La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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¿Está la vida rural abocada al fracaso y la desaparición?

Iglesia de Huidobro (Burgos).

El titular de este post no es mío. Tan solo pongo en formato pregunta algo que el periodista y escritor burgalés Rafa Ruiz negó con emoción este verano en el pregón de las fiestas patronales de Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja: la vida rural no está abocada a su desaparición. Pero lo parece.

He tenido la oportunidad de acompañar un día a Rafa por el norte burgalés, por Las Merindades, una comarca más extensa que toda la vecina provincia de Vizcaya. ¡Qué soledad! Pueblos y más pueblos casi deshabitados, y eso que estábamos en agosto, cuando más vivos se encuentran. Carreteras sin automóviles, senderos infinitos sin caminantes, iglesias sin feligreses, parques infantiles (por decenas, en todas partes) sin niños.

En su pregón, el periodista se negó a hacer lo fácil, ensalzar las glorias pasadas del municipio. ¿La razón? Que cree firmemente en el futuro del mundo rural, incluso el de pueblos como el suyo, con apenas siete habitantes.  Lee el resto de la entrada »

El campo envejece: cada vez hay menos jóvenes agricultores en Europa

Plamen Mihaylov muestra orgulloso su plantación de pimientos en el pueblito búlgaro de Shtarkovo.

En palabras del comisario europeo de Agricultura y Desarrollo Rural, Phil Hogan, “los jóvenes agricultores de hoy son los ecologistas del mañana”. Sin embargo, cada vez hay menos. Y eso preocupa enormemente a Europa. Apenas un 5,6% de los agricultores europeos son menores de 35 años, mientras que el 56% son mayores de 55 años, según datos de la Oficina de Estadística de la Unión Europea, Eurostat.

La población agrícola española es también cada vez más vieja. El 63% tiene entre 35 y 64 años, el 33,3% más de 64 años y sólo el 3,7%, menos de 35 años. En Portugal están aún peor, pues la mitad de los agricultores son mayores de 65 años.

Estos datos contrastan con Alemania, Austria y Polonia, donde menos del 10% de todos los agricultores continúan trabajando más allá de los 65 años. La proporción de jóvenes frente a mayores en el mundo rural de esos tres países es alta (por encima de 1), pero muy baja en Chipre, Portugal, España y el Reino Unido (por debajo de 0,1), estableciéndose la media europea en 0,18. Lee el resto de la entrada »

Adiós a los que se quedan y hola a Labordeta

aragonsigue

Mi querido amigo Paco Berciano tiene un blog en 20 Minutos que muchos leen pero él ya no escribe y una columna de opinión en el Diario de Burgos que él escribe y muy pocos podemos leer. Me siento, nos sentimos, huérfanos de esa clarividencia suya que sólo los muy inteligentes son capaces de sintetizar en una literatura de calidad.

Paco es uno de los máximos expertos en vinos y viñedos de Europa. Comparte con los grandes bodegueros un amor intenso por el paisaje agroforestal, por el terruño. También comparte con ellos una sentida preocupación por el derrumbamiento del mundo rural, por la pérdida de reconocimiento de los urbanitas a nuestros últimos guardianes del territorio.

Su columna de esta semana me llegó a lo más profundo del corazón. Está dedicada a José Antonio Labordeta y a esas personas que luchan contra el abandono de pueblos y aldeas, contra la incomprensión de quienes hace ya demasiado que no sentimos la fuerza y la dureza de abrir la tierra con un arado. Somos, como diría el llorado bardo aragonés, “como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar”. Es verdad, “hemos perdido compañeros, paisajes y esperanzas en nuestro caminar”. Pero aún queda esperanza. La que te insuflan los viejos amigos en esas impagables conversaciones, pocas pero siempre cercanas, íntimas, auténticas. La próxima muy pronto, “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero“.

Hace años, décadas ya, Paco y yo gustábamos de escribir artículos conjuntos en el Diario 16 de Burgos. “A pachas” lo llamábamos, una expresión cheli que evidencia el paso inexorable del tiempo. Lo recuperaremos pronto, seguro. Pero mientras tanto, os dejo íntegro el artículo publicado la pasada semana por Paco Berciano en el Diario de Burgos. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Esta semana ha abierto sus puertas la Fundación José Antonio Labordeta, un homenaje que su mujer, sus tres hijas y un buen grupo de amigos ha querido rendirle. Labordeta fue maestro, escribió alguna de las canciones más bonitas de amor y de lucha que nunca se han escrito en castellano, recorrió los pueblos de Aragón y cantó su muerte diaria. Después hizo un programa diferente de televisión, de los que ahora no se llevan porque no había gritos sino gente hablando, contando paisajes e historias. Fue político de los que honró esa palabra.

Cuando leía la noticia, además de enormes ganas de visitarla, sentía una gran nostalgia. Nostalgia por el hombre que nos falta, por sus versos, por su voz profunda, por su honradez enorme.

Pero también nostalgia como castellano porque nosotros nunca hemos tenido la suerte de tener un hombre tan grande como él para cantar y contar y, sobre todo, para defender nuestros pueblos, nuestra vida rural.

Burgos es la provincia con más pueblos de España y una gran mayoría de ellos están muertos o a punto de morir entre el silencio y la indiferencia de todos. Cada año desaparece alguno, cada año se quedan más piedras vacías, sin nadie que las mire.

Cuando recorro Francia siento envidia por cómo ellos han sabido defender e integrar la vida en el campo. Sus pueblos son bonitos, tienen vida. En las calles hay flores y en las casas hay internet a toda velocidad. Trabajar y vivir en el campo en Francia es motivo de orgullo. En nuestra Castilla perdida es motivo casi de vergüenza, como si no se supiera hacer otra cosa.

Nos une con Aragón muchas cosas, desde el Camino del Cid hasta los pueblos despoblados y muertos que llenan su paisaje y el nuestro. Nos une la enorme historia que han tenido nuestros pueblos y la indiferencia de los que pueden actuar para evitar que esa historia se pierda para siempre. Muchos pueblos, llenos de pequeñas joyas que conservar, demasiado dinero que gastar para poder hacerlo en una época en la que el dinero no sobra. Y pocos votos que ganar haciéndolo.

No hemos tenido un Labordeta, aunque hemos tenido gente como Enrique del Rivero, César-Javier Palacios o Elías Rubio. La lástima es que su voz se ha oído menos y que nunca han tenido una plataforma importante para hacerse escuchar.

Pueblos muertos, formas de vivir acabadas, productos agrícolas que nunca volverán a ser iguales, panes cocidos al horno de leña en peligro de convertirse sólo en un recuerdo. ¿Quién te cerrará los ojos tierra cuando estés callada?

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Este verano cambia las chancletas por las botas

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Turistas ornitológicos. © Jordi Prieto; SEO/BirdLife

¿Preparando las vacaciones de verano? Cruceros, playas, islas exóticas. Todo eso ya no está de moda. Ahora lo verdaderamente nuevo y revolucionario es irse de veraneo al campo. Sí, al pueblo, como siempre hicimos.

Se llama “Turismo de Naturaleza” y es el segmento turístico más en alza en todo el mundo, un 20% anual, que ya supone el 15% del movimiento mundial de viajeros.

Tranquilidad y buenos alimentos. Alojamientos rurales con encanto. Pateos que nos reconcilian con la naturaleza. Ecoturismo. Geología. Botánica. Rutas gastronómicas en busca de paisajes del queso, el vino, el aceite de oliva. Para aprender. Para disfrutar. Para todos los bolsillos. Y muy solidario, sostenible, pues ayuda a mejorar el bienestar del mundo rural, a reconocer su importancia como guardianes de nuestra cultura y de nuestro entorno. A descubrir por qué España es el lugar de Europa con la mayor y más desconocida red de espacios naturales protegidos.

Hoy pongo fin a un mes como coordinador de dos cursos sobre turismo ornitológico en Fuerteventura y Lanzarote promovidos por SEO/BirdLife y la Fundación Biodiversidad. Qué experiencia más interesante. Mostrar a turoperadores, guías y hoteleros el extraordinario recurso turístico de ver aves en Canarias, uno de los mejores lugares del Planeta.

¿Capricho de unos pocos? En absoluto. En Estados Unidos más de 46 millones de ciudadanos participan en las actividades de observación de aves, manteniendo 863.000 empleos estables. Y todo un país como Costa Rica basa su desarrollo económico en ofrecernos su exuberante naturaleza tropical.

¿Vamos a ser menos nosotros? Por suerte algo está cambiando. Hace años miraba pájaros en un pueblo de Burgos y los vecinos avisaron asustados a la Guardia Civil. Hoy celebramos festivales de aves, recibimos a las grullas, saludamos a las cigüeñas e incluso a los vencejos.

Lo dicho. Este verano cambia las chancletas por las botas.

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La industria turística vuelve a la naturaleza

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La curiosidad nos hizo turistas. Los griegos ya viajaban a Olimpia para disfrutar de sus famosos juegos olímpicos ¿Turismo deportivo? Los romanos llegaban de muy lejos para disfrutar en Roma de las termas de Caracalla. ¿Turismo termal? En la Edad Media se cruzaba media Europa haciendo el Camino de Santiago. ¿Turismo de aventuras? ¿Turismo cultural?

En 1841 Thomas Cook creó en Inglaterra la primera agencia turística de la historia. Comenzó dando cobertura a una reunión británica antialcohólica, pero los siguientes viajes los dedicó a visitar las exposiciones universales de Londres y París. ¿Turismo de congresos? Poco tiempo después puso de moda viajar a Suiza para dar a conocer su paisaje alpino. ¿Turismo de naturaleza?

Hoy el turismo moviliza a casi 1.000 millones de personas al año, 60 millones en  España. Estos días se celebra en Madrid la feria FITUR, donde he podido comprobar el escaso interés que despierta el turismo de sol y playa. Sigue existiendo, es verdad, pero ya no vende solo. Para distinguirse necesita hablar de paisaje, cultura, naturaleza, gastronomía o deporte. Y cuanto más cercano al territorio se presenta más seduce al visitante.

Me alegro por el cambio. Hace años hablar de turismo rural, ornitológico o geológico sonaba imposible. Hoy es justo lo contrario. No existe región que no reconozca la importancia de sus bosques, de sus especies protegidas, de sus montañas y ríos, de sus espacios naturales. Esos elementos únicos amenazados por el hormigón, cuya protección se consideró un freno a las economías y que se han convertido en reclamos turísticos, en potentes generadores de bienes y servicios.

Los que arrasaron su entorno se tiran ahora de los pelos tratando de llevar turistas a degradados lugares cuyo único atractivo es la cerveza barata.

Foto: Tajinaste rojo (Echium wildpretii) en El Teide (Tenerife). Wikimedia commons.

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Un pueblo burgalés compite con el MoMA de Nueva York

MuMo

Dicen que una mirada al pasado es un paso hacia el futuro. Tengo mis dudas después de haber visitado estas Navidades el MuMO (Museo de Modúbar de la Emparedada), que no el MoMA (Museum of Modern Art de Nueva York), con quien tan sólo compite en similitud nominal.

Modúbar de la Emparedada es un pequeño pueblo de 600 habitantes cercano a Burgos con un museo etnográfico recientemente inaugurado. Allí se exponen perfectamente restauradas más de 300 piezas con las que recorrer la extraordinaria historia de la agricultura desde sus orígenes hasta la radical modernización del campo emprendida hace apenas medio siglo. Emulando con gracia a su casi homónimo museo neoyorkino, la colección de artefactos agrícolas se llama pomposamente “La Recolección”.

Para más lustre, es el propio alcalde de la localidad quien hace de cicerone, pues todo aquí se cubre con voluntariosos voluntarios.

Trillos, guadañas, hoces, carros y bieldas nos recuerdan el gran salto hacia el olvido dado por nuestra sociedad, cada vez más mecanizada y urbanizada, cada vez más eficiente pero también más dependiente y global.

Sus promotores son ambiciosos. Aspiran a inaugurar otros museos etnográficos en otras poblaciones cercanas dedicadas, por ejemplo, al mundo de la lana o al del vino. Atractivos ejes culturales empeñados en mantener viva la llama de la nostalgia bajo el agrupador nombre de “El hombre y los ingenios”.

Sebastián el alcalde y Carlos el coleccionista están convencidos del éxito de tal propuesta, pero se enfrentan a una dura certeza. No hay voluntad política y la voluntad ciudadana también es escasa. La cultura ya no vende. El recuerdo de los tiempos de la escasez y la penuria aún menos.

Son pueblos que lo intentan todo por seguir viviendo/sobreviviendo. Sin embargo, la realidad es tozuda y los jóvenes no encuentran la oportunidad para quedarse en las tierras de sus mayores. O quizá sí y éste sea el principio de un gran cambio. La tan ansiada vuelta al campo.

Carro

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Vacaciones ecológicas “low cost”

En estos tiempos de crisis, nada mejor que disfrutar de unas vacaciones ecológicas low cost, las más baratas y medioambientalmente más sostenibles.

El primer consejo es buscarlas cerca de casa. Cuanto más próximo esté ese lugar de retiro estival, menos consumo energético haremos y mejor nos sentiremos. El pueblo, un pueblo, es el mejor sitio. Para muchos, el lugar perfecto donde reencontrarnos con nuestras raíces y con la naturaleza. Tras un año de frenética actividad urbana no se me ocurre nada más plácido que desconectar del mundanal ruido abusando a placer de caminatas, lecturas, charlas, partidas de cartas, comidas saludables y siestas interminables. Incluso la propia ciudad, ahora que tanta gente ha salido fuera, se convierte en un privilegiado refugio (barato) rodeado de parques y pueblos próximos por descubrir.

También los más aventureros tienen un mundo cercano por disfrutar. Practicando placeres como el senderismo o la bicicleta, el turismo rural, los programas de voluntariado ambiental e incluso de ese turismo activo tan lleno de sorpresas.

Sólo un consejo. Huyamos de los “fast travel, ofertas imposibles donde visitar 10 ciudades en seis días, persiguiendo el paraguas enhiesto de un guía que sólo sabe meternos prisa, chupando kilómetros de autobús y, lo que quizá todavía es peor, descansando en hoteles insulsos de comida estándar. Eso no es viajar queridos amigos. Eso es ir a ver postales. ¿No os parece un horror?

Viajar es descubrir sin prisa paisajes y paisanajes. Sentarse junto a un viejo chopo a la orilla del río y escuchar el relato sencillo de algún paisano sobre cómo se vive allí. Conocerlo, sentirlo y brindar por ese nuevo amigo del alma que, seguramente, no volveremos a ver nunca más pero que tanto nos habrá impresionado, del que tanto habremos aprendido. Recuerda: a la vuelta de un viaje, lo más imperecedero es la gente a la que conociste. Seguro que alguno de vosotros nunca olvidará uno de esos viajes especiales. ¿Lo compartes con nosotros?

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Estamos en peligro de extinción

Los tiempos han cambiado. De ser España (supuestamente) la reserva espiritual de Occidente, algo tan discutible como poco práctico, hemos pasado a convertirnos en la reserva material en biodiversidad de Europa. Nuestra extraordinaria variedad de paisajes, junto con su relativamente buen estado de conservación, nos coloca en el primer puesto del ranking natural, al albergar 85.000 especies de fauna y flora, el 54% del total de las especies europeas.

¿Quién gestiona toda esta riqueza? Se equivocan los que piensan en la Administración como garante de la naturaleza. En la práctica la biodiversidad está en manos de quienes la usan, explotan, conservan y mejoran. ¿Lo adivinan? Efectivamente, la gente del campo, el mundo rural agroganadero y forestal es el  generador y custodio de la biodiversidad dentro de los territorios que ocupa, que a fin de cuentas es todo el espacio no urbano.

Desgraciadamente, son malos tiempos para el campo. La crisis del mundo rural está llegando a unos niveles alarmantes, como nunca antes se habían sufrido. Los jóvenes abandonan los pueblos en busca de una vida mejor, porque el campo ya no ofrece futuro, tan sólo refugio a un puñado de ancianos, aferrados a una cultura y unos modos de vida en mayor peligro de extinción que osos y linces. Protegemos las especies pero nos olvidamos de la más importante, de la nuestra, responsable del mantenimiento de un paisaje único logrado tras miles de años de relación directa con la naturaleza.

Ahora pensamos que todo ese pasado no sirve para nada. Que podemos vivir en grandes ciudades, y que cuando en vacaciones o en un fin de semana vayamos al campo nos lo encontraremos todo bien conservado cual perfecto parque temático, con hotelitos rurales y buenos restaurantes de comida casera. ¡Qué equivocados estamos! Arrancados de la tierra, sin raíces, ahogamos nuestro futuro.

Foto: Dux Garuti / La Opinión de Tenerife

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¡Viva el turismo inactivo!

Este domingo se clausura en Madrid la trigésima edición de la feria de Fitur, el gran escaparate mundial del turismo. La mayoría de las 11.000 empresas e instituciones allí reunidas han intentado y siguen intentando captar la atención del turista global, ese curioso impenitente capaz de gastarse grandes cantidades de dinero en descubrir lo que hay al otro lado del mapa.

Los griegos ya se iban de Olimpiadas, y seguramente antes ya había largas romerías y peregrinaciones, algo así como un incipiente turismo religioso. Ahora somos cerca de 1.000 millones los que nos movemos por todo el mundo cada año de un país a otro, sólo por diversión. Gastándonos la nada despreciable cifra de 625.000 millones de euros anuales. Mucho movimiento, mucho gasto, pero también muchos desequilibrios y mucho despilfarro energético.

En los últimos 50 años la estrella fue el turismo de sol y playa. Un sector en el que España se especializó de una forma tan terrible como terriblemente destruida quedó su costa. Agotados de este modelo, hemos vuelto ahora la atención al mundo rural, al turismo ecológico y cultural. Sin embargo, somos seres inquietos. Llegamos a un lugar nuevo y preguntamos: ¿qué se puede hacer aquí? Nació así el turismo activo y de aventura: rafting, surf, kayak, puenting, 4×4, quads,… Ser superhéroes durante unas horas, antes de regresar a la realidad de la oficina.

Yo sin embargo, cada vez soy más partidario del turismo inactivo o, mejor dicho, del turismo plácido. Ir a zonas rurales para pasear, leer, hablar con la gente, extasiarme ante el vuelo de una mariposa o el color de una flor. Lo que los italianos denominan “dolce far niente” y podríamos traducir como “refinada holgazanería”. Es lo más cómodo y ecológico, pero también lo más económico, saludable y lógico. ¿No os parece que al final nos estresamos más con esas vacaciones tan activas que con el propio trabajo? Entonces ¿para qué correr tanto?

Como reza un viejo proverbio árabe,

“la simplicidad es un tesoro infinito, si no puedes alcanzar lo que anhelas, conténtate con lo que tienes”.

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¿Hay más osos y avutardas que niños?

“En la montaña de Riaño nacen más osos que niños”, asegura Porfirio Díaz, alcalde de Burón. “En las llanuras de León ya nacen más avutardas que niños”, le secunda Matías Llorente, alcalde de Cabreros, en la agrícola comarca de Los Oteros.

Además de mentira, ambos ediles son unos demagogos, pero tienen parte de razón. El campo español se muere mientras algunas especies animales hasta hace poco amenazadas de extinción se van recuperando; aunque todavía estén muy lejos de lograr unos censos cercanos a los que tenían hace apenas un siglo.

Por ejemplo, la población de avutardas en Castilla y León se ha incrementado en más de un 30 por ciento en los últimos diez años y ya hay 14.000 ejemplares.

Y respecto a los osos, el año pasado un total de 19 hembras lograron parir 37 cachorros en toda la Cordillera Cantábrica.

Obviamente, sigue habiendo en el campo más niños que avutardas y osos, pero el despoblamiento rural es cada vez mayor. Desde que comenzara el siglo XXI, 279 municipios castellano leoneses no registraron ningún nacimiento y sólo en 128, de los 2.248 de la región, el número de nacidos superó al de defunciones. Resultado de este descalabro demográfico, en 226 municipios más de la mitad de su población es mayor de 65 años.

En realidad el mundo rural ha desaparecido. Poca diferencia hay ahora entre una aldea y un barrio de adosados, todos ligados a ese coche que nos lleva rápido al centro comercial, al hospital o al trabajo. La vida en nuestros pueblos es totalmente urbana, pero sin las ventajas de la ciudad. Y al final la gente joven acaba yéndose a vivir a la gran urbe, dejando el campo para las vacaciones.

Es necesario cambiar la mentalidad. Y son precisamente avutardas y osos los que pueden ayudarnos a mantener la vida en los pueblos. La agricultura y la ganadería sostenible, el turismo, el atractivo de la vida tranquila, de la buena mesa. Ésa es la auténtica misión del mundo rural, dar servicio de calidad a nuestras locas e insostenibles ciudades, y no querer convertirlo en centros de producción masiva de alimentos de baja calidad. Mientras tanto, los pueblos continuarán agonizando, y los niños, osos y avutardas seguirán sin futuro.