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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Los monos de Gibraltar se extinguen en África

Macaco

Mañana miércoles 16 de marzo se celebra el Día Internacional del Macaco. Los macacos (Macaca) son un género de primates muy especiales. Aparte de nosotros, los únicos que viven más allá de los trópicos, llegando hasta el norte de África, sur de Europa, China y Japón. Se han descrito 22 especies diferentes, siendo las más conocidas el macaco japonés (Macaca fuscata) [el que se baña en agua caliente para huir de la nieve] y la mona de Gibraltar (Macaca sylvanus). Esta última me fascina desde la primera vez que la vi en La Roca, supe de su origen, y años más tarde me la encontré de nuevo en los bosques de cedro de Marruecos.

Es el único miembro del género Macaca que vive fuera de Asia, pero esta cercanía a la supuestamente desarrollada Europa no le ha traído ninguna ventaja. Todo lo contrario. Está en peligro de extinción. En treinta años, la población salvaje se ha reducido un 65%. Lee el resto de la entrada »

El efecto del centésimo mono, falso pero esperanzador

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Es uno de los temas más recurrentes en los libros petardos de autoayuda o de Nueva Era. Citar el efecto del centésimo mono, también conocido como “de los cien monos” o, mejor aún si lo ponemos en inglés, “hundredth monkey effect”. Para quien no lo conozca, la definición de la Wikipedia, donde deja bien claro su naturaleza de bulo pseudocientífico, resulta clara:

Es un comportamiento aprendido propagado rápidamente desde un grupo de monos hasta todos los monos, una vez que se alcanza un número crítico de iniciados [100]. Por generalización, se refiere a un fenómeno por el cual, una vez que una cierta parte de una población ha oído hablar de una nueva idea o aprendido una nueva habilidad, la difusión de dicha idea o habilidad entre el resto de la población se produce en forma instantánea, mediante algún proceso desconocido en la actualidad, más allá del alcance de la ciencia.

Vale sí. Es mentira que unos científicos japoneses comprobaran que algunos monos de una isla nipona aprendieron a lavar batatas, y poco a poco este nuevo comportamiento se extendió a través de la generación más joven hasta que una vez alcanzado un cierto número crítico de monos adiestrados ―el llamado «mono 100»― la conducta se extendió instantánea y milagrosamente por las islas cercanas, cruzando el mar. Esos famosos monos aprendieron de los mayores y no de los jóvenes, como era de esperar, y su descubrimiento gastronómico tardó mucho más que un centenar de monos en generalizarse, sin llegar nunca a extenderse a otras islas con las que no tenían contacto físico.

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Boicot a Gibraltar por su matanza de monos

Gibraltar ha decidido condenar a muerte a 25 de sus famosos monos, de los que ya han sido ejecutados los dos primeros. Y para justificar tan injustificable medida, su gobierno nos miente. El ministro de Turismo de Gibraltar, Ernest Britto, ha explicado tal decisión aduciendo que los monos se han salido de sus zonas restringidas y que el contacto con ellos “conlleva el riesgo de salmonela o hepatitis”.

Mentirosos. Según han denunciado desde el Proyecto Gran Simio, es exactamente al revés. No se ha podido demostrar nunca que los monos nos hayan pasado enfermedades a los humanos, pero sí que los humanos les hayamos contagiado con nuestras miasmas.

En realidad, tras esta terrible decisión sólo hay dos razones. La primera, una absoluta incompetencia de la Administración del Peñón para regular las poblaciones de este macaco introducido. La segunda, las presiones de los hoteleros ante las molestias y destrozos que los primates provocan cuando se cuelan en las instalaciones.

Para ambos problemas hay remedios que en ningún caso pasan por aplicarles la inyección letal. Es necesario dedicar tiempo y dinero al seguimiento de los famosos monos, desarrollando incluso programas de esterilización, como inicialmente estaba previsto, de tal manera que su población no siga creciendo descontroladamente. Y por supuesto, el Gobierno de Gibraltar debe pagar los daños que estos animales producen, como se hace en el resto de Europa ante los ataques de especies emblemáticas como el oso o el lobo. A fin de cuentas, viven de su atractivo turístico, pues son estos animales los que acaparan la mayor parte del interés de los más de 7 millones de turistas que reciben todos los años.

Pero no. Es más fácil matarlos, planificar un programa de exterminio sistemático donde, seguramente, se matará a los más pacíficos, más fáciles de atrapar, y se dejará a los más ariscos, seguramente el grupo que más destrozos provoca en las zonas habitadas. Para garantizar su reclamo turístico como mantenedores de la leyenda que asegura que Gibraltar dejaría de ser británica si los monos abandonan la colonia, los dirigentes del Peñón han decidido mantener un grupo simbólico de 200 ejemplares, pero imponiendo un estricto control de natalidad para que el número de componentes de la manada no se vuelva a disparar.

Indignados por todo ello, el Proyecto Gran Simio y la Liga Internacional de Protección de Primates han pedido el boicot turístico. Que nadie viaje al Peñón ni se aloje en los hoteles de las zonas turísticas de Catalan Bay y Sandy Bay donde esta el grupo de “incontrolados macacos” a los que se quiere eliminar.

Otra paradoja más de nuestra sociedad. Vamos a esos hoteles atraídos por sus famosos monos, y son esos propios hoteleros los que piden su exterminio. Pues conmigo que no cuenten.