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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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¿Has visto alguna vez una luciérnaga?

Lampyris_noctilucaEs un insecto relativamente común en España. Nocturno pero con luz propia, así que resulta muy fácil distinguirlo en la noche. Y sin embargo, ¿has visto alguna vez una luciérnaga? O también: ¿Cuánto tiempo hace que no ves una?

En mi caso años. Y eso que acostumbro a salir a ver estrellas o escuchar lechuzas y chotacabras.

Las enigmáticas luciérnagas son cada día más difíciles de ver. Por eso me ha encantado la iniciativa de un grupo de naturalistas españoles, empeñados en recuperar la popularidad de unos escarabajos con luz propia que durante siglos acapararon la atención de niños y mayores durante las cálidas noches de verano. Su página web gusanosdeluz.es aporta una abrumadora información sobre estos misteriosos animales, con tanto rigor científico como sencillez. No es que os la recomiende. Resulta de obligatoria lectura para todo curioso de la naturaleza.

Primer dato importante a tener en cuenta si se quieren observar luciérnagas: buscarlas en verano. Los adultos viven escasamente una semana y tan sólo desde finales de junio y hasta principios de agosto, época en la que podremos descubrir sus bombillitas encendidas.

Las larvas viven mucho más tiempo. Dos años. Pero en el suelo, alimentándose de caracoles y babosas como si fueran pequeños leones succionadores de proteínas. Al ser bianuales, en el mismo lugar hay siempre en realidad dos poblaciones casi genéticamente aisladas, las que nacen en los años pares y las que lo hacen en los años impares.

Son las hembras, más grandes, las que iluminan su abdomen para atraerse la atención de los machos, mucho más pequeños que ellas. Apenas un par de horas, de 10 a 12 de la noche. Y cuando logran aparearse apagan la luz para dedicarse a poner los huevos. Así que cuanto más éxito tienen en el cortejo menos posibilidades tenemos nosotros de verlas.

¿Cómo logran producir esa luz tan brillante? Gracias a la bioluminiscencia, una reacción química que se produce de forma natural en el interior de su cuerpo.

Y la pregunta del millón: ¿Hay ahora menos luciérnagas o es que no las buscamos? Pues todo indica que cada vez hay menos. Insectos a fin de cuentas, el abandono y mecanización del campo, uso generalizado de insecticidas e incluso la contaminación lumínica, que desorienta a los machos, han reducido su número. Pero también es verdad que vamos mucho menos a pasear por la noche a la luz de la Luna. Pregunta a tus padres y abuelos. Seguro que te dicen que antes se veían más.

De este año no pasa. Gracias a  gusanosdeluz.es me ha entrado el gusanillo (luminiscente). Voy a ponerme a buscar luciérnagas en la noche. Espero ver muchas y enviar la información a estos entusiastas amigos de las luciérnagas. ¿Te apuntas?

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Las mariposas ayudan a luchar contra las enfermedades raras

Mariposa isabelina

Existen pocas cosas más bellas que una mariposa, su vuelo, su colorido, su fragilidad. Frágiles como quienes sufren de enfermedades degenerativas tan raras como la esclerosis lateral amiotrófica, la misma que padece el físico Stephen Hawking. Por eso me parece importante dar publicidad a un proyecto maravilloso: Mariposas por la vida.

Se trata de un libro solidario muy especial dedicado a nuestras queridas mariposas diurnas españolas. Solidario, pues en él han colaborado desinteresadamente más de 100 fotógrafos de todo el país junto a las webs Biodiversidad VirtualFotoNaturaMirada Natural. También, y muy especialmente, porque ha sido el sincero homenaje a un amigo, entusiasta de estos bellos insectos, afectado por la terrible enfermedad. Y porque todo el dinero recaudado con esta publicación se destinará a la Fundación Miquel Valls.

Una guía visual con más de 250 páginas llenas de color, vida, naturaleza y, sobre todo, solidaridad. Que puedes comprar directamente a través de este enlace.

Portada

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Los plaguicidas ponen en peligro a las abejas y a toda la agricultura

European_honey_bee_extracts_nectar

En 1962 Rachel Carson nos habló de esa Primavera Silenciosa, un planeta sin aves canoras al que estábamos condenados si seguíamos utilizando el DDT, peligroso y cancerígeno insecticida. 10 años después se prohibía su producción y uso, aunque todavía hoy la leche materna presenta altas concentraciones de este tóxico; las mujeres españolas el doble que la media europea.

En la India un antiinflamatorio, el diclofenaco (Voltarén), utilizado tanto para la artritis en humanos como para tratar afecciones del ganado, provocó en una década el exterminio del 95% de los buitres, decenas de millones de ejemplares. Los medicados cadáveres reventaban los riñones de las carroñeras, al provocarles una mortal insuficiencia renal. Su uso veterinario está ahora prohibido.

Como con los buitres, algo muy parecido está ocurriendo con las abejas. Desaparecían por millones y nadie sabía la razón. El misterio de las colmenas vacías ha sido finalmente desvelado. La culpa la tienen los plaguicidas neurotóxicos. Ante las muchas evidencias científicas, la Comisión Europea propuso en enero pasado prohibir tres de estos insecticidas (imidacloprid, tiametoxam y clotianidina). Pero es una solución parcial. En realidad se deberían prohibir todos. Urgentemente.

Un mundo sin abejas es mucho peor que un mundo sin pájaros. Por cada euro que estos insectos producen en forma de miel, polen, cera, jalea real o propóleo, revierten 20 euros en forma de polinización. Sólo para Europa este desinteresado trabajo vale 22.000 millones de euros, pues de él depende la germinación del 84 % de los 264 principales cultivos agrícolas. Lo mismo ocurre con las plantas silvestres.

Empeñados en convertir la producción mundial de alimentos en una beneficiosa factoría de enormidades enlatadas no nos damos cuenta de lo evidente: sin abejas no hay paraíso. Ni futuro.

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La biodiversidad se nos escapa de las manos

Según el Convenio Internacional sobre la Diversidad Biológica, Biodiversidad hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y los patrones naturales que la conforman. Es por tanto nuestra herencia, el resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales, pero también de manejo creciente por el ser humano.Y como herencia supone igualmente el legado que dejaremos a las generaciones venideras, pasado y futuro capaz de garantizar la supervivencia, el bienestar, de los hijos de nuestros hijos.

El problema, el grave problema, es que estamos acabando con este legado a una terrible velocidad. Y aún peor. No tenemos ni idea de lo que estamos destruyendo. Baste como muestra dos recientes informaciones que han aparecido en el portal de noticias de ConSuma Naturalidad.

La primera hace referencia a la biodiversidad productiva y se llama Fuensanta. Es una “ternera probeta” de raza Murciano-Levantina obtenida por procedimientos de biotecnología reproductiva.Una raza autóctona tan amenazada de extinción que sólo quedan de ella 60 ejemplares en el mundo. Y que para venir al mundo ha necesitado una “madre de alquiler” de raza común, junto con óvulos y espermatozoides de la raza olvidada congelados en un laboratorio. Quién le iba a decir al ganadero murciano, al carretero que hace apenas 50 años transportaba yeso y piedra por la Huerta, que esas vacas de toda la vida iban a acabar como raro experimento genético.

La segunda noticia nos habla de lo que desconocemos, la biodiversidad silvestre más diminuta ¿Cuántas especies de insectos hay en 1 hectárea de selva tropical? Sólo en un bosque de Panamá acaban de detectar la impresionante cifra de 6.144 artrópodos diferentes, muchos de ellos únicos. Pero por contra, cada año son talados en el Planeta 20 millones de hectáreas de estos valiosos bosques.

Resulta evidente. La biodiversidad (productiva y silvestre) se nos escapa de entre las manos. Esa herencia evolutiva, el legado de nuestra historia biológica, la estamos destruyendo a toda velocidad como quien quema sin parar billetes de 500 euros.

Foto de la ternera Fuensanta: La Verdad.es

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El mosquito tigre amenaza al turismo español

La noticia ha tenido escasa repercusión mediática. Los científicos han localizado una población estable de mosquito tigre (Aedes albopictus) en el municipio de Bunyola (Mallorca).

Vaya novedad, dirán algunos. Mosquitos hay en todas partes. Es verdad, pero no como éstos. Detectados por primera vez en España en agosto de 2004 (Sant Cugat y Cerdanyola del Vallès), en apenas cinco años los mosquitos tigre han colonizado el litoral mediterráneo extendiéndose por Cataluña, Castellón, Alicante, Murcia y, ahora, también Baleares.

Su llegada afecta muy negativamente a las zonas turísticas, impotentes para evitar ataques a una clientela que huye espantada. Sólo quien han sufrido la dolorosa picadura de este insecto originario del sudeste  asiático sabe bien lo que supone la aparición de tan molesto invasor. Son muchos quienes rechazan conocidos lugares donde pasar las vacaciones si saben que en ellos medran tan molestos vecinos.

Como la mayoría de los mosquitos, las únicas que pican son las hembras, pero éstas lo hacen con especial daño, igual de día que de noche. Y crían en cualquier mínimo lugar con un poco de agua como jarrones, cubos, macetas, latas y hasta juguetes abandonados, haciendo prácticamente imposible su erradicación. Por algo está considerada una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.

El mosquito tigre es un insecto que se reconoce por su mayor tamaño y por las rayas negras y amarillas de aspecto atigrado que presenta en el cuerpo y patas. No es venenoso ni contagia enfermedades raras, pero pica que se mata.

Convertido en un turista más, es sin duda el menos deseado, el más incómodo y contraproducente. Un bicho al que las abundantes lluvias de este templado otoño le darán más alas para invadir nuevas ciudades, nuevas zonas hoteleras, nuevos centros turísticos y residenciales.

Podíamos, deberíamos, haber evitado su llegada a España con controles serios en las fronteras, pero la batalla está perdida. Como se ha perdido para evitar el avance del picudo rojo que devora las palmeras, del mejillón cebra que atasca cualquier tubería, de la avispa asesina que nos deja sin abejas, del caracol manzana que arrasa los campos de arroz. El mundo es ahora tan global que hasta compartimos las plagas. Sin programas serios de detección y erradicación temprana, estos nuevos invasores tienen todas las de ganar. Y nos confirman lo que ya sabíamos. Que cada cosa, animal o planta tiene su sitio en el planeta y debemos dejarlos en ese sitio. O si no, atengámonos a los picotazos.

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El futuro es promiscuo, al menos para las mariposas

En la variedad está el gusto… y el futuro. Así lo piensan las mariposas. O al menos así lo interpretamos nosotros después de que un importante estudio científico haya demostrado que la promiscuidad, incluso con elementos totalmente ajenos a los intereses y hasta a los genes de la propia especie, ayuda a sobrevivir; a sobrellevar con éxito eso que llamamos lucha por vida.

En principio nos referimos a las mariposas, aunque somos muchos quienes incluso en estos sesudos descubrimientos creemos ver un guiño cómplice de la naturaleza. Será el verano.

Os doy más detalles. Un numeroso equipo internacional de investigadores ha secuenciado por primera vez el genoma de la mexicana mariposa del cartero (Heliconius melpomene). Los resultados, publicados en la revista Nature y dados a conocer por la Agencia SINC, demuestran que la reproducción entre diferentes especies de lepidópteros ha contribuido positivamente al intercambio de colores para perfeccionar su mimetismo, herramienta fundamental que evita a los depredadores.

No contentos con desear a la vecina del bosque de enfrente, el haber buscado y logrado una hibridación aparentemente antinatura les ha traído a estos lepidócteros más ventajas que inconvenientes. Las mariposas habrían mejorado así su camuflaje y, con ello, aumentado la supervivencia. Sin embargo, este mariposeo no es habitual. Según los investigadores, sólo entre uno de cada mil y uno de cada diez mil ejemplares del promiscuo insecto recolectados en el medio silvestre es híbrido.

No sé a vosotros, pero a mí esta noticia me ha desatado la libido veraniega. Y me hace pensar en Jack Nicholson y Jessica Lange ¿Qué por qué? Pues porque a la mariposa se le llama “del cartero” y, como en la película protagonizada por ambos actores, el repartidor “siempre llama dos veces”. De casa en casa, de flor en flor. ¿Será el calor, querida Jessica?

Referencia bibliográfica:

The Heliconius Genome Consortium. “Butterfly genome reveals promiscuous exchange of mimicry adaptations among species”. Nature 7398 (485): 1-5, 16 de mayo de 2012. DOI: 10.1038/nature11041

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Las moscas también beben para olvidar el mal de amores

Cuando El Principito llegó al planeta del bebedor la justificación de éste fue penosa: “Bebo para olvidar que tengo vergüenza de beber”. Parece muy humano eso de ahogar penas en alcohol, pero no se crean, hasta las moscas olvidan sus frustraciones en tequila. O mejor dicho, en etanol al 15%. De acuerdo con un estudio elaborado en la universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) y publicado en la revista Science, los machos de la mosca de la fruta rechazados sexualmente prefieren las bebidas alcohólicas a las sin alcohol. Los experimentos fueron interesantísimos, aunque por pura empatía se nos revelan como auténtica tortura para los pobres animales.

Primer experimento: Un grupo de moscones afortunados se unió con hembras receptivas en proporción de 5 a 1. En otro grupo, cada macho tenía tres encuentros diarios de una hora con hembras satisfechas que acababan de copular y rechazaban el nuevo cortejo. Tras cuatro días se juntaron todos a comer, pudiendo elegir alimentos normales o con alcohol añadido. ¿Se imaginan lo qué ocurrió? Efectivamente. Los machos que no se habían comido un colín se lanzaron al vicio, mientras los sexualmente satisfechos eligieron positivamente la comida sin aditivos.

Segundo experimento: Los machos rechazados son posteriormente llevados a un entorno con numerosas hembras receptivas. Tras disfrutar con ellas volvieron a meterlos en el recinto con comida. ¿Saben lo que pasó? Lo lógico. Satisfechos sexualmente ya no probaron el alcohol.

Fuera de nuestra lógica (y experiencia) humana, la explicación está en los niveles de un neurotransmisor implicado en sistemas de recompensa cerebrales cuyo descenso empuja a la bebida. El experimento puede ayudarnos a superar adiciones y depresiones pero, lo que sin duda confirma, es que la distancia entre una mosca y un Homo sapiens es de apenas un vaso de tequila.

Y aunque no venga al caso (o sí) “tómate esta botella conmigo”. Como siempre, Chavela.

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La naturaleza nos desea un feliz año lleno de belleza

Un nuevo año debe ser ante todo un nuevo periodo de paz y esperanza para todos nosotros. También de belleza. La que nos muestra un vídeo que hoy os regalo y, debo confesaros, me ha llenado de emoción y admiración.

El milagro de la polinización es el milagro de la vida, ese misterioso proceso evolutivo capaz de replicar millones de seres vivos para la eternidad, tan diferentes y tan bellos, a mayor gloria de la naturaleza. A pesar de su importancia, este proceso es en gran parte invisible para el ojo humano. En el extracto que ha continuación os dejo, el cineasta Louie Schwartzberg nos muestra el intrincado mundo del polen y los polinizadores con magníficas imágenes rodadas en alta velocidad de su documental “Hidden Beauty: A Love Story That Feeds the Earth“. Esta extraordinaria película está inspirada en la preocupante desaparición global de uno de los polinizadores primarios más importantes del planeta, la abeja melífera.

Unas imágenes perfectas para felicitarnos el año nuevo ¿no os parece? Feliz Año 2012. Y que todos nuestros buenos deseos se extiendan por el mundo como fructífero polen a lomos de un mundo mejor.

Gracias a Ángel Sáchez por pasarme el enlace de este maravilloso vídeo.

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¿Por qué no protegemos a los animales feos?

Somos una sociedad estética. El arte, el paisaje, las relaciones sociales están directamente influidos por el concepto de belleza, esa extraña percepción sensorial que nos empuja a amar lo hermoso y rechazar lo feo.

Inconscientemente aplicamos la misma dicotomía al medio ambiente, centrando la mayor parte de nuestros esfuerzos conservacionistas a la protección de las especies más bellas y espectaculares, pero discriminando a las menos agraciadas. Según un estudio realizado por la Universidad de Pretoria (Sudáfrica) [Species inequality in scientific study], existe una marcada tendencia dentro de la comunidad científica internacional a elegir como objeto de estudio especies caracterizadas por su encanto. Encabezan la lista los grandes mamíferos amenazados, seguidos por las aves, algunos reptiles y unas pocas plantas con flores espectaculares, mientras que los insectos, pequeños mamíferos o peces igualmente en peligro de extinción reciben mucha menos atención y, por consiguiente, muchos menos fondos.

Esta influencia estética es en parte reversible; en mis trabajos de protección del alimoche canario (Neophron percnopterus majorensis) lo primero que hice fue poner en marcha una auténtica “campaña de imagen” que ha logrado transformar en animal guapo a quien siempre se tuvo por feo, primer paso fundamental para lograr su conservación. Sin embargo, con otras especies resulta muy complicado.

Por ejemplo, me escribe un biólogo pidiéndome más atención para el desmán de los Pirineos (Galemys pyrenaicus), un extraño topo acuático de largo hocico muy amenazado, pues sólo vive en ríos de aguas cristalinas. Lo tiene difícil, como quienes estudian los murciélagos o los escarabajos. Bellos, grandes, inofensivos y fáciles de ver, para ellos es el futuro mediático. Entre el oso panda y la víbora hocicuda siempre ganará el bonito peluche, a pesar de que, como ya decía Confucio,

“cada cosa tiene su belleza, pero no todos la pueden ver”.

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Las bombas biológicas empiezan a explotarnos

Vivimos en un mundo global con problemas globales. Económicos pero también medioambientales. De estos últimos las especies invasoras parecen un mal menor, algo anecdótico resultado de la permeabilidad de las fronteras. No nos damos cuenta de su terrible efecto. Son bombas biológicas que nos estallan en las manos, empobreciendo la biodiversidad y provocando gravísimos daños. Como el mejillón cebra, un recién llegado a España capaz de atascar todo tipo de conducciones de agua, responsable de pérdidas anuales en nuestro país superiores a los 100 millones de euros. Y encima no es comestible.

El mosquito tigre y sus dolorosas picaduras nos han expulsado de los jardines. Cataluña secará la mitad del delta del Ebro para combatir una plaga de caracol manzana que amenaza los arrozales. El picudo rojo está matando decenas de miles de palmeras y ha empezado a triturar el Palmeral de Elche, Patrimonio de la Humanidad. La serpiente real de California invade Gran Canaria y amenaza al lagarto gigante canarión. El visón americano acaba con el europeo, además de con otros mamíferos autóctonos e incluso colonias enteras de aves en peligro de extinción. La hormiga argentina se lo come todo. La uña de león liquida la frágil vegetación de los sistemas dunares. El cangrejo chino, el señal y el americano terminarán por extinguir a nuestro cangrejo autóctono. El erizo de lima arrasa los fondos marinos de Canarias. Por no hablar de la interminable lista de especies exóticas traídas como singulares mascotas y que, tras ser abandonadas, se han convertido en la pesadilla de los ecosistemas: pitones, mapaches, coatíes, iguanas, tarántulas, escorpiones,… En España ya hay unas 1.400 especies, entre plantas y animales, que no son autóctonas. Una cifra en rápido y preocupante aumento.

Contra estos destructores biológicos sólo hay una solución, evitar su llegada. Pero no se hace. Luego,transformados en plaga, es ya tarde y poco o nada podemos contra ellos. Tan sólo contemplar su avance imparable contra el medio ambiente y nuestras economías.

Si os interesa este preocupante tema, no os perdáis Invasores, un gran documental escrito y dirigido por el naturalista Luis Miguel Domínguez. Dos años de trabajo para retratar cuántos y quiénes son estas especies recién llegadas, dónde están y cómo viven, a través de un excitante recorrido por la geografia española que saca a la luz un drama ambiental de dimensiones catastróficas.

Se estrena hoy viernes, 5 de noviembre, a las 22 horas, en Madrid, en el Pequeño Cine Estudio. Calle de Magallanes, 1. (Metro Quevedo).

Como aperitivo, os dejo a continuación el trailer del documental.

En la fotografía superior, uno de los cientos de miles de caracoles manzana que han invadido el delta del Ebro poniendo en peligro las cosechas de arroz. Tan grande como una manzana, de ahí el nombre. Qué miedo.

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