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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘insecticidas’

Bayer rechaza que sus insecticidas estén acabando con las abejas

Escultura de gran tamaño dedicada a la abeja en el Bee Center de Bayer. Nótese el ácaro de la varroa en la espalda.

¿Se están extinguiendo las abejas? ¿Tiene la culpa de su preocupante desaparición la multinacional Bayer y sus insecticidas?

Buscando respuestas a estas preguntas me he ido directamente a Alemania, al gran centro de Bayer Crop Science dedicado a desarrollar esos productos químicos específicos para la agricultura que tanto se usan y tanto miedo nos dan. Tendré la oportunidad de viajar acompañado por dos de los científicos que más saben en Europa de estos insectos y de visitar en su compañía el Bee Care Center de Monheim, muy cerca de la ciudad de Düsseldorf.

Nos ha invitado la propia multinacional a un grupo de periodistas españoles apenas una semana después de que la Unión Europea haya prohibido el uso de dos de sus insecticidas tras relacionarlos directamente con la muerte masiva de abejas en el continente.

“Te van a comer el coco”, me advierten mis amigos ecologistas.

“Me van a dar información”, les respondo yo.

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La posible extinción de las abejas ya tiene novela y es sensacional

Hace ahora 55 años Rachel Carson horrorizó al mundo al explicar en un libro cómo la generalización en el uso del DDT, un peligroso y cancerígeno insecticida, llevaría al mundo hacia una Primavera Silenciosa. Un planeta sin aves canoras. Bosques y campos sin otros sonidos que el viento y nuestros coches. Una década después de publicado su trabajo se prohibía la producción y uso del DDT. Pero no hemos aprendido nada.

Ahora el uso masivo de los plaguicidas sistémicos o neonicotinoides es un factor clave en el declive de las abejas. Se une a otros factores graves como el cambio climático, la contaminación de aire, suelos, agua y hasta sonora, la homogeneización del paisaje, la agricultura industrial, nuevas enfermedades e incluso la llegada de terribles invasores como la asesina avispa asiática. Tantos males unidos están poniendo contra la espada y la pared a las abejas del planeta. Lee el resto de la entrada »

Famoso bodeguero es perseguido judicialmente por negarse a fumigar sus viñedos

Thibault Liger-Belair

Thibault Liger-Belair es uno de los bodegueros más prestigiosos, envidiados y admirados del mundo. Rectifico. Él se considera exclusivamente viticultor, vigneron, algo que en Francia tiene puesto preferente en el Olimpo de su grandeur, del orgullo patrio.

No es fácil llegar tan alto. Decía Henri Jayer que “se nace viticultor y se muere aprendiz”. El secreto de su éxito es por todos bien conocido: un respeto absoluto a la tierra, al terroir, y una veneración rayana en lo religioso hacia las viñas, delicadas sacerdotisas de sus insuperables borgoñas y beaujolais ecológicos.

Todo su vino está vendido mucho antes de salir al mercado. Se distribuye en limitados cupos y sólo las más influyentes vinotecas pueden ofrecer contadas botellas a sus clientes.

Merecería una medalla pero le han enviado una citación judicial. El próximo 19 de Mayo deberá presentarse ante el tribunal de Villefranche-sur-Saone.

¿El motivo? No haber utilizado insecticidas contra la “flavescencia dorada” en sus viñas de Beaujolais, una plaga muy peligrosa pero en nada parecida a esa filoxera que a finales del siglo XIX acabó con los viñedos de Europa.

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¿Son un nuevo timo las pulseras antimosquitos?

Mosquitos

Las pulseras antimosquitos están de moda este verano. Las hay de todas las marcas y precios. Sobre todo las llevan los niños, hechas en silicona y con atractivos diseños infantiles. También se ven muchos aparatos a pilas que emiten ultrasonidos y que se llevan colgados del bolso a modo de pinzas o se dejan encendidos por la noche junto a la cama.

¿Se acabaron las picaduras? ¿Hemos descubierto por fin un sistema para erradicar enfermedades tan terribles como la malaria, la fiebre amarilla o el dengue? Mucho me temo que no.

Un informe de la OCU de hace 3 años ya advertía sobre el timo constatado de tales productos milagro. Concluía que, en el caso de las pulseras impregnadas en repelentes, se ha demostrado que su eficacia real contra los mosquitos es muy baja, pues este tipo de productos hay que aplicarlos sobre toda la superficie de la piel para que sean eficaces. Según diversos estudios científicos, los repelentes no funcionan a más de cuatro centímetros del punto de aplicación. Resumiendo. Tales pulseras sólo evitarán picaduras en las muñecas de nuestras manos.

Lo mismo ocurre con los ultrasonidos repelentes, disponibles incluso en aplicaciones para teléfonos móviles. Un sonido inaudible para nosotros pero insoportable para las mosquitas (las únicas que pican) o, según otras versiones, recreación del aleteo del mosquito macho, que supuestamente espanta a las piconas. Pues tampoco. Hace ya cinco años FACUA-Consumidores en Acción solicitó a las autoridades de Consumo, con escaso éxito, su retirada del mercado al haber sido imposible poder demostrar científicamente tal eficacia.

Desgraciadamente para alérgicos y sufridores de zonas donde vive el terrible mosquito tigre, los únicos remedios eficaces contra estos insectos siguen siendo los mismos. Lociones insecticidas en todo el cuerpo, ir lo más cubiertos posibles y con ropas claras, poner mosquiteras en las ventanas, alejarse de las zonas con aguas insalubres y evitar el uso de perfumes.

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¿Has visto alguna vez una luciérnaga?

Lampyris_noctilucaEs un insecto relativamente común en España. Nocturno pero con luz propia, así que resulta muy fácil distinguirlo en la noche. Y sin embargo, ¿has visto alguna vez una luciérnaga? O también: ¿Cuánto tiempo hace que no ves una?

En mi caso años. Y eso que acostumbro a salir a ver estrellas o escuchar lechuzas y chotacabras.

Las enigmáticas luciérnagas son cada día más difíciles de ver. Por eso me ha encantado la iniciativa de un grupo de naturalistas españoles, empeñados en recuperar la popularidad de unos escarabajos con luz propia que durante siglos acapararon la atención de niños y mayores durante las cálidas noches de verano. Su página web gusanosdeluz.es aporta una abrumadora información sobre estos misteriosos animales, con tanto rigor científico como sencillez. No es que os la recomiende. Resulta de obligatoria lectura para todo curioso de la naturaleza.

Primer dato importante a tener en cuenta si se quieren observar luciérnagas: buscarlas en verano. Los adultos viven escasamente una semana y tan sólo desde finales de junio y hasta principios de agosto, época en la que podremos descubrir sus bombillitas encendidas.

Las larvas viven mucho más tiempo. Dos años. Pero en el suelo, alimentándose de caracoles y babosas como si fueran pequeños leones succionadores de proteínas. Al ser bianuales, en el mismo lugar hay siempre en realidad dos poblaciones casi genéticamente aisladas, las que nacen en los años pares y las que lo hacen en los años impares.

Son las hembras, más grandes, las que iluminan su abdomen para atraerse la atención de los machos, mucho más pequeños que ellas. Apenas un par de horas, de 10 a 12 de la noche. Y cuando logran aparearse apagan la luz para dedicarse a poner los huevos. Así que cuanto más éxito tienen en el cortejo menos posibilidades tenemos nosotros de verlas.

¿Cómo logran producir esa luz tan brillante? Gracias a la bioluminiscencia, una reacción química que se produce de forma natural en el interior de su cuerpo.

Y la pregunta del millón: ¿Hay ahora menos luciérnagas o es que no las buscamos? Pues todo indica que cada vez hay menos. Insectos a fin de cuentas, el abandono y mecanización del campo, uso generalizado de insecticidas e incluso la contaminación lumínica, que desorienta a los machos, han reducido su número. Pero también es verdad que vamos mucho menos a pasear por la noche a la luz de la Luna. Pregunta a tus padres y abuelos. Seguro que te dicen que antes se veían más.

De este año no pasa. Gracias a  gusanosdeluz.es me ha entrado el gusanillo (luminiscente). Voy a ponerme a buscar luciérnagas en la noche. Espero ver muchas y enviar la información a estos entusiastas amigos de las luciérnagas. ¿Te apuntas?

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Los insecticidas contaminan los ríos de Europa

Parecen limpios, naturales, rebosantes de vida, pero están enfermos. Los ríos de Europa sufren una grave contaminación. Y la culpa no la tienen las fábricas ni los vertederos. La culpa la tiene una agricultura industrial que riega los campos de insecticidas, productos sintetizados que al final acaban en la red fluvial arrastrados por las lluvias o vertidos directamente por incorrectos manejos de los agricultores.

La tendencia futura es mucho más alarmante. Según recoge el servicio Euroalert de la Unión Europea, se espera que los ríos cada vez estén más afectados por los plaguicidas.

Los resultados de este estudio, llevado a cabo por científicos del Centro Helmholtz de Investigación sobre el Medio Ambiente (UFZ), han sido publicados en la revista Ecological Applications y demuestran cómo el uso de insecticidas para fines agrícolas puede poner en serio peligro los ríos europeos. Tras realizar comparaciones de proyecciones climáticas y cambios en el uso del suelo, los miembros del proyecto concluyeron que el uso de este tipo de sustancias podría provocar que extensas áreas entren a formar parte en los próximos años del 40% de la superficie continental donde los ríos ya no gozan de una situación ecológica óptima.

¿La razón? El cambio climático aumentará las poblaciones de insectos, estos acabarán convirtiéndose en plagas, y el empleo de insecticidas para luchar contra ellos se disparará. Se prevé que en 2090 el uso de plaguicidas se multiplique por 23 en Europa, dependiendo del grado de aumento de la temperatura y de los cambios en el uso del suelo.

Para mitigar este impacto los científicos recomiendan crear zonas de amortiguación a lo largo de los ríos. Y aunque no lo señalen, esas zonas deberían apostar por la agricultura ecológica, la única que logrará dejar de emponzoñar el campo, el agua y nuestros alimentos.

Estas reservas se convertirían así en refugio para las especies amenazadas, desde donde iniciar futuras repoblaciones una vez se lograra reducir las elevadas concentraciones actuales de insecticidas. Imprescindibles custodios de biodiversidad y salud.

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Semillas ‘blindadas’ que envenenan el campo

En los últimos 50 años el agricultor (no todos pero la mayoría) ha pasado de cuidar la tierra a envenenarla. La nave donde guarda el tractor es ahora un almacén lleno de peligrosos productos químicos de toda índole: fertilizantes, insecticidas, herbicidas,… Ponzoñas a mayor gloria de las cosechas productivas, que no cosechas rentables, pues luego el precio irrisorio recibido por ellas apenas cubre los costos de tan complejo manejo fitosanitario. Ni el de las enfermedades derivadas de unos usos inadecuados para los que nunca ha recibido más formación que la contraetiqueta de los envases.

El rociado del campo con toda clase de venenos se ha hecho habitual. Eso lo aceptamos como un mal menor de los nuevos tiempos. Pero lo que no sabíamos es que hasta las semillas con las que se siembra matan. Son las llamadas “semillas blindadas“, esos granos de trigo, maíz, avena o cebada tratados con plaguicidas para impedir el ataque de insectos y hongos. Convenientemente coloreados, somos conscientes de su peligrosidad. Pero los animales no lo saben. Y se los comen. Especialmente las aves.

Los cazadores están preocupados por los efectos de estas semillas envenenadas en las poblaciones de perdiz roja. Por ello, la Real Federación Española de Caza (RFEC) y la Oficina Nacional de la Caza (ONC) han encargado un estudio al Grupo de Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC).

No os lo vais a creer, pero durante décadas se ha estando sembrando veneno en el campo sin que se hubiese analizado antes su previsible impacto en el medio ambiente. Confirmando los temores de los más pesimistas, los primeros resultados son mucho más alarmantes de lo esperado. Aplicando la dosis recomendada por el Ministerio de Medio Ambiente y Rural y Marino se producen intoxicaciones agudas de las perdices, que pierden peso, capacidad reproductora e incluso algunas llegan a morir.

El problema no es tan sólo para las perdices, con poblaciones en serio declive en toda España. Lo mismo ocurre con otras especies no cinegéticas propias de ambientes agrícolas como la avefría (Vanellus vanellus), la alondra común (Alauda arvensis), la calandria (Melanocorypha calandra) o el sisón común (Tetrax tetrax). Cada vez son menos y cada vez están más intoxicados.

Se ve venir. Al final convertiremos el campo en higienizadas parcelas de producción agrícola y ganadera, donde gobernarán a su antojo y beneficio las multinacionales químicas. O quizá ya lo hacen. Pero eso no son campos. Eso son camposantos, cementerios de biodiversidad, tristes reductos de intoxicación alimentaria.

En este enlace puedes consultar el primer informe del estudio realizado por el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), patrocinado por la RFEC y ONC con la colaboración de la Fundación Biodiversidad.

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