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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Las series a las que engancharte si te encanta la moda

Por mucho que las series me enganchen por la trama, el vestuario es algo en lo que no puedo evitar fijarme. Si te sientes identificada, entre la pausa de Juego de Tronos, Las Chicas del Cable y Stranger Things, puedes engancharte a algunas de las series preferidas de los amantes de la moda.

Toma nota de los estilismos porque te ayudarán a ver con otros ojos tu armario.

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    1. Sexo en Nueva York: además de que nunca se tiene suficiente de las genialidades de Samantha Jones o de la ironía de Miranda Hobbes, la quinta del grupo (quitando a la Gran Manzana) es la moda, que nos regala alta costura (y zapatos inalcanzables) capítulo tras capítulo.

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    2. Gossip Girl: nos enganchó la reina cotilla por la vida privada del grupo de amigos del Upper East Side pero nos quedamos por los estilismos de Serena Van der Woodsen y Blair Waldorf, que nos hizo descubrir el preppy style y rescatar todas las diademas que llevábamos sin usar desde el colegio.

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    3. The Carrie Diaries: la precuela de Sexo en Nueva York nos trajo la lista de éxitos de los 80 de vuelta a nuestras vidas (¿alguna vez se fue?) y looks al alcance de nuestra mano. Tan fáciles de conseguir como saqueando el armario de nuestras madres.

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    4. The Royals: es la típica serie a la que llegas por el inglés. Y es que su reparto británico hace que te ayude a refrescar el oído en cuanto a la lengua anglosajona se refiere. Pero por mucho que tengas las orejas a otra cosa no podrás quitarle el ojo a los estilismos de las mujeres de la familia real.

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    5. Empire: aunque no te vaya mucho el hip hop te engancharás igualmente a Taraji P. Henson en el papel de Cookie Lyon. Entre su sabiduría popular y su vestuario acabarás volviendo a rescatar todas las prendas con print animal de tu armario (si, hasta las camisetas de leopardo que pensaste que murieron en 2005).

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    6. The Bold Type: habla de la historia de tres chicas que acaban de introducirse en el mercado laboral dentro de una revista de moda. Además de ser maravillosamente feminista, querrás copiar todas las elecciones estilísticas de las protagonistas. Para mí fue el relevo millennial de Gossip Girl.

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¿Conoces otras series de la pequeña pantalla que tengan una buena relación con la vestimenta que recomendarías?

Las razones por las que deberías ver ‘Maestros de la costura’

Sí, RTVE ha copiado la fórmula de Masterchef en su último estreno cambiando los fogones por las máquinas de coser, los cuchillos por las tijeras y la chaquetilla por el acerico.

El acerico del que os hablaba. RTVE

Es tan parecido que solo han tenido que cambiar el “¡A cocinar!” por el “¡A coser!”. Pero qué le vamos a hacer, si algo gusta se repite y punto.

Ya te interesen o no los concursos televisivos, Maestros de la costura tiene algunas cosas por las que merece la pena verla (o al menos, esta es mi opinión después de su estreno anoche) si te gusta la moda:

  • Por el jurado: Lorenzo Caprile, Maria Escoté y Alejandro Gómez Palomo (Palomo Spain) son los tres miembros del jurado. Tres diseñadores que representan la tradición, la creatividad y el genio.
  • Por las ideas que nos da el programa para transformar cosas que tenemos por casa y seguir utilizándolas. Cortar una manga y ponerle volantes, decorar el cuello de una sudadera bordando un hilo o añadir una sobrefalda a un vestido son algunas cosas de las que tomé nota para reciclar prendas.
  • Por lo que aprendemos: términos como “bies” u “ojete”, cortes y anchuras que nos quieren sonar de las reseñas de las pasarelas o alfombras rojas pero que no llegamos a conocer del todo…
  • Por los estilismos de la presentadora, jueces e invitadas. En el estreno, por ejemplo, Raquel Sánchez Silva empezó el programa con un David Delfín para pasarse después a un Pertegaz vintage.
  • Por Lorenzo Caprile, que te dará entre mucha risa y mucho miedo. Te reirás de sus ocurrencias (“¡Esto no son los Ángeles de Charlie!”) y al segundo te paralizará con sus cortes.
  • Por los concursantes que cantan o rezan mientras cosen. Cada uno se concentra como puede.
  • Por Eduardo Navarrete, que te sonará por ser el diseñador de uno de los vestidos más llamativos de la pasada edición de los Goya (el de Pepa Charro, que puedes ver aquí).

Pero para mí, el motivo más importante es porque debemos apostar por la moda española, porque el programa se centra en los diseñadores nacionales y porque ya era hora de darle a la “Industria del trapo”, palabras de Caprile, un espacio en la pantalla.

Las prendas que cogí del armario de mis padres para vestir esta temporada

De verdad os digo que soy el terror de mi casa. Todos saben que cuando le echo el ojo a algo prácticamente pueden despedirse de ello. O bien porque me lo pongo continuamente o porque desaparece en ese agujero negro en el que se ha convertido mi armario. El día que me dé por hacer una limpieza llego a Narnia, lo juro.

Prendas saqueadas del armario de mi madre. MARA MARIÑO

Pero es que nuestros padres tienen ropa MUY GUAY. Pero tal cual os lo escribo, en mayúscuñas y en negrita. Vale que puede que no nos llame mucho la atención por la manera en la que se la ponen, pero la verdad es que hay donde rascar, y las cosas de rascar molan.

Mi madre, que qué paciencia tiene la pobre conmigo, me ofreció de buenas la mano y le he agarrado el brazo, las pulseras, la chaqueta, el abrigo y muchas otras prendas que ya han pasado a mi colección.

De hecho, la prenda estrella que me pongo es el body negro que veis en la foto de la derecha, que es en realidad un bañador de los años 80. “Si me llegan a decir que mi hija iba a usar mi bañador para salir a la calle no me lo creo”, me dice de vez en cuando. Pues sigue sucediendo.

Con la vuelta de los cortes de la década de 1990 podemos rebuscar entre las americanas que llevaban nuestras madres, especialmente si tienen cuadros o rayas. Y por supuesto no pueden faltar, para combinar ya sea con bodys o chaquetas, los mom jeans, es decir, el equivalente en el armario de tu madre, sus pantalones vaqueros también de anchura noventera.

Nosotras no hemos podido utilizar muchos pantalones de la otra ya que siempre hemos tenido tallas de cintura y cadera diferentes, pero si tenéis suerte y compartís talla, podéis aprovecharlos.

Respecto a mi padre (no, no os penséis que el buen hombre se iba a librar del saqueo textil), tuvo que ver desaparecer su jersey amarillo (foto de la izquierda) que quedaba genial a modo de vestido con las botas altas mosqueteras, una combinación que ya visteis en mi anterior post.

Ya sea un jersey o una camisa gigante son dos prendas que van perfectas para combinar con calzado que tenga un toque más femenino para equilibrar el estilismo.

Pero sin duda, el descubrimiento estrella fue su americana extragrande gris a la que llevo tiempo teniéndole el ojo echado pero no terminaba de convencerme cómo me quedaba abierta. Ya que esta temporada está siendo el año estrella del vestido-americana, probé a llevarla cerrada y se hizo la magia (estilística)

Prendas secuestradas del armario de mi padre. MARA MARIÑO

Por último, aunque este año no me la he puesto mucho porque no me ha coincidido el entretiempo cerca de su armario, podéis reciclar de vuestros padres las cazadoras vaqueras u otro tipo de prendas de abrigo oversize que os servirán para completar cualquier estilismo.

Espero haberos dado ideas y que antes de lanzaros en plancha a las rebajas, que empiezan mañana, aprovechéis para echarle un vistazo al armario de vuestros padres. Igual encontráis algo interesante (¡y además gratis!).

Análisis (honesto) de las tendencias a incluir en el armario este 2018

O en otras palabras, estas son las cosas que deberás buscar ahora que empiezan las rebajas o bien hacer memoria de si tienes alguna de ellas de otro año para usarla de nuevo.

ASOS

Riñonera: algo que a nadie le ha pillado por sorpresa y de lo que os hablé hace unos meses (¡para que digáis que no hago buenas predicciones!). Lo bueno es que no cuestan mucho y definitivamente pesan menos que un bolso. Lo malo es que son bastante pequeñas y si estás leyendo Los hermanos Karamazov vas a tener que ir con el libro en la mano.

Pantalones de ciclista: otra tendencia de la que Kim Kardashian fue pionera. Destacan tanto por su comodidad como por su versatilidad. Vamos, que lo mismo te sirven para participar en una Iron Man que para tomarte algo con las amigas el viernes noche.

Camisas hawaianas: a partir de primavera viviremos el resurgir de las prendas floreadas. Antes de lanzarte como loca a comprar una te recomiendo que mires por casa ya que fue una tendencia en la que seguro cayó tu padre durante la década de los 80. No solo te sale gratis (it’s free) sino que te quedará grande y podrás ponértela de distintas maneras.

Flecos: una de las favoritas ya que todas tenemos algo de flecos en el armario. Si no lo tenemos, que no cunda el pánico, que estamos a unas tijeras de poder hacernos con ello.

Gabardina con un toque moderno: aprovecha para usar esa que tienes una por casa o la que le veías en las fotos a tu abuela cuando se iba a Santander de vacaciones. El modern twist es tan sencillo como llevarla cerrada con un cinturón de otro color o un pañuelo en la manga.

Violeta: es el color del año y especialmente recomendable si, según la teoría del color y las estaciones, eres invierno, verano o primavera.  Si eres una mujer otoñal, pelirroja o con el pelo en tonos cobrizos y ojos verdes, será mejor que pases de esta tendencia.

Tul: por dentro, por fuera, arriba en una camiseta o abajo en una falda, lo importante es que lo añadas a tu armario. Eso sí, a no ser que lo vayas a llevar como complemento externo intenta dejarlo para los meses más cálidos.

Plástico: aunque ya hemos visto que la aplicación de este material a la vestimenta presenta ligeros inconvenientes (sobre todo si la vas a usar directamente sobre la piel) te costará mucho resistirte a la tendecia que vuelve desde los años 70.

Recuerda que antes de comprarlo todo nuevo puedes ver si tienes algo por casa del estilo que te permita reciclarlo, puedes intentar hacerlo tú misma (do it yourself) o puedes dar una vuelta por las tiendas de segunda mano para darle una nueva vida a algo que ya haya sido usado. De esta manera podemos convertir la moda con cabeza también en tendencia.

Vestido de cola y corona de laurel: graduarse a la italiana

La semana pasada puse fin al año de mi vida que he dedicado a especializarme en moda. Especializarme en moda… Lo bien que suena. Como si mi nuevo diploma me permitiera estar por encima del bien y del mal (estilístico) y juzgar si enrollarte una toalla al cuerpo y acudir a una alfombra roja es algo correcto.

MARA MARIÑO

Para la ceremonia tenía claro que, ya que no suelen invitarme a los Goya ni a los Óscar, quería ir de largo. Pues porque sí, porque siendo una escuela de diseño en la que la mayoría de los cursos son de moda, mi cuerpo me pedía salsa.

Pero ahí no quedó la cosa. Yo soy de las que no se quedan contenta con un plato de sopa y quieren dos tazas, bandeja de pan para acompañar y copa de vino también en la mesa. De perdidos al río, o, siendo Milán, a los canales del Naviglio. Mi vestido además de ser largo tenía cola. No una cola estilo vestido de novia como para poder hacerme foto de ella subida a unas escaleras, pero sí la suficiente para que me la fueran pisando constantemente.

Aunque mi idea inicial era combinarlo con unos stilettos en verde botella, en el último momento me decidí por unas sandalias negras de tacón fino atadas al tobillo que, a mi parecer, me proporcionaban mayor sujeción. Ir en diciembre por las calles de Milán en sandalias de tacón sin medias fue una experiencia que mis pies difícilmente olvidarán.

Y eso que llevaba mi joya neoyorquina, un abrigo que me había regalado una de mis mejores amigas de su último viaje a las americas que no solo tenía un cuello de pelo perfecto para mantenerme abrigada sino un corte y un color que parecían salidos de cualquier fiesta de El Gran Gatsby.

MARA MARIÑO

Al principio todo estaba en orden, ya que estaba experimentando el “efecto divineo” el cual se conoce como la pérdida total de consciencia de temperatura externa por el subidón de adrenalina que te produce tu estilismo. Suele ser algo que no solo se da en bodas, graduaciones, comuniones o bautizos, sino cuando el viernes noche sales con tus amigas vestida de maravilla.

La cola y los tacones para las fotos quedaban estupendos. Subir por las escaleras a recoger el diploma ya fue otro tema. Sin embargo lo conseguí (sin tropezarme) y pasé el trago dignamente. Una vez recibí el diploma del master, la Laurea Magistrale para los italianos, ya pude ponerme la corona de laurel que llevan tradicionalmente cuando han terminado los estudios.

Para completar el estilismo, y como mujer minimalista que me considero, llevé unos pendientes largos con el pelo suelto y totalmente liso (al menos los primeros diez minutos, luego las ondas traicioneras aparecieron), también para no parecer, entre tanta hoja que llevaba en la cabeza, un árbol navideño.

Después de la experiencia me quedó claro aunque la cola estuvo bien para la celebración no voy a volver a llevarla a no ser que hablemos de una ocasión en la que esté totalmente sola y nadie pueda pisarla (adiós vestido con cola para mi boda imaginaria, adiós).

S.O.S.: ¿Qué me pongo para la cena de empresa?

Como estilista que ya soy (vale, no me gradúo hasta el lunes, pero el máster está aprobado desde finales de noviembre) ha llegado el momento de que asume mi responsabilidad y os oriente en las situaciones de crisis existenciales que ya muchas estáis viviendo con las cenas (y respectivas fiestas) de empresa.

Tú en plena crisis de “No tengo nada que ponerme”. PIXABAY

Aconsejando al par de amigas que no solo han pasado por mis manos, sino que han aprovechado para saquear mi armario, os voy a resumir lo que les dije a ellas, consejos que casi siempre son los mismos.

No, ir vestida para la guerra no es una opción. Los vaqueros tampoco lo son. Pero no empieces a hiperventilar que hay vida más allá de los jeans.

Lo primero que debes tener en cuenta es que el rojo NO es obligatorio. Puedes decidir llevarlo si te gusta, pero en ningún caso es un color indispensable. En Nochevieja, en cambio, ya que está ligado con la superstición de que da buena suerte, tiene más sentido ponérnoslo.

“Vale Mara, pero deja de liarte y vete al grano que tengo que vestirme”. Bueno, antes que nada hablemos de tu empresa, ¿tiene algún tipo de etiqueta? ¿Vas de traje o en vaqueros? Si tu empresa exige una vestimenta formal, lo suyo es que en la cena mantengas la etiqueta con un tono festivo. Si tu empresa no pone ningún tipo de requisito, puedes ir más a tu aire.

Tenéis para inspiraros los siguientes moodboards (que para que nos entendamos, viene a ser un colaje de toda la vida):

MANGO

Brillos, terciopelo, metalizados, purpurina y asimetrías en vestidos, patalones palazzo, monos, faldas y vestidos que mantienen la elegancia con un contrapunto de fiesta que podemos acompañar de un maquillaje más llamativo, para las que van también maquilladas a trabajar y quieren verse algo diferentes.

MANGO 

Es en los accesorios donde más nos podemos atrever a experimentar (y no solo con gaseosa). Pendientes gigantes, zapatos llamativos o bolsos donde solo nos entra el móvil y un paquete de pañuelos nos ayudan a completar el estilismo si todavía tenemos la sensación de que “cojea”. Vaya, ¡que es la noche ideal para que saques del armario esos zapatos que no te pones nunca!

El vestido-americana, apuesta segura para los días que no nos apetece complicarnos la vida

Lunes por la mañana y te suena el despertador mientras tratas de abrir un ojo pegado por las legañas. Entre la fiesta del viernes, la quedada con las amigas que iba a ser tranquila y terminó al día siguiente y la maratón de series que te pegaste el domingo noche, no es que te hayas levantado inspirada precisamente.

ZARA/DULCEIDASHOP

El pijama, por mucho que nos gustaría, no es una alternativa válida, y necesitas un estilismo rápido para salir por la puerta a toda prisa, que lo de llegar el primer día tarde no es lo que se conoce como un buen inicio de semana.

Es por eso que te propongo un outfit simple para esos días en los que lo último que necesitas es quebraderos de cabeza: la blazer a modo de vestido.

Esta prenda funciona tanto en un estilismo de diario, como puede ser ir a la universidad a tu clase de Edafología como para darlo todo en la noche del fin de semana (sin que además cojas mucho frío, ya que te permite envolverte en infinitas capas por dentro).

BERSHKA

Es cierto que NO cualquier americana sirve para crear el conjunto. Una blazer normal, por mucho que la tengamos cariño, no nos va a cubrir el culo. Es por eso que debemos coger americanas largas (mejor que sobre a que falte) y luego si queremos acortar su medida, agregarle un cinturón para salir del paso.

Pero si aún no estás convencida de cómo se pone, aquí tienes unos ejemplos que te servirán de inspiración para unirte a una de las tendencias de la temporada:

✨✨✨ #newyork

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Who's ready for a Friday night? Posted my outfit details here -> http://liketk.it/2tGzI #liketkit @liketoknow.it @topshop

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Siempre de tu mano, PRECIOSA ❤️ @albapaulfe #los40musicawards

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Diademas de brillantes para las princesas del pueblo

Puede que Domenico Dolce y Francesco Gabanna, los diseñadores italianos, no sean santo la devoción de aquellos que viven en el país de la pizza y de la pasta, pero a nivel mundial es imposible no ceder ante su estilo salido de la Italia profunda.

GTRES

GTRES

Si algo han tenido en común su colección para otoño invierno 2017/18 y para la primavera verano de 2018 son las tiaras doradas para princesas del streetstyle, como somos las amantes de la moda.

Sin embargo, como lo de ir con una corona que parece salida de un grabado de los Reyes Católicos no es lo más casual del mundo, tenemos de alternativa las diademas joya, que dan ese toque distinto sin que dejemos de sentirnos nosotras mismas.

ASOS

ZARA

La clave para tener una diadema joya y no morir (de jaqueca) en el intento es comprarla de nuestra talla. Esto parece una tontería, pero cuando llevas durante más de una hora una diadema que te va justa, puedes notar cómo los pensamientos te laten en las sienes, y créeme, no es nada cómodo.

Una diadema que no te apriete, que no sea pesada y cuyos extremos no se te claven serán los tres consejos imprescindibles para hacerte con una de ellas.

Pero, ¿y esto cómo se pone? Pues con todo, desde con un vaquero y un jersey liso hasta con una americana con taconazo. Y si no me creéis, podéis ver cómo yo ya me he atrevido con la tendencia:

MARA MARIÑO

La oniomanía del viernes negro

Vemos un cartel con una cifra seguida del símbolo “%” y perdemos la cabeza. Ya puede ser en directo que de manera online que se despierta en nuestro interior una especie de ansiedad: se acelera la respiración, las pupilas se dilatan

Nuestro cuerpo reacciona igual que ante una situación de peligro o de amenaza. Se nos mete en la cabeza que tenemos mucho que ver y comprar y muy poco tiempo para hacerlo.

Recibimos un bombardeo constante de correos electrónicos, anuncios por la tele, por la radio, por las redes sociales… Es como si el Black Friday fuera una avalancha gigante que nos quisiera engullir dentro de su onda consumista.

Personalmente, como amante de la moda (y de los chollos) que me considero, encuentro este día agobiante. El estrés de que no puedes perder un solo segundo para adquirir las prendas ya que pueden agotarse rápido, las tallas que desaparecen como por arte de magia, el tiempo para realizar la compra que se agotarse te hace empezar de nuevo con el carrito vacío

De hecho, con solo unas zapatillas en mi carro de una conocida tienda online, me preguntaba qué sentido tenía comprarlas así, aprisa y corriendo. Supuestamente la clave de este tipo de descuentos es que cuanto más gastes más amortizas el descuento, ya que el coste del envío (a no ser que sea gratuito) no suele estar incluido.

Pero claro, yo solo quería el par de zapatillas. Por mucho que me di una vuelta digital por las otras categorías, no encontré nada de mi interés, y soy totalmente contraria al comprar por comprar.

Eso significa que este día tengo que comprar a tontas y a locas, aprisa y corriendo, sin pies ni cabeza.

Y llamadme clásica, pero soy una persona que disfruta de ir de compras, de la experiencia. De hecho disfruto tanto que me llevo prendas sabiendo que van a ser devueltas más adelante solo por volver y darme una segunda vuelta de reconocimiento por la tienda.

Entiendo que en el caso de tener los regalos ya pensados o necesitar cosas muy concretas, el Black Friday funciona (y tanto), pero si, como en mi caso, no tienes una lista de productos en concreto, es absurdo dejarse llevar por la locura consumista que se apodera de nosotros.

Este año (y para 2018) me he propuesto comprar con pragmatismo, con frialdad y con cabeza, y aunque estoy segura de que algún que otro flechazo o amor a primera vista experimentaré entre los percheros de las tiendas, procuraré comprar con lógica.

Ni el horno está para bollos, ni el armario es infinito, ni el planeta para la cantidad de ropa que acabamos tirando al año.

Las lentejuelas no son solo para la noche

Es un acto reflejo, pensamos en lentejuelas y se nos vienen los años 70 a la cabeza con todos los brillos de la Saturday Night Fever. Ligamos el brilli-brilli a la noche, al Studio 51, a Nochevieja con nuestra abuela sacando la bandeja de los turrones con su camisa negra de lentejuelas gigantes.

Sin embargo, las lentejuelas quieren salir del armario y no para que las lleves solo de noche.

Algo que nos parecía imposible, está pasando, como cuando tu amiga, la que lleva años diciendo que está harta de su pelo, se corta flequillo.

Las lentejuelas vienen, sí, pero para que las combines con, literalmente, lo que te pille a mano, ya sea una sudadera, unas deportivas o una gorra.

Nada de estilismos formales, añádelas directamente a tu streetstyle. Mézclalas con una mochila cómoda, unas sneakers y lista.

Pero si ponerte cualquiera de estas prendas te produce más ansiedad que cuando antes de coger el avión te dicen que te van a facturar la maleta de mano, puedes optar por llevarlas en accesorios como bisutería, zapatos o bolsos.

Es una opción que encaja perfectamente con las que quieren ir al día pero sin convertirse en bola de discoteca cada vez que les toque esperar para cruzar en un paso de cebra.