BLOGS
Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Archivo de la categoría ‘cuerpo’

Tu forma de vestir podría influir en que te acosen según Donna Karan

Cada vez que oigo una justificación sobre la violencia de género basada en la vestimenta que llevaba la víctima se me enciende el pelo.

Pero cuando esa justificación la pronuncia alguien como Donna Karan, precisamente una diseñadora conocida por desarrollar en los años 80 el power suit, que era el nuevo traje para la mujer trabajadora, ya ni os cuento.

A la izquierda Rita Ora llevando un DKNY para los VMA. A la derecha una foto de la diseñadora. GTRES

La neoyorquina, ante los abusos del productor Harvey Weinstein, declaró que por cómo va vestida una mujer podría estar buscándolo: “¿Cómo nos presentamos como mujeres? ¿Qué es lo que estamos pidiendo? ¿Lo estamos pidiendo mostrando nuestra sensualidad y sexualidad?”.

No es ya solo el hecho de que alguien haga este tipo de declaración en 2017 (que estamos en 2017, no en 1940, que es donde parece que se ha quedado a vivir más de uno), sino el hecho de que lo haga una diseñadora de moda que, que yo sepa actualmente, y por lo que he visto en archivos fotográficos más antiguos, crea todo tipo de vestidos.

Y mirad que he rebuscado bien en pasarelas antiguas, pero nada, ni una sola colección hecha de bolsas de patatas o burkas que evitaran mostrar la sensualidad y sexualidad de las mujeres que ha vestido, las dos características que achaca a que se den estos abusos. No, ni siquiera cuando Rita Ora se presentó en la alfombra roja de los Video Music Awards con ese vestido rojo.

De hecho lo que he visto es todo lo contrario, especialmente en la colección que sacó para esta primavera con escotes que llegaban hasta los túneles de la línea 6 de metro. Una colección que definía con sorna un tuitero como: “Donna Karan, moda para mujeres que lo van pidiendo“.

Lo que dice la diseñadora huele a machismo, pero, y ya que hablamos de una modista, a machismo rancio, de fondo de armario con naftalina. Ese machismo empeñado en lavarse las manos de toda responsabilidad y echar la culpa a la víctima de una situación.

Imagino que Karan, por esta regla de tres, también culpará a una persona de color si es agredida por motivos racistas. A fin de cuentas es culpa de esa persona por ir mostrando su piel oscura en vez de ponerse una máscara de varón blanco de mediana edad.

¿A que os suena descabellado? Justificar el abuso de una mujer por cómo va vestida también lo es.

Suistudio lanza una campaña con hombres desnudos para vender trajes femeninos

SUISTUDIO

Si nada más salir a la calle me encuentro un cartel de una mujer trajeada pisoteándole los huevos a un hombre desnudo creedme que lo último que se me pasaría por la cabeza es que estoy ante una marca de trajes que viste únicamente a mujeres relacionando el traje con el poder femenino, según declaran en sus redes sociales.

Pensaría, en todo caso, que se trata de un anuncio de una obra de teatro, película o serie inspirada en una fantasía sexual masculina de sumisión pero en ningún caso se me iría la vista a la ropa de la imagen.

Por mucho que Suistudio quiera empoderarnos con sus trajes mostrándonos a mujeres de negocios (algo que podría parecer una buena idea en un principio) a la hora de crear las imágenes de la campaña han metido la pata hasta el fondo.

Empoderamiento femenino no es para mí una mujer apoyando sus stilettos en el pene de un tío. Sería verdadero empoderamiento si lo apoyara sobre la nómina del hombre, si este fuera su compañero, porque ella está cobrando el mismo salario y no un 16% menos.

También podría representar el empoderamiento femenino el hecho de representar una reunión de la junta directiva en la que aproximádamente la mitad de los miembros fueran mujeres y no solo el 37%, que es la cantidad que suele estar en estos puestos.

Empoderamiento es que si hacen una entrevista a Jennifer Anniston o a Soy una pringada las pregunten por sus proyectos en vez de dedicar la mayor parte de las entrevistas a su situación sentimental.

En definitiva, ¿empoderar a la mujer? Por supuesto, pero empoderarla con las armas correctas, a no ser, claro, que lo que busque Suistudio en realidad sea la polémica fácil a través de desnudos. Por muy masculinos que sean, en el caso de esta campaña, más que trajes en la foto, solo veo la cosificación de personas.

Dove descubre (por fin) que a las mujeres les sale pelo en las axilas

Y solo han necesitado 62 años para darse cuenta, pero finalmente, en su última campaña, podemos apreciar la primera axila del mundo de la publicidad con (un poco de) pelo:

TWITTER

El problema de Dove hasta ahora, y de tantas otras marcas, es que no sabían cómo acercarse a la mujer actual, cómo hablarla, cómo llegar a ella.

Campañas como “Belleza real” pretendían aproximarse a nosotras, pero en mi opinión es como si pretendes acercarte a un león con carne pasada de fecha. Puede que se la coma y no pase nada, pero si tiene bien el olfato lo más seguro es que le huela a podrido y te acabe mordiendo la mano (nosotras somos el león, por si no había quedado claro).

Dove pretendía alejarse de la belleza estereotipada de las modelos que se dedicaban a anunciar productos de higiene femenina a través de castings urbanos de los que luego sacaban mujeres reales para sus anuncios, sí, pero dando lugar a campañas poco creíbles igualmente:

TWITTER

Ahora la marca ha dado un paso más. “De perdidos al río” debieron de pensar, “Del río al mar y pelillos a la mar”. Y así ha pasado, que en su último anuncio nos encontramos con unos vellos cortos, apenas perceptibles, pero que hacen un orgulloso acto de presencia.

Pues señores de Dove, este anuncio sí me lo creo, porque mi axila está así el 80% del tiempo, con algún que otro pelillo (tampoco es que me salgan muchos), con los que hago mi vida normal.

Subo el brazo para agarrarme al asidero en el metro, me estiro si por un casual me meto en clase de yoga y me puedo desnudar tranquilamente delante de mi pareja sin ningún tipo de pudor por no llevar la axila perfectamente afeitada.

Eso es una axila, más que real, porque una depilada también es real, convencional: la axila media de la mujer española, me atrevería a decir. Y, para mí, aunque más que axilas suaves deberían decir limpias, .

Adiós a las modelos de la talla 34

Así lo han decidido en una carta que entrará en vigor en la próxima Semana de la Moda LVMH y Kering, los conglomerados que contienen Marc Jacobs, Kenzo, Louis Vuitton, Dior, o Yves Saint Laurent, Gucci, Puma, Stella McCartney y Balenciaga respectivamente entre otras marcas.

GTRES

Es decir, dos pesos pesados de la moda, el Madrid y el Barça de la industria textil (que no es moco de pavo), han decidido cambiar las condiciones de trabajo de sus modelos entre las que incluyen dejar fuera a las modelos menores de 16 años para trabajos de ‘moda adulta’ y prohibir que los que tienen de 16 a 18 trabajen entre las 22h y las 6 de la mañana.

Pero la medida más llamativa ha sido la respectiva a las tallas. Toda modelo femenina inferior a una 36 (34 española) no podrá trabajar, así como modelos masculinos de la 46 (44 española). Lo que supone que deberán tener al menos una talla 38 o 48 (36 y 46 españolas).

Before and after shots in the article on toneandstyle.com about my recovery from anorexia- and how modeling and fashion saved me from myself ❤️🙏http://www.toneandstyle.com/one-models-road-to-recovering-from-an-eating-disorder/ I debated whether or not to feature my sick photos in the article because disorders are too often made about appearance and that anorexia is only "real" if you look a certain way, but the photos of me at my worst are important to my story because they show the true ugliness and disease of anorexia, it isn't beautiful and it isn't about "looking hot." I am happier now, more confident, and more beautiful because Im healthy and complete, and the journey between these two photos you see-though horrific- made me into who I am today – a strong, capable woman. Please read the article (link in bio) and spread it around- this disease is the #1 killer of all mental illnesses and must be talked about so we can begin to help those who struggle and prevent others from having to. Thank you🙏🙏 #recovery #eatingdisorderrecovery #neda #love #awareness #eatingdisorderawareness #eatright #mentalhealth #spreadlove #anorexìanervosarecovery #anoreixa #evergreen #model #grateful

A post shared by Esmeralda Seay-Reynolds (@esmeraldangel) on

Además deberán presentar un certificado médico que secunde su buena salud realizado al menos seis meses antes del desfile o sesión fotográfica y tendrán a su disposición un psicólogo durante el horario de trabajo, algo que pretende paliar los desórdenes que se sufren en el sector.

Aunque la noticia merezca ser celebrada me sigue pareciendo increíble, y hasta cierto punto vergonzoso, que, en primer lugar, a estas alturas no se hubiera puesto como punto de partida el bienestar de estos profesionales y no se haya regulado hasta ahora.

En segundo lugar, si un desfile es una herramienta de comunicación, la imagen que se estaba comunicando  (y que por tanto está llegando a los espectadores) era de una delgadez que, si bien no tiene por qué ser insana (en el caso de que se tenga esa constitución) puede dañar las referencias de las generaciones más jóvenes haciéndolas pensar que solo es aquel que ven el ideal correcto de belleza y por tanto conduciéndolas inexorablemente a desarrollar inseguridades que pueden llevar a padecer trastornos.

Del verano y tus vergüenzas

Esto va para ti, que solo te tumbas boca arriba en la toalla a pesar de que no estás cómoda porque sabes que si te tumbas de lado se te va a resbalar la tripa.

INSTAGRAM @MEETINGMARA

Va para ti, que te da vergüenza hacer topless por tener las tetas pequeñas, o caídas, o con pezones grandes, o con areolas como hamburguesas, aunque te encantaría, por una vez, no tener la marca de los tirantes.

Esto va para ti, que nada más salir del agua de la playa o la piscina te enrollas en el pareo para que nadie vea tu celulitis. Que lo usas desde que sales del coche hasta que vuelves. Que no te lo quitas ni para tomar el sol en la arena.

Va para ti, que aún con 38 grados a la sombra no te quitas la camiseta para que no se vea que tienes los brazos flácidos. Para ti que cada verano es la misma historia y te da la misma vergüenza.

Va para ti, que te sientas cruzada de piernas por no querer mostrar tus dedos de los pies, pequeños y regordetes, como todos los de las mujeres de la familia. Que haces lo imposible porque no se vean aunque signifique no salir casi nunca con sandalias.

Va para ti, que rechazaste hace un mes ese bikini que te encantó solo con verlo colgado en la percha porque no te atreves a ir con la tripa al aire. Para ti, que al final compraste un bañador, aunque te gustaba mucho menos, solo porque tapaba más.

Va para ti, que no quieres bajar a la playa con la regla por si alguien se da cuenta de que llevas compresa. No, ni siquiera sin alas, o un tampón, no vaya a ser que se salga el hilo por fuera y te deje en evidencia.

Va para ti, que pasas de jugar al voley con las amigas porque se te olvidó depilarte las axilas. Para ti, que procuras levantar los brazos lo mínimo imprescindible para que nadie lo note.

O para ti, que te dejas la camisola para no enseñar las estrías.

Escribo para ti, que te has creado todas esas vergüenzas, que no te das cuenta de que no son cosa de tu cuerpo, que están en tu cabeza.

Te escribo para que te relajes, para que disfrutes, para que te olvides de todo. Tengas 15, 30 o 60 años si tu cuerpo te ha llevado hasta ahí con vida, créeme, vale más de lo que piensas.

(Para todas esas mujeres, pero especialmente para mi madre, mi tata y mi prima, mis tres mayores ejemplos de que siendo guapas por dentro lo demás importa una mierda.)

“Mi objetivo es mostrar el mundo de la belleza real, el de la calle, y no el de las revistas”

En el momento en el que estás leyendo esto, me apuesto el diploma en Periodismo a que si vamos a tu armario vamos a encontrar por lo menos dos o tres números de tallas diferentes (en mi caso hay cinco).

INSTAGRAM @PRETTYANDOLE

Y no es porque cambies de peso o hayas crecido de repente por una ingesta de Petit Suisse, sino a que cada tienda tiene un sistema de tallas diferente, lo que hace complicado pensar en una talla fija como nuestra.

María Rodríguez, la blogger que se encuentra detrás de Pretty and Olé, ha dado un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la industria de la vestimenta con su tienda online sin tallas (SinTallas.com), la primera desde que Charles Worth acuñó a finales del siglo XIX el concepto de moda tal y como la conocemos siendo el primer diseñador en poner medidas estándar a sus creaciones.

“Me llamo María y tengo un cuerpo serrano. Soy gorda y aquí te cuento mi camino hacia una vida más sana y cómo me he sentido siempre guapa, sin tonterías y sin complejos” se presenta la blogger en su canal, y esto es lo que supone esta nueva etapa en su vida.

Le tenemos mucho cariño al concepto de “cuerpo serrano” ya que nos recuerda a nuestras madres o abuelas pero ¿cómo definirías un #CuerpoSerrano? 

¿Madres y abuelas? jajaja, ¡pero si no es tan ‘carca’! Desde mi proyección, un “cuerpo serrano” es una persona que ha logrado amar su cuerpo y disfrutar con él de la vida sin importarle su peso o talla. No lo trato como un concepto diferente al que ya tiene, se utiliza mucho cuando quieres darle un ‘olé’ a tu body, solo que nadie antes lo había utilizado para referirse a su público. Y eso es lo que quiero, que mi público sienta que el mundo de los complejos es una tontería.

El apoyo de tus seguidores del blog ha sido tu punto de partida para crear la tienda. ¿Cuánto tiempo llevas escribiéndolo? ¿Hasta dónde se remonta tu interés por la moda?

Comencé a bloguear en 2009 con Pretty and Olé hablando sobre productos de cosmética y maquillaje, que me gustaban desde pequeñita. Me apasionaba el mundo de la belleza y, además de vídeos en Youtube (que subía muy de vez en cuando) en mi blog contaba todas mis experiencias y hacía reviews de productos cada semana, incluso cada día en algunas épocas. Me lo tomé bastante en serio y me fui amoldando a lo que le gustaba a mi público y a mi también, así que evolucioné introduciendo algo de moda, lifestyle y consejos útiles que podrían servirle a la gente para verse guapa, con el objetivo siempre de mostrar el mundo de la belleza real, el de la calle y no el de las revistas. Mi tienda, SinTallas.com, es una suma de toda mi filosofía: de la moda entendida como diversión, que sea ponible, que pueda llevarla cualquiera… y cero Photoshop.

INSTAGRAM @SINTALLAS

¿Cuáles son las mayores dificultades que te estás encontrando ahora que la tienda online está en pleno funcionamiento? ¿Y cuáles son las satisfacciones que te produce?

Una de las satisfacciones más grandes es saber que una tienda que vende sin tallas haya calado tanto a nivel nacional como idea emprendedora. Jamás supuse que, aun siendo influencer, mi startup iba a ser portada de la mayoría de medios de comunicación. Ha sido una pasada ver cómo la gente se ha interesado por la tienda y evidentemente eso nos ha dado un empujón grande días después de abrir. Pero el día de apertura fue maravilloso: tenía a todo el público de mis redes sociales pendiente y al minuto de abrir empezó a haber decenas de pedidos. Sin duda, la satisfacción más enorme es saber que tantos ‘cuerpos serranos’ te apoyan y eso te hace darte cuenta de que vas evolucionando de la forma correcta.

Por el contrario, la dificultad más grande que tengo con la tienda es que estoy yo sola, como cualquier otro emprendedor que lucha por su idea. La gente piensa que por tener ciento de miles de seguidores tienes a todo un equipo a tu lado haciendo el trabajo, y eso en mi caso no ocurre. Cada mañana me levanto, preparo los pedidos y atiendo a los mensajes de forma personal, gestiono las ventas, el stock, las devoluciones… Si estoy de viaje tengo que dejar a alguien a cargo y se hace dificultoso, pero bueno espero poder ampliar el equipo de forma permanente nada más pueda. Ahora mismo estoy en un primer paso de este proyecto.

¿Por qué decidiste crearla? ¿Cómo es posible que hasta ahora no haya aparecido ninguna tienda sin tallas en España hasta ahora? ¿Crees que sentarás las bases para futuros negocios del estilo a partir de tu tienda?

Mi idea era evolucionar con Pretty and Olé y ofrecer algo que verdaderamente la gente pudiera tener consigo. Como lo que más me preguntan es por prendas, pensé entonces abrir mi propia tienda online pero con alguna idea innovadora. He sido product manager y mi trabajo era crear ideas nuevas en Internet, así que tenía que aprovechar mi experiencia y no crear una “tienda de una bloguera” más, sino que debía tener algo especial. Ahí fue cuando investigué sobre las compras online y las tallas, sobre los miedos de la gente a comprar prendas en Internet… y surgió Sin Tallas de una forma muy racional. Y la verdad, lo primero que me dije fue precisamente eso: ¿cómo no se le ha ocurrido si quiera a la gran industria antes? Así que bueno… imagino que tendrán sus motivos o igual han tomado nota. No tengo ni idea de qué va a pasar…

INSTAGRAM @SINTALLAS

Vendes prendas diseñadas en España, una decisión bastante arriesgada teniendo en cuenta que te saldrían más económicas si fueran prendas de China. ¿A qué se debe?

Sí, ahora mismo todas las prendas que vendo están diseñadas en España y algunas también fabricadas aquí y, aún así, los precios son bastante buenos. Sin embargo no es algo definitivo. Mi intención es tener más moda y expandir catálogo y para eso tendremos que ampliar fronteras ya que es muy difícil encontrar, no solo precio, sino moda para todas las tallas en España. El motivo de hacer esto al principio ha sido bastante sencillo y tiene que ver con las compras al por mayor y la regulación de impuestos.

¿Te planteas hacer algo en un futuro orientado también al sector masculino o es algo que no vas a tocar?

De momento seguiremos con moda para mujeres, que son quienes nos siguen y quienes consumen más moda, además de ser el público que personalmente conozco más a fondo. Sin embargo, no descarto poder tener en el futuro moda para hombres, niños, embarazadas y otros nichos.

Camisetas para “bolleras”, “putones”, “gordas” o “cuatrojos”

Quien no haya sufrido algún tipo de bullying en el colegio que levante la mano. De pequeña era delgada, no usaba gafas, no llevaba aparato (al menos al principio) y aún así mis compañeros también encontraron algo con lo que meterse conmigo: el pelo de los brazos.

THE TRIPLETZ

Había uno en concreto que no solo se pasó la primaria con un encantador y delicado “Mauricia depílate” sino que le gustaba enroscar los pelos sobre sí mismos, tanto en mi brazo como en otros. Años después ha terminado siendo un profesional fantástico y no dudo de que será una bellísima persona, pero en el colegio se comportaba como un capullo. Como los antiguos compañeros de mi hermano, que le llamaban gordo o los que pegaban a otro de mi curso en el vestuario por ser diferente hasta que tuvo que cambiarse de colegio.

Todos hemos tenido nuestros demonios y los combatíamos como podíamos. En mi caso mi madre, Madre Teresa de mi familia y con un master por la vida en Resolución de Conflictos, era partidaria de que pasara del tema, de que me lo tomara con humor, de que respondiera con ironía. Pero la ironía, en mi caso, no llegó hasta los 18 años y ya pocas burlas llegan para entonces.

No obstante, reconozco el potencial del plan al igual que reconozco el potencial que tiene el bolso pizza de Zara. Reírse de uno mismo es de las mejores cosas que podemos aprender en esta vida, en serio, más que montar en bicicleta. De hecho no sé montar en bicicleta y si me dieran opción de cambiarlo por mi capacidad de reírme de mí misma no lo cambiría.

La idea que han tenido los youtubers The Tripletz de convertir nuestros “defectos” en camisetas me parece una idea fantástica. De hecho, si tuvieran una de “peluda” o “yeti” creedme que me la compraría. Me recuerda a un personaje de la película Dando la nota, que se presentaba como “Amy la Gorda”. “¿Por qué te llamas a ti misma ‘gorda’?”, le preguntaba una de las protagonistas. “Para que las brujas como tú no me lo llaméis a la espalda”.

THE TRIPLETZ

La relación con el sol a lo largo de mi vida

Mis primeros recuerdos de mi relación con el sol podría situarlos en mis cinco años de edad, cuando, poco antes de llegar a la playa, mi madre me embadurnaba de pies a cabeza en protector solar.

Lo hacía tan a conciencia que no me quedaba un centímetro sin cubrir por la pasta blanca. Con una madre enfermera y un padre químico era imposible no ser consciente de lo peligroso que es el sol. Pero no solo de pan vive el hombre y no solo de crema vive mi madre. Al llegar a casa tocaba ponerse after sun como si nos fuera la vida en ello.

@MEETINGMARA

A los quince años fue cuando mi relación con el sol cambió completamente. No solo descubrí que el sol me ponía morena, sino que, de hecho, estar morena era algo cool y en los pasillos del colegio se había instaurado una especie de competición de a ver quién tenía la marca de los tirantes del bikini más marcada.

En esa época tomaba el sol como cuadraba. Normalmente estaba tan ocupada cotilleando con las amigas que no era ni consciente. Era un “aquí te pillo aquí te bronceo“. Luego había días en los que se quedaba exclusivamente para ‘morenear’, que era cuando, revista Bravo en mano, hacíamos los “vuelta y vuelta” hasta que para despegarnos de la toalla casi necesitábamos una espátula antiadherente.

A los 20 años me volví una sibarita. Tomar el sol era un hobby pero con cabeza. Cada día bajaba al jardín religiosamente (evitando ir de 12 a 16), pero no de cualquier manera. Tomar el sol era mi momento y no solo bajaba con la toalla, sino que la acompañaba de un cojín para las cervicales, una botella de agua, música, revistas y, la mayor parte de las veces, apuntes. Mis exámenes de junio, a lo largo de mis cuatro años de carrera, salieron de ese jardín.

A los 25 años, etapa en la que estoy ahora, el sol se ha convertido, no en un peligro, pero sí algo de lo que debo cuidarme. La crema factor 50 se ha convertido en mi básico antes de salir de casa y en mi indispensable en el bolso. Vale que si voy a la playa me tiro en la toalla, pero atrás ha quedado esa época en la que tomar el sol era el centro del verano.

No solo me he quitado la ansiedad que a veces llegaba a sentir porque se me iba el moreno, sino que estoy en una fase de mi vida en el que me da absolutamente igual estar o no estar bronceada. Creo que ahora mismo hay muchas cosas que prefiero hacer a cubierto antes que estar forzando a mis células a crear melanina constantemente para protegerme de una agresión como son los rayos de sol.

Veet y su crema depilatoria solo para machotes

Lo de las campañas publicitarias de Veet es para mear y no echar gota. Sus reuniones de publicidad deben ser algo así: un grupo de hombres heterosexuales cuya edad media oscila entre los 49 y 56 años fumando puros, masticando tabaco y gargajeándolo seguidamente a una escupidera mientras suena algún cantante muy viril de música country (hasta aquí mi referencia que no conozco ninguno. Acepto sugerencias).

YOUTUBE

Pasan los años y la marca sigue estancada en los años 20, más o menos allá cuando fue creada. La visión de la sociedad que nos proyecta la empresa para vender sus productos es, simple y llanamente, asquerosa.

Toda esta rabia contra Veet viene por una razón, no es que me haya aparecido de repente porque se me haya cruzado el cable o porque (os veo venir haters) esté “en esos días del mes” (también podemos estar de mal humor sin que se deba a las hormonas), y es el nuevo anuncio de la crema depilatoria para hombres que os invito a ver aquí:

Ahora que ya estamos todos puestos en antecedentes, os explico por qué creo que Veet debería empezar a sacar anuncios para los clientes que vivimos en el siglo XXI.

Para empezar el hecho de que Veet haga un producto “especial” para hombres es algo absurdo cuando es exactamente la misma crema depilatoria. O a ver si os creéis que los pelos masculinos tienen un porcentaje de titanio que necesitan ingredientes especiales para poder ser afeitados. Pues no. De hecho, lectores masculinos, os invito a que os depiléis con un producto “para mujeres”, veréis como podéis eliminar el pelo igualmente.

La diferencia es que la marca crea un packaging de otro color para que no se asocie a algo femenino. Eligen nada menos que el azul oscuro, no vaya a ser que se ponga un color como el verde, amarillo o azul claro, colores que ha usado la marca, y les crezca una falda a los hombres que la usen.

Si vemos el anuncio con un poco de atención nos damos cuenta de que los actores tienen algo en común (y no, no me refiero a los cutres pasos de baile para bodas que aparecen dando), todos son delgados, jóvenes y me atrevería a decir que se intuye que heterosexuales (una de las primeras imágenes de dos chicas mirando bailar a uno de ellos sostiene mi teoría).

Es decir, un casting que hace que el hombre joven español medio que ve el anuncio como, por ejemplo, mi novio, pueda ir al supermercado y comprar con tranquilidad una crema de depilar, algo asociado históricamente a las mujeres, sin que sienta que pierde un ápice de virilidad. De hecho, si nos fijamos en los influencers que han colaborado con la marca como voz 3.0 del producto, están cortados por el mismo patrón.

En segundo lugar la forma física tanto de los elegidos para el anuncio como de los instagramers nos deja claro que “Si gustas, gustas”, sí, pero estando delgado. Lo de las lorzas o tetas colgaderas es algo que en el maravilloso mundo de la belleza de Veet no tiene cabida.

INSTAGRAM

Lo único que le puedo conceder es que en el anuncio vemos pelo. Habéis leído bien, pelo en un anuncio de productos depilatorios, que puede sonar irónico pero lo cierto es que en la mayoría de anuncios el pelo no existe. Es como si las actrices se depilaran por el mero placer de sentir la cera en esas piernas suaves, lisas y brillantes como si fueran ancas de rana. Debe ser que el pelo, si es de hombre, no produce el rechazo que conllevaría mostrarlo de una mujer.

A ver si tengo suerte y este post llega a ellos. Si no cambian su manera de hacer anuncios, que no lo creo, al menos que le den una vuelta y se den cuenta de que, por mucho que les cueste aceptarlo, los tiempos han cambiado: las mujeres tenemos pelos, aunque no salgan por la tele vamos a seguir teniéndolos, y un hombre puede usar un producto que sale de un bote rosa y estar igual de bien con la tripa cervecera depilada (si les gusta).

Escaparates con maniquíes de carne y hueso

Mi mejor amigo estaba dentro de un escaparate el día que le conocí. Sí, como lo leéis. Él y otros siete modelos.

INSTAGRAM

Hacían gestos, sonreían, señalaban o saludaban a la gente que pasaba por la calle. Por un momento sentí que volvía al Barrio Rojo de Amsterdam (quien haya estado lo entenderá) y me pareció asqueante. No por mi amigo, que estaba trabajando y ganándose la vida como podía (y quería), al igual que yo, aunque más que de modelo haya trabajado de imagen, sino por el hecho de tener a ocho personas como si fueran artículos de coleccionismo, objetos preciosos de decoración, cosas.

Maniquíes humanas en China. MELISA TUYA

Hace una semana, paseando con mis padres por Milán, mi madre se paró junto a uno de los escaparates de Montenapoleone, el Serrano milanés solo que cinco veces más lujoso. Dos maniquíes se movían dentro de él. A diferencia del escaparate de mi amigo, los modelos de la tienda italiana estaban maquillados y peinados imitando exactamente a maniquíes reales. El efecto eran tan artificial y plástico que resultaba hasta escalofriante.

Obviamente, verlo hace años en Madrid, me llamó la atención negativamente, pero verlo ahora en Milán, una de las cuatro cunas de la moda, en un periodo como en el que estamos viviendo, que creo que cada vez se dirige más a la aceptación y valoración de las personas por quiénes son y no por el aspecto que tienen, me preocupa.

Entiendo que la industria precise de perchas humanas para sus diseños, pero no veo la necesidad de exponer a modelos durante horas detrás de un cristal. Si ya me parece mal que se haga en un zoo, con personas ni os cuento.