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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Más que una historia de amor lésbico, Carmen y Lola

Por Nieves Gascón, (@nigasniluznina)

Escena de la película Carmen y Lola

Es miércoles, casi mitad de la semana y tenemos una invitación para asistir a la premier de Carmen y Lola, película dirigida por Arantxa Echevarría, ya presentada en el pasado Festival de Cannes.

Quedamos media hora antes en la boca de metro de Plaza España, junto al Edificio España. Subimos por la Gran Vía caminando y charlando hasta el Palacio de la Prensa. Cuando llegamos, pasamos directamente a la entrada. Dimos nuestros nombres, simplemente como referencia. Parece que la previsión de asistencia ha superado las expectativas. Se ha habilitado más de una sala para poder dar cabida a la numerosa asistencia. Tratándose de una película sobre mujeres, dirigida por una mujer, lo celebramos aún más.

Antes de la proyección, presenta la película la directora, Arantxa Echevarría, junto a parte del reparto y principales actrices y actores. En las butacas de la sala 2 también está el equipo técnico. Hay un momento mágico de agradecimientos e, incluso, de emoción compartida. Arantxa bromea mencionando sus esplendorosos cincuenta años y, aunque me quedan escasos meses, me siento identificada.

Comienza la película con una primera escena que impacta. Una joven novia gitana, Carmen, pelirroja, embutida en un ceñido, escote palabra de honor y ataviada con corona y enormes pendientes, mirada perdida, permanece sumida en un mar de indecisión. Continúa la trama presentándose Lola, otra joven gitana de enormes ojos y registros dramáticos que seducen al patio de butacas, trasladándonos a su mundo de pájaros, grafittis e inconformismo con lo que le toca vivir. Un padre que le recuerda que con diecisiete años está para que la pida un novio y se case, que no le permite ir a excursiones escolares, pero si ir al colegio escoltada por un hermano más pequeño que ella. Tanto la familia de Carmen como la de Lola, tienen puestos cercanos en el mercadillo, uno de fruta y otro de objetos de segunda mano. Allí se encuentran, ayudando en la venta familiar. A partir de ese momento se van conociendo y comparten de forma cada vez más íntima tabaco, momentos y ternura, con serias dificultades, por supuesto, pero superando barreras e imposiciones que responden a imposiciones y prejuicios socioculturales.

Finaliza la película y entre luces, comentarios, breves y estupendos encuentros, dejamos el Palacio de la Prensa.

En los taburetes de un bar, frente a dos sabrosos pinchos de tortilla, cambiamos impresiones. Coincidimos en que Carmen y Lola es una preciosa historia de amor con enormes detalles. La relación de dos mujeres con poesía, que hace más visibles a las parejas lesbianas y con esta películas las acerca al gran público. Ya va siendo hora de que las historias de amor sean diversas. Vemos un gesto que trasciende de lo intimo a lo político, e incluso  reivindicativo. Un gran paso al reconocimiento en un canal de comunicación y divulgación socialmente tan influyente, como es el cine.

Estamos de acuerdo en que el relato transmite perfectamente el estado psicológico y la realidad adolescente, con fiel manejo de sus creencias, comportamientos y valores. Veo a mis hijas de dieciocho y catorce años en las protagonistas, tanto en sus reacciones como en ese look extendido y multiplicado por miles de veces, de los pantalones cortos, los escasos top, las largas melenas y la ropa ceñida, tan actual y comercial como el de cualquier chica en esta crucial etapa de la vida.

Lo que no terminamos de ver es el espacio político para la reivindicación de los derechos de la comunidad gitana. No tenía porqué, sino se pretendía. La historia reproduce estereotipos a través momentos como el de los cánticos flamenco-espirituales durante los ritos religiosos, la venta ambulante como típica actividad laboral, las novias vírgenes, el clásico y cerril patriarcado representado por la predecible actitud intolerante del padre y las familias lideradas por los hombres, llegando a generar situaciones de conflicto e incluso violencia familiar.

Entendemos que no ha quedado espacio para dejar de lado todos estos estereotipos que, como profecías autocumplidas, van temiendose y apareciendo en el desarrollo de la trama. Quizá se pierde la oportunidad y el sentido de la reivindicación compartida con otro colectivo vulnerable, el de la comunidad gitana, desde una espacio social ya con cierto peso, como el que tiene y representa la voz y lucha por los derechos humanos, de los grupos LGBTIQ.

Apreciamos el trabajo de interpretación de actrices y actores nóveles, apuesta valiente y arriesgada a su vez, que resulta interesante al añadir frescura y autenticidad a la historia.

El desarrollo de la trama es tan envolvente que contribuye al progresivo acercamiento al estado psicológico y afectividad de las protagonistas, acumulándose la tensión derivada del conflicto, que nos mantiene en vilo hasta un abierto desenlace, que no queremos desvelar. Dejemos este misterio invitándoles a descubrirlo en las salas de cine.

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