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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Matamos más de cien millones de tiburones al año, según Greenpeace

 

Barco español pescando tiburones en el océano Atlántico norte. Foto: Greenpeace

Un informe publicado por Greenpeace revela cómo la falta de protección en las aguas marinas internacionales provoca la muerte de alrededor de 100 millones de tiburones cada año, de los que miles se encuentran en peligro de extinción. Algunas poblaciones de tiburones han disminuido hasta en un 99% debido a la actividad humana. Actividad de la que en un número muy elevado es responsabilidad ibérica.

Así por ejemplo, según el informe de Greenpeace “Tiburones bajo ataque, barcos españoles y portugueses capturan cada año en el Atlántico norte hasta 25.000 tiburones marrajo, especie en peligro de extinción.

Tiburón zorro atrapado en una red. ©Brian Skerry_National Geographic Stock_WWF

Responsabilidad española

En el Mediterráneo los efectos son aún más devastadores. España es el país que más importa y exporta tiburones de todo el Mediterráneo y uno de los mayores comercializadores del mundo, sólo superado por Corea del Sur, según ha destacado WWF.

En su informe ‘Tiburones en el Mediterráneo: una llamada a la acción’, WWF apunta a la soprepesca como principal factor responsable de esta circunstancia. Más de la mitad de las alrededor de 80 especies de tiburones y rayas de la cuenca mediterránea están amenazadas, de las cuales casi un tercio están en peligro de extinción.

Esta sobrepesca de tiburones no es legal, al menos en el Atlántico, como ha demostrado el barco Esperanza de Greenpeace, cuya tripulación se enfrentó hace un mes a un pesquero español que capturaba tiburones con palangre a unos 300 kilómetros de distancia de las Azores.

Los ecologistas fueron testigos de una práctica que calificaron de “habitual”: barcos de pesca cuyo objetivo es la captura de pez espada, pero que, al hacerlo, atrapan cuatro veces más cantidad de tiburones (en peso). Durante la protesta, la tripulación de Greenpeace no observó que se capturara ni un solo pez espada y advirtió, en cambio, la extracción de al menos ocho tiburones de la línea de pesca de casi 64 kilómetros de largo.

“Es absolutamente inmoral matar a tiburones y a otros animales salvajes con estas terribles prácticas de pesca. Hoy estamos visibilizando a los culpables, pero necesitamos urgentemente un sólido Tratado Global de los Océanos que permita establecer límites de pesca más estrictos para proteger nuestros océanos”, ha declarado Will McCallum, de la campaña de Protección de los Océanos de Greenpeace.

Por su parte, Raúl García, coordinador de pesquerías de WWF España, explicó: “Los tiburones y rayas dominaban el Mediterráneo, pero en la actualidad están en riesgo de desaparecer. El acelerado empeoramiento de su situación es una clara señal del uso de prácticas de pesca irresponsables. Debemos actuar inmediatamente a escala regional para asegurar su futuro”.

Aletas de tiburón y colas a bordo del palangrero taiwanés Nian Sheug. Foto: Greenpeace

Aletas de tiburón

Según Greenpeace, el principal reclamo para pescar tiburones son sus aletas, que en algunas culturas orientales se aprecian como un manjar. La Unión Europea prohíbe a los barcos europeos en todo el mundo y a los que faenan en aguas comunitaria la cercenación de aletas de tiburones vivos y la posterior devolución de los cuerpos al mar. Una terrible práctica que en otros lugares es habitual.

Según el informe de los ecologistas, la flota pesquera española es responsable de la captura de la mayor parte de tiburones en la Unión Europea. Pero hay escaso control. De las 58.476 descargas de tiburones realizadas por barcos españoles entre 2013 y 2014, solo se realizaron 235 inspecciones (menos de un 0,5%), lo que evidencia la escasa vigilancia en el mar y la ausencia de una sólida gobernanza internacional.

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La merluza gallega se viste de etiqueta sostenible

Merluza-Mercado-2009

Los consumidores inteligentes ya han comenzado sus compras navideñas, antes de que la cercanía de las fiestas dispare los precios. Los aún más listos adquieren ahora la carne y el pescado de calidad, que sin sobresaltos del bolsillo aguardará en el congelador la llegada de esos días de alegre despilfarro gastronómico. Pero hay todavía un consumidor aún más sabio, aquel concienciado que compra con tiempo alimentos etiquetados como sostenibles y de comercio justo. Por ejemplo, la merluza gallega de pincho certificada por MSC. Lee el resto de la entrada »

Llegan las viejas locas a Canarias

Pardela

Un año más han llegado, puntuales a su cita. Son mis queridas viejas locas, las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea). Las he visto ayer cuando regresaba en el ferry de Lanzarote a Fuerteventura, justo enfrente de ese solitario volcán en medio del Atlántico que es la isla de Lobos.

Espantadas por las espumas (y ruidos) del barco, levantaron cansinas el vuelo más de 50 de estas curiosas gaviotas nocturnas, nuestro albatros europeos. No me extraña que se hicieran las remolonas.

Desde que abandonaron las aguas de Canarias, hace ahora cinco meses, se han metido entre pecho y pluma más de 10.000 kilómetros de océanos impetuosos. Sin tocar tierra firme, durmiendo y alimentándose en el mar, buscando esas curiosas “autopistas de viento” que les permiten surfear sobre las corrientes marinas, han visitado las aguas del sur de África pasando antes por Brasil como quien se da un pequeño rodeo. Y ahora regresan de nuevo a Canarias con el difícil empeño de sacar adelante un nuevo pollo, tan sólo uno por pareja, que entre incubación y cría no estará listo para enfrentarse a tan formidable aventura viajera hasta dentro de seis meses; todo un récord de crianza en la naturaleza.

Aún más. Para encontrar pesca suficiente los adultos se verán obligados a hacer largos desplazamientos entre Canarias y la costa del Sáhara y Mauritania, mientras el pollo esperará pacientemente en su hura la llegada de la pitanza incluso durante varios días de exigente ayuno.

Tanto trabajo para que muchas de estas aves se queden en el camino enganchadas en los anzuelos de algún palangre, intoxicadas por un vertido tóxico o por los numerosos plásticos de nuestra basura marina que trágicamente ingieren al confundirlos con comida. Tanto trabajo para que luego un descerebrado se canse de su gato y lo suelte cerca de la colonia, con el torpe propósito de que el minino acabe con decenas de estas aves maravillosas y protegidas. O para que otro bodoque capture los pollos y se los coma en ese escalofriante desafío a la razón en que consiste el bestialismo de buscar raros caprichos gastronómicos.

Todo eso pensaba yo ayer mientras seguía con la vista el vuelo pausado de las pardelas sobre las olas canarias. Buena suerte viejas compañeras. Locas, que estáis locas.

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Es madre a los 63 años de su hijo número 35

Se llama Wisdom, sabiduría en inglés, y acumula el saber que sólo los años y la experiencia pueden aportar a una madre. Porque Wisdom, el albatros más famoso de todos los tiempos, sigue pulverizando los récords maternales conocidos. A sus 63 años está cuidando a su hijo número 35. Y lo hace con delicadeza extrema, tan ilusionada como si fuera el primero.

Wisdom es una venerable hembra de albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) y está considerada la madre más vieja del mundo. Anillada en 1956, en ese momento ya era un ejemplar reproductor al que le calcularon cinco años de edad.

Máxima fidelidad. ¿Quieres otro dato imposible? Los albatros de Laysan se aparean tradicionalmente con una pareja para toda la vida. Eso quiere decir que muy probablemente Wisdom lleva 60 años conviviendo con el mismo macho. Increíble ¿verdad?

Máxima paciencia. Otro dato para el asombro. Los albatros de Laysan ponen un solo huevo a la vez, cada año, pero no todos los años. La razón es que la crianza del pollo es larguísima y necesitan más de un año para incubar y sacar adelante a su descendencia.

Máxima resistencia viajera. Otra cifra imposible. Los científicos calculan que a lo largo de su longeva vida Wisdom ha recorrido más de 3 millones de millas, ¡casi 5 millones de kilómetros! 63 años sorteando tormentas y tifones, pescando con habilidad, esquivando los miles de palangres que diariamente matan a sus congéneres, burlando venenosos plásticos, eludiendo chapapote y otros vertidos asesinos. ¡Una heroína!

La cría número 35 de Wisdom nació el pasado 4 de febrero en una isla del atolón de Midway, un pequeño territorio de los EE.UU. ubicado en el Pacífico Norte, entre Honolulu y Tokio. Hasta el próximo invierno el pollo no volará y se independizará de su longeva madre, con quien ya no volverá a tener contacto nunca más.

Sus áreas de alimentación son la costa oeste de América del Norte, incluyendo el Golfo de Alaska, y pasan sus primeros tres a cinco años en constante vuelo sobre el mar, sin tocar tierra. Incluso es muy probable que duerman mientras vuelan sobre el océano, pues sus alas son tan inmensas y rectas que una vez en el agua les resulta muy difícil remontar de nuevo el vuelo.

Como dice un colega ornitólogo, a sus 63 años Wisdom está ya cerca de jubilarse y se merece hasta el último centavo de su pensión ¿no te parece?

Foto: Ann Bell/USFWS

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Protejamos las montañas submarinas


La organización de conservación marina Oceana ha pedido a la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (GFCM) -organismo regional de Naciones Unidas- que proteja las principales montañas sumergidas del canal de Mallorca. Se basa para ello en un informe que recoge cuatro años de investigación submarina en la zona, que tiene una extensión aproximada de 2.800 kilómetros cuadrados, cinco veces la superficie de la isla de Ibiza. En estos mundos, hasta ahora desconocidos, se han hallado más de 200 especies de peces, corales, esponjas de profundidad, cetáceos, tiburones y tortugas, muchas de ellas protegidas.

Para el director de Oceana en Europa, Xavier Pastor,

“la conservación de las montañas submarinas de Baleares no solamente beneficiará de forma muy importante a los ecosistemas marinos, sino que incrementará la percepción de las islas como una comunidad que intenta corregir errores del pasado y caminar hacia un nuevo modelo económico basado en la conservación medioambiental”.

Se trataría por lo tanto de crear una especie de Parque Nacional sumergido, impidiendo con su protección que sigan faenando en la zona barcos de arrastre, palangreros y cerqueros de túnidos, todos ellos de gran impacto medioambiental en un espacio extraordinariamente sensible y valioso; uno de los puntos calientes de biodiversidad más importantes del Mediterráneo.

Para lograrlo Oceana pide “una gestión adecuada que regule y controle las actividades que pueden realizarse y las que no, teniendo en cuenta todos los hábitats importantes hallados en el área, evitando la sobre explotación y el incremento de basuras, redes y sedales, que ya se encuentran en grandes cantidades en estos fondos”.

Paralelamente, Oceana ha propuesto ampliar las áreas protegidas de Alborán, Columbretes y Cabrera a zonas más profundas para proteger los bosques de laminarias, agrupaciones vegetales submarinas que constituyen ecosistemas de gran importancia por su biodiversidad asociada.

Y es que somos así. Sólo protegemos (poco y mal) lo que vemos. Las profundidades marinas se nos hacen lejanas e inútiles, a pesar de que es en ellas donde se atesora no sólo una gran biodiversidad, sino muchos de los remedios farmacéuticos para luchar contra nuestras peores enfermedades, como el cáncer.

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Matamos 100.000 albatros al año

Dicen los viejos marineros que matar a un albatros trae mala suerte, pues son la reencarnación de las almas de otros marineros ahogados en alta mar, pero que verlos volar es siempre un signo de buen augurio.

Mejor dicho lo pensaban antes, porque ahora los matan a miles, más de 100.000 al año.

No con ballesta, ni con fusil, sino con criminales palangres; hasta 130 kilómetros de líneas de anzuelos en un solo barco, hasta mil millones de anzuelos cebados con pescado, donde además de atunes y peces espada caen víctimas inocentes de nuestra rapiña todo tipo de aves marinas.

Todos tenemos un animal fetiche, blanco de nuestra admiración. Para algunos son las águilas, para otros los lobos, pero para mí son los albatros. No lo supe hasta que no vi mi primero en una colonia de Albatros ondulado (Phoebastria irrorata) en las Islas Galápagos. Un gigantesco pájaro con casi tres metros y medio de envergadura alar y hasta 10 kilos de peso. Las aves voladoras más grandes del mundo, pero también las más delicadas. Cuando macho y hembra se encuentran, juntos bailan una danza primitiva donde sus gigantescas cabezas se mueven con la gracilidad de una bailarina. Es su saludo tras haber recorrido más de 1.000 kilómetros en busca de alimento para su pollo, un gigantesco bolón de blanco algodón rematado por un pico del tamaño de un zapato de jugador de la NBA.

Pero el momento más mágico fue verlos volar. Tras su baile de despedida, el adulto relevado en el nido inició una torpe marcha hacia los cercanos acantilados. Abrió las descomunales alas pero no voló. Comenzó a flotar ingrávido en el aire, a escasos centímetros del mar, sin esfuerzo alguno, formando un todo con las olas, tan onduladas como sus alas. Y lloré de emoción.

Animales tan longevos como el hombre, pueden llegar a vivir hasta 60 e incluso 90 años. Decididamente monógamos, mantienen una única pareja durante toda su vida, y sólo tienen un polluelo a la vez, que tardan más de medio año en sacar adelante. Su asombrosa capacidad de volar sobre las olas sin mover apenas las alas les permite recorrer distancias increíbles, hasta el punto de que algunos han sido registrados dando la vuelta al mundo en tan sólo 46 días, la mitad del tiempo empleado por el julioverniano Phileas Fog.

Pero para nuestra insaciable máquina mundial de consumo estos animales no son importantes. Los matamos a miles, y lo justificamos como accidentes inevitables. Son simples daños colaterales. De hecho, desenganchados del palangre, sus cadáveres son luego arrojados al mar sin contemplaciones ni miedo a las maldiciones marineras. La mala suerte es para las aves, siempre para ellas. Por eso todas las especies de albatros son de preocupación mundial, y el 86% de ellas (19 especies de las 22 conocidas) se encuentran en peligro de extinción.

Los albatros han sobrevivido en el duro ambiente marino durante los últimos 50 millones de años, más de 100 veces lo que lleva recorrido nuestra especie. Pero están tocando fondo. El próximo día en que tenga la suerte de ver otra vez a un albatros en el mar estoy seguro: volveré a llorar.

En Bird Life llevan años tratando de poner fin a esta injustificada matanza “accidental”, pero lo tienen muy difícil.

Os incluyo a continuación un terrible vídeo donde se comprueba la impresionante belleza de estas aves y su ignominiosa muerte en los palangres. ¿Lograremos algún día acabar con este horror? Me temo que antes acabaremos con los albatros.


Los pingüinos aprenden a volar para huir del cambio climático

Desde pequeños aprendimos que los pingüinos son aves incapaces de volar. Por eso y porque caminan a trompicones los llamamos pájaros bobos. Volaban sus antepasados, pero perdieron esta habilidad hace miles de años para adaptarse a la dura vida de los polos, donde pasaron a volar como flechas bajo el agua, pues fuera de ella todo eran hielos perfectamente transitables a pie.

Sin embargo, según ha anunciado Bird Life International, el cambio climático les ha obligado a dar un increíble paso atrás en la evolución.

La proeza la acaba de protagonizar el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae). El aumento de la temperatura en el Antártico ha reducido la plataforma de hielo, disminuyendo los lugares de cría y alimentación de las aves. Así que este animal, que de bobo no tiene nada, ha recuperado su capacidad perdida de volar, como acaban de descubrir al mundo las cámaras de la BBC, en un sorprendente documental presentado por el ex Monty Python Terry Jones titulado Milagros de la evolución.

¡Vuelan! ¡Los pingüinos pueden volar!

Aunque ni volando los pingüinos escaparán de la amenaza de la extinción, pues el cambio, lejos de beneficiarles, puede perjudicarles gravemente. Porque su nueva capacidad de volar les permitirá ampliar mucho más sus lugares tradicionales de alimentación. Y cuanto más al norte, más probabilidades tendrán de morir enganchados en una red o en el anzuelo de un palangre.

Todavía estaba dando saltos de emoción viendo esta noticia cuando, gracias a una amiga inglesa, me acabo de dar cuenta de la fecha. Ayer era primero de abril, el día mundial de los Santos Inocentes para los anglosajones (April Fool’s Day), los italianos (pez de abril), los franceses (poisson d’avril) y hasta los menorquines.

Sí queridos amigos. Hemos sido objeto de una inocentada global. Los pingüinos no vuelan.

Una noticia falsa apoyada en una certeza, la hecatombe mundial en la que nos estamos metiendo por culpa de nuestro desenfrenado desarrollo global. Ellos podrán aprender a volar de nuevo pero ¿y nosotros? ¿Seremos capaces de cambiar, de detener nuestra autodestrucción?