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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Apadrina un olivo centenario

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© Apadrina un olivo

Estos días, viajando por Teruel, me he encontrado con una provincia maravillosa e injustamente olvidada. Arte, naturaleza, historia, paisaje, paisanaje, gastronomía,… ¡Qué lujazo para todos los sentidos! Y qué pena tantos pueblos abandonados, tantos campos arruinados, tantos jóvenes obligados a irse a esas grandes ciudades donde tanto se pierde y tan poco se gana.

Pero muchos no se rinden y siguen apostando por su tierra. Como los responsables del proyecto que hoy os traigo a este blog: Apadrina un olivo en Oliete (Teruel).

Como explican en su página web, se trata de un proyecto único para recuperar miles de olivos centenarios gracias al apoyo de todos nosotros, consumidores responsables y comprometidos. Ayudaremos así a reactivar la economía de la zona, apoyando a los agricultores de una manera solidaria, ecológica y responsable con nuestro presente y futuro. 

Esta solidaridad tiene premio. A cambio, los padrinos podrán dar nombre a su olivo, recibir fotografías y un certificado acreditativo. Y también el aceite que el olivo haya generado anualmente, cuidadosamente embotellado.

Además han desarrollado una novedosa aplicación para el móvil, “Mi Olivo”, disponible para iOS y Android, con la que poder conectar directamente con tu olivo apadrinado. Podrás conocer así un montón de cosas, desde quién es el agricultor encargado de cuidar tu árbol hasta si se ha podado, ha florecido o está cargado de olivas. Incluso es posible organizar un viaje para conocerlo in situ. ¡Oleoturismo solidario!

Los olivos del pueblo de Oliete forman parte de la denominación de origen aceite de oliva del Bajo Aragón y en su mayoría pertenecen a la variedad autóctona Empeltre, Pero el 70% de este olivar único se encuentra en estado de abandono. Fíjate si este árbol tiene importancia histórica en la zona que el nombre del pueblo, Oliete, deriva del latín Olivetum, campo de olivos.

Estos jóvenes han conseguido el apoyo de muchas instituciones, empresas y personas, pero sin lugar a dudas su mejor embajador es el Tío Miguel, el hombre más anciano del pueblo. Quien en este vídeo promocional no se anda por las ramas cuando dice que recuperar esos olivos es algo “muy bueno” que estamos obligados a hacer.

Qué entrañable. ¿Les echamos una mano?

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Este verano cambia las chancletas por las botas

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Turistas ornitológicos. © Jordi Prieto; SEO/BirdLife

¿Preparando las vacaciones de verano? Cruceros, playas, islas exóticas. Todo eso ya no está de moda. Ahora lo verdaderamente nuevo y revolucionario es irse de veraneo al campo. Sí, al pueblo, como siempre hicimos.

Se llama “Turismo de Naturaleza” y es el segmento turístico más en alza en todo el mundo, un 20% anual, que ya supone el 15% del movimiento mundial de viajeros.

Tranquilidad y buenos alimentos. Alojamientos rurales con encanto. Pateos que nos reconcilian con la naturaleza. Ecoturismo. Geología. Botánica. Rutas gastronómicas en busca de paisajes del queso, el vino, el aceite de oliva. Para aprender. Para disfrutar. Para todos los bolsillos. Y muy solidario, sostenible, pues ayuda a mejorar el bienestar del mundo rural, a reconocer su importancia como guardianes de nuestra cultura y de nuestro entorno. A descubrir por qué España es el lugar de Europa con la mayor y más desconocida red de espacios naturales protegidos.

Hoy pongo fin a un mes como coordinador de dos cursos sobre turismo ornitológico en Fuerteventura y Lanzarote promovidos por SEO/BirdLife y la Fundación Biodiversidad. Qué experiencia más interesante. Mostrar a turoperadores, guías y hoteleros el extraordinario recurso turístico de ver aves en Canarias, uno de los mejores lugares del Planeta.

¿Capricho de unos pocos? En absoluto. En Estados Unidos más de 46 millones de ciudadanos participan en las actividades de observación de aves, manteniendo 863.000 empleos estables. Y todo un país como Costa Rica basa su desarrollo económico en ofrecernos su exuberante naturaleza tropical.

¿Vamos a ser menos nosotros? Por suerte algo está cambiando. Hace años miraba pájaros en un pueblo de Burgos y los vecinos avisaron asustados a la Guardia Civil. Hoy celebramos festivales de aves, recibimos a las grullas, saludamos a las cigüeñas e incluso a los vencejos.

Lo dicho. Este verano cambia las chancletas por las botas.

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El desierto se frota las arenas del cambio climático

Souss-Massa Acabo de regresar de un viaje por el Sáhara. Allí he tenido la oportunidad de conocer el programa Climatique de cooperación transfronteriza entre España y Marruecos. Un proyecto piloto que estudia las aves migratorias como excelentes indicadores del estado del clima.

Traigo aún impreso en la retina el maravilloso sol africano meciéndose tras las palmeras de ese oasis que es el Parque Nacional de Souss-Massa. Pero también una gran preocupación por lo que se nos viene encima: el desierto.

La zona de estudio es el último cauce estable de agua dulce donde pueden reponer fuerzas miles de aves antes o después de atravesar el inmenso y árido Sáhara. Hasta él llegan retazos finales de bosques casi fósiles como los de argán (el del famoso aceite de la eterna juventud) que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Un lugar tan importante como tremendamente frágil, pero sometido a una presión agrícola tremenda.

¿Agricultura en el desierto? Efectivamente, cultivos industriales bajo plástico para satisfacer la demanda europea de frutas y hortalizas, muchos de ellos promovidos por empresarios españoles y franceses.

La nueva Almería se desarrolla en el sur de Marruecos y tienen tanto derecho como nosotros para hacerlo. Otra cosa son las consecuencias ambientales. Las aves hace tiempo que encendieron todas las alarmas. Especies adaptadas a los ambientes saharianos avanzan hacia el norte mientras las norteñas retroceden o se refugian en enclaves montañosos. Otras modifican sus hábitos migratorios. Y todas sufren de una manera u otra el aumento de la contaminación del aire y el agua, la desaparición de los hábitats naturales, el avance de nuestra sociedad urbana y el retroceso del mundo rural tradicional.

Este viernes concluye en Varsovia la 19 Cumbre del Clima. Una oportunidad global para no continuar con este error garrafal, pero todo parece indicar lo evidente. Nadie está dispuesto a levantar el pie del acelerador. Y mientras tanto el desierto se frota las arenas.

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Zambia prohíbe cazar leones mientras España mantiene la caza de lobos

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El Ejecutivo de Zambia ha prohibido la caza deportiva de leones y otras especies de felinos en peligro de extinción, como los leopardos, pues considera que se obtienen más beneficios con los turistas que acuden a ver vivos a estos animales, según ha informado la agencia Europa Press. Frente a ello, la Junta de Castilla y León ha autorizado la caza de 138 lobos en la temporada cinegética 2012/13, mientras que el Principado de Asturias plantea ejecutar 90 lobos.

“Los turistas vienen a Zambia para ver a los leones y si perdemos esta especie perderemos nuestra industria turística”, ha declarado la ministra de Turismo, Sylvia Masebo.

Según esta ministra, Zambia gana cerca de tres millones de dólares (2,3 millones de euros) anuales por los safaris de caza de animales salvajes, una cifra demasiado pequeña para continuar reduciendo la vida salvaje del país. “¿Por qué tenemos que perder nuestros animales por tres millones de dólares anuales? Los beneficios que obtenemos de las visitas turísticas son mucho mayores”, ha subrayado Masebo.

La medida de Zambia se ha producido después de que Botsuana decidiese prohibir todo tipo de prácticas de ‘caza deportiva’ a partir de 2014 y así poder promocionarse como un destino turístico. En Kenia, esta práctica ya se prohibió hace varias décadas.

Volviendo a nuestro país, analicemos otra noticia. El número creciente de visitantes de la sierra zamorana de La Culebra, verdadero epicentro del turismo lobero en España, deja en la zona casi medio millón de euros al año, según recoge en su último número la revista Quercus.

Según estimaciones oficiales, la población de leones en Zambia se sitúa entre 2.500 y 4.650 ejemplares. La de lobos en España es de 2.500 y 3.000.

No haré más paralelismos. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Puedes seguirme (si quieres) en Twitter (@lacronicaverde) y en Facebook (www.facebook.com/lacronicaverde)

 

Decálogo del cocinero ecologista

La dieta mediterránea ayuda a conservar la biodiversidad y el mundo rural. No lo digo yo. Lo asegura convencido el famoso y mediático cocinero Sergi Arola, con quien la pasada semana tuve la oportunidad de coincidir en unas interesantes conferencias sobre vida y alimentación organizadas por la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente en La Casa Encendida de Madrid.

A la pregunta de cómo consumir siendo respetuosos con el medio ambiente, Sergi responde que el secreto está en comer equilibradamente “y la dieta mediterránea es totalmente equilibrada”, debido a su riqueza y a la gran variedad de productos animales y vegetales que la componen. Por eso asegura sin rubor:

“Nuestras abuelas cocinaban muchísimo mejor que cualquiera de nosotros”.

¿Por qué? Pues porque ellas tenían mucho de lo que nosotros hemos perdido hace tiempo, especialmente tiempo para hacer guisos maravillosos a fuego lento, utilizando productos cercanos, frescos, sanos, de calidad.

Como moderador de su conferencia, los argumentos del chef me sorprendieron gratamente. Una persona acostumbrada a los grandes lujos se nos mostró muy sensibilizado con los problemas medioambientales y sociales de nuestro malherido planeta. Algo muy importante desde que los grandes cocineros, como los deportistas de élite o los actores famosos, se han convertido en prescriptores de nuestra sociedad, en modelos a seguir.

Con el objetivo de plasmar estas ideas en el día a día de sus restaurantes, el chef catalán ha creado su particular decálogo del “eco-gourmet”. 10 ideas para ser un cocinero medioambientalmente responsable:

1. Fomentar el consumo de productos locales, provenientes de pequeños productores que empleen técnicas respetuosas con el medio ambiente.

2. Mantener como eje principal a la hora de diseñar un plato las texturas de la cocina tradicional.

3. Apoyar la producción de variedades agrícolas y ganaderas en peligro de extinción, mejor si son de procedencia ecológica.

4. Cambiar de productos en función de la estacionalidad, que como mínimo deben suponer el 80 por ciento del menú. No se puede comer tomates o naranjas todo el año.

5. Rechazar especies en riesgo de extinción como el atún rojo, el caviar o el tiburón, o ejemplares demasiado pequeños (pezqueñines).

6. No hacer uso de productos especulativos de lujo extremo, como las trufas blancas.

7. Incorporar nuevas técnicas culinarias (gastronomía evolutiva) a partir de un proceso reflexivo.

8. Sustituir las grandes cartas por menús, para así reducir la cantidad de alimentos que al final acaban en la basura.

9. Fomentar la educación tanto del profesional como del cliente. Hay que aprender a comer.

10. Ser lo suficientemente honesto como para dejar la profesión el día en que no se disfrute con ella.

Petróleo manchado de sangre

Concluye hoy en Madrid el 19 Congreso Mundial del Petróleo. Más de 4.000 delegados de todos los países productores del oro negro (salvo Iraq), así como representantes de las principales multinacionales petroleras, se han reunido bajo el tema de la sostenibilidad medioambiental.

Es una cuestión de imagen. En realidad son el lobby más poderoso del planeta, símbolo de explotación de los pueblos y del expolio de la Naturaleza, de contaminar paraísos, de controlar gobiernos, de estar en las trastiendas y en las vanguardias de una gran parte de las guerras que asolan el mundo…

Pero los necesitamos. Sin el petróleo no podemos avanzar, y sin desarrollo nuestra dependiente economía mundial se hunde. O al menos eso nos juran nuestros dirigentes.

Así que preferimos seguir hacia adelante, hacia el abismo consumista, ajenos a la sangre y corrupción que destila cada litro de esa gasolina que gastamos diariamente en nuestro coche a mayor gloria del confort. Cada vez más caro, cada vez más solicitado, cada vez más especulativo.

Al final el petróleo se va a acabar, pero nos da lo mismo. El imperio capitalista se hunde mientras nosotros seguimos tocando el violín.

Reflexión primera:

Hace unos años estuve en la selva ecuatoriana, en la región de Pastaza. Acompañaba a un grupo de misioneros católicos, con el obispo a la cabeza, empeñados en adentrarse en los rincones más apartados del Amazonas.

No llevaban crucifijos ni hacían proselitismo. Tan sólo trataban desesperante de contactar con los indígenas antes de que lo hicieran los representantes de las petroleras. Esos hombres al servicio de las poderosas multinacionales compraban con dólares y alcohol voluntades a una velocidad casi tan rápida como sus gigantescas excavadoras abrían descomunales pistas a través de los últimos bosques vírgenes del planeta.

Los misioneros hacían reuniones en aldeas remotas, desde donde sus emisarios se extendían luego por la selva llevando la mala noticia: las petroleras estaban a punto de llegar. De nada valdrían cerbatanas y flechas. O se preparaban para resistir todos juntos, o perderían sus tierras, sus casas, sus culturas. Creo que no han logrado pararles.

Reflexión segunda:

Este invierno estuve en el Sáhara Occidental. Tanto en Smara como en El Aaiun, e incluso más al norte, en Tan Tan, me encontré los mismos puestos clandestinos de venta de combustible. El gasoil, menos peligroso que la gasolina, venía del Mauritania y de más al sur, seguramente Nigeria, y cruzaba el desierto en todo tipo de vehículos de carga, también en dromedarios. Todo el mundo trafica allí con una fuente de energía sin la que ya no pueden vivir.

Reflexión tercera:

Donde yo vivo, la isla de Fuerteventura (Islas Canarias), vivimos del petróleo. Todo el agua, tanto para beber como para regar, proviene de desaladoras marinas alimentadas con energía eléctrica. Toda la energía eléctrica proviene de centrales térmicas alimentadas con gasoil, que derrochamos con alegría en hoteles y centros comerciales donde el aire acondicionado funciona las 24 horas del día, los 365 días del año. El día en que, por guerras o desastres naturales, no lleguen puntuales los petroleros al puerto, todos nos tendremos que ir.

Constatación:

Tres grandes petroleras (Exxon Mobil, RD/Shell y BP) controlan una cuota de mercado del 50% de la producción internacional de petróleo. En 2005 alcanzaban unas ventas cercanas al billón de dólares y empleaban a más de 300.000 personas. Su capacidad de presión política y económica es tan absoluta como global.

Conclusión:

Mientras sigamos dependiendo del crudo, lo llevamos crudo.

Gasolinera ilegal en el Sáhara. La dependencia energética en los países pobres les empobrece aún más.

Ifni: la vieja colonia española sueña con el turismo

Han pasado 50 años ya de aquella terrible Navidad de 1957 en que la orgullosa colonia de Sidi Ifni, el Territorio como pomposamente lo denominaban los militares españoles, quedó reducida de la noche a la mañana a una ciudad sitiada por feroces tropas irregulares marroquíes. Ni siquiera las fugaces visitas de Carmen Sevilla y de Gila lograron aliviar las penas de una guerra no declarada, silenciada por el franquismo. La guerra olvidada. Un conflicto bélico que en apenas ocho meses segó la vida de 300 soldados y dejó malheridos a medio millar más, la mayoría jóvenes de reemplazo.

Conquistada en 1934 por el general Capaz sin necesidad de disparar un sólo tiro, el sueño colonial de Franco se desmoronaba apenas 23 años después. Inexpugnable pero aislada, rodeada por alambradas, el gran cuartel en que acabó convertido Ifni mantuvo su espejismo imperial hasta su entrega definitiva en 1969. Fue el final de la rimbombante provincia número 51, tan sólo cinco kilómetros cuadrados de desértica costa atlántica.

Medio siglo después del desastre todo huele a nostalgia en esta ciudad aletargada, recostada junto a una gran playa desierta, ahora paraíso de los surfistas. Para romper el embrujo español, el rey Mohamed VI la visitó hace apenas un mes. Su llegada estuvo precedida por una frenética campaña de lavado de cara que repintó de blanco y azul todas las viviendas, plantó palmeras, asfaltó calles e instaló farolas. El monarca prometió inversiones millonarias, nuevas carreteras para el sur, grandes proyectos turísticos en las espléndidas y desérticas playas ifneñas, pero la gente no le creyó. “Hablar es fácil”, reconoce Omar. “Pero hacerlo es otra cosa. Llevan muchos años prometiendo y aquí no se hace nada, la ciudad sigue igual de tranquila”.

Y precisamente tranquilidad es lo que más le sobra a esta tierra, su principal atractivo pero también su mayor traba para el progreso al que sus habitantes aspiran. Quizá algún día el turismo y las urbanizaciones llegarán a Ifni y destrozarán todo este mar de las calmas, como ya han hecho en el cercano Agadir. No seremos empero nosotros los españoles, destructores profesionales del litoral, quienes les censuraremos por ello. Existe otra alternativa, el desarrollo sostenible de la zona, reforzando su altísimo interés histórico, etnográfico y natural, la riqueza pesquera de sus costas, los bosques de argán, la amabilidad de sus gentes.

Sin embargo, sólo pensarlo causa rubor ante las muchas necesidades económicas de la deprimida comarca marroquí. Necesitan mejorar y me temo que esa mejora se hará por el camino más fácil. El de la especulación salvaje, promovida con la colaboración interesada de muchas constructoras españolas. Les volveremos a colonizar, y una vez más será para esquilmarlos.

Un surfero baja hacia a playa de Ifni junto al emblemático edificio español de la Marina, construido con forma de barco.

Un gran escudo franquista preside el arruinado edificio de la antigua Pagaduría militar, todavía propiedad del Gobierno español.

La mayoría de las calles ifneñas todavía aún las placas españolas. Al fondo, el antiguo instituto de Formación Profesional Carrero Blanco.