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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Cómo 2017 se convirtió en el año feminista

El 2017 empezó con una noticia revolucionaria: las azafatas de los podios ciclistas desaparecerían. El mismo mes que sentía que comenzábamos a avanzar, que las mujeres nos alejábamos de esa sexualización en la que siempre nos vemos inmersas, mis pezones sufrieron acoso online.

DIANINA XL/MARA MARIÑO

Pero no todo estaba perdido. Ha sido un año en el que nos hemos dejado de princesas y nos hemos vuelto guerreras. Que hemos querido luchar como vikingas, ser reinas sin necesidad de un rey a nuestro lado como Daenerys Targaryen o salvar el mundo como Once. Un año en el que hemos tenido referentes femeninos fuertes con los que sentirnos identificadas.

2017 ha sido el año en el que se ha dado un pasito hacia la igualdad utilizando a hombres como imagen de grandes firmas de maquillaje. Porque aunque no estemos acostumbrados a que ellos se maquillen, pueden hacerlo y ser aceptados por ello (además de que a los youtubers beauty se les da de maravilla). También lo recordaremos como el año en el que las faldas y los tacones para ellos llegaron a la pasarela.

Hemos vivido un año en el que una de las principales tendencias ha sido la naturalidad a través de muchas influencers que se han animado a salir en sus redes sin depilar, con sus estrías, sus cicatrices… hasta su celulitis, algo que incluso ha hecho que marcas como Desigual o Dove se sumaran a la corriente.

Ha sido tal la repercusión de la aceptación de una imagen más saludable, alejada de la presión estética, que los conglomerados LVMH y Kering firmaron la carta que no permitiría trabajar con modelos que tuvieran menos de una talla 36.

Ha sido un año lleno de denuncias a viva voz y a golpe de tuit empezando por las actitudes depresivas de las modelos del catálogo de Zara o la última campaña de Yves Saint Laurent que mostraba mujeres colocadas en posturas sumisas como si no tuvieran ningún tipo de fuerza ni voluntad, frágiles a disposición de cualquiera. Y, afortunadamente, hemos protestado y nos hemos quejado cuando hemos visto que una marca basaba su publicidad en una imagen de desigualdad.

En el 2017 hemos denunciado sin miedo, hemos dicho que nos han acosado grandes magnates de la industria cinematográfica, que una banda de animales nos ha violado, que nos han ultrajado, que nos han asesinado. No nos hemos quedado calladas y hemos marchado por varias ciudades del mundo exigiendo que se nos trate como lo que somos: personas con los mismos derechos.

“Feminismo” ha sido la palabra más buscada en 2017, pero además ha sido una de las más llevadas a cabo tanto por hombres como por mujeres. Por eso no me preocupa que empiece un Año Nuevo. El 2017 no ha sido el año feminista, sino el primer año feminista.

Y es que por mucho que pique, que duela, que moleste, que irrite, o que haga que se nos intente desprestigiar con adjetivos como “feminazis”, el feminismo no es una tendencia pasajera, luchar por la igualdad no es algo que pase de moda como un tejido o unas botas de plataforma. El feminismo ha venido para quedarse.

Claves para usar (correctamente) el iluminador

Soy de las que piensa que la pasta nunca lleva el suficiente queso rayado ni la cara la suficiente cantidad de iluminador. De hecho estoy tan loca por los polvos iluminadores desde que los descubrí que me echaré como cinco veces el cosmético antes de salir de casa.

Yo cuando me aplico el iluminador y veo la vida color de rosa (brillante). STYLECRACKER

Pero vamos a empezar por el principio de los tiempos. El iluminador se ha hecho popula gracias a Kim Kardashian y su mundialmente célebre contouring, ya sabes, esa forma de maquillarse utilizando polvos de tonos claros y oscuros para “esculpir” los rasgos de la cara.

El contouring se aprovecha del efecto de la luz sobre esos puntos que disimulamos o resaltamos para dar sensación de caras más afiladas, narices más finas o pómulos dignos de Angelina Jolie.

Cuando no controlas los iluminadores pero brillas igualmente para cegar a tus ‘haters’.

Pero, ¿cómo controlar esta compleja técnica que parece solo reservada a los expertos en maquillaje y que en las manos equivocadas puede convertirnos en una participante de la Gala Drag Queen de Canarias?

El iluminador no se puede poner al tuntún como si aquello fuera las colonias de muestra del aeropuerto, no. Debe aplicarse (toma nota) en la parte más alta de tu pómulo, debajo del arco de las cejas, en el hueso de la nariz, en el arco del labio superior y en la frente.

Supuestamente, si eres de esas que tiene un neceser de pinceles que visto desde fuera parece el cinturón de herramientas de un fontanero, deberías usar la brocha que tiene forma de abanico. Pero si eres una persona que tiene dos pinceles contados, puedes usar una brocha gruesa deformándola ligeramente con la mano para que las cerdas adquieran esa forma o puedes aplicarlo directamente con los dedos a lo freestyle.

Otro truquito si quieres lucir escotazo es poner un poco de iluminador en la parte superior de tus clavículas. Eso sí, procura no llevar vestido de tirantes si no quieres que termine con las típicas manchas de maquillaje.

Lo que no puedes hacer con el iluminador bajo ningún concepto es usarlo para disimular granos, heriditas, ojeras o cualquier cosa que quieras tapar, ya que precisamente lo que va a hacer el cosmético es resaltarlo (mejor usa un corrector).

Lo que debes saber antes de hacerte con unos botines transparentes de plástico

A mí me encantan las tendencias. Ya sabéis que si encajan con mis gustos las incorporo rápido a mi armario o intento versionarlas de forma casera.

Pero hay cosas por las que directamente no paso, sobre todo cuando tocan el tema relativo a la salud.

ALIEXPRESS

La última tendencia que no entrará a mi armario (no, ni siquiera aunque me traiga una caja de chocolatinas debajo del brazo), son los botines transparentes de plástico.

Los términos “PVC“, “vinilo” o “PU” se refieren al material plástico que se utiliza para la ropa. Un material que, si bien para un bolso puede ser resultón y práctico (sobre todo si vivimos en una ciudad lluviosa), se convierte en la Pesadilla de Después de Navidad de todas aquellas que hayan picado en la tendencia durante las fiestas.

A mí por mucho que Bershka, Chanel o la mismísima Chrissy Teigen, la última embajadora de los zapatos de plástico transparentes, me vengan a que me una a sus filas de calzado de vinilo, no van a conseguir convencerme.

Y es que tiene un pequeño gran inconveniente que ya experimentó en sus carnes (y pies) la periodista Kelsey Stiegman con los botines transparentes .

Lo que empieza como un estilismo salido de una versión moderna de la Cenicienta, solo que con vinilo en vez de con cristal, termina en un efecto invernadero de tobillo para abajo que convierte tu calzado en un caldo de cultivo ideal para hongos.

Lejos de que el zapato entre con la suavidad que a la huérfana de Disney le encajaba el tacón, tendrás que untarte el pie en vaselina o crema solo para conseguir calzártelo decentemente.

Así que antes de llevártelos a casa plantéate si de verdad quieres pasar por el trago de ir con los pies dentro de saunas plásticas.

Talco para los labios: el truco de los maquilladores que puedes hacer en casa

Bendita fiebre de los labios mate. No nos gustaba tanto algo desde que Britney Spears lanzó Gimme More y andábamos con el “It´s Britney bitch” en la boca las veinticuatro horas del día.

KYIECOSMETICS

Uno de esos días de cumpleaños familiares en los que vuelan las croquetas casi al grito de “Tonto el último”, mi prima me hizo un descubrimiento clave. Podemos decir que mi vida desde ese momento se resume en un antes y un después de saberlo.

Para que el color de la barra de pintalabios le aguantara durante más tiempo se echaba talco (sí, del de toda la vida, de ese que tienes cogiendo polvo en una de las repisas del baño) sobre los labios.

Pero es que además de que el color te dura casi hasta el día siguiente si vas con cuidado, el pintalabios queda en un acabado mate que sería la envidia de la línea cosmética de cualquier Kardashian (o Jenner).

Para echarlo, tenemos que poner en un trozo de papel higiénico el talco y aplicarlo sobre los labios con cuidado de no respirarlo (puede llegar a ser tóxico si inhalas una gran cantidad) ni de dejar el baño como las plantaciones de cocaína de Pablo Escobar.

Mi truco es poner el papel sobre una superficie plana y “besarlo”, ya que si te lo llevas a los labios corres el riesgo de que se te desparrame.

Probando el invento en mi baño con poco glamour pero con mucha ilusión. MARA MARIÑO

Podemos retirar el exceso dando toquecitos con un pincel sobre los labios y retirando el exceso de fuera del contorno con los dedos.

Las más neuróticas podemos estar tranquilas ya que a la hora de desmaquillarnos, el producto se retira como cuando nos quitamos el pintalabios convencional.

De todas formas si todavía no estáis familiarizadas con cómo ponéroslo podéis tomar apuntes viendo el siguiente vídeo.

Vestido de cola y corona de laurel: graduarse a la italiana

La semana pasada puse fin al año de mi vida que he dedicado a especializarme en moda. Especializarme en moda… Lo bien que suena. Como si mi nuevo diploma me permitiera estar por encima del bien y del mal (estilístico) y juzgar si enrollarte una toalla al cuerpo y acudir a una alfombra roja es algo correcto.

MARA MARIÑO

Para la ceremonia tenía claro que, ya que no suelen invitarme a los Goya ni a los Óscar, quería ir de largo. Pues porque sí, porque siendo una escuela de diseño en la que la mayoría de los cursos son de moda, mi cuerpo me pedía salsa.

Pero ahí no quedó la cosa. Yo soy de las que no se quedan contenta con un plato de sopa y quieren dos tazas, bandeja de pan para acompañar y copa de vino también en la mesa. De perdidos al río, o, siendo Milán, a los canales del Naviglio. Mi vestido además de ser largo tenía cola. No una cola estilo vestido de novia como para poder hacerme foto de ella subida a unas escaleras, pero sí la suficiente para que me la fueran pisando constantemente.

Aunque mi idea inicial era combinarlo con unos stilettos en verde botella, en el último momento me decidí por unas sandalias negras de tacón fino atadas al tobillo que, a mi parecer, me proporcionaban mayor sujeción. Ir en diciembre por las calles de Milán en sandalias de tacón sin medias fue una experiencia que mis pies difícilmente olvidarán.

Y eso que llevaba mi joya neoyorquina, un abrigo que me había regalado una de mis mejores amigas de su último viaje a las americas que no solo tenía un cuello de pelo perfecto para mantenerme abrigada sino un corte y un color que parecían salidos de cualquier fiesta de El Gran Gatsby.

MARA MARIÑO

Al principio todo estaba en orden, ya que estaba experimentando el “efecto divineo” el cual se conoce como la pérdida total de consciencia de temperatura externa por el subidón de adrenalina que te produce tu estilismo. Suele ser algo que no solo se da en bodas, graduaciones, comuniones o bautizos, sino cuando el viernes noche sales con tus amigas vestida de maravilla.

La cola y los tacones para las fotos quedaban estupendos. Subir por las escaleras a recoger el diploma ya fue otro tema. Sin embargo lo conseguí (sin tropezarme) y pasé el trago dignamente. Una vez recibí el diploma del master, la Laurea Magistrale para los italianos, ya pude ponerme la corona de laurel que llevan tradicionalmente cuando han terminado los estudios.

Para completar el estilismo, y como mujer minimalista que me considero, llevé unos pendientes largos con el pelo suelto y totalmente liso (al menos los primeros diez minutos, luego las ondas traicioneras aparecieron), también para no parecer, entre tanta hoja que llevaba en la cabeza, un árbol navideño.

Después de la experiencia me quedó claro aunque la cola estuvo bien para la celebración no voy a volver a llevarla a no ser que hablemos de una ocasión en la que esté totalmente sola y nadie pueda pisarla (adiós vestido con cola para mi boda imaginaria, adiós).

‘Haters’ e ‘influencers’, cuando te odian sin conocerte

Lo que mejor recuerdo de mi primera semana como bloguera de moda de 20 Minutos no fue los temas que traté, si me costó mucho o poco habituarme a escribir casi cada día o si estaba tan pendiente de compartirlo en redes como estoy ahora.

GTRES

Lo que mejor recuerdo de mi primera semana como bloguera de moda de 20 Minutos fueron los insultos. Esos que cayeron a plomo, directamente sobre mi estima, artículo tras artículo.

Daba absolutamente igual de lo que escribiera, en todos se me tildaba de estúpida, mamarracha, de no tener ni idea de moda, de ser una malcriada, de vivir del cuento, de escritora de mierda, de insulsa, de patética, superficial… Esto sucedió solo en mi primera semana y únicamente por parte de haters anónimos, ni siquiera os hablo de personas que tuvieran algo personal contra mí (esos ya llegarían más adelante).

Personas de todas partes del mundo (especialmente de España y América del Sur) se centraban cada día en repetirme lo mala periodista de moda que era. Aquello me pasó una factura emocional que no esperaba. Recuerdo incluso hablar con quien me propuso para escribir el blog y decirle que no sentía que, ante los comentarios, estuviera cumpliendo las expectativas.

Y eso que os estoy hablando de mí, una tipa absolutamente normal y corriente que se pasa los domingos en pijama y hace la compra en el Lidl porque la cesta sale más barata. Que no soy una celebridad, vaya.

Si a mí, que no soy una figura conocida en el mundillo, me tocaba la fibra de esa manera y tenía tal cantidad de haters, ¿cómo le afectaría a las blogueras que tienen miles y millones de seguidores y por tanto sus detractores multiplican los míos?

Dulceida lo dejó claro en su vídeo de hace dos semanas “Más amor y menos hate” en el que habla del odio que hay en las redes sociales: “Tenemos que abrir mentes. Al final este acoso duele“, dice la influencer. “Hay gente de mi entorno que lo ha pasadao muy mal por comentarios que hace una persona sin pensar en ello. […] No me ha pasado a mí, pero sobre todo he visto casos de comentarios que se meten con los cuerpos. Muchas son mujeres que además tienen la edad de mi madre. Es lo que menos entiendo”.

Confiesa también que le “daba vergüenza estar mal por esto, por lo que me dice gente que no conozco“.

Dianina XL, la youtuber a la que entrevisté en mayo (tenéis la entrevista aquí) y que modeló para uno de mis proyectos del máster acerca de bodypositive extragrande, es otra de las blogueras que viven en este acoso constante.

“No se lleva bien ver que alguien tiene éxito. Se lleva envidiarla y criticarla” me dice. “La gente no lo entiende. Eso de mejorar y esforzarse para cambiar lo que no les gusta de su vida lo llevan mal, mejor quedarse sentado criticando intentando arruinar la felicidad de los demás”.

“Que esa gente haga su vida” afirma la bloguera XL. Dulceida reflexiona también que “Al igual que no os gusta que se metan con vuestros amigos, familiares o con vuestros hijos en el colegio, no lo hagais por redes sociales”.

Yo voy más allá. Todos somos muy valientes desde una pantalla donde no le vemos la cara a la persona. Piensa si realmente se lo dirías a la cara y luego ponte en nuestro lugar. Piensa si te gustaría que cada vez que sales a la calle te dijera gente desconocida para ti que apestas, que tu trabajo es una porquería, que no vale ni para limpiarse el culo (comentarios verídicos)… Y eso cada día de tu vida año tras año.

¿Tú lo aguantarías? A los que vivimos de crear contenido públicamente no nos queda otra. Y lo hacemos sin ningún problema, no por nada se dice que lo que no te mata te hace más fuerte.

La diferencia que tenemos respecto a los haters es que no nos mueve el odio para hacer lo que hacemos, nos mueve algo mucho más grande, intenso y poderoso: la pasión.

S.O.S.: ¿Qué me pongo para la cena de empresa?

Como estilista que ya soy (vale, no me gradúo hasta el lunes, pero el máster está aprobado desde finales de noviembre) ha llegado el momento de que asume mi responsabilidad y os oriente en las situaciones de crisis existenciales que ya muchas estáis viviendo con las cenas (y respectivas fiestas) de empresa.

Tú en plena crisis de “No tengo nada que ponerme”. PIXABAY

Aconsejando al par de amigas que no solo han pasado por mis manos, sino que han aprovechado para saquear mi armario, os voy a resumir lo que les dije a ellas, consejos que casi siempre son los mismos.

No, ir vestida para la guerra no es una opción. Los vaqueros tampoco lo son. Pero no empieces a hiperventilar que hay vida más allá de los jeans.

Lo primero que debes tener en cuenta es que el rojo NO es obligatorio. Puedes decidir llevarlo si te gusta, pero en ningún caso es un color indispensable. En Nochevieja, en cambio, ya que está ligado con la superstición de que da buena suerte, tiene más sentido ponérnoslo.

“Vale Mara, pero deja de liarte y vete al grano que tengo que vestirme”. Bueno, antes que nada hablemos de tu empresa, ¿tiene algún tipo de etiqueta? ¿Vas de traje o en vaqueros? Si tu empresa exige una vestimenta formal, lo suyo es que en la cena mantengas la etiqueta con un tono festivo. Si tu empresa no pone ningún tipo de requisito, puedes ir más a tu aire.

Tenéis para inspiraros los siguientes moodboards (que para que nos entendamos, viene a ser un colaje de toda la vida):

MANGO

Brillos, terciopelo, metalizados, purpurina y asimetrías en vestidos, patalones palazzo, monos, faldas y vestidos que mantienen la elegancia con un contrapunto de fiesta que podemos acompañar de un maquillaje más llamativo, para las que van también maquilladas a trabajar y quieren verse algo diferentes.

MANGO 

Es en los accesorios donde más nos podemos atrever a experimentar (y no solo con gaseosa). Pendientes gigantes, zapatos llamativos o bolsos donde solo nos entra el móvil y un paquete de pañuelos nos ayudan a completar el estilismo si todavía tenemos la sensación de que “cojea”. Vaya, ¡que es la noche ideal para que saques del armario esos zapatos que no te pones nunca!

Aceite de Argán para hidratar el pelo: a examen

Todas tendemos a pensar, y yo la primera, que después del verano el pelo está a salvo de la sequedad. Alejada de la sal, el sol y la arena solo me queda esperar pacientemente a que recupere ese aspecto saludable que suele tener a lo largo del año.

MARA MARIÑO (cuando tenía pelazo antes de que me entrara la fiebre veraniega de cortármelo)

Sin embargo el invierno también significa la vuelta a los secadores y a las planchas. Atrás quedó el #beachhairdontcare que me hacía ir con la melena con ondas naturales de la humedad a todas partes. Ahora me apetece peinarme de nuevo en condiciones: con el pelo bien liso a ambos lados de la cara o con tirabuzones a lo Farrah Fawcett.

Hasta ahora siempre me había limitado a usar protectores del calor, de esos que te echas en spray antes de secarte el pelo o de darle con la plancha, y aunque imagino que harían el apaño, al final el pelo se me acababa estropeando igual.

De modo que el otro día, dando una de mis vueltas habituales por la sección de cosméticos del supermercado de mi barrio, me quedé embobada viendo un bote de aceite de Argán para pelo.

Como buena beauty blogger que intento ser, ‘googleé’ inmediatamente el producto para ver qué salía y me quedé pasmada de la cantidad de buenas reseñas que leí al respecto. Por lo visto es un aceite proveniente del fruto del árbol del argán que crece en el sur de Marruecos, muy famoso por sus propiedades hidratantes. Así que, para 3 euros que costaba el frasco, me lo llevé a casa para probarlo.

Total, no iba a ser la primera vez que me echara aceite en el pelo. Hace unos meses ya os hablé sobre mi rutina de echarme aceite de oliva una vez a la semana (si os lo perdisteis podeis leerlo aquí). “Esto no puede ser peor” pensaba recordando que me he pasado más aliños por la cabeza que a cualquier ensalada.

Quise esperar a tener el pelo realmente guarro para experimentar por si las moscas. Apliqué el aceite sobre las raíces y masajeé un buen rato hasta que quedaron todas bien untadas. Después lo eché también sobre las puntas y lo peiné de arriba a abajo con un cepillo de plástico (por aquello de poder lavarlo al terminar).

Una vez aplicado el mejunje, me dediqué a esperar media hora y después de cabeza (literalmente) a la ducha. Tras retirarlo con agua caliente, me lavé la cabeza como siempre y listo.

Como soy de pelo graso de nacimiento estaba un poco preocupada por lo que podía pasar, pero el aceite de Argán regula el exceso sebáceo y deja el pelo hidratado, liso y con un olor fantástico, dicho sea de paso.

Aunque puede hacerse un par de veces a la semana, con una también hidratas el pelo. ¿Lo bueno? Que como os digo podéis encontrarlo en cualquier supermercado y no es un cosmético en el que tengais que dejaros medio sueldo.

Correctores a prueba: cuál es el que mejor tapa las ojeras

Toda mujer (especialmente si esa mujer tiene una media de horas de sueño bastante breve) necesita en su neceser de maquillaje un buen corrector.

Siempre hay algo que se puede arreglar con un poco de corrector: tapar granos, disimular heridas, esconder el chupetón que te ha hecho el noviete del cole si eres una quinceañera que se ha colado por aquí sin querer…

MARA MARIÑO (con ojeras)

En mi caso es, con el cacao, uno de mis básicos desde que tengo 18 años, especialmente ahora que llevo las ojeras 24/7 y mi aspecto de cansada por la vida se ha convertido en mi día a día.

Es por eso que quiero compartir mi búsqueda del tapaojeras perfecto, una travesía que me ha llevado muchos años, muchas decepciones, alguna que otra alegría pero sobre todo, dinero.

Deliplus Stick Corrector Antiojeras y Antibolsas: Como buena defensora del producto nacional, mi historia empezó con los correctores del Mercadona en barra. Aunque no son de lo mejorcito, para cuando empecé a maquillarme me hacían el apaño. Sin embargo cuando las jornadas empezaron a ser más largas (no solo me lo ponía para salir al Starbucks con las amigas sino de la mañana a la noche), demostró que no es precisamente el que más aguanta. Además tiene la textura un poco dura, lo que hace que sea un poco difícil trabajarlo bien. ¿Lo bueno? El precio, ya que cuesta solo 4 euros.

MARA MARIÑO

De ahí me pasé a la Bobbi Brown Retouching Wand. Soy una gran fanática de los pintalabios de esta marca y pensé que si los labiales me salían tan buenos, el corrector seguramente también. Además, estaba empezando a cobrar mis primeros sueldos de ETP, por lo que me dije que de apostar por una marca buena, iría a una segura. Inocente de mí. No solo me costó cerca de 30 euros, algo que ya me esperaba conociendo los precios de las barras de labios, sino que para lo bien que me la vendieron fue un fracaso absoluto. Al instante de ponerlo, te cubre perfectamente la piel dejando un acabado muy natural ya que su fórmula líquida es muy ligera, (de ahí que te la cuelen), sin embargo al poco rato desaparece de la vista y de la memoria. O te la llevas siempre en el bolso para estar poniéndotela cada dos por trees o sino no sirve de nada.

MARA MARIÑO

Tras mi decepción con Bobbi Brown (y que ya no tenía el bolsillo para fiestas), me regalaron en un evento la paleta L’Oréal Paris Infallible Cover, un conjunto de correctores que incluyen el morado para iluminar y el verde para eliminar rojeces. Vamos, que cuando vi la cantidad de cosas que podía corregirme que no sabía que tenía, estaba yo más contenta que unas pascuas. Además, al tener varios tonos, cubre bien las diferentes zonas de la piel, algo que las que tenemos la ojera más oscura en una zona que otra, agradecemos enormemente. Sin embargo no sé si fue por mi tipo de piel (mixta) que a la hora de llevarla puesta me marcaba los surcos de las arrugas del ojo y no cubría para nada. También tuve que decirle “bye bye“.

MARA MARIÑO

Cuando ya empezaba a perder la fe en los correctores encontré el corrector líquido Shaka Concealer en la tienda OVS de Milán (me temo que no vais a encontrar esta marca en España por el momento). Costaba 3 euros y andaba buscando como fuera un corrector, así que me lo llevé para hacer la prueba. Si bien la zona de las ojeras la cubre perfectamente, al aplicarlo sobre zonas donde tengo la piel más grasa, no cubre igual de bien. Aunque en general, para lo que yo quería, me hizo el apaño.

MARA MARIÑO

Mi mejor experiencia fue con el Glowing Concealer de Wykon que viene en formato lápiz aunque tiene una textura mucho más cremosa que los sticks convencionales. Me lo apliqué primero sobre la mano y después con la esponja sobre la ojera y nariz. El acabado es totalmente natural y es el que más resiste (ha pasado la prueba del tiempo y del clima). Lo único malo es que no tienen tonos intermedios, por lo que tuve que cogerme un corrector más claro y otro más oscuro. Sin embargo, a 4,50 euros que me salió cada uno, me pareció que podía permitirme llevarme ambos a casa. Esta sí que la podéis encontrar en España ya que tiene tienda en Madrid.

MARA MARIÑO

Purpurina, la contaminación más brillante

El brilli-brilli nos encanta. Queda genial en la ropa, en la funda del móvil, en las zapatillas de cordones, en la sombra de ojos… Nos gusta tanto verla en todas partes que hasta han sacado una versión comestible.

GTRES

Sin embargo, la purpurina, como microplástico que es, termina en el medio ambiente. Por terminar, termina también en nuestro organismo cuando (inocentes de nosotras) nos hacemos un maquillaje especial y nos da por llenarnos la cara con más brillo que una bola de discoteca.

Por su tamañano es muy complicado recogerla correctamente, y sino que te lo digan a ti que sigues barriendo el brillo cuando ya hace un mes de la fiesta de cumpleaños.

Respecto a la que nos ponemos sobre el cuerpo, aprovechamos para sacarla en la ducha a golpe de chorro de agua caliente. Sin embargo pasa como con la agüita amarilla de Los Toreros Muertos, acaba en el mar siendo alimento para los peces. Y el problema es que al ser hecha de plástico no es degradable.

Hablando claro: de la purpurina que has usado (en lo que sea), el 85% terminará intoxicando no solo el agua sino también los animales que habitan en ella.

La solución es tan sencilla como darle calabazas a nuestros cosméticos que la contengan y optar por alternativas biodegradables que ya podemos encontrar en circulación.

Esta eco-purpurina está hecha de celulosa en lugar de plástico, concretamente de eucalipto y lo bueno es que no le lleva más de 90 días descomponerse.

Así que si, estas navidades, ya que nos pillan a la vuelta de la esquina, queréis celebrar sin contaminar (#glitterwithoutlitter) podéis decidiros por comprar estas purpurinas ecológicas, que además de no dañar al planeta tampoco son nocivas para nosotros.