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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Otro capítulo de la Historia apenas contado

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina)


Hace unos meses Cristina Pesquera, compañera de trabajo y gran lectora, me hizo una recomendación. No me podía perder un imprescindible de la novela clásica juvenil, Celia en la revolución de Elena Fortún, con Introducción de Marisol Dorado, Prólogo de Andrés Trapiello, en versión reimpresa y editada en 2016 por Editorial El Renacimiento (primera edición en 1987).

Elena Fortún, en realidad Encarnación Aragoneses, es una periodista y escritora de comienzos del siglo XX, aficionada a la lectura de Pérez Galdós, que nos descubre a través de la mirada de una adolescente, la España de la Guerra Civil, del 18 de julio de 1936 a 1939. Con un realismo riguroso acompañamos a Celia en su trayectoria como desplazada por diferentes ciudades, de Segovia a Madrid, luego a Valencia, Albacete, de vuelta a Valencia, Barcelona, de vuelta a Madrid y finalmente al puerto de Valencia, para embarcar al exilio y destino incierto como refugiada, a Marsella, Omán ó cualquier otro lugar.
En el transcurso de la historia, vivimos junto a la protagonista, el temor en el conflicto, a la muerte en las cunetas al amanecer, a las bombas, las sirenas, a la separación familiar, e incluso a la pérdida de sus amistades, sus hermanas, su abuelo y su padre, ambos republicanos.

La autora, nos describe a la perfección recorridos de Celia por Madrid, Valencia y Barcelona, entre ruinas, privaciones, horror y ataques aéreos. También nos sube a bordo de trenes, ómnibus, coche y barco. Llegamos a sentir el efecto del hambre, los rigores de la escasez, la pérdida del valor del dinero, la sensación de comer carne de burro, mondas de patata, la desesperación de la enfermedad o el agotamiento. El efecto de la guerra convierte a la protagonista en una adulta que se defiende prácticamente sola en todo este caos y sobrevive gracias al apoyo que encuentra en la ayuda de amigas, empleadas domésticas, familiares e incluso personas desconocidas.

Elena Fortún termina de escribir el relato en 1943, que desaparece, no siendo publicado hasta muchos años después, en 1987, con una no muy numerosa tirada, difícil de adquirir. El manuscrito original, es entregado a Marisol Dorado, su biógrafa, por la nuera y única heredera de la escritora, quien lo mecanografía con esfuerzo, ya que está a mano, el papel es antiguo y le faltan algunas palabras. En la introducción, describe el proceso que le lleva a encontrar esta novela dada por perdida. Otra historia interesante.
En el prólogo de la novela, André Trapiello hace una interesante referencia bibliográfica a la autora. Se casa con un hombre, militar, actor y autor de teatro, con el que tiene dos hijos. Uno de ellos muere a los diez años, generando problemas de salud mental a Encarnación o Elena. Tienen dificultades y sufre por su matrimonio, cuestión que confiesa a sus amistades. Es muy probable que fuera lesbiana e invisible en aquella época. No obstante no llega a separarse de su marido, quien finalmente se suicida en el exilio de Argentina, cuando se ve solo en la vivienda familiar. Su otro hijo también se suicida después.

Todos estos acontecimientos marcan la vida de la escritora, que como la protagonista de la novela, vive en el exilio y vuelve a España en los años 50 donde no termina de encajar en una sociedad cambiada y donde confiesa, se siente muy sola. Elena Fortún sufre el castigo de la prohibición de la comercialización y lectura de sus libros tras la Guerra Civil, pero en 1948 se vuelven a distribuir sus publicaciones. Celia es el personaje por el que se da a conocer y la convierte en referente como autora clásica de la literatura infantil y juvenil en castellano.

Cuando comencé a leer esta novela, no podía evitar recordar aquella Celia de siete años rizos dorados, flequillo y ojos azules, que conocemos más, no solo por su influencia en anteriores generaciones, la de mi compañera Cristina, sino también por la serie emitida en 1993 por Televisión Española, con guión de Carmen Martín Gaite. Mi cuñado Nacho, treintañero aún, me comenta que su abuela conservaba los libros originales hasta hace muy poco tiempo y que él los había leído casi todos, a diferencia de sus congéneres, e incluso de las y los míos, cuarentañeros aún.
Aquella Celia niña que todos y todas conocemos más, no tiene nada que ver con esta Celia mujer, que vive inmersa en una realidad no tan lejana y no menos dispar a la de los conflictos bélicos actuales, a las enormes pérdidas y crisis de miles de refugiados y refugiadas en nuestras fronteras.

Absolutamente recomendada para adolescentes de a partir de 12 años y en adelante para todas las edades, esta novela debiera ser una forma de aprender en las aulas y hogares sobre nuestra historia, en específico de un periodo negado y distorsionado hasta nuestros días, a falta de justicia y reparación de sus incontables víctimas. Este 18 de julio, se cumplieron 81 años del inicio de la Guerra Civil, pero aún nos queda las secuelas de sus pérdidas irreparadas, el miedo y el dolor.

Para finalizar, les invito a que continuemos leyendo y aprendiendo más sobre esta autora, mujer invisible e infeliz en una época de crisis e intolerancia, que sin embargo nos deja su valioso legado de sabiduría y creatividad.

¡Hasta pronto y felices vacaciones!

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