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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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El otoño llega a La Gomera

Pensaba que en Canarias siempre era primavera, pero estaba equivocado. En este maravilloso archipiélago nada es lo que parece y todo es al contrario que en el resto del mundo. Las estaciones, por ejemplo. Estos días de canícula veraniega, cuando más aprieta el sol, es otoño en La Gomera, en sus selvas de monteverde.

Un momento. Si la laurisilva es monteverde, se trata por lo tanto un bosque de hoja perenne, de hoja siempre verde. ¿Cómo va a existir allí el otoño?

Pues porque esta selva relicta del Terciario se ha adaptado prodigiosamente al ambiente isleño, y aprovecha la sequía estival para aligerarse de hojas, reduciendo de esta manera una evaporación natural que los húmedos vientos alisios no logran mitigar del todo.

Como resultado, un mar de sugerentes ocres tapiza en estos momentos los suelos selváticos, umbrosos, de esta increíble masa forestal de aspecto antediluviano, cargándolos aún más si cabe de una aureola de misterio.

Mientras, en las zonas orientadas al sur, la sequía implacable da un aspecto invernal a esos retorcidos tabaibales cuyas hojas hace meses que se perdieron en la canícula.

Pero llegarán las primeras lluvias en otoño y todo cambiará al revés de como pensamos. Reverdecerán los campos y la laurisilva se tornará de un verde intenso, confirmando la excepcionalidad de una Naturaleza única.

¿Has caminado alguna vez por la laurisilva canaria? Pues ahora es el mejor momento para hacerlo, cuando los acebiños (Ilex canariensis) están cuajados de frutos y los viñátigos (Persea indica) se inflaman de rojo. No sólo en el Parque Nacional de Garajonay (La Gomera), sino también en el bosque de Los Tilos de La Palma, o en los tinerfeños de Anaga y Monte del Agua. El bosque encantado te está esperando, cargado de otoño prematuro.

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Os incluyo algunas de las otoñales fotos que he hecho estos días en Garajonay, mientras participaba en un programa de voluntariado del que ya os he hablado aquí. Espero que os gusten.

Trabajan gratis para ayudar a la Naturaleza

Acabo de regresar de pasar 15 días inolvidables en uno de los últimos bosques primarios de Europa, las selvas de monteverde de La Gomera, en el Parque Nacional de Garajonay. Mi labor no ha podido ser más gratificante, ser monitor de una docena de animosos voluntarios medioambientales llegados de toda España con una única ilusión: trabajar gratis en estas selvas de la laurisilva canaria, con la satisfacción de ayudar a su mejor conservación como único premio.

El de La Gomera es uno de los muchos campos de trabajo de voluntariado que durante este verano y otoño SEO/BirdLife ha organizado en doce Parques Nacionales y cuatro centros asociados al Organismo Autónomo de Parques Nacionales.

¿En qué consistía el trabajo? Nada menos que en censar las poblaciones de palomas endémicas canarias, las bellísimas palomas tuquesas (Columba bolli) y rabiches (Columba junoniae).

También se hacían recorridos en busca de desplumaderos de gavilán (Accipiter nisus granti) y excrementos de gato, los dos grandes depredadores junto con la rata negra de estos bosques. Una actividad que muy pronto quedó bautizada en el argot del grupo como cagarruting.

¿Sirvió para algo tanto trabajo? Desde el punto de vista práctico, estos 15 días nos han permitido confirmar el excelente estado de conservación de las poblaciones gomeras de ambas palomas, cada vez más abundantes y por lo tanto menos amenazadas.

Por el contrario, ha evidenciado el temido derrumbe hacia la extinción segura de las poblaciones de cuervo gomero, aniquiladas por el veneno. En 15 días sólo vimos cuatro ejemplares, cuando hace 10 años en apenas cuatro días se veían más de un centenar.

Pero lo más importante ha sido la experiencia de una estrecha convivencia con personas maravillosas, de las que todos hemos aprendido muchísimo. Esas mujeres y hombres (siempre hay más féminas en los programas de voluntariado) que te demuestran que aún queda mucha gente buena por el mundo, entregada desinteresadamente a trabajos solidarios durante sus escasas vacaciones. Entusiastas capaces de abandonar el descanso nocturno por ver estrellas, escuchar pardelas e incluso acudir de romería a Chipude.

Gracias a las incansables María José, Pilar y Paula, a Eva y Rafa, a Montse, Loli, Aiala, Jesús, Elena, Enric y Ana. También a nuestro amigo César, propietario del restaurante Las Chácaras, en Hermígua, sin duda uno de los mejores de la isla. Y por supuesto a mi compañero Pablo. Pero gracias también a todos esos cientos de voluntarios que durante este verano han sacrificado parte de sus vacaciones en algo tan hermoso como ayudar a la Naturaleza. Con gente como vosotros este mundo será cada vez mejor. Seguro.

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Os dejo a continuación unas fotos hechas estos días, la primera de una parte de los voluntarios censando palomas y rapaces desde el mirador de Igualero.

En la siguiente imagen, Pablo enseña a Aiala los detalles del extraordinario pico de una chocha perdiz que encontramos atropellada.

Y para terminar, parte del grupo visitando el Museo Arqueológico de San Sebastián de La Gomera, pues siempre hay sitio para la cultura.