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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Entradas etiquetadas como ‘orgullo’

Activismo LGTB en tiempos revueltos

Por CompiBloggui (@CompiBloggui)

Hola compis!!

He de deciros que estoy algo confuso a la vez que indignado y sorprendido. Esta primavera he sentido que se inauguraba con olor arcoíris.

A mi alrededor todo era buen rollo.., la gente habla abiertamente sobre el Orgullo de este año y que, como ya sabéis, es el mundial en Madrid y por ello va a ser una pasada.

Ya se empiezan a ver ya por Chueca (y aledaños) algunas banderas. También lucen los carteles publicitarios del Ayuntamiento de Madrid animando a acudir a la ciudad esos días. El eslogan “Ames a quien ames, Madrid te quiere” me parece buenísimo. Y mientras estamos en estas… llegan las noticias de Chechenia. Lee el resto de la entrada »

Los arco-iris salen de los armarios y ondean en los balcones municipales

Mañana en la capital de España, Manuela Carmena izará la bandera arcoiris que representa la Libertad y la Diversidad. Será un momento histórico que ya este fin de semana se esá reproduciendo  en diferentes ayuntamientos a lo largo y ancho de la península y de las islas: Cartagena, Santiago, Zaragoza, Valladolid… Hasta en Las Palmas de Gran Canarias ondeará la bandera trans. Miguel Ángel Sánchez, presidente de honor de la Fundación Triangulo nos lo cuenta hoy en nuestro blog.

Fotografia de Alejandro Slocker

Algo está pasando, y creo que el movimiento LGBT lo nota. Jamás en nuestra corta historia (sí, aunque os sorprenda, la historia del activismo LGBT en España es muy reciente si la comparas con otras luchas sociales) tantos ayuntamientos españoles han colgado la bandera arco-iris y leído declaraciones institucionales en apoyo a las reivindicaciones de igualdad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. 

Se puede decir que sólo es un gesto, que la realidad de la discriminación no se acaba de un plumazo porque ondee una bandera. Esto es cierto y no lo es, porque quien hace esta crítica no aporta la solución mágica por la cual se pueda pasar de una situación en la que ser gay, lesbiana o transexual sea (como ha sido en nuestra reciente historia) lo peor que le podía pasar a una persona, algo por lo que algunos padres decían: “prefiero un hijo muerto que un hijo maricón”, a ser algo perfectamente aceptado y sin ninguna discriminación. No existe ese camino mágico. El movimiento LGBT ha sido capaz de buscar la alianza y la complicidad de otros movimientos sociales, de la prensa, de las organizaciones políticas, de la ciudadanía más avanzada y poco a poco, con charlas, apariciones en prensa, debates, actividades culturales, festivas, institucionales, etc, poco a poco ir cambiando el imaginario mayoritario. Y en esta fase toca que ayuntamientos de todos los tamaños, grandes y pequeños discutan sobre la necesidad de dar esa muestra de apoyo público, para que no sólo se pueda ser LGBT en Madrid o Barcelona, sino en cada localidad de nuestro país. Colgar la bandera no soluciona todo, claro que no, pero para muchos de nuestros compañeros y compañeras están siendo días de emoción, al ver que las localidades de las que un día tuvieron incluso que emigrar por el desprecio de sus conciudadanos, ahora les reivindican y dicen, esta es tu ciudad y la de todos y todas. Un paso más hacia la igualdad social y real de las personas LGBT. Sólo un paso más, pero qué pasos tan llenos de color vamos dando.

De cómo Margaret Thatcher vio nacer el #Orgullo Minero

Hace sólo una semana que se estrenó en España la película Pride, Orgullo, una historia real que nos recomienda con entusiasmo Ángel Pop (@_angelpop)

Pride

Entré al cine sabiendo que iba a encontrarme con una película ambientada en la huelga del Sindicato Nacional de Mineros, ocurrida en 1984 siendo primera ministra Margaret Thatcher,  y de la ayuda de un grupo de gays y lesbianas que secundaban la huelga mediante fondos. Una historia de dos comunidades tan distintas pero que tiene una cosa en común: la lucha por sus derechos. No creo que importe más que sea una comunidad minera o una comunidad LGTB, lo realmente importante es la lucha en común, codo a codo, sean cuales sean. Y en ese sentido su director Matthew Warchus logra con creces que te metas de lleno en ella.

Representaba muy bien la diferencia cultural entre la ciudad y la zona minera. Y de cómo la fuerza de las convicciones del colectivo LGTB supera la intolerancia y los prejuicios iniciales por parte de la comunidad minera.

Se trata de una película con un reparto coral. Grandes y conocidos actores trabajando a la par con caras nuevas que prometen. No terminas odiando a ninguno, ni siquiera a los malos. El reparto está muy equilibrado, cada uno con un peso y sentido específico. Sus vidas van ganando a medida que las emociones se mezclan entre ellas. Hay verdades absolutas, hechos que emocionan y enternecen, pero no buscan la lágrima.

El director no escarba en morbosidades. Está narrada de una manera limpia, sin profundizar en temas áridos como el SIDA, el maltrato o el machismo, que los cuenta sin buscar el sensacionalismo. Tratándose de un cine social, la película está dotada de buena comedia y buena música. Hay momentos que quieres levantarte del asiento y ponerte a bailar. ¡Qué gran banda sonora!

No se trata de una película perfecta, cinematográficamente hablando, ni creo que pretenda serlo. Es una película valiosa por la sensación final que te deja. Una película de obligada visión por aquellos que no crean que dos ambientes totalmente distintos no puedan unir sus fuerzas y hacer algo grande. Ejemplo de cómo la sociedad va por delante de la ley. La unión de los débiles para apoyarse mutuamente. Ansia de defender los ideales. La Lucha por lo que uno cree. Valores tan necesarios en estos momentos. Un acontecimiento real ocurrido hace 30 años del que podríamos aprender mucho ahora. Sin duda nos iría mucho mejor.

 

La comunidad que no amaba a las mujeres

Por Lucía Rodríguez Sampayo

Orgullo de El Salvador
Orgullo de El Salvador. Foto de Stephanie Mejía

 

Quisiera mostrar que El Salvador es un país mucho más luminoso, interesante y lleno de vida de lo que generalmente se ve. Porque lo es. Pero quien maneja los hilos de la información se empeña en mostrar siempre lo más oscuro, la violencia. Y también en eso hay cosas que quiero decir. Porque el mundo se preocupa, y con razón, de la violencia que les afecta a ellos. Pero el mundo las invisibiliza a ellas, con la misma fuerza con que los mira a ellos.

En El Salvador, como en el resto del mundo, nos quieren mujeres sujetas, subordinadas al orden social y político masculino, dependientes y limitadas por las categorías que los hombres establecen. Y eso es violencia, aunque no siempre conlleve situaciones suficientemente morbosas como para ocupar titulares.

Y en la comunidad LGBTI, como en el resto de la sociedad, se nos quiere someter también al poder de los hombres y sus principios, a su dominación, aunque no siempre sea tan evidente en los discursos, aunque sus proclamas y sus lemas lleven a veces un “toque” de feminismo que intenta hacer creer que aquí sí se respeta la libertad, la autonomía y la diversidad de todas.

No es verdad. El patriarcado se resiente y protesta cuando las mujeres se resisten y reivindican su autonomía, su libertad. Pasa en todas partes, también en España. Pero aquí se puso en evidencia hace unos meses, en el último Orgullo. Un orgullo que llamaron Pride, que contaba con más respaldo social e institucional que nunca; un orgullo que se había vendido un poco (más) al sistema, y que puso en evidencia más que nunca la violencia contra las mujeres.

Porque todo iba bien hasta que ellas decidieron. Hasta que se empoderaron y se apropiaron del 28 de junio; hasta que no quisieron celebrar, sino luchar por su libertad.

Un grupo de lesbianas decidió visibilizar el orgullo de sus vidas, su derecho a ser propietarias de sus cuerpos, a dar y recibir placer, con quien quieren y como ellas lo quieren. Y lo hicieron con alegría, con música, luz y color, pero sin perder ni un ápice del espíritu de lucha que aquel 28 de junio de 1969 en Stonewall dio a luz al Orgullo LGBTI.

Las “Adoradoras de la Santísima Vulva” convocaron a las mujeres a la Marcha de la Diversidad Sexual de 2014, invitándolas a participar en una acción reivindicativa con la cual visibilizar sus cuerpos como “espacios sagrados que han sido históricamente violentados, agredidos, sometidos, humillados y negados”. Y llegaron los problemas: empezaron los insultos, y no tardaron en aparecer las amenazas. El patriarcado se hizo visible, y ya no dejó hueco para el “manto feminista” en el discurso. La violencia de nuevo, ya sin tapujos, fue la herramienta que el propio colectivo LGBTI utilizó para intentar callar las voces disidentes. Porque no era la santificación lo que molestaba, no eran los sentimientos religiosos los ofendidos, no era el pudor lo que generó esa respuesta. Lo que no soportaban era el acto de expropiación: mujeres que nos rebelamos a través de la construcción de una nueva autonomía, que parte de la apropiación de nuestros cuerpos.

Pero las valientes no se sometieron a las amenazas y el miedo, y San Salvador se llenó de lesbianas reivindicando el placer y la autonomía. Y no eran muchas, pero su lucha se hizo grande, y sumó a otras: bisexuales y heterosexuales que saben que esa pelea es de todas; mujeres disidentes, resilientes, comprometidas consigo mismas y con las otras.

23 de Septiembre. Día de la (in)visibilidad de las personas bisexuales

Esta entrada ha sido escrita por RADICA HURA, activista serbia perteneciente a la  organización ‘Los Bisexuales de Serbia’

Radica Hura

Tras el ataque hace unos días, por motivos xenófobos, a un activista alemán que participaba en Belgrado en una conferencia internacional sobre derechos humanos LGTB, las autoridades  serbias siguen expresando dudas sobre la celebración de la marcha del Orgullo el próximo 28 de septiembre.

Se repite el mismo discurso de otros años cuando se prohibieron los desfiles por amenazas de grupos homófobos, organizaciones derechistas y por el ambiente de inseguridad y miedo que estos crearon.

“No es cuestión de si podemos proteger la comitiva, sino de cómo será ésta y de si Belgrado será incendiada”, dijo el ministro Stefanovic el otro día.

En caso de una cancelación sería el cuarto año consecutivo que la capital serbia no acoge esa manifestación.

Parada es el término serbio que usamos para decir ‘desfile’. La Parada puede ser vista como una provocación, o por lo menos eso dicen por aquí.

Muchos entienden que las personas LGBT, lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, existen en este país pero su desfile se considera ofensivo.

Una de las frases más comunes que se pueden escuchar por muchos lugares de Belgrado es “yo no tengo nada en contra los gays, pero desfilar es demasiado”. Y una parte de la comunidad LGBT comparte una opinión similar. No quieren el Pride porque creen que solo busca provocar. Si lo creen así por un tema de autoestigma – homofobia interiorizada que lo llaman en España – o no, no es a mi a quien corresponde juzgarlo.

Yo pertenezco a la parte que sabe por qué quiere manifestarse.

Soy también parte de una minoría dentro de la minoría LGBT. 

Soy una mujer de orientación bisexual.

Creo que mi orientación sexual es parte de  mi identidad.

Yo no decidí convertirme en una mujer bisexual.

Mi bisexualidad es más que una sexualidad.

En Serbia, y otros países tradicionales, la bisexualidad  es vista como una doble identidad porque todo se entiende en términos de ‘blanco o negro’ o de ‘a favor o en contra’. Sin embargo, la bisexualidad está mejor vista y es más aceptada porque la familia supone que será más probable casarse y terminar siendo simplemente heterosexual. En cambio, me escriben personas que están casadas  y que todavía son bisexuales. Continúan siendo bisexuales pero a escondidas. Quieren ir a la manifestación de la visibilidad bisexual pero solo si no hay periodistas. Estas personas no pueden decir que son gays; no pueden decir que son heterosexuales. Saben que son bisexuales y junto conmigo quieren marcar la fecha de la visibilidad bisexual, que es parte de la semana del orgullo.

Mientras la comunidad LGBT serbia estos días -esperando que el Ministerio  del Interior serbio (des)apruebe el desfile- celebra la semana del Orgullo, hoy también celebra el día de la (in)visibilidad de las personas bisexuales.

Manifestando diversidad

Fotografía de Danilo Urbina