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Visibilidad cotidiana #OrgulloLGBTI (#2)

Esta semana estamos de celebración del Orgullo LGBT, cuya fecha clave es hoy 28 de junio. Santiago Redondo Bueno (), Secretario de Organización de la FELGTB, incorpora al blog una reflexión que nos da pie a abrir un buzón para conocer quiénes son para ti personas LGBTI influyentes, el domingo publicaremos la lista que entre tods hamos. Escríbenos a 1decada10blog@gmail.com

Consejo Primavera FELGTB

Consejo Primavera FELGTB

Como todos los años, por la proximidad a la celebración del Orgullo LGTB, aparecen en los medios de comunicación numerosas listas de los llamados gais influyentes. Las hay de todos los colores. Están aquellas donde predomina el empresariado, en otras los políticos, a veces destacan el mundo de la farándula,… pero sea cual sea su criterio de clasificación casi todas coinciden en algo fundamental, apenas hay presencia de mujeres, todos los hombres que aparecen son gais por lo que de nuevo se invisibiliza la bisexualidad y, desde luego, las personas trans ni están ni se las espera.

Si nos parásemos a pensar cada una de nosotras en quiénes han sido las personas más influyentes de nuestras vidas estoy seguro de que no encajarían en esas listas de gente popular. Esos VIPS que se amontonan en los rankings tienen un papel fundamental como referentes visibles para las personas LGTB, pero no podemos olvidar que están ahí por el esfuerzo y el ejemplo de personas anónimas que han sido, y son capaces, de ejercer una influencia positiva en nuestra vida. Lee el resto de la entrada »

Mujeres bisexuales: invisibles, armarizadas y con peor salud mental

Por Elena González Rojo

Hace más o menos un año tuve la suerte de cruzarme con Lisa College, una gran investigadora y persona.

Lisa es periodista y dejó la seguridad laboral para cursar el máster en el que nos conocimos. Sigue en Londres, ahora con el doctorado. Me alegra mucho la repercusión que está teniendo su último artículo (se ha publicado en el Journal of Public Health), y trata temas que me interesan, por lo que quiero compartir sus resultados:

El estudio que ha llevado a cabo Lisa, y que ha coordinado nuestro profesor, Ford Hickson, concluye que las personas bisexuales tienen un riesgo muy particular de invisibilización y marginalización desde ambas comunidades, la de gais y la de la lesbianas. Aunque las mujeres bisexuales en el estudio señalaron haber experimentado menos discriminación basada en la orientación sexual, este hecho no las benefició en los indicadores de salud mental”.

Foto de  RenaudPhoto
Foto de RenaudPhoto

 

Lisa y Ford señalan que los servicios de salud mental deben ser conscientes de las diferencias y similitudes en las necesidades de salud mental de las mujeres bisexuales y lesbianas, y que los servicios que se ofrezcan han de ir en consonancia con estas diferencias.

Pero los recursos públicos que existen para abordar la salud mental son escasos y los pocos que hay suelen estar dirigidos a casos severos (o invertirse exclusivamente en medicamentos). Hacer frente a esta situación no es sencillo, pero que existan evidencias como las de este estudio favorece que podamos luchar por ello.

Este estudio también ha encontrado que las mujeres mayores bisexuales tuvieron más pensamientos suicidas que las mujeres bisexuales más jóvenes.  Una de las explicaciones que los autores señalan es la falta de apoyo de una comunidad como la que ha existido o existe entre personas homosexuales.

Las mujeres bisexuales acuden a espacios de socialización de mujeres lesbianas o bisexuales mucho menos que las lesbianas. Y además, en comparación con las mujeres lesbianas, muchas menos bisexuales han salido del armario con amigo/as, familia o en el trabajo.

Estos resultados son bastantes representativos para el Reino Unido. Lisa ha analizado una muestra de 937 mujeres bisexuales y 4769 lesbianas. La encuesta base es de la ONG Stonewall, conocida por su activismo en pro de los derechos LGTB. Son datos de 2007 y constituye el estudio con mayor muestra que se ha realizado hasta el momento, al menos en Europa.

Como grupo en general, las mujeres bisexuales de la muestra fueron más jóvenes , más pobres y en más ocasiones consumidoras de marihuana. También fue mayor el número de mujeres transexuales bisexuales que lesbianas.

Otros datos fundamentales: las mujeres bisexuales fueron más tendentes a tener problemas de alimentación, a sentirse deprimidas y a auto-lesionarse.

En palabras de Lisa: “Aunque las mujeres no-heterosexuales como grupo tienen bastante peor salud mental que las mujeres heterosexuales, el hecho es que las mujeres bisexuales presentan un stress mental aún peor que el de las mujeres lesbianas. Todas las mujeres se merecen las mismas oportunidades de bienestar y felicidad, independientemente de su orientación sexual. Si la homofobia está mayoritariamente condenada, el estigma específico en torno a las mujeres bisexuales debe reprobarse de forma similar”.

Es lógico intuir que los datos en España pueden ser similares. Pero no lo sabemos. Porque no se ha preguntado. Recoger la variable “orientación sexual”, por ejemplo, en la Encuesta Nacional de Salud, debe ser una de nuestras reivindicaciones. A día de hoy,  en nuestro país no se conoce la diferencia en indicadores de salud entre mujeres heterosexuales, lesbianas y bisexuales.

La comunidad que no amaba a las mujeres

Por Lucía Rodríguez Sampayo

Orgullo de El Salvador
Orgullo de El Salvador. Foto de Stephanie Mejía

 

Quisiera mostrar que El Salvador es un país mucho más luminoso, interesante y lleno de vida de lo que generalmente se ve. Porque lo es. Pero quien maneja los hilos de la información se empeña en mostrar siempre lo más oscuro, la violencia. Y también en eso hay cosas que quiero decir. Porque el mundo se preocupa, y con razón, de la violencia que les afecta a ellos. Pero el mundo las invisibiliza a ellas, con la misma fuerza con que los mira a ellos.

En El Salvador, como en el resto del mundo, nos quieren mujeres sujetas, subordinadas al orden social y político masculino, dependientes y limitadas por las categorías que los hombres establecen. Y eso es violencia, aunque no siempre conlleve situaciones suficientemente morbosas como para ocupar titulares.

Y en la comunidad LGBTI, como en el resto de la sociedad, se nos quiere someter también al poder de los hombres y sus principios, a su dominación, aunque no siempre sea tan evidente en los discursos, aunque sus proclamas y sus lemas lleven a veces un “toque” de feminismo que intenta hacer creer que aquí sí se respeta la libertad, la autonomía y la diversidad de todas.

No es verdad. El patriarcado se resiente y protesta cuando las mujeres se resisten y reivindican su autonomía, su libertad. Pasa en todas partes, también en España. Pero aquí se puso en evidencia hace unos meses, en el último Orgullo. Un orgullo que llamaron Pride, que contaba con más respaldo social e institucional que nunca; un orgullo que se había vendido un poco (más) al sistema, y que puso en evidencia más que nunca la violencia contra las mujeres.

Porque todo iba bien hasta que ellas decidieron. Hasta que se empoderaron y se apropiaron del 28 de junio; hasta que no quisieron celebrar, sino luchar por su libertad.

Un grupo de lesbianas decidió visibilizar el orgullo de sus vidas, su derecho a ser propietarias de sus cuerpos, a dar y recibir placer, con quien quieren y como ellas lo quieren. Y lo hicieron con alegría, con música, luz y color, pero sin perder ni un ápice del espíritu de lucha que aquel 28 de junio de 1969 en Stonewall dio a luz al Orgullo LGBTI.

Las “Adoradoras de la Santísima Vulva” convocaron a las mujeres a la Marcha de la Diversidad Sexual de 2014, invitándolas a participar en una acción reivindicativa con la cual visibilizar sus cuerpos como “espacios sagrados que han sido históricamente violentados, agredidos, sometidos, humillados y negados”. Y llegaron los problemas: empezaron los insultos, y no tardaron en aparecer las amenazas. El patriarcado se hizo visible, y ya no dejó hueco para el “manto feminista” en el discurso. La violencia de nuevo, ya sin tapujos, fue la herramienta que el propio colectivo LGBTI utilizó para intentar callar las voces disidentes. Porque no era la santificación lo que molestaba, no eran los sentimientos religiosos los ofendidos, no era el pudor lo que generó esa respuesta. Lo que no soportaban era el acto de expropiación: mujeres que nos rebelamos a través de la construcción de una nueva autonomía, que parte de la apropiación de nuestros cuerpos.

Pero las valientes no se sometieron a las amenazas y el miedo, y San Salvador se llenó de lesbianas reivindicando el placer y la autonomía. Y no eran muchas, pero su lucha se hizo grande, y sumó a otras: bisexuales y heterosexuales que saben que esa pelea es de todas; mujeres disidentes, resilientes, comprometidas consigo mismas y con las otras.