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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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La amenazada capuchina canaria es elegida mariposa del año 2019

Ganó mi favorita. El alto grado de amenaza, su singularidad y la necesidad de acciones decididas de conservación han sido los factores decisivos para la adjudicación del título ‘Mariposa del Año 2019‘ a la mariposa capuchina (Pieris cheiranthi), una especie endémica de Canarias que solo sobrevive en las islas de Tenerife y La Palma.

Esta pequeña mariposa, muy semejante en su forma a la abundante mariposa blanca de la col (Pieris brassicae), se ha impuesto con casi el 30 % de los votos a las otras tres candidatas -la ‘hormiguera oscura’, el ‘pequeño pavón’ y la ‘morena española’- en esta cuarta edición de la iniciativa impulsada por la Asociación Española para la Protección de las Mariposas y su Medio (Zerynthia) para promover el estudio, la divulgación y la conservación de estos insectos. Lee el resto de la entrada »

Descubren una nueva especie de “araña pirata” en La Gomera

Ero tenebrosa, la nueva especie de araña pirata descubierta en La Gomera.

Noticia preciosa, positiva, científica, de esas que tanto nos gustan. Se ha descubierto una nueva especie de araña en Garajonay, el emblemático parque nacional de La Gomera (Canarias). El trabajo lo firma el experto Jørgen Lissner, investigador de la Universidad de Aahrus (Dinamarca), quien lo ha publicado recientemente en la revista Arachnology que edita la British Arachnological Society.

La araña ha sido bautizada con el nombre científico Ero tenebrosa y forma parte del género Ero (familia Mimetidae).

El género Ero es popularmente conocido como el de las “arañas pirata“. La razón de un nombre tan del gusto de Jack Sparrow es porque se alimentan de otras arañas, a las que cazan con eficacia corsaria para después comérselas. Podríamos por tanto también llamarlas “arañas caníbal“. 

Dos datos más que nos permiten valorar aún mas este extraordinarios hallazgo:

  • Tan solo se conoce un único ejemplar en el mundo, una hembra
  • Tan solo se conoce un único lugar en el mundo donde vive, cerca del riachuelo y bosque de El Cedro, en Hermigua.

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¿Conoces la isla canaria de la gente feliz?

Sabina de El Hierro

Existe una isla donde la gente es feliz. Donde llamas a las puertas y te abren el corazón.

El Hierro, en el occidente de Canarias, es el territorio más aislado de Europa y, seguramente por ello, el más sabio. Gente inteligente, está apostando muy fuerte por la sostenibilidad. Gracias al proyecto Gorona del Viento es la primera isla en el mundo 100% sostenible pues obtiene toda su energía eléctrica gracias a esos vientos alisios capaces de elevar agua hasta el cráter de un volcán y dejarla caer en un beneficioso círculo energético. Lee el resto de la entrada »

Twitter se inventó en Canarias hace 2000 años

Silbo

Eso de tuitear (twittear) no es nuevo. Tweet es como se nombra en inglés al piar de un pájaro, ahora mundialmente considerado el trino informativo de los 140 caracteres: Twitter.

Pero lo de informar cual pájaro cantarín lo inventaron hace ya dos milenios los aborígenes canarios. Se llama silbo gomero, y es tan original y único que en 2009 ha sido inscrito por la Unesco en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Ya sabéis que soy un enamorado de La Gomera, de su naturaleza y de su cultura. Hace un año tuve la oportunidad de participar en el rodaje de una serie de documentales de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente sobre árboles singulares y bosques maduros que, como no podía ser de otra manera, darán relevancia a sus fabulosos bosques de niebla, las selvas macaronésicas de Garajonay. También a ese lenguaje silbado relicto, impresionante, capaz de comunicar a los isleños de un lado al otro del barranco, siempre con la simpática tonadilla final de “bueno, bueno”, algo así como el “corto” de los radioaficionados. Lee el resto de la entrada »

La Gomera, año 2 del terrible incendio forestal

 

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El 4 de agosto de 2012 se desataba un pavoroso incendio forestal en La Gomera que afectó al 11% de su superficie y obligó al desalojo de la cuarta parte de toda la población. El fuego fue intencionado. Varios terroristas ambientales llevaban todo el año empeñados en destruir la isla colombina y a punto estuvieron de lograrlo.  Las llamas destrozaron 4.100 hectáreas de terreno, calcinando viviendas, cultivos y ganado. Por suerte (por milagro) no hubo que lamentar víctimas humanas. 

El Parque Nacional de Garajonay se llevó la peor parte. El 20% de la mayor y mejor conservada reserva de laurisilva de Canarias, del mundo, quedó carbonizado. Miles de árboles con más de 1.000 años de edad ardieron como teas. La flora y fauna más amenazada recibió un durísimo castigo del que tardará varios siglos en poder a recuperarse.

Hace poco he regresado a La Gomera. Acompañado de Jacinto Leralta, excelente guía del Parque y mejor amigo, he caminado por esos lugares para mí tan queridos que ahora mismo me resultan irreconocibles. Han pasado dos años y la naturaleza, poco a poco, con fatiga inmensa, empieza recuperarse, pero los efectos del fuego son todavía terribles.

En algunos sitios tienes la impresión de que haya caído sobre el monte una bomba atómica. La tierra aparece calcinada, doblada por el fuego. Los viejos árboles son negros esqueletos retorcidos de carbón. Al pisar, los pies se hunden en una capa esponjosa de cenizas y levantan nubes grisáceas, emitiendo leves sonidos de infinita fatiga. En algunas laderas la lluvia ha arrastrado la capa fértil de tierra, esa acumulada durante siglos por el bosque, dejando al descubierto una tierra descarnada, roja como la carne despellejada de un cadáver, pedregosa, sin vida.

Imposible aguantar las lágrimas. Caminamos despacio, en silencio, con miedo a marchitar con nuestro paso cualquier pequeño brote de esperanza. El sol es aquí más terrible y duro que nunca, implacable. ¡Cómo se echa de menos el color verde, el mar de nubes!

Es ahora cuando afrontas la evidencia de que La Gomera no es un territorio septentrional, sino una isla situada casi enfrente del desierto del Sáhara, bendecida por unos vientos alisios a los que debe la dulzura de su envidiable clima; humedad que se encargan los árboles de ordeñar pacientemente, hoja por hoja, rama por rama, logrando que las nieblas no pasen de largo, que el agua se quede en la isla y fertilice sus campos.

Llegamos a un pequeño arroyo. Sorpresa: tiene agua. La alegría nos dura poco. Junto a la orilla descubrimos un esqueleto calcinado. Le falta la cabeza y parte de las extremidades. Durante unos minutos, pocos e interminables, sufrimos un ataque de pánico. ¿Será de una persona? Mando rápidamente las fotos a un amigo forense. Falsa alarma. Nos confirma que no es humano. Seguramente un pobre burro. Unas decenas de metros más allá encontramos a su cría, igualmente calcinada.

Fuego, muerte, erosión, desesperación. Vuelven las lágrimas.

Pero no todo son malas noticias. Para empezar, queda mucho parque, mucha maravilla sin tocar, anclada en el tiempo y el verdor, esperando nuestra visita. Un 80 % no sufrió el incendio. Y La Gomera sigue siendo el mejor lugar del mundo para ir de vacaciones.

De la zona afectada no todo sufrió con la misma intensidad. En algunos lugares el fuego fue menos intenso. En ellos el monte se recupera a una velocidad sorprendente. Allí nos reencontramos con la esperanza. Por todos lados se ven rebrotes de fayas, acebiños, viñátigos, laureles, brezos. Muchos superan ya los dos metros de altura.

Murieron los gigantes vegetales, pero sólo en apariencia, pues son seres eternos capaces de renacer de sus raíces una y mil veces. Ya lo hicieron antes y lo volverán a hacer las veces que haga falta, no les importa.

El problema es el ritmo. Lo hacen a la velocidad del bosque, una escala muy distinta de la humana. Por eso ninguno de nosotros veremos concluida esa resurrección.

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Las cabras se comen los últimos bosques relictos de Fuerteventura

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Las cabras son seres extraordinarios. Capaces de sobrevivir en el desierto sin apenas agua ni alimento. Pero también capaces de comerse hasta el último matojo que allí pueda crecer. Es lo que ocurre en Fuerteventura, la isla donde vivo. Los herbívoros llegaron aquí hace unos 2.000 años. Por entonces las montañas estaban cubiertas de un bosque de acebuches, los olivos silvestres (Olea europaea ssp. guanchica), que en las zonas más altas eran sustituidos por laurisilva, la selva canaria de niebla. Dos milenios de hacha, fuego, diente y cambio climático han convertido el antiguo vergel en un reseco pedregal.

En un estudio que acabo de publicar en la revista Quercus junto a mi amigo Stephan Scholz, director del Jardín Botánico de Fuerteventura Oasis Park de La Lajita, advertimos de la actual tragedia ambiental que se cierne sobre este territorio. 10 especies endémicas de Fuerteventura, otras 13 exclusivas de las islas orientales y 4 más de distribución canaria están gravemente afectadas por el ramoneo y el pisoteo del ganado. La presión, cada vez mayor, sobre unas poblaciones, cada vez menores, las está llevando a extinciones masivas. Un ejemplo es el peralillo de las Canarias orientales (Gymnosporia cryptopetala), del que sólo sobreviven 13 ejemplares en el mundo. Todos refugiados en riscos a donde no llegan las cabras, pero incapaces de reproducirse. Como el palo blanco (Picconia excelsa). El “último mohicano“. Último ejemplar superviviente de los bosques húmedos majoreros. Cuando muera, la especie habrá desaparecido de la isla y con ella una riqueza genética irrecuperable, quizá remedio de alguna enfermedad.

No pedimos acabar con las cabras, postura indefendible en un lugar donde estos animales forman parte consustancial de la economía y la cultura isleña. Pero sí debería evitarse que vaguen sin control por las montañas, en estado de semilibertad, como ocurre ahora. Y consideramos fundamental la declaración urgente de una extensa red de microrreservas botánicas. Porque el pastoreo intensivo y la superpoblación caprina en un territorio con escasas precipitaciones supone una estrategia ambientalmente destructiva, responsable del avance del desierto, la erosión y la pérdida de biodiversidad.

Foto: Stephan Scholz. Dos cabras enriscadas en las montañas de Jandía (sur de Fuerteventura), uno de los lugares con más biodiversidad endémica del mundo por metro cuadrado.

En este vídeo podéis ver cómo es el manejo tradicional que se aún hace del ganado semisalvaje en Fuerteventura. Las apañadas, una técnica aborigen de gran interés etnográfico, pero que sin control es un desastre ambiental.

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Plantas invasoras ponen en peligro a las aves

Priolo

Muchos nos llaman exagerados. Cada vez que criticamos con dureza el escaso interés de los Gobiernos por impedir la llegada de especies invasoras nos tachan de alarmistas. ¿Qué hay de malo con tener cotorras en Barcelona, eucaliptos en Asturias, visones americanos en Galicia, mapaches en Madrid, cangrejos americanos en el Duero, galápagos de Florida en el Guadiana? ¿Qué hay de malo en que el plumero de la Pampa “se escape” de los jardines y se extienda por los prados cantábricos, que la uña de gato tapice las dunas de Doñana, que el catus de Arizona conquiste nuestros desiertos ibéricos?

Para cada una de estas preguntas se podrían escribir varios libros, detallando los mil y un desastres que estas liberaciones, intencionadas o accidentales, están provocando en la naturaleza. Porque su aparición no es, como piensan algunos, evolución natural. Es involución.

Que se lo digan al priolo (Pyrrhula murina). Muchos no habrán oído en la vida tan extraño nombre ni lo sabrán relacionar con un bellísimo pajarito.  Pero existe, aunque está en las últimas en el único lugar del mundo donde puede observarse: las Azores (las del famoso anticiclón). En concreto en sólo una de estas islas: San Miguel.

En ese remoto lugar en medio del Atlántico, más cercano a América que a Europa, hay un camachuelo único adaptado a vivir tan sólo en sus escasos bosques de laurisilva. Durante siglos esta vegetación igualmente única desapareció bajo el hacha, el fuego y el diente del ganado. Pero lo poco que ha quedado se enfrenta hoy a un problema aún mayor. Varias de las más de 500 especies vegetales introducidas están modificando gravemente el monte. Y los priolos, incapaces de adaptarse a esos nuevos bosques bastardos, son cada vez menos.

En el siguiente vídeo, la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves (SPEA) explica el problema y nos pide ayuda a través de una “campaña de Naturfunding“. Con ella recauda dinero para seguir en la desigual lucha de acabar con las invasoras y recuperar el bosque nativo, fundamental para la supervivencia de estas singulares aves y decenas de otras especies únicas.

Y hablando de plantas invasoras, aprovecho para felicitar desde aquí a mi querido amigo y maestro Wolfredo Wildpret de la Torre, a quien el Ayuntamiento de Cádiz ha concedido el Premio Iberoamericano de Botánica José Celestino Mutis. Botánico y doctor en Farmacia, se premia a este canario universal por su estudio “Plantas exóticas invasoras en Canarias procedentes del continente americano”. Considerado por el jurado como mejor trabajo original e inédito sobre la ciencia botánica, lo firma junto a su inseparable mujer y gran científica (además de gran amiga) Victoria Eugenia Martín Osorio.

Patear el campo junto a tan entrañables sabios es uno de esos raros lujos que la vida nos concede.

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Redescubierto en La Gomera el árbol de las brujas de alcurnia

Aderno

La isla de La Gomera es un territorio mágico. Con un bosque mágico, la laurisilva, preñado de historias tan viejas como sus árboles únicos.

En un lugar así, imagínense cómo será Vallehermoso, una de sus localidades más increíbles. Adéntrense entonces en su monte nebuloso hasta acercarse a una fuente misteriosa de siete caños tallados en madera, los Chorros de Epina. Y allí, entre el rumor del agua y del viento alisio agitando la bóveda vegetal, recuerden el refrán gomero:

“Si bebes de los siete caños / te casas antes de un año”.

Para encontrar el amor deseado, asegura la vieja tradición oral que las mujeres deben beber de los caños pares y los hombres de los caños impares, empezando siempre a contar desde la izquierda. Y sólo si las mujeres quieren convertirse en brujas deben beber de los caños de los hombres.

Brujas, auténticas brujas eran las damas de alta alcurnia de Vallehermoso, caprichosas hasta el límite de exigir a sus sirvientas el esfuerzo de invertir todo un día de dura caminata para traerles la preciada agua de esa fuente supuestamente medicinal. Sabedoras de lo sencillo de la falsificación, exigían a las niñas encargadas del transporte una incontestable prueba. Junto con el cántaro lleno debían mostrar la hoja de un aderno (Heberdenia excelsa), un raro árbol de la laurisilva del que, según se creía, sólo existía un único ejemplar en la isla, precisamente en la inmediaciones del manantial.

Considerado cuento de viejas, durante décadas se pensó que tal árbol era una invención popular. Hasta que junto con mi amigo Jacinto lo redescubrimos hace muy poco tiempo. Viejo, muy viejo, pero vivo.

¿Será el mismo de la leyenda? El propio árbol nos lo confirmó, pues tan sólo conserva una de sus cuatro ramas originales, la más inaccesible. Aunque lo siento, no les diré cómo llegar a él. Está el pobre como para regalar más hojas.

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El incendio de La Gomera sigue destruyendo el monte y la verdad

Aunque estabilizado, el incendio de La Gomera sigue aún activo casi un mes después de iniciarse el pasado 4 de agosto. En total se han quemado 4.000 hectáreas (el 11 por ciento de la superficie insular) y las pérdidas materiales causadas por el fuego se han cifrado en más de 70 millones de euros. Las pérdidas ambientales son incalculables. Y las mentiras, medias verdades, errores de bulto, confusiones y malas interpretaciones sobre las razones que lo han provocado están quemando las posibilidades de encontrar soluciones razonables que permitan afrontar con garantías su recuperación. Que por supuesto incluye juzgar a los responsables políticos que tan desacertadamente han gestionado la extinción del fuego.

Conozco muy bien el monte gomero. He trabajado varios años en el Parque Nacional como monitor ambiental. También he realizado allí diferentes estudios ambientales sobre su extraordinaria flora y fauna. Con esta experiencia como base, me gustaría responderos a una serie de preguntas que seguro muchos de vosotros os hacéis.

¿Cómo se pudo quemar Garajonay, un bosque húmedo y siempre verde?

Porque estaba terriblemente seco. La sequía actual es la peor que se recuerda en Canarias en el último siglo.

¿Empezó el fuego en la laurisilva?

El fuego empezó fuera del Parque Nacional, en la parte baja de arbustos y campos de cultivo abandonados. Fue allí donde los pirómanos se pasaron meses metiendo cerillazos que luego eran rápidamente sofocados por los servicios de extinción de incendios. Una y otra vez. Al final un día, de extremo calor y fuerte viento, se salieron con la suya.

Los incendios de La Gomera nunca empiezan en la laurisilva. Prácticamente el 99% de los incendios de La Gomera empiezan fuera del monte y casi ninguno entra al monte. Al contrario, el mejor cortafuegos que hay es la laurisilva madura.

¿Tuvo la culpa del terrible incendio la leña muerta acumulada en el monte?

En absoluto. Lo que algunos ven como “suciedad” es el proceso natural de un bosque donde los árboles muertos dan de comer a los jóvenes y a todo un importantísimo ecosistema de plantas y animales. Esa leña podrida llena de hongos e insectos arde muy mal. Lo mismo ocurre con la hojarasca, la piel viva de la laurisilva.

¿Por qué antes no había incendios en el monte gomero?

Pues porque antiguamente todo el perímetro de Garajonay estaba rodeado de campos de cultivo que ahora están abandonados en su mayor parte. Pero es más fácil repetir cosas desde la absoluta ignorancia que plantearse tener TU palmera limpia de pencas secas, TU finca sin arbustos, rastrojos, cultivada…, TU casa y cuarto de aperos sin atrabancos, palés abandonados, muebles viejos. Es mucho más fácil echarle la culpa al monte y a sus gestores.

¿Es verdad que no dejan sacar madera del monte y por eso está descuidado?

Es una falsedad. A los vecinos de los caseríos del entorno se les permite retirar 5 estereos de leña por familia y año. También estaba a disposición de cualquier habitante de la isla el aprovechamiento de los pinos cortados (donde posteriormente se plantaron hayas y brezos), cosa que hizo quien quiso (sobre todo las panaderías y dulcerías que usaban leña).

La gente que propone limpiar el monte no tiene en cuenta que tal medida supondría la desaparición de cientos de especies de hongos, invertebrados, líquenes… que viven de descomponer la materia orgánica. Además del ingente trabajo que supondría sacar toda esa leña de un monte con un 46% de la isla con pendientes del 30% y el 12% con pendientes superiores al 50%.

¿Hacen falta más cortafuegos?

Otro gran error. La zona del Parque Nacional donde hay más pistas a modo de cortafuegos es la que resultó más rápidamente devastada por el fuego. Toda la zona de Pajarito, Alto, Pinos Redondos y Ajugal está surcada por pistas bien mantenidas, donde la vegetación no hacía “túneles” pues era joven y baja. Por lo tanto, donde más pistas hay en todo el Parque mayor ha sido la devastación. La razón es el tipo de vegetación, de monte de brezos y hayas jóvenes. Con el fuego se han esfumado en 48 horas los 30 años de trabajo de restauración de las áreas degradadas donde en los 60 se plantaron unas 500 hectáreas de pinos.

La laurisilva es un cortafuegos natural. El fuego de la meseta de Vallehermoso de 1995 empezó fuera del monte por una quema de rastrojos, y cuando llegó a la laurisilva húmeda prácticamente él mismo se detuvo y apagó. El fuego del año pasado en Cubaba y Tazo se detuvo cuando llegó al monte después de quemar palmeras, vegetación arbustiva y rastrojos.

¿Por qué el fuego ha sido tan rápido y devastador?

El gran barranco de Valle Gran Rey se quemó en 7 minutos. Fue como un gigantesco lanzallamas, por culpa, sobre todo, de los malignos cañaverales, plantas invasoras que están asfixiando el territorio canario. Los matorrales y brezales jóvenes del sur de la isla y el monte ardieron en apenas dos o tres días. Se trata de vegetación de monteverde joven, muy inflamable, que ha ido invadiendo zonas anteriormente agrícolas y que ha sido la gran propagadora del fuego. Frente a ello, en las zonas bien conservadas de laurisilva, o no ha llegado el fuego o avanzó tremendamente despacio, quemando partes del suelo pero respetando los árboles.

¿Ha acabado el incendio con el Parque Nacional de Garajonay?

En absoluto. Es verdad que el incendio ha sido terrible. Ha ardido un millar de hectáreas del Parque Nacional de Garajonay. Unas cien hectáreas de monte maduro necesitarán un siglo para llegar a un estado similar al de antes. Algunas de inmenso valor ecológico como Los Gallos, en Vallehermoso, un bosque tan antiguo o más que El Cedro. Pero la mayor parte del incendio ha quemado pastos y matorrales que en dos años recuperarán su aspecto verde. También ha destruido zonas situadas en la periferia del Parque y donde se habían desarrollado programas de restauración ecológica que tardarán una década en recuperarse.

¿Merece la pena viajar a La Gomera?

Por supuesto. Todavía queda mucho Garajonay intacto, virgen, salvaje, misterioso, único. Todavía queda mucha Gomera fabulosa, muchos senderos que caminar, muchas gentes a las que conocer y con las que disfrutar de su gastronomía, de su cultura, de su bonhomía.

Este incendio no es ni debe ser un problema para la isla, sino un acicate para que todos nosotros nos volquemos en ella y la apoyemos eligiéndola en nuestras próximas vacaciones. Ten la seguridad de que no te defraudará.

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Vacaciones “Robinson” en la Isla Bonita

Os voy a desvelar mi lugar secreto de vacaciones: La Palma, la Isla Bonita.

Lo tiene todo para practicar el deporte favorito de tantos de nosotros, el turismo inactivo, pero también para perderte en sus selvas de laurisilva donde crecen tiles gigantes; para tocar el cielo (y las estrellas) desde la Cumbre, a más de 2.000 metros de altura; para ver sobrecogido cómo ascienden las nubes en el interior de la Caldera de Taburiente; para caminar por las cenizas aún calientes de los volcanes más recientes de Canarias.

Vivo como Robinson Crusoe, sin cobertura de móvil, sin carreteras de acceso, sin pueblos cerca. Pero mi retiro tiene truco. Me quedo en la casa de unos amigos alemanes aislada en lo alto de un acantilado desde donde contemplo en la lejanía a las islas hermanas de Tenerife y La Gomera. Un Atlántico embravecido que todas las noches me arrulla al ritmo que marcan los siempre enigmáticos cantos de las pardelas cenicientas, a las que al atardecer veo cabalgar por miles sobre las olas desde la ventana de mi habitación. Cuido siete gatos y una huerta ecológica maravillosa, más bien un jardín: fresas, moras, mangos, papayas, aguacates, tomates, alubias, cebollas. Disfruto de la lectura, de caminatas, hasta de las famosas Fiestas Lustrales, e incluso estoy sacando tiempo para escribir un libro. ¿Se puede pedir más?

Sé lo que estáis pensando, pero no es verdad. No os lo cuento para daros envidia. Lo hago, como cuentan que hizo Luis Miguel Dominguín después de pasar su primera noche de amor con Ava Gardner. He salido corriendo al ordenador para contárselo a todo el mundo, no me lo podía aguantar.

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