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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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¿Quiénes son más listas, las palomas o las escopetas?

Torcaces

El sistema tradicional de caza de palomas en el Pirineo navarro es tan curioso como antiguo. Desde atalayas o trepas el palomero es capaz de dirigir hacia redes ocultas grandes bandos de torcaces lanzándoles con pericia unas palas que las aves confunden con rapaces. También hay torres para hacer tiro al vuelo contra ellas. Las víctimas son poblaciones norteñas que, como las grullas, eligen las dehesas ibéricas para pasar el invierno. El momento de esta espectacular migración es justo ahora, cuando cruzan por millones los collados pirenaicos más occidentales en busca de comida y buen tiempo.

Así ha sido siempre. Los primeros datos sobre palomeras en valles famosos como Etxalar aparecen en una fecha tan lejana como 1378. Desde entonces, seguramente desde mucho antes, las palomas se cazaban allí por miles. Por un único valle llegaron a cruzar hace pocos años un millón de ellas, una tercera parte de todas las que arribaban a España.

Pero de repente todo ha cambiado. En las palomeras navarras cada vez hay menos capturas. Y en este caso la culpa no la tiene el descenso poblacional, todo lo contrario. Cada vez hay más torcaces. Sólo en nuestro país, y de acuerdo con SEO/BirdLife, entre 1998 y 2011 esta paloma ha aumentado un 63,8%. Entonces ¿por qué ya no pasan por Navarra?

Pues porque son muy listas. Según demuestra el profesor Pancho Purroy, una de nuestras eminencias en el estudio de las aves, prácticamente la mitad de las torcaces deciden hoy viajar por la ruta costera. Se libran así de recibir disparos en pasos tradicionales donde llegaban a abatirse hasta 10.000 en una mañana. También cruzan más rápido, en menos días, más alto de lo habitual y en números más grandes. Todo con tal de ponérselo más difícil a los cazadores. Eso se llama, o podría llamarse, “inteligencia evolutiva”. ¿No te parece?

En este vídeo te explican el método de caza. Personalmente, me alegro de que las palomas hayan encontrado rutas alternativas para escapar de esta tradicional encerrona.

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¿Sabes cuál es la rapaz más aficionada a la cultura urbana?

falcons

Le encantan las ciudades Patrimonio de la Humanidad como Granada, Salamanca o Córdoba. Monumentos únicos como el templo de la Sagrada Familia en Barcelona. Museos como el de América en Madrid. También modernas torres acristaladas de oficinas. O catedrales. En todos estos lugares, e incluso en viviendas de protección oficial, el pájaro más salvaje e indómito de nuestra fauna peninsular se ha hecho urbano. Y muy cultureta. Es el halcón peregrino (Falco peregrinus).

Menos perseguido por palomeros, cetreros y traficantes de huevos, sus poblaciones van en aumento en las ciudades. En el campo les va peor, pues los pesticidas, pero sobre todo el cada vez mayor número de búhos reales, que no dudan en cazarlos mientras duermen confiados, les mantiene en situación de peligro.

Como en el famoso cuento del ratón de ciudad y el de campo, el halcón urbanita se ha sabido adaptar de maravilla a la urbe. En ella encuentra comida abundante entre tórtolas, palomas y cotorras. Y nuestras edificaciones son para él inmejorables cantiles. Tiene además un sorprendente aliado: nosotros mismos. Numerosas ciudades españolas están desarrollando con éxito programas de reintroducción de la rapaz.

De esta forma, cada vez resulta más fácil ver pasar sobre las calles o el parque un gran bólido alado. ¿Es un cohete? ¿Es un avión? No. Es el halcón peregrino.

Especialmente original es el proyecto granadino. Os recomiendo dar un paseo por su blog Palabra de halcón. Y echarle una visual al divertido vídeo que os dejo a continuación: ¿Quién está llegando a Granada?

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Hasta el gorrión se extingue

Sí amigos. El gorrión se extingue. El pájaro más abundante de pueblos y ciudades, el único que nos ha acompañado fiel desde el Neolítico, se bate en retirada. No hoy ni mañana, es verdad, pero sus tendencias mundiales a la baja son cada día más preocupantes.

Nuestras ciudades irrespirables, ajetreadas, apretadas, resultan ya demasiado para él y se va. Lo echaremos de menos, pues a pesar de no ser bello, de no ser un gran cantor, sus piares nos alegran tanto como un beso, nos recuerdan nuestro pasado rural, nuestra condición natural.

Prácticamente se ha extinguido ya de grandes ciudades europeas como Londres, Dublín, Edimburgo, Praga o Berlín. En Gran Bretaña han desaparecido 5 millones de parejas en los últimos 30 años. La situación no es aún tan alarmante en España, donde con una población de 10 millones de parejas se considera la especie más abundante y más ampliamente distribuida. Pero se comienza a ver una preocupante tendencia negativa. En los naranjales de Valencia, por ejemplo, los descensos son superiores al 90%. Y en el centro de Madrid cada vez hay menos.

Decía el poeta Miguel Hernández que “los gorriones son los niños del aire”, empeñados en una lucha alegre “por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo”. Quizá estos niños se han hecho mayores y se han cansado de nuestros malos modos.

>¿Por qué se extinguen?

En las áreas urbanas la culpa la tiene nuestra excesiva limpieza de calles y jardines, lo que les escamotea alimento. También la competencia feroz de las palomas por esas migajas de nuestros desperdicios.

En las zonas rurales la razón es el despoblamiento de los pueblos, el abandono de las tierras de cultivo, unido a un excesivo uso de productos químicos.

Si hasta los gorriones nos abandonan ¿no será una señal?

Terminemos, sin embargo, con un sabor dulce. Con la poesía del genial Claudio Rodríguez dedicada al humilde gorrión. Ojalá esta simpática ave siga enredada entre nuestros zapatos mucho tiempo.

GORRIÓN

No olvida. No se aleja

este granuja astuto

de nuestra vida. Siempre

de prestado, sin rumbo,

como cualquiera, aquí anda,

se lava aquí, tozudo,

entre nuestros zapatos.

¿Qué busca en nuestro oscuro

vivir? ¿Qué amor encuentra

en nuestro pan tan duro?

Ya dio al aire a los muertos

este gorrión, que pudo

volar, pero aquí sigue,

aquí abajo, seguro,

metiendo en su pechuga

todo el polvo del mundo.

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