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Tetas y coronas de flores: el feminismo de Oksana Shachko

Seguramente el nombre de “Femen” te resulta familiar. Puede que, al leerlo, haya invocado en tu cabeza diferentes imágenes y que tu idea de la palabra sea diferente de la mía.

[Un momento… ¿aún no me sigues en Instagram, Twitter o Facebook?]

Femen puede recordarte a activismo, a feminismo, a radicalismo, a escándalo… Puedes estar o no de acuerdo con sus acciones, pero hoy no escribo para hablar de sus métodos. Hoy escribo para hablar de Oksana Shachko, una de las cofundadoras del grupo que se suicidó este martes.

La ucraniana, a los 21 años, se comprometió con una causa que, por entonces (hablo de 2008), según ella estaba desligándose de lo femenino. Era un momento en el que el feminismo solo parecía ser tomado en serio si se llevaba el pelo corto y la ropa ancha, si se vestía como un hombre, ya que sabemos lo que supone tratar de reivindicar algo siendo mujer en una sociedad machista.

Sin embargo, tanto Shachko como sus compañeras, querían un feminismo con el que poder sentirse identificadas, uno que no tuviera que estar reñido con el atractivo de las mujeres.

Oksana Shachko fue la primera en manifestarse enseñando el pecho con su torso desnudo, algo que nos diferencia de los hombres y que, descubrió, causaba mucho más impacto.

A eso se le añadieron a las manifestantes las coronas de flores, salidas de la historia del arte que a su vez siempre han ido ligadas a lo femenino. De esta manera, las feministas no tenían por qué ser siempre consideradas las brujas que sobrevivieron a la caza del siglo XVII sino también ninfas del bosque con sus coronas, etéreas guerreras.

Shachko reivindicó aquello que nos arrebatan: la desnudez femenina. La utilizó como arma en un mundo en el que se controla, se prohíbe (pensemos en las políticas de redes sociales cuando se aprecia un pezón femenino), se pena (“¿Cómo iba usted vestida cuando la atacaron sus agresores?” “¿Se maquilla?”), se juzga…

Entiendo que cada persona defiende su ideología de la manera que considera. Entiendo que hay muchas formas de activismo. Si bien mi feminismo es vía escrita, que pretende hacer reflexionar a quien me lea, a empezar un camino, a sembrar una duda en la cabeza, Oksana hizo lo mismo con una diferencia: si querías verle las tetas, tenías que leer sus eslóganes.

Así que hoy, quiero recordarla por su objetivo: lograr una igualdad real. Y me quedo con una de sus frases para recordaros la importancia que tenemos de involucrarnos en la causa y unirnos: “¡Vamos a estar juntas y vamos a pelear juntas!”

Guerra al sujetador: ¿la tendencia ‘braless’ viene para quedarse?

Mientras se nos ha vendido por activa y pasiva el push up como si fuera una prenda más definitiva que el Lékué para los que nos independizamos (pechos turgentes y redondeados a la altura del gaznate…) cada vez más mujeres nos quedamos con el pecho “suelto”.

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Para muchas ir sin sujetador es una protesta, no tan llamativa como la de prenderle fuego a la prenda pero con el mismo mensaje, para otras una mera cuestión de comodidad (no os hacéis una idea del calor que da eso en verano) y para otras, simplemente, algo estético porque les parece que les sienta mejor la ropa.

El cambio se lo tenemos que agradecer, en parte, a Kendall Jenner, Demi Lovato, Jennifer Lawrence o Rihanna que han salido a la calle marcando orgullosas los pezones con sus slip dress o crop tops y no ha pasada nada. No ha aparecido una grieta en el suelo ni se han liberado los Jinetes del Apocalipsis.

Independientemente de lo que nos motive a las que sigamos esto, es importante que rompamos la imagen sexualizada que se nos vende de los pezones y empecemos a verlos como una cosa cotidiana.

Además, como os comenté anteriormente en este post, ir sin sujetador ayuda a trabajar la musculatura del pecho (y por tanto evita hasta cierto punto la caída)

Pero si tienes pensado apuntarte al club y quieres familiarizar progresivamente a tus pezones a la nueva sensación de libertad, empieza con prendas con un tejido algo más grueso, tops de volantes o estampados que disimulan los volúmenes.

Recuerda que lo más importante es que te sientas a gusto contigo misma lleves lo que lleves.

Esa extraña relación entre el feminismo y las tetas de Emma Watson

Y es que por lo visto, según los detractores de la actriz cuando la semana pasada se publicó su reportaje en la revista Vanity Fair, si eres feminista no puedes enseñar el pecho.

Por lo visto si eres feminista no puedes maquillarte. Da igual si es porque te gusta, porque te da la gana, porque te ves más favorecida, porque te hace sentir guapa. No puedes maquillarte y punto.

Por lo visto si eres feminista no puedes ponerte unos taconazos que te hagan las piernas infinitas. Y ni se te pase por la cabeza lucirlas con una falda corta. ¿Cómo se te ocurre? Que tú eres feminista. Si eres feminista no puedes llevar ropa favorecedora. ¿Has visto lo que ha pasado con Emma? No seas machista y tápate el escote, que para algo crees en la igualdad. No puedes ir al gimnasio a hacer deporte, a entrenar tu cuerpo y ponerlo en forma porque eres feminista.

Por lo visto si eres feminista no te puedes depilar. No puedes perfilarte las cejas, no puedes quitarte el bigote o el entrecejo, tienes que llevar las axilas abiertas ya que no cierran si las llevas al natural. Tienes que llevar las ingles abrigadas y las piernas bien cubiertas, aunque como no las puedes lucir, nadie va a ver cómo las llevas en realidad.

Por lo visto si eres feminista no puedes plantearte tener hijos en algún momento. Y ya no hablemos de casarte.

A esto hemos llegado, en esto se ha convertido para muchos el feminismo: en un arma arrojadiza para darte con ella en la cabeza en el momento más inesperado. Ha pasado de ser una heramienta para salir del heteropatriarcado a otra jaula en la que encerrarnos. A todos esos críticos que solo salen a la luz para dejarte en evidencia (y nunca para alabar nada de lo que haces), les digo que en realidad, si eres feminista puedes hacer lo que quieras con esa única condición, que lo hagas porque seas tú quien lo quiera.

Tetas sí, pezones no

Cuando te haces un tatuaje, una de las primeras cosas a cumplir es que no debes llevar ropa apretada en torno a él. Estrenando uno en el costado, iba a ser complicado el tema del sujetador, así que opté por pasar aquella primera semana sin llevarlo.

FEMEN

FEMEN

Las mujeres bien sabéis de qué os hablo, pero, queridos hombres, ¿cómo explicaros la gloriosa sensación de ir con el pecho suelto? Permitidme que os la describa como mejor se me ocurre: es como cuando después de un día nadando en la piscina te metes en la cama y aún sientes como si te mantuvieras en suspensión dentro del agua, como cuando haces algo muy bien en el trabajo y te felicitan por ello, como cuando conocéis a una chica con la que compartís aficiones.

He trabajado, he salido de fiesta y he quedado con amigos siempre sin sujetador durante una semana. Sin él me sentía ligera, libre, hasta el punto de que casi caminaba más recta al no encorvar la espalda por inercia de la presión del sujetador.

Y en uno de estos benditos momentos, en uno de mis instantes de felicidad corporal, de comodidad máxima, recibo críticas porque en una de esas ocasiones se me notaban los pezones.

Haciendo memoria, recuerdo que he recibido algún que otro comentario al respecto, de manera privada, porque en ciertas fotos de Instagram, en las que salgo con tops deportivos, sucedía lo mismo.

No sé si debería haberme sentido avergonzada pero la verdad es que no sentí pudor alguno. Las tetas tienen pezones y el sujetador es un invento que, además de colocarlas en posiciones antinaturales, da una forma irreal de seno perfectamente redondo cuando la realidad es que todos, absolutamente todos, están coronados por esas glándulas.

Y aunque entiendo que no todas tenemos la suerte que tengo yo de poder ir sin sujetador sin que me resulte incómodo o molesto (de las pocas ventajas de tener pecho pequeño), si en algún momento decidimos hacerlo, que sea sin agobios por nuestro cuerpo.

Sí, se me transparentan los pezones, llevo las largas puestas, los llevo como los timbres de un castillo y no quiero ocultarlo, porque por mucho que nos digan que es feo, obsceno o de mal gusto por provocativo, la realidad es que se trata de otra manera de desigualdad.

Mientras que nadie se va a quedar mirando a un hombre al que se le marcan con la camiseta, las mujeres no podemos mostrar los pezones porque no debemos tener sexualidad. Socialmente el pezón femenino no existe, ya que, una vez más, el cuerpo no es nuestro, sino que es algo que debemos ocultar por si puede causar excitación o malestar por si transmite que somos nosotras las que la estamos sintiendo.

Así que a todas aquellas rebeldes con causa o a aquellas, que como yo, vais más cómodas por la vida sin él, no os avergoncéis, porque es lo natural. Y a quien no le guste, que no mire.

Querido ‘Push up’, hemos terminado

Querido Push up,

Tenemos que hablar. Y los dos sabemos cómo acaban las conversaciones que empiezan con esas tres palabras.

Hemos terminado. Te lo digo así de sopetón porque no soy de andarme por las ramas. Han sido muchos años juntos desde que te descubrí al poco de cumplir los 18.

Siempre recordaré cómo convertías por arte de magia, desafiando a las leyes de la física con tu relleno y tus aros, un pecho pequeño en un par de tetazas a la altura del cuello con canalillo. ¿Te acuerdas?

Qué bien hacías que me quedaran los vestidos escotados. Eso sí, siempre llegaba el momento crucial de quitarte delante de alguien. No importaba que apagara la luz o que te desabrochara de espaldas, sabía que no tenía esa talla de más que tú me hacías.

Como toda relación, también hemos tenido nuestros altibajos. Más de una vez me ha sentado mal la comida de lo apretado que te llevaba. Y…Jesús, ¡cómo te clavabas en los hombros! Me tirabas más que las asas de la mochila de un paracaidista.

Rompo contigo porque ya no te llevas. No lo digo yo, lo ha decidido la última línea de lencería de Victoria´s Secret y todas las demás tiendas se han apuntado al bombardeo. Como te lo cuento: eliminación total de aros y rellenos, el escote de 2016 es un escote natural.

No significa que vaya a ir por la vida con las gemelas sueltas a lo Kendall Jenner. Aunque es una decisión libre de cada una no olvido los pros y los contras de llevarlas sujetas.

Que rompa contigo no significa que te vaya a quemar a lo hippie en los setenta. Te quedarás en mi armario no vaya a ser que vuelvas. Aunque, sinceramente, espero que no lo hagas.

Te diría que te voy a echar de menos, pero todavía recuerdo como lo primero que hacía al llegar a casa era desabrocharte con un suspiro de alivio.

Tuya (hasta hoy),

Mara

Free YOURSELF ✨ #nobranoproblem

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¿El sujetador evita o favorece que se me caigan las tetas?

Charlize Theron, GTRES

Charlize Theron sintiéndose libre, GTRES

Desde que este año empezaron a llevarse los escotes ‘ombligueros’ (según la R.A.E.: dícese de aquellos escotes que alcanzan en su plenitud y profundidad la parte de la anatomía humana del ombligo) surgió el debate. “Libres domingos y domingas” decían unos, “Se os van a caer y acabaréis arrastrando las tetas por la alfombra” decían otros.

Las mujeres, llenas de dudas y preocupación frente al espejo, mirábamos el sujetador y nos mirábamos el pecho. ¿Llevar o no llevar? ¿Ser o no ser? ¿No me tendría que haber bajado ya la regla? Desesperadas, acudíamos a Google, ese remanso de conocimiento donde todos los temas ya han sido hablados en alguna página de Forocoches, pero nadie parecía ponerse de acuerdo en qué era lo anatómicamente saludable.

Porque siendo sinceras, LLEVAR SUJETADOR ES UN COÑAZO. No hay nada mejor que llegar a casa, llevar la mano a la parte de atrás de tu espalda y librar a tus gemelas de esa cárcel de aros y tirantes. LIBERTAD!


Es un rollo, pero socialmente tenemos que llevarlo. Sí. Hemos llegado a un punto en el que solo de imaginarnos andando por la facultad o la oficina con nuestras amigas libres y juguetonas saltando de un lado a otro de la camiseta, nos horrorizamos cuando, en realidad, es lo bonito y natural. Y los pezones. Los pezones son un capítulo aparte. En el momento en el que se te note un pezón ya vas a estar con el ‘run rún’ de que, de un momento a otro, alguien te señalará apreciando que llevas puestas “las largas”. Y encima la que se supone que tiene que sentirse mal eres tú y no ese mirón bocachancla. ¡No! ¡Basta!

Si vas a hacer deporte, mejor llevar a 'las niñas' sujetas. HERCAMPUS

Si vas a hacer deporte, mejor llevar a ‘las niñas’ sujetas. HERCAMPUS

El sujetador es una decisión personal, lo que sí tenemos que tener en cuenta antes de elegir si vamos a llevarlo o no es que “el pecho tiene una sujeción natural hecha de colágeno. Si tenemos una masa muscular desarrollada y no tenemos una mama grande el sujetador no es imprescindible” dice la doctora Mª Ángeles López Marín del Centro Médico Rusiñol.

“Para determinados deportes lo tenemos que sujetar ya que el movimiento rompe las fibras de colágeno” afirma la doctora.

¿Las claves de un buen sujetador? “Preferiblemente sin aros para que no corten las fibras de nuestro sujetador natural porque produce más descolgamiento. Si notas que se clava o si al quitártelo tienes una marca, no es el adecuado. Tienes que estar mas cómoda con él que sin él“.

Si además quieres poner de tu parte, la doctora recomienda hacer ejercicios de pecho para desarrollar la musculatura y, sobre todo “postres de gelatina o suplementacion de colágeno”.