La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘plaga’

Cernícalos y lechuzas se convierten en el mejor veneno contra los topillos

Un cernícalo ceba a su cría en un nido artificial con un roedor recién cazado.

¿Te acuerdas de la plaga de los topillos? Tuvo su momento álgido en el verano de 2007, siendo las zonas más afectadas las provincias de Valladolid, Segovia, Palencia y Zamora, especialmente en Tierra de Campos. A la Junta de Castilla y León se le fue la pinza y, haciendo más caso a los agricultores enfadados que a los científicos, se lió a regalar toneladas de veneno que mataron a todo bicho viviente pero no lograron controlar la plaga. Tarde y mal, se invirtieron inútilmente unos 24 millones de euros. Sólo sirvió para acabar con liebres y zorros, entre otros animales inocentes.

Al final, como los expertos habían predicho, el invierno favoreció la autorregulación de la población de topillos campesinos (Microtus arvalis), que desde entonces se mantiene en niveles normales, con ciertos repuntes de momento poco significativos.

Por supuesto, ni eran híbridos de laboratorio, ni los criaron los ecologistas y los lanzaron desde helicópteros para dar de comer a las águilas, como me aseguraban mis convecinos leoneses ese verano.

La mejor manera de evitar este tipo de plagas es con prevención, controlando su número cuando las densidades todavía no son alarmantes. Y el mejor sistema es el que diseñó hace millones de años este planeta: control biológico. Fomentando que los depredadores naturales de los topillos, especialmente lechuzas y cernícalos, se pongan las botas cazándolos en el campo. Lee el resto de la entrada »

Olmos resucitados recuperan a los árboles de la palabra

Olmos

El pobre Pantalones se enfrenta a la que será probablemente su última primavera. El viejo olmo del Real Jardín Botánico de Madrid, 226 espectaculares años y un tronco bifurcado a modo de pantalón plantado patas arriba, está muy enfermo. Agoniza. El machadiano árbol tiene el corazón podrido.

Grafiosis lo llaman. Un hongo letal y sin cura responsable de la muerte de millones de olmos ibéricos, algunos tan simbólicos como el Árbol de la Música de Soria; otros tan queridos en mi infancia burgalesa como la impresionante olma de Riocavado de la Sierra. Lee el resto de la entrada »

El picudo amenaza de muerte al palmeral de Elche

Palmeral Elche

El palmeral de Elche (Alicante), el más grande y bello de Europa, se muere. Un terrible escarabajo asiático lo está devorando sin que hagamos otra cosa que contabilizar sus víctimas. La plaga del picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) avanza imparable a un ritmo cada vez más vertiginoso. 50 árboles al mes sólo en el palmeral histórico, plantado por los árabes hace doce siglos y declarado por la Unesco ¿inútilmente? Patrimonio de la Humanidad. El desastre es total. En todo el municipio llevan taladas este año 27.816 palmeras. 165.000 desde 2010.

Una sola hembra del voraz insecto vive hasta tres meses, tiene puestas de 300 a 500 huevos y es capaz de volar decenas de kilómetros en busca de nuevos árboles. Lee el resto de la entrada »

Famoso bodeguero es perseguido judicialmente por negarse a fumigar sus viñedos

Thibault Liger-Belair

Thibault Liger-Belair es uno de los bodegueros más prestigiosos, envidiados y admirados del mundo. Rectifico. Él se considera exclusivamente viticultor, vigneron, algo que en Francia tiene puesto preferente en el Olimpo de su grandeur, del orgullo patrio.

No es fácil llegar tan alto. Decía Henri Jayer que “se nace viticultor y se muere aprendiz”. El secreto de su éxito es por todos bien conocido: un respeto absoluto a la tierra, al terroir, y una veneración rayana en lo religioso hacia las viñas, delicadas sacerdotisas de sus insuperables borgoñas y beaujolais ecológicos.

Todo su vino está vendido mucho antes de salir al mercado. Se distribuye en limitados cupos y sólo las más influyentes vinotecas pueden ofrecer contadas botellas a sus clientes.

Merecería una medalla pero le han enviado una citación judicial. El próximo 19 de Mayo deberá presentarse ante el tribunal de Villefranche-sur-Saone.

¿El motivo? No haber utilizado insecticidas contra la “flavescencia dorada” en sus viñas de Beaujolais, una plaga muy peligrosa pero en nada parecida a esa filoxera que a finales del siglo XIX acabó con los viñedos de Europa.

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La crisis económica amenaza al conejo

A la sombra de la crisis, una nueva tragedia se cierne sobre el medio ambiente español. La aparición de una variante del virus de la enfermedad hemorrágica amenaza a las poblaciones silvestres de conejo. Y sin este animal en el campo, linces, águilas imperiales y el resto de la fauna ibérica más amenazada está en peligro. Los romanos dieron a Hispania el significado de “tierra abundante en conejos”, pero eso era antes. La mixomatosis primero, a partir de la década de 1950, y la hemorrágica vírica desde 1989, han diezmado sus poblaciones y con ellas a los carnívoros que tienen en estos lagomorfos la base de su dieta y el secreto de su control natural.

Como siempre, la culpa la ha tenido el coladero sanitario de nuestras fronteras. La nueva cepa se detectó en 2010 en varias granjas francesas, pero nada se hizo para impedir su avance. Al año siguiente ya se había expandido por las granjas españolas y ha empezado a infectar a las primeras poblaciones silvestres de Aragón. El trasiego de piensos está considerado uno de los principales vectores de expansión de la epidemia. Mata a cerca de la mitad de los jóvenes y de momento no hay vacuna.

Para sonrojo de las Administraciones, una vez más han sido los ciudadanos, de la mano de las asociaciones conservacionistas, quienes han activado las alarmas pues se temen lo peor. SEO/BirdLife, WWF y Ecologistas en Acción piden establecer una red nacional de vigilancia y seguimiento que permita la alerta temprana de posibles focos. Algo cada vez más difícil pues la actual crisis económica lo primero que ha hecho es dejar sin presupuesto a los organismos de Medio Ambiente. Tanto dinero invertido durante tantos años para proteger al lince o al águila imperial, y se nos puede ir todo al garete porque no hay personal para evitar que conejos enfermos sean liberados en el monte.

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El mosquito tigre amenaza al turismo español

La noticia ha tenido escasa repercusión mediática. Los científicos han localizado una población estable de mosquito tigre (Aedes albopictus) en el municipio de Bunyola (Mallorca).

Vaya novedad, dirán algunos. Mosquitos hay en todas partes. Es verdad, pero no como éstos. Detectados por primera vez en España en agosto de 2004 (Sant Cugat y Cerdanyola del Vallès), en apenas cinco años los mosquitos tigre han colonizado el litoral mediterráneo extendiéndose por Cataluña, Castellón, Alicante, Murcia y, ahora, también Baleares.

Su llegada afecta muy negativamente a las zonas turísticas, impotentes para evitar ataques a una clientela que huye espantada. Sólo quien han sufrido la dolorosa picadura de este insecto originario del sudeste  asiático sabe bien lo que supone la aparición de tan molesto invasor. Son muchos quienes rechazan conocidos lugares donde pasar las vacaciones si saben que en ellos medran tan molestos vecinos.

Como la mayoría de los mosquitos, las únicas que pican son las hembras, pero éstas lo hacen con especial daño, igual de día que de noche. Y crían en cualquier mínimo lugar con un poco de agua como jarrones, cubos, macetas, latas y hasta juguetes abandonados, haciendo prácticamente imposible su erradicación. Por algo está considerada una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

El mosquito tigre es un insecto que se reconoce por su mayor tamaño y por las rayas negras y amarillas de aspecto atigrado que presenta en el cuerpo y patas. No es venenoso ni contagia enfermedades raras, pero pica que se mata.

Convertido en un turista más, es sin duda el menos deseado, el más incómodo y contraproducente. Un bicho al que las abundantes lluvias de este templado otoño le darán más alas para invadir nuevas ciudades, nuevas zonas hoteleras, nuevos centros turísticos y residenciales.

Podíamos, deberíamos, haber evitado su llegada a España con controles serios en las fronteras, pero la batalla está perdida. Como se ha perdido para evitar el avance del picudo rojo que devora las palmeras, del mejillón cebra que atasca cualquier tubería, de la avispa asesina que nos deja sin abejas, del caracol manzana que arrasa los campos de arroz. El mundo es ahora tan global que hasta compartimos las plagas. Sin programas serios de detección y erradicación temprana, estos nuevos invasores tienen todas las de ganar. Y nos confirman lo que ya sabíamos. Que cada cosa, animal o planta tiene su sitio en el planeta y debemos dejarlos en ese sitio. O si no, atengámonos a los picotazos.

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Navarra autoriza la caza de gorriones

Desde el pasado mes de agosto y tras la publicación de la Orden Foral 351/2010, en Navarra está autorizada la caza de gorriones. No es que se les considere nueva especie cinegética. Mucho peor. La Consejería de Medio Ambiente los considera plaga, y como tal autoriza su captura y eliminación indiscriminada.

El pobre gorrión, nuestro urbano compañero alado desde el lejano Neolítico, se une así a la lista de 15 especies que como palomas, estorninos, tórtolas, coipús, ratas y topos están catalogadas oficialmente como  “un peligro” para Navarra, aconsejándose su exterminio. Vergonzoso.

SEO/BirdLife ha anunciado que recurrirá ante los tribunales y ante la Comisión Europea la orden navarra. Entre otras razones, porque el gorrión se está extinguiendo en toda Europa, Navarra incluida. De acuerdo con los programas de seguimiento de la veterana sociedad ornitológica, el gorrión está en declive en España y en particular en Navarra, donde las poblaciones han disminuido en un 3 por ciento desde 1999 hasta los últimos datos analizados en 2009. No son poblaciones estables y se encuentran en descenso, por lo que su control cinegético resulta inaceptable e ilegal.

Según el artículo 9 de la Directiva de Aves y el 58 de la Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, sólo puede autorizarse la captura de las especies no cinegéticas -es decir, sujetas a caza o pesca- en casos excepcionales tras demostrarse los efectos sobre la salud de las personas o importantes daños a cultivos, algo que nadie ha hecho.

Hace unos meses nos asustábamos con la noticia de que hasta los gorriones se extinguen. Y yo me preguntaba. Os preguntaba: ¿Será una señal? Hoy, como en los peores tiempos del franquismo, llega un funcionario osado de Medio Ambiente y se saca de la manga no una normativa de protección, sino de exterminio, que logra sin problemas la aprobación de los políticos. Creo que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua ya se incluye País de pandereta como sinónimo de España.

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El asesino de las palmeras se extiende por España

Las palmeras están condenadas a muerte. Un gran escarabajo llegado de Asia las está matando por miles en toda España y no hacemos nada para impedirlo. El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), el asesino de las palmeras, vuela libre de árbol en árbol por Canarias y todo el sur español, dejando tras de sí un rastro de desolación arbórea.

Vino hace apenas 15 años de Egipto, escondido entre las decenas de miles de grandes palmeras datileras importadas sin control fitosanitario para nuestras avenidas, urbanizaciones y campos de golf. Al principio habría sido fácil acabar con él, pero ahora es imposible, la plaga está descontrolada y las Administraciones se han dado por vencidas. Si quiere matar, que mate.

El único tratamiento seguro es detectar los pies enfermos, talarlos y destruirlos para evitar su expansión, pues todos los remedios alternativos han sido un fracaso. Durante una década fueron las Administraciones las encargadas de hacerlo, pero este año la legislación ha cambiado. Ahora los responsables de eliminar los árboles contaminados son sus dueños. Y todos ellos, incluido los Ayuntamientos, se niegan a hacerlo pues no tienen dinero. Dan así nuevos bríos a los hambrientos asesinos, quienes han puesto ya contra las cuerdas a palmerales tan emblemáticos como el de Elche (Patrimonio de la Humanidad) o los del sur de Gran Canaria. En el murciano Mar Menor los árboles de sus avenidas se caen por decenas a pedazos con riesgo para los transeúntes sin que nadie los retire. Y todo el entorno de Valencia está infestado. Como Paterna, donde en 2008 murieron 30 palmeras, en 2009 más de 300 y este año en sólo dos meses está a punto de agotarse el presupuesto de todo el año para la retirada de ejemplares muertos.

La burbuja inmobiliaria nos lo trajo y la crisis del ladrillazo le acaba de dar alas. Nuestras palmeras tiemblan pues presienten su final, como ocurrió con los olmos y la grafiosis. Esas “antorchas al aire” que elogiara Unamuno están a punto de apagarse.

Sobre estas líneas, una foto que hice estas Navidades de numerosas palmeras canarias afectadas por el picudo rojo en la principal avenida de Los Alcázares (Murcia), junto al Mar Menor. Como nadie las corta y destruye, la plaga sigue extendiéndose sin control.

Como véis en la siguiente imagen, todas ellas están llenas de larvas del escarabajo, listas para buscar nuevos árboles.

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Vuelve la plaga de los topillos

En realidad los topillos nunca se fueron. Ni los agricultores se quedaron tranquilos. Nuevamente, el mundo rural castellanoleonés ha encendido las luces de alarma para denunciar que la plaga de los topillos ha vuelto.

A principios del otoño comenzaron a notarse los primeros daños en cultivos de girasol y remolacha de la comarca palentina de la Tierra de Campos, que ahora se han extendido a los de cereal. Según el sindicato ASAJA Palencia, en muchas zonas la superpoblación de topillos alcanza ya los mismos niveles que los registrados entre 2006 y 2008. Se calcula que entonces 500 millones de topillos arrasaron más de 400.000 hectáreas de cereal en unos 200 pueblos de Castilla y León.

El presidente de la organización agraria ha advertido que “si no se pone fin a la plaga, asistiremos a una nueva catástrofe como la de entonces, con las consecuencias económicas y sanitarias que todos recordamos”.

Alarmas aparte, ahora sabemos más sobre estos animales y su control que hace una década.

El veneno no sirve

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han demostrado recientemente que la plaga de topillos desapareció de forma natural y no por los tratamientos con rodenticida llevados a cabo.

Frente a esta evidencia científica, los expertos señalan cómo los venenos afectaron muy negativamente a otras especies animales, especialmente rapaces, y tuvieron un fuerte impacto sobre la biodiversidad. Fueron los efectos colaterales.

La producción agraria aumentó

Los mismos investigadores del CSIC señalan que no hay evidencia de que la plaga afectara dramáticamente a la producción agrícola. De hecho en 2007, el año de la plaga, la producción de cereal, patatas y viñas fue la más alta registrada en los últimos diez años.

Y hay más. El coste de la campaña de control, 24 millones de euros, fue más alto que los pagos compensatorios por daño a cultivos, que ascendieron a 5,5 millones de euros.

El veneno extendió las enfermedades

Un nuevo estudio científico ha demostrado exactamente lo contrario de lo que los políticos decían. El uso abusivo de venenos favoreció la expansión de la tularemia entre los humanos. La mayor presencia de cadáveres en el campo provocó la extensión de la enfermedad entre los animales, por canibalismo o inhalación. Y al pasar las cosechadoras, la bacteria entró en contacto con los agricultores. Más de 500 personas padecieron la enfermedad en la región a lo largo de 2007.

¿Podemos acabar con los topillos?

Ni con los topillos, ni con las ratas, ni con las cucarachas. Debemos aceptar a la Naturaleza tal y como es, acostumbrarnos a vivir con ellos, nos gusten o no. Y aprovechar a sus enemigos naturales, rapaces y carnívoros, para controlar sus explosiones demográficas.

Que la plaga iba a regresar estaba cantado. Debido a su patrón casi cíclico, los investigadores ya anunciaron que el próximo repunte se produciría en torno a 2010 ó 2011. Y así será.

¿Qué podemos hacer?

Sería deseable que para la próxima primavera, cuando arrecien las protestas de los agricultores y las televisiones vuelvan a airear el tema, exista una mejor planificación técnica, buena coordinación y una información más seria. Para ello es necesaria la colaboración de todos, políticos, gestores, agricultores y científicos.

El estudio recuerda que el manejo de plagas debe basarse siempre en la evidencia científica, apoyándose en una gestión sostenible y ecológica que evalúe el balance coste/beneficio. ¿Habremos aprendido la lección o, como los topillos, nuestros errores también son cíclicos?

Las langostas llegan a Canarias

No es un plaga, todavía. Tan sólo se trata de una avanzadilla. Pero ya están aquí, en Fuerteventura, en la isla de Canarias más cercana al desierto. La primera langosta me la encontré hace unos días justo a la puerta de mi casa. Pero este fin de semana las he visto en numerosos lugares, tanto del interior como de la costa oriental. Incluso en un sitio tan agreste como los acantilados de La Entallada, un árido mundo de espectaculares risqueras elevadas casi 300 metros sobre el Atlántico.

Mientras media España se hiela por culpa de un frente frío de nieve, viento y lluvia, aquí en las Afortunadas estamos gozando de un tiempo veraniego, con un mar en calma que incita al baño. Tan sólo el suave viento del sureste, unido a la calima, ese polvo en suspensión llegado del Sahara, nos indica que estamos bajo la influencia del por nosotros conocido como “tiempo africano”.

Algunas veces, con este viento nos llegan accidentalmente aves extrañas provenientes del vecino continente. Pero en esta ocasión han llegado las temidas langostas (Schistocerca gregaria).

Todavía no son rojas, así que aún no están en su etapa reproductiva, la más voraz de su ciclo. Las que se ven ahora por Fuerteventura son adultos solitarios, escapados de las fumigaciones salvajes con las que están combatiendo a la plaga en la vecina Mauritania.

La última vez que llegaron a la isla fue hace 5 años, también por estas mismas fechas, sólo que entonces su aparición fue masiva. Y espectacular. Más de dos millones de cigarrones o langostas africanas lo cubrieron todo de un movedizo manto púrpura.

Estos bichos son increíbles. Una nube de tamaño medio agrupa a 50 millones de individuos que cada día pueden merendarse 100 toneladas de materia vegetal. Un desastre. Aunque como en Fuerteventura el único cultivo rentable actual es el turismo, su aparición no nos preocupa demasiado mientras no devoren los jardines de las urbanizaciones y los complejos hoteleros.

Las de ahora son de momento inofensivas. Un toque africano en estas tierras desérticas donde vivo. Y una fuente extra de alimentación para muchas especies de aves, como el cernícalo o la hubara, quienes celebran su llegada como un maná caído del cielo, quizá no muy agradable a la vista, pero nutritivo a fin de cuentas.

En la primera imagen podéis ver la foto que le hice ayer por la mañana a una langosta en los acantilados de La Entallada, a donde fui para hacer un estudio faunístico.

Sobre estas líneas los cantiles ocupados por los insectos, un farallón gigantesco que mira hacia el Sahara. Desde aquí a Tarfaya hay menos de 100 kilómetros en línea recta.