estamos tan mezcladas que pasamos desapercibidas. Nos camuflamos en el entorno.

Los referentes de estilo que tenemos las feministas actuales son muy diversos. Por un lado está la modelo Emily Ratajkowski con sus posados en tanga en Instagram. En el otro extremo tenemos a Yoko Ono con su peculiar estilo a lo Steven Tyler de Aerosmith. Y no nos olvidemos de Chimamanda Ngozi Adichie, que aprovecha la moda para dar a conocer la vestimenta nigeriana.

Con todos esos ejemplos, ¿cómo saber qué es lo que realmente identifica a una feminista de una persona que no lo es? Es imposible definirlo ya que el carné de feminista no está reñido con el armario.

Muchas feministas van en zapatillas de cordones mientras que otras tenemos una colección de tacones que sería la envidia de Carrie Bradshaw. Y se pueden exigir derechos tanto yendo plana como desde una altura de 12 cms añadidos.

Seguir o no la moda, maquillarse, o incluso algo tan sencillo como elegir si se lleva o no sujetador no son cosas que entren en conflicto.

Las decisiones que podamos tomar a la hora de vestirnos no nos vuelven menos válidas a la hora de reivindicar nuestros derechos, y no deberían ser utilizadas como armas arrojadizas, ya que todas conocemos al ‘señoro’ de turno que confunde términos.

No tardan en esgrimir la carta de lo que, a sus ojos, son pruebas de opresión (todas hemos oído el “No puedes hablar de feminismo porque te maquillas/te pones escotes/te gusta llevar falda para gustar a los hombres”) sin entender que, en realidad, no es otra cosa que elementos que se escogen por elección personal con el único objetivo de gustar a una misma.

Una feminista puede ir sin un solo pelo en ninguna parte de su cuerpo y otra puede dejarse hasta los del entrecejo sin que suponga un problema. Conozco feministas que se hacen la láser, que se tiñen los pelos de la axila y otras que no les sale pelo ninguno y, por tanto, no se plantean qué hacer (o en su caso no hacer) con ellos.

Para ser feminista no necesitas una camiseta de “Future is female” “We all should be feminist” o “Feminist as fuck“, que puedes tenerla, por supuesto. Porque para ser feminista lo único que realmente necesitas es que, vistas como vistas, tu causa sea la igualdad.

¿Por qué se engrasa más el pelo en Navidad?

Me encanta la Navidad, en serio. Me encanta que suene en mi casa el mismo CD de villancicos que tenemos en mi familia desde 1997, me encanta ponerme gorros y diademas con luces e incluso hacer maratones (otro año más) de comedias románticas navideñas.

PIXABAY

Pero como todo en esta vida, la Navidad, por muy maravillosa que sea, no solo tiene cosas buenas. Una de ellas, la que me trae por el camino de la amargura, es lo mucho que se me engrasa el pelo cuando se acercan estas fechas.

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Además se me engrasa a conciencia. Tengo un nivel de sebo en las raíces que bien podría valer para untar la tostada y prescindir de la mantequilla.

Hay varias razones por las cuales el pelo pasa de estar de anuncio de acondicionador a peinado de niña de la curva.

Con las celebraciones, las citas con los compañeros de clase, del trabajo, las cenas con los amigos, etc, tenemos que estar lavando constantemente el pelo. La mayoría de los champús eliminan el sebo del cuero cabelludo, por tanto, si se utilizan a menudo, las glándulas sebáceas aumentan su producción para compensar.

De ahí que, de una vez por todas, te tomes en serio las palabras de tu madre de “Lávate el pelo cada dos o tres días”. Puedes recurrir a recogerte el pelo o gorros y sombreros si la situación es muy crítica.

Por la misma razón que por la que aumentas los lavados, si te lo cepillas más a menudo, porque a nadie le gusta ir a la cena de empresa con una maraña más propia de Tarzán que de Jane, consigues estimular la producción de sebo, lo que se traduce en un pelo poco lucido.

Entiendo que, entre celebración y celebración, hablas con mucha gente, el pelo se mueve tapándote la cara y tú, automáticamente, colocas el mechón detrás de la oreja. ¡Error! La grasa de tus dedos se pasa a tu pelo al igual que, si estás pelando los langostinos, por mucho que te limpies la mano, puedes terminar con algo de mayonesa en la melena.

Recurre a las pinzas y horquillas, aprovecha que están de moda esta temporada, y tócate el pelo lo menos posible.

Además de estos tres factores principales, elegir un acondicionador incorrecto para nuestro tipo de pelo o tener una mala limpieza del peine con el que nos cepillamos (sí, me refiero a que, de una vez por todas, deberías quitarle los pelos) también ensucian el cuero cabelludo.

Si no sabes qué ponerte ponte el pijama

Es un domingo por la mañana. Tienes que ir a comprar el pan pero te da tanta pereza el simple hecho de sacar un brazo de la cama aunque sea para coger el móvil que no sabes de dónde vas a sacar fuerzas para la hazaña.

ZARA/& OTHER STORIES/CORTEFIEL

Pero como a fin de cuentas no vas a salir del barrio, te pones una sudadera por encima y sales en pijama.

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Este curioso fenómeno le ha sucedido a la mayoría de personas que conozco. Pero, ¿cómo no iba a pasar en algún momento?

Es ropa cómoda, se adapta a las estaciones y, en muchos casos, a excepción de los pijamas con personajes de películas de dibujos animados, es muy bonita.

Sin embargo, no somos los únicos en poner en práctica la revolucionaria y transgresora idea. La moda también se ha apropiado de ella.

Hace unos años, cuando el slip dress llegó a nuestras vidas y a nuestros armarios, recuerdo que tuve que aguantar el chaparrón de mi madre sobre lo poco elegante que le parecía que saliera “en camisón” a la calle.

¿Y qué culpa tengo yo de que la moda se haya inspirado en los pijamas?

Aquellos diseños en satén, raso o seda con detalles de encaje se han convertido no solo en un básico más del armario, como puede ser el jersey negro o las bragas de regla, sino en una prenda que podemos llevar desde a la clase de Contabilidad de la universidad hasta a una boda si la combinamos con un abrigo de pelo.

Pero no solo de camisones fuera de contexto vive esta tendencia, los clásicos conjuntos de dos piezas son los que se proponen para todos los momentos y situaciones.

Entonces, ¿cómo saber si tu pijama es apto para ponerlo en práctica y sacarlo a la calle con estilo?

Todos los colores lisos están permitidos, así como los estampados de flores o lunares, las chaquetas estilo batín, camisones cortos, largos, de corte midi

Y a la hora de lucirlos, y para evitar que vuelvas a coger otro resfriado (con lo que te ha costado salir del último), puedes combinarlo con jersey de cuello cisne o con escote en ‘V’ por debajo, botas y botines, y, por supuesto, en el caso de que cojas tejidos finos, no te olvides de llevar medias por debajo.

Horquillas de los 90, el accesorio que (ya) deberías estar llevando

Tu yo de 10 años está de enhorabuena. Con el retorno de las tendencias de los años 90 han vuelto también unos accesorios que te gustan más que un mensaje de tu madre diciendo que te ha preparado un táper con croquetas, las horquillas.

VALET

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¿Qué? ¿Cómo es posible? ¿Cómo ha pasado? Alexander Wang, Gucci o Chanel son los culpables de que hayan vuelto los accesorios de pelo que lucíamos con orgullo en el colegio. Tienes además, todas las variedades que se llevaban en aquella época.

Está, por un lado, la pinza con dientes que te sujetaba toda la melena las primeras semanas y que luego, inexplicablemente, empezaba a perder las púas hasta que tenías que tirarla. Bella Hadid es especialmente fan de este recogido estilo “me voy a poner a estudiar” y ya lo ha lucido en varias ocasiones por la calle.

Las horquillas de clip, por supuesto, no pueden faltar en el regreso de los accesorios para cabello. ¿Cuántos ratos pasabas entretenida en clase pellizcándote el dedo o las hojas del libro para distraerte en la clase de Física y Química? Qué buenos momentos.

Y por supuesto no nos podemos olvidar de los broches. Además los había de dos tipos, los buenos que te aguantaban todo el día aunque llevaras el pelo recién lavado y los malos que se te iban escurriendo hasta, en el mejor de los casos, caer haciendo bastante ruido, lo único que conseguía que no los perdieras por la calle.

Ahora puedes volver a lucirlos fuera del colegio aunque ya no estés cursando la primaria. ¿El común denominador que han seguido las firmas en recuperar estos complementos? Que contrasten con el pelo.

Nada de buscar el accesorio en color marrón o negro, no no, cuanto más grande, chillón y con apliques de perlas o brillantes formando palabras horteras como “Glam” o “Chic” demostrando que no eres ni una cosa ni la otra, mucho mejor.

MY KITSCH

Si te has levantado con el pelo rebelde, en uno de esos días en los que parece tener vida propia, pero tampoco te apetece llevarlo recogido, las pinzas y horquillas son el complemento perfecto. Además de que se llevan en todos los largos independientemente de si tienes melena o un corte pixie.

Si hay pelo, hay horquilla. Así que corre ya a por este accesorio a tu neceser más cercano. El rejuvenecedor más barato que vas a encontrar en el mercado y más efectivo que una crema de placenta, ya que será ponértelo y darte cuenta de que pareces, por lo menos, cinco años más joven.

Para las amantes de la moda, este accesorio ha venido como agua de mayo ya que nos resuelve muchos quebraderos de cabeza. No solo es la manera de contactar otra vez con nuestra versión adolescente sino una forma de customizar la ropa esta temporada y darle ese punto de tendencia tan deseado sin cambiar el armario.

Menos impacto al bolsillo y al medio ambiente, dos pájaros de un tiro. Además la mayoría solemos conservar los accesorios, así que no solo es probable que te los vuelvas a poner en algún momento de aquí a los próximos veinte años sino que rebuscando un poco, lo más seguro es que todavía conserves ese broche de madera de los 2000.

¿Llevar gorros y sombreros sin que se te aplaste el pelo? Así sí

En invierno hay varios dilemas que las mujeres nos planteamos a la hora de hacer cosas tan rutinarias como salir vestidas a la calle ¿Me visto mona o me visto abrigada? ¿Llevo medias por debajo o me congelo con el tobillo al aire? ¿Bufanda o cuello cisne?

URBAN OUTFITTERS

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Y una de ellas, la que más rabia nos suele dar: ¿Ir con el pelo bonito o ir con un sombrero bonito? La experiencia y mi amor por los complementos me han demostrado que son incompatibles.

Da igual que te lo termines de lavar o de peinar que, en cuanto llegues a cubierto y te quietes el gorro, tendrás toda la parte de delante completamente pegada a la cabeza.

El efecto sombrero es un fenómeno que se da también cuando te quitas el casco de la moto y entiendes que, aunque estás dispuesto a pagarlo encantada, el precio de la seguridad es tu peinado.

Los sombreros de ala ancha, los gorros de lana, las boinas o las gorras son algunos de los accesorios con más éxito esta temporada, pero normalmente solo te dan dos opciones cuando te decides por alguno de ellos.

O llevarlos puestos todo el día a riesgo que de que te ases de calor en clase y te empiece a gotear el sudor por la nariz o quitártelos una vez estás bajo techo y llevar el pelo chafado

Al menos, eso pensaba, sin embargo hay vida después del sombrero y tu pelo puede revivir si tomas nota de algunos trucos.

URBAN OUTFITTERS

Si tu cabello está hidratado, con un nivel de sebo equilibrado, es probable que no se te engrase con frecuencia, por lo que el primer paso es conocer el estado de tu cuero cabelludo.

Lo más recomendable es ir con el pelo totalmente seco, ya que tienes menos posibilidades de que vaya cogiendo forma (y vida propia) en el interior del sombrero.

Quitarte el gorro y darte un poco de volumen boca abajo puede ser la manera más fácil y rápida de contraatacar el aplastamiento si has llevado poco tiempo algo en la cabeza.

Si ya es demasiado tarde y te notas el pelo tan grasiento que te permitiría aliñar una ensalada, el champú en seco (el talco también te sirve) es tu mejor aliado. Échate una rociada en la parte que veas más pegajosa y dale forma. No solo añade volumen sino que absorbe la humedad que pudieras tener.

Otra manera es arreglar tu pelo en función del sombrero. Un moño bajo o una trenza consiguen que, cuando te quites el sombrero y sueltes el coletero, tu pelo tenga forma. Y para vagas: colocar los mechones de delante detrás de las orejas justo antes de colocar el gorro, el truco para tener ondas que enmarcan la cara sin esfuerzo.

¿Qué comprar en Nochevieja que puedas reciclar en otro momento del año?

Nochevieja es esa noche del año en la que, hace unos años, me la planteaba casi como si fuera el día de mi boda.

PIXABAY

Tenía que tener las uñas perfectamente pintadas, el pelo peinado sin ninguna punta sobresaliendo y, por supuesto, el vestido ideal.

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Mi búsqueda del vestido de Nochevieja, EL VESTIDO (con mayúsculas) me llevaba bastante tiempo ya que buscaba la prenda de fiesta definitiva que tuviera todo lo que se llevara esa temporada: el escote más ostentoso, el largo más favorecedor, los apliques más llamativos…

Y todo para ponérmelo una noche y devolverlo a la soledad absoluta del armario junto al resto de vestidos de Nochevieja en una especie de Toy Story 3 con la diferencia de que en vez de una familia de juguetes, tengo una familia de vestidos bonitos ansiosos de que me los ponga otra vez.

Pero ya os lo decía al principio, el planteamiento era como una boda, por lo que tampoco tenían la suerte de volver a caer (no fuera a ser que alguien me viera con el vestido del año pasado, algo tan dramático para mí como cuando se me termina el eyeliner con un ojo sin pintar).

& OTHER STORIES

Afortunadamente, me he dejado de fantasías adolescentes de volverme un hada de la Navidad. Ahora prefiero ser más práctica.

Porque por muy bonito que pueda parecerme un vestido, si solo lo voy a llevar un día, la gracia que me hace dejarme el dinero y no amortizarlo, es más bien poca.

Los vestidos de plumas, flecos, tachuelas y demás los he sustituido por conjuntos de dos piezas menos espectaculares, sí, pero que puedo combinar con el resto del armario.

¿Para qué llevar un diseño de volantes con capas o vuelos si puedes comprarte un body de seda, un pantalón acampanado con una lazada monumental y reciclarlo a la semana siguiente en la oficina o en la celebración del cumpleaños de tu tía?

La clave es que escojas con el corazón y el cerebro a partes iguales para que lleves algo que te guste, sí, pero también que funcione con lo que tienes por casa.

Ante la duda, una camisa satinada, un pantalón de cintura alta, una falda festiva midi (puedes echar una cana al aire y escogerla llena de lentejuelas), un par de tacones joya con hebilla de strass, una americana de terciopelo o algo tan sencillo como unos pendientes XL que serían la envidia de cualquier película de Bollywood son opciones con las que aciertas y puedes ponerte a la semana siguiente cuando te toque volver a la rutina.

Un año de moda, lo más buscado en Google este 2018

En este momento del año, toca hacer balance sobre cómo ha ido 2018. De hecho hasta Kim Kardashian ha confesado que se ha acostado varias veces sin desmaquillarse, algo que sin duda, entraría en mi lista de nuevos propósitos beauty.

PRETTY LITTLE THINGS

Google también ha participado en la valoración anual y ha lanzado las búsquedas más populares en películas, entretenimiento, deportes, comida y, por supuesto, moda.

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¿Qué es lo que más nos ha llamado la atención este año y por qué? ¿Será algo que arrastremos en 2019? Como año oficial del retorno de algunas de las tendencias de décadas pasadas, la moda de 1980, 1990 y 2000 son tres de los resultados más ‘googleados’.

Lógicamente esto ha devuelto un sinfín de resultados de hombreras, chokers, horquillas gigantes y conjuntos de chándal de colores chillones, así como las zapatillas Monster truck que hemos visto a lo largo del año.

El grunge ha vivido su segunda edad dorada al estar en el puesto número 2 del ranking. Y si no, que se lo digan a Marc Jacobs que ha vuelto a sacar esta temporada, pieza por pieza, la colección que le costó un despido de Perry Ellis en 1992, en la que subió la tendencia a la pasarela.

La influencia de la realeza británica, las dos bodas de los Windsor y el nacimiento de Luis de Cambridge han colado a Meghan Markle y Kate Middleton entre las más buscadas.

Con dos estilos totalmente diferentes, el rollo ‘hollywoodiense’ de la duquesa de Sussex y el estilo clásico de la duquesa de Cambridge convierten en fenómeno de ventas desde el traje negro hasta el abrigo de cuadros.

El estilo Harajuku, algo que no es tan popular en España, también aparece en el top 10. Una mezcla que se refiere a la moda alternativa combinando diferentes estilos basándose en los colores, un poco ligado a cómo vestíamos de pequeños para que me entiendas.

Y sorprendentemente, el furor por la moda low cost ha conseguido que sea Fashion Nova, firma que ha basado su éxito en el apoyo de las mujeres con curvas gracias a Kylie Jenner o Cardi B.

Quien superara en la clasificación a Louis Vuitton, Versace, Givenchy o Gucci, que han quedado por detrás de la firma de fast fashion demostrando cómo el mercado ha cambiado, una transformación que, seguramente, nos acompañará también a lo largo de 2019.

El mini bolso, la historia de amor-odio de esta temporada

Yo soy muy comprensiva, soy tan comprensiva que incluso cuando llegué a Londres y vi el Big Ben tapado por obras, no me importó, pero hay cosas que, de verdad, me quitan la energía.

Una chica preocupada porque no le entraba la compresa con alas en el mini bolso. BERSHKA

Puedo entender que la moda necesite experimentar y que con el cambio de temporada se nos ofrezcan novedades constantemente que nos hagan estar pendientes de seguir las tendencias, pero me gustaba pensar que todo tenía un límite basado en el sentido común.

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Mientras que las zapatillas de deporte cada vez son más grandes, hasta el punto de volverse auténticos monstruos, entre la altura de las plataformas y las dimensiones que están adquiriendo, llegando incluso al punto de dificultar la locomoción, los bolsos se están encogiendo.

Pero no me refiero a un encogimiento como sinónimo de práctico, sino a que se están volviendo de pequeños, diminutos, como salidos de un set de juego de Playmobil.

El bolso XS es el accesorio de la pasarela de esta temporada y de mis pesadillas, un complemento tan minúsculo que no te permite llevar ni lo mínimo imprescindible para sobrevivir fuera de casa.

Si metes el móvil, despídete de llevar el cacao, los cascos o un paquete de pañuelos de papel. Es o una cosa u otra, lo que hace que te plantees qué necesidad vital es más importante, la necesidad de no llevar los labios cortados o la de poder sonarte los mocos ya que llevas toda la semana con un catarro digno de inicio de pandemia.

Y mejor no hablamos de si eres de las que va con la casa a cuestas.

Dicen que la moda es reflejo del momento socioeconómico, que se adapta a nuestra vida, a nuestras necesidades.

Por tanto me parece ilógico es que en una sociedad en la que las mujeres vamos con el portátil, la agenda, la crema solar, el tupper con la comida para la oficina o el paraguas por si llueve, la disponibilidad de espacio que te ofrecen estos accesorios equivale a los centímetros cuadrados de una funda de gafas de sol.

Modelos deprimidas preguntándose cómo hacía Mary Poppins para que le cupiera una lámpara. THE KOOPLES

“Pero es que son tan bonitos” me diréis algunas y, creedme, no podría estar más de acuerdo. De hecho, si estuviéramos en el siglo XVIII y lo único que necesitara llevar encima fuera un frasquito de esencia de lavanda, estaría feliz de poder disponer de un accesorio que me permitiera transportarlo con comodidad.

Lo único es que pasando tantas horas fuera de casa, ya sea por el trabajo o por si he quedado con una amiga, por si después voy al gimnasio o por si tengo que viajar y necesito llevar mi kit de supervivencia para el avión, con ese bolso no me apaño para nada.

Así que, como buena seguidora de tendencias pero como mayor seguidora de la funcionalidad, mi solución es, para cuando llevo este tipo de estuchitos, combinarlos con ropa que tenga bolsillos por todas partes: pantalones, chaquetas, abrigos…

Y, si no, para las noches de fiesta en las que la ropa con bolsillos no entra en el plan de nuestro outfit, siempre tenemos la opción de llevarlo todo en el bolso grande de una amiga e ir turnándolo entre todas.

Ya puedes entrar en un garito con zapatillas (sin que te miren mal al pasar)

Si Dani Martín estuviera componiendo Zapatillas, tendría que cambiar la letra que todos cantamos en 2005.

Urban Outfitters

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Con 13 años de diferencia, no es que la vestimenta de las discotecas haya cambiado (al menos, no voluntariamente), es que las deportivas han irrumpido en la etiqueta sin ningún tipo de miramiento.

La moda ha respondido a una petición: adiós artificios, por lo que la tendencia es ahora el confort, sentirnos cómodos con nosotros mismos.

Cuando Victoria Beckham por motivos de salud, empezó a prescindir de los tacones y salió a saludar después de uno de sus desfiles con zapatillas, el fenómeno daba comienzo.

Porque por extraño que parezca que en la alta moda puede tener cabida la moda deportiva, solo tenemos que ver cómo Gucci, Balenciaga o Valentino han incluido las zapatillas haciéndolas tanto o más deseables que un bolso.

De hecho, es probable que si Sexo en Nueva York se rodara de nuevo en 2018, la Carrie Bradshaw millennial habría sustituido los altísimos stilettos por las ugly sneakers en el armario (e incluso Mr. Big le habría pedido matrimonio con un buen par de dad shoes).

Si antes nos podía horrorizar la idea de ver un pantalón de traje con una zapatilla de deporte, la combinación es la estrella de muchas oficinas. Incluso si eres una devota de las faldas lápiz como Rachel en Suits puedes atreverte también con la mezcla.

Y sí, El Canto del Loco tendría que admitir que ahora es prácticamente imposible llegar a una discoteca y no encontrar a gran parte de los asistentes con zapatillas, lo cual es una gran suerte porque, siendo realistas, salir con tacones puede ser estupendo, pero no hay nada como llegar a casa después de una noche de fiesta y que no te duelan los pies.