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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Comienza la aventura de Morla, la tortuga viajera

Una de las primeras tortugas liberadas en Almería. © Hombre y Territorio

Una de las primeras tortugas liberadas en Almería. © Hombre y Territorio

El año pasado una tortuga boba (Caretta caretta) eligió las arenas de una playa de Pulpí (Almería) para poner sus huevos. Esta especie se llama boba no porque sea escasamente inteligente y elija para hacer sus nidos en playas destrozadas por la especulación y la burbuja inmobiliaria. Recibe tal nombre porque como reptil de sangre fría que es, tiene por costumbre tomar el sol en la superficie del mar quedándose flotando tan plácidamente que resulta muy fácil de capturar.

El caso es que una familia alertó a la Asociación Equinac a través del 112, cuyos voluntarios vigilaron el nido durante varios días para que nada malo le ocurriera. Por riesgos de inundación, responsables del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio decidieron trasladar los huevos e incubarlos en condiciones controladas en instalaciones de la Estación Biológica de Doñana en Sevilla.

Una vez nacidas, las pequeñas tortugas se trasladaron unas a las instalaciones del Centro de Gestión Sostenible del Medio Marino Andaluz de Algeciras y otras al Acuario de Sevilla. Lee el resto de la entrada »

Técnicas de supervivencia para luchar contra el desierto

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Cerca de 115 millones de hectáreas de tierra fértil están afectadas en Europa por la erosión, cuatro veces más que todas las tierras de cultivo de España o que todos nuestros bosques.

Cada año 1.000 millones de toneladas de suelo peninsular son removidas por los fenómenos erosivos, y una superficie de terreno dos veces la de la ciudad de Madrid es hormigonada bajo urbanizaciones europeas. Los incendios se alían al desastre dando alas a un imparable avance del Sáhara.

Si Radio Futura, enamorada de la moda juvenil, aseguraba que “el futuro ya está aquí”, una nueva versión actualizada de la canción debería decir que “el desierto ya está aquí”.

Lo advierte la ONU, promotora este miércoles del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación. A su llamada ha respondido, por ejemplo, una pequeña ONG del Reino Unido, Sunseed Desert, con un programa educativo de acciones prácticas que nos enseñen a luchar contra esas arenas que se nos vienen encima.

Con base en la ecoaldea almeriense de Los Molinos del Río Aguas, Sunseed promueve acciones individuales para interrumpir la erosión y aplicar nuevas técnicas agrícolas que ayuden a regenerar el suelo, algo cada vez más vital.

No son los únicos. Otros proponen huertas urbanas en solares y hasta en azoteas o balcones; incluso instalan panales en los tejados en un intento de recuperar a nuestras amenazadas polinizadoras, las abejas. Recogida del agua de lluvia y su uso en el riego de jardines, algunos verticales adheridos a las fachadas cual eficaz aislamiento térmico. Hornos solares. Reforestaciones populares en tierras marginales pero también junto a instalaciones industriales o a modo de pantallas verdes.

Son pequeños gestos que marcan la tendencia, ese instinto natural de nuestra especie a prepararse para el cambio. Para vivir en un desierto, pero florido.

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Apalean y torturan a un burrito junto a un colegio de Almería

El burrito Capitán

Deplorable estado en que fue encontrado Capitán. © La Huella Roja

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Capitán es igual pero en marroncito. Un tierno peluche de 15 meses, animoso amigo de los niños de un colegio de Almería junto a cuyos muros gustaba de triscar alguna planta.

Niños, aulas, animales con ángel, sensibilidad, educación. Todo estalló en pedazos hace unos días. Un grupo de chavales, por llamarles algo, la emprendieron a golpes contra el pobre pollino. Como bestias salvajes, y que me perdone la fauna por tan injusta comparación. Con una violencia inconcebible, injustificable. Evito los detalles de su fechoría pues se me ponen los pelos de punta descubriendo hasta dónde puede llegar la brutalidad humana, la indiferencia ante el dolor ajeno.

Por suerte también hay gente buena. Como las dos profesoras que avisaron a la protectora “La Huella Roja” y los voluntarios de esta asociación que han logrado salvarle la vida. Trasladado a un refugio para equinos de Sevilla, el burrito podrá recuperarse con asistencia especializada de las graves heridas que aún sufre.

Cerca de 100.000 personas hemos firmado una petición en Change.org pidiendo a la Guardia Civil contundentes medidas legales contra los maltratadores que torturaron y apalearon al animal. Si los pillan, algo poco probable.

Y es que muy mal lo estamos haciendo para que hijos nuestros, amigos y colegas nuestros, nietos nuestros, apaleen hasta casi matar a un pobre jumento. Este año se cumple un siglo de Platero y yo, la obra más famosa de Juan Ramón Jiménez, esa que tantos aprendimos de memoria en el colegio. Entonces todos queríamos tener un asnito para acariciarlo. Ahora vamos hacia atrás.

Veo la foto de Capitán herido y se me cae la cara de vergüenza. ¡Vaya burros de dos patas estamos criando!

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El desierto se frota las arenas del cambio climático

Souss-Massa Acabo de regresar de un viaje por el Sáhara. Allí he tenido la oportunidad de conocer el programa Climatique de cooperación transfronteriza entre España y Marruecos. Un proyecto piloto que estudia las aves migratorias como excelentes indicadores del estado del clima.

Traigo aún impreso en la retina el maravilloso sol africano meciéndose tras las palmeras de ese oasis que es el Parque Nacional de Souss-Massa. Pero también una gran preocupación por lo que se nos viene encima: el desierto.

La zona de estudio es el último cauce estable de agua dulce donde pueden reponer fuerzas miles de aves antes o después de atravesar el inmenso y árido Sáhara. Hasta él llegan retazos finales de bosques casi fósiles como los de argán (el del famoso aceite de la eterna juventud) que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad. Un lugar tan importante como tremendamente frágil, pero sometido a una presión agrícola tremenda.

¿Agricultura en el desierto? Efectivamente, cultivos industriales bajo plástico para satisfacer la demanda europea de frutas y hortalizas, muchos de ellos promovidos por empresarios españoles y franceses.

La nueva Almería se desarrolla en el sur de Marruecos y tienen tanto derecho como nosotros para hacerlo. Otra cosa son las consecuencias ambientales. Las aves hace tiempo que encendieron todas las alarmas. Especies adaptadas a los ambientes saharianos avanzan hacia el norte mientras las norteñas retroceden o se refugian en enclaves montañosos. Otras modifican sus hábitos migratorios. Y todas sufren de una manera u otra el aumento de la contaminación del aire y el agua, la desaparición de los hábitats naturales, el avance de nuestra sociedad urbana y el retroceso del mundo rural tradicional.

Este viernes concluye en Varsovia la 19 Cumbre del Clima. Una oportunidad global para no continuar con este error garrafal, pero todo parece indicar lo evidente. Nadie está dispuesto a levantar el pie del acelerador. Y mientras tanto el desierto se frota las arenas.

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