La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Descubren una nueva especie de “araña pirata” en La Gomera

Ero tenebrosa, la nueva especie de araña pirata descubierta en La Gomera.

Noticia preciosa, positiva, científica, de esas que tanto nos gustan. Se ha descubierto una nueva especie de araña en Garajonay, el emblemático parque nacional de La Gomera (Canarias). El trabajo lo firma el experto Jørgen Lissner, investigador de la Universidad de Aahrus (Dinamarca), quien lo ha publicado recientemente en la revista Arachnology que edita la British Arachnological Society.

La araña ha sido bautizada con el nombre científico Ero tenebrosa y forma parte del género Ero (familia Mimetidae).

El género Ero es popularmente conocido como el de las “arañas pirata“. La razón de un nombre tan del gusto de Jack Sparrow es porque se alimentan de otras arañas, a las que cazan con eficacia corsaria para después comérselas. Podríamos por tanto también llamarlas “arañas caníbal“. 

Dos datos más que nos permiten valorar aún mas este extraordinarios hallazgo:

  • Tan solo se conoce un único ejemplar en el mundo, una hembra
  • Tan solo se conoce un único lugar en el mundo donde vive, cerca del riachuelo y bosque de El Cedro, en Hermigua.

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Twitter se inventó en Canarias hace 2000 años

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Eso de tuitear (twittear) no es nuevo. Tweet es como se nombra en inglés al piar de un pájaro, ahora mundialmente considerado el trino informativo de los 140 caracteres: Twitter.

Pero lo de informar cual pájaro cantarín lo inventaron hace ya dos milenios los aborígenes canarios. Se llama silbo gomero, y es tan original y único que en 2009 ha sido inscrito por la Unesco en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Ya sabéis que soy un enamorado de La Gomera, de su naturaleza y de su cultura. Hace un año tuve la oportunidad de participar en el rodaje de una serie de documentales de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente sobre árboles singulares y bosques maduros que, como no podía ser de otra manera, darán relevancia a sus fabulosos bosques de niebla, las selvas macaronésicas de Garajonay. También a ese lenguaje silbado relicto, impresionante, capaz de comunicar a los isleños de un lado al otro del barranco, siempre con la simpática tonadilla final de “bueno, bueno”, algo así como el “corto” de los radioaficionados. Lee el resto de la entrada »

La Gomera, año 2 del terrible incendio forestal

 

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El 4 de agosto de 2012 se desataba un pavoroso incendio forestal en La Gomera que afectó al 11% de su superficie y obligó al desalojo de la cuarta parte de toda la población. El fuego fue intencionado. Varios terroristas ambientales llevaban todo el año empeñados en destruir la isla colombina y a punto estuvieron de lograrlo.  Las llamas destrozaron 4.100 hectáreas de terreno, calcinando viviendas, cultivos y ganado. Por suerte (por milagro) no hubo que lamentar víctimas humanas. 

El Parque Nacional de Garajonay se llevó la peor parte. El 20% de la mayor y mejor conservada reserva de laurisilva de Canarias, del mundo, quedó carbonizado. Miles de árboles con más de 1.000 años de edad ardieron como teas. La flora y fauna más amenazada recibió un durísimo castigo del que tardará varios siglos en poder a recuperarse.

Hace poco he regresado a La Gomera. Acompañado de Jacinto Leralta, excelente guía del Parque y mejor amigo, he caminado por esos lugares para mí tan queridos que ahora mismo me resultan irreconocibles. Han pasado dos años y la naturaleza, poco a poco, con fatiga inmensa, empieza recuperarse, pero los efectos del fuego son todavía terribles.

En algunos sitios tienes la impresión de que haya caído sobre el monte una bomba atómica. La tierra aparece calcinada, doblada por el fuego. Los viejos árboles son negros esqueletos retorcidos de carbón. Al pisar, los pies se hunden en una capa esponjosa de cenizas y levantan nubes grisáceas, emitiendo leves sonidos de infinita fatiga. En algunas laderas la lluvia ha arrastrado la capa fértil de tierra, esa acumulada durante siglos por el bosque, dejando al descubierto una tierra descarnada, roja como la carne despellejada de un cadáver, pedregosa, sin vida.

Imposible aguantar las lágrimas. Caminamos despacio, en silencio, con miedo a marchitar con nuestro paso cualquier pequeño brote de esperanza. El sol es aquí más terrible y duro que nunca, implacable. ¡Cómo se echa de menos el color verde, el mar de nubes!

Es ahora cuando afrontas la evidencia de que La Gomera no es un territorio septentrional, sino una isla situada casi enfrente del desierto del Sáhara, bendecida por unos vientos alisios a los que debe la dulzura de su envidiable clima; humedad que se encargan los árboles de ordeñar pacientemente, hoja por hoja, rama por rama, logrando que las nieblas no pasen de largo, que el agua se quede en la isla y fertilice sus campos.

Llegamos a un pequeño arroyo. Sorpresa: tiene agua. La alegría nos dura poco. Junto a la orilla descubrimos un esqueleto calcinado. Le falta la cabeza y parte de las extremidades. Durante unos minutos, pocos e interminables, sufrimos un ataque de pánico. ¿Será de una persona? Mando rápidamente las fotos a un amigo forense. Falsa alarma. Nos confirma que no es humano. Seguramente un pobre burro. Unas decenas de metros más allá encontramos a su cría, igualmente calcinada.

Fuego, muerte, erosión, desesperación. Vuelven las lágrimas.

Pero no todo son malas noticias. Para empezar, queda mucho parque, mucha maravilla sin tocar, anclada en el tiempo y el verdor, esperando nuestra visita. Un 80 % no sufrió el incendio. Y La Gomera sigue siendo el mejor lugar del mundo para ir de vacaciones.

De la zona afectada no todo sufrió con la misma intensidad. En algunos lugares el fuego fue menos intenso. En ellos el monte se recupera a una velocidad sorprendente. Allí nos reencontramos con la esperanza. Por todos lados se ven rebrotes de fayas, acebiños, viñátigos, laureles, brezos. Muchos superan ya los dos metros de altura.

Murieron los gigantes vegetales, pero sólo en apariencia, pues son seres eternos capaces de renacer de sus raíces una y mil veces. Ya lo hicieron antes y lo volverán a hacer las veces que haga falta, no les importa.

El problema es el ritmo. Lo hacen a la velocidad del bosque, una escala muy distinta de la humana. Por eso ninguno de nosotros veremos concluida esa resurrección.

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Garajonay abre sus selvas a las personas con problemas de movilidad

Silla Jöelette

Una turista francesa visita Garajonay gracias a la Jöelette.

Imagina que tu pasión es el campo, la limpia brisa azotándote la cara, pasear, ver y escuchar los pájaros, abrazar un gran árbol. Eres joven y tienes un prometedor futuro por delante. Hasta que la fatalidad hace añicos tu espalda de cristal. Un tropiezo, un resbalón tonto durante una de tantas caminatas, acaba de golpe con sueños e ilusiones anclándote a una silla de ruedas.

Pero estás viva y la naturaleza sigue allí, esperándote. Amorosa aunque incómoda. ¿Renegar de ella? Ni lo sueñes. Es una nueva etapa. Vuelves a nacer. Te reinventas. Regresas al campo y a las excursiones incluso con más alegría que antes. No le das importancia. Eres una heroína.

Esta semana he vuelto a la isla de La Gomera. Fue en estas misteriosas selvas de Garajonay donde conocí a mi querida chiqueta. He llegado pensando en ella, pues su mítico parque nacional es el primero que ofrece gratuitamente un servicio de sillas de ruedas adaptadas al senderismo de montaña.

La silla Joëlette fue inventada por un guía francés con el fin de poder transportar a su sobrino, enfermo de distrofia muscular. Y qué bien funcionan en la laurisilva canaria. Será una de las estrellas de la serie de documentales dedicados al arbolado singular que estamos produciendo en la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente para RTVE, gracias al proyecto LIFE+ dedicado a los grandes árboles para la vida.

Bosques para todos. Solidarios, pues es necesaria la ayuda de al menos dos personas para trasladar en esa peculiar silla a quien lo necesite por entre viñátigos y laureles centenarios. Respetuosos, al no ser necesario modificar el entorno. Accesibles, sin más barreras que el horizonte. Ejemplares.

Mi heroína acaba de enviarme un mensaje:

“Háblale a Garajonay de mí. Y dile que muy pronto rodaré por sus sendas”.

¡Hecho!

Los Parques Nacionales de Canarias pueden desaparecer por falta de dinero

Las tijeras de los brutales recortes económicos siguen recortando nuestro futuro. Si en Sanidad y Educación son salvajes, imaginaros lo que está ocurriendo con otros sectores menos prioritarios como son los relacionados con el medioambiente. En el caso de Canarias la podadora no está respetando nada, ni siquiera los Parques Nacionales, nuestra joya de la Corona natural. Para el próximo año el presupuesto se quiere reducir un 75%. No habrá dinero ni para luchar contra los incendios forestales. Garajonay, Teide, Caldera de Taburiente y Timanfaya están en peligro de extinción.

Los cuatro Parques Nacionales de Canarias, espacios únicos en el Mundo, son visitados por más de 6.000.000 de turistas al año. A su indudable papel como motor económico, los cuatro añaden un incalculable valor sentimental y emocional, pero sobre todo ecológico.

Pero en poco tiempo han pasado de ser una referencia internacional a tener sobre ellos la amenaza de la desaparición. Desaparecer es una palabra muy dura, pero real: las figuras de protección como Parque Nacional, Patrimonio Mundial o Reserva de la Biosfera pueden dejar de serlo si no son gestionados adecuadamente. Y esto es algo que puede ocurrir si finalmente se aprueban los brutales recortes previstos, que se suman a los ya sufridos desde su reciente transferencia.

Según el sindicato CC.OO., el recorte supondrá la desaparición de unos 300 puestos de trabajo, “con todo lo que ello implica no sólo desde un punto de vista laboral, sino también social, medioambiental, de conservación, conocimiento, investigación y disfrute de estos espacios únicos en el mundo”.

Si se aprueba la drástica reducción presupuestaria los Parques dejarán de prevenir y luchar contra los incendios forestales, dejarán de crear empleo directo e indirecto, dejarán de mejorar la calidad de vida en sus Áreas de Influencia Socioeconómica, dejarán de mantener los equipamientos (senderos, miradores, áreas recreativas y de acampada) y de mantener abiertos centros de visitantes y aulas de la naturaleza, dejarán de promover programas de Educación Ambiental, dejarán de conservar las especies de flora y fauna en peligro de extinción, dejarán de restaurar áreas degradadas, dejarán de ser nuestro orgullo y pasarán a ser nuestra vergüenza.

Los Parques Nacionales de Canarias pueden acabar convirtiéndose en territorios sin gestión, sin control e indefensos a los vaivenes de los grupos de presión. Para impedirlo, trabajadores de los cuatro espacios se han rebelado y piden nuestro apoyo. Tan fácil como unir tu firma en esta cibercampaña de Change.org y seguirlos en la página que tienen en Facebook.

Garajonay, Teide, Caldera de Taburiente, Timanfaya. Cualquiera que conozca estos lugares no puede permitir su desaparición.

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Una buena noticia (al fin) sobre medio ambiente en España

Llevamos meses recibiendo malas noticias medioambientales como quien recibe bofetadas en la cara, una detrás de otra. Por ejemplo los incendios. 2012 está siendo el año con más incendios forestales desde que hay estadísticas. El fuego ya ha arrasado 140.000 hectáreas, más del triple que el año pasado, destruyendo selvas únicas como Garajonay. O el nuevo anteproyecto que trata de reformar radicalmente la Ley de Costas para favorecer los intereses privados en detrimento del bien público. O la pretendida instalación de un parque eólico a las puerta de Monfragüe. O que como en los duros años de la dictadura, la propia Administración se lanza al exterminio del lobo ibérico, incluso en sus Parques Nacionales, matando hasta a los animales que estudia con GPS como el pobre Marley.

Necesitaba una buena noticia, aunque fuera pequeña. Y me ha venido hoy de la mano de mis queridos alimoches, los famosos buitres sabios. La noticia es ésta: Personal  del Gobierno de Aragón ha liberado en Ejea de los Caballeros (Zaragoza) a dos pollos de alimoche nacidos en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de La Alfranca (Pastriz). Procedían de dos huevos rescatados de un nido en Alfocea, donde el macho murió por envenenamiento mientras los incubaba.

Según relata la Agencia Europa Press, en apenas cinco horas desde la muerte del ejemplar adulto se rescató la puesta de dos huevos y fue trasladada a una incubadora. Una semana después nació el primer pollo de alimoche, que tuvo que ser asistido durante su nacimiento por encontrarse demasiado débil para eclosionar por sí mismo. Cuatro días después nació el segundo pollo.

Sus primeros días los pasaron en una nacedora de la sala de cría del Centro de Recuperación de La Alfranca, donde ambos fueron criados mediante marionetas que imitan a los adultos de estas rapaces y donde no mantuvieron contacto visual con sus cuidadores, salvo para comprobar el estado de salud y de crecimiento. De esta forma se evitó que se acostumbraran a la presencia humana.

Una vez que fueron capaces de ingerir alimento sin ayuda de las marionetas se les trasladó a una jaula exterior con un nidal artificial, en el que permanecieron hasta completar el crecimiento total de sus plumas de vuelo. Posteriormente fueron pasados a un parque de vuelo, donde han permanecido durante más de un mes, junto con más aves rapaces, ejercitando sus músculos antes de ser liberados.

Sí, ya lo sé. Tan sólo es una gota de alegría en un mar terriblemente revuelto. Pero demuestra que todavía se hacen las cosas bien. Que a pesar de la crisis hay profesionales y voluntarios como la copa de un pino empeñados en lograr un mundo mejor mientras otros se obcecan en quemarlo, hormigonarlo y envenenarlo. Esos dos alimoches son la esperanza. Muy pronto iniciarán su largo viaje a África. Esperemos que cuando regresen a estas tierras dentro de unos años nuestro país haya mejorado. Cruzo las plumas por ellos.

Foto: CSIC

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El incendio de La Gomera sigue destruyendo el monte y la verdad

Aunque estabilizado, el incendio de La Gomera sigue aún activo casi un mes después de iniciarse el pasado 4 de agosto. En total se han quemado 4.000 hectáreas (el 11 por ciento de la superficie insular) y las pérdidas materiales causadas por el fuego se han cifrado en más de 70 millones de euros. Las pérdidas ambientales son incalculables. Y las mentiras, medias verdades, errores de bulto, confusiones y malas interpretaciones sobre las razones que lo han provocado están quemando las posibilidades de encontrar soluciones razonables que permitan afrontar con garantías su recuperación. Que por supuesto incluye juzgar a los responsables políticos que tan desacertadamente han gestionado la extinción del fuego.

Conozco muy bien el monte gomero. He trabajado varios años en el Parque Nacional como monitor ambiental. También he realizado allí diferentes estudios ambientales sobre su extraordinaria flora y fauna. Con esta experiencia como base, me gustaría responderos a una serie de preguntas que seguro muchos de vosotros os hacéis.

¿Cómo se pudo quemar Garajonay, un bosque húmedo y siempre verde?

Porque estaba terriblemente seco. La sequía actual es la peor que se recuerda en Canarias en el último siglo.

¿Empezó el fuego en la laurisilva?

El fuego empezó fuera del Parque Nacional, en la parte baja de arbustos y campos de cultivo abandonados. Fue allí donde los pirómanos se pasaron meses metiendo cerillazos que luego eran rápidamente sofocados por los servicios de extinción de incendios. Una y otra vez. Al final un día, de extremo calor y fuerte viento, se salieron con la suya.

Los incendios de La Gomera nunca empiezan en la laurisilva. Prácticamente el 99% de los incendios de La Gomera empiezan fuera del monte y casi ninguno entra al monte. Al contrario, el mejor cortafuegos que hay es la laurisilva madura.

¿Tuvo la culpa del terrible incendio la leña muerta acumulada en el monte?

En absoluto. Lo que algunos ven como “suciedad” es el proceso natural de un bosque donde los árboles muertos dan de comer a los jóvenes y a todo un importantísimo ecosistema de plantas y animales. Esa leña podrida llena de hongos e insectos arde muy mal. Lo mismo ocurre con la hojarasca, la piel viva de la laurisilva.

¿Por qué antes no había incendios en el monte gomero?

Pues porque antiguamente todo el perímetro de Garajonay estaba rodeado de campos de cultivo que ahora están abandonados en su mayor parte. Pero es más fácil repetir cosas desde la absoluta ignorancia que plantearse tener TU palmera limpia de pencas secas, TU finca sin arbustos, rastrojos, cultivada…, TU casa y cuarto de aperos sin atrabancos, palés abandonados, muebles viejos. Es mucho más fácil echarle la culpa al monte y a sus gestores.

¿Es verdad que no dejan sacar madera del monte y por eso está descuidado?

Es una falsedad. A los vecinos de los caseríos del entorno se les permite retirar 5 estereos de leña por familia y año. También estaba a disposición de cualquier habitante de la isla el aprovechamiento de los pinos cortados (donde posteriormente se plantaron hayas y brezos), cosa que hizo quien quiso (sobre todo las panaderías y dulcerías que usaban leña).

La gente que propone limpiar el monte no tiene en cuenta que tal medida supondría la desaparición de cientos de especies de hongos, invertebrados, líquenes… que viven de descomponer la materia orgánica. Además del ingente trabajo que supondría sacar toda esa leña de un monte con un 46% de la isla con pendientes del 30% y el 12% con pendientes superiores al 50%.

¿Hacen falta más cortafuegos?

Otro gran error. La zona del Parque Nacional donde hay más pistas a modo de cortafuegos es la que resultó más rápidamente devastada por el fuego. Toda la zona de Pajarito, Alto, Pinos Redondos y Ajugal está surcada por pistas bien mantenidas, donde la vegetación no hacía “túneles” pues era joven y baja. Por lo tanto, donde más pistas hay en todo el Parque mayor ha sido la devastación. La razón es el tipo de vegetación, de monte de brezos y hayas jóvenes. Con el fuego se han esfumado en 48 horas los 30 años de trabajo de restauración de las áreas degradadas donde en los 60 se plantaron unas 500 hectáreas de pinos.

La laurisilva es un cortafuegos natural. El fuego de la meseta de Vallehermoso de 1995 empezó fuera del monte por una quema de rastrojos, y cuando llegó a la laurisilva húmeda prácticamente él mismo se detuvo y apagó. El fuego del año pasado en Cubaba y Tazo se detuvo cuando llegó al monte después de quemar palmeras, vegetación arbustiva y rastrojos.

¿Por qué el fuego ha sido tan rápido y devastador?

El gran barranco de Valle Gran Rey se quemó en 7 minutos. Fue como un gigantesco lanzallamas, por culpa, sobre todo, de los malignos cañaverales, plantas invasoras que están asfixiando el territorio canario. Los matorrales y brezales jóvenes del sur de la isla y el monte ardieron en apenas dos o tres días. Se trata de vegetación de monteverde joven, muy inflamable, que ha ido invadiendo zonas anteriormente agrícolas y que ha sido la gran propagadora del fuego. Frente a ello, en las zonas bien conservadas de laurisilva, o no ha llegado el fuego o avanzó tremendamente despacio, quemando partes del suelo pero respetando los árboles.

¿Ha acabado el incendio con el Parque Nacional de Garajonay?

En absoluto. Es verdad que el incendio ha sido terrible. Ha ardido un millar de hectáreas del Parque Nacional de Garajonay. Unas cien hectáreas de monte maduro necesitarán un siglo para llegar a un estado similar al de antes. Algunas de inmenso valor ecológico como Los Gallos, en Vallehermoso, un bosque tan antiguo o más que El Cedro. Pero la mayor parte del incendio ha quemado pastos y matorrales que en dos años recuperarán su aspecto verde. También ha destruido zonas situadas en la periferia del Parque y donde se habían desarrollado programas de restauración ecológica que tardarán una década en recuperarse.

¿Merece la pena viajar a La Gomera?

Por supuesto. Todavía queda mucho Garajonay intacto, virgen, salvaje, misterioso, único. Todavía queda mucha Gomera fabulosa, muchos senderos que caminar, muchas gentes a las que conocer y con las que disfrutar de su gastronomía, de su cultura, de su bonhomía.

Este incendio no es ni debe ser un problema para la isla, sino un acicate para que todos nosotros nos volquemos en ella y la apoyemos eligiéndola en nuestras próximas vacaciones. Ten la seguridad de que no te defraudará.

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La tragedia ambiental del incendio de La Gomera también es económica

Tengo el alma encogida en un puño, inmensamente triste por ese incendio que está destruyendo el corazón de La Gomera, las selvas mágicas de Garajonay. Cerca de un 10 por ciento del Parque Nacional ya se ha carbonizado y el fuego continúa imparable, descontrolado.

Conozco bien esos bosques y a sus gentes. Todos los años trabajo allí con los programas de voluntariado de SEO/BirdLife. Conozco también muy bien a sus gigantes vegetales, impresionantes árboles singulares a los que he inventariado para un catálogo oficial del Gobierno de Canarias. Por eso me siento incapaz de imaginar a esas selvas de niebla consumidas por las llamas.

Los bosques de Garajonay atesoran una triple singularidad:

  • Por un lado, son fósiles vivientes de las junglas cálidas y húmedas que poblaron la región mediterránea en el Terciario.
  • Por otro, protegen una extraordinaria cantidad de endemismos, producto de su aislamiento genético.
  • Finalmente, concentran una sorprendente densidad de árboles centenarios y monumentales.

Pero, por encima de su altísimo valor biológico, Garajonay contribuye al desarrollo sostenible de todo un territorio en sus aspectos ambiental, social y económico. En 1986 la Unesco reconoció estos méritos declarándolo Patrimonio de la Humanidad y este año toda la isla ha sido nombrada Reserva de la Biosfera.

La tragedia es ambiental, pero también económica. El Parque Nacional de Garajonay tiene una posición clave en la socioeconomía insular como principal fuente generadora de recursos. Su cada vez más activo sector terciario depende casi exclusivamente del turismo generado a la sombra de estos árboles siempre verdes. Gracias a este espacio se explican las más de 8.000 camas de su planta alojativa. Como resultado, Garajonay es el tercer parque nacional más visitado de España en relación con su superficie, por detrás del Teide y Timanfaya.

Todo indica que el fuego ha sido intencionado. Algún malnacido disfruta haciendo daño a sus vecinos y sus recursos, poniendo en peligro sus vidas y obligando a desalojar a 600 personas de 15 núcleos de población. El incendio es la mayor amenaza para la integridad de Garajonay, ya que como señalaba su director, Ángel B. Fernández, en un artículo que firmamos conjuntamente en la revista Quercus,

“destruye las estructuras forestales antiguas, imposibles de recuperar en la escala temporal de una vida humana”.

Y al contrario de con el pino canario, capaz de rebrotar después de un incendio, el fuego no ha jugado un papel importante en la evolución del ecosistema, ya que no existen fuentes naturales de ignición y las plantas no están adaptadas a estos desastres.

Hoy en la Radio Autonómica de Canarias me pidieron que hiciera una descripción de Garajonay y hablé de su increíble paisaje sonoro. De ese silencio sobrecogedor arrullado por el reclamo de la paloma rabiche, el rumor del agua de un pequeño manantial y el susurro de los vientos alisios agitando las hojas de fallas y viñátigos. Me quedo con ese recuerdo íntimo. Como Federico García Lorca ante la sangre de Ignacio Sánchez Mejías, me niego a pensar en el alma carbonizada de Garajonay:

¡Que no quiero verla!  / Dile a la luna que venga,/ que no quiero ver la sangre / de ese bosque incendiado. / ¡Que no quiero verla! / Que mi recuerdo se quema.

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Luchan en La Gomera contra la maldición de la oreja de gato

Pobres gatos. Ellos no tienen la culpa, pero en biología de la conservación son los malos de la película; tanto por méritos propios como ajenos. Ya os he contado otras veces lo perjudiciales que resultan estos felinos para las aves y los reptiles cuando se escapan de las casas, especialmente en ecosistemas insulares. Ahí está el triste caso del gato del farero del islote de Stephens, responsable de haber extinguido él solito una especie única de ave en unos pocos años. O los que tienen contra las cuerdas a los lagartos gigantes endémicos de El Hierro o de La Gomera.

Precisamente en esta última isla hay un programa de erradicación de una planta invasora con nombre gatuno que amenaza a la biodiversidad de uno de los bosques maduros mejor conservados del planeta. Se trata de la Tradescantia fluminensis, una especie habitual en jardines procedente de la mata atlántica brasileña y popularmente bautizada como “oreja de gato” debido a sus hojas puntiagudas.

Llegada a La Gomera hace medio siglo, su aprovechamiento forrajero le dio alas. Planta delicada como pocas, en su fragilidad reside el secreto de su fortaleza, pues se rompe con sólo tocarla, pero es capaz de multiplicarse asexualmente con que sólo una mínima yema o raíz quede en el suelo.

A modo de maldición felina, algunas de las más peligrosas especies invasoras recuerdan a nuestros bellos animales de compañía: uña de gato (Carpobrotus edulis), rabo de gato (Pennisetum setaceum) y oreja de gato (Tradescantia fluminensis).

Este verano estoy colaborando precisamente en un programa de voluntariado de SEO/BirdLife en el Parque Nacional de Garajonay donde tratamos de expulsar a la Tradescantia de los límites de la laurisilva. No es nada fácil. Con que dejemos tan sólo un tallito minúsculo en el suelo la planta volverá a invadirlo todo en poco tiempo, desplazando a geranios, violetas, laureles y viñátigos.

Menos mal que contamos con la inestimable colaboración de un montón de gente joven que es capaz de sacrificar sus vacaciones para colaborar desinteresadamente en tan desigual lucha. Su entusiasmo y excepcional formación profesional está logrando lo que parecía imposible, poner a raya a la “oreja de gato” en el monteverde.

En apenas una semana el primer turno logró eliminar más de una tonelada y media de plantas que harán las delicias de las cabras de la señora Luciana allí donde la aridez de la isla hace imposible su crecimiento accidental. El segundo turno está en estos días rematando la faena. Jóvenes comprometidos con el medio ambiente y para los que sólo puedo desearles ese radiante futuro que tanto se merecen.

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¿Conoces la Costa Rica de Europa?

Este verano la atención mediática se ha centrado en el impresentable senador y presidente del Cabildo de La Gomera Casimiro Curbelo, olvidándose una vez más de promocionar las excelencias de un territorio único que conocen mucho mejor los alemanes que nosotros los españoles.

Al margen de saunas y juergas vergonzantes, los gomeros han logrado preservar una isla sin parangón cuya explotación de los recursos naturales está llamada a convertirse en la Costa Rica de Europa; en modelo de turismo respetuoso, capaz de preservar e incluso acrecentar unos atractivos que con toda justicia están considerados Patrimonio de la Humanidad.

La Gomera ha sido la primera isla canaria en recibir la Carta Europea de Turismo Sostenible y es también la primera en la que una veintena de empresas se adhieren a esta distinción de Europa que marca estándares de calidad y objetivos de conservación y desarrollo.

Gracias a Ángel Fernández, querido amigo y director del Parque Nacional de Garajonay, pude asistir hace unos días en esa querida isla a la entrega de estas distinciones llamadas a convertirse en referente del ecoturismo español.

Fue también allí donde conocí a Ana Valien, de Los Telares, representante de esa nueva generación de emprendedores excepcionalmente bien preparados que han apostado decididamente por llevar a su isla a las más altas cotas de calidad ecológica. Su discurso de agradecimiento, que podéis leer íntegro en su blog, resulta tan emocionante como esperanzador.

Cientos de kilómetros de senderos entre montañas imposibles y bosques de niebla perfectamente acondicionados para caminar, agropaisajes únicos donde el hombre ha logrado esculpir con bancales una arquitectura de piedra de auténtico vértigo, quesos de cabras felices ahumados con leña de brezos de la laurisilva, guarapo y miel de palmera canaria extraída según técnicas aborígenes, potaje de berros, mangos y aguacates, cerámica sin torno, el silbo gomero como método excepcional de comunicación, gentes felices y playas familiares.

¿Queréis un consejo? Id de vacaciones a La Gomera. Será algo inolvidable.

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