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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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5 razones por las que el flamenco esconde la cabeza y no te sirven a ti

Flamencos comiendo. Todos boca abajo salvo cuatro que vigilan. Foto Wikimedia Commons

Por mucho que cerremos los ojos o escondamos la cabeza, los problemas no desaparecen. Y no lo digo solo por la actitud alelada del alcalde de Madrid ante la muy real y peligrosa nieve helada que cubre estos días la ciudad.

Todos tenemos en la cabeza el falso mito de que las avestruces [y algunos alcaldes] esconden la cabeza bajo tierra, pensando como los niños que si no ven al peligro el peligro no las ve a ellas. Es falso, como ya dejó claro mi compañero Alfred López . Intenta atrapar a una avestruz [o un alcalde] y ya verás cómo corre.

¿Y qué pasa con los flamencos? Paseando por las salinas de Molentargius, en Cerdeña, me encontré estos días con un adulto de flamenco especialmente confiado. Pasaba de mí, todo el rato con la cabeza metida dentro del agua, incapaz por tanto de controlar los peligros que pueden acecharle a su alrededor.

Una observación que también me ha permitido recordar por qué tienen el pico al revés y visten ese hermoso color rosado.

Míralo en este vídeo de mi canal de YouTube [y ya de paso te puedes suscribir].

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Conoce las marismas del Odiel: casa encharcada de flamencos y águilas pescadoras

Colonia de flamencos en las marismas del Odiel.

Bienvenido a las marismas del Odiel, un lugar tan heroico como hermoso y asombroso.

La casa común de 200.000 personas, el desastroso paraje industrial de algunas de las industrias más contaminantes de Europa, es también el paradójico paraíso de unas 4.000 parejas de flamenco común, siete de águila pescadora, 500 de espátula e incluso varias familias de nutria.

Más que paraíso amenazado, el Paraje Natural de las Marismas del Odiel es un paraíso consentido, también constreñido entre la ciudad de Huelva, su área metropolitana, su potente industria química y sus peligrosas balsas de fosfoyesos (120 millones de toneladas) terriblemente tóxicas y radiactivas.

Por eso la sorpresa es aún más grande cuando el visitante se adentra por un paisaje marismeño, entre salinas y aguazares, muy similar al que despidió a Cristóbal Colón cuando salió de aquí camino de ese nuevo mundo que hoy llamamos América.

En este vídeo de mi canal en YouTube te resumo la experiencia de mi última visita a tan extraordinario lugar.

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