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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Todo sobre mis cejas

El paso de niña a mujer no lo di cuando empecé a usar top y de ahí pegué el salto a los sujetadores. Ni siquiera lo di cuando me bajó la regla.

El paso de niña a mujer lo di cuando comprendí el poder de las cejas, que hasta ese momento había subestimado.

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Retrocedamos en el tiempo: año 2010. La raya negra del ojo por dentro de la línea de agua era lo más, el culmen de la belleza, el novamás del maquillaje, la tendencia por excelencia de todos los colegios de Madrid. No había nada más favorecedor desde el ahumado de los años 80.

Era la época de depilarnos las cejas al milímetro dejándonos siete pelos seguidos. De hecho, es de las pocas cosas de las que me arrepiento en esta vida, de esa depilación extrema que me hacía con bandas de cera (yo era muy kamikaze por aquel entonces)

Pero llegó Cara Delevigne y de repente las cejas estaban por todas partes, y no solo eso, sino que nos quedaban genial. De hecho ahora mismo las mujeres de nuestra generación estamos obsesionadas con los aguacates, la igualdad salarial, los 130 millones de mujeres que han sufrido mutilación femenina y con pintarnos las cejas correctamente.

A la hora de maquillarlas, podemos usar o lápices o directamente sombra de ojos. Aunque ambas opciones son más que válidas, en mi caso al usar el lápiz empecé a notar que la ceja se me pelaba. No sé si era por pintarme con el lápiz en sí, que quedaba el color muy fijado y tenía que desmaquillarme con intensidad, o porque era del Primark y me costó dos euros.

La cosa es que he vuelto a maquillarlas con sombra de ojos gracias a los tutoriales de Youtube que me han enseñado a sacar la Kat Von D que llevo dentro.

Y ya de paso a resaltar la mirada y el resto de facciones.

 

Dove descubre (por fin) que a las mujeres les sale pelo en las axilas

Y solo han necesitado 62 años para darse cuenta, pero finalmente, en su última campaña, podemos apreciar la primera axila del mundo de la publicidad con (un poco de) pelo:

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El problema de Dove hasta ahora, y de tantas otras marcas, es que no sabían cómo acercarse a la mujer actual, cómo hablarla, cómo llegar a ella.

Campañas como “Belleza real” pretendían aproximarse a nosotras, pero en mi opinión es como si pretendes acercarte a un león con carne pasada de fecha. Puede que se la coma y no pase nada, pero si tiene bien el olfato lo más seguro es que le huela a podrido y te acabe mordiendo la mano (nosotras somos el león, por si no había quedado claro).

Dove pretendía alejarse de la belleza estereotipada de las modelos que se dedicaban a anunciar productos de higiene femenina a través de castings urbanos de los que luego sacaban mujeres reales para sus anuncios, sí, pero dando lugar a campañas poco creíbles igualmente:

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Ahora la marca ha dado un paso más. “De perdidos al río” debieron de pensar, “Del río al mar y pelillos a la mar”. Y así ha pasado, que en su último anuncio nos encontramos con unos vellos cortos, apenas perceptibles, pero que hacen un orgulloso acto de presencia.

Pues señores de Dove, este anuncio sí me lo creo, porque mi axila está así el 80% del tiempo, con algún que otro pelillo (tampoco es que me salgan muchos), con los que hago mi vida normal.

Subo el brazo para agarrarme al asidero en el metro, me estiro si por un casual me meto en clase de yoga y me puedo desnudar tranquilamente delante de mi pareja sin ningún tipo de pudor por no llevar la axila perfectamente afeitada.

Eso es una axila, más que real, porque una depilada también es real, convencional: la axila media de la mujer española, me atrevería a decir. Y, para mí, aunque más que axilas suaves deberían decir limpias, .

Ellos también hacen ‘operación bikini’

Hace tan solo un par de días que hemos dado la entrada al verano y mi gimnasio ha pasado de ser un páramo frecuentado por los mismos veinte de siempre, cada uno con su espacio asignado, con sus materiales habituales y sus rutinas, a una especie de club social diurno en el que me toca hacer cola para coger una simple mancuerna.

Zac Efron, mi amor platónico desde 2006. INSTAGRAM

Que conste que aunque me quejo, lo entiendo. Mi gimnasio milanés es pequeñito y así cultivo la paciencia (que buena falta me hace). Pero lo que me llama la atención es la cantidad de chicos nuevos que se han apuntado al gimnasio. Sí, habéis leído bien. Chicos.

Entre tanto anuncio en la televisión de cremas milagrosas que supuestamente nos esculpen la figura en sueños, entre wraps y otros inventos que veo por Instagram para perder grasa de la cintura, entre dietas y medicamentos o barritas saciantes, nos daba la sensación de que era solo a nosotras a quiénes nos machacaban con el cuerpo, pero entre los últimos cinco y diez años ellos también están entrando a esta burbuja de estrés físico y emocional.

‘Operación bikini’ para todos, una más orientada hacia la pérdida de peso en el caso del que es el objetivo de las mujeres y la creación de masa muscular en el caso de hombres, el famoso “ponerse cachas”.

Conozco el caso de amigos que no hay nada que les duela más escuchar que otro diciéndole que le ve más delgado. También los hay en mi gimnasio que se machacan cada día a entrenar los músculos abdominales, dedicándole más tiempo a las repeticiones que tú a preparar los exámenes finales.

Es uno o dos meses de depuración máxima: adiós a los codazos hasta que lleguen a la playa, nada de pizza o hamburguesa con los amigos, si hay barbacoa solo pavo y cardio en ayunas para escapar del calor.

Y aunque cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, ¿no sería mejor mantener esos hábitos saludables de comida sana y ejercicio regular durante todo el año en vez de pegarte la paliza, a tontas y a locas, poco antes de las vacaciones? Pregunto.

¿Sabes que puedes estar poniéndote mal la crema?

El orden de los factores no altera el producto, o al menos eso nos repetían en el colegio hasta la saciedad. Pero no tenían en cuenta la gran excepción que confirma la regla: las cremas.

Mis cremas y potingues varios de uso diario. MARA MARIÑO

Siento llevarle la contraria a tu profesora de matemáticas de primaria pero cómo nos echemos las cremas va a condicionar cómo se lleve nuestra piel con ellas.

La regla que debemos seguir es la de la densidad (os juro que es un post de belleza y no de química) por lo que siempre debemos empezar echando los productos más ligeros hasta llegar a los más densos.

Vale pero ¿cómo aplicamos esto a la práctica? Por la mañana empieza lavándote la cara con jabón, aplica la crema hidratante, el contorno de ojos (el orden de estos dos te da igual ya que no se mezclan), la crema solar y por último el maquillaje.

De noche, en cambio, retiramos el maquillaje con desmaquillante, lavamos bien la cara con jabón, exfoliamos en el caso de que toque ese día de la semana, aplicamos con un algodón el tónico, sérum si es que usamos y por último la crema hidratante.

De esta manera nos aseguramos de que los cosméticos más densos no eviten la absorción de los de composición más ligera. Y ahora sincérate, ¿cuánto tiempo llevabas haciéndolo mal?

Por qué deberías usar el aceite de oliva como cosmético

(Después de cambiar el champú por vinagre me paso al otro aliño de la ensalada)

La vida fuera de casa es dura, pero es aún más dura cuando estas en una de las ciudades más caras de Europa (gracias Milán) y no quieres dejar a tus padres en la miseria. Es por eso que compro con mentalidad de trinchera: lo básico e imprescindible para vivir sana. Adiós esmaltes, cera depilatoria, cremas, mascarillas, tónicos, y otros caprichos cosméticos con los que vivía en Madrid.

GTRES

Vivir fuera de casa hace que desarrolles un sexto sentido: el del apaño. Encuentras soluciones a tus problemas cotidianos utilizando cosas alternativas con un poco de imaginación (y locura) que no te habías planteado antes.

La primera vez que se me ocurrió utilizar aceite de oliva fue cuando me puse máscara de pestañas y caí en que iba a necesitar algo más que agua y jabón (mi desmaquillante habitual) para sacarla. Fue entonces cuando vi lo que tenía en casa y pensé en el aceite. Me eché una gotita en el pulgar y lo froté contra el índice pasando las pestañas por medio. Funcionó de maravilla. Vale que hay que hacerlo con cuidado porque como vayas con prisa corres el riesgo de quedarte ciega (o al menos de que te escueza un poco el ojo como te entre aceite), pero me dejó las pestañas incluso más limpias que el desmaquillante que usaba en casa.

Otro uso alternativo fue el de complemento para la depilación. Con unas gotitas sobre la piel, la cuchilla se deslizaba mejor que cuando uso jabón, además de que al terminar las piernas quedan hidratadas, no como de la otra forma que puedes notar la piel un poco tirante al terminar.

Por último, no podía faltar el aceite y el pelo. Como os comentaba, la mascarilla ha sido otra de las cosas de las que me despedí al venir aquí. Una compañera de clase me recomendó hacer mascarilla de aguacate, pero, francamente, al precio que está aquí la fruta (y lo que me gusta esa en particular) me parecía un desperdicio. Pero oye, el aguacate son grasas buenas, como las del aceite de oliva virgen, así que ¿por qué no sustituir una por la otra? No digo que zambulláis la cabeza en aceite, pero unas dos o tres cucharadas por el cuello capilar, tras un masaje con las yemas de los dedos y 30 minutos de reposo, nos deja el pelo, tras lavarlo con agua y jabón, como cuando usamos la mascarilla una vez por semana.

En definitiva, que no solo he dejado de depender de varios productos que antes eran básicos (y por tanto mi cesta de la compra sale mejor) sino que además estoy minimizando la exposición a cosméticos químicos y utilizando remedios más naturales, algo de lo que soy 100% partidaria. De hecho, tengo ya claro que incluso cuando vuelva a hacer la compra “normal” el desmaquillante y la mascarilla no entrarán en mi cesta más.

Las cejas pluma, una tendencia para atrevidas

Instagram es el nuevo caldo de cultivo de las tendencias, ya sean de maquillaje, moda o peinados. Si existe está en Instagram.

La última moda demencial es la nueva manera de llevar peinadas las cejas: el efecto pluma.

Stella Sironen, una maquilladora finlandesa cuyas creaciones son imaginativas a más no poder (arcoiris, purpurina…), ha sido la pionera en lucir las fantasiosas cejas.

Estéticamente hemos pasado, en apenas 10 años, de llevar las cejas depiladas al máximo (como si lleváramos una fila de hormigas en la frente) a insistir en su grosor e incluso exagerarlo, por lo que el primer requisito para lucirlas es tenerlas tupidas.

Para conseguir este efecto basta con dividir la ceja a la mitad horizontalmente, peinar la parte superior hacia arriba, la inferior hacia abajo y mantenerlas con algún tipo de fijador (laca o jabón pueden hacer el apaño).

Llamativas y originales, las cejas pluma no parecen una elección a tener en cuenta para el día a día a no ser que queramos asemejarnos a una mariposa con sus antenas.

“Tengo dos meses para bajar entre 8 y 10 kilos si quiero ser Miss Venezuela”

¿Sabes cuando de pequeño estás viendo una película de miedo? Te asusta tanto que tienes la cara tapada con un cojín o con tus manos, pero aún así, algo te empuja a lanzar breves vistazos a la pantalla.

Pues algo parecido me pasa con los concursos de belleza. Me aterrorizan a más no poder por lo que simbolizan pero aún así no puedo evitar el morbo de mirar de vez en cuando si capto un retazo en la televisión.

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Con To be a miss no fue así. Cuando supe que habían hecho un documental sobre el certamen de belleza de Miss Venezuela la curiosidad pudo a la aversión. La importancia que tiene, como para que le hayan dedicado un documental, es que en los últimos 60 años, es el país que más premios internacionales de belleza ha ganado, el que cosecha mayor número de Miss Universo y cuyo concurso nacional se transmite en 20 países. En otras palabras, es un negocio.

El filme sigue a tres chicas: Bethania Dávila (17), Mirla Guillen (25) y Kiara Veras (23) en su camino hacia Miss Venezuela. A lo largo del documental las veo subir a un escenario tras otro, a desfilar en bikini donde dicen su altura y peso como si fueran ganado a punto de ser adquirido por una fábrica de hamburguesas, solo que, a diferencia del vacuno, esta manada no tiene casi carne.

“En la agencia me han dicho que tengo dos meses para bajar entre 8 y 10 kilos” dice la más joven de ellas. Cinco horas al día en el gimnasio y hambre constantemente. ¿Para qué? Para ganar un certamen que, para ellas, es un trampolín. “La vida de una persona cambia, da un giro de 360 grados” dice otra. Su casa, una vivienda formada por apenas cuatro paredes levantadas en el suelo, es diminuta. Comparten habitación tres hermanas y en ella guarda además de sus coronas y bandas, una Barbie sin desempaquetar que tiene colgada en su pared. Su primera muñeca, que le regalaron los de la agencia por su cumpleaños.

Kira, otra de las participantes, sale de un casting (casting por cierto que tiene lugar en una clínica de cirugía plástica) en el que le han dicho que se tiene que “operar la nariz, el busto y una liposucción para aplanar el abdomen. Mi nariz es una nariz chata y tiene que ser más perfilada y respingona”.Y es que las ganadoras de Miss Venezuela siguen el canon de belleza anglosajón, a saber mujeres rubias o morenas de piel blanca y rasgos perfilados. “No tienes el tipo de rostro que le gusta a Osmel, te tienes que operar” le espeta una directora de una agencia de modelos a una adolescente. Con “Osmel” se refiere a Osmel Sousa, el presidente de la organización de Miss Venezuela, el “Hacedor de reinas”.

Esas coronas que se les han dado a Osmel Sousa han descabezado a las mujeres.  Mi identidad no la define Miss Venezuela. Que vivamos eso como identidad es un discurso que nos han vendido. Siempre ha ganado la típica mujer blanca”. Esto, según Jessie Blanco, profesora universitaria, hace que se mantenga “al pueblo femenino en estado de consumo permanente con esto. Es la forma de tener a la mujer apartada, alejada de la transformación de la cultura del país”.

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Las chicas saben que tarde o temprano tendrán que someterse a operaciones, pero declaran que están dispuestas a hacer lo que sea necesario para llegar a Miss Venezuela. Las adolescentes venezolanas han pasado de pedir en su fiesta de 15 cumpleaños el coche a “las lolas” (implantes mamarios) y más de la mitad de las mujeres del país se han sometido a operaciones de cirugía plástica.

(Creía que sería lo bastante fuerte como para no apartar la vista en ningún momento, pero ver como un cirujano clava un bisturí en la aureola de un pezón y lo levanta fue demasiado para mis fuerzas.)

El problema del alto coste de las operaciones es que muchas mujeres recurran a cirujanos que no están especializados en la cirugía plástica, lo que ha provocado varias muertes en el país. “Ves a una Miss Venezuela por televisión y sabes que está operada pero quieres ser como ella” dice una de las aspirantes.

Y, ¿de dónde una chica que trabaja en un centro de llamadas u otra mantenida por su madre que vende helados saca el dinero para operarse? De patrocinadores, reuniones privadas que tienen lugar entre el director de la agencia y el dueño de algún negocio local:

-Lo mas importante en el caso de Mirla es que es soltera y sin perro que le ladre -dice el director de la agencia.

-Bueno si se porta bien… -contesta el dueño de una empresa de reprografía.

-Claro

-Déjame revisar -Aquí imagino que la chica se puso en pie ya que no permitieron grabar imágenes y en el documental solo se reproduce el audio)-. Quizás una cena o algo.

Al salir de la reunión el director de la agencia está exultante: “Te va a pagar todo y es el único sponsor que vas a tener”. La chica no sonríe, la que tiene en miras operarse tampoco. Es algo que me llama la atención. Hablan de sueños, de pasión pero no veo la felicidad propia de quien está haciendo algo que le gusta.

Miss Venezuela y Miss Universo empezaron a raíz de la Segunda Guerra Mundial. En el caso del certamen nacional, fue de la mano con el desarrollo del país, lo que hizo que la gente lo relacionara con el éxito económico y triunfo internacional. Sin embargo ahora se ha convertido en lo que es en otros países el fútbol, una mera distracción, el panem et circenses: “La gente no está pendiente de lo que está pasando, solo de lo superficial” afirma la profesora.

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Miss Venezuela es un producto en sí mismo. El hecho de que cirujanos sean jurados del casting hace que sostengan un modelo de negocio en el que ellos mismos están fabricando su cartera de clientas. A su vez, la creación de certámenes de belleza infantiles como Mini Venezuela, hace que desde edades muy tempranas las niñas se vean sometidas a tacones, maquillaje y al escrutinio público en el que con apenas 5 años ya se las juzga como “Rostro más lindo” o “Mejor cuerpo” cuando lo que deberían estar haciendo es jugar. Si una niña crece con esa presión por ser la más guapa es lógico que luego intente presentarse a Miss Venezuela y, seguidamente gastarse el dinero necesario en la inscripción del concurso (unos 50o euros) más las operaciones.

Y mientras tanto, que más de 500 venezolanas fueron asesinadas por violencia doméstica en 2011 o que es el país con mayor número de embarazos adolescentes de Sudamérica no parece tan preocupante cuando televisan Miss Venezuela.

Los caballeros las prefieren musculosas

Vivimos un cambio de era en los cánones estéticos de belleza. La mujer ideal de la época clásica era aquella de curvas generosas heredada de la Venus Prehistórica con unas caderas que hoy consideraríamos curvy. La delgadez vino con la posguerra, el siglo XX que empezó con las espigadas flappers y se ha mantenido hasta hoy pasando por el furor de las tetas (y su respectivo aumento de implantes de silicona) que llevan en auge las últimas tres décadas.

@JENSELTER Y @KAISAFIT

El éxito de las redes sociales con la exaltación de ciertas figuras (o influencers) han situado en el punto de mira y como nuevo sueño una vida basada en desayunar quinoa (o el cereal que esté de moda), llevar ropa de colores claros, hacer yoga y por supuesto, ejercicio. De ahí que los nuevos cuerpos a los que nos estamos acostumbrando ya no son rectos, tienen curvas, sí, pero no suaves, curvas de piedra esculpidas a base de peso y sudor. Os hablo de un prototipo de cuerpo como el de mujeres como Kaisa Keranen, Jen Selter, Idalis Velázquez o Patry Jordán y Vikika Costa si barremos para casa.

No hablo de que a todas les guste, por supuesto, pero sí es cierto que por primera vez se ha desarrollado una nueva fascinación hacia el músculo en el cuerpo femenino, algo que históricamente estaba relacionado con el masculino. Ahora muchas mujeres queremos estar rocosas, y no por gustar a alguien, queremos estarlo por nosotras.

Que la práctica regular de ejercicio produce un sinfín de beneficios lo doy por descontado, a lo que voy es a la creación de masa muscular, al ponerse cachas hablando claro. No es ya sentirse bien, ayudar a la piel, a la circulación, a tu bienestar, es, y aquí hablo en mi caso, sentirte fuerte porque físicamente eres fuerte, lo que hace que, por norma general, te sientas más segura.

¿Sabéis lo que es ir de viaje sola con una maleta enorme y poder subirla, bajarla, correr, parar, moverte… es decir, hacer absolutamente de todo sin tener que pedir ayuda? ¿Echar a correr porque ves llegar el metro o el bus y, por muy lejos que esté, alcanzarlo? Y ya ni os hablo del subidón de ponerte un vaquero y llenarlo, pero llenarlo bien, sin que te haga arrugas raras en el culo o en otras zonas donde antes no tenías figura (porque puedes ser fitness pero no quita que seas coqueta).

Es una pescadilla psicológica que se muerde la cola: cuando desarrollas músculo eres físicamente más fuerte, y cuando te lo ves, psicológicamente también te sientes más fuerte. Y creedme, todavía no se ha dado el caso de ninguna mujer que se haya convertido en un hombre entrenando de esta manera, que sé que es el miedo de muchas  (y aquí tenéis la prueba):

El cuerpo de una mujer con el estómago tan duro como una tabla de cortar jamón o con un bíceps el doble de grande que el tuyo, no es algo a lo que estemos acostumbrados, pero es una forma física más. Ya seamos altas, bajas, gordas, delgadas o musculosas todas tenemos derecho de estar aquí y debemos ser aceptadas y respetadas.

Bañadores para sentirte preciosa sin importar tu talla

Aunque la bajada de las temperaturas nos ha pillado un poco desprevenidos cuando ya estábamos guardando el abrigo, el verano llegará (si bien más tarde que temprano).

Me sorprende que este año están pegando fuerte las campañas de baño body positive, es decir, aquellas que hacen hincapié en el amor propio y autoaceptación.

TARGET

Target, una cadena de grandes almacenes, lo ha hecho con una campaña libre de Photoshop en la que se pueden ver curvas, celulitis y cicatrices en unas modelos sonrientes que casi parecen transmitirte ese buen rollo de la playa, el calor y las ganas de comerte un buen helado.

Aerie, por su parte, que es una de las marcas abriendo camino a todo tipo de belleza más allá de la talla, ha sacado un bañador con la longitud del torso personalizable de la talla XL a la XXL. La campaña está protagonizada por la modelo Iskra Lawrence, la que me animó a amar mis estrías.

Las campañas protagonizadas por modelos felices, que nos transmiten sensación de seguridad, de gustarse, que posan divirtiéndose en vez de lánguidas dentro de una braguita de bikini de la talla 32, son las que lograrán que las próximas generaciones, cambien la moda.

Ellos, los mismos que crecerán rodeados de esta publicidad, no solo no se sentirán presionados si no visten una talla 36, sino que verán normal la diversidad de formas y tamaños y la exigirán a la industria.

 

¿Comprarías maquillaje de una marca cuya imagen es un hombre?

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La barrera que existe entre géneros se va difuminando conforme avanzamos y encontramos nuevas formas de definir nuestra identidad que van más allá de los clásicos conceptos de “masculino” y “femenino”. No hablo de los infructuosos intentos de líneas de ropa agender, sino de accesorios sin etiquetas y, por qué no, maquillaje para todo el mundo.

Viendo el éxito que tienen las cuentas de maquillaje de algunos hombres en las redes sociales, la firma americana de maquillaje Maybelline ha dado un atrevido paso, contratar por primera vez a un hombre como imagen de un nuevo producto.

El elegido fue Manny Gutiérrez y el cosmético en cuestión una máscara de pestañas, The Colossal Big Shot.

@mannymua733 lookin' like a babe in new #intimattenudes lipstick in 'beige babe'. #mnyitlook #mnytravels

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Independientemente de las ventas que vaya a tener el producto me gustaría analizar la maniobra. Otra cosa no, pero chocante es un rato. De hecho, ¿qué mejor manera de comprobar la eficiencia de un cosmético que ponérsela a un hombre que no suelen llevar nada para comprobar la diferencia entre llevar o no la máscara?

Maybelline busca ventas sí, pero también sorprender, provocar, dar de qué hablar y, ya puestos, porque la mentalidad empresarial es lo primero, abrirse un pequeño hueco en un nuevo nicho como puede ser el de los hombres usando cosméticos. Algo que nos lleva a plantearnos las siguientes cuestiones: ¿deben maquillarse los hombres? No, al menos no como obligación, exactamente igual que las mujeres. ¿Pueden hacerlo y ser aceptados por ello? .