Las obras de construcción de un nuevo aparcamiento subterráneo para el Congreso de los Diputados están provocado un auténtico arboricidio en Madrid. Son 262 nuevas plazas en cuatro plantas subterráneas. Ya de paso, sus señorías remodelarán la popular Carrera de San Jerónimo para darle a la calle nuevos aires de modernidad, ajenos a que los árboles que durante décadas han luchado denodadamente por sobrevivir en un asfixiante ambiente urbano están en peligro.
Es verdad, no se cortará ninguno y todos sus troncos han sido protegidos con maderas para evitarles daños involuntarios, pero morirán de igual manera.
Desgraciadamente, parece que ni nuestros próceres, ni nuestros arquitectos, ni nuestros contratistas han tenido en cuenta un pequeño detalle que hasta un niño sabe: los árboles tienen raíces. Y por no saberlo los están matando a todos.
Tratados como farolas, las máquinas han abierto zanjas a su alrededor arrancándoles de cuajo la vida. Quizá algunos, los más fuertes, sobrevivan, pero cedros, sóforas y aligustres están sentenciados. Si no antes, cuando lleguen los primeros calores del verano morirán sin remedio. Y con ellos perderemos a esos árboles singulares que fueron testigos vivos de tantos acontecimientos históricos de España, de coronaciones y golpes de Estado, de pactos y desencuentros.
"Entre todos los matamos y ellos solitos se murieron".
Han caído ya demasiados árboles en Madrid; los de la M-30, los del Parque de Arganzuela, los del Paseo de Recoletos o los ya sentenciados del Salón del Prado. Como también los de tantas otras ciudades de España.
Ya lo dice mi amigo y magnífico botánico Bernabé Moya.
Los árboles son en las ciudades elementos de ornato, y en arquitectura ornato es la parte superflua del edificio.
Nuestros padres de la Patria necesitan aparcamientos. Ven morir a los árboles a sus pies y no les dice nada. Ya nadie los defiende por lo que son, por los sentimientos y emociones que cada uno de ellos nos producen. Están, estamos, ecológicamente insensibilizados.
En esta primera foto puede verse a la excavadora arrancando las raíces de un árbol a escasos metros del madrileño Palacio de las Cortes. Todas las imágenes han sido tomadas por mí la pasada semana, así que ahora estarán seguramente mucho peor.
Junto a una sófora o acacia del Japón yacen los restos de un gran aligustre, primera víctima colateral de la remodelación de la Carrera de San Jerónimo.
Zanjas, agujeros, hierros, hormigón. Los árboles están rodeados.
No sólo nosotros. Ni nosotros y las ballenas. Son muchos más los mamíferos machos que cantan bellas canciones románticas para lograr los favores de las hembras. Como por ejemplo los murciélagos. Aunque las melodías de estos mamíferos alados sean inaudibles para nosotros, incapaces de distinguir esos ultrasonidos que también les sirven para volar a oscuras usándolos como radar natural.
Al menos los murciélagos de cola de ratón (Tadarida brasiliensis) lo hacen, según acaba de confirmar un grupo de científicos de las universidades de Texas A&M y Austin tras publicar sus resultados en la revista "Plos One". El estudio tiene el prosaico nombre de "Versatilidad y esterotipia en las canciones del murciélago de cola de ratón", pero los periodistas, más dados a la humanización de la Naturaleza, rápidamente lo han explicado como que "los murciélagos más románticos cantan canciones de amor mientras se aparean".
El caso es que, por vez primera, ha quedado demostrado que estos murciélagos machos emplean específicamente unas sílabas y frases durante la fase de apareamiento como canciones de amor para atraer a las hembras y, en otros casos, advertir a otros machos para que se mantengan al margen de la relación. Diferentes tipos de frases, piadas, zumbidos y trinos, con las que componen melodías de clara intencionalidad sexual, como unos ruiseñores cualquiera.
Aunque a mí este descubrimiento no me sorprende. Un ratón que es capaz de volar a oscuras, de vivir bocabajo e incluso de aletargarse en invierno, cómo no va a ser capaz de cantar bellas canciones a su novia.
Tono es un joven quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), uno de los buitres más amenazados del planeta. Él no lo sabe, pero se llama así en recuerdo de José Antonio (Tono) Valverde (1926-2003), el padre de Doñana y Cazorla. Tampoco sabe nada de su origen artificioso, que nació hace tres años en un centro de investigación de Austria pero fue liberado en la Sierra de Cazorla (Jaén), pues es la esperanza de un ambicioso proyecto que trata de recuperar su especie en Andalucía, extinguida por los venenos cuando en 1986 se mató al último ejemplar. Igualmente desconoce que esa mochilita a su espalda terminada en una larga antena espía todos sus movimientos 24 horas al día.
Precisamente gracias a ese sofisticado localizador GPS sabemos que Tono está ahora de nuevo en las montañas de Jaén, después de pasar más de siete meses en los Pirineos, tanto en los oscenses como los leridanos e incluso en la vertiente francesa. Y algo aún más sorprendente, que se ha hecho los 560 kilómetros del viaje entre Jaca (Huesca) y el valle de la Sierra de Segura (Jaén) donde fue liberado en mayo de 2006 en apenas tres días. Prácticamente de un tirón, parando sólo para dormir y probablemente sin probar bocado en todo el trayecto ¿No es increíble?
Tono es un viajero. Impetuoso adolescente, no sentará cabeza hasta que con 5, 6 o 7 años encuentre una hembra en Jaén, procedente como él del mismo proyecto de reintroducción promovido por la Consejería de Medio Ambiente y la Fundación Gypaetus. Y saquen adelante descendencia. La primera en medio siglo.
Mientras tanto Tono seguirá vagabundeando por media España, abandonando Andalucía en primavera y regresando allí en otoño, donde ya ha podido reencontrarse con Faust, liberado en 2006 y con Pontones, liberado en 2007, y que a su vez acaba de llegar de un largo paseo por los Picos de Europa, a 700 kilómetros de su casa familiar.
También verá a las cinco jóvenes hembras liberadas este año. Y a Libertad, de su misma quinta y a quien le gusta pasar largas temporadas en La Rioja. Una extraordinaria pájara que en su ruta de retorno llegó a sobrevolar en una ocasión la ciudad de Madrid, pasando justo por encima de la Glorieta de Bilbao. ¿Era simple curiosidad o había quedado con alguien?
El viejo tejo llevaba 2.000 años enriscado en una espectacular montaña de difícil acceso. En todo ese tiempo sólo recibió esporádicas visitas de algún joven zagal que se acercó a él para contemplarlo embelesado. Pero eso era antes. Ahora el tejo está en boca de todos los andarines de Rascafría, amigos de fotografiarse subidos en él, de abrazarlo emocionados, de trazar rutas en GPS que cuelgan en Internet para que todo el mundo llegue sin dificultad. Incluso su nombre sale en el Boletín Oficial, pues ha sido nombrado monumento natural. Tanto honor y, sin embargo, el árbol está cada día más triste, más lacio.
No es ingratitud. A los viejos árboles les sienta muy mal la fama. Igual que es posible matar una vaca a besos, también es perfectamente posible matar a un tejo milenario con abrazos. Tan sólo hacen falta miles de ellos.
Aún descartando las actuaciones vandálicas, incluso las visitas más respetuosas pueden causar graves daños a estos frágiles ancianos. Entre los perjuicios menos conocidos está el pisoteo, la compactación del suelo hasta ahogar sus raíces, pues un grupo de 15 personas pesa más de una tonelada.
Los árboles singulares atesoran una importancia natural, genética y cultural única, pero son unos gigantes de cristal. Es necesario tener un exquisito trato con ellos, apenas tocarlos, preservar su entorno, mimarlos como a delicados ancianos a los que cuidar a cambio de conocer sus historias, de admirar sus longevas vidas. Porque somos ya demasiados los que vamos al monte y, si no nos controlamos, pueden ser estos seres extraordinarios los primeros en morir del éxito de nuestra pasión por el campo. O acabarán todos rodeados por altas verjas para protegerlos de nuestro cariño.
El planeta está en peligro por culpa del cambio climático y nosotros somos los culpables. Pero aún estamos a tiempo de echar el freno en esta loca carrera hacia el desastre del mundo, de nuestro mundo.
Algunos gobernantes y altos ejecutivos de nuestros países más industrializados (y culpables) no se enteran. Por eso nos estamos uniendo todos los ciudadanos de base para darles un aldabonazo en su sensibilidad, para pedirles que hagan algo en la próxima reunión de Copenhague y que lo hagan ya. Más liderazgo, valentía y, sobre todo, solidaridad con los países en desarrollo.
Aunque después del fracaso de la cumbre de Barcelona la cosa pinta mal. Incluso la ONU tiene muchas dudas, y considera que el esperado tratado mundial que debe sustituir al protocolo de Kioto y fijar las bases de la reducción de emisiones de gases no se decidirá en la cumbre que se celebrará en diciembre en Copenhague.
El tick-tack del reloj avanza imparable en nuestra contra. Y así se llama esta gigantesca iniciativa internacional, tcktcktck, la más grande hasta ahora acometida para cambiar el mundo actual.
Colabora con tu firma en esta ciberacción para conseguir un acuerdo justo, ambicioso y vinculante en la cumbre de cambio climático de Copenhague.
El mundo está preparado para un tratado ambicioso, pero por lo visto no lo están ni sus gobernantes ni sus economías. ¿Lo estás tú? Pues firma pinchando en este enlace. Ya somos tres millones y seguimos creciendo.
Las imágenes que veis han sido hechas el mes pasado en el atolón de Midway, un par de pequeños islotes coralinos localizados en medio del Océano Pacífico, en mitad de la nada, a cinco mil kilómetros al oeste de San Francisco y a cuatro mil al este de Tokio. Alejado del mundo pero no tanto, pues está rodeado de basura. Y de cadáveres.
Ese atolón es el paraíso de los albatros de Laysan (Diomedea immutabilis), donde crían no menos de medio millón de parejas todos los años. Unos pájaros increíbles que, una vez nacen y aprenden a volar, pasan cinco años recorriendo los océanos sin volver a tocar tierra firme, que será de nuevo ese lejano rincón donde nacieron y al que sólo acuden para nidificar. Pero como ya os he contado en otra ocasión, el Pacífico está lleno de basura, una inmensa bolsa de tres toneladas de desechos plásticos que flota indolente en sus aguas.
Contra toda lógica, los pollos de albatros son equivocadamente alimentados por sus padres con plásticos de ese vertedero flotante, quienes confunden toda esta basura multicolor con restos de peces, hasta acabar matándolos involuntariamente. Esta dieta errónea provoca cada año la muerte de decenas de miles de polluelos de albatros sólo en Midway, tanto por hambre como por asfixia e incluso por efecto de la toxicidad de estos elementos y las sustancias químicas que los impregnan. Mecheros, botones, juguetes, cartuchos de impresora, cepillos,... Se calcula que un tercio de los pollos de la colonia muere al año por la ingestión de objetos o fragmentos de plástico.
Para documentar este fenómeno lo más fielmente posible, el fotógrafo Chris Jordan fotografió cientos de cadáveres el pasado mes de octubre según se los iba encontrando. Ni una sola de las piezas de plástico que aparecen en las fotos fueron trasladadas, manipuladas, arregladas o modificadas de alguna manera. No es un montaje. Las imágenes muestran el contenido real de los estómagos de las crías de albatros encontradas muertas en uno de los santuarios marinos más remotos del mundo.
Midway se hizo tristemente famosa por la terrible batalla naval acontecida en sus aguas en junio de 1942, la primera derrota del colosal ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial. Entonces sus playas se llenaron de cadáveres. Hoy sus playas están llenas de basura. Y de cadáveres de albatros. ¡Qué triste legado!
Este otro vídeo que os dejo a continuación es todavía más impresionante. En él vemos un lugar paradisíaco, donde los albatros crían en los jardines de las casas sin inmutarse (de ahí su nombre científico, immutabilis), rodeado de basuras llegadas de Asia y América. Terrible. Toda esa basura es nuestra.
La temporada se veía venir mala, poca agua y heladas tempranas, pero al final se arregló. Las últimas lluvias registradas, unidas a unas temperaturas cálidas, han logrado el milagro más nutritivo del otoño. Más de media España es ahora mismo un concurrido setal donde ponernos las botas; para caminar buscándolas por el monte, pero también para comérnoslas después.
Boletos, níscalos, carrerillas, rebozuelos, de mango azul, de cardo,... Sólo en la provincia de Burgos se calcula que el año pasado se recogieron alrededor de 7.500 toneladas de setas, valoradas en 20,6 millones de euros, que ya es sustancia.
Tanto interés, tanta gente y tanto dinero han acabado por modificar radicalmente algo tan tradicional como era la recogida setas. Para empezar, el permiso. En muchos sitios, cada día más, si no tienes licencia no te comes un champiñón.
¿Permiso por llevarme algo que crece salvaje en el bosque, que es de todos? El bosque puede ser de todos, pero su regulación, como ocurre con la caza o la pesca, es competencia de las Administraciones. Y son decenas de municipios españoles los que han acotado sus recursos micológicos y ya cobran una licencia a los buscadores de hongos; entre 5 y 15 euros al día por un máximo de 5 kilos por persona. Una buena idea, pues impide los abusos, evita las malas prácticas y apoya el desarrollo rural de los municipios, impulsando el microturismo y reforzando la oferta hostelera local.
Pero no sólo de aficionados viven las setas. A la sombra de sus altos precios en los mercados de las grandes ciudades, son cada vez más los temporeros micológicos dedicados a su busca y captura. Muchos de ellos extranjeros, especialmente rumanos y búlgaros, pues en un día de suerte pueden ganar un dinero superior al salario mensual medio de su país (120 euros), descontado el pago de la preceptiva licencia.
Otros juegan con ventaja tecnológica. Últimamente han comenzado a comercializarse sofisticados GPS, para de esta manera georreferenciar mediante satélites la localización definitiva de esos setales tan exuberantes como escondidos y secretos. El aparato incluye una guía de identificación de setas y una cartografía que nos permitirá regresar al coche (seguramente un buen todo terreno) y a casa sin problemas.
¡Ay si mi tío Dionisio levantara la cabeza! Él que nunca necesitó más chismes que una cesta de mimbre y su pequeña navaja.
Las energías renovables son útiles. Y necesarias. Los parques eólicos son tan útiles como necesarios. Pero antes de lanzarnos a llenar el campo de aerogeneradores es necesario tener muy claro cuántos, dónde y cómo los ponemos. Y no lo hacemos. ¿Resultado? Los parques eólicos están diezmando a las grandes aves, especialmente a los buitres.
Los aerogeneradores mal ubicados son como una guillotina para los pájaros que se acercan a sus aspas. Según un reciente estudio, entre 1993 y 2003 un total de 151 grandes aves murieron en tan sólo dos de las decenas de parques eólicos del entorno de Tarifa. De ellas, 111 eran buitres leonados. Se calcula que los aproximadamente 15.000 molinos que hay en España matan al año 5.000 aves, la mayoría buitres.
Muchos se preguntarán ¿Cómo un pájaro que se pasa la vida volando es tan tonto como para chocar contra una de esas lentas aspas?
Pues no tiene nada de extraño. Debido a su gran envergadura y escasa maniobrabilidad, son incapaces de esquivar a tiempo esas inmensas cuchillas que cortan el aire. Las ven llegar pero no tienen capacidad para poder frenar o apartarse de ellas. Y lo pagan con su vida.
En los últimos días, un vídeo grabado en Lentas (Levin), al sur de la isla griega de Creta, nos ha dejado a todos horrorizados. No es lo mismo saber que estos bellos animales mueren acuchillados por las turbinas que verlo en directo. Es duro, pero es la realidad. Un triste documento para reflexionar respecto a nuestro infinito impacto negativo en el entorno. ¿Qué culpa tendrá el pobre bicho de nuestras necesidades energéticas?
Aquí podéis ver la versión corta.
Este otro vídeo, de mayor duración, resulta de una dureza todavía mayor. En él se ve lo que le ocurre al buitre después de la colisión, sus dolorosos esfuerzos por tratar de volar con el ala rota. También los torpes intentos de un bienintencionado poco instruido tratando de capturar al animal.
Por cierto, si alguna vez os encontráis un buitre herido, no lo tratéis al estilo de este fulano, agarrándole el cuello con una cuerda como si fuera un peligroso perro rabioso. Lo mejor es taparlo con una manta que lo inmovilice, meterlo en una caja y llamar a Medio Ambiente. No necesita comida ni agua, sólo tranquilidad y cuidados veterinarios.
Nuestra dependencia con el petróleo es preocupante. La agricultura industrial moderna nos da todos los días de comer gracias a un complejo proceso de conversión de la energía del petróleo en energía alimentaria. Cada caloría consumida en forma de pan, verdura o carne supone consumir 10 calorías de energía proveniente de combustibles fósiles. Desde los fertilizantes que abonan los campos del mundo, hasta los paquetes de plástico con que se cubre la comida en los supermercados, todo es petróleo y más petróleo.
Tractores y máquinas agrícolas, coches, camiones, trenes, barcos y aviones dan diariamente miles de vueltas al mundo para transportar frutos y semillas por todo el orbe gracias a esa energía atesorada por la tierra, capaz de permitir que los kiwis de Nueva Zelanda lleguen tan frescos a nuestras mesas españolas como los plátanos canarios a las de Finlandia, o que una merluza argentina haga los honores en banquetes de boda de Burgos.
El petróleo es un regalo único de la Naturaleza, creado a lo largo de millones de años y que nosotros vamos a agotar en apenas 200 años. El déficit energético de nuestro actual sistema de producción de alimentos es por lo tanto brutal. Para mantenerlo, en el mundo se queman 85 millones de barriles de petróleo al día. Todos los días. Pero las reservas empiezan a dar las primeras muestras de agotamiento.
A estas alturas del campeonato cualquier otra alternativa se presenta inviable. ¿Agricultura ecológica? Según han demostrado los científicos, sólo para cubrir las actuales necesidades de nitrógeno de la agricultura mundial usando estiércol orgánico harían falta más de 14.000 millones de vacas. Una solución imposible que dispararía el consumo de piensos y pastos (para cuya producción también hace falta mucho petróleo), además de acelerar el cambio climático con sus flatulentas emisiones de metano, un gas aún peor que el CO2.
Paradójicamente, a medida que estos recursos fósiles se agotan nosotros seguimos inmersos en un disparatado crecimiento del consumo, de la población y de las ciudades, yendo de cabeza hacia una gran crisis energética global. Éste es sin duda el desafío más grande al que se ha enfrentado la humanidad en toda su historia. Porque con el actual sistema, cuando se acabe el petróleo, se nos acabará la comida.
¿Hay alternativas? La única es acometer cuanto antes la Tercera Revolución Industrial, un nuevo modelo económico basado en la combinación del uso de las energías renovables y las tecnologías de la información. Debemos hacerlo. Nos va en ello la supervivencia.
Hace casi un año os hablé aquí mismo del demencial proyecto de construir una refinería petrolífera en Badajoz, en plena Tierra de Barros, alimentada por un oleoducto de 300 kilómetros de longitud que saliendo desde el puerto de Huelva atravesará las comarcas de Doñana y Sierra Morena.
Considerado el mayor proyecto industrial de la historia de Extremadura, será también su mayor desastre ambiental. Requiere una inversión de tres mil millones de euros (que los promotores no tienen) y afectará gravemente a 14 espacios protegidos del norte de Andalucía. Paralelamente, el incremento del tráfico de petroleros elevaría significativamente el riesgo de mareas negras, que podrían tener consecuencias devastadoras para la costa de Doñana, como ocurrió en Galicia con el Prestige.
Pero a este disparate ambiental le faltaba todavía una locura más, la destrucción de patrimonio cultural. Y me acaba de escribir a La Crónica Verde Diego Muñoz para confirmármelo. Diego, en su calidad de presidente de los Amigos de la Vía de la Plata-Camino de Santiago de Zafra, rechaza el proyecto pues la gran instalación petroquímica pretende destruir dos kilómetros del trazado original de la Vía de la Plata, el también considerado como el Camino Mozárabe de Santiago.
La vieja ruta de comunicación romana que atraviesa de sur a norte parte del oeste de España, desde Mérida hasta Astorga, está en peligro. También el camino occidental de Santiago que en la Edad Media permitía a los cristianos mozárabes llegar a la tumba del Apóstol desde la musulmana Al-Ándalus. Para Diego Muñoz, y para cualquiera medianamente sensible,
la Vía de la Plata es la "avenida" más bella y visitada del occidente español, cuya conservación y planificación, del potencial de sus fuentes de riqueza y empleo, es vital para nuestro desarrollo sostenible.
Flaco favor le quieren hacer ahora a esta ruta cultural con factorías y malos humos, a cambio de un discutible e incierto desarrollo industrial.
Las organizaciones ecologistas SEO/BirdLife, Ecologistas en Acción, WWF y Greenpeace han manifestado su rotunda oposición a que se trasvase agua del Tajo a las Tablas de Daimiel por considerarlo contraproducente para el futuro del Parque Nacional, y por existir alternativas viables en la propia cuenca del Guadiana.
Los ecologistas han hecho saber al Ministerio de Medio Ambiente Rural y Marino que consideran una obligación y una necesidad que sea la propia cuenca del Guadiana la que aporte los recursos hídricos que precisa Daimiel. De esta manera rechazan la propuesta del Ministerio de llevar agua del Tajo a través de la “tubería manchega”, como solución para resucitar el moribundo Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.
¿Por qué se oponen al trasvase entre cuencas? Os incluyo aquí las razones expresadas por las cuatro asociaciones en un comunicado conjunto:
1).- Como principio global, los trasvases son incompatibles con la condición de Parque Nacional y en cualquier caso deberían ser cuidadosamente evaluados bajo el Art. 6 de la Directiva Hábitat en el caso de espacios ZEPA y LIC.
2).- La aportación de agua a través de la tubería de abastecimiento a La Llanura Manchega generaría una expectativa futura de aportación de agua al humedal desde el Tajo, y separaría definitivamente la solución a la degradación del Parque Nacional de la recuperación del sobreexplotado acuífero 23 debido a una agricultura insostenible de regadío. Esta desvinculación entre el Parque Nacional y su sistema hídrico supondría firmar el certificado de defunción del propio Parque Nacional.
3).- La propuesta de trasvase es contraria y contradictoria a los objetivos del Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) y presenta una importante incertidumbre, ya que en la actualidad no existen recursos suficientes en los embalses de Entrepeñas y Buendía, ni existen garantías de que este invierno los haya. Actualmente apenas hay un 15 % de agua almacenada en la cabecera del Tajo.
4).- El trasvase de agua del Tajo supondrá un perjuicio añadido a los que ya sufre este río a causa del Acueducto Tajo-Segura. De hecho, el río Tajo se encuentra en la actualidad en mal estado de conservación, por lo que el Gobierno debería no trasvasar más agua en ninguna circunstancia y debe de fijar de una vez los caudales medioambientales que aseguren su buen estado ecológico.
5).- En la actualidad, la política de aguas y agricultura de la Junta de Castilla-La Mancha camina en dirección contraria a la recuperación de los niveles freáticos y a la disminución de la agricultura de regadío en el Alto Guadiana. [De poco sirve llevar agua del Tajo al acuífero, si luego los regantes de Daimiel van a seguir sacándola de sus pozos para derrocharla regando cebollas y viñedos]
6).- La Confederación Hidrográfica del Guadiana ha gastado una importante cantidad de dinero público del PEAG para adquirir derechos de agua que alcanza sobre el papel un volumen de 24 Hm3 de derechos, 8 Hm3 netos. Por esta razón no es aceptable que en las circunstancias actuales toda esa agua se dedique a regularizar pozos ilegales, mientras el Parque Nacional se mantiene seco. [Y en imparable combustión subterránea]
Resulta tan inadmisible como vergonzoso. La Generalitat Valenciana, gracias a los votos del PP, PSOE y BLOC, y con los votos en contra de Esquerra Unida (EU) e Iniciativa del País Valencià, ha sacado adelante la reforma de la ley de caza valenciana que ampara el parany (la captura de aves con liga, un tipo de pegamento) como método cinegético tradicional.
La nueva normativa fue publicada ayer lunes 26 de octubre en el Diario Oficial de la Comunidad a sabiendas de su ilegalidad (tres instancias judiciales así lo han declarado, entre ellas el Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea), en un acto de clara rebeldía institucional.
Con esta decisión puramente política se abre la puerta a la matanza de millones de aves migratorias por parte de unos salvajes y crueles paranyeros, amparados en la supuesta tradición de este sangriento divertimento que también llaman deporte.
El retraso en la aprobación de la ley no ha impedido que la mayoría de los parayeros se hayan lanzado masivamente a cazar hace semanas. El Grupo para el Estudio y Conservación de los Espacios Naturales (GECEN) ha contabilizado la existencia en estos momentos de unos 2.500 paranys activos sólo en la provincia de Castellón, con lo que la matanza de aves protegidas este año puede ser bestial.
Una ilegalidad más, absolutamente abominable, que para colmo de males cuenta con el beneplacito de la administración regional que debería ser quien velara por la protección del medio ambiente. Además, para facilitar esta tradicional barbaridad, ha ordenado a los agentes medioambientales que no denuncien más de una vez al mismo parany. Eso en román paladino se llama prevaricación:
"Delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario".
¿Por qué es ilegal el parany? Pues por que no es, ni nunca lo podrá ser, un método de caza selectivo. Es masivo. Y cruel.
Se quiere autorizar para cazar zorzales, pero resulta imposible impedir que en esas ramas repletas de la famosa liga marca “El Tordo" (calidad especial) no queden atrapadas multitud de aves insectívoras y pequeñas rapaces. En concreto, se calcula que por este método, además de cientos de miles de zorzales de todas las especies, morirán (y acabarán en la sartén o la cazuela) entre 1.5 y 2.5 millones de pajaritos estrictamente protegidos en apenas un mes.
Los políticos valencianos se muestran a favor de este tipo de caza por tratarse de una actividad que forma parte, aseguran, de la cultura regional. Discrepo. Eso no es cultura, el parany es salvajismo. Por la misma razón, mañana legalizarán el lanzamiento de cabra desde los campanarios. Si eso da votos, no lo duden.
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P.D. Muchas gracias al GECEN, junto con Acció Ecologista Agró y Ecologistas en Acción, por estar plantando cara a políticos y cazadores en su lucha por erradicar para siempre el parany de la Comunidad Valenciana. La pelea es desigual, pero tienen a la razón de su parte.
Me gusta conocer nuestro patrimonio para valorarlo y protegerlo, protegerlo para conservarlo, y conservarlo para disfrutarlo. Seguramente por ello soy licenciado en Geografía e Historia, doctor en Historia del Arte, naturalista y, ante todo, periodista. Ser aprendiz de todo y maestro de nada es para mí un honor más que un pecado. Igual de generalista pretende ser este blog, una ventana abierta al campo, un observatorio medioambiental pendiente del discurrir de la vida. También un lugar donde denunciar los atropellos y saludar a las buenas noticias.