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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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España tira cada día a la basura (o al mar) 13 millones de pajitas de plástico

Más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren cada año como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar. ©Greenpeace

España es el país de Europa en el que más pajitas se usan: 13 millones al día, más de 5.000 millones al año. Cada persona consume anualmente 110 de estos objetos plásticos de un solo uso, uno cada tres días.

Tan solo se usan unos minutos pero permanecen en el medio ambiente durante cientos de años, con importantes consecuencias para los ecosistemas marinos. Ante esta situación, Greenpeace solicita una Ley que establezca la prohibición para la venta de estos y otros productos de usar y tirar y pide a la ciudadanía que deje de consumir pajitas de plástico. Lee el resto de la entrada »

Ya no nos gustan las gaviotas

Antes las gaviotas eran sagradas, predecían las tragedias en el mar llorando por los marineros muertos, anunciaban la cercanía de la tierra salvadora, matarlas traía mala suerte. Pero ahora es diferente. Ahora nos molestan, las odiamos, las llamamos ratas con alas y decretamos su extinción.

Es verdad, hay muchas, cada vez más descaradas, más urbanas, más agresivas. Aunque la culpa no es de ellas, es nuestra.

La pasada semana estuve haciendo un estudio medioambiental en una colonia de gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) en la zona más desolada de Fuerteventura, en Canarias. Hace 10 años había apenas cien parejas y ahora son más de 300. Al ir a anillar uno de los pollos, éste vomitó asustado lo último que había comido y ¿saben lo que escupió? Una loncha de jamón york. Me quedé asombrado, pues no hay ningún pueblo ni basurero cercano. ¿Se lo habrían quitado sus padres a algún turista en la playa? Seguramente.

Lo mismo, pero más preocupante, está ocurriendo en ciudades como Barcelona, donde los alumnos de un céntrico colegio deben ahora almorzar en clase antes de salir al recreo, para evitar que las aves les roben sus bocadillos. Una ciudad donde las denuncias por supuestos ataques de las gaviotas no paran de aumentar, como también pasa en Gijón, La Coruña, Vigo o Cádiz.

El remedio fácil es destruir sus nidos instalados en los tejados y hasta matarlas, pero no sirve de nada. Las patiamarillas hacen puestas de reposición, cambian de sitio e incluso, eliminando adultos, facilitamos la llegada de subadultos.

Sólo existe una solución, dejarlas sin comida. Y no sólo sin basura, reciclando y aprovechando al máximo las 1,3 millones de toneladas de residuos que Europa produce al año. Hace falta acabar con el derroche de los descartes pesqueros, 3.000 toneladas diarias tiradas al mar sólo en la Unión Europea. Con tanto despilfarro ¿cómo no va a haber gaviotas?

Lluvia de cigüeñas en Madrid… comiendo basura

Lo de que “Por San Blas la cigüeña verás” hace mucho que ya no se cumple. Un cada vez más elevado número patilargas blanquinegras llevan varias décadas prefiriendo pasar el crudo invierno en España antes de afrontar los crecientes peligros de su natural migración más allá del desierto del Sáhara, 8.000 kilómetros de incierto viaje de ida y vuelta para una estancia en Malí o en el río Níger de apenas tres meses.

¿No tendrán frío, con la que está cayendo estos días? En absoluto, pues su confortable abrigo de plumas les garantiza un perfecto aislante térmico. En realidad se iban empujadas por el hambre y ahora les sobra comida, pero no piensen en idílicas praderas repletas de batracios. Sobreviven gracias a nuestra abundante y nutritiva basura.

La semana pasada, durante un censo de aves en el Parque Regional del Sureste (Madrid), los ornitólogos se llevaron una sorpresa. Atardecía y un bando inmenso de 3.000 cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) llegaba a sus dormideros habituales de invierno. Una auténtica lluvia de cigüeñas en una época en la que no debería verse ninguna.

Junto con ellas, decenas de miles de gaviotas, un número mayor al que se puede observar en muchas localidades marineras, se encaminaban hacia los lagos artificiales de las antiguas graveras del Jarama.

Toda esta impropia volatería provenía del vertedero de Vademingómez, en el sureste de la capital madrileña, el mayor basurero de España, donde las aves se afanan por encontrar algo comestible entre bolsas de plástico y desechos de todo tipo, pordioseros de una sociedad opulenta.

Es la nueva naturaleza salvaje. Especies oportunistas que logran prosperar en el mismo ambiente hostil que a otras muchas provoca su extinción. Para ellas no tiene nada de artificial esta manera de sobrevivir. Lo antinatural somos nosotros.

Sobre estas líneas, cigüeñas en el vertedero de Valdemingómez, con el paisaje urbano de la ciudad de Madrid al fondo.

Búhos de plástico contra las gaviotas

Antonio Miguel, aficionado a la ornitología, se llevó un susto morrocotudo hace unas semanas. Estaba comenzando a comer en su casa de Málaga cuando, de repente, su mujer miró por la ventana y le señaló. “Mira, un águila posada en la casa de enfrente”. Parecía un águila pescadora, algo imposible de observar en medio de la ciudad.

Antonio soltó la cuchara y salió corriendo a por los prismáticos. ¡Qué desilusión! No era un águila. Era un búho, pero de plástico.

Según ha explicado el propio afectado en un foro de aves andaluzas, varios de estas rapaces de pega se han instalado para ahuyentar a las gaviotas de los tejados malagueños. Y según reconoce, “la verdad que su función la realizan muy bien, pues ahora hay menos gaviotas”. Tiene, sin embargo, la teoría de que si no cambian de posturita al buhito, las gaviotas descubrirán el engaño y empezaran a posarse nuevamente en las azoteas.

Al menos el método es de lo más natural. No como en la vecina provincia de Cádiz, en el Campo de Gibraltar, donde la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha anunciado que en los próximos años declararán la guerra a las gaviotas, destruyendo nidos por cientos y matando adultos por miles, incluso a tiro limpio en los vertederos. Ellos lo llaman descastes, pero yo prefiero llamarlo desastres.

Si hay muchas aves es porque hay mucha basura. Para controlar su número bastaría con tirar menos y reciclar más. Es más fácil matar gaviotas, pero infinitamente menos práctico, como se ha demostrado una y otra vez por toda Europa. Si matas adultos facilitas el reemplazo con jóvenes. Si destruyes nidos las colonias se mudan a lugares inaccesibles. Los animales son siempre más listos que nosotros.