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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘arbol singular’

Acabemos con el expolio de los viejos olivos centenarios

Olivo

Cientos de olivos centenarios del sur de Europa, algunos con más de mil años de edad, son cada año arrancados de cuajo y vendidos como adornos para jardines, urbanizaciones, rotondas y campos de golf en países tan lejanos como Estados Unidos o los Emiratos Árabes. Un alto porcentaje no soporta el trasplante y muere por el camino, pero el elevado margen comercial logrado asume con alegría las pérdidas.

Por eso te pido que me ayudes a detener a este expolio. He iniciado una ciberacción en Change.org para solicitar al Parlamento Europeo que se comprometa a proteger estas joyas de nuestro patrimonio, no sólo en España sino en toda la Unión, poniendo así punto y final a tan vergonzoso comercio. Lee el resto de la entrada »

Lucha de titanes para lograr el premio Árbol Europeo del Año

PinoRoble3

Una encarnizada lucha se registra estos días en Facebook. Por iniciativa de Bosques sin Fronteras, los internautas pueden elegir a través de esta red social al candidato español a Árbol Europeo del Año 2016. El plazo acaba esta semana, el día 31 de octubre. Tan sólo tienes que entrar en este enlace y dar “Me Gusta” a tu árbol favorito.

Éstos son los siete aspirantes: La “Gran Carrasca” de El Pedregal (Guadalajara), el pino-roble de Canicosa de la Sierra (Burgos), la olma de Guadarrama (Madrid), la matasequoia del Centro de Investigación Forestal de Lourizán (Pontevedra), el tejo de Bermiego (Asturias), los olmos del Parque de los Príncipes en Sax (Alicante) y el fresno “El abuelo” de la Dehesa de Moralzarzal (Madrid). Lee el resto de la entrada »

¿Te apuntas a una cata de paisaje?

Martin y el roble de Urdax-Urdazubi

Últimamente nos hemos convertido todos en grandes catadores de vino. Vista, olfato y gusto. También tacto, el que nos deja en la lengua su sedosidad o aguja carbónica. E incluso sonido; el del corcho al abrir la botella y su caída libre, más o menos alegre, en la copa.

Hasta ahí parece fácil pero ¿te atreverías a catar un paisaje? ¿Incluso un árbol en concreto? Son mis catas favoritas. Interpretación del paisaje las llamaba antes. Lee el resto de la entrada »

Félix Rodríguez de la Fuente tenía razón

Félix Rodríguez de la Fuente Félix Rodríguez de la Fuente, el gran divulgador de la naturaleza, el culpable de que cientos de miles de personas (yo entre ellas) se apasionaran por el estudio de la naturaleza, tenía razón. La Vieja Tronca es un ecosistema en miniatura, un hermoso concentrado de biodiversidad.

¿Qué es la Vieja Tronca? Ese árbol viejo (un roble, una encina, un chopo) lleno de huecos, quizá el único árbol de la zona o uno de los más añosos del bosque, casa común de la gineta, de la lechuza y hasta del simpático lirón careto, ese ratoncillo con antifaz y cola de pincel. Un ejemplar grandioso superviviente a incendios, vendavales, nieves y hachas; e incluso ese ejemplar ya muerto cuyos huecos siguen dando refugio a todo tipo de animales y su madera vida a multitud de insectos, hongos, líquenes y musgos. Un espectacular set de rodaje en los documentales de Félix.LogoenArbolar

Hoy llamamos a esas viejas troncas árboles singulares o monumentales. Algunos son justamente famosos, como el drago de Icod de los Vinos (Tenerife), el ciprés de Silos (Burgos), el roble de Guernica (Vizcaya) o el Pi de les tres branques (Barcelona). Pero los hay a miles, en cada pueblo, monte e incluso en cada calle.

Porque si la singularidad es una percepción individual, todos tenemos esos árboles preferidos, como los tiene el pastor, el paseante, los niños juguetones o los enamorados.

¿Qué es un árbol singular? Muy sencillo. Aquellos árboles o grupo de árboles que, cuando desaparecen, los echamos de menos.

Ya os he contado que soy el director de un precioso proyecto europeo empeñado en comunicar a la gente las bondades que el árbol viejo, la vieja tronca, el árbol singular, el bosque maduro, nos ofrecen: reductos de biodiversidad, testigos del cambio climático, generadores de paisaje, dinamizadores sostenibles de las economías rurales y herramientas de educación medioambiental.

El proyecto se llama EnArbolar. Lo promueve la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente y está cofinanciado por el programa LIFE+ de la Unión Europea y la Diputación de Valencia a través de su Departamento de Árboles Monumentales, el único que desgraciadamente existe en Europa.

Tenemos una exposición itinerante que ya ha visitado Salamanca, Orense y ahora está en Toledo hasta la próxima semana, en el maravilloso Museo Victorio Macho de la Real Fundación de Toledo. Y que de allí se irá a Valencia, donde estará dos meses.

Si quieres saber más sobre estos árboles y sus incontables beneficios te invito a participar en unas jornadas que sin duda te van a interesar. Las celebraremos el próximo jueves 16 de enero por la tarde en la Real Fundación de Toledo y la entrada es libre. Allí hablaremos de árboles formidables de Europa, pero también de bosques únicos como el Parque Nacional de Cabañeros.

Contaremos además con la presencia de Odile Rodríguez de la Fuente, la hija menor del querido naturalista y directora general de la Fundación que mantiene vivo su legado, quien nos hablará, no podía ser de otra manera, de la Vieja Tronca. ¿Te lo vas a perder?

Pinchando en este enlace tienes toda la información sobre las Jornadas Informativas del próximo jueves 16 de enero en Toledo: El valor de los árboles singulares y bosques maduros en la salvaguardia de la biodiversidad de Castilla-La Mancha.

Foto: Fundación Félix Rodríguez de la Fuente

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Cádiz se queda sin su árbol más histórico y falsamente protegido

Drago

Proteger un árbol singular no consiste tan sólo en apuntarlo en una lista, publicar su nombre en el Boletín Oficial. Puede servir con el Patrimonio Histórico-Artístico, pues por degradado que éste se encuentre casi siempre será posible acometer su restauración. Pero con el patrimonio natural no sirve. Se trata de un ser vivo, un delicado ser vivo con fecha de caducidad. Por eso resulta fundamental su conservación preventiva. Una vez muerto no hay nada que hacer.

En Cádiz lo han comprobado tristemente este sábado. Acaban de perder el famoso drago centenario del callejón del Tinte, símbolo vivo de la historia de la ciudad. Fue con toda probabilidad uno de los primeros ejemplares de drago plantados fuera de Canarias. Por algo el puerto gaditano era el principal enlace del archipiélago canario con Europa, su vinculación comercial y cultural con la metrópoli. Aunque ya Estrabón asegura que en Cádiz había dragos en tiempos de los fenicios.Drago Cádiz

Tenía más de 250 años, así que ya era un ejemplar respetable cuando hace dos siglos los diputados doceañistas elaboraron la primera Constitución de España. Figuraba en el catálogo de Bienes de propiedad municipal inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. La Junta de Andalucía lo incluyó además dentro del ‘Legado patrimonial de los lugares de las Cortes y de la Constitución de 1812’, con todo lo que ello suponía de protección como Bien de Interés Cultural. Una protección que no le ha servido para nada.

Ubicado en el patio de la antigua Escuela de las Artes, las peleas entre Ayuntamiento y Junta de Andalucía por el control del edificio les hicieron olvidarse del viejo drago. Cada vez más vencido por los años pedía a gritos su apuntalamiento. Una sencilla intervención que a buen seguro hubiese impedido su desaparición. Pero nadie movió un dedo por el árbol. Y ahora  que ha colapsado todos tratan (a empujones políticos) de ponerlo otra vez en pie. Ridículo.

Había otro drago centenario en Cádiz. El del patio de la Facultad de Medicina, traído a Cádiz por el cirujano y botánico Pedro Virgili, que también cayó al suelo hace 20 años. Otros dos dragos centenarios han muerto recientemente por culpa de los excesos urbanísticos, uno en El Hierro y otro en Alicante. La lista de esta sangría es interminable. Restar, nunca sumar. Y nuestro patrimonio natural más querido desapareciendo a toda velocidad por culpa de la incuria, la política, el abandono y la irresponsabilidad.

Lo dijo un gaditano universal, Rafael Alberti:

“Hijos del drago, venid a socorrerme. Vuestras oscuras,
invisibles espadas me defiendan”.

Foto: Ecologistas en Acción de Cádiz

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Amortajan al pino que venció al tsunami en Japón

 

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Se conoce como el pino milagroso. Y es eterno. El único de los 70.000 grandes árboles del  bosque Takata-Matsubara, en la costa de Rikuzentakata, capaz de aguantar el terrible terremoto y posterior tsunami que devastó Japón hace ahora dos años. 20.000 personas murieron. Miles de viviendas e infraestructuras quedaron destruidas, reducidas a 25 millones de toneladas de escombros. El accidente nuclear de la central de Fukushima fue terrorífico. Las pérdidas económicas superaron los 10 billones de dólares. Pero el pino centenario, a pesar de sus 173 años, resistió todo lo irresistible. Sin inmutarse. Como ya lo había logrado frente a dos grandes tsunamis anteriores, en 1896 y 1933.

Su imagen, vencedora entre tanta destrucción, dio la vuelta al mundo. Se convirtió en un símbolo. En un icono vivo. En una nueva versión, esta vez vegetal pero igual de asombrosa, de la Cúpula Genbaku de Hiroshima, aquella que aguantó la terrible explosión atómica de 1945.

Venció al tsunami pero no pudo con la sal. La salinidad del agua de mar de la ola gigante le entró por las raíces como un cáncer. 18 meses después de la catástrofe murió de pie. Como mueren los árboles. Su desaparición provocó un nuevo terremoto de desolación, tanto a los supervivientes como a todos aquellos que amamos la naturaleza.

Pero el japonés es un pueblo increíble. Ese árbol no era un árbol cualquiera y no podía tener un final cualquiera. Por eso decidieron amortajarlo. Preservarlo para el futuro.

La operación ha sido tan compleja como costosa. Cortado en pedazos, se han hecho moldes exactos en resina de cada sección, incluidas sus ramas, luego integrados en postes de carbono. El resultado final es, nuevamente, tan milagroso como el propio árbol. Un pino eterno de 27 metros de alto, 1,4 toneladas de peso y un coste de 1,5 millones de euros. ¿Os parece un precio demasiado dinero por una réplica?

Muchos han tachado la operación de tonta, estúpidamente romántica, derrochona, escandalosa. Yo no estoy de acuerdo. Los símbolos son importantes. Aunque sólo sea para recordarnos que la naturaleza nos da lo mejor y lo peor. La vida y la muerte. Los bosques y los tsunamis.

El viejo pino nos enseña una lección que nunca deberíamos olvidar. Nuestra pequeñez.

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Fotos: Colossal y The Telegraph.

Muchas gracias a Pedro Albera (@pedroalver) por pasarme el enlace de la noticia.


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Desidia y destrozos en la higuera mítica del poeta Miguel Hernández

No podía pasar cerca sin visitarla, precisamente en el centenario del nacimiento de su amigo más querido. En Orihuela, “su pueblo y el mío”, me esperaba la nostalgia de aquel a quien nunca conocí pero siempre amé en secreto, Miguel Hernández. El poeta de las tres heridas, cantor de la naturaleza como sólo un pastor sabe hacerlo.

“Volverás a mi huerto y a mi higuera”, nos prometió. Y allí estaba yo reviviendo su poesía en respetuosa peregrinación al árbol mágico de su casa natal, último testigo vivo de las ensoñaciones y desesperaciones del hijo de la luz y de la sombra. Hojas coloreadas pegadas sobre el pavimento me señalaron el camino inequívoco hacia el que ­–estaba seguro­– iba a ser el ejemplar vegetal mejor cuidado de España, pero no. Nuestro país no preserva árboles, los utiliza.

Pobre higuera. Es preciosa, robusta, pero la tienen machacada. A ella, centenaria, pues cuando los padres del poeta compraron la casa ya existía, y a la otra plantada al poco de llegar la familia, cuando Miguel tenía cuatro años. Mutilada más que podada. Y a la que un jardinero ignorante ha rellenado los huecos de su vejez con injustificables pegotes de cemento. Abandonada a su suerte, nada ni nadie impide a los turistas hacer lo que quieran con ella, y por eso todo el suelo aparece compactado por el pisoteo de las visitas que, sin saberlo, ahogan sus raíces.

Algo más han hecho por ella. Este año, con motivo del centenario, un periódico de Murcia ha regalado a todos sus lectores en Orihuela “un trocito” de la higuera hernandiana junto a su certificado municipal de origen. Como si fueran trozos del muro de Berlín, vulgares piedras o huesos de santo.

¿Y el árbol original? ¿Alguien se ha preocupado por él? De las podas salvajes realizadas se han extraído 200 esquejes que, también con certificado oficial, se han repartido por toda España, palacios de La Moncloa y La Zarzuela incluidos. Qué alivio. Cuando matemos entre todos al original nos quedarán las copias.


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La tormenta Xynthia destroza los históricos Jardines de La Granja

La tormenta perfecta, la ciclogénesis explosiva bautizada como Xynthia, se ha llevado muchas vidas y haciendas, pero también ha tenido un efecto devastador en el arbolado.

Especialmente terrible ha sido en La Granja de San Ildefonso (Segovia), cuyos Jardines Reales han quedado arrasados por el temporal. Según reconocen sus responsables, el viento arrancó de cuajo cerca de 300 árboles, en su mayor parte singulares dado su extraordinario tamaño, y obligará a talar otros tantos para evitar accidentes. Un desastre. Y más de 2.500 pinos del bosque de Valsaín se han visto seriamente dañados.

De momento, y como medida cautelar, Patrimonio Nacional ha decidido restringir el acceso público a los jardines del Palacio Real ante el riesgo de que se produzcan desprendimientos de ramas y troncos de gran tamaño que puedan provocar alguna desgracia personal.

Desconozco el estado en el que han quedado los dos árboles más famosos de los jardines, las secuoyas del Rey y la Reina. Plantadas hacia 1867, con 40 metros de altura y 18 metros de perímetro de tronco en la base, están consideradas dos de las coníferas de mayor grosor de toda Europa. Tiemblo por ellas.

Foto: Álvaro Gómez, El Norte de Castilla

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Talan el árbol de Unamuno

Era el último testigo vivo del vergonzante exilio de Miguel Unamuno a la isla canaria de Fuerteventura en 1924. O al menos así lo pensaban muchos vecinos. Y lo acaban de talar.

De nada le ha valido el respeto y hasta la admiración que muchos sentíamos por este venerable superviviente, curtido en mil batallas urbanísticas. Cuando el bello especiero (Schinus molle) conoció al querido rector de Salamanca todo esto era campo abierto. Daba sombra a la última casa camino de la playa, en un destartalado caserío que por entonces se llamaba Puerto Cabras, rebautizado en 1956 como Puerto del Rosario por eso del marketing.

Por aquí bajaba todos los días Unamuno para bañarse desnudo en Playa Blanca (fue precursor del nudismo en España), o para sentarse en un peñasco frente al océano, donde pidió que le enterraran si moría en Fuerteventura. Ya no queda esa piedra, ni el árbol, como tampoco la gran finca agrícola de Diego Miller, el inglés, donde gustaba el escritor de detenerse para ver los camellos y charlar con sus cuidadores.

Pobre árbol, aromático, resistente, extranjero (es originario del Perú), viejo. No le dieron ni el privilegio de morir como mueren los árboles, abatidos por la afilada hoja del hacha. Murió vilmente, arrancado sin compasión por una excavadora, como quien arranca una mala hierba.

Ahora vendrá nuestro alcalde a decirnos que plantará otro o quizá un centenar. No es lo mismo señor político. Las vidas no se pueden intercambiar como mercancías. Ya se lo dijo el propio Unamuno: “Venceréis pero no convenceréis”. Pobres árboles singulares, nos quedamos sin ellos.