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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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El zoo de Almuñécar se convierte en cementerio de animales

El zoológico de Almuñécar (Granada), mal llamado Parque Ecológico de Peña Escrita, es de esas cárceles para animales que ponen los pelos de punta. Mucho más increíble lo es que su propietario sea el ayuntamiento de la famosa localidad turística. ¿Qué hace un municipio gastándose el dinero público en  jaulas para leones?

Algunos lo recomiendan en Trip Advisor como un lugar fabuloso que te hace sentir “como si estuvieras en África”, pues casi puedes tocar a los animales “de lo cerca que están” y a los que puedes ver “casi en libertad”. Pero los técnicos de la Junta de Andalucía no tienen la misma opinión de este centro y hace dos años obligaron a sus responsables a cerrarlo por no cumplir muchas de las exigencias de bienestar animal a las que obliga la Ley.

“Animales sin identificar y sin registrar, fugas, muertes y nacimientos sin control fueron algunas de las causas que derivaron en el cierre del parque”, detalla la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) en un comunicado. Lee el resto de la entrada »

¿Sabes cuál es la rapaz más aficionada a la cultura urbana?

falcons

Le encantan las ciudades Patrimonio de la Humanidad como Granada, Salamanca o Córdoba. Monumentos únicos como el templo de la Sagrada Familia en Barcelona. Museos como el de América en Madrid. También modernas torres acristaladas de oficinas. O catedrales. En todos estos lugares, e incluso en viviendas de protección oficial, el pájaro más salvaje e indómito de nuestra fauna peninsular se ha hecho urbano. Y muy cultureta. Es el halcón peregrino (Falco peregrinus).

Menos perseguido por palomeros, cetreros y traficantes de huevos, sus poblaciones van en aumento en las ciudades. En el campo les va peor, pues los pesticidas, pero sobre todo el cada vez mayor número de búhos reales, que no dudan en cazarlos mientras duermen confiados, les mantiene en situación de peligro.

Como en el famoso cuento del ratón de ciudad y el de campo, el halcón urbanita se ha sabido adaptar de maravilla a la urbe. En ella encuentra comida abundante entre tórtolas, palomas y cotorras. Y nuestras edificaciones son para él inmejorables cantiles. Tiene además un sorprendente aliado: nosotros mismos. Numerosas ciudades españolas están desarrollando con éxito programas de reintroducción de la rapaz.

De esta forma, cada vez resulta más fácil ver pasar sobre las calles o el parque un gran bólido alado. ¿Es un cohete? ¿Es un avión? No. Es el halcón peregrino.

Especialmente original es el proyecto granadino. Os recomiendo dar un paseo por su blog Palabra de halcón. Y echarle una visual al divertido vídeo que os dejo a continuación: ¿Quién está llegando a Granada?

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Volvamos a la huella ecológica de las abuelas

Se llama Carmela, tiene 84 años y vive en Granada como siempre vivió, como siempre se vivió. Pausadamente. Viendo pasar la vida tratando de mejorarla con esos pequeños actos que al final se convierten en grandiosos para los que día a día nos enfrentamos a un engullidor mundo moderno.

Su nieta Evelin Navarro, aficionada al cine, le acaba de dedicar un precioso cortometraje (presentado al II Festival Ecológico “La Luciérnaga Fundida”) donde nos muestra la diferencia abismal de huella ecológica entre generaciones, cuestionando así el cada vez mayor impacto ambiental de nuestra sociedad para llegar a una felicidad imposible.

Como explica la realizadora, “avancemos hacia el futuro pero aprendiendo del pasado”: más luz natural y menos bombillas, insecticida de limón y clavo, ambientadores con hojas de lavanda y laurel, jabón casero, abanicos en vez de aire acondicionado, ropa de abrigo contra calefacciones, la charla reposada frente a tanto teléfono; mirar más a la calle y menos al televisor. No se trata de volver a las penurias de la postguerra, tan sólo de regresar a un planeta más habitable. Ése del que nuestros mayores tanto nos pueden enseñar.

Es verdad. A ellos siempre les costó tirar cualquier cosa, todo podía valer. Ante la actual vorágine de consumismo global y obsolescencia programada, el escritor Eduardo Galeano (70 años) reconoce que “en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra”, incapaz de cambiar el equipo de música una vez al año, el móvil cada tres meses o el ordenador cada Navidad. A nosotros nos pasa lo contrario, somos incapaces de guardar. Por eso es tan importante el ejemplo de Carmela y de todas las abuelas. Ellas sí que saben lo que es la Slow Life, el disfrutar de las pequeñas cosas, el reciclaje y el desarrollo sostenible. Cuánto tenemos que aprender de todas vosotras.

Visto el corto en el Facebook de la Revista Quercus.

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Vuelven los pajaritos fritos

Algo debe de tener lo prohibido que tanto nos atrae. Tenemos los hipermercados repletos de todo tipo de comidas procedentes de todo el mundo, pero las ilegales nos gustan especialmente.

El venado se puede comer en muchos restaurantes, aunque si ha sido cazado por furtivos y logrado de estrangis sabe diferente, mucho mejor. Los cangrejos de río se venden en las pescaderías, pero esos son americanos, y siempre hay gente con tanto dinero como poco seso dispuesta a comprar los últimos cangrejos autóctonos españoles.

¿Se acuerdan de los pajaritos fritos? Fueron durante siglos la tapa más famosa de nuestras tabernas, especialmente de Madrid hacia el sur, tan popular como barata. Cazados con redes y cepos, se atrapaban por millares todo tipo de aves, la mayoría insectívoras como las currucas o los escribanos. Desplumadas y fritas en aceite bien caliente, se comían en cazuelas de barro, cubiertas con sombreretes de papel. Por suerte, la Unión Europea nos obligó a desterrar tan salvaje opción gastronómica.Pero se siguen comiendo.

Sin ir más lejos, Irene Ruiz se encontró este invierno en Posadas(Córdoba) decenas de cepos de costilla bajo los que encontró recién muertos numerosos mirlos, colirrojos y petirrojos.

Y Juan Ramón ha localizado este verano dos mesones en Granada en cuyas cartas de tapas se anuncian sin complejos raciones de pajarillos fritos por 12 euros. Respecto a estos últimos quiero creer que en realidad sean codornices a modo de ecológico sucedáneo, aunque tengo mis dudas.

¿Cuándo nos quitaremos de encima tan perversa atracción por lo prohibido? ¿O será nostalgia de los tiempos del hambre, la cazurronería y el estraperlo? En todo caso, quien come pajaritos fritos es que, definitivamente, tiene el cerebro frito.

En el siglo XVII se preparaban en hatillos de seis “paxarillos” lardeados con tocino y asados todos ellos juntos a la sartén con unos dientes de ajo y algo de pan rallado y perejil finamente picado. Así se puede ver en un antiguo grabado decimonónico que me he encontrado este año en la biblioteca de la Fundación Joaquín Díaz en Urueña (Valladolid) y que os reproduzco bajo estas líneas. Eran otras épocas ¿definitivamente superadas?