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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Archivo de la categoría ‘estereotipos’

Suistudio lanza una campaña con hombres desnudos para vender trajes femeninos

SUISTUDIO

Si nada más salir a la calle me encuentro un cartel de una mujer trajeada pisoteándole los huevos a un hombre desnudo creedme que lo último que se me pasaría por la cabeza es que estoy ante una marca de trajes que viste únicamente a mujeres relacionando el traje con el poder femenino, según declaran en sus redes sociales.

Pensaría, en todo caso, que se trata de un anuncio de una obra de teatro, película o serie inspirada en una fantasía sexual masculina de sumisión pero en ningún caso se me iría la vista a la ropa de la imagen.

Por mucho que Suistudio quiera empoderarnos con sus trajes mostrándonos a mujeres de negocios (algo que podría parecer una buena idea en un principio) a la hora de crear las imágenes de la campaña han metido la pata hasta el fondo.

Empoderamiento femenino no es para mí una mujer apoyando sus stilettos en el pene de un tío. Sería verdadero empoderamiento si lo apoyara sobre la nómina del hombre, si este fuera su compañero, porque ella está cobrando el mismo salario y no un 16% menos.

También podría representar el empoderamiento femenino el hecho de representar una reunión de la junta directiva en la que aproximádamente la mitad de los miembros fueran mujeres y no solo el 37%, que es la cantidad que suele estar en estos puestos.

Empoderamiento es que si hacen una entrevista a Jennifer Anniston o a Soy una pringada las pregunten por sus proyectos en vez de dedicar la mayor parte de las entrevistas a su situación sentimental.

En definitiva, ¿empoderar a la mujer? Por supuesto, pero empoderarla con las armas correctas, a no ser, claro, que lo que busque Suistudio en realidad sea la polémica fácil a través de desnudos. Por muy masculinos que sean, en el caso de esta campaña, más que trajes en la foto, solo veo la cosificación de personas.

Wonder Woman, una superheroína para hombres que pretende ganarse a las mujeres

Y por mucho que me duela admitirlo, he de decir que falla, pero falla estrepitosamente, como cuando intentas entrar a casa de noche sin hacer ruido y tiras una mesa, dos sillas y pisas al gato. Wonder Woman es un fracaso estridente como superheroína feminista.

No quita que tenga cosas que me encanten: la princesa Diana es fiel a sus ideales, se defiende de cualquier tipo de mal sin necesitar ayuda, es leal, justa, no deja que le digan lo que tiene que hacer, lucha por el bien de manera desinteresada, se sacrifica, ayuda a inocentes… Pero, con todo eso, me decepciona.

Wonder Woman no es real, no se despeina, no se mancha, no suda, se rasura, pelea con falda, tacones y el pelo suelto. Wonderwoman es la superheroína perfecta… salida del imaginario colectivo masculino. La directora, Patty Jenkins, podría haber hecho de esta oportunidad un altavoz del empoderamiento femenino, podría haber creado a una superheroína como tú, que me lees, o como yo. Una mujer AUTÉNTICA y digna de creer.

No estoy diciendo que esté en contra de ninguna de esas cosas, pero no tiene sentido alguno que el uniforme de una heroína, que necesita correr por trincheras o saltar de un edificio a otro, esté completado con unas botas de tacón (de cuña para ser exactos). Si en realidad cualquier persona fuera a la batalla con eso puesto tardaría menos en caer por esguince que por balazo.

Wonder Woman no necesita tacones porque son algo que, como guerrera, dificultan sus movimientos, al igual que llevar el pelo suelto. Si incluso para estudiar nos molesta llevar un mechón cerca de los ojos no me imagino todo el pelo sobre la cara sabiendo que tengo que enfrentarme a una habitación llena de hombres armados. ¿Empezáis a ver cómo no está bien pensado?

De hecho, os dejo el vídeo de cómo se preparaba la actriz Gal Gadot para interpretar a Wonder Woman. No veréis tacones, yelmos escotados o pelos sueltos, pero sí una prieta cola de caballo y ropa de deporte, que es lo más cómodo para los momentos en los que tenemos que realizar actividad física.

¿Cuántas melenas sueltas vemos en las Olimpiadas? ¿Os imagináis luchando, corriendo y dando volteretas teniendo que parar cada dos por tres porque te ha entrado pelo en el ojo o porque te ha tapado la cara y has perdido de vista al villano de turno?

Cuando eres una amazona que ha crecido en la selva rodeada de mujeres, el concepto de belleza de la herencia heteropatriarcal como que te pilla un poco lejano. Vivirías sin maquillaje (a no ser que fueran pinturas de guerra), sin sujetador y sin depilar. Entonces, ¿por qué esta Wonder Woman aparece con las axilas más afeitadas que un modelo de barbilla de Gillette? ¿Y por qué cada vez que daba una patada en Batman vs Superman la vimos luciendo unas ingles mas lampiñas que una muñeca Barbie?

Puede parecer una tontería fijarse en algo tan nimio como una axila, pero si nos ponemos a pensar en la vida de la supermujer, no tiene mucho sentido. Y no, no me importa que en el cómic también aparezca depilada. El primero se remonta a 1941, fecha en la que los cánones estéticos eran, si cabe, aún más estrictos.

He tardado más de 20 años en sentirme lo bastante libre como para decidir si quería o no depilarme, maquillarme o vestirme como quiero y ha sido gracias a escritoras, amigas o referentes familiares feministas (hola, mamá). Sé que si hubiera crecido con referentes femeninos en la pantalla con su mata de pelo bien plantada bajo el brazo posiblemente habría tomado esas decisiones antes.

En mi opinión DC Cómics tiene miedo de asustar a esa gran proporción de público masculino que va a ver la película, cuando hay que educar a todos los espectadores en esto. De nada sirve que una adolescente decida que va a ir sin depilar si la van a machacar en el colegio con que lo haga (os hablo por experiencia).

Tener a Gal Gadot sin depilar, sin tacones o sin maquillar es gritar que, como mujer, puedes ser fuerte, rápida, ágil, inteligente y guapísima de la vida (¿por que no?), que a fin de cuentas la diferencia entre ser mujer y súper mujer no está en los pelos de la axila o en cómo vayas vestida.

En definitiva, por supuesto que la Wonder Woman de Gal Gadot es una superheroína que podríamos merecer perfectamente, está a la altura de mis expectativas como personaje de acción. Pero, y aquí hablo como mujer, la Wonder Woman de Gal Gadot no es la que el mundo (femenino) necesita.

Esas ‘instagramers’ con pelos

Miércoles, 10 de la mañana. Me deslizo por Instagram hasta que doy con una foto de una chica con pelos en las piernas. Me meto en su perfil y repaso sus publicaciones hasta que una de mis compañeras me llama la atención horrorizada.

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-Madre mía, ¿pero qué es eso?

Mi compañera, veinteañera, con un mini bolso de Vuitton con llavero de pompón rosa incluido y más adicta a Instagram que al café, mira mi móvil asustada, como si esa pelusilla de la foto fuera a saltar de la pantalla y a enzarzarse en un combate a vida o muerte contra su pompón.

Eso, querida, son pelos. Pelos como los que tienes tú o yo hasta que alguien te ha enseñado a verlos como algo incorrecto, lo que hace que siempre sientas que te los debes quitar del cuerpo.

Pero no es el caso de Morgan Mikenas. La instagramer amante del fitness (y del arte y música según su cuenta en la red social) decidió dejar de depilarse y vivir en armonía con su cuerpo y sus pelos, algo que aplauden sus casi 77.000 seguidores.

I am not afraid. I am not afraid of my truths, of who I really am. I am not afraid to be exposed. What you see is what you get. This is me. I will not take away part of myself to make YOU feel more comfortable. I 👈🏼👈🏼am comfortable!! I'm completely comfortable in my own skin. Don't fear what will become of you, depend on no one..Because once you let go of what someone else might think of you, you are free..🌼✨ Since moving to Vegas I have gone into public in shorts/tank tops/ bathing suit.. fully exposing my body hair. It was a pleasant surprise for me! People out here look at me like I am no different/look directly into my eyes and acknowledge me as an authentic human being.☺️🙏🏼💖 (And that's how it should be) Completely a full 360 from the Midwest. Out there, if I went into public exposed, a trail of whispers/ laughter/ judgment/ negativity would follow.. but the negativity has taught me how to be fearless and confident.. and that's all you need to beat the negativity:) And I'm sure I will encounter negativity out here sometime, because negativity is everywhere and unavoidable..but I'm feeling super lucky that I haven't had to deal with that yet!:) All Im hoping to do is to teach acceptance. Practice acceptance, not judgement.💝✨🌸#onelove #inspireothers #befree #bebold #beyourself #selfcare #spreadlove #fitness #confidence #namaste #loveandlight #gratitude #bodypositive #bodyhairdontcare #positivity #passion #iloveyou #weareone #summerready #acceptance #notjudgement #physique #healthylifestyle

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“No me asusta quién soy. Lo que ves es lo que hay. No voy a quitarme una parte de mí para que tú te sientas cómodo. Yo estoy completamente cómoda en mi propia piel. Una vez deja de preocuparte lo que otros puedan pensar, eres libre… Todo lo que espero es enseñar a la gente a aceptarse. Practicad la aceptación no el juicio.”

No es la única que se ha sumado al #bodyhairdontcare. Cada vez más hombres y mujeres en las redes sociales suben fotos de su vello corporal con orgullo.

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Pero el hecho de que sean las que tienen un considerable número de seguidores las que se animan a dar este paso, logran una visibilidad y un impacto que realmente ayuda a concienciar de que, a fin de cuentas, el vello corporal debe ser una elección personal y no una obligación externa impuesta.

“Tengo dos meses para bajar entre 8 y 10 kilos si quiero ser Miss Venezuela”

¿Sabes cuando de pequeño estás viendo una película de miedo? Te asusta tanto que tienes la cara tapada con un cojín o con tus manos, pero aún así, algo te empuja a lanzar breves vistazos a la pantalla.

Pues algo parecido me pasa con los concursos de belleza. Me aterrorizan a más no poder por lo que simbolizan pero aún así no puedo evitar el morbo de mirar de vez en cuando si capto un retazo en la televisión.

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Con To be a miss no fue así. Cuando supe que habían hecho un documental sobre el certamen de belleza de Miss Venezuela la curiosidad pudo a la aversión. La importancia que tiene, como para que le hayan dedicado un documental, es que en los últimos 60 años, es el país que más premios internacionales de belleza ha ganado, el que cosecha mayor número de Miss Universo y cuyo concurso nacional se transmite en 20 países. En otras palabras, es un negocio.

El filme sigue a tres chicas: Bethania Dávila (17), Mirla Guillen (25) y Kiara Veras (23) en su camino hacia Miss Venezuela. A lo largo del documental las veo subir a un escenario tras otro, a desfilar en bikini donde dicen su altura y peso como si fueran ganado a punto de ser adquirido por una fábrica de hamburguesas, solo que, a diferencia del vacuno, esta manada no tiene casi carne.

“En la agencia me han dicho que tengo dos meses para bajar entre 8 y 10 kilos” dice la más joven de ellas. Cinco horas al día en el gimnasio y hambre constantemente. ¿Para qué? Para ganar un certamen que, para ellas, es un trampolín. “La vida de una persona cambia, da un giro de 360 grados” dice otra. Su casa, una vivienda formada por apenas cuatro paredes levantadas en el suelo, es diminuta. Comparten habitación tres hermanas y en ella guarda además de sus coronas y bandas, una Barbie sin desempaquetar que tiene colgada en su pared. Su primera muñeca, que le regalaron los de la agencia por su cumpleaños.

Kira, otra de las participantes, sale de un casting (casting por cierto que tiene lugar en una clínica de cirugía plástica) en el que le han dicho que se tiene que “operar la nariz, el busto y una liposucción para aplanar el abdomen. Mi nariz es una nariz chata y tiene que ser más perfilada y respingona”.Y es que las ganadoras de Miss Venezuela siguen el canon de belleza anglosajón, a saber mujeres rubias o morenas de piel blanca y rasgos perfilados. “No tienes el tipo de rostro que le gusta a Osmel, te tienes que operar” le espeta una directora de una agencia de modelos a una adolescente. Con “Osmel” se refiere a Osmel Sousa, el presidente de la organización de Miss Venezuela, el “Hacedor de reinas”.

Esas coronas que se les han dado a Osmel Sousa han descabezado a las mujeres.  Mi identidad no la define Miss Venezuela. Que vivamos eso como identidad es un discurso que nos han vendido. Siempre ha ganado la típica mujer blanca”. Esto, según Jessie Blanco, profesora universitaria, hace que se mantenga “al pueblo femenino en estado de consumo permanente con esto. Es la forma de tener a la mujer apartada, alejada de la transformación de la cultura del país”.

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Las chicas saben que tarde o temprano tendrán que someterse a operaciones, pero declaran que están dispuestas a hacer lo que sea necesario para llegar a Miss Venezuela. Las adolescentes venezolanas han pasado de pedir en su fiesta de 15 cumpleaños el coche a “las lolas” (implantes mamarios) y más de la mitad de las mujeres del país se han sometido a operaciones de cirugía plástica.

(Creía que sería lo bastante fuerte como para no apartar la vista en ningún momento, pero ver como un cirujano clava un bisturí en la aureola de un pezón y lo levanta fue demasiado para mis fuerzas.)

El problema del alto coste de las operaciones es que muchas mujeres recurran a cirujanos que no están especializados en la cirugía plástica, lo que ha provocado varias muertes en el país. “Ves a una Miss Venezuela por televisión y sabes que está operada pero quieres ser como ella” dice una de las aspirantes.

Y, ¿de dónde una chica que trabaja en un centro de llamadas u otra mantenida por su madre que vende helados saca el dinero para operarse? De patrocinadores, reuniones privadas que tienen lugar entre el director de la agencia y el dueño de algún negocio local:

-Lo mas importante en el caso de Mirla es que es soltera y sin perro que le ladre -dice el director de la agencia.

-Bueno si se porta bien… -contesta el dueño de una empresa de reprografía.

-Claro

-Déjame revisar -Aquí imagino que la chica se puso en pie ya que no permitieron grabar imágenes y en el documental solo se reproduce el audio)-. Quizás una cena o algo.

Al salir de la reunión el director de la agencia está exultante: “Te va a pagar todo y es el único sponsor que vas a tener”. La chica no sonríe, la que tiene en miras operarse tampoco. Es algo que me llama la atención. Hablan de sueños, de pasión pero no veo la felicidad propia de quien está haciendo algo que le gusta.

Miss Venezuela y Miss Universo empezaron a raíz de la Segunda Guerra Mundial. En el caso del certamen nacional, fue de la mano con el desarrollo del país, lo que hizo que la gente lo relacionara con el éxito económico y triunfo internacional. Sin embargo ahora se ha convertido en lo que es en otros países el fútbol, una mera distracción, el panem et circenses: “La gente no está pendiente de lo que está pasando, solo de lo superficial” afirma la profesora.

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Miss Venezuela es un producto en sí mismo. El hecho de que cirujanos sean jurados del casting hace que sostengan un modelo de negocio en el que ellos mismos están fabricando su cartera de clientas. A su vez, la creación de certámenes de belleza infantiles como Mini Venezuela, hace que desde edades muy tempranas las niñas se vean sometidas a tacones, maquillaje y al escrutinio público en el que con apenas 5 años ya se las juzga como “Rostro más lindo” o “Mejor cuerpo” cuando lo que deberían estar haciendo es jugar. Si una niña crece con esa presión por ser la más guapa es lógico que luego intente presentarse a Miss Venezuela y, seguidamente gastarse el dinero necesario en la inscripción del concurso (unos 50o euros) más las operaciones.

Y mientras tanto, que más de 500 venezolanas fueron asesinadas por violencia doméstica en 2011 o que es el país con mayor número de embarazos adolescentes de Sudamérica no parece tan preocupante cuando televisan Miss Venezuela.

Los caballeros las prefieren musculosas

Vivimos un cambio de era en los cánones estéticos de belleza. La mujer ideal de la época clásica era aquella de curvas generosas heredada de la Venus Prehistórica con unas caderas que hoy consideraríamos curvy. La delgadez vino con la posguerra, el siglo XX que empezó con las espigadas flappers y se ha mantenido hasta hoy pasando por el furor de las tetas (y su respectivo aumento de implantes de silicona) que llevan en auge las últimas tres décadas.

@JENSELTER Y @KAISAFIT

El éxito de las redes sociales con la exaltación de ciertas figuras (o influencers) han situado en el punto de mira y como nuevo sueño una vida basada en desayunar quinoa (o el cereal que esté de moda), llevar ropa de colores claros, hacer yoga y por supuesto, ejercicio. De ahí que los nuevos cuerpos a los que nos estamos acostumbrando ya no son rectos, tienen curvas, sí, pero no suaves, curvas de piedra esculpidas a base de peso y sudor. Os hablo de un prototipo de cuerpo como el de mujeres como Kaisa Keranen, Jen Selter, Idalis Velázquez o Patry Jordán y Vikika Costa si barremos para casa.

No hablo de que a todas les guste, por supuesto, pero sí es cierto que por primera vez se ha desarrollado una nueva fascinación hacia el músculo en el cuerpo femenino, algo que históricamente estaba relacionado con el masculino. Ahora muchas mujeres queremos estar rocosas, y no por gustar a alguien, queremos estarlo por nosotras.

Que la práctica regular de ejercicio produce un sinfín de beneficios lo doy por descontado, a lo que voy es a la creación de masa muscular, al ponerse cachas hablando claro. No es ya sentirse bien, ayudar a la piel, a la circulación, a tu bienestar, es, y aquí hablo en mi caso, sentirte fuerte porque físicamente eres fuerte, lo que hace que, por norma general, te sientas más segura.

¿Sabéis lo que es ir de viaje sola con una maleta enorme y poder subirla, bajarla, correr, parar, moverte… es decir, hacer absolutamente de todo sin tener que pedir ayuda? ¿Echar a correr porque ves llegar el metro o el bus y, por muy lejos que esté, alcanzarlo? Y ya ni os hablo del subidón de ponerte un vaquero y llenarlo, pero llenarlo bien, sin que te haga arrugas raras en el culo o en otras zonas donde antes no tenías figura (porque puedes ser fitness pero no quita que seas coqueta).

Es una pescadilla psicológica que se muerde la cola: cuando desarrollas músculo eres físicamente más fuerte, y cuando te lo ves, psicológicamente también te sientes más fuerte. Y creedme, todavía no se ha dado el caso de ninguna mujer que se haya convertido en un hombre entrenando de esta manera, que sé que es el miedo de muchas  (y aquí tenéis la prueba):

El cuerpo de una mujer con el estómago tan duro como una tabla de cortar jamón o con un bíceps el doble de grande que el tuyo, no es algo a lo que estemos acostumbrados, pero es una forma física más. Ya seamos altas, bajas, gordas, delgadas o musculosas todas tenemos derecho de estar aquí y debemos ser aceptadas y respetadas.

Yves Saint Laurent nos quiere sumisas y violadas según su última campaña

Sé que las chicas del anuncio no están diciendo “Viólame”. Es algo que no aparece escrito en ninguna parte. Pero quiero que vayamos mas allá y pensemos en la imagen de la mujer que se está transmitiendo.

Para empezar es una mujer sexualizada por la ropa que utiliza: tacones altos, medias de rejilla, lencería… Ves el anuncio y no piensas en la última colección de la marca, esa con cuellos altos y cazadoras de cuero, piensas en sexo.

En segundo lugar, las modelos del anuncio, aparecen colocadas en posturas sumisas. Transmiten debilidad, como si no tuvieran ningún tipo de fuerza ni voluntad. Están ahí. Simplemente estando, pero tiradas

Se ve una mujer frágil a disposición de cualquiera, algo que continúa con los estereotipos que son los que alimentan el ideal de una sociedad machista que considera a la mujer un objeto de consumo. Es esa creencia la que puede llevar a una violación o a cualquier otro tipo de abuso, por lo que, de una manera o de otra, la campaña en mi opinión, fomenta la violencia de género (recordemos que la violencia no es solo poner una mano encima).

Como consumidora no me gustaría comprarle a una marca que basa su publicidad en una imagen de desigualdad del tipo que sea. Como mujer, ver que transmitan esta idea de mi género, me resulta algo inaceptable.

Siendo sincera, y que quede entre nosotros ahora que Anthony Vaccarello no está leyendo, esta campaña no me parece otra cosa que la búsqueda constante de polémica. Al igual que en los 90 se sacaba por primera vez a una mujer vendiendo vaqueros sin bragas, en el 2015 fue una modelo que rozaba la anorexia y en 2017 toca la imagen de la mujer sometida. Ese es todo el objetivo de Yves Saint Laurent, dar de qué hablar. Y es que, si no hablan de ti, es como si no existieras. Aunque si este es el discurso que la marca quiere darnos, habrían hecho mejor guardando silencio.

#YSLretiretapubdegradante

 

Más vikingas y menos princesas

Hace unos días, un post de Weloversize acerca de los vikingos me hizo reflexionar. El tema hablaba de lo atractivos que son los vikingos en general (aquellos nacidos en Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca…) y en concreto los actores de la serie Vikings. Coincido con la autora en que el reparto, además de talentoso, está para cogerlo y mojarlo en chocolate, pero no son los barbudos lo que más me gusta de la serie.

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En mi opinión lo mejor de Vikings son las vikingas, que desde el primer episodio tienen un papel relevante. No llegan a salir tanto como sus compañeros varones pero el peso en la trama es fundamental, lo que significa que no aprueban el test de Bechdel (medición de una obra evaluando si evita la brecha de género) pero tenemos voz y voto. Las vikingas van a la batalla, te meten un hachazo en la tripa, paren en casa y a los pocos minutos, nada más limpiarse la sangre, empuñan un escudo para defender a la prole (vale, esto quizás fue un poco exagerado).

Las vikingas no son reinas por ser “mujer de…”, son reinas porque mataron al gobernante previo, son reinas por derecho, son valientes, son fieras, no necesitan un marido ni un amante y al final de cada episodio me hacen sentir fuerte y poderosa. Me hacen sentir que puedo conquistar lo que me proponga.

Las vikingas son mujeres libres, eligen con quién se casan, eligen que igual no se casan, tienen sexo con otros hombres estando casadas y aquí no pasa nada, te rechazan, te dicen que no les gustas, luego te dicen que les gustas y cuando estás en la cama dándole se sacan un cuchillo Odín sabe de dónde y te intentan asesinar de risas.

Quizás la única pega (sumándola al hecho de que las quiero más tiempo en la pantalla) es que, por supuesto, todas las actrices son guapísimas. Son tan perfectas que resulta irreal que ninguna salga con un solo pelo rubio de bigote, con un vestido de la talla 40 o que por mucho que nos pongan el cartel de “Cinco años después” el tiempo no parece pasar por ellas. Aún con todo me encanta verlas ensangrentadas y armadas hasta los dientes. Me encanta oírles gritar cuando pelean porque creo que necesitamos que las niñas crezcan con este tipo de modelos a seguir de fuerza e independencia y otras herramientas necesarias para desenvolverse en un mundo que, si se dejan, se las puede comer enteras.

Why raise your daughter to be a lady..

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Adiós a un Breaking Bad en el que le fallaba que no me sentía identificada con ningún papel femenino. ESTE, este es el camino que deben seguir las series y las películas. Un camino que se aleje de los estereotipos y refleje la sociedad más igualitaria en la que vivimos, una línea como la de Orange is the New Black, Juego de Tronos… La línea que ha seguido Disney desde el momento en el que Mulán cogió la espada de su padre, Mérida se negó a contraer matrimonio, y Vaiana salvó al mundo. Ya nos hemos cansado de ser princesas, queremos ser la heroína.

Los propósitos que se deberían proponer en 2017

Ya es 2017. Ya es todo nuevo, todo mágico, todo parte de cero y empezamos las primeras páginas del que será otro libro de 365.

En mi casa, como en muchos hogares españoles, tenemos la 1, aunque no hemos podido resistirnos a pasar por Antena 3 a ver el vestido de Cristina Pedroche. Este año coincidimos en que se le veía menos carne.

Como iba diciendo, vemos la 1, con su habitual show post campanadas de cantantes haciendo play-back acompañados de bailarinas medio desnudas.

Me doy cuenta de que es el momento de pensar mis propósitos. Al gimnasio ya voy regularmente, como sano, no fumo y no bebo. Entonces, ¿qué me puedo proponer para el 2017?

Las bailarinas finalizan la coreografía y se quedan congeladas en una postura como esperando mi respuesta y me doy cuenta de que la tengo delante de mis ojos.

Si en 2016 me quejaba de la cosificación de la mujer sigue siendo una batalla para librar en 2017. Me doy cuenta de que la desnudez sigue siendo el coeficiente de la mayoría de las cadenas televisivas esa noche, pero es algo que tocará reivindicar también cuando aparezca en la publicidad impresa.

Si en 2016 empezamos a sentirnos familiarizados con el término “gordibuena” en contraposición con las colecciones que salieron en pasarela, todas empeñadas en marcar abdominales u oblicuos, para 2017 tendremos a una Barbie de talla 40 interpretada por Amy Schummer. Espero que tengamos también diversidad en la pasarela, y no solo de tallas sino de etnias.

Para 2017 pido también que desaparezca el pink tax, ese porcentaje extra que pagamos las mujeres por los productos de higiene solo por ir destinados a nosotras. Otro propósito es que desgraven las compresas y tampones como bienes de primera necesidad que son.

De 2016 es asignatura pendiente la presión estética también en los hombres, ya que han aumentado en los últimos años los casos de vigorexia y estos, que antes no pasaban por el quirófano, se han animado a probar el bisturí. Que 2017 sea el año de aceptarnos. Aceptarnos no solo a nosotros mismos sino a los demás, que entendamos que la vida se basa en elecciones y que igual de bien está quien se depila como quien no, quien va sin nada y quien va con sujetador.

En 2016 hemos aprendido que el nombre de la tienda no garantiza la calidad del producto. A ver si para 2017 entiende el sector textil que con la salud del consumidor no se juega y que hasta unas inocentes sandalias pueden dejarte cicatrices en los pies para el resto de tu vida.

Pero sobre todo quiero que si 2016 fue el año en el que me quejé de los piropeadores anónimos y escribí acerca de accesorios para evitar las violaciones, este año no tenga que hacerlo, no tenga que reivindicar que quiero que las mujeres nos sintamos seguras. Sé que digo esto habiendo ya una víctima por violencia de género (¡y no llevamos ni 48 horas de nuevo año!) pero este 2017 tiene esa gran lucha pendiente.

Los estereotipos que nos venden los anuncios de colonia

Si el mundo fuera como un anuncio de colonias, íbamos jodidos. Bueno, “íbamos” no, íbamos jodidas nosotras.

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Ejemplo: Una pareja está a punto de besarse cuando el chico se detiene mientras se suceden flashbacks en los que se le ve conduciendo un deportivo marcha atrás en dirección contraria (algo muy irresponsable dicho sea de paso), asistiendo a un combate de boxeo o yendo en moto. Al mismo tiempo su voz en off ilustra las escenas: “Unas veces me amarás. Otras me odiarás. Nunca sabrás dónde estoy o dónde vivo. No seré un ángel. Ahora lo sabes”. La chica, totalmente seducida por todo esto, porque claro, quién va a resistirse a un hombre que nos dice que no se va a portar bien y que va a hacer lo que le salga de los cojones, no puede resistirse y cae rendida a sus encantos fundiéndose en un beso.

Me viene a mí un tío que me gusta y suelta eso y “Chao pescao. Ahí tienes la puerta”.

Pero claro, no es el mundo real. Es el mundo de las colonias. El mundo en el que los perfumes son sinónimo de cosas diferentes ya seas hombre o mujer.

Una colonia masculina se traduce en seducción. Pero no seducción romántica de esa de regalar rosas o una cena con velitas, seducción de llevar al huerto, de pasar por la piedra, de cepillar, chuscar, pillar cacho y luego irte a toda ostia en tu moto porque eres un indomable de la vida y a ti una noche de sexo no te ata habiendo más presas que cazar. Además con cualquier mujer, porque si algo venden estos anuncios es que literalmente toda fémina en un radio de cinco kilómetros a la redonda no va a poder resistirse a tus feromonas masculinas. No, ni siquiera un ángel de Victoria´s Secret como Gisele Bündchen o Lily Aldridge.

Según One Million chasqueas los dedos y tienes dinero en efectivo, un deportivo y las bragas de la chica que quieras en el suelo. La realidad es que, aunque sea la fantasía de muchos, solo tengo un conocido que encaje en esa utopía, porque, por mucho que os duela, no está al alcance de todos. Y (¡hola, espabila, wake up!) una colonia no va a cambiarlo.

Pero pasemos ahora a los perfumes femeninos. Siguiendo el ejemplo de One Million (es que es tan TAN sexista que le provoca urticaria a mi feminista interior) nosotras chasqueamos los dedos y tenemos millones de zapatos de tacón y un anillo de compromiso con un diamante absurdamente grande nivel “Vas a acabar necesitando una muñequera porque pesa tanto que a corto plazo se va a cargar tu túnel carpiano”.

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Porque lo que las colonias femeninas nos venden es seducción en cuanto a amor. Y no amor de una noche de ese que surge en Kapital con dos copas encima, no, amor del bueno del de toda la vida, del de ver gotas de pis en el suelo y seguir queriendo a la otra persona con todo tu corazón.

Entre tanta flor, nube, color pastel y música de violines nunca sé si me encuentro ante un anuncio de perfume o de compresas. Cuando veo que los protagonistas se besan, cogen a la mujer de la mano o le regalan flores ya me queda claro ante cuál estoy.

Entonces ¿a qué viene este arrebato contra los anuncios de colonias? Pues a que estoy saturada. Y no solo de esta publicidad de perfumes constante (¡que parece que no se puede regalar otra cosa!) sino de que a través de los anuncios se sigan perpetuando roles sexistas y nos sigan vendiendo una y otra y otra y otra vez que lo “normal” es que las mujeres quieran relaciones a largo plazo y los hombres solo mojar.

Más que nada porque formamos parte de una sociedad lo bastante variada como para que las estrategias de marketing se amplíen un poco de miras. Tengo amigas que después de los fuegos artificiales de la noche invitan a su acompañante a marcharse sin tan siguiera darle tiempo a ponerse los calzoncillos de nuevo y amigos que, al contrario, ya están agobiados pensando que como no tengan hijos pronto, no van a poder seguirles el ritmo cuando salgan a hacer running juntos.

Pero a fin de cuentas, quién me va a hacer caso a mí que compro las colonias por cómo huelen y no por la idea de feminidad y romanticismo con el que no me siento particularmente identificada que se empeñan en venderme.