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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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La muerte de un urogallo desvela la trama eólica de Castilla y León

La muerte a principios de año de una hembra de urogallo cantábrico en un parque eólico del norte de León está alimentando todas las dudas sobre la independencia de la Junta de Castilla y León.

Según sus técnicos, en esa zona no existe tan amenazada especie ni hay peligro por tanto de que los más de 100 aerogeneradores cuya instalación autorizó puedan afectar a sus maltrechas poblaciones.

Según los científicos expertos en el ave, la zona era una de las más importantes del mundo. Lo dicen en pasado, pues en muy poco tiempo se ha venido abajo por culpa, aventuran, de estas instalaciones.

La noticia de la muerte del urogallo se ha mantenido en secreto durante casi cinco meses, hasta que un periodista de iLeón ha logrado sacarla a la luz. En la Junta de Castilla y León niegan tal secretismo. Aseguran que la información no se ha divulgado porque nadie la había solicitado hasta entonces. Que el ave apareció muerta el pasado 27 de enero en un parque eólico de Folgoso de la Ribera pero no le dieron importancia a pesar de ser el urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) uno de los taxones más amenazados de extinción en Europa. Lee el resto de la entrada »

Ecologistas califican algunas batidas de jabalí de peligroso “botellón armado”

Muchas y muy duras han sido algunas de las críticas que ha recibido mi artículo de la semana pasada sobre el peligro de salir al campo cuando hay cazadores cerca, escrito tras la muerte de un pobre jubilado que recogía castañas en El Bierzo y al que mataron de un tiro tras confundirlo con un jabalí. Ya van por 152 los comentarios, pero me he visto obligado a borrar otros 100 comentarios más donde se vertían graves insultos tanto a cazadores como a personas contrarias a la caza.

Al hilo de esta polémica, el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) ha emitido un comunicado de prensa donde da más datos sobre este grave problema de seguridad. Según la veterana asociación conservacionista, las batidas al jabalí en importantes zonas de Castilla y León están “descontroladas” y son un peligro para personas y fauna.

No son anticaza. De hecho, afirman que “las batidas de jabalí en zonas de especial valor, practicada de forma moderada, pudieran resultar aceptables o de utilidad bajo un riguroso control y respetando los principios legales que las regulan”.

Sin embargo, y según el FAPAS, la realidad en Castilla y León es que muchas batidas se practican en su expresión más anárquica y desordenada, sobre todo en aquellas donde la titularidad recae en la Junta de Castilla y León o tiene responsabilidad en ellas ante la presencia de algunas especies catalogadas en peligro de extinción como el oso pardo o el urogallo cantábrico.

En opinión de este colectivo, la Junta de Castilla y León auspicia e impulsa en muchos lugares un régimen de pseudo-anonimato para esta actividad, convirtiéndose en un literal “botellón armado”, una de las modalidades de caza más agresivas y de mayor riesgo.

Este descontrol convertiría a las áreas rurales en lugares de habituales “emboscadas” para todo administrado, sea vecino ocioso, atareado propietario o sorprendido turista por la intencionada falta de publicidad de las mismas. Y como prueba de ello, los ecologistas dan un preocupante dato. En su opinión, es casi norma que ni la Guardia Civil ni los propios Agentes Medioambientales de la administración autonómica sean conocedores de la práctica de esta peligrosa modalidad cinegética.

Armas de caza, alcohol y escaso respeto a la ley. Visto así da miedo. Por eso me gustaría conocer tu opinión.

¿Consideras estas afirmaciones del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes una exageración sin fundamento?

¿Una generalización interesada donde las malas prácticas de unos pocos perjudican a una mayoría respetuosa con las normativas y las leyes?

¿O cada vez te da más miedo salir a campo no te vayas a encontrar con alguna bala perdida?

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El urogallo se extingue en Asturias

El urogallo (Tetrao urogallus cantabricus) desaparece de la Coordillera Cantábrica. En realidad, podemos darlo ya por extinguido en las dos terceras partes de Asturias. El censo de esta primavera no ofrece dudas. Tan sólo quedan 3 machos en el centro y oriente asturiano, tres únicos territorios de cría, prácticamente nada, los últimos supervivientes de una otrora floreciente población condenada a la extinción.

Como señalaba ayer con gran preocupación el periódico La Nueva España, en los últimos diez años los concejos más orientales han visto caer la población de este ave (declarada en peligro de extinción tanto en España como en Asturias) en un 90%. De los 229 machos censados en 1983 en la zona centro-oriental astur tan sólo quedaban 50 en el año 2000 y este año sólo se han encontrado tres, con mucha suerte quizás cinco. Un desastre. Lugares tan emblemáticos y protegidos como Somiedo se han quedado sin urogallos. En el sector occidental asturiano aún sobrevive medio centenar más, pocos, muy pocos para pensar en una recuperación natural.

¿Por qué se extingue el urogallo? Porque su hábitat, esos bosques atlánticos a los que se adaptó tras un largo proceso evolutivo de miles de años de duración, está en extinción. El cambio climático por un lado, pero también la apertura de pistas, los incendios forestales, la fragmentación del espacio y la competencia de jabalíes y ciervos por los alimentos tienen la culpa.

¿Por qué no criarlos en cautividad? En primer lugar es terriblemente complicado tanto criarlos como lograr que se adapten luego al medio salvaje. En segundo lugar, de poco nos va a servir tener urogallos enjaulados si no tenemos bosques apropiados donde soltarlos. Aunque eso a los políticos no parece importarles demasiado. De hecho, la semana pasada se inauguró la costosa Casa del Urogallo en Tarna (680.000 euros), vacía de equipamiento, sin luz y sin urogallos. Pero no hay problema, ya pondrán unos vídeos.

Fotografía: Francisco Javier Robres

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Una autovía amenaza a osos y urogallos

El Gobierno asturiano quiere más carreteras y propone incluir en la próxima revisión del PEIT (Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte) la construcción de una autovía entre La Espina (Asturias) y Ponferrada (León).

Una infraestructura que, de hacerse, dañará gravemente el corazón de las montañas cantábricas, afectando a una importantísima zona declarada Reserva de la Biosfera, Parque Natural y que se encuentra dentro de la Red Natura 2000 de la Unión Europea. Paraísos ambientales como el ‘Alto Sil’ o las ‘Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias’, refugio de especies tan amenazadas como el oso o el urogallo.

Desde los despachos, trazar líneas es fácil. Se abren túneles, se levantan viaductos, se gasta dinero a espuertas. ¿Limitaciones? Prácticamente ninguna si se declara la obra “de interés general”, algo tan subjetivo como la mente de nuestros políticos.

A cambio, nos prometerán medidas compensatorias y restauraciones ambientales ejemplares, pero cuando el daño ya está hecho, lo único cierto es que esos tajazos en la montaña son y serán siempre puntas de lanza de destrucción de nuestros últimos valles vírgenes, barreras infranqueables para la fauna, mordiscos mortales a nuestros bosques.

Y todo a mayor gloria del automóvil, del transporte por carretera, del consumo compulsivo de combustibles fósiles. Por que hoy, como hace 50 años, para muchos dirigentes autopista es sinónimo de progreso. Erróneo sinónimo en los tiempos que corren, cuando la política de infraestructuras del Estado debería adecuarse a la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad.

No será porque no lo saben. La primera evaluación ambiental del proyecto ya advierte del gigantesco daño ambiental de esta autovía. Y por si el ministro de Fomento, José Blanco, no se hubiera enterado, WWF y SEO/BirdLife se lo acaban de explicar muy clarito en una carta donde le alertan de los graves problemas que ocasionará esta infraestructura.

¿Les harán caso? Mucho me temo que el asfalto sigue siendo más importante en nuestra sociedad que unos cuantos osos y urogallos.

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Sobre estas líneas, mapa donde se detalla la grave afección ambiental que provocará la construcción de la que ya se ha dado en llamar “autovía minera”.

Un perro mata al urogallo Mansín

¿Se acuerdan de Mansín, el urogallo loco? Era uno de los últimos ejemplares cantábricos de este extraordinario gallo de monte (Tetrao urogallus) en grave peligro de extinción que, empujado por un extraño comportamiento totalmente antinatural, abandonó los bosques del Parque Natural de Redes para buscar novia por las calles de los pueblos del oriente asturiano.

Malas noticias. Mansín ha muerto.

Un perro acabó con facilidad con tan confiada ave, mientras ésta daba uno de sus habituales paseos por las calles de Tarna (Concejo de Caso, Parque Natural de Redes). Un perro que, repentinamente, se ha quedado sin dueño que se responsabilice del daño.

Al menos, la necropsia detalla que el ave presentaba mordeduras que afectaron al aparato respiratorio “ocasionándole una muerte rápida”.

El urogallo se había convertido en la gran atracción turística de la zona. Incluso tenía a dos agentes de Medio Ambiente como guardaespaldas personales, precisamente para evitar que algo así le pudiera pasar. No pudieron impedirlo.

En el último año y medio había sido visto en siete pueblos distintos del concejo de Caso. En ese tiempo, los servicios de la Consejería de Medio Ambiente del Principado de Asturias lo habían capturado en diez ocasiones para intentar su reintroducción en el medio natural pero, ostinadamente, el pájaro siempre volvía a dejarse ver de nuevo por las calles, ajeno a los peligros de perros y coches.

Lo lógico hubiera sido haberlo recogido en el futuro centro de cría en cautividad de urogallos que se ha construido precisamente en Redes. Allí habría podido demostrar sin peligro sus excelentes condiciones reproductoras. Pero ya lo saben, la Administración se mueve lento. Las instalaciones no están todavía inauguradas.

Dentro de unos meses el Principado autorizará la captura de los hermanos de Mansín para tratar de salvar a un urogallo que se nos va de las manos por culpa de la destrucción de su hábitat.

Demasiado tarde para evitar la muerte de este macho al que el estrés del peligro de extinción volvió loco. Y quizá también para salvar a la especie.

Los sinvergüenzas amenazan al urogallo

Hace unos años, el vecino de un pequeño pueblo del norte peninsular se acercó curioso a un ornitólogo que en ese momento censaba águilas y buitres en una risquera cercana. Al enterarse en qué consistía su trabajo, pasarse el día observando rapaces por el telescopio, le preguntó sumamente extrañado: ¿Y le pagan por hacer esto? Tras la respuesta afirmativa del biólogo, el paisano le miró con desprecio y antes de irse muy enojado le espetó: “¡Sinvergüenzas!”.

Pagar a alguien por salir al campo y ver pájaros. Por divertirse trabajando. No me extraña que ese hombre se enfadara, pues seguramente no valoraba la importancia de conocer nuestro entorno, de tener análisis finos sobre el estado de conservación de nuestras especies vegetales y animales más amenazadas.

Pero no se crean que en este trabajo todo son alegrías. Todo lo contrario, se sufre mucho viendo los fracasos, los problemas que afectan a esos seres a los que dedicamos tantísimas horas de paciente estudio. Y demasiadas veces se tiene el desgraciado privilegio de contemplar muy de cerca destrucciones sin sentido que, además de acabar con parajes privilegiados, echan por tierra años de duro trabajo.

Les acaba de suceder esto a un grupo de biólogos de la Universidad de León. Los investigadores estaban esta semana realizando un estudio sobre la ecología del muy amenazado urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) en la comarca leonesa de Las Omañas, cuando la tragedia medioambiental se mostró con toda su crudeza frente a ellos. Un enorme bulldozer comenzó a abrir una pista gigantesca en un tramo virgen de alta montaña, destruyendo una de las zonas donde se encuentra el grupo de urogallos que estaban investigando, incluida una hembra radiomarcada. El delicado hábitat donde viven estas excepcionales aves, tan raro como ellas y del que dependen de manera absoluta, ha quedado irremediablemente dañado.

¿Qué estaba pasando? ¿Se había vuelto loco el conductor de la excavadora?

En absoluto. Se trataba de la apertura de las pistas de acceso al nuevo parque eólico “San Feliz”, localizado en la Sierra de la Cepeda, entre los términos municipales de Quintana del Castillo y Valdesamario, en la provincia de León. Una de las pocas zonas de la cordillera cantábrica donde se registra la reproducción de manera regular de esta especie en peligro de extinción.

Ese camino no era el previsto y, por si fuera poco, los trabajos han comenzado en plena época de reproducción, en contra de todas las recomendaciones y exigencias legales, pero da igual. De poco valdrán las denuncias presentadas por SEO/BirdLife y Gedemol (Grupo para la defensa de la Montaña Oriental Leonesa) solicitado la paralización cautelar de las obras por incumplir la Declaración de Impacto Ambiental. Al final se harán.

¿Serán sinvergüenzas?, me pregunto ahora yo. Y no lo digo por los investigadores, quienes a buen seguro se han llevado uno de los mayores berrinches de su vida, sino por los promotores del parque eólico. A ellos también les pagan, pero lo hacen para que con su avaricia acaben con el urogallo y la montaña cantábrica. Una gran diferencia.

Como se puede apreciar en la fotografía realizada recientemente y difundida por SEO/Bird Life, un buldózer está abriendo unas pistas de casi 8 metros de ancho a través de un hábitat de primera calidad y refugio habitual del núcleo de urogallo que habita estas sierras leonesas.

El urogallo “Mansín” baja a ligar al pueblo

Fue ayer la noticia del día en Asturias, la estrella del periódico La Nueva España. Un macho de urogallo (Tetrao urogallus) extrañamente confiado decidió abandonar sus hayedos de montaña para darse un garbeo por las calles del pueblo de Tarna (concejo de Caso, 93 habitantes), en el Parque Natural de Redes. El pájaro no sólo iba a mirar. Bajó hasta la aldea a buscar novia. Empujado por la testosterona, abrió el espectacular abanico de su cola blanquinegra y comenzó a reclamar en busca de urogallinas (pues como todo gallo es polígamo), ajeno a la expectación despertada en el pueblo, cuyos vecinos le han apodado con acierto “Mansín”. Como explicó una sorprendida vecina:

“Se mueve por todo el pueblo como Pedro por su casa, no le espantan ni la gente ni los perros”.

¿Le resulta gracioso? Puede parecerlo, pero en realidad este comportamiento tan inusual, extremadamente dócil, encierra una gravísima evidencia: el urogallo cantábrico se extingue.

Normalmente ariscos, los expertos llaman “locos” a estos ejemplares mansos que, cada vez con más frecuencia, aparecen en los límites de su área de distribución. Y los relacionan con la creciente reducción y fragmentación de sus poblaciones, aisladas en unos limitados hábitats de alta montaña fuertemente alterados por la mano del hombre, y también más empobrecidos por culpa del cambio climático. Lo mismo ocurrió en los Alpes, donde la aparición de dichos comportamientos fue seguida por la extinción de la especie.

En España tenemos dos subespecies diferentes, la pirenaica (aquitanicus) y la cantábrica (cantabricus), pero es esta última la que se encuentra en estado más crítico. En los últimos 20 años sus poblaciones, únicas en el mundo, han pasado de contar con un millar de ejemplares a menos de 500, repartidos entre Asturias, León y Cantabria, tras extinguirse recientemente en Galicia y Palencia.

Así que ya lo ven, la aparición de “Mansín” es una mala noticia. Lo único positivo es que se ha convertido en toda una atracción turística, cuando hace unos pocos años habría acabado rápidamente en una cazuela.

En esta fotografía de Carmen Casal (LNE), el urogallo «Mansín» se pasea frente al bar del pueblo de Tarna.

La moda de la cría en cautividad

Hasta hace apenas cinco décadas en España todo el monte era orégano. Los animales salvajes, o se cazaban y por lo tanto servían, o eran alimañas y no servían. Entonces se pagaba un duro por cada garra de águila matada. Luego descubrimos (gracias sobre todo a Rodríguez de la Fuente) que todas las especies servían al ecosistema, y a nosotros mismos nos hacían felices con sólo verlas, o intuirlas. Empezamos así a protegerlas de escopetas, lazos, venenos, carreteras y tendidos eléctricos. Recientemente hemos dado otro gran paso en la línea correcta. No sólo se trata de conservar la Naturaleza, de cuidar lo escaso, lo amenazado. Pretendemos mejorar lo que nos queda, sacar a esas especies del farolillo rojo del peligro de extinción. Y dentro de esta nueva política de mejora de la biodiversidad, los proyectos de reintroducción tienen un valor estratégico excepcional, hasta el punto de haberse convertido, si no en la principal herramienta de gestión de las administraciones, sí al menos en la de mayor peso mediático.

Osos eslovenos para el Pirineo, quebrantahuesos austriacos para Cazorla, linces de Sierra Morena para Doñana, tortugas bobas de Cabo Verde para Canarias, buitres negros extremeños para Cataluña y Baleares, calamones en Girona, cernícalos primilla, visones europeos, pinzones azules de Gran Canaria, fochas morunas, urogallos, sapillos, peces y docenas de plantas amenazadas. Está claro. Este tipo de conservación ex situ, de cría en cautividad y posterior liberación en terrenos apropiados, está de moda.

Desgraciadamente, no todos los proyectos se están realizando con las mínimas garantías científicas. En algunos casos se derrochan ingentes cantidades de dinero mientras se descuida lo más importante: el hábitat. Por muy bien que estas especies críen en modernos centros especializados, si antes de liberarlas no hemos solucionado los problemas que provocaron su extinción no habrán valido para nada tantos esfuerzos. Las estaremos enviando a una muerte segura. Y eso es algo que nadie quiere.

Denunciado por querer cocinar osos y urogallos

En el restaurante Pipiripao de Oviedo venden el oso antes de cazarlo. También el urogallo. Su propietario Ismael Rey ha anunciado la próxima inclusión en el menú de su establecimiento de carne de ambos animales. Las dos son especies protegidas y en grave peligro de extinción en España, pero al empresario le da igual. Asegura que la carne la trae de Finlandia y de Irlanda, donde sí se pueden cazar. Y que a sus aguerridos clientes les entregará además un diploma donde se certifique la proeza alimentaria, para que lo enmarquen y lo cuelguen en el salón.

Según Rey, antiguamente se cazaban y comían osos y urogallos en Asturias, pero al estar ahora prohibido “provoca una carencia generacional de esos sabores que se han perdido y que forman parte de la cultura asturiana al igual que la gaita, la sidra o les fabes” [sic].

A pesar de sus esfuerzos, algunos no han valorado positivamente la contribución cultural de su peculiar iniciativa gastronómica. Como la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, que le acaba de denunciar a la fiscalía de Medio Ambiente del Tribunal Superior de Justicia y al Seprona. Porque venga la carne de donde venga, su comercialización en todo el territorio del Estado Español es ilegal al no formar parte de la listas de especies del Anexo del Real Decreto 1118/1989, de 15 de septiembre, por el que se determinan las especies objeto de caza y pesca comercializables.

Además de sus dudas sobre la legalidad de tan espeluznantes jornadas gastronómicas, los ecologistas consideran “absolutamente amoral” una iniciativa de estas características precisamente en Asturias, donde se lleva años trabajando para intentar que los osos y los urogallos no desaparezcan de los montes. Donde se ha trabajado mucho por crear una opinión pública favorable a esas especies que logre acabar con el furtivismo, mientras que iniciativas tan desafortunadas como ésta tan sólo promueven el gusto por su caza ilegal.

Lejos de amilanarse, el empresario y ex concejal ovetense les ha dado las gracias por lo que considera “publicidad gratuita”. También ha manifestado su disposición a cooperar con la justicia. Según ha explicado a los periodistas, revelará a la Fiscalía, si así se le pregunta, quiénes son los comercializadores de carne de oso y urogallo con los que trabaja, “pero a nadie más”. Y justifica su negativa por miedo a la competencia, pues está seguro de que muchos restaurantes “buscarán el mismo producto para ofrecerlo en sus cartas”.

Pregunta 1: ¿Habrá de verdad gente sin escrúpulos capaz de pagar lo que haga falta por comerse un solomillo de oso o una pechuga de urogallo, sólo para fardar luego ante sus amigos de sus carencias mentales, diploma incluido?

Pregunta 2: ¿El hecho de ganar dinero lo justifica todo?

Pregunta 3: ¿Para esto tantos esfuerzos en educación?

El gerente del restaurante ovetense Pipiripao, Ismael Rey, muestra uno de los diplomas que dará a quien coma en su establecimiento carne de oso o de urogallo. Foto:FERNANDO ROBLES / La Voz de Asturias