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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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El día que a Dior se le tendría que haber caído la cara de vergüenza

Artistas del mundo de la música, literatura o artes pictóricas han tomado nota y traducido lo que les rodeaba en arte. De la misma manera los diseñadores de las grandes casas siempre han bebido de referencias externas como fuentes de ideas.

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DIOR/BIHOR COUTURE

Un ejemplo claro es John Galliano y su inspiración por el teatro o, más a mano por cercanía, Palomo Spain y sus mangas abullonadas que bien podría haber usado Shakespeare.

Pero hay una gran diferencia entre “inspirarse en” y “copiarse de”. Algo que ya nos aclararon en el colegio cuando teníamos que entregar aquellos trabajos comentando el libro de turno y Wikipedia resultaba la más fuerte de las tentaciones.

Por lo visto, en Dior, no era algo que les preocupara especialmente. Lo que la casa francesa ha hecho ha sido un “copiar y pegar” en toda regla, de esos que llegaban a descubrirnos por lo descarados que resultaban (¿por qué no admitirlo?) en el colegio o la Universidad.

La diferencia es que, en nuestro caso, estaba penado. El trabajo o el examen era automáticamente invalidado, ya que se habían usado los conocimientos de otra persona. Esto servía para varias cosas: no solo se respetaba el trabajo original sino que se enseñaba al culpable a desarrollar herramientas para ser capaz de realizar este tipo de tareas lo que hacía que aprendieras.

En el caso de presentación de la nueva línea de otoño de la maison, se ha encontrado no ya un parecido, sino prácticamente, clones desvergonzados de prendas de Bihor, una comunidad que se enorgullece de las prendas que realizan artesanos de la tradición rumana. La única diferencia que ha añadido la firma ha sido la de multiplicar sus precios hasta llegar a las cinco cifras, la verdadera aportación de Dior y muy en su línea: los desorbitados precios.

Me gustaría que pasara algo parecido a lo que viví durante mis años en el colegio, que quedara al descubierto la incapacidad creativa de una marca respecto a una colección concreta, que el proyecto presentado fuera invalidado y le tocara repetirlo, como nos exigían hacer a nosotros.

No ya solo para respetar la cultura de la que se han apropiado sin permiso y de manera insolente al no reconocer la autoría, sino para que las marcas sigan esforzándose y dando trabajo a creativos diseñadores que están ahí fuera esperando su oportunidad de aportar algo a la industria de la vestimenta. Personas que, después de carreras, cursos y másteres en escuelas privadas, lo más cerca que les llevan de una gran firma es a coser botones antes de un desfile (y gratis, claro).

Las otras soluciones, alternativas sin duda, que buscan la compensación económica o la citación a la fuente de inspiración, me saben a poco. Pero, por lo pronto, “Al César lo que es del César” dice el refrán. En este caso “A Rumanía lo que es de Rumanía”, o en otras palabras, el reconocimiento, el beneficio y la disculpa por parte de los ‘plagiaDIORes’.

La braga de abuela es el nuevo ‘sexy’

Para los amantes de la moda, Vogue es la palabra sagrada y Anna Wintour nuestra deidad. Perdonad que me ponga un poco blasfema, pero es en el buen sentido.

Me tomo la palabra de la revista de moda como mi mejor amiga arquitecta las palabras de Stephen Hawking cada vez que sacaba un libro. Cada loca con su tema, vaya.

Pero volviendo a Vogue y a sus tablas de la ley hechas artículos, descubrí que, para la revista, la nueva lencería ‘sexy’ del verano no sería esa que tiene encajes, ni abalorios, ni bordados, ni transparencias, ni el tanga, ni el culotte, sino las “bragas de abuela”.

Las “bragas de abuela” reciben ese nombre porque, como todos sabemos (en algún momento de nuestra vida, y aunque no nos guste reconocerlo, hemos visto a nuestra abuela en ropa interior), es la ropa interior que llevan nuestras amadas yayas.

Aquella ropa de algodón generalmente blanca y con pinta de cómoda, es, seguramente, de las últimas cosas que se nos pasan por la cabeza cuando sale la palabra “sexy” en la conversación. Entonces, ¿a qué se debe? ¿Por qué esta incongruencia que me quita más horas de sueño que los programas de Masterchef?

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Por las películas de los 2000, parte de las culpables de que lleváramos pantalones acampanados de colores impensables o gargantillas. ¿Te suenan de algo las tendencias mencionadas? Es porque seguramente estés llevando, o tengas en el armario, alguna ahora mismo.

Como ejemplo de esto, piensa en Algo pasa con Mary, en la escena de Cameron Díaz quitándose la ropa revelando un conjunto de bragazas blancas y camiseta de algodón de tirantes.

Yo entiendo lo de recuperar la moda de finales de 1990 o principios de los 2000, ya que es un sector que necesita de nuevas fuentes de inspiración sin embargo, ¿estamos renovando también el erotismo?

No sé si son “sexis” o no (mi concepto de “sexy” es un hombre mordiendo una manzana, llamadme loca) pero como cómodas son un rato, por supuesto que pulgar arriba si la ropa interior de algodón se convierte en tendencia.

Los pantalones bermudas no son solo para las madres

El otro día, aprovechando la excusa del calor madrileño (ese que se caracteriza por el dolor de pies de lo que quema el asfalto del suelo cuando vas con sandalias), me compré unas bermudas.

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ANTEA, POLO RALPH LAUREN Y SÍNTESIS

Y no solo me compré unas bermudas, sino que me sentí agradecida por poder comprarme, por primera vez, un pantalón de mi talla que no me dejara la mitad de la nalga fuera.

Con esto no quiero decir que lo critique, como todo en esta vida es cuestión de gustos y entiendo que los shorts tengan su público, pero yo, que soy de nalga tímida y solo la enseño a quien yo quiero, vivía mosqueada con ese corte tan corto.

Me enfadaba más que los que en Instagram piden likes diciendo “dadle amor a mi foto” (¡Es una foto, no se le puede dar amor! ¿O qué quieres, que la imprima y me ponga a llenarla de besos y caricias?).

Sí, supongo que ya estoy en esa edad en la que me apetece ir con prendas holgadas. Lo sospechaba cuando vi que mis amigos empezaban a casarse y lo he confirmado cuando he comprado los pantalones bermudas que llegan casi a la rodilla: ya soy una mujer adulta.

Nada más llegar a casa, y como buena Aries que soy, lo combiné con una camisa remangada en la cintura y miré el resultado final. Me encantaba.

Fui a enseñárselo a mi madre toda loca de contento (como vamos siempre que le enseñamos algo a nuestras pacientes progenitoras) y, nada más verlo, me dijo que le recordaban a unas que había tenido ella hace unos años. Nos reímos porque era verdad.

Sus bermudas, casi del mismo verde que las mías, eran de la década de los 90 y se las había puesto muchísimo. Lo raro es que no hubiera caído en el momento de verlas en la tienda, que ya las conocía de alguna otra parte.

Una prueba más de que todo vuelve, así que es el momento de que llaméis a la puerta del armario de vuestra madre y tengáis la suerte de que las haya conservado estos años.

YERA, SÍNTESIS Y ZENDRA

La moda del verano a punto (literalmente)

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De los creadores de: “Las medias de rejilla son ideales para el invierno” llega: “Este verano, pantalones largos de punto”.

LEFTIES

Os cuento, que empiezo por el final y termino escribiendo como los guionistas de Memento.

Estaba yo tranquilamente pasando la mano de manera distraída por encima de las prendas de la colección veraniega de una tienda cuando mi mano se topó con un tejido grueso.

“¿Un momento que está pasando?” Me pregunté aterrorizada esperando encontrar un jersey perdido que, por algún casual, se había quedado colgado sin saber que su destino era no volver a las perchas hasta las rebajas.

Al otro lado de mi brazo se encontraba el culpable: un pantalón largo de punto que solo de imaginármelo puesto, teniendo en cuenta los 28 grados que me esperaban en la calle, hacía que me entraran picores por el cuerpo.

Pero no era el único, había otro, y otro, y otro más allá. Más lejos había vestidos y hasta encontré monos. Todos de colores claros, todos largos y todos DE PUNTO.

Y es que no sé en qué tipo de reunión de lluvia de ideas para la nueva colección primavera/verano 2018 alguien se levantó y, golpeando con el puño la mesa al estilo de Álvaro Ojeda, decidió que el punto era perfecto para la estación más calurosa del año.

¿Alguien puede decirle estos equipos creativos que lo lógico es que en verano llevemos tejidos ligeros, o, al menos, en la mayor parte de España? Lo agradeceríamos.

 

Modelo asada de calor en la última campaña de LEFTIES

 

Adiós cesta, hola bolso de madera

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La moda baño 2018 ha hablado alto y claro y el mensaje es contundente: No, esta temporada tampoco tienes el accesorio de moda (¿qué sentido tendría que lo tuvieras? La gracia es, precisamente sacar algo nuevo que se convierta en objeto de deseo).

LEPETITSARDINE

El bolso de madera ha desbancado a la cesta de plástico que habías estado compartiendo el verano pasado con tu abuela. Y ya que la menciono, corre a darle un beso que tiene más paciencia que una santa con la cantidad de cosas que le coges del armario.

Al ser de dimensiones más bien tirando a reducidas y de un material rígido, es un accesorio que viene que ni pintado para esos días de vacaciones en los que no necesitas llevar mucha cosa encima (que no puedes liarte a echar cosas como si del bolso de Mary Poppins se tratara, vaya).

Solo tienes que preocuparte de llevar contigo la crema solar, las llaves de casa, un euro para comprarte un té helado y las gafas de sol (vale, sí, puedes meter también el móvil, pero despídete de llevar el portátil a todas partes para aprovechar cualquier rato de descanso para trabajar, este bolso es para desconectar).

Pero ojo, que como decía Alejandro Sanz “no solo de pan vive el hombre” y no solo en la playa vas a poder lucir el bolso.

Si no terminaba de convencerte la idea de llevártelo para pisar asfalto, toma nota de lo bien que acompaña a las camisas o tacones en estilismos más urbanos.

Puede que el límite de capacidad lo pongan sus pocos centímetros cuadrados, pero el límite en los estilismos lo pones tú donde quieras.

v. Parisian vibes 🐚🐚 #parisianlifestyle

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La tendencia que llevó tu madre en los 80 (y vas a querer copiarle)

Hay muchas cosas para las que la vida no te prepara: cuando te subes a una montaña rusa y no tienes ni la menor idea de cómo va a reaccionar tu cuerpo a la caída, cuando te cortas el flequillo por primera vez o el estrés que sientes cuando te presentas a Selectividad.

YOUTUBE

Pero la vida tampoco nos había preparado para el retorno de los trajes de baño de tiro alto, esos que nuestras madres lucían cuando eran jóvenes antes de pasarse a anchuras más cómodas.

Yo tenía alguna experiencia con el asunto, ya que tengo un bañador de los 80 de mi madre que uso como body y tiene el corte de la ingle casi por la axila. Lo que no esperaba es que se terminaría convirtiendo en tendencia en ese caldo de cultivo que es Instagram.

Sin embargo, ha sucedido, estamos viviendo la peor pesadilla de las que amamos los tiros bajos y el sueño de las marcas de depilación que ya se están frotando las manos pensando en lo mucho que se tienen que depilar las ingles (a no ser que quieras llevarlo con toda la selva saliéndose por los lados, que es una decisión totalmente respetable y de cada una).

Wearing my fav sold out Fes suit || More 👙in my bio

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A favor tengo que decir que ese tipo de corte alarga las piernas y nos hace un efecto cigüeña maravilloso.

El gran motivo en contra a llevarlo es la higiene íntima. Lo sé, no quieres oír hablar del tema porque es mencionarlo y te entran picores (como cuando alguien suelta la palabra “piojos”), pero alguien tenía que decirlo.

Al haber tan poquita tela entre nuestra maravillosa zona personal, corremos el riesgo de coger cuanta bacteria haya allá donde nos sentemos si se nos mueve un poco la tela.

Así que si lo llevas, hazlo tranquilamente, pero ten precaución con los sitios en los que vayas a plantar las posaderas.

Que seguir las tendencias está muy bien, pero ahorrarte una infección está mejor.

💫

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Roland Garros y Serena Williams: “Mi reino por unas mallas”

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“Se está perdiendo la elegancia del tenis” decía alguien en Twitter. “Hemos pasado a lo vulgar”. “No es femenino” o “No se sabe si va a jugar al tenis o a bucear”.

GTRES

Lo vulgar o antifemenino, según estas personas, fue un traje de cuerpo entero, decorado con una cinta roja a la cintura, con el que Serena Williams se clasificó para la tercera ronda de Roland Garros.

En las redes sociales, los videntes estaban anonadados de que ella pudiera competir con esa ropa. Porque claro, por todos es sabido que un mini vestido o una falda-pantalón microscópica tipo braguita son mucho más manejables que ropa deportiva específicamente pensada para moverte (y para mejorar la circulación en su caso).

Pero nada, debe ser que, por lo visto, el traje era de hormigón armado y yo no me di cuenta.

Lo mejor es que ante tanta sorpresa estilística, la deportista remontó un set a su competidora australiana. Ganó en la cancha y ganó en las redes proclamándose vencedora entre aquellos que consideraban que a dónde iba así vestida.

Lo que realmente, a mi entender, escuece, es que el tenis ya no sea sobre faldas (una traducción con un corte bastante cosificador que creo que no hace falta que os explique), algo que ya criticó Garbiñe Muguruza en una entrevista a El Mundo: “Es lo que más tira todavía, esa parte más morbosa. Las piernas, las faldas… Eso vende más que el deporte.”

Y si bien yo puedo permitirme hablar al respecto con toda tranquilidad, a fin de cuentas este es un espacio pensado para opinar sobre moda y belleza, que los medios dieran más importancia a su atuendo que a la victoria del torneo, demuestra el tipo de importancia mediática que se le da a muchas deportistas.

El traje de Serena Williams representa muchas cosas: representa el poder de Wakanda, el país en el que se sitúa la trama de Black Panther, representa que las mujeres podemos ser superheroínas y representa, también, el reto que ha sido para ella volver a la cancha después de haber dado a luz hace nueve meses con las complicaciones que le ha supuesto, como la aparición de coágulos.

“A todas las madres que han tenido un duro embarazo y que han tenido que regresar y estar al 100 % en medio de la tormenta y tienen la confianza de volver a ser ellas mismas. Eso es lo que representa mi vestido” declaraba la tenista.

Representa que podemos ser madres, guerreras y vencedoras y claro, por mucho que Wonderwoman venda lo contrario, las heroínas reales prefieren pantalones y zapatillas para combatir que falda y tacones.

Balenciaga no es moda, es de risa

Hay diseñadores a los que se les va un poco la pinza, pero ¿a quién no se le iría si tienes creatividad a raudales, y un medio como es la costura para dejarla salir, expresándola a través de diseños?

No es eso lo que estoy discutiendo.

Hablo de “barbaridades” de tela como las que podemos ver de Viktor and Rolf, esas camisas con el cuello en la manga y la manga en el cuello, esa americana con cientos de solapas que hacían parecer la cabeza de quien portaba el diseño salida de las páginas de un libro abierto, esas faldas de tul cortadas tan a la perfección que podías apreciar los agujeros como si de un queso gouda se tratara. O incluso aquellos vestidos asimétricos, que, una vez extendidos, formaban obras de arte (con su marco y todo).

Bárbara es también la mano de Rei Kawakubo y sus locuras hechas vestido, con esas anchuras en las que pierdes totalmente la forma de la persona que se encuentra debajo, esas mangas abullonadas que parecen infladas con helio, o el vestido que Rihanna llevó a la Met Gala de 2017 compuesto enteramente de círculos de tela.

Asimetrías, deconstrucciones, lo inacabado o crear un concepto nuevo en una prenda con la que todos estamos familiarizados son técnicas que convierten a estos diseñadores en exponentes de la moda avant garde, esa que de moderna y experimental va por delante de cualquier influencer.

Pero Balenciaga, ay Balenciaga… La osadía de Balenciaga es como la de aquel restaurante alemán con dos estrellas Michelín en el que sirvieron un postre en una chancla y se quedaron más anchos que largos.

BALENCIAGA

Coser con dos puntadas una camisa a una camiseta de manga corta y casi venderla por mil euros es algo que al director creativo de la marca le ha salido por la culata. El tiro de Demna Gvasalia ha sido tan ambicioso que al final, y sin quererlo, se lo ha pegado a quemarropa con este diseño.

Querer innovar está bien, y es algo que en una industria de más de cien años se agradece. Vacilar no, en cambio.

El traje es la tendencia que querrás llevar todos los días (aunque no trabajes en una oficina)

Mi ultima adicción estilística tiene nombre y apellidos: americana y pantalón de traje.

GTRES

Para mí es un elemento imprescindible del armario que, a excepción del verano, lo puedes llevar todo el año, todos los años y por el resto de tu vida. Pero si aún no estás convencida de semejante compromiso porque tu no das el “Sí, quiero” ni a los dos años que te dura el móvil te traigo…

“Los cinco motivos por los que deberías seguir el consejo estilístico por excelencia de Barney Stinson e ir con traje aunque no trabajes en un bufete de abogados y en realidad solo salgas de casa para la clase de Biología celular e histología”.

  1. Porque el pantalón, en la lista de prendas cómodas, va liderando. Te gusta más que los bloques de canciones sin cortes de Spotify. Y encima esta temporada se llevan los trajes de pernera ancha que nos permiten ir a pierna suelta. ¿Podemos pedir algo más?

    Lady in red❤️ Wearing @zara #ootd #milan

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  2. Porque lo puedes combinar con zapatillas. La etiqueta de vestir un traje con corbata y maletín estaba bien en 1990, ahora todo tipo de calzado deportivo hace juego con el traje. Sí, hasta las deportivas más grandes y esperpénticas que tengas por casa.

  3. Porque es un conjunto perfecto para el entretiempo primaveral en el que estamos inmersas. ¿Que hace corriente porque han abierto la ventana? Chaqueta arriba. ¿Que vas a toda prisa porque llegas tarde y empiezas a sudar en cuanto te sientas a tomar algo con tu amiga? Chaqueta abajo. ¿Que estás exponiendo el trabajo de Biología de la clase de antes y necesitas movilidad? Mangas remangadas.

  4. Porque lo puedes llevar en clave formal con un body de encaje, una camisa de transparencias, unos tacones, un collar resultón o unos pendientes maxi. Pero también lo puedes llevar al lado informal de la Fuerza haciendo uso de camisetas de algodón basicas o sudaderas por debajo.

    Olivia Palermo ve Johannes Huebl.👌❤ #cosmopolitanturkiye #oliviapalermo

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  5. Porque, como decia uno de mis profesores de la universidad: “Vístete como quieras que te traten”. ¿Y qué mejor que un traje para estar a la altura de cualquier circunstancia?

Lorenzo Caprile: “Desde la globalización todos vestimos igual de mal”

A diferencia de Stefano Gabbana, a Lorenzo Caprile no le verás subiendo historias a Instagram con unas orejas de Mickey Mouse en Disneyland Paris o haciendo ejercicio en calzoncillos. De hecho no le verás subiendo ninguna historia en absoluto, ya que el modista es contrario a los teléfonos móviles 3G.

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De hecho, para entrevistarle telefónicamente desde Milán, tengo que cambiarme de tarifa para poder hacerle una llamada internacional a su taller del Barrio de Salamanca (pero vamos, que yo por hablar con él, me cambio de tarifa, de compañía, de grupo sanguíneo y de lo que haga falta).

Taller que, me confirma, va “a mil por hora”. “Sobrevivimos gracias a las modas. Hace 30 años este tipo de talleres cubrían más tipos de vestidos y necesidades sociales. Era más variado. Si no fuera por la moda, la modistería de mujer no existiría“.

Y es que la globalización tenía que tener sus cosas malas. “Todos vestimos igual de mal” me dice el modista.

El consumismo en masa de la moda desechable no se queda solo en el fast fashion. Para Caprile “ocurre con todo. Es la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Si quieres hacer turismo alquilas un Airbnb, compras vuelos baratos… Con la comida y películas pasa lo mismo. Hasta con las relaciones“.

Ya no queremos ropa que dure toda la vida como la que podían comprar todas las abuelas, porque a fin de cuentas, “¿qué hay hoy que dure?” se pregunta. “Ni el sexo es para toda la vida. Lo único que tenemos seguro es que vamos a morir, ni trabajo, ni casa, ni nada…”

Achaca a Inditex el revolucionario cambio de la industria: “Es quien ha cambiado las reglas del juego para siempre en la manera de presentar la ropa, en su contacto con el público… Y ese cambio no tiene el nombre del Valentino de turno sino de Amancio Ortega“.

Pese a ello, en el taller “sobrevivimos con mucho esfuerzo, muchísimo trabajo y amor por el oficio” me dice quien ha vestido a la reina Letizia y es figurinista de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España. Unos logros que casi pueden parecer complicados de superar, sin embargo, el sueño del modista es “que la señora que entre por la puerta se lleve un vestido y esté satisfecha”.

Por lo general “a la clienta que viene a mi taller le puede mucho la historia, la biografía del taller, busca un estilo de traje muy concreto. Se me conoce por el gran traje de novia tradicional con traje, cola y velo a juego. Desde que entra la clienta hasta que se lo entregamos, el proceso lleva alrededor de unas 300-400 horas de trabajo. Es un traje complejo que, en este momento, muy pocos podemos hacer en España, por lo que la oferta es pequeña” afirma el modista.

Que no “diseñador”. Pese a que le había escuchado decir que no estaba a favor del uso de ambos términos como sinónimos, no pude evitar que se me escapara en una de las preguntas, a lo que me pidió que buscara en el diccionario la definición. “Diseñador es un anglicismo, todos somos modistas” me aclaró.

Y es que descubro que es un firme defensor de los términos castellanos: “Yo cuando puedo intento combatir los anglicismos, porque me parece bastante cateto. Por decir lo mismo en inglés ¿te da más caché? En algunos casos puede ser, porque en castellano no hay palabra que lo defina de manera tan precisa. Pero a mí me parece más bonito decir las bambalinas de cualquier espectáculo que backstage”.

Pero no os confundáis pensando que Caprile es todo un clásico. Me cuenta que le habría gustado ser, de haber podido, aprendiz de Coco Chanel: “Fue la gran revolucionaria de la moda del siglo XX. Todo lo que vino después de ella, Saint Laurent, Armani, Galliano, Moschino, no se entenderían si no hubiera habido una Chanel que liberó a la mujer del corsé y las faldas largas y que introdujo el punto o el pantalón. Buscaba algo que era muy difícil: favorecer a la mujer desde el sentido práctico. Aún bebemos de sus ideas, son los cimientos”.

“Si la mujer viste hoy como viste, es gracias a ella”, remata.

Y como no podía ser de otra manera me toca preguntarle, para acabar, por Maestros de la Costura: “Ha sido una experiencia maravillosa: conocer a los aprendices, trabajar, aprender de ellos y de mis compañeros Raquel, María y Palomo. Ha supuesto salir de mi zona de confort, intentar hacerlo lo mejor posible y vampirizar la energía de los aprendices. Tienen una ilusión y unas ganas de comerse el mundo que es muy envidiable”.

“Ha sido algo positivo en todos los sentidos y creo que esto hacía falta (en televisión), nos ha enseñado esa cara oculta detrás de todo lo bonito de la moda. Hay mucho trabajo y mucho esfuerzo. A veces las cosas tienen el precio que tienen por el trabajo que llevan detrás. La ropa no crece en los árboles”.