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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

¿Y si volvemos a reutilizar las botellas de vidrio?

Foto: Pixabay

Hace mucho, mucho tiempo, o quizá no tanto, las botellas de vidrio (vino, cerveza, leche, refrescos, gaseosas) no se tiraban al contenedor verde una vez usadas. Se llevaban vacías a la tienda donde las habíamos comprado y allí te daban una pequeña cantidad de dinero por lo que entonces llamábamos “devolver los cascos”.

El sistema era muy sencillo

Todas esas botellas tenían un sobreprecio por el envase, que recuperabas al entregar después, por lo que, lógicamente, nadie las tiraba. Las empresas distribuidoras las recogían luego y entregaban a las embotelladoras, que una vez limpias las volvían a llenar y ponían de nuevo en venta.

Envases retornables. Suena a viejuno, ¿verdad? Todo lo contrario. Sin ir más lejos, en Cataluña se ha convertido en una tendencia que podría revolucionar su potente industria vinícola. El proyecto reWINE ha desarrollado durante 20 meses una prueba piloto de un sistema sostenible de recogida, limpieza y reutilización de botellas de vino que ha obtenido unos resultados increíbles: el proyecto ha logrado recuperar 82.239 botellas, lo que representa un ahorro de más de 170.000 kg de CO2 equivalente, las emisiones que produciría un vehículo dando 11 vueltas al mundo.

Reducir más de una cuarta parte la huella de carbono

Según reWINE, la reutilización de botellas de vino en el sector vitivinícola catalán podría suponer un ahorro de más de 100 millones de kg de CO2 equivalentes anuales y 21.756 toneladas de residuos y reduciría, así, un 28% su huella de carbono. Este ahorro surgiría si se reutilizaran las 48.346.793 botellas de vino producidas en Cataluña y vendidas en el mercado catalán.

Una vez más, lo moderno es volver a lo antiguo. ¿Qué modelo han utilizado para desarrollar el proyecto? El de toda la vida: pagarte por devolver los cascos.

Por un lado, se han recogido botellas a través de los restaurantes participantes. Y por otro lado, a través de comercios con sistemas de incentivos. Por ejemplo, varias tiendas de los supermercados Veritas y de Ametller Origen abonaban 10 céntimos a los consumidores que retornaban una botella con la etiqueta reWINE. En el Vallès, también participaron cuatro establecimientos de Caprabo, que vendían botellas de los vinos del proyecto y los consumidores las tenían que devolver en los puntos limpios y entraban en un sorteo para ganar una experiencia vitivinícola. Algunos establecimientos pequeños aplicaban un depósito a la botella (entre 0,13 y 0,5 céntimos) que era devuelto una vez recuperaban la botella.

En el sector de la restauración ya existen bebidas retornables, es verdad. Pero en cambio, la reutilización no está presente en los comercios.

Cuanto más cerca mejor

Según los estudios, estos beneficios ambientales podrían incrementar aún más si se reduce la distancia entre las bodegas y las plantas de lavado y se simplifica la logística.

“Nuestra planta de lavado se situaba a más de 400 km de las diferentes bodegas y aún así se ha demostrado un ahorro en la huella de carbono. Si se situaran plantas de lavado cerca de las bodegas -aproximadamente unos 60 kilómetros, una en cada D.O. para cubrir todo el territorio catalán-, reduciríamos aún más la huella de carbono de la reutilización y aumentaríamos el ahorro entre un 40 y un 50% “, explica Gabriela Benveniste, una de las responsables del proyecto.

Uno de los retos más importantes para implementar la reutilización en este sector es resolver el sistema de retorno de botellas. La logística de recogida de las botellas debe ser fácil y cómoda. Algo que no parece difícil en una sociedad acostumbrada al reciclaje y que cada vez apuesta más por la sostenibilidad y la economía circular.

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