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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Del verano y tus vergüenzas

Esto va para ti, que solo te tumbas boca arriba en la toalla a pesar de que no estás cómoda porque sabes que si te tumbas de lado se te va a resbalar la tripa.

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Va para ti, que te da vergüenza hacer topless por tener las tetas pequeñas, o caídas, o con pezones grandes, o con areolas como hamburguesas, aunque te encantaría, por una vez, no tener la marca de los tirantes.

Esto va para ti, que nada más salir del agua de la playa o la piscina te enrollas en el pareo para que nadie vea tu celulitis. Que lo usas desde que sales del coche hasta que vuelves. Que no te lo quitas ni para tomar el sol en la arena.

Va para ti, que aún con 38 grados a la sombra no te quitas la camiseta para que no se vea que tienes los brazos flácidos. Para ti que cada verano es la misma historia y te da la misma vergüenza.

Va para ti, que te sientas cruzada de piernas por no querer mostrar tus dedos de los pies, pequeños y regordetes, como todos los de las mujeres de la familia. Que haces lo imposible porque no se vean aunque signifique no salir casi nunca con sandalias.

Va para ti, que rechazaste hace un mes ese bikini que te encantó solo con verlo colgado en la percha porque no te atreves a ir con la tripa al aire. Para ti, que al final compraste un bañador, aunque te gustaba mucho menos, solo porque tapaba más.

Va para ti, que no quieres bajar a la playa con la regla por si alguien se da cuenta de que llevas compresa. No, ni siquiera sin alas, o un tampón, no vaya a ser que se salga el hilo por fuera y te deje en evidencia.

Va para ti, que pasas de jugar al voley con las amigas porque se te olvidó depilarte las axilas. Para ti, que procuras levantar los brazos lo mínimo imprescindible para que nadie lo note.

O para ti, que te dejas la camisola para no enseñar las estrías.

Escribo para ti, que te has creado todas esas vergüenzas, que no te das cuenta de que no son cosa de tu cuerpo, que están en tu cabeza.

Te escribo para que te relajes, para que disfrutes, para que te olvides de todo. Tengas 15, 30 o 60 años si tu cuerpo te ha llevado hasta ahí con vida, créeme, vale más de lo que piensas.

(Para todas esas mujeres, pero especialmente para mi madre, mi tata y mi prima, mis tres mayores ejemplos de que siendo guapas por dentro lo demás importa una mierda.)

“Mi objetivo es mostrar el mundo de la belleza real, el de la calle, y no el de las revistas”

En el momento en el que estás leyendo esto, me apuesto el diploma en Periodismo a que si vamos a tu armario vamos a encontrar por lo menos dos o tres números de tallas diferentes (en mi caso hay cinco).

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Y no es porque cambies de peso o hayas crecido de repente por una ingesta de Petit Suisse, sino a que cada tienda tiene un sistema de tallas diferente, lo que hace complicado pensar en una talla fija como nuestra.

María Rodríguez, la blogger que se encuentra detrás de Pretty and Olé, ha dado un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la industria de la vestimenta con su tienda online sin tallas (SinTallas.com), la primera desde que Charles Worth acuñó a finales del siglo XIX el concepto de moda tal y como la conocemos siendo el primer diseñador en poner medidas estándar a sus creaciones.

“Me llamo María y tengo un cuerpo serrano. Soy gorda y aquí te cuento mi camino hacia una vida más sana y cómo me he sentido siempre guapa, sin tonterías y sin complejos” se presenta la blogger en su canal, y esto es lo que supone esta nueva etapa en su vida.

Le tenemos mucho cariño al concepto de “cuerpo serrano” ya que nos recuerda a nuestras madres o abuelas pero ¿cómo definirías un #CuerpoSerrano? 

¿Madres y abuelas? jajaja, ¡pero si no es tan ‘carca’! Desde mi proyección, un “cuerpo serrano” es una persona que ha logrado amar su cuerpo y disfrutar con él de la vida sin importarle su peso o talla. No lo trato como un concepto diferente al que ya tiene, se utiliza mucho cuando quieres darle un ‘olé’ a tu body, solo que nadie antes lo había utilizado para referirse a su público. Y eso es lo que quiero, que mi público sienta que el mundo de los complejos es una tontería.

El apoyo de tus seguidores del blog ha sido tu punto de partida para crear la tienda. ¿Cuánto tiempo llevas escribiéndolo? ¿Hasta dónde se remonta tu interés por la moda?

Comencé a bloguear en 2009 con Pretty and Olé hablando sobre productos de cosmética y maquillaje, que me gustaban desde pequeñita. Me apasionaba el mundo de la belleza y, además de vídeos en Youtube (que subía muy de vez en cuando) en mi blog contaba todas mis experiencias y hacía reviews de productos cada semana, incluso cada día en algunas épocas. Me lo tomé bastante en serio y me fui amoldando a lo que le gustaba a mi público y a mi también, así que evolucioné introduciendo algo de moda, lifestyle y consejos útiles que podrían servirle a la gente para verse guapa, con el objetivo siempre de mostrar el mundo de la belleza real, el de la calle y no el de las revistas. Mi tienda, SinTallas.com, es una suma de toda mi filosofía: de la moda entendida como diversión, que sea ponible, que pueda llevarla cualquiera… y cero Photoshop.

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¿Cuáles son las mayores dificultades que te estás encontrando ahora que la tienda online está en pleno funcionamiento? ¿Y cuáles son las satisfacciones que te produce?

Una de las satisfacciones más grandes es saber que una tienda que vende sin tallas haya calado tanto a nivel nacional como idea emprendedora. Jamás supuse que, aun siendo influencer, mi startup iba a ser portada de la mayoría de medios de comunicación. Ha sido una pasada ver cómo la gente se ha interesado por la tienda y evidentemente eso nos ha dado un empujón grande días después de abrir. Pero el día de apertura fue maravilloso: tenía a todo el público de mis redes sociales pendiente y al minuto de abrir empezó a haber decenas de pedidos. Sin duda, la satisfacción más enorme es saber que tantos ‘cuerpos serranos’ te apoyan y eso te hace darte cuenta de que vas evolucionando de la forma correcta.

Por el contrario, la dificultad más grande que tengo con la tienda es que estoy yo sola, como cualquier otro emprendedor que lucha por su idea. La gente piensa que por tener ciento de miles de seguidores tienes a todo un equipo a tu lado haciendo el trabajo, y eso en mi caso no ocurre. Cada mañana me levanto, preparo los pedidos y atiendo a los mensajes de forma personal, gestiono las ventas, el stock, las devoluciones… Si estoy de viaje tengo que dejar a alguien a cargo y se hace dificultoso, pero bueno espero poder ampliar el equipo de forma permanente nada más pueda. Ahora mismo estoy en un primer paso de este proyecto.

¿Por qué decidiste crearla? ¿Cómo es posible que hasta ahora no haya aparecido ninguna tienda sin tallas en España hasta ahora? ¿Crees que sentarás las bases para futuros negocios del estilo a partir de tu tienda?

Mi idea era evolucionar con Pretty and Olé y ofrecer algo que verdaderamente la gente pudiera tener consigo. Como lo que más me preguntan es por prendas, pensé entonces abrir mi propia tienda online pero con alguna idea innovadora. He sido product manager y mi trabajo era crear ideas nuevas en Internet, así que tenía que aprovechar mi experiencia y no crear una “tienda de una bloguera” más, sino que debía tener algo especial. Ahí fue cuando investigué sobre las compras online y las tallas, sobre los miedos de la gente a comprar prendas en Internet… y surgió Sin Tallas de una forma muy racional. Y la verdad, lo primero que me dije fue precisamente eso: ¿cómo no se le ha ocurrido si quiera a la gran industria antes? Así que bueno… imagino que tendrán sus motivos o igual han tomado nota. No tengo ni idea de qué va a pasar…

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Vendes prendas diseñadas en España, una decisión bastante arriesgada teniendo en cuenta que te saldrían más económicas si fueran prendas de China. ¿A qué se debe?

Sí, ahora mismo todas las prendas que vendo están diseñadas en España y algunas también fabricadas aquí y, aún así, los precios son bastante buenos. Sin embargo no es algo definitivo. Mi intención es tener más moda y expandir catálogo y para eso tendremos que ampliar fronteras ya que es muy difícil encontrar, no solo precio, sino moda para todas las tallas en España. El motivo de hacer esto al principio ha sido bastante sencillo y tiene que ver con las compras al por mayor y la regulación de impuestos.

¿Te planteas hacer algo en un futuro orientado también al sector masculino o es algo que no vas a tocar?

De momento seguiremos con moda para mujeres, que son quienes nos siguen y quienes consumen más moda, además de ser el público que personalmente conozco más a fondo. Sin embargo, no descarto poder tener en el futuro moda para hombres, niños, embarazadas y otros nichos.

Camisetas para “bolleras”, “putones”, “gordas” o “cuatrojos”

Quien no haya sufrido algún tipo de bullying en el colegio que levante la mano. De pequeña era delgada, no usaba gafas, no llevaba aparato (al menos al principio) y aún así mis compañeros también encontraron algo con lo que meterse conmigo: el pelo de los brazos.

THE TRIPLETZ

Había uno en concreto que no solo se pasó la primaria con un encantador y delicado “Mauricia depílate” sino que le gustaba enroscar los pelos sobre sí mismos, tanto en mi brazo como en otros. Años después ha terminado siendo un profesional fantástico y no dudo de que será una bellísima persona, pero en el colegio se comportaba como un capullo. Como los antiguos compañeros de mi hermano, que le llamaban gordo o los que pegaban a otro de mi curso en el vestuario por ser diferente hasta que tuvo que cambiarse de colegio.

Todos hemos tenido nuestros demonios y los combatíamos como podíamos. En mi caso mi madre, Madre Teresa de mi familia y con un master por la vida en Resolución de Conflictos, era partidaria de que pasara del tema, de que me lo tomara con humor, de que respondiera con ironía. Pero la ironía, en mi caso, no llegó hasta los 18 años y ya pocas burlas llegan para entonces.

No obstante, reconozco el potencial del plan al igual que reconozco el potencial que tiene el bolso pizza de Zara. Reírse de uno mismo es de las mejores cosas que podemos aprender en esta vida, en serio, más que montar en bicicleta. De hecho no sé montar en bicicleta y si me dieran opción de cambiarlo por mi capacidad de reírme de mí misma no lo cambiría.

La idea que han tenido los youtubers The Tripletz de convertir nuestros “defectos” en camisetas me parece una idea fantástica. De hecho, si tuvieran una de “peluda” o “yeti” creedme que me la compraría. Me recuerda a un personaje de la película Dando la nota, que se presentaba como “Amy la Gorda”. “¿Por qué te llamas a ti misma ‘gorda’?”, le preguntaba una de las protagonistas. “Para que las brujas como tú no me lo llaméis a la espalda”.

THE TRIPLETZ

La relación con el sol a lo largo de mi vida

Mis primeros recuerdos de mi relación con el sol podría situarlos en mis cinco años de edad, cuando, poco antes de llegar a la playa, mi madre me embadurnaba de pies a cabeza en protector solar.

Lo hacía tan a conciencia que no me quedaba un centímetro sin cubrir por la pasta blanca. Con una madre enfermera y un padre químico era imposible no ser consciente de lo peligroso que es el sol. Pero no solo de pan vive el hombre y no solo de crema vive mi madre. Al llegar a casa tocaba ponerse after sun como si nos fuera la vida en ello.

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A los quince años fue cuando mi relación con el sol cambió completamente. No solo descubrí que el sol me ponía morena, sino que, de hecho, estar morena era algo cool y en los pasillos del colegio se había instaurado una especie de competición de a ver quién tenía la marca de los tirantes del bikini más marcada.

En esa época tomaba el sol como cuadraba. Normalmente estaba tan ocupada cotilleando con las amigas que no era ni consciente. Era un “aquí te pillo aquí te bronceo“. Luego había días en los que se quedaba exclusivamente para ‘morenear’, que era cuando, revista Bravo en mano, hacíamos los “vuelta y vuelta” hasta que para despegarnos de la toalla casi necesitábamos una espátula antiadherente.

A los 20 años me volví una sibarita. Tomar el sol era un hobby pero con cabeza. Cada día bajaba al jardín religiosamente (evitando ir de 12 a 16), pero no de cualquier manera. Tomar el sol era mi momento y no solo bajaba con la toalla, sino que la acompañaba de un cojín para las cervicales, una botella de agua, música, revistas y, la mayor parte de las veces, apuntes. Mis exámenes de junio, a lo largo de mis cuatro años de carrera, salieron de ese jardín.

A los 25 años, etapa en la que estoy ahora, el sol se ha convertido, no en un peligro, pero sí algo de lo que debo cuidarme. La crema factor 50 se ha convertido en mi básico antes de salir de casa y en mi indispensable en el bolso. Vale que si voy a la playa me tiro en la toalla, pero atrás ha quedado esa época en la que tomar el sol era el centro del verano.

No solo me he quitado la ansiedad que a veces llegaba a sentir porque se me iba el moreno, sino que estoy en una fase de mi vida en el que me da absolutamente igual estar o no estar bronceada. Creo que ahora mismo hay muchas cosas que prefiero hacer a cubierto antes que estar forzando a mis células a crear melanina constantemente para protegerme de una agresión como son los rayos de sol.

Veet y su crema depilatoria solo para machotes

Lo de las campañas publicitarias de Veet es para mear y no echar gota. Sus reuniones de publicidad deben ser algo así: un grupo de hombres heterosexuales cuya edad media oscila entre los 49 y 56 años fumando puros, masticando tabaco y gargajeándolo seguidamente a una escupidera mientras suena algún cantante muy viril de música country (hasta aquí mi referencia que no conozco ninguno. Acepto sugerencias).

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Pasan los años y la marca sigue estancada en los años 20, más o menos allá cuando fue creada. La visión de la sociedad que nos proyecta la empresa para vender sus productos es, simple y llanamente, asquerosa.

Toda esta rabia contra Veet viene por una razón, no es que me haya aparecido de repente porque se me haya cruzado el cable o porque (os veo venir haters) esté “en esos días del mes” (también podemos estar de mal humor sin que se deba a las hormonas), y es el nuevo anuncio de la crema depilatoria para hombres que os invito a ver aquí:

Ahora que ya estamos todos puestos en antecedentes, os explico por qué creo que Veet debería empezar a sacar anuncios para los clientes que vivimos en el siglo XXI.

Para empezar el hecho de que Veet haga un producto “especial” para hombres es algo absurdo cuando es exactamente la misma crema depilatoria. O a ver si os creéis que los pelos masculinos tienen un porcentaje de titanio que necesitan ingredientes especiales para poder ser afeitados. Pues no. De hecho, lectores masculinos, os invito a que os depiléis con un producto “para mujeres”, veréis como podéis eliminar el pelo igualmente.

La diferencia es que la marca crea un packaging de otro color para que no se asocie a algo femenino. Eligen nada menos que el azul oscuro, no vaya a ser que se ponga un color como el verde, amarillo o azul claro, colores que ha usado la marca, y les crezca una falda a los hombres que la usen.

Si vemos el anuncio con un poco de atención nos damos cuenta de que los actores tienen algo en común (y no, no me refiero a los cutres pasos de baile para bodas que aparecen dando), todos son delgados, jóvenes y me atrevería a decir que se intuye que heterosexuales (una de las primeras imágenes de dos chicas mirando bailar a uno de ellos sostiene mi teoría).

Es decir, un casting que hace que el hombre joven español medio que ve el anuncio como, por ejemplo, mi novio, pueda ir al supermercado y comprar con tranquilidad una crema de depilar, algo asociado históricamente a las mujeres, sin que sienta que pierde un ápice de virilidad. De hecho, si nos fijamos en los influencers que han colaborado con la marca como voz 3.0 del producto, están cortados por el mismo patrón.

En segundo lugar la forma física tanto de los elegidos para el anuncio como de los instagramers nos deja claro que “Si gustas, gustas”, sí, pero estando delgado. Lo de las lorzas o tetas colgaderas es algo que en el maravilloso mundo de la belleza de Veet no tiene cabida.

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Lo único que le puedo conceder es que en el anuncio vemos pelo. Habéis leído bien, pelo en un anuncio de productos depilatorios, que puede sonar irónico pero lo cierto es que en la mayoría de anuncios el pelo no existe. Es como si las actrices se depilaran por el mero placer de sentir la cera en esas piernas suaves, lisas y brillantes como si fueran ancas de rana. Debe ser que el pelo, si es de hombre, no produce el rechazo que conllevaría mostrarlo de una mujer.

A ver si tengo suerte y este post llega a ellos. Si no cambian su manera de hacer anuncios, que no lo creo, al menos que le den una vuelta y se den cuenta de que, por mucho que les cueste aceptarlo, los tiempos han cambiado: las mujeres tenemos pelos, aunque no salgan por la tele vamos a seguir teniéndolos, y un hombre puede usar un producto que sale de un bote rosa y estar igual de bien con la tripa cervecera depilada (si les gusta).

Escaparates con maniquíes de carne y hueso

Mi mejor amigo estaba dentro de un escaparate el día que le conocí. Sí, como lo leéis. Él y otros siete modelos.

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Hacían gestos, sonreían, señalaban o saludaban a la gente que pasaba por la calle. Por un momento sentí que volvía al Barrio Rojo de Amsterdam (quien haya estado lo entenderá) y me pareció asqueante. No por mi amigo, que estaba trabajando y ganándose la vida como podía (y quería), al igual que yo, aunque más que de modelo haya trabajado de imagen, sino por el hecho de tener a ocho personas como si fueran artículos de coleccionismo, objetos preciosos de decoración, cosas.

Maniquíes humanas en China. MELISA TUYA

Hace una semana, paseando con mis padres por Milán, mi madre se paró junto a uno de los escaparates de Montenapoleone, el Serrano milanés solo que cinco veces más lujoso. Dos maniquíes se movían dentro de él. A diferencia del escaparate de mi amigo, los modelos de la tienda italiana estaban maquillados y peinados imitando exactamente a maniquíes reales. El efecto eran tan artificial y plástico que resultaba hasta escalofriante.

Obviamente, verlo hace años en Madrid, me llamó la atención negativamente, pero verlo ahora en Milán, una de las cuatro cunas de la moda, en un periodo como en el que estamos viviendo, que creo que cada vez se dirige más a la aceptación y valoración de las personas por quiénes son y no por el aspecto que tienen, me preocupa.

Entiendo que la industria precise de perchas humanas para sus diseños, pero no veo la necesidad de exponer a modelos durante horas detrás de un cristal. Si ya me parece mal que se haga en un zoo, con personas ni os cuento.

Ellos también hacen ‘operación bikini’

Hace tan solo un par de días que hemos dado la entrada al verano y mi gimnasio ha pasado de ser un páramo frecuentado por los mismos veinte de siempre, cada uno con su espacio asignado, con sus materiales habituales y sus rutinas, a una especie de club social diurno en el que me toca hacer cola para coger una simple mancuerna.

Zac Efron, mi amor platónico desde 2006. INSTAGRAM

Que conste que aunque me quejo, lo entiendo. Mi gimnasio milanés es pequeñito y así cultivo la paciencia (que buena falta me hace). Pero lo que me llama la atención es la cantidad de chicos nuevos que se han apuntado al gimnasio. Sí, habéis leído bien. Chicos.

Entre tanto anuncio en la televisión de cremas milagrosas que supuestamente nos esculpen la figura en sueños, entre wraps y otros inventos que veo por Instagram para perder grasa de la cintura, entre dietas y medicamentos o barritas saciantes, nos daba la sensación de que era solo a nosotras a quiénes nos machacaban con el cuerpo, pero entre los últimos cinco y diez años ellos también están entrando a esta burbuja de estrés físico y emocional.

‘Operación bikini’ para todos, una más orientada hacia la pérdida de peso en el caso del que es el objetivo de las mujeres y la creación de masa muscular en el caso de hombres, el famoso “ponerse cachas”.

Conozco el caso de amigos que no hay nada que les duela más escuchar que otro diciéndole que le ve más delgado. También los hay en mi gimnasio que se machacan cada día a entrenar los músculos abdominales, dedicándole más tiempo a las repeticiones que tú a preparar los exámenes finales.

Es uno o dos meses de depuración máxima: adiós a los codazos hasta que lleguen a la playa, nada de pizza o hamburguesa con los amigos, si hay barbacoa solo pavo y cardio en ayunas para escapar del calor.

Y aunque cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, ¿no sería mejor mantener esos hábitos saludables de comida sana y ejercicio regular durante todo el año en vez de pegarte la paliza, a tontas y a locas, poco antes de las vacaciones? Pregunto.

Wonder Woman, una superheroína para hombres que pretende ganarse a las mujeres

Y por mucho que me duela admitirlo, he de decir que falla, pero falla estrepitosamente, como cuando intentas entrar a casa de noche sin hacer ruido y tiras una mesa, dos sillas y pisas al gato. Wonder Woman es un fracaso estridente como superheroína feminista.

No quita que tenga cosas que me encanten: la princesa Diana es fiel a sus ideales, se defiende de cualquier tipo de mal sin necesitar ayuda, es leal, justa, no deja que le digan lo que tiene que hacer, lucha por el bien de manera desinteresada, se sacrifica, ayuda a inocentes… Pero, con todo eso, me decepciona.

Wonder Woman no es real, no se despeina, no se mancha, no suda, se rasura, pelea con falda, tacones y el pelo suelto. Wonderwoman es la superheroína perfecta… salida del imaginario colectivo masculino. La directora, Patty Jenkins, podría haber hecho de esta oportunidad un altavoz del empoderamiento femenino, podría haber creado a una superheroína como tú, que me lees, o como yo. Una mujer AUTÉNTICA y digna de creer.

No estoy diciendo que esté en contra de ninguna de esas cosas, pero no tiene sentido alguno que el uniforme de una heroína, que necesita correr por trincheras o saltar de un edificio a otro, esté completado con unas botas de tacón (de cuña para ser exactos). Si en realidad cualquier persona fuera a la batalla con eso puesto tardaría menos en caer por esguince que por balazo.

Wonder Woman no necesita tacones porque son algo que, como guerrera, dificultan sus movimientos, al igual que llevar el pelo suelto. Si incluso para estudiar nos molesta llevar un mechón cerca de los ojos no me imagino todo el pelo sobre la cara sabiendo que tengo que enfrentarme a una habitación llena de hombres armados. ¿Empezáis a ver cómo no está bien pensado?

De hecho, os dejo el vídeo de cómo se preparaba la actriz Gal Gadot para interpretar a Wonder Woman. No veréis tacones, yelmos escotados o pelos sueltos, pero sí una prieta cola de caballo y ropa de deporte, que es lo más cómodo para los momentos en los que tenemos que realizar actividad física.

¿Cuántas melenas sueltas vemos en las Olimpiadas? ¿Os imagináis luchando, corriendo y dando volteretas teniendo que parar cada dos por tres porque te ha entrado pelo en el ojo o porque te ha tapado la cara y has perdido de vista al villano de turno?

Cuando eres una amazona que ha crecido en la selva rodeada de mujeres, el concepto de belleza de la herencia heteropatriarcal como que te pilla un poco lejano. Vivirías sin maquillaje (a no ser que fueran pinturas de guerra), sin sujetador y sin depilar. Entonces, ¿por qué esta Wonder Woman aparece con las axilas más afeitadas que un modelo de barbilla de Gillette? ¿Y por qué cada vez que daba una patada en Batman vs Superman la vimos luciendo unas ingles mas lampiñas que una muñeca Barbie?

Puede parecer una tontería fijarse en algo tan nimio como una axila, pero si nos ponemos a pensar en la vida de la supermujer, no tiene mucho sentido. Y no, no me importa que en el cómic también aparezca depilada. El primero se remonta a 1941, fecha en la que los cánones estéticos eran, si cabe, aún más estrictos.

He tardado más de 20 años en sentirme lo bastante libre como para decidir si quería o no depilarme, maquillarme o vestirme como quiero y ha sido gracias a escritoras, amigas o referentes familiares feministas (hola, mamá). Sé que si hubiera crecido con referentes femeninos en la pantalla con su mata de pelo bien plantada bajo el brazo posiblemente habría tomado esas decisiones antes.

En mi opinión DC Cómics tiene miedo de asustar a esa gran proporción de público masculino que va a ver la película, cuando hay que educar a todos los espectadores en esto. De nada sirve que una adolescente decida que va a ir sin depilar si la van a machacar en el colegio con que lo haga (os hablo por experiencia).

Tener a Gal Gadot sin depilar, sin tacones o sin maquillar es gritar que, como mujer, puedes ser fuerte, rápida, ágil, inteligente y guapísima de la vida (¿por que no?), que a fin de cuentas la diferencia entre ser mujer y súper mujer no está en los pelos de la axila o en cómo vayas vestida.

En definitiva, por supuesto que la Wonder Woman de Gal Gadot es una superheroína que podríamos merecer perfectamente, está a la altura de mis expectativas como personaje de acción. Pero, y aquí hablo como mujer, la Wonder Woman de Gal Gadot no es la que el mundo (femenino) necesita.

Bronceado pero sano

Aprovechando que nos faltan escasos días para el verano, que ya aprieta el calor y que este martes 13 de junio fue el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel, debemos tener en cuenta una serie de cosas si queremos tomar el sol con seguridad.

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Los consejos han sido sacados de de la nota de prensa del Hospital Vithas Nisa Pardo de Aravaca.

1. Protector solar antes de la exposición al sol y renovar, sobre todo después de cada baño (por mucho que diga que es resistente al agua, que más vale prevenir que curar). Ya sé que es un rollo tener que estar pendiente de la crema y que sin una madre detrás que nos lo recuerde se nos olvida la mayor parte de las veces, pero hay que hacerlo.

2. Nada de sesiones maratonianos al estilo “vuelta y vuelta” bajo el sol y sobre todo evitar la exposición solar entre las 12 y las 16 horas. Es decir, si quieres echarte la siesta, hazlo a la sombra pero nunca bajo el sol que es cuando más pega (y cuando más dañino es).

3. Adiós a las sesiones bronceadoras con lámparas de rayos UVA. No es obligatorio que siempre estés morena. Estas máquinas contribuyen a la aparición de cánceres cutáneos y aceleran el envejecimiento. Sales más morena, sí, pero con más posibilidades de padecer cáncer y más vieja.

4. No exponer a insolación directa a los niños menores de 3 años y ponerles siempre crema con un alto factor de protección. No olvidemos que la piel conserva la memoria de todas las radiaciones recibidas. Es por eso que cuanto más importante ha sido la dosis, mayor es el riesgo de la aparición de cánceres en la edad adulta.

5.  Salir a correr, montar en bici, irte de compras por Gran Vía… Podemos quemarnos realizando cualquier actividad al aire libre, así que échate crema antes de salir de casa.

6. Lo de que si está nublado/llueve/hay nieve etc el sol no pega, es falso.

7. Ropa protectora como gorras y gafas de sol con cristales homologados filtrarán los rayos UVA y UVB. A los niños, además, ponerles camisetas secas y opacas: una camiseta mojada deja pasar los rayos UV.

8. Secarse bien después de cada baño. Nada de secarse al sol presumiendo de tu nuevo bikini ya que el efecto lupa de las gotas de agua favorece las quemaduras solares y disminuye la eficacia de los protectores solares (sí, aunque sean resistentes al agua).

9. Beber agua a menudo. El sol deshidrata nuestro organismo. Vigilar especialmente a las personas mayores, cuya sensación de sed está atenuada, y a los niños, cuya necesidad de agua es importante y sus centros de termorregulación son todavía inmaduros.

10. Si ves que una peca o lunar ha cambiado de forma, tamaño o color, no lo “dejes estar” y consultar a un dermatólogo. Puede ponerse feo.

¿Sabes que puedes estar poniéndote mal la crema?

El orden de los factores no altera el producto, o al menos eso nos repetían en el colegio hasta la saciedad. Pero no tenían en cuenta la gran excepción que confirma la regla: las cremas.

Mis cremas y potingues varios de uso diario. MARA MARIÑO

Siento llevarle la contraria a tu profesora de matemáticas de primaria pero cómo nos echemos las cremas va a condicionar cómo se lleve nuestra piel con ellas.

La regla que debemos seguir es la de la densidad (os juro que es un post de belleza y no de química) por lo que siempre debemos empezar echando los productos más ligeros hasta llegar a los más densos.

Vale pero ¿cómo aplicamos esto a la práctica? Por la mañana empieza lavándote la cara con jabón, aplica la crema hidratante, el contorno de ojos (el orden de estos dos te da igual ya que no se mezclan), la crema solar y por último el maquillaje.

De noche, en cambio, retiramos el maquillaje con desmaquillante, lavamos bien la cara con jabón, exfoliamos en el caso de que toque ese día de la semana, aplicamos con un algodón el tónico, sérum si es que usamos y por último la crema hidratante.

De esta manera nos aseguramos de que los cosméticos más densos no eviten la absorción de los de composición más ligera. Y ahora sincérate, ¿cuánto tiempo llevabas haciéndolo mal?