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Navarra autoriza la caza de gorriones

10 octubre 2010

Desde el pasado mes de agosto y tras la publicación de la Orden Foral 351/2010, en Navarra está autorizada la caza de gorriones. No es que se les considere nueva especie cinegética. Mucho peor. La Consejería de Medio Ambiente los considera plaga, y como tal autoriza su captura y eliminación indiscriminada.

El pobre gorrión, nuestro urbano compañero alado desde el lejano Neolítico, se une así a la lista de 15 especies que como palomas, estorninos, tórtolas, coipús, ratas y topos están catalogadas oficialmente como  ”un peligro” para Navarra, aconsejándose su exterminio. Vergonzoso.

SEO/BirdLife ha anunciado que recurrirá ante los tribunales y ante la Comisión Europea la orden navarra. Entre otras razones, porque el gorrión se está extinguiendo en toda Europa, Navarra incluida. De acuerdo con los programas de seguimiento de la veterana sociedad ornitológica, el gorrión está en declive en España y en particular en Navarra, donde las poblaciones han disminuido en un 3 por ciento desde 1999 hasta los últimos datos analizados en 2009. No son poblaciones estables y se encuentran en descenso, por lo que su control cinegético resulta inaceptable e ilegal.

Según el artículo 9 de la Directiva de Aves y el 58 de la Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, sólo puede autorizarse la captura de las especies no cinegéticas -es decir, sujetas a caza o pesca- en casos excepcionales tras demostrarse los efectos sobre la salud de las personas o importantes daños a cultivos, algo que nadie ha hecho.

Hace unos meses nos asustábamos con la noticia de que hasta los gorriones se extinguen. Y yo me preguntaba. Os preguntaba: ¿Será una señal? Hoy, como en los peores tiempos del franquismo, llega un funcionario osado de Medio Ambiente y se saca de la manga no una normativa de protección, sino de exterminio, que logra sin problemas la aprobación de los políticos. Creo que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua ya se incluye País de pandereta como sinónimo de España.

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El asesino de las palmeras se extiende por España

26 febrero 2010

Las palmeras están condenadas a muerte. Un gran escarabajo llegado de Asia las está matando por miles en toda España y no hacemos nada para impedirlo. El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), el asesino de las palmeras, vuela libre de árbol en árbol por Canarias y todo el sur español, dejando tras de sí un rastro de desolación arbórea.

Vino hace apenas 15 años de Egipto, escondido entre las decenas de miles de grandes palmeras datileras importadas sin control fitosanitario para nuestras avenidas, urbanizaciones y campos de golf. Al principio habría sido fácil acabar con él, pero ahora es imposible, la plaga está descontrolada y las Administraciones se han dado por vencidas. Si quiere matar, que mate.

El único tratamiento seguro es detectar los pies enfermos, talarlos y destruirlos para evitar su expansión, pues todos los remedios alternativos han sido un fracaso. Durante una década fueron las Administraciones las encargadas de hacerlo, pero este año la legislación ha cambiado. Ahora los responsables de eliminar los árboles contaminados son sus dueños. Y todos ellos, incluido los Ayuntamientos, se niegan a hacerlo pues no tienen dinero. Dan así nuevos bríos a los hambrientos asesinos, quienes han puesto ya contra las cuerdas a palmerales tan emblemáticos como el de Elche (Patrimonio de la Humanidad) o los del sur de Gran Canaria. En el murciano Mar Menor los árboles de sus avenidas se caen por decenas a pedazos con riesgo para los transeúntes sin que nadie los retire. Y todo el entorno de Valencia está infestado. Como Paterna, donde en 2008 murieron 30 palmeras, en 2009 más de 300 y este año en sólo dos meses está a punto de agotarse el presupuesto de todo el año para la retirada de ejemplares muertos.

La burbuja inmobiliaria nos lo trajo y la crisis del ladrillazo le acaba de dar alas. Nuestras palmeras tiemblan pues presienten su final, como ocurrió con los olmos y la grafiosis. Esas “antorchas al aire” que elogiara Unamuno están a punto de apagarse.

Sobre estas líneas, una foto que hice estas Navidades de numerosas palmeras canarias afectadas por el picudo rojo en la principal avenida de Los Alcázares (Murcia), junto al Mar Menor. Como nadie las corta y destruye, la plaga sigue extendiéndose sin control.

Como véis en la siguiente imagen, todas ellas están llenas de larvas del escarabajo, listas para buscar nuevos árboles.

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Vuelve la plaga de los topillos

13 diciembre 2009

En realidad los topillos nunca se fueron. Ni los agricultores se quedaron tranquilos. Nuevamente, el mundo rural castellanoleonés ha encendido las luces de alarma para denunciar que la plaga de los topillos ha vuelto.

A principios del otoño comenzaron a notarse los primeros daños en cultivos de girasol y remolacha de la comarca palentina de la Tierra de Campos, que ahora se han extendido a los de cereal. Según el sindicato ASAJA Palencia, en muchas zonas la superpoblación de topillos alcanza ya los mismos niveles que los registrados entre 2006 y 2008. Se calcula que entonces 500 millones de topillos arrasaron más de 400.000 hectáreas de cereal en unos 200 pueblos de Castilla y León.

El presidente de la organización agraria ha advertido que “si no se pone fin a la plaga, asistiremos a una nueva catástrofe como la de entonces, con las consecuencias económicas y sanitarias que todos recordamos”.

Alarmas aparte, ahora sabemos más sobre estos animales y su control que hace una década.

El veneno no sirve

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han demostrado recientemente que la plaga de topillos desapareció de forma natural y no por los tratamientos con rodenticida llevados a cabo.

Frente a esta evidencia científica, los expertos señalan cómo los venenos afectaron muy negativamente a otras especies animales, especialmente rapaces, y tuvieron un fuerte impacto sobre la biodiversidad. Fueron los efectos colaterales.

La producción agraria aumentó

Los mismos investigadores del CSIC señalan que no hay evidencia de que la plaga afectara dramáticamente a la producción agrícola. De hecho en 2007, el año de la plaga, la producción de cereal, patatas y viñas fue la más alta registrada en los últimos diez años.

Y hay más. El coste de la campaña de control, 24 millones de euros, fue más alto que los pagos compensatorios por daño a cultivos, que ascendieron a 5,5 millones de euros.

El veneno extendió las enfermedades

Un nuevo estudio científico ha demostrado exactamente lo contrario de lo que los políticos decían. El uso abusivo de venenos favoreció la expansión de la tularemia entre los humanos. La mayor presencia de cadáveres en el campo provocó la extensión de la enfermedad entre los animales, por canibalismo o inhalación. Y al pasar las cosechadoras, la bacteria entró en contacto con los agricultores. Más de 500 personas padecieron la enfermedad en la región a lo largo de 2007.

¿Podemos acabar con los topillos?

Ni con los topillos, ni con las ratas, ni con las cucarachas. Debemos aceptar a la Naturaleza tal y como es, acostumbrarnos a vivir con ellos, nos gusten o no. Y aprovechar a sus enemigos naturales, rapaces y carnívoros, para controlar sus explosiones demográficas.

Que la plaga iba a regresar estaba cantado. Debido a su patrón casi cíclico, los investigadores ya anunciaron que el próximo repunte se produciría en torno a 2010 ó 2011. Y así será.

¿Qué podemos hacer?

Sería deseable que para la próxima primavera, cuando arrecien las protestas de los agricultores y las televisiones vuelvan a airear el tema, exista una mejor planificación técnica, buena coordinación y una información más seria. Para ello es necesaria la colaboración de todos, políticos, gestores, agricultores y científicos.

El estudio recuerda que el manejo de plagas debe basarse siempre en la evidencia científica, apoyándose en una gestión sostenible y ecológica que evalúe el balance coste/beneficio. ¿Habremos aprendido la lección o, como los topillos, nuestros errores también son cíclicos?

Las langostas llegan a Canarias

30 noviembre 2009

No es un plaga, todavía. Tan sólo se trata de una avanzadilla. Pero ya están aquí, en Fuerteventura, en la isla de Canarias más cercana al desierto. La primera langosta me la encontré hace unos días justo a la puerta de mi casa. Pero este fin de semana las he visto en numerosos lugares, tanto del interior como de la costa oriental. Incluso en un sitio tan agreste como los acantilados de La Entallada, un árido mundo de espectaculares risqueras elevadas casi 300 metros sobre el Atlántico.

Mientras media España se hiela por culpa de un frente frío de nieve, viento y lluvia, aquí en las Afortunadas estamos gozando de un tiempo veraniego, con un mar en calma que incita al baño. Tan sólo el suave viento del sureste, unido a la calima, ese polvo en suspensión llegado del Sahara, nos indica que estamos bajo la influencia del por nosotros conocido como “tiempo africano”.

Algunas veces, con este viento nos llegan accidentalmente aves extrañas provenientes del vecino continente. Pero en esta ocasión han llegado las temidas langostas (Schistocerca gregaria).

Todavía no son rojas, así que aún no están en su etapa reproductiva, la más voraz de su ciclo. Las que se ven ahora por Fuerteventura son adultos solitarios, escapados de las fumigaciones salvajes con las que están combatiendo a la plaga en la vecina Mauritania.

La última vez que llegaron a la isla fue hace 5 años, también por estas mismas fechas, sólo que entonces su aparición fue masiva. Y espectacular. Más de dos millones de cigarrones o langostas africanas lo cubrieron todo de un movedizo manto púrpura.

Estos bichos son increíbles. Una nube de tamaño medio agrupa a 50 millones de individuos que cada día pueden merendarse 100 toneladas de materia vegetal. Un desastre. Aunque como en Fuerteventura el único cultivo rentable actual es el turismo, su aparición no nos preocupa demasiado mientras no devoren los jardines de las urbanizaciones y los complejos hoteleros.

Las de ahora son de momento inofensivas. Un toque africano en estas tierras desérticas donde vivo. Y una fuente extra de alimentación para muchas especies de aves, como el cernícalo o la hubara, quienes celebran su llegada como un maná caído del cielo, quizá no muy agradable a la vista, pero nutritivo a fin de cuentas.

En la primera imagen podéis ver la foto que le hice ayer por la mañana a una langosta en los acantilados de La Entallada, a donde fui para hacer un estudio faunístico.

Sobre estas líneas los cantiles ocupados por los insectos, un farallón gigantesco que mira hacia el Sahara. Desde aquí a Tarfaya hay menos de 100 kilómetros en línea recta.

Premiado con un televisor por matar 80.000 ratas

06 octubre 2009

Parece una noticia loca, pero viene firmada por la agencia Associated Press (AF). Un agricultor de Bangladesh ha sido elegido como el mejor cazador de ratas de 2009, tras matar más de 80.000 en un mes. Pulverizó así el récord del año pasado, establecido en 40.000 ratas, aunque el número exacto no pudo ser confirmado. Como reconocieron los funcionarios de la oficina de Agricultura,

“no pudimos contar todas las colas debido al hedor que desprendían”.

Mokhairul Islam, el nuevo flautista de Hamelín o kill rats, recibió como premio un televisor a color de 14 pulgadas durante una ceremonia celebrada en la capital del país, Dhaka, ante más de 500 personas.

En realidad, Mokhairul Islam es un acaudalado granjero que posee unas 120 hectáreas de tierra y seis granjas de aves cerca de la capital. No tuvo por lo tanto reparo en reconocer que para lograr el premio contó con la decidida colaboración de sus trabajadores.

“Éste es un momento emocionante” reconoció Mokhairul al recibir la tele y un diploma. “Seguiré matando ratas”, prometió a sus vecinos.

El Ministerio de Agricultura estima que los roedores destruyen cada año en Bangladesh de 1,5 millones a 2 millones de toneladas de alimentos, tres cuartas partes de los que este empobrecido país debe importar del extranjero para luchar contra el hambre. Acabar con las ratas es para ellos un asunto de vida o muerte.

El problema es el método utilizado: veneno.

Los raticidas no son tan inocuos como las multinacionales químicas que los fabrican se empeñan en hacernos creer. Acaban matando a las aves rapaces que se alimentan de estas ratas (esas que de forma natural les ayudarían a luchar contra ellas) e incluso pueden afectar a la población humana. Pero si nos los usan el hambre les mata igual.

Es el eterno conflicto de los desequilibrios naturales provocados por el hombre y tiene difícil solución.

Inglaterra declara la guerra a los loros

04 octubre 2009

Verdes, ruidosas, exóticas, llegaron al Reino Unido hace apenas 40 años y ya son un incómodo enemigo con alas.

La cotorra de Kramer (Psittacula krameri) y la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) acaban de convertirse oficialmente en plaga en Inglaterra. Como la barnacla canadiense (Branta canadiensis) o el ganso de Egipto (Alopochen aegyptiacus), son consideradas una amenaza, ya sea para la fauna nativa o para la salud pública. Una designación que permite que cualquier persona podrá dispararlas en cualquier época del año sin ningún permiso especial, e incluso destruir sus nidos. Es la guerra contra ellas.

Escapadas o soltadas inconscientemente de las jaulas, estas aves se han adaptado admirablemente al duro clima británico. Su población reproductora actual supera las 4.700 parejas y se están expandiendo de manera constante por el norte hasta llegar a Escocia. A costa de quitar los nidos a los pájaros carpinteros para criar en ellos, y de dañar los cultivos frutales. Como ocurre igualmente en España, donde también se quiere acabar con las cotorras.

El control de las especies invasoras es un grave problema de conservación en Europa. Su eliminación de los ecosistemas naturales debería de ser una prioridad de las Administraciones desde el primer momento en que se detecta su presencia, pues luego ya es demasiado tarde. Mejillón cebra, cangrejo americano, los loros y una larga lista de plantas y animales acaban provocando un grave impacto medioambiental y también económico.

Pero a tiros no vamos a solucionar nada. Servirá para aplacar al agricultor afectado, a quien le dejarán desahogarse del daño provocado por estas aves a tiro limpio. Y nada más. La única solución real es impedir el tráfico mundial de especies exóticas, pero eso nunca se hará pues hay mucho dinero en juego.

De todas formas, disparar a una bellísima cotorra ¿no os parece una salvajada? Qué culpa tendrá ella de nuestras manías y de nuestros vicios.

La tórtola turca, una maldición divina

04 julio 2008

Ayer salí al campo y pude por fin escuchar el inconfundible arrullo de una tórtola común (Streptopelia turtur). Me llevé una alegría, pues cada vez es más raro oír este símbolo natural del amor y del verano.

La tórtola viuda del romance de Fontefrida tiene muy complicado encontrar pareja. Sólo en Extremadura, sus poblaciones han caído más del 60% en apenas diez años.

Y sin embargo, en las ciudades las tórtolas se están convirtiendo en una incómoda fuente de suciedad y enfermedades. Sin ir más lejos, en Zaragoza llegaron a utilizar hace tres años un “camión trampa” con el que capturaron en pocos días más de 3.000 de estas aves.

¿En qué quedamos, se extinguen o son una plaga?

Las dos cosas, pues hablamos de dos especies completamente diferentes.

La común es campestre, de plumaje marrón, migratoria, y muy asustadiza.

La otra es la tórtola turca (Streptopelia decaocto), grisácea, sedentaria, algo más grande, urbana y muy confiada.

Esta última es una recién llegada a nuestra fauna. Como su nombre indica, procede de Asia Menor. Pero por causas desconocidas, a partir de mediados del siglo XX inició una fulgurante carrera de expansión por todo el mundo que le llevó tanto al Círculo Polar Ártico como a la India, Japón y el Caribe. Algo increíble para una especie no migratoria.

La primera española se vio en Asturias en 1960, y el primer nido se encontró en Santander en 1974. A partir de 1980 conquistó toda la península Ibérica y Baleares. En 1985 saltó a Marruecos y en 1990 llegó a Canarias.

Mientras una tórtola triunfa, la otra se bate en retirada. A los problemas de la caza, la mecanización agrícola, la homongenización del paisaje, el uso de pesticidas y fertilizantes y la sequía, la pobre tórtola común añade ahora la competencia de esta prima lejana suya, que no duda en expulsarla de sus árboles de toda la vida.

Y es que ya desde sus orígenes, la tórtola turca se ha visto como una maldición. De ahí le viene precisamente su nombre científico, decaocto, dieciocho, que es lo que machaconamente parece repetir en correcto griego hablado.

Cuentan en Grecia que cuando Jesucristo agonizaba en la cruz, un soldado romano se apiadó de él y quiso comprarle un cuenco de leche con el que aplacarle la sed. Una vieja vendedora le pedía 18 monedas, pero el centurión tan sólo tenía 17. No hubo manera de regatear. Tan sólo repetía 18, 18. Jesús la maldijo por ello, convirtiéndola en esa tórtola que sólo sabe decir en griego: 18, 18, 18. Cuando se avenga a razones, y diga 17, se convertirá de nuevo en ser humano. Pero si sube el precio a 19, significará que el fin del mundo está cerca.

Sobre estas líneas, un ejemplar de tórtola común, muy diferente en plumaje, tamaño, costumbres y canto a las urbanas tórtolas turcas.

La Naturaleza, y no el veneno, acaba con la plaga de topillos

18 junio 2008

Ya es oficial: la plaga de los topillos está controlada.

Tras arrasar más de 1,5 millones de hectáreas de cultivos en la meseta norte del país y provocar pérdidas en la agricultura cercanas a los 20 millones de euros, los topillos han desaparecido.

Pero en contra de lo que puedan pensar, el éxito no ha sido debido ni a la distribución masiva de venenos, ni a la quema de rastrojos, ni al arado en profundidad de los campos de cultivo, ni a la limpieza de cunetas, ni a la contratación del flautista de Hamelín.

El mérito exclusivo es de la Naturaleza, la misma que permitió este descontrol y que ahora vuelve a controlarlo; como siempre ha hecho en estos casos durante los últimos miles de millones de años, de forma paciente y absolutamente natural.

Según la consejera de Agricultura de la Junta de Castilla y León, la comunidad más afectada por el espectacular crecimiento poblacional de este micromamífero,

“intentar atribuir la erradicación de la plaga a las circunstancias naturales es no mirar el trabajo y esfuerzo de la Junta, de las organizaciones agrarias y de los agricultores”.

Es lógico. Después de gastarse 24 millones de euros, nadie es capaz de reconocer que no han servido para nada. Como tampoco nadie es capaz de reconocer que los científicos tenían razón, que como ha sido comprobado hasta la saciedad, las propias poblaciones se autorregulan sin necesidad de matanzas colaterales de numerosas especies protegidas.

Lo explica perfectamente el biólogo Alfonso Balmori:

Una vez que se producen las densidades más altas empiezan a actuar varios factores, endógenos y exógenos, que devuelven la plaga a su nivel poblacional de partida. Intervienen, entre otros, los parásitos internos y externos, el contagio de enfermedades bacterianas (como la tularemia), la depresión del sistema inmunológico, la desnutrición, el incremento del estrés fisiológico, la agresividad intraespecífica por las altas densidades y el confinamiento en el espacio, y el efecto «llamada» que ejerce la abundancia de presas sobre los depredadores de todo tipo (cigüeñas, garzas, comadrejas, lechuzas, zorros.).

Precisamente los menos evidentes, como parásitos y bacterias, suelen ser muy eficaces en su trabajo.

Estos factores naturales, que actúan sinérgicamente, son los auténticos protagonistas de la victoria contra la plaga, independientemente de que se haya utilizado veneno o no.

¿Quieren pruebas? Las tenemos.

Un equipo de especialistas del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), del CSIC, y de la Universidad de Valladolid lo ha comprobado científicamente:

El final de la plaga de topillos ha sido igual de fulminante en las áreas llenas de veneno que en donde no se utilizó.

¿Magia o milagro? Ni lo uno ni lo otro, tan sólo lógica.

Aunque llegados a este extremo me asalta una terrible duda. Sin topillos en el campo, ¿qué haremos los ecologistas este verano, ahora que hemos dejado de criarlos y soltarlos desde helicópteros?

Se lo adelanto: después de una primavera tan lluviosa, este verano los ecologistas nos dedicaremos a soltar serpientes.

¿No se lo creen? Ya lo verán. Antes de un mes estarán acusándonos miles de dedos. Sólo espero que para entonces nuestros incultos políticos se queden tranquilos y no se pongan a fumigar el campo como hicieron esta semana con los tejados de un barrio de Motril. Aunque tampoco lo descarto.

Una plaga desnuda a las choperas de Castilla y León

17 junio 2008

Acaba de romper la primavera y en muchos lugares del norte peninsular las riberas de los principales ríos comienzan a lucir un preocupante aspecto otoñal, lleno de árboles desnudos y con los suelos tapizados de hojas marchitas.

Lo comentaba ayer mismo muy preocupado el naturalista Unai Fuente en Avesforum, un foro especializado de ornitología: casi todos los chopos (Populus nigra) de las riberas, en algunas zonas hasta el 90 %, han perdido la hoja fulminantemente.

Una situación que el ornitólogo no dudaba en calificar como “catástrofe”, tanto para los árboles como también para las aves, pues se están quedando sin lugares donde ocultar sus nidos.

Hace un mes estaban todos sanos, pero en las dos últimas semanas los árboles han comenzado a perder sus hojas de forma acelerada, como si estuvieran muriendo de golpe todos ellos.

Lo ha podido comprobar en la zona de Villadiego (Humada), donde el ataque de la extraña enfermedad es masiva, mientras más hacia el norte, en los valles del Ebro, la cosa no parece tan seria. Sin embargo, hacia Briviesca y Burgos vuelve a aparecer con fuerza y la defoliación avanza imparable por Lerma, al tiempo que en Aranda de Duero empiezan a verse los primero síntomas. Me cuentan que en León está ocurriendo lo mismo, en montañosos valles del norte como los del Curueño y el Torío.

¿Qué está pasando? ¿Porqué se mueren los chopos?

Como siempre, lo mejor es preguntar a los especialistas. Para ello me he puesto en contacto con Roberto Ontañón, biólogo de IMAVE, una empresa leonesa especializada en el mundo forestal, quien me ha tranquilizado.

Chopos y álamos no se están muriendo, tan sólo están enfermos. A falta de análisis más precisos, todo parece apuntar a la existencia de un ataque masivo de un hongo, la Marssonina.

Existe de siempre, pero suele atacar en otras épocas con más humedad ambiental, hacia finales de verano. Como esta primavera ha sido especialmente lluviosa, todo se ha adelantado, incluido las plagas.

Si baja la humedad ambiental los árboles infectados rebrotarán. Y como resalta Roberto, “esperemos que se controle por si sola”.

Sólo nos faltaría perder ahora los chopos, como ya perdimos hace años nuestros añorados olmos.

Quieren acabar con las cotorras

04 junio 2008

En Madrid, en Barcelona, en Valencia, en Málaga. Los gritones bandos de pequeños loros de color verde intenso, las cotorras argentina (Myiopsitta monachus) y de Kramer (Psittacula krameri), son cada vez más frecuentes y numerosas en España.

Todas tienen el mismo origen: escapes o sueltas de ejemplares adquiridos como aves de jaula.

Se calcula que las argentinas tienen una población española nidificante superior a las 1.500 parejas, más del doble que 10 años antes, creciendo a un vertiginoso ritmo del 20 por ciento anual. No es de extrañar, pues en su país de origen están consideradas una plaga dado los graves daños que ocasionan en los cultivos de maíz y girasol, donde la instalación de sus grandes colonias de cría en tendidos eléctricos provocan paralelamente tanto averías como numerosos incendios forestales.

A Barcelona llegaron las primeras hacia 1975. Al principio eran menos de 50, pero hoy en día son ya más de 2.000. A las que los agricultores del Baix Llobregat acusan de ocasionar graves daños en los cultivos de árboles frutales y hortalizas.

Recientemente en Madrid, una de estas grandes masas de ramas donde hacen sus nidos coloniales acabó partiendo el abeto sobre el que se sustentaba. Tenía un diámetro superior a la altura de una persona adulta y pesaba ¡cerca de una tonelada!

La invasión de especies exóticas representa la segunda causa de pérdida de biodiversidad, solo por detrás de la pérdida de hábitat, estando por delante de la sobrecaza. Son por ello muchos los expertos que están reclamando a las Administraciones medidas efectivas de control y erradicación de este tipo de especies en los ecosistemas naturales (sólo en aves se han detectado en nuestro país más de 274 especies asilvestradas), antes de acaben convirtiéndose también aquí en una plaga, cuando ya no habrá posibilidad de encontrar alternativas viables. Piden, directamente, cazarlas vivas para que vuelvan a las jaulas de donde se escaparon o, si esto no es posible, matarlas directamente.

Frente a ellos, colectivos animalistas defienden la presencia de estas aves como seres vivos a los que hay que proteger a toda costa, evitándoles todo sufrimiento, al margen del daño que puedan acarrear a otras especies o al propio hombre.

¿Mi opinión? Pienso que la mejor estrategia es siempre la más sencilla, evitar nuevas sueltas intencionadas y combatir a estas especies exóticas con depredadores naturales como las aves de presa.

Pero mientras sigamos comprando este tipo de animales y luego, cuando nos cansemos de ellos, tengamos la mala idea de soltarlos “para que sean libres”, no haremos más que empeorar las cosas. Una acción irreflexiva, ajena al grave daño que infligimos a los ecosistemas, además de a los problemas económicos y sanitarios que con nuestra inconsciente acción podemos acabar provocando.