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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Somos palabra, especialmente en Navidad

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Es el viejo chiste navideño: ¿Qué tal las fiestas? ¿Bien o en familia? En realidad la Navidad es en familia o no es, pues de eso se trata. De vernos al menos una vez al año con padres, abuelos, primos, suegros y cuñados en reuniones que nos sirvan para afianzar nuestros cada vez más débiles lazos de linaje.

Es verdad que son fechas donde entre los excesos verbales de unos y los alcohólicos de otros se puede acabar entrando en esos complejos temas que siempre es importante evitar: política, fútbol y religión. Y acabar a gritos o hasta a mamporros. Pero también es el momento de recuperar, completar o actualizar nuestra historia más íntima, de hablar, de recordar la niñez y, todavía más importante, rehacer nuestro árbol genealógico salpimentándolo con cientos de esas maravillosas anécdotas de antepasados que, a fin de cuentas, son las que marcan nuestro bagaje existencial.

Fue el filósofo Aristóteles quien, hace ya 2.400 años, confirmó lo evidente: el hombre es un animal socialzoon politikon») que desarrolla sus fines en el seno de una comunidad. En su grado más estricto, ese grupo se ciñe a la familia, célula fundamental de la sociedad, aunque no todos estén de acuerdo con ello. Otros pensadores recuerdan cómo, frente a esos amigos que elegimos y descartamos a lo largo de la vida, la familia es inevitable y demasiadas veces se convierte en una terrible fuente de conflictos y sufrimientos.

No les falta razón, aunque esos líos son también nuestras raíces. Y para mí, que aborrezco la Navidad en lo que tiene de tonto consumo irrefrenable, pero amo la historia, estas fechas son el momento perfecto para eso que tantas veces se nos olvida: hablar y escuchar. Disfrutar de la palabra.

Lo reconozco, soy un devoto de las largas, larguísimas pláticas familiares. ¡Cuánto se aprende! ¿No te pasa a ti lo mismo? Si no fuera por estas reuniones ¿cómo conocería las historias increíbles de ese abuelo al que su padre le obligaba a casarse con su hermanastra, nacida de una relación secreta con una vecina del mismo pueblo, y que fue desheredado por negarse a cumplir tan insólita propuesta? ¿O la de ese bisabuelo arriero que colgaba una campanilla de plata en la mula por cada nueva amante para desesperación de su esposa? ¿O la de esas historias de brujas, de fortunas robadas, de sinvergüenzas y algún que otro (escaso) santo familiar?

Porque todavía somos palabra, al menos en Navidad, seguramente también tú has disfrutado de algunos de estos buenos momentos navideños charlando y reconstruyendo tu memoria íntima. ¿Opinas igual que yo o eres de esos que sufren en silencio unas historias que ya no le interesan? Cuenta, cuenta.

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El camino más corto entre dos puntos no siempre es la línea recta

Cigueña

Lo siento por Aristóteles, pero el camino más corto entre dos puntos no es siempre la línea recta. En la montaña, como me enseñaron en los Pirineos, el camino más corto siempre es la pista forestal. Y para las cigüeñas el camino más corto entre España y sus cuarteles de invierno en el África subsahariana tampoco es la línea recta.

El seguimiento por GPS de 40 cigüeñas blancas está evidenciando la importante y creciente dependencia que estas populares aves tienen de los vertederos como fuente de alimentación predecible, hasta el punto de condicionar claramente sus rutas migratorias, según ha informado SEO/BirdLife.

Una de ellas, marcada en Barrundia (Álava) está ahora mismo en Marruecos, al sur de Marrakech. Lo curioso es que, en lugar de volar en línea recta hacia el sur, en su viaje se desvió antes hacia Rivas-Vaciamadrid. El motivo es que allí se encuentra el gran basurero de Madrid. Un lugar lleno de peligros y venenos, pero también repleto de comida fácil; perfecto para reponer fuerzas al comienzo de la larga migración.

Igual lo hizo otra cigüeña marcada en Álava, llamada Felicia, que voló directamente desde el País Vasco hasta el macrobasurero madrileño. Allí, en algunas épocas pueden pasar hasta 10.000 ejemplares de cigüeña blanca.

Como explica Juan Carlos del Moral, responsable del área de Seguimiento de Especies de SEO/BirdLife, el principal motor que mueve a las cigüeñas a cambiar de territorio no es la llegada del frío. Es la disponibilidad de alimento, más abundante al sur en la época invernal. “Pero con la aparición de los vertederos las aves han encontrado un recurso seguro y han modificado sus hábitos”.

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Más información:

Sigue en directo la migración de las cigüeñas que ya vuelan al sur

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La receta de Atapuerca contra la crisis

Esta crisis está resultando terrible, hasta el punto de que si no va a peor es gracias a la pensión de los jubilados. Cada vez más familias sacan al abuelo de la residencia para vivir con su paga. Según datos de Cruz Roja, el 20% de los mayores de 65 años presta ayuda a sus hijos. Un 10% les proporciona alimentos. Un 6,5% ha tenido que acoger a algún familiar en su casa.Benjamina

No es algo nuevo. Ya lo dijo Aristóteles: “El hombre es un animal social”. Y como animales sociales, la estructura familiar nos garantiza la supervivencia.

También se llama solidaridad, lazos sociales que nos unen al grupo para lograr un beneficio común. Un sentimiento desarrollado desde nuestros orígenes como confirman los yacimientos de Atapuerca.

Allí los paleontólogos han descubierto a Benjamina, una niña que vivió en la sierra burgalesa hace medio millón de años. Su madre sufrió una caída a las 28 semanas de embarazo (no se llamaría entonces la caída de la Virgen, pero dicen que todas las madres sufren alguna) y el bebé nació con craneosinostosis, una deformación del cráneo que le provocó invalidez.

A pesar de su discapacidad y de nacer en una sociedad cazadora y trashumante, en permanente movimiento, la niña no fue abandonada. Cuidada con cariño por el clan, sobrevivió 10 años. De ahí su actual nombre, Benjamina, en hebreo, “la más querida”.

Lo mismo le ocurrió a Miguelón, éste ya un viejo macho de Homo heidelbergensis que sobrevivió varios meses después de sufrir un terrible golpe en la cara que lo dejó inutilizado y obligó al clan a cuidarlo por nada. Bueno sí, por cariño.

Lejos quedan esos terribles tiempos de las cavernas, pero mantenemos activo el espíritu solidario. Un recurso tan atávico como efectivo. Ayudarnos unos a otros para salir de la crisis. La receta de Atapuerca sigue funcionando. Y saldremos. Como salimos de las cuevas.

La reconstrucción de la faz de Benjamina ha sido hecha por dos artistas holandeses, los hermanos Kennis, y se publicó en la portada de la revista Child’s Nervous System.

Referencia bibliográfica: The earliest evidence of true lambdoid craniosynostosis: the case of “Benjamina”, a ‘Homo heidelbergensis’ child. Revista: Child’s Nervous System: 26 (6), 723-727 (2010)
Autores: GRACIA, A. MARTÍNEZ-LAGE, J. F. , ARSUAGA, J.-L., MARTÍNEZ, I., LORENZO, C., PÉREZ-ESPEJO, M.-.

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Las aves viajeras se van con el otoño pero podemos seguir espiándolas desde casa

No lo vas a notar, pero según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional mañana sábado 22 de septiembre, exactamente a las 16:49 horas, llega el otoño. No será el día 21, como nos enseñaron en el colegio, por culpa de la poco ajustable órbita de la Tierra alrededor del Sol con nuestro calendario gregoriano. De hecho, a lo largo del siglo XXI el otoño se iniciará en los días 22 y 23 de septiembre, pero nunca el 21.

Sea como fuere, tenemos por delante 89 días y 20 horas de melancólica estación hasta que el 21 de diciembre (esta vez sí) nos llegue el invierno. Tiempo de hojas marchitas y tardes doradas cuando, como dijo Juan Ramón Jiménez,

“en una decadencia de hermosura

la vida se desnuda”.

Es tiempo también de grandes cambios en la naturaleza. De berreas de ciervos encelados y de viajes imposibles de las aves estivales hacia África.

Hasta hace poco, la migración de los pájaros era un misterio. ¿Dónde se iban las golondrinas finalizado el verano? Aseguraba Aristóteles que se escondían en agujeros y allí hibernaban. Otros las imaginaban enterradas durante meses en el barro. El anatómico inglés John Hunter trató de demostrarlo empíricamente en el siglo XVIII: capturó un grupo de golondrinas, esperó al otoño y las sumergió bajo el lodo. Llegada la primavera, y tras comprobar que todas habían muerto, comenzó a dudar.

Más prudente, su contemporáneo el naturalista alemán Johann Leonhard Frisch ató cintas de colores a las patas de las avecillas y las soltó. Cuando meses después todas ellas regresaron con la primavera, dedujo que no habían estado enterradas pues las cintas se veían limpias.

Hoy tenemos una tecnología maravillosa que nos permite saber con exactitud a dónde van las aves. Y gracias al proyecto migraciondeaves.org de SEO/BirdLife y al apoyo de los satélites, podemos seguir sus movimientos desde el ordenador día a día.

Así sabemos que Picoto, un halcón abejero (Pernis apivorus) marcado en el cacereño Valle del Jerte, devora ahora insectos en Liberia. O que una carraca europea (Coracias garrulus) de Villamanta (Madrid) campea en estos momentos por el sur de Níger con la misma confianza que hace poco lo hacía por la cuenca del río Alberche.

Aunque millones de ellas no llegan. Como la pequeña buscarla pintoja (Locustella naevia) que esta semana se estrelló contra los cristales del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Otra víctima inocente más de nuestros modernos edificios transparentes inútilmente iluminados toda la noche. Pero así es la naturaleza y el hombre. Es el otoño. Es la vida.

Foto: Técnicos de SEO/BirdLife instalan en Madrid un emisor GPS a una carraca, Ave del Año 2012, que ahora pasa el otoño en Níger (África centro occidental) tras recorrer más de 3.200 kilómetros y atravesar seis países en apenas un mes. Guillermo Prudencio/EFE

Mapa: Pantallazo del viaje de la carraca anillada en el sur de Madrid, según el mapa ofrecido por el proyecto migraciondeaves.org de SEO/BirdLife.

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