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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

‘Trans’ otra vez serás la palabra del año

La Fundeu acaba de elegir como palabra del año “aporofobia” reconociendo con ello una realidad preocupante que debe ser erradicada. Desde 1 de cada 10 nos congratulamos. Trans era otra de las palabras finalistas este año, y por eso le hemos  pedido este texto a  Carolina Laferre (@TSM_es), de Trans·socialmedia – Identidades 3.0

2017 ha vivido momentos, grandes y pequeños, que han marcado las vidas de las personas trans dentro y fuera de la comunidad LGBTI. Algunos campus universitarios han crecido en conocimiento y acercamiento al colectivo, con la proliferación de grupos, asociaciones y eventos de apoyo trans. El cine comercial aborda la temática (aunque con guiones no muy bien enfocados en algunos casos, aunque se agradece la intención) y poco a poco se va sintiendo en la calle la defensa los derechos de las personas transgénero a la vez que se están iniciando medidas en institutos de educación secundaria y hasta en lugares de trabajo, para garantizar una verdadera inclusión y diversidad, y que han adoptado normas de conducta y buena maneras, desarrollando protocolos de actuación con respecto al colectivo para abordar la discriminación homotransfóbica en el entorno escolar y laboral.

Seguimos avanzando: hemos ganado batallas legales importantes este año, culminando con la aprobación en el Congreso de los Diputados de la propuesta para la despatologización de las personas trans en España (por fin, dejamos de ser consideradas enfermas mentales) entre la angustia de unas y la esperanza de otras. Los más jóvenes defienden activamente la identidad de género en su entorno más cercano, y en las redes sociales, existimos y nos visibilizamos con más protagonismo e independencia que nunca.

Para mí, explorar mi verdadero yo se ha convertido en un acto físico de desafío en una conquista personal de años de vergüenza sobre mi identidad y mi forma de decir “esto es lo que soy, esto es lo que somos: TRANS”.

La vida es TRANS y hemos cambiado, ¡claro que sí!  Y se puede cambiar… y pueden cambiar. El problema es que la gente que tiene que cambiar igual no lo hace de la misma forma que tú. Pero merece la pena intentarlo porque… merece la pena cambiar y, al contrario de lo que podía pensar hace tiempo, la gente que he conocido y a la que he llegado sin prejuicios, ha respondido positivamente y ha sido “ésta”, la satisfacción y la aceptación de los demás, lo que andaba buscando desde hace mucho tiempo atrás.

Para las personas trans, 2017 ha sido un año de victorias de alto perfil -no sin esfuerzo- y en el ejercicio de construir y comenzar a dejar huella y de demostrar, para dejar definitivamente de exigir. 2018 puede convertirse en el momento clave, nuestro tiempo, nuestro espacio y nuestro lugar… También ha habido reacciones violentas por parte de asociaciones religiosas extremistas y radicales, que nos han convertido en víctimas de campañas maliciosas y dañinas, con la culpa siempre abofeteando la palabra transgénero. Quizás con ello se haya contribuido aún más y de forma positiva a que “hayamos llegado” a ser un de las palabras de moda finalista  como palabra del año según ha publicado estos días Fundéu BBVA.

Sinceramente pienso que SER TRANS no es algo para emprender por capricho porque sea un trending topic social. No somos fenómenos. Nunca lo hemos sido. Es mucho más que un viaje emocional, físico y hasta espiritual. La transición es para cambiar significativamente tu vida y la vida de quienes te rodean. Es un camino arduo, lento y complicado, y requiere una enooooooorme capacitación personal, enooooooorme paciencia, absoluta determinación y mucha fuerza de voluntad (y algunos productos farmacéuticos, claro está).

Desnudar una vida no es algo exactamente que se cuelgue en un museo, no es algo contemporáneo, pero cuando se trata de una persona trans, parece ser que la cosa cambia. En definitiva, la palabra TRANS ha supuesto el conformarse en un año de retos cumplidos, incertidumbres que se desarraigan, la visibilidad sincera y absoluta… el sentido de la TRANSREALIDAD. Para mí ha supuesto convertirse en mi reafirmación personal a partir de mi viaje a México y Costa Rica pero, sobre todo, y lo digo en voz alta, ha sido un año de confianza y convicción y de inspiración para muchos (especialmente, nosotras). Creo, también, que para la sociedad en general.

Como va siendo habitual en mí, siempre estoy buscando nuevas formas de desafiarme a mí misma y este año no fue una excepción, en el mayor intento por superar mi zona de confort y sacudir el status quo familiar. He conocido a mucha gente que ha abrazado mi identidad de género sin complicaciones. He dejado amigos/as y buenos amigos/as al otro lado del charco que jamás hubiera pensado que iba a conocer en persona, he estado en campamentos muy “heavies”, festivales y congresos, he paseado mi voz por universidades e institutos, y gracias a ello, he ido creciendo a pasos agigantados indescriptibles dentro de un proceso de transición que sólo puedo denominar como “dulce” y feliz, hasta el momento (y espero que siga así).

Está muy claro que #VisibilizarEduca, #EducarSensibiliza y #SensibilizarHumaniza.

Yo también soy TRANS

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