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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

No somos fantásticas

Por Carolina Laferre (@TSM_es), de Trans·socialmedia – Identidades 3.0

Sebastián Lelio y Daniela Vega en la gala de los Oscars 2018

¿Está la nueva generación de actrices trans al borde de proporcionar un gran avance social? Probablemente, con todo el progreso que se está haciendo en la televisión, la industria del cine está muy ocupada tratando de ponerse al día, después de años en los que personajes trans femeninos en Hollywood, a menudo han sido interpretados por actores cisgénero. La última película de Daniela Vega sigue el ejemplo de la televisión -y alguna que otra cinta para la gran pantalla- confirmando que, nadie que conozca poco o nada el entorno de la transexualidad, puede defender un papel actoral con dignidad. Se necesitan buenas historias, pero, sobre todo, que sean auténticas.

UNA MUJER FANTÁSTICA presenta a una mujer real como la vida misma, y va a representar, definitivamente, un salto cualitativo y cuantitativo para las mujeres trans en el cine. El guión es impetuoso y valiente, en la forma en que muestra a su protagonista, en un grito de denuncia -con la boca bien abierta- ferozmente individualista, mientras trata de sobrevivir a golpe de legitimidad.

Parece que hemos llegado a un hervidero de actrices trans gracias a aquella primera incursión de Netflix donde “la Cox” hizo historia al obtener la primera nominación al Emmy para una actriz transexual (negra, además). La comunidad trans puede reaccionar más o menos positivamente con esta ya histórica estatuilla ganada por Daniela Vega, con un film bien recibido por las críticas internacionales y que arrojará luz -sin duda- sobre las luchas cotidianas a las que se enfrenta una mujer trans en la vida de cada día. Quizás esta sea una oportunidad para darle trabajo a más mujeres trans, lo correcto a nivel interpretativo para representarse a sí mismas y ganarse un espacio pleno de autoestima. Pero yo me pregunto… ¿nos han convertido en tendencia cultural por intereses económicos o verdaderamente ha llegado el momento de dar el salto hacia la sensibilización social?

Sí; soy trans. Pero no estoy de moda ni pretendo estarlo (ni mi identidad tampoco). Nunca ha sido más evidente lo “pasado de moda” que puede representar mi yo más visible, en estos momentos que vivo tan intensamente mi transexualidad. Sin embargo, de alguna manera, ser trans se retrata en los medios como una fase de moda emergente. Estamos en boca de todos. Somos un fenómeno mediático. Y ciertamente; no es una fase, no somos fenómenos. No somos fantásticas.

Como yo misma, y muchas otras más, “Una mujer fantástica” cuenta una historia de forma honesta y con mucho corazón, logrando en algunos momentos que la concienciación trans sea comprensible para todos aquellos que pueden tener dificultades para relacionarse en su vida habitual. Cuando la gente de la calle o el público espectador conoce nuestras historias personales es mucho más difícil “no gustar”, porque es difícil odiar o ignorar a alguien cuya historia íntima conoces. Las mujeres trans necesitamos apoyo -y amigxs y familias- exactamente igual que todo el mundo.

Sí es cierto que “mi historia personal” tampoco está tocada por el fanatismo del sentimiento “T” dentro del cordón umbilical de la LGBI. Siempre he sido muy independiente. Estoy transitando bien, una transición lo suficientemente dulce, como para que no perciba los daños menores que se puedan tomar como “parte integrante” de la transición y la vida, como alguien que se conforma y se acepta trans, fuera del gueto. Esto no quita para que haya quien me tome por algo raro, que haya perdido amigos y muy buenos amigos/as, que no tenga trato con familiares y que me lancen pronombres equivocados persistentemente en la recepción de las administraciones públicas por no tener mi documentación actualizada. Estoy, aprendiendo a aceptarme a mí misma. Trato de ser yo misma sin fisuras. Mi imagen actual, es absolutamente real.

Evidentemente, no puedo ignorar que un porcentaje alto de jóvenes trans han pensado en suicidarse en algún momento de su transición o incluso han decidido acabar con su vida. No ha sido mi caso, pero es importante recordar esto. No es porque no nos guste ser trans, es, porque a la sociedad no le gusta que seamos trans. Quizás la ciudadanía empiece a darse cuenta con píldoras culturales como esta película, que la aceptación sin excepción es una responsabilidad sostenida para todos, independientemente de la identidad de género.

Aunque las organizaciones están comenzando a tomar nota y los engranajes políticos y sociales comienzan a cambiar, aún hay zonas en el mundo que no son seguras para las mujeres trans, y me temo, que es porque el mundo se está volviendo más peligroso, no más seguro. Chile, es uno de esos países. Chile es un país homotransfóbico; está instalado en la propia idiosincrasia chilena. Sentirse diferente allí es un tema complicado. En este punto, que una chilena trans reciba un Oscar es un grito de aseveración para la transexualidad de ese país, aunque no se resuelva mucho… o incluso nada. La sociedad nos impone ser quienes debemos ser, cubriendo los parámetros socialmente correctos, pero nadie pregunta si te sientes bien siendo quien debes ser. Es la lucha constante de una mujer trans; ser una misma y ser querida desde la comprensión, y no, desde la compasión. Como siempre ha manifestado mi querida Ángela Flórez “Ser trans… sin dejar de ser feliz”.

A mí, sinceramente, me faltó peso en el personaje como para que Vega se llevara el Oscar, la verdad, lo que me cuestiona si no se estará ejerciendo una presión adicional en la industria cinematográfica porque se tenga que provocar un cambio al respecto, lo que obviamente garantizaría una mayor “visibilidad” en otros espectros sociales, claro está. No quiero pensar que, ser mujer transexual, esté de moda. Conozco a muchas mujeres trans que tuvieron que lidiar con la realidad. De cómo los demás reaccionan ante personas como nosotras.

Lo que me preocupa con este tipo de narración y la forma en que típicamente es manejada por guionistas, productores y directores “no trans” es que, sea como sea, siempre somos “la otra” aun protagonizando una película galardonada; siempre “la otra”, la desfavorecida, la marginada, la que jamás logrará el éxito en su vida. Por eso pienso, que para crear conciencia, Hollywood y la industria cinematográfica internacional en general debería hacer un esfuerzo concertado para contar historias no contadas sobre personas trans. Sería una buena forma de comenzar un verdadero diálogo y debate social, absolutamente transcendental.

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