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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Probando el fango para el cuerpo: un remedio contra la celulitis

Hoy, en este episodio de “Productos que he comprado una vez y que no volveré a comprar como me llamo Mara” os traigo mi aventura con el fango corporal.

WIKIMEDIA

Nuestra historia empezó en el supermercado cuando lo vi rebajado en uno de los estantes del Lidl (más o menos el motivo por el que suelo animarme a probar algo de belleza) y por 1 euro con 50 céntimos me dije “Para dentro”.

El packaging apuntaba maneras. Aquel sobre prometía luchar contra las imperfecciones de la celulitis literalmente: “Tratamiento que combina la acción drenante y desintoxicante de la arcilla con la acción estimulante de los exclusivos extractos de algas”.

Yo he de decir que desde que he dejado de comer alimentos procesados (además del ejercicio) me ha desaparecido mucha celulitis, pero sí que tengo una poca (herencia genética de mi madre) en la que por curiosidad más que por estética (vivo tranquilamente en paz y armonía con ella), me decidí a probar el producto.

Para empezar, si eres del club de las que tenemos los muslos de buen año, el sobrecito te va a dar para la mitad, lo que hizo que colocara el fango en los lugares más estratégicos (el lateral de la pierna). Así que si tienes mucha piel de naranja, o haces como yo o te olvidas de comprar solo uno.

Yo conocía olores desagradables como un contenedor de compresas lleno, el baño masculino de una discoteca, el cuarto de la basura después de Nochevieja… Pero ninguno como el de la arcilla corporal.

Era una mezcla entre animal marino muerto, alga secada al sol durante horas, plástico descomponiéndose y fábrica de papel de Pontevedra. Yo no sé dónde quedaban el resto de olores que debería tener según los ingredientes como lavanda, menta o extracto de hoja de centella asiática, pero en mi arcilla no venían.

De hecho no solo me dieron arcadas mientras me lo echaba sino que tuve que salirme a la terraza con el invento puesto porque me subían los olores de mi celulitis cociéndose bajo la masa y eso no había quién lo aguantara.

Pues parece que la celulitis sigue ahí. @MEETINGMARA

Durante los primeros diez minutos la sensación es de frescor, algo que te choca de primeras. Pero a partir de ahi empiezas a notar un calorcillo en la pantorrila que da gusto.

Y digo que da gusto porque después de leer cómo funcionaba el barro y que daba sensación de calor, estaba yo acongojada pensando que aquello iba a quemarme como cuando metes un dedo en salsa de tomate que tienes al fuego, pero la verdad es que era un calorcito agradable, como cuando estás tomando el sol en la playa y te da el solete en las piernas.

Al rato verás que el barro empieza a secarse y por tanto a cambiar de color. Es el peor momento para moverte a no ser que te guste andar como un potro recién nacido. A la media hora de habérmelo echado fui a aclarármelo con agua templada y casi tuve que emplear otros 30 minutos en sacarlo. Aquello solo se iba frotando con los nudillos y enfocando el chorro a presión de la ducha.

Lo importante es que ya había terminado y podía evaluar los resultados. Sí que es verdad que mis piernas se veían más tersas y uniformes, pero no sabría decir si fue gracias al fango o al masaje drenante de los nudillos. A la hora de la verdad, la celulitis del lateral de mis piernas, que como os decía, es la que realmente tengo a la vista, seguía igual. Algo más sonrosada pero igual.

Para la próxima compraré con ese 1,50€ una buena crema corporal y me dedicaré a masajearme el muslo con la fuerza del gran tifón y la energía del fuego ardiente, que es como hacían las cosas en Mulán (y no le iba tan mal a la guerrera).

Por cierto, no os olvidéis de cotillearme en Instagram (@meetingmara) y pasar por mi página de Facebook si os ha gustado (y si no os ha gustado, también podéis ponerme verde).

Tenemos que hablar de la confesión de Laura Escanes

Madre mía el revuelo que se ha organizado con los stories de Laura Escanes en los que habla de su tratamiento labial con ácido hialurónico. Vamos, que la echas en el siglo XVII en las Tierras Altas de Escocia, declarando que es jacobita en medio de un batallón inglés y no se lía tan parda.

Laura Escanes (no sé si simpatizaba con la causa jacobita) en su último vídeo. YOUTUBE

La cosa es que la modelo/creadora de contenido/escritora/etc (en serio Laura, tienes más trabajos que una mujer renacentista) subió unos stories, que para los que no entendáis el término, y para mi madre, que la buena mujer lee muchas veces mis artículos sin saber de qué diantres hablo, son fotos o vídeos con una duración de 24 horas que luego desaparecen.

En esos stories Laura hablaba de sus labios, sobre todo del de arriba, que es el que ha recibido un repaso de ácido hialurónico, algo que deben de regalar con los cereales, ya que últimamente parece que no hay una mujer con labios naturales.

Estoy empezando a asumir que llegará un día en el que iré yo sola por la calle de Milán, como Will Smith en Soy Leyenda, rodeada de cientos de mujeres con la boca voluptuosa que se girarán al ver mis labios finos como el papel.

Los stories de la discordia. INSTAGRAM

Antes que nada, Escanes empieza diciendo que es su caso, que no recomienda que la imitemos ya que cada persona es un mundo. Esto se agradece, porque aunque se debería dar por sentado, puede haber alguien que lea esto y ya dé por hecho que nos está animando a que nos unamos al club del ácido hialurónico (por mucho que le gustaría a las clínicas de estética).

Siempre he tenido el labio de abajo muy gordito en comparación con el labio superior y no es que tuviera complejo… Ahora los tengo igualados y en mi opinión muy naturales” dice Escanes.

Aunque a mi parecer, que se ponga, se rellene o se quite la ropa para una foto es lo de menos, me quedo con el final de su mensaje: “Os lo he contado porque creo que escondiéndolo hago que sea un tema tabú cuando no debería serlo… Me lo preguntabais pero yo me quedaba callada e intentaba no contestar. Pero ya está, sin miedo”.

Esta reflexión es la que realmente agradezco de todo este asunto. Sabemos que las famosas se hacen retoques continuamente (Nicole Kidman no ha obtenido esa cara por arte de magia) pero creo que es importante que lo admitan sin ningún tipo de reparo.

En primer lugar porque no es nada de lo que deban avergonzarse. Yo misma me pongo el esmalte de las uñas dejando los laterales sin pintar para que parezcan más largas. Todas podemos hacer lo que nos dé la real gana sobre nuestros cuerpos, que para eso los tenemos.

Pero, el hecho de poder decirlo hace que podamos tratar del tema con normalidad y abandonemos el secretismo alrededor de los temas de jeringuilla y quirófano. Así somos conscientes de lo que hay detrás, (aunque lo que haya detrás sea artificial, claro).

Cómo luchar contra los dichosos puntos negros de la nariz

De todas las herencias que me han tocado de mi familia, la de los puntos negros en la nariz es de las peores. Viene de mi padre que a su vez lo recibió de su padre y así hasta remontarnos hasta mi tatarabuelo homo sapiens que seguramente también tenía la nariz con más huecos que un colador.

La beauty routine que seguí. MARA MARIÑO

Pero ya que hay tanto producto específico para tratar esa zona, decidí darles una oportunidad a los cosméticos y ver si podía deshacerme de ellos de una vez por todas. Para la Gran Guerra contra los Poros (nombre que algún día darán los historiadores a estos encuentros) me compré dos productos: las tiras de nariz, que se supone que te retiran el punto negro y una máscara minimizadora de poros que también quita impurezas y promete dejar el poro pequeñito para que no te lo vean desde la Estación Internacional cuando se asoman a comprobar si la Tierra sigue ahí.

Para utilizar los parches (y cualquier tratamiento en general) tienes que tener la cara limpia, y en este caso, con la zona humedecida. Únicamente utilicé el de la nariz ya que ni en la frente ni en la barbilla (afortunadamente, gracias papá y mamá) tengo el problema de los poros abiertos.

El parche era de una textura parecida al papel. Se coloca sobre la punta de la nariz y las aletas y se deja actuar unos quince minutos aproximadamente, los cuales aproveché para documentar el momento y hacer los correspondientes stories para Instagram.

Sacarlo no es tan doloroso como hacerse la cera pero tira un poco. Sin embargo, una vez despegada, no hay mayor placer que ver (perdonadme por ser escatológica) los puntitos pegados al parche. Es un espectáculo extrañamente placentero. Los restos que puedan quedar se tienen que aclarar, nada de salir a la calle con manchurrones negros en la nariz.

A continuación me puse la máscara reductora de poros. Es una máscara de algodón que viene doblada, por lo que abrirla y colocarla, teniendo en cuenta que venía untada de un líquido, fue un poco lioso.

Una vez puesta, tocó esperar otros quince minutos y masajear el producto sobrante para que se absorbiera.

Al final, aunque no me desaparecieron todos los poros, sí que muchos de ellos quedaron limpios y, por tanto, no se veían tanto.

Respecto a la mascarilla reductora, la veo menos necesaria (o al menos si se usa sin limpiar los poros de la nariz previamente) ya que lo único que hace es hacer el poro más pequeño pero por dentro sigue sucio.

Si vosotras usáis otros trucos de belleza para eliminar los dichosos puntos, vuestras opiniones serán bienvenidas.

Trucos para cuidarse el pecho a cualquier edad

Tenemos jabones, mascarillas, cremas y tratamientos especialmente creados para el cuidado de la cara en la repisa de nuestro baño, pero en lo que a pecho se refiere andamos un poco perdidas.

GTRES

Y es que claro, como cuando vas por el pasillo del supermercado no hay ningún letrero que ponga “Crema para pechos”, no te planteas que necesiten un cuidado especial. Tiempo al tiempo, que igual los de marketing lo ven una buena idea y lo acabamos teniendo.
Además de que la zona del escote cuente con una piel delicada, tiene que sujetar más peso que otras partes del cuerpo, lo que hace que a la larga puedan aparecer estrías.
Pero que no cunda el pánico, podemos cuidar el pecho desde ya con lo que tenemos por casa y cambiando algunos hábitos que hacen que nos juguemos la salud de la zona.
Para empezar despídete del topless, está genial que quieras evitar las marcas del bikini, pero si ya de por sí el sol es malo, en el pecho ni te cuento. Sin embargo, si tu bronceado es algo que te tomas tan en serio como el currículum de LinkedIn, al menos toma el sol con protección total.
El sol hace que la piel pierda agua y precisamente tenemos que procurar tener la zona bien hidratada, lo que incluye aplicar cremas específicas y exfoliarla al menos una vez a la semana para eliminar las impurezas de la piel. Además, darse duchas con agua fría en el pecho produce también efecto reafirmante.
Aunque lo recomendable sería ir sin sujetador para mantener la musculatura de la zona activa, si te resulta incómodo ir con las gemelas sueltas (no todas lo llevamos bien) elige el sujetador correctamente, lo que significa no solo comprarlo de tu talla sino elegirlo sin aros. Puedes empezar también a hacer ejercicios de pecho para desarrollar los músculos de la zona.
El pecho es como todo, con unos buenos hábitos de ejercicio y alimentación equilibrada, también podemos cuidarlo. Por último, no nos olvidemos que igualmente forma parte del cuidado explorarnos el pecho con regularidad (puedes aprender a hacerte la autoexploración en este vídeo) y estar pendiente de las pruebas correspondientes que te pida el médico.
La estética es importante, sí, pero la salud es lo primero.

Mascarillas faciales: cómo, cuándo y cuáles usar según tu tipo de piel

He de confesar y confieso que, hasta hace unos años, yo era de esas que cogía las mascarillas faciales por el envoltorio. Me resultaba MUY difícil resistirme a los dibujos y colorines de esos sobrecitos que me prometían maravillas en la piel. Que si una semana la verde, que si otra la blanca… Mi cara cambiaba más de color que con los filtros de Instagram.

MARA MARIÑO/MIIN/EBAY

Pero claro si por entonces no me conocía ni a mí misma ya ni hablemos de conocer las necesidades que podía tener mi piel. Por no saber no sabía ni que mi piel podía necesitar una u otra mascarilla. Vamos, que estaba perdida.

Mascarillas hay a puñados: de tejido, de peel off, lavables… Independientemente del formato en el que venga el cosmético, en lo que nos tenemos que fijar, a la hora de escoger una, es en sus propiedades.

¿Tu piel tiene un tacto áspero y la notas tirante? Es posible que tengas una piel seca, para lo que vendrá tratarla con una mascarilla hidratante. Ayudan a mantener la piel hidratada y evitamos esa sensación de tensión como.

Si tu problema es el contrario, es decir, que tienes un exceso de grasa, tienes que fijarte en aquellas que sean purificantes y limpiadoras, ya que para lo que sirven es para regular esa producción de sebo que te hace sentir que podrías abastecer las freidoras del McDonald’s. Además se encargan de machacar la suciedad que se nos queda dentro de los poros formando los puntos negros.

Estas últimas, también te sirven si tienes piel mixta, que significa que tienes especialmente grasa la zona T (frente, nariz y barbilla).

Ya seas de piel seca, grasa o mixta, una o dos veces a la semana (venga, que no es tanto) deberías tratar tu piel con la mascarilla que necesita. No te vuelvas una adicta que un uso excesivo tampoco es bueno.

Si quieres una mascarilla urgente para un momento puntual, puedes optar por una antiage o efecto lifting, una relajante o revitalizante, que ayuda a darle vidilla a las pieles apagadas.

Eso sí, recuerda que, uses la que uses, siempre hay que tener la cara limpia, seguir las instrucciones del producto y, por último, disfrutar de la piel suave como el culito de un bebé.

Exfoliantes labiales a prueba para conseguir una boca perfecta

Exfoliarse los labios no es imprescindible en esta vida, pero, al igual que aspirar las alfombrillas del coche, no viene mal hacerlo de vez en cuando, especialmente en invierno, que se nos cortan por el frío.

@MEETINGMARA

Lo malo no es que se te deshidraten, sino que te ves un poco de piel muerta en el labio y empiezas a tirar y a tirar hasta que llegas con el pellejo al meñique del pie. Además de ser algo más doloroso que la muerte de un personaje querido en Juego de Tronos, no es la manera de quitar las escamas.

Y no, tampoco vale arrancarlas con los dientes. Las pieles muertas de la boca se deben retirar con cuidado, por lo que os voy a contar mi experiencia con los exfoliantes que puedes comprar en tiendas y cuál es el que mejor resultado me da.

Mi primer exfoliante labial fue el de Lush que era básicamente azúcar (sí, sí, de la de la cocina) con aceite y colorante rosa (venía tal cual escrito en la composición. Menos mal que fue un regalo, porque me habría dolido gastarme dinero en algo que tengo en el azucarero).

LUSH

Supuestamente te lo aplicabas y frotabas los labios entre sí como cuando te quieres igualar el pintalabios. Aquello ni exfolió ni dio los buenos días ni nada. Eso sí, el regustillo dulce era una maravilla.

Mi segunda prueba fue con el exfoliante de labios de Deliplus de tutti frutti, una barra verde que vi en mi última visita al Mercadona y decidí llevarme para probar si resultaba.

Según las instrucciones basta con dejarla actuar masajeando los labios suavemente durante unos segundos y luego retirarla con un papel. ¿Sabéis lo de las pulseras de Power Balance que funcionan más por fe que por otra cosa? Pues esto era un poco lo mismo. Imaginaos que hasta lo volví a hacer una segunda vez después de retirarlo viendo que aquello no hacía efecto.

MARA MARIÑO

Al final, el truco que utilizo, y que nunca falla, es el de andar por casa: me unto los labios en Vaselina y, con un cepillo de dientes, masajeo los labios hasta que se desprenden las pieles (es un cepillo que tengo únicamente para eso, lo aclaro porque no vaya a ser que luego os de por usarlo también para lavaros los dientes con una mezcla de dentífrico y vaselina).

No es una experiencia indolora (terminas con los labios ardiendo, más que después de comerte un taco con salsa picante), pero para mí además de la más efectiva es la más barata.

Vikika: “Una mujer que haga pesas nunca va a parecer un hombre”

Cuando era pequeña quería ser princesa. Quería tener la cintura de Ariel, ser tan lista como Bella, el vestidazo de Aurora… Tanto yo como las chicas de mi generación, crecimos viendo que las mujeres ideales tenían ojos enormes, pestañas largas, boca sonrosada, una habilidad increíble para el canto y siluetas finas y delicadas. Era lo que había, lo que veíamos en el cine, lo que nos poníamos en el reproductor de VHS todas las tardes y las muñecas con las que jugábamos.

SWEETBUTVIKIKA

No tuvimos los referentes que pueden tener las niñas actualmente: princesas (porque siempre son princesas) fuertes, intrépidas y valientes que se meten en la aventura sin pestañear. Tienen el pelo rizado hasta el extremo, manejan el arco y sus brazos son algo más corpulentos para hacerse todo un mar remando.

Es decir, si ahora fuera niña o preadolescente, definitivamente cambiarían mis referentes hacia mujeres físicamente fuertes. Tendría la mira puesta en aquellas que han desafiado los cánones de belleza porque son independientes y no necesitan más aprobación que la propia.

Y, un ejemplo de quien podría ser ahora una princesa 2.0 (eh, Disney, ¿para cuándo una princesa con músculo?), que ha conseguido salvarse a sí misma sin necesidad de príncipes azules y se ha hecho un hueco en el mundo de la forma física es Verónica Costa, Vikika para las redes.

Tiene más de quinientos mil seguidores en las redes, mucho deporte a sus espaldas, y desde finales de 2017, un segundo libro en el mercado: #Quiérete (editorial Cúpula), un título que, según la influencer busca que nos demos cuenta de la importancia de “querernos y tratar de mejorar cada día sin fijarnos en los demás y menos en redes sociales”.

“Reflejan una realidad que queda muy lejos de lo que realmente es. Sin darnos cuenta, vemos los perfiles de otras personas que aparentemente son perfectos, y nos exigimos lo mismo. Esto va haciendo mella y hace que nos queramos menos”.

Es, sin duda, una de las primeras mujeres en darse a conocer en el mundo fitness 2.0 por sus rutinas de ejercicio y recetas saludables. Un éxito que está logrando que nos alejemos del estereotipo de la delgadez hacia uno más tonificado: “En las últimas décadas se ha buscado una mujer más delgada, pero, al final, gana lo más saludable. Un cuerpo hecho de comer poco como está es desnutrido y no es saludable. Cuando la sociedad toma consciencia de ello, se rebela. Asistimos a un cambio social en el que la salud prima por encima de todo. Eso es lo que creo que está triunfando en la red”.

Pero, ¿ayuda también que, por primera vez, las mujeres le estamos perdiendo miedo al músculo? “Más que perderle el miedo al músculo, se está perdiendo el desconocimiento a la hora de entrenar a las mujeres. Se sabe en parte gracias a la redes sociales, que una mujer que haga pesas nunca va a parecer un hombre, ni su músculo va a crecer como tal. Al contrario nos hace vernos más firmes, ágiles y fuertes“.

“Decir que una mujer por estar fuerte o musculosa parece un hombre, es como decir que un hombre que esté gordo o que tenga grasa extra parece una mujer. Es un sinsentido” dice la influencer, que también se ha tenido que enfrentar al lado oscuro de la red: “Claro que recibo críticas pero eso dice más de las personas que lo critican (su físico) que de mí“.

Una de sus recomendaciones es la de tratar de evitar la comparación con la forma física de quienes se dedican al fitness ya que según Costa puede que sea “una frustración o una inspiración dependiendo de la seguridad en uno mismo, o incluso de si tienes un buen o un mal día. Lo importante es ser conscientes de que podemos trabajar para ser una mejor versión de nosotros mismos y no como otra persona que no somos, ya sea una chica de portada de una revista o una influencer“.

"Me preguntaron por drogas… les hable de tu sonrisa."

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La atleta se considera también fanática de los cuidados estéticos: “Me gusta cuidar todos los aspectos de mi cuerpo, aunque reconozco que soy un poco perezosa para echarme el body milk a diario, así que lo hago tres veces por semana. Para la cara soy más rigurosa. Cada día me pongo mis cremas, exfolio mi cara y uso mascarilla hidratante antes de dormir”.

Aunque sabe lo que es participar en una competición de fisioculturismo, no es algo que se plantee repetir por el momento: “Fue una buena experiencia, vi dónde estaban mis límites y ya tuve suficiente. La competición requiere, sobre todo en las últimas semanas, un esfuerzo sobrehumano que no puedo permitirme ya que tienes que dejar prácticamente todo porque tu nivel de cansancio es brutal”.

En una publicación comentó que fue a raíz de prepararse para la competición que decidió operarse el pecho: “Siempre he tenido poco pecho y era algo que, aunque no era imprescindible, siempre había pensado que cuando pudiera permitírmelo lo haría, y así fue. Cuando quieres mejorar algo de tu cuerpo que solo se puede conseguir con cirugía, no tiene porque estar relacionado con falta de autoestima, simplemente el deseo de verte mejor”.

#Quiérete cuenta con un espacio dedicado a la política de censura de Instagram de los pezones femeninos, algo que, a su parecer “tiene peso por un tema cultural y social. Tradicionalmente el pezón de la mujer se ha visto como algo sexual en cambio el del hombre no. Creo que es cuestión de tiempo que cambie.”

Por último, la pregunta del millón, ¿se considera feminista? “Ser feminista no es lo contrario de machista. Un feminista es aquel que apoya los derechos de la mujer sin censurar o menospreciar al hombre, por tanto sí, soy feminista y también humanista porque creo en los derechos de los seres humanos“.

Cómo cuidar la piel durante el invierno

Si la garganta te la estás cuidando bastante con bufandas, así como el resfriado con antigripales, no puedes dejar que tu piel caiga en el olvido. Y es que es un órgano que se resiente mucho durante esta época, tanto que es normal que la sientas tirante y seca (eso si eres afortunada y no termina saliéndote un eczema).

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“¿Pero cómo es posible? Si precisamente en invierno hay más humedad” te preguntarás indignada. No es ya el frío en sí, sino el hecho de tener la calefacción puesta en casa, que hace que la piel se seque rápidamente.

Para evitar que la piel sufra podemos hacer unos pequeños cambios en la rutina que ayudarán a cuidarla empezando por poner un humidificador en casa. Aunque si no te compensa hacerte con uno a estas alturas (que Papá Noel está al caer) puedes llevar otras cosas a cabo.

En primer lugar, está muy bien que guardes el bikini hasta el año que viene, pero no hagas lo mismo con la crema solar. Aunque seas del norte y vivas sin ver el sol, los rayos llegan igualmente, por lo que nada de salir de casa sin protección.

Cara, manos, cuello… Todo lo que vayas a llevar a la vista deberías untarlo bien en crema por lo menos 15 minutos antes de salir de casa.

De hecho, la piel de las manos, al ser una de las zonas más delicadas del cuerpo, es también una parte que se resiente especialmente. Procura llevar guantes fuera de casa y, una vez te los quites, untar las manos en crema hidratante.

F A V ❄️ C O A T #rovaniemi

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Evita todos los cosméticos que lleven alcohol ya que lo único que harán será secar aún más tu piel. Es decir, saca la lupa del bolso y échale un ojo a tónicos y desmaquillantes antes de comprarlos. Apuesta por los que lleven una base de aceite.

Los baños infinitos pueden parecernos la mejor de las ideas de la temporada (sobre todo si van de la mano con música suave y buena compañía), pero evita dártelos a menudo ya que el calor intenso del agua lo único que hace es cargarse sin piedad las barreras lipídicas de la piel.

Ya sabes, a partir de ahora las duchas mejor templadas y mejor deja el calor para las infusiones o el chocolate caliente.

Los ‘milagrosos’ blanqueamientos dentales

Tanto anuncio de dentífrico de sonrisa reluciente y tanto selfie perfecto de influencer, es difícil resistirse a lo que nos impactan unos dientes blancos.

Entre pastas de dientes que juran y perjuran aclararnos el esmalte o incluso productos que podemos adquirir a golpe de dedo en Instagram, la belleza dental parece más accesible que nunca.

HISMILETEETH

Es por eso que, aprovechando mi última visita al dentista, entre fresa y fresa (dichosa predisposición genética a las caries) le pregunté por el blanqueamiento.
-Kghjss opjhnsjsss gll blnkmntjjjss- balbuceé entre espumarajos de saliva y agua. “¿Que qué opino del blanqueamiento?” Siempre me sorprenderá la capacidad de los dentistas de entendernos con la boca llena de cachivaches.

Si para meternos el miedo en el cuerpo solo tenemos que ‘googlear’ los síntomas que estamos padeciendo, para quitarnos las ganas de hacernos algo (meramente estético) en la boca, solo tenemos que preguntarle a un dentista (uno de los buenos, de los que han estudiado medicina).

Es un tratamiento por lo visto muy invasivo que, para que nos entendamos, requiere de un proceso que nos hace permeable el poro del diente, lo que favorece que penetre el producto que blanquea el esmalte (que es rico en oxígeno).

Hacer poroso el diente se traduce en sensibilidad durante un tiempo, algo que según la persona puede ser más o menos soportable. Entre su precio, los efectos secundarios que hacen que nos tiemble el cuerpo de un escalofrío solo de imaginarnos morder un bocata, y que no es algo que dure toda la vida, ¿qué hay de los tratamientos “milagrosos” que veo en Instagram?

Respecto a los blanqueadores que vienen con una especie de gel y un aparato con luz, pueden lograr un pequeño blanqueamiento, sí, pero ni la luz tiene ni la potencia ni el producto la composición suficiente como para blanquear de la misma manera que si lo hace un profesional.

¿Y qué hay del carbón activado? ¿Esa pasta negra que he visto en las bocas de varios instagrammers dejando de resultado una sonrisa más reluciente que un faro?
“El bicarbonato o el carbón lo único que hacen es rayar el esmalte”, me confirma mi dentista, que prefiere mantenerse en el anonimato por si los de los blanqueamientos milagrosos se le tiran encima. “Es como si limpias la placa vitrocerámica con el estropajo de aluminio. Queda limpio, sí, pero rayado”.

Ella, que sabe de sobra el furor que estamos viviendo por los blanqueamientos (en España desde hace 20 o 25 años) ya que es el segundo tratamiento que más lleva a cabo después de la limpieza bucal, no lo termina de aconsejar.

“El diente es color crema”, me confirma. Así que si de verdad quieres hacerte el tratamiento, mírate dos veces en el espejo. Quizás empiezas a ver color marfil lo que te parecía amarillento.

Todo sobre mis cejas

El paso de niña a mujer no lo di cuando empecé a usar top y de ahí pegué el salto a los sujetadores. Ni siquiera lo di cuando me bajó la regla.

El paso de niña a mujer lo di cuando comprendí el poder de las cejas, que hasta ese momento había subestimado.

INSTAGRAM

Retrocedamos en el tiempo: año 2010. La raya negra del ojo por dentro de la línea de agua era lo más, el culmen de la belleza, el novamás del maquillaje, la tendencia por excelencia de todos los colegios de Madrid. No había nada más favorecedor desde el ahumado de los años 80.

Era la época de depilarnos las cejas al milímetro dejándonos siete pelos seguidos. De hecho, es de las pocas cosas de las que me arrepiento en esta vida, de esa depilación extrema que me hacía con bandas de cera (yo era muy kamikaze por aquel entonces)

Pero llegó Cara Delevigne y de repente las cejas estaban por todas partes, y no solo eso, sino que nos quedaban genial. De hecho ahora mismo las mujeres de nuestra generación estamos obsesionadas con los aguacates, la igualdad salarial, los 130 millones de mujeres que han sufrido mutilación femenina y con pintarnos las cejas correctamente.

A la hora de maquillarlas, podemos usar o lápices o directamente sombra de ojos. Aunque ambas opciones son más que válidas, en mi caso al usar el lápiz empecé a notar que la ceja se me pelaba. No sé si era por pintarme con el lápiz en sí, que quedaba el color muy fijado y tenía que desmaquillarme con intensidad, o porque era del Primark y me costó dos euros.

La cosa es que he vuelto a maquillarlas con sombra de ojos gracias a los tutoriales de Youtube que me han enseñado a sacar la Kat Von D que llevo dentro.

Y ya de paso a resaltar la mirada y el resto de facciones.