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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Rompiendo estereotipos de género y construyendo diversidad: Billy Elliot, una vez más

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina)

De acuerdo a los clásicos estándares de género, los comportamientos de niños y niñas no relacionados con sus rasgos biológicos y expectativas sociales de lo que ha de ser masculino o femenino, aún hoy, no se entienden como correctos. Incluso hay quienes creen que todo esto es parte de la naturaleza, cuando realmente el género se construye socioculturalmente.

En esta tiránica idea se asienta el clásico orden binario heteropatriarcal, en el que hemos crecido y asumido a pies juntillas. Realmente tremendo y mantenido en el tiempo. Cuando lo identifico como fundamento esencial tras la LGTBIfobia, siento horror e indignación a partes iguales.  Fiel representación de ello es la lucha del mítico personaje Billy Elliot, el protagonista de nuestra recomendación literaria para esta ocasión.

Creada para el cine por el guionista Lee Hall y el director Stephen Daldry, Billy Elliot  relata la historia de un chico de once años de una pequeña localidad en Reino Unido durante la década de los años ochenta del pasado siglo, en un contexto de crisis y huelgas mineras, desencadenadas por las duras medidas neoliberales del gobierno de Margaret Tacher y el devenir del crecimiento fagocitante de la economía capitalista. La protesta de fondo y una sociedad castigada por la pobreza e insalubre actividad minera mantenida por generaciones, sin otras posibilidades de promoción formativa, laboral o económica para los jóvenes.

En este contexto, los niños boxean y las niñas bailan ballet. Billy Elliot no sabe dónde posicionarse cuando en el gimnasio se le van los pies al ritmo de las notas del piano de las clases de baile clásico, impartidas por una Miss, señorita o profesora, que desde un principio apuesta por su vocación de bailarín.

Este clásico cinematográfico ha sido muy positiva y sorprendentemente llevado a la literatura infantil en 2002, por Melvin Burgess y publicada en la actual doceava edición de El Barco de Vapor, de la editorial SM, traducida al castellano por Mª Dolores Crispín en 2017 e ilustrada por María Simavilla. Esta cómoda y flexible edición de bolsillo, indicada a partir de diez años y en adelante sin límite de edad, es absoluta y educativamente recomendable para reflexionar sobre la imposición de los roles de género en un estricto orden moral binario sinsentido que choca con la construcción de los más íntimos proyectos vitales, además de perjudicar la sana y libre formación de la identidad de cada persona en orden a sus propios objetivos, experiencias y expectativas de vida.

El relato se desarrolla en primera persona y a través de las voces de sus distintos personajes que van contando la historia, tomando como centro al protagonista y desde sus diferentes puntos de vista. Sus ilustraciones, aún no siendo muchas y en blanco y negro, ya que no se trata de un álbum ilustrado sino de una novela juvenil, resultan muy acertadas, simpáticas y llenas de vida.

En este orden moral del rosa opuesto a azul, sin otras posibles tonalidades, Billy solo tiene el apoyo de su profesora de baile y su amigo Michael, personaje que oculta una identidad transgénero, consciente de que tampoco encaja en el binarismo heteropatriarcal. Billy, sabiendo que le gusta a Michael, se despide de él casi al final del relato, besándole en la mejilla y en un gran momento de amistad, complicidad y ternura. Michael ya adulto, reaparece brevemente en el sublime desenlace de la historia y con una imagen ambigua de género, con un peculiar turbante que llama la atención al padre y al hermano de Billy cuando toman sus asientos en un patio de butacas, dejando una puerta abierta que muestra el camino hacia la libertad y diversidad. Ambos, tanto Billy como Michael, han tenido que abrirse paso y crear un espacio propio para completar de forma satisfactoria sus proyectos vitales. No exento de dolor, la diferencia tiene un alto coste, pero no obstante merece la pena el esfuerzo, con once años o a cualquier otra edad.

Billy finalmente logra más apoyo del que en un principio puede imaginar, tras el temor al rechazo y a la crisis familiar, justo cuando su padre y su hermano entienden que hay que romper con la tradición minera patriarcal, son capaces de comprender su vocación de bailarín. El padre logra comprender que la madre fallecida dos años atrás, hubiera apoyado a Billy hasta las últimas consecuencias. De esta manera, la familia también se gana el apoyo social y hasta el económico en una colecta comunitaria que organiza el club de mineros para recabar los fondos necesarios para los gastos a fin de que Billy pueda ir a Londres y haga la prueba de ingreso en una escuela de baile profesional.

Y no podría acabar sin mencionar que de esta película y novela hay, además, un musical en cartelera en varios lugares del mundo, también en España, ahora en Madrid. Con música de Elton John galardonada y con un enorme éxito de taquilla que, sin embargo, fue prohibida el pasado mes de junio en Hungría por el Gobierno, debido a su “oscura intención de propagación de la homosexualidad”, “perjudicial” para niños y niñas.

No hay palabras ante un hecho tan injusto y disparatado que no restan nada a nuestras infinitas ganas de continuar recomendando y leyendo preciosas historias sobre diversidad de género, afectiva y sexual.

Lean, disfruten y compartan.

¡Hasta muy pronto!

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