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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘huella ecologica’

El planeta entra en números rojos

La Tierra vista desde el espacio © NASA

La Tierra vista desde el espacio. © NASA

Australia empezó a ser colonizada por los europeos hace apenas dos siglos. Cuando llegaron allí los europeos vivían allí unos pocos miles de aborígenes. Actualmente el consumo de sus 23 millones de habitantes es tan brutal que si la suya fuera la población mundial necesitarían 5,4 planetas para para satisfacer su demanda de recursos naturales. 4,8 planetas los Estados Unidos. Y 3,3 planetas la idílica Confederación Helvética, alias Suiza. En España 2,1 planetas. Y la Tierra, vista como una entidad única, necesitaría 1,6 planetas.

Desgraciadamente, y a pesar de las buenas intenciones de Stephen Hawking por colonizar cuanto antes el Cosmos, sólo tenemos un planeta. Lee el resto de la entrada »

Este libro (gratuito) te enseña a cocinar sin calentar el Planeta

Hoy quiero recomendarte un buen libro. Interesante y gratuito. Recetas Cocina Comprometida por el Clima. Platos bajos en carbono para chuparse los dedos. Sin necesidad de ser un masterchef. Lo acaba de presentar la Fundación Ecología Desarrollo ECODES y pretende enseñarnos a comer mejor mientras colaboramos en la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera. Son recetas sencillas ganadoras y finalistas del Concurso de cocina comprometida por el clima.

Libro

En líneas generales, los requisitos de una dieta baja en carbono están relacionados con:

  • Consumir productos de temporada y cercanos y si es posible ecológicos.
  • Consumir más alimentos de origen vegetal que animal.
  • Utilizar la energía de forma eficiente antes, durante y después de cocinar.
  • Reaprovechar los restos de comida para elaborar otras recetas.

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¿Dónde está el planeta de repuesto?

Dicen los economistas que las cuentas no cuadran, que gastamos más de lo que tenemos y así nos luce el pelo. Que si no reducimos el gasto actual la crisis se va a llevar por delante nuestro futuro.

Tienen razón. El pasado 19 de abril España entró en déficit ecológico. En apenas cinco meses habíamos gastado más superficie en cultivos, pastos, bosques, pesca, viviendas e infraestructuras que la que el territorio es capaz de regenerar en un año. Roto el equilibrio de nunca consumir por encima de la capacidad natural de recuperación, desde entonces vivimos de prestado. De los ahorros de otros, especialmente de los países pobres, a quienes esquilmamos para abastecer nuestro hambriento mercado al tradicional grito de “quien venga detrás que arree”.

Según datos de la Global Footprint Network, la biocapacidad de España es actualmente de 1,61 hectáreas globales por habitante y año, pero consumimos 5,42 hectáreas. Nuestra “huella ecológica” es por ello más una gigantesca patada que una pisada respetuosa, lo más parecido a la del caballo de Atila.

Si estuviéramos en un sistema cerrado, autárquico, necesitaríamos tres Españas para sobrevivir, pero sólo tenemos una y bastante maltrecha. Curiosamente, la ministra Salgado ni se ha inmutado ante tan descomunal déficit.  Quizá porque el problema es global y “mal de muchos, consuelo de tontos”.

De hecho, el planeta también entró la pasada semana en déficit ecológico, tras haber consumido el total de su presupuesto de recursos naturales para 2011 en nueve meses. Ello significa que desde ahora y hasta el 31 de diciembre estaremos gastando por encima de la capacidad natural de producción de la Tierra.

Vivimos a crédito y, por dura experiencia, sabemos lo difícil que nos va a costar pagar esta hipoteca. Porque no hay un planeta de repuesto.

Dibujo: Acertadísima viñeta de Alberto Montt en sus ya famosas Dosis Diarias.

Os dejo este vídeo, homenaje a nuestro sobreexplotado planeta Tierra y a las personas que han luchado por hacerlo más vivible. Una triste preciosidad.

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Volvamos a la huella ecológica de las abuelas

Se llama Carmela, tiene 84 años y vive en Granada como siempre vivió, como siempre se vivió. Pausadamente. Viendo pasar la vida tratando de mejorarla con esos pequeños actos que al final se convierten en grandiosos para los que día a día nos enfrentamos a un engullidor mundo moderno.

Su nieta Evelin Navarro, aficionada al cine, le acaba de dedicar un precioso cortometraje (presentado al II Festival Ecológico “La Luciérnaga Fundida”) donde nos muestra la diferencia abismal de huella ecológica entre generaciones, cuestionando así el cada vez mayor impacto ambiental de nuestra sociedad para llegar a una felicidad imposible.

Como explica la realizadora, “avancemos hacia el futuro pero aprendiendo del pasado”: más luz natural y menos bombillas, insecticida de limón y clavo, ambientadores con hojas de lavanda y laurel, jabón casero, abanicos en vez de aire acondicionado, ropa de abrigo contra calefacciones, la charla reposada frente a tanto teléfono; mirar más a la calle y menos al televisor. No se trata de volver a las penurias de la postguerra, tan sólo de regresar a un planeta más habitable. Ése del que nuestros mayores tanto nos pueden enseñar.

Es verdad. A ellos siempre les costó tirar cualquier cosa, todo podía valer. Ante la actual vorágine de consumismo global y obsolescencia programada, el escritor Eduardo Galeano (70 años) reconoce que “en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra”, incapaz de cambiar el equipo de música una vez al año, el móvil cada tres meses o el ordenador cada Navidad. A nosotros nos pasa lo contrario, somos incapaces de guardar. Por eso es tan importante el ejemplo de Carmela y de todas las abuelas. Ellas sí que saben lo que es la Slow Life, el disfrutar de las pequeñas cosas, el reciclaje y el desarrollo sostenible. Cuánto tenemos que aprender de todas vosotras.

Visto el corto en el Facebook de la Revista Quercus.

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¿Quién contamina más, un perro o un coche?

Robert y Brenda Vale, dos arquitectos neozelandeses, han escandalizado al mundo con su libro Hora de comer al perro, una pretendida guía de vida sostenible. En ella calculan la huella ecológica de las mascotas y concluyen que es el doble que la de un todoterreno.

Según sus cálculos, un perro mediano se come al año 164 kilos de carne y 95 kilos de cereales, para cuya producción es necesaria una superficie de 0,84 hectáreas. Un perro grande necesita más de una hectárea. Sin embargo, un 4×4 que recorra unos 10.000 kilómetros anuales, teniendo en cuenta la energía necesaria para su fabricación y el gasto de combustible, tendría una huella ecológica de 0,41 hectáreas, la mitad que el perro. La de los gatos sería de 0,15 hectáreas, algo menos que un Volkswagen Golf.

A mí todo este baile de cifras me parece pura demagogia. Es importante conocer nuestro impacto real en el entorno, pero sin pasarnos. Probablemente, con el ahorro de bajar dos grados la calefacción de la oficina podría alimentar a mi perro durante 10 años. Por no hablar de la enorme carga afectiva que conseguimos con nuestras mascotas, imposible de cuantificar. Cualquiera de nosotros renunciaría al coche antes que a su animal de compañía, pero no se trata de escoger. Tampoco de hacerlos vegetarianos (harto difícil). Se trata de tomar conciencia del problema fundamental. Que cada uno de nuestros actos, hasta una caricia, tiene repercusión ambiental.

Echemos mano otra vez a las estadísticas. Hablemos de nosotros. Se ha establecido en 1,8 hectáreas la biocapacidad del planeta por cada habitante, el espacio necesario para satisfacer nuestras necesidades durante un año. En España esta huella ecológica es de 5,7 hectáreas, así que necesitaríamos tres planetas para abastecernos. Desgraciadamente sólo tenemos uno. Piénsalo y actúa, pero no te comas al perro.

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Multas y premios por reciclar basuras

Para una sociedad terriblemente generadora de basuras como la europea, productora de 1,3 millones de toneladas de residuos al año, el reciclaje se ha convertido en una cuestión de interés supranacional.

Reducir la contaminación, aligerar los vertederos, ahorrar energía y recursos naturales, empequeñecer una destructiva huella ecológica superior a las 4,9 hectáreas por habitante, es una prioridad en las políticas medioambientales de Europa.

En nuestro país, la conciencia cívica de separar para reciclar en multicolores contenedores es algo reciente. Cuando yo era pequeño recuerdo como algo común ver cómo en los pueblos se tiraba la basura a barrancos y ríos, para luego prenderle fuego o esperar a que el tiempo la fuera consumiendo. Por suerte hoy es algo impensable, aunque todavía este fin de semana me encontré en el campo dos bolsas de basura que unos domingueros habían abandonado en una cuneta “para que alguien la recoja”.

Desgraciadamente, no estamos verdaderamente concienciados del problema que supone gestionar las ingentes cantidades de basura que producimos diariamente. ¿Cómo lograrlo? Con educación, aunque algunos Ayuntamientos tienen sus propias ideas sobre ello.

En Madrid, inspectores de Medio Ambiente de la capital revisan los contenedores de los portales para comprobar si las comunidades de vecinos reciclan correctamente sus basuras, multando hasta con 750 euros al edificio que no lo hace.

Por el contrario, Oviedo es la primera ciudad de España que ha decidido bonificar a las comunidades de vecinos que reciclan sus basuras bajándolas los impuestos, labor que igualmente controlarán, cubo a cubo, los inspectores municipales.

Multas o premios, el eterno dilema. ¿Cuál os parece a vosotros que es lo correcto?

Personalmente estoy en contra de las prohibiciones de todo tipo como única medida disuasoria, quizá efectiva pero siempre represora. Sin embargo, premiar por no ensuciar me parece igualmente equivocado, por cuanto hablamos de una obligación cívica. Y además, como señalan acertadamente en el blog de ‘Hoy empieza todo‘, ¿os imagináis a lo que se podría llegar en España con medidas de este tipo? Un país donde no sería raro que acabáramos pasando a hurtadillas nuestra basura al contenedor del vecino, denunciándonos unos a otros en ácidas reuniones de propietarios, espiándonos, mirando de refilón el contenido de la bolsa del residuos de la del sexto,…? De locos.

Llega el hombre de bajo impacto

Quiero ser hombre de bajo impacto. De bajo impacto medioambiental, se supone, que no sexual o intelectual. Quisiera reducir mi huella ecológica, el daño que mi presencia en el mundo le provoca al planeta, rebajar al máximo el consumo de materias primas y electricidad, contaminar menos, pasar por este mundo habiendo machacado la Tierra lo mínimo posible. Pero soy incapaz de lograrlo. A pesar de vivir en un pueblo de apenas 200 habitantes, o quizá por ello, me es imposible escapar de una forma de vida intensamente urbana donde el uso del teléfono, el ordenador, internet y el automóvil resultan obligatorios.

Quien sí parece estar lográndolo es el belga Steven Vromman, que el próximo primero de mayo habrá logrado reducir su impacto en el medio natural a niveles mínimos.

Para conseguirlo no habrá utilizado más de 15 litros de agua al día, habrá consumido menos de 1kwh de electricidad diarios y no habrá generado más de 1 kilo de residuos al mes.

Visto de lejos, tampoco parece tan difícil ¿verdad? Pues estáis equivocados. Lo suyo es toda una proeza, sobre todo si tenemos en cuenta que, como señala un reciente reportaje de la Agencia EFE, cada ciudadano de un país del primer mundo consume al día más de 120 litros de agua corriente (ocho veces más) y 40,3 kwh (40 veces más) y produce 0,71 kilogramos de basura, casi lo que Vromman genera en todo un mes.

La huella ecológica es la superficie del planeta necesaria para absorber los residuos y producir los recursos que necesitamos cada uno de nosotros para mantener nuestro actual ritmo de vida. La media en Bélgica es de 5,1 hectáreas, semejante a las 5,4 hectáreas que ocupamos los españoles, aunque todavía muy inferior a la de los Emiratos Arabes (11,9), Estados Unidos (9,6) o Finlandia (7,6) según la Wikipedia. Vromman trata de rebajar la suya hasta 1,5 hectáreas, el nivel que se supone adecuado para permitir que el planeta se recupere al mismo ritmo que lo explotamos.

Pero el ejemplo de este ciudadano de Gante es inasumible para la mayoría de nosotros. Para lograrlo, Vromman ha decidido prescindir de ‘lujos’ cotidianos como usar ropa limpia, comer carne o pescado o utilizar champú. En lugar de ducharse se lava con agua de lluvia recogida del canalón del tejado, cuyo excedente utiliza para vaciar su retrete.

Cuenta también este belga con artilugios ecológicos tan curiosos como un reproductor mp3 que se carga haciendo girar una manivela, o una bicicleta estática que por medio de una dinamo genera electricidad [os pongo foto de ella bajo estas líneas]. Algo que ha justificado así a EFE:

“Es un buen sistema para que mis hijos aprendan que la energía no cae del cielo: si quieren jugar a algún juego del ordenador un rato, antes tienen que pedalear”.

Seguramente su reto es exagerado y poco más que simbólico, es verdad, pero también supone una demostración clara de todo lo superfluo que consumimos compulsivamente a costa de nuestro entorno. Paralelamente, en tiempos de crisis como los de ahora, estas actitudes respetuosas suponen un importante ahorro económico nada desdeñable.

¿Os parece un loco? Quizá lo esté un poco, pero su locura al menos puede servirnos como aldabonazo verde, demostración de que es posible vivir bien sin machacar innecesariamente a la naturaleza.

FOTO: Piet de Kersgieter /Flickr

Galería de los horrores ecológicos

Recientemente Ecologistas en Acción de Albacete ha entregado los premios del II Concurso Fotográfico de Denuncia Ecológica “José Manuel Pérez Pena”.

Un concurso nacido con el doble objetivo de homenajear a un compañero fallecido y fomentar en los ciudadanos una actitud de denuncia activa ante las múltiples agresiones al medio ambiente.

Es una mirada rápida a nuestra huella ecológica, cada vez más profunda e imperecedera, que nos hace reflexionar a todos. Porque si así está Albacete, imaginaros nuestro impacto en lugares mucho más urbanos como las grandes megalópolis españolas.

Imágenes tan cotidianas como vergonzosas. ¿Cuál de ellas te parece la más dura?

El primer premio ha sido para la fotografía “Travesía fallida”, de Antonio Lillo Felipe, que corresponde al río Júcar, entre Alcalá del Júcar y Tolosa. Un triste río de basura.

Segundo premio para la fotografía “Migración eléctrica”, de Isabel Piqueras González, en una imagen tomada a las afueras de Albacete.

Se han otorgado dos terceros premios “ex aequo”. A la fotografía “Punto limpio…”, de Diego Tévar Igarza, perteneciendo la imagen a la localidad de Alcadozo,

y a “Residuos línea blanca”, de Santiago Orovitg García, por una imagen tomada en Bonete.

También se han otorgado dos Accésit. El primero corresponde a Natividad M.G. Otxoa, cuya imagen fue tomada en un área de servicio de Chinchilla,

Y el otro Accésit fue para “Aguas eutrofizadas”, de Ascensión Navalón Fernández, con una fotografía donde se refleja el desequilibrio del río Cabriel, manifestado por un exceso de algas.

Para mí la fotografía más impresionante de todas es la del aparcamiento de esa gasolinera donde los techos se pusieron doblando unos árboles para los que ya no había tiempo de esperar a que crecieran y dieran sombra. Por supuesto se secaron. ¿Se puede ser más bruto e insensible?