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Liderazgos femeninos en el activismo LGTBI+ andaluz

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

En ocasiones, la invisibilidad de ciertos sectores proviene de la misma crítica que la denuncia.

Uno de esos lugares comunes del activismo LGTBI+ en nuestro país (imagino que también en el resto de sociedades, al menos las occidentales, pero no me considero lo suficientemente informado para asegurarlo) es, entre otros muchos, la falta de espacio para las mujeres en general, y de la mujer cisexual lesbiana en particular.

Según la definición de la web Significados, un lugar común es aquella frase, expresión o idea que, debido a su frecuente uso, se vuelve trivial o se desgasta, perdiendo significación. En el caso que planteo, la denuncia de falta de espacio para las mujeres en el activismo LGTBI+ no significa que no encierre una porción de verdad, sino que su uso (o abuso) termina trivializándola hasta convertirla en ruido de fondo, al que apenas se le presta atención.

El activismo LGTBI+ debe aspirar a visibilizar la complejidad que esconde el acrónimo de las cinco letras y el signo más. Y ello pasa por visibilizar a las personas reales que las engloba. Una aspiración que, en ocasiones, se convierte en una misión endiablada por las propias dinámicas sociales de nuestra cultura, que también empapa a las personas intersex, trans, homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales y asexuales.

Porque la necesidad de compartir y ceder la palabra y liderazgos a personas que viven, sienten y padecen detrás de cada una de esas cinco letras y signo, no debe ser incompatible con la existencia de voces corales dentro del activismo. Es decir, no podemos imponer una especie de disciplina férrea que impida que cualquier persona dentro del activismo LGTBI+ hable en nombre de cualquiera de ellas.

Muchas son las hipótesis que buscan explicar la falta de liderazgos femeninos (fundamentalmente de mujeres cisexuales que tienen sexo con mujeres) al frente del movimiento LGTBI+. Pero bastará en el contexto de este artículo dejar constancia que reducirlo a una supuesta imposición de los hombres cisexuales que tienen sexo con hombres, no solo es erróneo sino además injusto.

Nuestros comportamientos como mujeres, hombres y personas no binarias no deja de ser el resultado de paradigmas culturales (formales e informales, explícitos e implícitos, confusos y difusos) en los que hemos sido educados. Por eso, el heteropatriarcado en el que hemos crecido forma parte esencial del andamiaje emocional y cultural sobre el que hemos construido nuestras convicciones y nuestras opiniones. Y resulta inocente (incluso peligroso) confiar a la mera intuición y a la buena voluntad para superarlo. Por eso no debe sorprendernos que las personas LGTBI+ reproduzcamos algunos (o muchos) de los roles del heteropatriarcado que denunciamos.

Históricamente, en Andalucía no nos constan que hayan existido organizaciones integradas exclusivamente por mujeres que tenían sexo con mujeres, ya fuesen lesbianas o bisexuales. Sí nos consta de algunos grupos informales de mujeres lesbianas y bisexuales que organizaron algunas actividades reivindicativas, como la fiesta lésbica que, con ocasión del 28 de junio de 1981, se organizó en Pino Montano (Sevilla). Aunque posiblemente nuevas investigaciones, e incluso re-lecturas de la historia del feminismo en Andalucía, aporten nuevos datos.

Los movimientos homosexuales conocidos de los años 70 y 80 estaban exclusivamente integrados por hombres que tenían sexo con hombres. Si bien es cierto que aunque contaron con el apoyo de organizaciones feministas, como fue el caso de la Asociación Democrática de la Mujer y la Unión Democrática de Homosexuales (UDH) en Málaga, o el Colectivo Prímula y el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR), en el caso de Sevilla, lo cierto es que dicho apoyo provenía fundamentalmente de feministas que tenían sexo con hombres (las famosas mariliendres feministas), cosa que contrastaba con la frialdad que eran tratados por parte de las numerosas mujeres que tenían sexo con mujeres (lesbianas y bisexuales) que por entonces eran bastante numerosas dentro del feminismo.

Y es que el activismo feminista de las mujeres que tenían sexo con mujeres no pudo (o no quiso) que el feminismo (ya fuera el de la diferencia o el de la igualdad) asumiera con naturalidad las reivindicaciones lésbicas y bisexuales, por lo que nunca fueron referentes para el activismo gai andaluz.

Habría que esperar hasta los años 90 cuando surjan los primeros grupos mixtos, donde mujeres que tenían sexo con mujeres empezaron a tomar un protagonismo importante.

Fue el caso de COLEGAS en los 90, que contó con importantes activistas lesbianas y bisexuales como Rosa Ortega, en COLEGA Sevilla, Carmen Zurita, en COLEGADES, y, sobre todo, Charo A. Santos al frente de la Federación COLEGAS Andalucía como presidenta, sin duda una de las figuras más destacadas dentro del activismo LGTBI+ andaluz de aquellos años.

También la asociación sevillana SOMOS contó con un activo grupo de mujeres cisexuales que tenían sexo con mujeres, las cuales llegaron a tener una representación específica en la Junta Directiva de la entidad.

Actualmente, el liderazgo femenino en el movimiento LGTBI+ es importante, no solo dentro de aquellas entidades exclusivamente de mujeres, como Carmen Rosario Martín Ruiz, presidenta de la entidad Mujeres por la Diversidad, o de entidades integradas exclusivamente por personas trans, con Mar Cambrollé como presidenta de ATA-Sylvia Rivera, o Cristina Alías, presidenta de TransHuellas, sino también en el seno de las entidades mixtas en materia de corporalidad, identidad y orientación.

Es importante destacar que las organizaciones LGTBI+ más antiguas de la Comunidad Autónoma como OJALÁ Málaga, Jerelesgay y DeFrente están dirigidas por mujeres (Charo Alises Castillo, Susana Domínguez e Inma García de la Fuente, respectivamente). Paradigmático es el caso de la asociación DeFrente LGTBI, la cual, desde sus inicios, ha sido liderada siempre por mujeres, primero por Virtudes Sánchez Sánchez, y posteriormente por Rosa Mena Bravo, Maribel Povedano Barroso, Josefa Suárez, e Inma García en la actualidad.

También es reseñable que Charo Alises, además de abogada especializada en delitos de odio con un trabajo espléndido a sus espalda dentro del Colegio Oficial de la Abogacía de Málaga, es vicepresidencia segunda del Consejo Andaluz LGTBI en representación de las entidades LGTBI+.

O que Inma García sea presidenta de la Federación Plataforma Orgullo LGTBI Andalucía, espacio interasociativo que agrupa a más de 20 entidades andaluzas y que organiza la manifestación del Orgulllo LGTBI+ que se celebra en Sevilla.

Tampoco podemos olvidar que tanto Maribel Povedano como Charo Alises y Josefa Suárez han ostentado responsabilidades en la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB).

Pero no son las únicas. Conchi Sanromán es presidenta de Juntxs Todxs por la Igualdad; Raquel García Coletto, es presidenta de La Janda-Conil LGTBI; Toñi Pichardo es presidenta de AlmensIRIS (Almensilla); Luz María García es presidenta de Almería con Orgullo; Mar Sánchez es presidenta de Ágape-Écija; Zaira Cuesta El Atir es presidenta de Lo Sé y Me Importa; Charo Racero Soldado es presidenta del Observatorio contra la LGTBIfobia del Campo de Gibratar; y Janet Alcaide Sánchez es representante de Gaylespol en Granada.

En el campo intersex no podemos olvidar a Maricarmen Díaz, coordinadora de Krisol Pro Derechos Humanos Intersex de Adriano Antinoo, asociada en la actualidad y cofundadora en su día de Grapsia así como socia de y asistente al I Encuentro Estatal en torno a las intersexualidades organizado por Kaleidos.

En definitiva, y a pesar de esos lugares comunes de los que hablaba al principio, las mujeres lesbianas, bisexuales y trans no han tenido techos de cristal infranqueables, y han podido ocupar espacios de liderazgos en las organizaciones mixtas de Andalucía.

Pero ello está lejos de ser satisfactorio.

Las propias activistas LGTBI+ andaluzas denuncian la dificultad para que nuevas mujeres asuman responsabilidades y liderazgos, y es injusto culpabilizar de ello en exclusiva a los hombres activistas que tienen sexo con hombres, y menos aún a los hombres trans o a las personas no binarias.

Los roles de género que impone el heteropatriarcado también condiciona las propias expectativas de hombres, mujeres y personas no binarias. El movimiento LGTBI+ andaluz ha demostrado estar preparado para ser liderados por mujeres cisexuales que tienen sexo con mujeres y mujeres trans. Ahora falta que más mujeres (ya sean lesbianas o bisexuales, o bien trans o intersex) quieran aceptar el reto.

 

Los largos tentáculos de la represión de las disidencias sexuales

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

Candela García fue detenida y encarcelada en Barcelona en los años sesenta por realizar “ademanes de homosexualidad”. Cuando presentó su solicitud para acogerse a los beneficios previstos para las víctimas de la Ley de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobados durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, vio como se la rechazaban, ya que a ella no se le aplicó la Ley de Vagos, vigente en ese momento, sino el artículo de escándalo público previsto en el Código Penal. A pesar de ser detenida y torturada por homosexualidad, a ojos de la legislación actual, no fue víctima del franquismo.

Uno de los errores que hemos cometido desde el activismo LGTBI ha sido no comprender que la represión de las disidencias sexuales (en el pasado y en el presente) tiene un componente sistémico, más allá de tal o cual circunstancia. Y esto viene ocurriendo tanto en las investigaciones históricas sobre la represión durante el franquismo como en las estrategias destinadas a superar muchos de los obstáculos a los que nos enfrentamos.

Cuando estudiamos la represión franquista de las personas homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales, trans e intersex, solemos fijarnos en determinadas leyes, como la de Vagos y Maleantes y su sucesora, la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta mirada reduccionista nos ha llevado a no observar otras vías por la que el régimen de la Dictadura perseguía la homosexualidad y la transexualidad, como determinados artículos del Código Penal (como el de escándalo público o la diferencia de edad de consentimiento para relaciones homosexuales y heterosexuales) e incluso las actuaciones de los Tribunales de Honor. Pero aun teniendo en cuenta estas normas, seguiremos sin comprender la dimensión real de la persecución.

Y es que debemos partir del hecho (no privativo de la dictadura franquista) del carácter cisendoheteronormativo del sistema que automáticamente expulsaba a las márgenes todas aquellas realidades y comportamientos que no se ajustan a la norma.

Es decir, que la represión franquista no se puede explicar exclusivamente a través de las leyes sino del complejo proceso legal y social (médico, educativo, laboral, deportivo, etc.) que hacía que las personas homosexuales, bisexuales, trans e intersex sufrieran la exclusión, la persecución y, por último, la represión, ya fuese física (terapias y mutilaciones), social (sistema educativo, sanitario, laboral, religioso, etc.) o penal (encarcelamiento, destierros, etc.)

Y esta mirada sistémica debemos extenderla al presente. Cuando en los 70 se luchó por la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, nadie parecía darse cuenta que en los 80 sería el artículo de escándalo público el que nos persiguiera. Cuando se luchó, y consiguió, modificar el Código Civil para permitir el matrimonio igualitario de forma que se evitara cualquier aplicación discriminatoria, no nos imaginábamos que, a la hora de registrar conjuntamente a un bebé por parte de las parejas de hecho de mujeres, se les exigiese estar casadas, requisito no exigible a las parejas de hecho integradas por un hombre y una mujer. O que cuando una mujer o una pareja de un hombre y una mujer van al registro civil consular para registrar a un bebé, nadie pregunta si han sido progenitores por gestación por subrogación, cosa que sí se exige a un hombre solo o a una pareja de hombres.

Debemos aceptar que, tanto ayer como hoy, cualquier interpretación de las normas legales y sociales se hará desde una perspectiva cisendoheteronormativa, que nuestra orientación, nuestra identidad o nuestra corporalidad será analizada y valorada dentro de lo correcto/incorrecto, lo deseable/indeseable, y lo beneficioso/perjudicial. Es decir, no se nos enjuiciará por lo que hacemos, sino por lo que somos.

Por eso no deja de sorprender la convicción de aquellas personas LGTBI que sostienen que ellas no han sufrido ninguna discriminación por su orientación, su identidad o su corporalidad.

Pero nada más lejos de mi intención el promover desde el activismo cualquier tipo de victimismo. Como pedía Séneca a Helvia, no deseemos para nosotros el más despreciable de los méritos, el parecer los más desgraciados.

Pero sí asumir el carácter sistémico de la represión y la discriminación, saber que cuando investigamos el pasado, o luchamos contra una norma, ya sea social o legal, nos enfrentamos solo a uno de los muchos tentáculos de la cisendoheteronormatividad, cuya denuncia y superación debe ser el objetivo final de nuestra lucha.

 

¿Estará dispuesto Casado a derogar el matrimonio igualitario para ser presidente con el apoyo de Vox?

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

En España, centenares de miles de personas LGTBI estamos expectantes a la reacción de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ante la anunciada presentación de una propuesta de Ley en la Asamblea de Madrid, por parte de Vox, para derogar las leyes autonómicas LGTBI y trans.

Vox nunca ha ocultado que una parte fundamental de su proyecto radical es acabar con algunos derechos humanos que hemos conseguido en los últimos años, no solo en el campo de la orientación y la identidad sino también en el campo del género. Por eso, no ha sido una sorpresa el anuncio de la formación radical de ultraderecha, pero sí ha generado preocupación el momento y el lugar anunciado para presentar la propuesta de Ley.

La presidenta de la Comunidad de Madrid nunca ha ocultado sentirse cómoda con muchos de los postulados de la formación radical, y ha hecho continuos guiños a su electorado para conseguir una mayoría suficiente para gobernar. Escorarse tanto a la ultraderecha, ha hecho que la única opción parlamentaria del gobierno de Díaz Ayuso para sacar adelante las leyes en la Asamblea de Madrid sea el concurso de la formación radical de ultraderecha. Hace unos días se formalizó el pacto para los Presupuestos de la Comunidad para 2022, y justamente después, Vox anunció la presentación de la propuesta de Ley.

La deriva de la gran formación política de centro-derecha española hacia una posición radical de ultraderechas es preocupante. Porque cada vez más, se verá condicionada por la formación radical ultraconservadora, que además necesita diferenciar su discurso político respecto a un PP escorado hacia la ultraderecha, radicalizándolo.

Si la señora Diaz Ayuso acepta el envite, y acepta derogar o modificar las leyes trans y LGTBI, no solo salen perjudicadas las personas LGTBI madrileñas y sus familias, sino las de todo el país. Porque fortalecidos por el éxito, el siguiente objetivo serán las leyes del resto de Comunidades Autónomas, y el premio “gordo”: el matrimonio igualitario.

No podemos olvidar que el PP no solo se opuso al matrimonio igualitario en las Cortes Generales si no que también presentó un recurso de inconstitucionalidad, finalmente rechazado por el Alto Tribunal. Y es que la derecha española nunca se ha sentido cómoda con extender la institución matrimonial a las parejas de dos personas del mismo sexo. Porque enfrenta el espíritu liberal existente en la formación de centro derecha, con el neoconservador que ido ganando posiciones en las últimas décadas.

Cada pacto que firma el PP con Vox, es un eslabón más de la cadena que ata a la formación de centro-derecha al programa radical ultraconservador. Tras gobernar comunidades autónomas como Andalucía, Castilla-León, Madrid o Murcia, y decenas de ayuntamiento, en las próximas elecciones generales, donde presumiblemente el candidato “popular” sería Pablo Casado, cualquier posibilidad para gobernar en minoría pasará inevitablemente por un pacto con el partido de Santiago Abascal.

Y ya sabemos cual será una de las “piezas” que querrá cobrarse el lobby político ultraconservador radical: el matrimonio igualitario. ¿Será capaz Casado de renunciar a gobernar y facilitar un gobierno de centro-izquierda, por no “sacrificar” el matrimonio igualitario?

Por eso es tan importante el éxito de la movilización del próximo 15 de diciembre en diferentes partes de España contra la anunciada petición de derogación de las leyes madrileñas trans y LGTBI. Solo si el PP asume que ceder y sacrificar derechos de las personas LGTBI y sus familias en el altar de la gobernabilidad con Vox supone la pérdida de una parte importante de su electorado más liberal, podemos asegurar que una posible mayoría de centro-derecha en las próximas Cortes Generales no suponga el fin del matrimonio igualitario.

Porque si no, lo que nos queda es rezar. Para aquellos que tengan fe, naturalmente.

 

Noviembre de 2021, el mes más “queer” de Sevilla.

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

Ahora que finaliza noviembre, podemos considerar que, a nivel LGTBI, ha sido uno de los meses más brillantes que recordamos.
Festivales de cine, exposiciones, presentaciones de libros, etc. han confluido este otoño, fuera de junio, considerado mes el de la diversidad por antonomasia.

Comenzó con una de las mejores ediciones del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que este año cumplía su 18 edición.

Una cinta de temática homosexual se alzó con el Giraldillo de Oro. Nos referimos a la cinta Great Freedom, del austriaco Sebastian Meise, el cual narra la insólita historia de amor de un preso encarcelado homosexual por el artículo 175 del Código Penal alemán, y que sirve para denunciar la persecución a los hombres gais y bisexuales en las Alemanias. Además, el protagonista, Franz Rogwski, fue elegido como el Mejor actor del Festival.

Además, la cinta danesa de animación Flee, que dibuja con su sincera paleta de colores animados un rayo de luz y esperanza sobre la oscura existencia de los gais en Afganistán, consiguió el VIII Premio Ocaña a la mejor película de temática LGTBI, concedido por la entidad Cultura con Orgullo.

Y en cuanto a cine, noviembre finaliza con la 13 edición de LaPECCA, Pequeño Certamen de Cine de Ambiente, en el Teatro Alameda. A este Festival, gestionado por la entidad DeFrente LGTBI, se han presentado un total de 121 cortos de temática LGTBI, de 16 países de Europa, Asia y América, lo que le convierte en uno de los más relevantes en su género del continente europeo.

En el campo del teatro, del 18 al 29 de noviembre, disfrutamos del Festival Internacional de Artes Escénicas de Sevilla – feSt 2021, en el que se incluyeron dos obras de clara temática LGTBI, como fueron ¡Ave, osos! de la compañía vasca El Mono Habitado, en la Sala Cero, y Demasiada libertad sexual os convertirá en terroristas con un genial Piermario Salerno, en el Teatro Viento Sur.

También a lo largo del mes de noviembre (y hasta el 28 de febrero de 2022) pudimos disfrutar de la fantástica retrospectiva que el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo ha dedicado este otoño al sevillano Nazario, uno de los tres autores de comic gay más importante, junto a Tom of Finland y Ralf Koening, y que estará expuesta en el Monasterio de Santa María de las Cuevas hasta el 28 de febrero de 2022. Autor underground, su Anarcoma ha pasado a la historia del cómic como uno de los personajes más sorprendente y audaces de su época.

En el corazón de la Alameda, durante el mes de noviembre (y que permanecerá hasta el 12 de diciembre) pudimos visitar Diferentes, la primera exposición celebrada en España sobre la historia de la cultura queer (LGTBIQ+) española de las últimas cinco décadas, desde la clausura del Pasaje Begoña (Torremolinos, Málaga) en 1971 hasta 2021.Una propuesta a medio camino entre la gran instalación y la exposición que reúne alrededor de 1.500 objetos que hablan sobre lo queer procedentes de la literatura, la música, el cine, el teatro, la danza, la moda, los medios de comunicación, las artes plásticas y el cómic.

También este mes de noviembre se ha incorporado el Espacio LGTBI #Relator6 (gestionado por las entidades Adriano Antinoo y RETOS Municipios Orgullosos) a la vida cultural de la ciudad, con la micro-exposición Under the Influence of Artemisia Gentileschi – Arte contra las violencias de género de Víctor Gracia, con ocasión del 25 de Noviembre, Día de lucha contra las violencias machistas. Una fotografía que revisa la conocida obra barroca Susana y los viejos de la pintora italiana, y que sirve al autor para reflexionar sobre las violencias machistas, y para denunciar que cientos de mujeres artistas fueron ocultadas por la historia oficial del arte, lo que supone una violencia laboral.

Y no hay que olvidar las letras, con la presentación por parte de Nazario de la tercera parte de su auto-biografía Un pacto con el placer, dentro del ciclo Diálogos.com de Adriano Antinoo, en el Espacio Santa Clara el día 5 de noviembre, y del último libro del terapeuta, escritor y activista Gabriel J Martín titulado Gaynteligencia emocional, el 19 de noviembre, de la última obra en el Espacio Caotica.

Por último, en materia de Memoria Histórica, pudimos conocer más afondo la persecución de homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales y trans por parte de la dictadura franquista durante las jornadas promovida por la Oficina de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Sevilla los días 17 y 18 de noviembre, en el Palacio Marqueses de la Algaba.

Lo dicho. Es difícil recordar un mes tan intenso de propuestas LGTBI, fuera del tradicional mes de la Diversidad, desde ámbitos tan diversos de la iniciativa pública (Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla) como privada (asociaciones y empresas), que nos muestra una ciudad con músculo y con una clara apuesta por la diversidad, también de la orientación, la identidad y la corporalidad.

Represión política de gais, lesbianas y trans durante el Franquismo: la memoria necesaria

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

La cinta triunfadora de este año en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y que ha recibido el Giraldillo de Oro, Great Freedom, cuenta una historia carcelaria de amor homosexual entre dos presos alemanes y, sobre todo, desvela un hecho histórico insoportable.

Cuando las tropas norteamericanas llegaron a los campos de concentración nazi, mientras a los presos judíos, gitanos, discapacitados y militantes de izquierda fueron liberados, los homosexuales fueron llevados de inmediato a prisiones donde continuaron encarcelados. Es decir, sufrieron en los campos de exterminios con el régimen nazi, y siguieron sufriendo en las prisiones de los regímenes de las Repúblicas Federal Alemana (capitalista) y Democrática Alemana (comunista).

Seguro que muchas personas en nuestro país se sentirán conmovidas por la película y escandalizadas por ese ignominioso trato dispensado por los liberadores del nazismo a gais, lesbianas y trans. ¿Imaginarán que en España se vivió una situación similar durante los larguísimos años oscuros del franquismo?

Y es que, en nuestro país, el triunfo del ejército franquista en 1939, y tras la sistemática eliminación de la oposición política de socialistas, anarquistas y comunistas, supuso que el régimen totalitario fijara su mirada en la otra disidencia, la sexual.

El hecho diferencial del franquismo hacia la homosexualidad respecto a tiempos anteriores, fue su conversión de un pecado en una amenaza política al régimen. Esta transformación alcanza su máxima explicitación en Mauricio Karl, un prolífico escritor e instructor de la academia donde se formaron generaciones de policía de la Dictadura, quien afirmó: “la sodomía tiene una función comunista a través de los siglos pues ambas aberraciones, aun siendo de distinto tipo son contrarias a la familia, a la propiedad privada y al orden tradicional”.

Es decir, la homosexualidad ya no era un vicio que afectaba a la religión, si no un elemento corrosivo en el seno de la nueva España nacida del 18 de julio, que era necesario eliminar.

Este hecho es el que convierte la persecución del régimen franquista de gais, lesbianas y trans en represión política, similar a la sufrida por militantes de partidos y sindicatos, como recoge la Ley 2/2017, de 28 de marzo, de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía.

Pero esta realidad, que a nuestros ojos de 2021 está meridianamente clara, no lo estuvo en 1977 para las fuerzas políticas de la Transición y en muchos casos, ni siquiera para las propias personas homosexuales y trans. Por eso, mientras las otras víctimas de la represión política del franquismo fueron liberadas por la Ley de Amnistía, y posteriormente reparadas, homosexuales y trans tuvieron que esperar hasta después de aprobada la Constitución, para ser “liberadas” en 1979, tras la aprobación del Real Decreto que excluyó la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social en diciembre de 1978, y apenas reparadas durante el gobierno de Rodríguez Zapatero.

A todo ello hay que unir dos hechos terribles, insuficientemente investigados.

Por un lado, las víctimas directas de la Ley de Vagos y Maleantes primero y de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social después (leyes que por otra parte se aplicaban de forma clasista, afectando principalmente a jóvenes de extracción obrera, de baja cualificación y en muchas ocasiones analfabetas) eran obligadas al destierro. Cualquiera se puede imaginar como podía afectar a una persona joven, de baja cualificación y sin red social ni familiar en una ciudad extraña. En muchos casos terminaban en la prostitución, que en los años 70 venía acompañada con el consumo de heroína y en los 80, del VIH-Sida. Es decir, en muchas ocasiones, ser víctima de las leyes represivas de la homosexualidad suponía una condena a muerte en diferido. Además, el SIDA afectó sobre todo a la población homosexual, lo que hace que, por desgracia, sean pocos los supervivientes que han podido dejar constancia pública de la persecución política que sufrieron.

Pero es que, además (y a diferencia de las víctimas de la persecución por la militancia política, sindical o de derechos humanos), gais, lesbianas y trans no tienen descendientes que se sientan orgullos de sus padres, tíos o abuelos, y que reivindiquen su memoria.

Gais, lesbianas y trans, víctimas políticas del régimen franquista por su orientación sexual y/o su identidad de género, esperan una reparación que apenas llega a cuenta gotas. Y debemos ser las entidades LGTBI las depositarias de esta memoria la que reivindiquemos su sufrimiento y opresión, en estudios, propuestas políticas, y jornadas como la que este 17 y 18 de noviembre de 2021 se celebrarán en el Palacio Marqueses de la Algaba de Sevilla, organizadas por la Oficina de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Sevilla, en colaboración con la asociación Adriano Antinoo.

Por Pablo Morterero, presidente de Adriano Antinoo y coautor de “Lo personal es político. Historia del Movimiento Homosexual en Andalucía”.

 

Lo normal y lo extraordinario de la violencia hacia las personas LGTBI y sus familias

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

Una reflexión que últimamente comparto bastante es que, en mi opinión, la violencia no es algo puntual o reducido a determinadas acciones u omisiones, sino que nuestras sociedades se han estructurado históricamente sobre la violencia.

Cometemos el error de definir exclusivamente como violencia aquella que produce daños corporales, amputaciones o muerte. Estas son sin duda las más terribles, pero no necesariamente las que a largo plazo sean las más dolorosas e inhabilitantes.

Pero la realidad es que las violencias van mucho más allá. Pero son tan habituales que pasan desapercibidas hasta para el ojo más prevenido.

Existe grandes hechos violentos, como el terrorismo, el asesinato, la violación. Ahí sí somos capaces, como individuos y como sociedad, de detectar rápidamente la violencia y nuestra respuesta por lo general es de severa condena y apoyo a las víctimas.

Pero existen violencia igual o más dañina para nuestra integridad física, social y emocional que no son tan evidentes y en las que no solemos reparar.

La violencia nos rodea. Se ejerce violencia en la pareja, en la familia, en los grupos de iguales, en el colegio, en la Universidad y en la empresa. Se ejerce violencia en las guarderías, en las residencias de ancianos y en los hospitales. Y se ejerce violencia en la política y en los medios de comunicación. No hay espacio de nuestra vida cotidiana donde esté exenta la violencia, a veces de baja intensidad, que adquiera formas de burlas, chantajes y apodos.

En el mundo anglosajón, tan dados a poner nombre a cualquier cosa o situación, los denomina bullying si se da en la escuela, o moobing, si ocurre en el trabajo, por ejemplo. Pero si leemos la prensa vemos las denuncias sobre las violencias obstétricas sobre las mujeres embarazas o parturientas, la violencia de las redes sociales, etc., algunas todavía sin nombre, pero igual de reales, dolorosas e incapacitantes.

Haber nacido, y ser educados y formados en medio de esa violencia de baja y media intensidad, hace que pasen desapercibidas o bien sean calificada de bromas, cosas de niños, asuntos de pareja, tradiciones, estrategias de motivación, cotilleos, etc.

Incluso nuestro refranero popular ensalza la violencia como práctica no solo tolerable sino recomendable: quien bien te quiere, te hará llorar; la letra con sangre entra; etc. son claro ejemplo de ello.

Y para afrontar esta violencia es fundamental tomar conciencia que cualquiera de nosotros somos a la vez ejercitadores de violencia y víctimas de ella. Porque los violentos no son necesariamente los que van embozados al final de una manifestación y portan cócteles molotov. Puede tener la apariencia de una amable abuela, de un joven responsable, e incluso de un atractivo presentador de noticias.

Y sin este paso, sin asumir que al estar educados en un sistema social que se articula sobre las relaciones de violencia y que nos convierte a la vez víctimas y verdugos, cualquier avance en este campo es muy limitado.

Como nos advertía Freidrich Schiller hace casi 200 años en su opúsculo “Sobre lo sublime”, “Nada es tan indigno del hombre, pues, como sufrir violencia: la actitud violenta lo aniquila. El que la ejerce nos disputa nada menos que la humanidad. El que la sufre cobardemente se despoja de su humanidad”.

Por desgracia, cada día las personas homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales, no binarias o de género fluido, trans, intersex y queer, somos noticia por la violencia que sufrimos y que solemos denominar LGTBIfobia. Asesinatos, mutilaciones clínicas, palizas, amenazas, discriminación, etc, que llevan a muchos de los que lo padecen a las enfermedades mentales como la depresión, la adicción al sexo, el abuso de sustancia politóxicas o al intento de suicidio, en demasiadas ocasiones con éxito.

Por eso desde el activismo LGTBIQ debemos responder de forma contundente, coordinadamente y con valentía, ya que, si la sufrimos cobardemente, permitimos que nos despojen de nuestra humanidad.

Pero también debemos no solo ser capaces de detectar las violencias que nos aniquilan, en palabras de Schiller, sino también ser conscientes de aquellas violencias que ejercemos y que sin darnos cuenta despojamos de humanidad a nuestras víctimas.

La plumofobia, el edadismo, la gordofobia, etc. son algunas de esas lacras de violencia de baja y media intensidad que se viven entre las personas LGTBI, pero también la gaifobia, lesbofobia o la transfobia interiorizada, que nos llevan a ser víctimas de ella a la vez que verdugos de otras personas homosexuales y trans.

Incluso en ocasiones, la utilización desmedida de la acusación de homofobia o transfobia hacia los demás esconde una forma torticera de violencia.

La lucha contra esa violencia debe partir desde dentro hacia fuera. Para afrontar con éxito esa batalla, debemos primero analizar como desde nuestra vida cotidiana ejercemos violencia y la padecemos. Detectar los vínculos emocionales de esa violencia e intentar cambiar es fundamental en esta lucha.

Así estaremos realmente dando la batalla a las violencias.

 

Foto: Global Panorama

 

La LGTBIQFOBIA también va contigo aunque seas hetero

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

El asesinato de Samuel ha provocado, entre otras cosas, que la situación de las personas LGTBIQ también se comenten en espacios donde generalmente no suele ocurrir.

Uno de esos comentarios me lo ha hecho un colega de trabajo y amigo, que a pesar de todo lo que sabemos e intuimos no ha dejado de sorprenderme.

Este amigo, hetero y padre de un hijo, me cuenta que un amigo suyo, también hetero, iba por la calle cogido de la mano con su hijo, y fue increpado y calificado calificado de “maricón viejo que iba con niños” por un viandante. Esta anécdota había impactado tanto a mi amigo, que desde entonces evitaba ir de la mano de su hijo de 13 años por temor a ser agredido.

Y es que la LGTBIQfobia no solo destroza la vida de las personas LGTBIQ y sus familiares, sino que también supone una losa terrible para las personas que no se identifican con el acrónimo.

Como bien saben los y las que trabajan en materia de delitos de odio, da igual si eres o no eres, solo basta con que el agresor o la agresora piense (a veces fantasee) que lo eres.

Con la LGTBIQfobia nadie está a salvo. Ni disimulando la pluma, ni ajustando tu expresión de género a lo que se espera de un hombre o una mujer, ni siquiera siendo un hetero o una hetera de manual.

La LGTBIQfobia es una hidra de mil cabezas, que puede descargar su furia contra cualquiera, nadie está a salvo. No basta con que sepas que tu hijo es hetero, no es suficiente que como mujer te atraigan los hombres, no te salva que te guste el futbol y que todos conozcan que estás enrollado con una trabajadora de la empresa de enfrente.

La LGTBIQfobia no solo puede condicionar tu vida, limitar tu libertad y obligarte a comportarte como no quieres, como lo ha ocurrido a mi amigo hetero (y muy hetero) si no que también puede hacer que te agredan, te lesionen o te maten.

Porque la LGTBIQfobia no va de maricones, ni de bolleras, ni de travelos, ni de bichos raros. Va de la libertad para ser y vivir plenamente sin que nadie te cuestione, te agreda, te viole o te mate. Va, incluso, de que un padre hetero pueda, o no, ir por la calle de la mano de su hijo de 13 años.

 

«Díselo a la mano» by LordFerguson is licensed under CC BY-SA 2 0

Orgullo Gai: Andalucía, 1981

Pablo Morterero (@pabloMorterero)

 

 

Hace 40 años, el Frente de Liberación Homosexual de Andalucía (FLHA) organizó por primera vez en Andalucía una agenda trans-provincial del Orgullo Gai, con actos en Granada, Málaga y Sevilla.

Reconstruir la historia del movimiento homosexual español en general, y andaluz en particular, es extremadamente complicado: la fragilidad de la memoria de los y las protagonistas e incluso la voluntad de olvidar de algunas y algunos, así como la falta de fuentes escritas por las más variadas circunstancias, hacen que a veces pase de ser una tarea titánica a directamente una labor imposible.

Esta incertidumbre se extiende a la celebración en nuestra Comunidad Autónoma de lo que hoy conocemos como Orgullo LGTBIQ.

Barcelona fue la primera ciudad que acogió en junio de 1977 una movilización en favor de los derechos de gais (entre los que entonces se incluían a las mujeres trans) y lesbianas, siguiendo la senda de diferentes capitales europeas que replicaron la primera manifestación del 28 de junio en Nueva York en 1970 para conmemorar los disturbios producidos un año antes en Stonewall.

Aquella primera movilización del activismo barcelonés (que se repitió en diciembre del mismo año en contra de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social) preparó la que sería la primera acción coordinada en todo el territorio nacional a través de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE) en 1978.

La COFLHEE fue la primera organización mixta (de gais y lesbianas) que aspiró a articular el naciente movimiento homosexual español, y que dejó paso a la FELGTB en los años 90.

Una de las reuniones preparatorias para dicha movilización se celebró en Sevilla en la primavera de aquel año y desembocó en la convocatoria de manifestaciones y mítines por varias ciudades españolas para el domingo 25 de junio de 1978 por el “Día Internacional de la Liberación Homosexual” ya que hasta un año más tarde no se adoptó el término “Día del Orgullo Gay” (que se convirtió posteriormente y durante pocos años en “Orgullo Gai”).

Creemos saber que, en Andalucía, solo Sevilla celebró un acto aquel 25 de junio. En concreto un mitin multitudinario (asistieron unas mil personas según distintas fuentes) convocado por el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionario (MHAR) en los locales que el Sindicato Comisiones Obreras disponía en la calle Calatrava, muy cerca de la Alameda de Hércules, y que posteriormente continuó con una concentración y finalmente una manifestación que desde la plaza del Triunfo continuó hasta el Prado de San Sebastián, donde terminaron un valiente grupo de unas 30 personas.

Al año siguiente, 1979, el MHAR celebró otro mitin en los mismos locales de CCOO con una afluencia muy inferior, y que supuso el último acto documentado de la primera organización homosexual sevillana, la cuarta organización de la entonces región andaluza.

Porque el movimiento homosexual andaluz nació en Málaga con la Unión Democrática de Homosexuales (UDU) en 1976, contándose para 1977 con al menos tres organizaciones más, además de la UDH: en Granada existía el Movimiento de Liberación Homosexual y el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR); y en Sevilla el citado MHAR. 

Y afirmamos que al menos tres, porque la prensa de 1978 recoge que en junio de aquel año existía en las provincias de Sevilla, Córdoba y Granada el Frente de Liberación Homosexual (FLH) sin que se aportara datos de cuando se constituyeron.

Esta información está en contradicción con lo afirmado posteriormente por fuentes orales y documentales del que luego pasaría a llamarse Frente de Liberación Homosexual de Andalucía (FLHA), según las cuales el Frente de Liberación Homosexual de Granada se creó en 1979, el Frente de Liberación Homosexual de Sevilla en 1980 y el propio Frente de Liberación Homosexual de Andalucía en 1981, en la parroquia de San Idelfonso de Granada.

Nuestra hipótesis es que los Frentes de Liberación Homosexual de Sevilla, Córdoba y Granada de 1978 (tal vez de 1977) no se consolidaron, y que posteriormente fueron refundados por activistas desconectados con el pasado. Según las fuentes orales y documentales a las que hemos tenido acceso (que no necesariamente refleja la realidad de la época) en la primera mitad de la década de los 80 el FLHA fue la única organización homosexual andaluza.

Según un folleto del FLHA de 1984, “Hace cuatro años, con motivo del Día del Orgullo Gai, aparecieron en las calles sevillanas carteles de hombres y mujeres abrazados que convocaban a una reunión – a la que siguieron otras – que puso de manifiesto la existencia de un grupo de personas especialmente interesadas por el tema de represión y discriminación homosexual.”

“Las cosas” continua el folleto “no estaban – no está – bien para los gais y creíamos – creemos – que se podían mejorar. Nos planteamos unos objetivos – inmediatos unos, a largo plazo otros – y unas bases de funcionamiento. Contamos con otros grupos existentes en Granada y Málaga y uniendo esfuerzos organizativos nacía el FLHA en mayo de 1981. Aquel año se celebró en Granada, Málaga y Sevilla el Día del Orgullo Gai con fiestas y alguna charla”.

Y es que el impulso inicial del movimiento homosexual español a finales de los años 70 (cuando las manifestaciones de Barcelona y Madrid convocaban a miles de personas) desapareció tras la exclusión del estado de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social en diciembre de 1978. En Madrid, por ejemplo, de las 7.000 a 10.000 personas que convocó la manifestación madrileña de 1978, se pasó a unas 600 en la manifestación de 1980.

Pero el FLHA (que era miembro de la COFLHEE), a pesar de no tener fuerzas suficientes ni apoyo social para convocar manifestaciones en aquella década, sí tuvo la capacidad de organizar por primera vez una agenda regional del Orgullo Gai con fiestas y charlas en las distintas provincias andaluzas donde tenía presencia.

Cuarenta años después, debemos seguir homenajeando a aquellos valientes activistas que abrieron paso a los avances legales y sociales de los que hoy, a pesar de todas las dificultades, disfrutamos las personas homosexuales (lesbianas y gais), bisexuales, trans e intersex.