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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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España tira cada día a la basura (o al mar) 13 millones de pajitas de plástico

Más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren cada año como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar. ©Greenpeace

España es el país de Europa en el que más pajitas se usan: 13 millones al día, más de 5.000 millones al año. Cada persona consume anualmente 110 de estos objetos plásticos de un solo uso, uno cada tres días.

Tan solo se usan unos minutos pero permanecen en el medio ambiente durante cientos de años, con importantes consecuencias para los ecosistemas marinos. Ante esta situación, Greenpeace solicita una Ley que establezca la prohibición para la venta de estos y otros productos de usar y tirar y pide a la ciudadanía que deje de consumir pajitas de plástico. Lee el resto de la entrada »

Un vídeo trata de acabar con los cuentos de los delfines alegres

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Este vídeo no está basado en hechos reales, son hechos reales. El nuevo vídeo de SOSdelfines para su campaña #StopDelfinarios pretende hacer reflexionar a los más pequeños sobre la realidad de los cetáceos que viven en cautividad en los delfinarios españoles. Que no ríen ni son felices. Su sonrisa es producto de la especial forma de su mandíbula, diseñada para atrapar peces pero no para alegrar la vida a bobos con bermudas.

Esa falsa sonrisa oculta el sufrimiento que les produce haber sido separados de su familia y tener que vivir en una piscina minúscula con desconocidos, completamente alejados de los estímulos que hallan en el océano, forzados a procrear y a separarse de sus crías. Forzados a hacer el payaso a cambio de un puñado de sardinas descongeladas. Lee el resto de la entrada »

Triste récord en la matanza de ballenas en las islas Feroe

Un total de 1.115 ballenas piloto (Globicephala melas) han sido masacradas este año en las islas Feroe (región autónoma de Dinamarca), acción que se convierte en la matanza de ballenas más grande del mundo.

Organizaciones ambientalistas y de bienestar animal, como la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA), están tremendamente preocupadas por el crecimiento de estas cacerías, ya que en 2010 se ha dado muerte a más ballenas que en cualquier otro año desde 1996, cifra que aún puede aumentar pues se siguen cazando. El promedio medio de ballenas piloto muertas en la última década era de 627, la mitad que las matadas en 2010.

A pesar de que el gobierno de las Feroe argumenta lo contrario, las imágenes tomadas por los medios locales demuestran claramente que los métodos brutales usados para capturar a las ballenas no han mejorado y provocan un terrible sufrimiento a los pobres animales.

Joanna Toole, gerente del programa de mamíferos marinos de la Sociedad Mundial para la Protección Animal, dijo:

“El caos de dar muerte a grandes grupos de estas ballenas inteligentes y sociales resulta de una crueldad impresionante. Es completamente inaceptable que una comunidad moderna esté matando a más de 1.100 ballenas de esta manera”.

Las autoridades feroeses no han explicado por qué se han matado tantas ballenas este año. Según Jennifer Lonsdale, directora de la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), las cacerías de 2010 han producido cerca de 550 toneladas de carne de ballena, lo cual equivaldría a que cada uno de los 49.000 habitantes de esas islas, incluidos niños, se comen una media de 11 kilogramos al año. Y ello a pesar de los peligros para la salud que su consumo provoca debido a la alta concentración de metales pesados detectada en este tipo de carne.

No salen las cuentas del autoabastecimiento, lo que podría indicar la existencia de un mercado ilegal de exportación de carne de ballena en las islas Feroe. Pero aunque se coman todas esas pobres ballenas aduciendo que forma parte de su cultura, en mi opinión esta matanza es, pura y llanamente, una salvajada impropia de supuestos civilizados europeos.

¿O es que a alguno piensa que la tradición gastronómica justifica estas masacres?

Fuente: Econoticias.com

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¿Vuelve la caza de las ballenas?


El futuro de todas las ballenas del planeta se decide esta semana en Agadir (Marruecos). La Reunión de la Comisión Anual de la Comisión Internacional Ballenera, en la que están representados 88 países, se la juega desde hoy y hasta el viernes a dos cartas: mantener la actual moratoria o por primera vez en 24 años autorizar la caza controlada.

Dicho así, la mejor solución sería mantener la moratoria, pero la realidad es más compleja. Aduciendo supuestos intereses científicos, Noruega, Islandia y, principalmente, Japón han matado desde 1986 más de 30.000 ballenas que han acabado en pescaderías y restaurantes. Permitiendo la caza comercial controlada las cuotas serían mucho más estrictas, lo que en diez años salvaría la vida a 14.000 cetáceos, además de asegurar la creación de un santuario antártico.

Pero liquidada la moratoria, todos los conservacionistas temen que el control se nos escape de las manos y las capturas legales se disparen, alimentando de esta manera un sustancioso negocio que se apoya en la amoralidad del consumidor avaricioso: me gusta y pago por ello lo que haga falta.

Hay un peligro añadido. Que Japón abandone la diplomacia y se lance a la caza de ballenas fuera del control de la CBI; control escaso, pero siempre mejor que nada. O que, como también están haciendo, compren a golpe de soborno suficientes votos de pequeños países que nada se juegan en ello para asegurarse el apoyo a sus planteamientos comerciales, como parecen haber hecho con Granada, República de Guinea o Costa de Marfil.

Es verdad. La moratoria era temporal, hasta que las ballenas más amenazadas lograran recuperarse y sus poblaciones pudieran aguantar de nuevo una caza regulada. Pero los tiempos han cambiado. Fueron grupos conservacionistas (con Greenpeace a la cabeza) los que, tras movilizar a la opinión pública mundial, lograron la gran victoria de proteger las ballenas. La primera gran victoria ecologista. Ahora tenemos que ir a más, no a menos. A salvaguardar para siempre a estos fabulosos animales, los más grandes de la creación. No a buscar equilibrios imposibles entre protección y comercio.

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de ayudar a los cetáceos en un momento tan crucial. ¿Cómo? Ciberactuando. Por ejemplo, suscribiendo una carta que será remitida a los delegados de la Comisión Ballenera Internacional donde se les pide la protección definitiva de las ballenas. En Avaaz.org tenían pensado llegar a las 100.000 firmas, pero quizá con la tuya lleguen hoy mismo al millón. ¿A qué esperas para firmar? Sólo tienes que pinchar en este enlace.

¿Eres de los indecisos? Este impactante vídeo de la supermodelo Alice Dellal promovido por la Whale and Dolphin Conservation Society (WDCS) te ayudará a decidirte.


Foto: Greenpeace.

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La amistad es cosa de animales

¿Saben quién es el mejor amigo de las ballenas? Otras ballenas. Los animales más grandes del planeta son también tremendamente sociables. Aman a su familia, pero crean además estrechos lazos de amistad entre ellos, “amigos del alma” para toda la vida.

No es ésta una percepción sensiblera de la naturaleza. Es la principal conclusión de un estudio científico publicado en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology.

Christian Ramp y sus colegas del grupo del Mingan Island Cetacean Study han estudiado a las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) canadienses desde 1997, junto a investigadores de Alemania y Suecia. Tras identificarlas una a una a través de fotografías, comprobaron que, terminada la época de reproducción, las mismas ballenas se reunían juntas para alimentarse en los mismos sitios de veraneo, en plan reunión de amigos tras finalizar el colegio. Pero aún más sorprendente, la amistad más duradera registrada se repitió durante seis años seguidos, y siempre se dio entre hembras de una edad similar, nunca entre machos y hembras. En resumen, que cuando estos imponentes cetáceos terminan la crianza, ellas se van de vacaciones con sus amigas, mientras los ballenatos ponen mar por medio, ajenos a las relaciones de amistad de sus parientas.

Delfines, zifios y ballenas dentadas son muy sociables, pero esos lazos son especialmente familiares o de clan; en el caso de las ballenas jorobadas lo suyo es pura amistad, se unen con quienes les caen bien, tanto para comer como para descansar.

¿Cómo se conocen? Es todavía un misterio, pues aún no sabemos cuáles son sus mecanismos de selección de amistades, aunque sí sabemos cuáles son las herramientas que emplean para socializarse: sus cantos de ballena. Y también intuimos la razón. Los beneficios de la amistad les permiten cooperar juntas en la búsqueda de alimento y, gracias a esta mayor eficiencia, conseguir luego una mayor descendencia.

Aunque esta dependencia tiene también una parte negativa. Animales de larguísima vida, sin más depredadores que el hombre, la caza de uno de ellos afectará sin duda a todo el grupo. La falta del amigo les debe doler tanto como a nosotros. Tanto como al poeta Miguel Hernández cuando se lamentaba:

“Siento más tu muerte que mi vida”.

Más información. Reportaje BBC/Mundo.
Os dejo también un precioso vídeo sobre estos extraordinarios animales, sus famosos saltos y sus enigmáticas canciones.

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Los piratas salvan a las ballenas

Piratas para unos, terroristas para otros e incluso héroes para un tercer grupo. Son los activistas de la Sea Shepherd Conservation Society, los autodenominados Pastores del Mar. Un grupo escindido de Greenpeace liderado por su ex directivo Paul Watson y que defiende la “acción directa” en la defensa de ballenas y focas.

Cuentan para ello con una numerosa flota denominada Neptune’s Navy, repartida por los océanos para interferir con violencia en las operaciones de caza de los buques balleneros. Se autotitulan “Piratas Ecológicos” y afirman haber hundido diez barcos desde 1979, dos de ellos españoles. Tampoco les ha salido gratis. Por ejemplo, a comienzos de año han perdido el futurista trimarán ecológico Ady Gil (valorado en 2 millones de dólares), al ser partido en dos por el ballenero nipón al que perseguía.

Cuando supe de su existencia me pareció una locura condenada al fracaso e incluso a la cárcel, pero para miles de ballenas han sido su salvación.

Este año, el número total de capturas de la flota japonesa se ha reducido de 1.000 rorcuales a 507, un 60% de lo previsto, gracias a la intervención de tan polémico grupo. Poniendo en marcha toda clase de actos de sabotaje, incluido el lanzamiento de objetos y ácido corrosivo a las cubiertas, bloqueos del timón e incluso abordajes al más puro estilo de Jack Sparrow, la matanza de cetáceos estuvo paralizada durante treinta y un días.

Como sabéis, la caza comercial de ballenas está prohibida en todo el mundo desde 1968. Sin embargo, Japón, Noruega e Islandia son los únicos países que las cazan por miles alegando falsos “fines científicos”.

Personalmente me repugna toda violencia, venga de donde venga. Por eso tampoco acepto el comportamiento salvaje de estos piratas, como no aceptaré nunca el maquiavélico lema de que “el fin justifica los medios”. Confío más en la fuerza de la razón, en el impulso de la concienciación de la sociedad contra tantas barbaridades. Sin embargo, estoy seguro de que entre vosotros habrá opiniones para todos los gustos. Y por eso os pregunto:

¿Está justificada la “acción directa” para salvar a las ballenas de una muerte segura? ¿Son estos nuevos “piratas ecológicos” unos delincuentes o unos valientes?

Os dejo a continuación un vídeo de la propia organización donde se aprecia con contundencia hasta qué punto su lucha no es dialéctica.

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Matan 4.700 ballenas para comprobar que están delgadas

La comunidad científica internacional está estos días tan horrorizada como dividida. La culpa la tiene un estudio científico japonés publicado en la Polar Biology, la revista más prestigiosa del mundo en investigaciones sobre ecosistemas polares.

El reciente trabajo de cuatro japoneses y un noruego sugiere que, en aguas subantárticas, las ballenas Minke (Balaenoptera bonaerensis) han perdido un 9% de su grasa corporal en 18 años debido a la escasez del krill, probablemente por efecto del cambio climático. Como recoge el periódico Público, la historia no tendría mucho mayor interés si no fuera por que “para evitar errores estadísticos” se han cazado 2.890 ballenas macho adultas y 1.814 hembras preñadas. 4.700 ballenas cazadas de forma supuestamente legal (interés científico, aseguran) para comprobar que los pobres animales están cada vez más delgados por falta de comida.

La caza de ballenas está prohibida en el mundo desde hace 23 años “salvo para fines científicos”. Son precisamente este tipo de estudios los fines científicos que justifican la matanza ballenera japonesa, miles de ejemplares todos los años de cuya carne luego dan cuenta los más caros restaurantes nipones a precios de crimen contra la Humanidad.

Lo lógico hubiera sido que los referees o censores científicos encargados de supervisar el trabajo para Polar Biology lo hubieran rechazado de plano por inmoral. Pero para muchos especialistas, hacer Ciencia, con mayúsculas, está por encima de cualquier limitación ética.

Y no me creo, como aseguran sus autores, que esta investigación vaya a ser fundamental para garantizar la supervivencia de la especie. Las Minke no están ahora en peligro de extinción desde que se acordó la moratoria de su caza pero, si les dejamos a los balleneros, lo estará en poco tiempo, al margen de que con esta matanza hayamos obtenido “con escaso margen de error” evidencia científica de que el calentamiento global puede perjudicar a las ballenas.

¿Qué os parece que elegirían los pobres animales si les dejáramos? ¿Sacrificarse por la ciencia o adelgazar? En mi caso lo tengo claro, antes en los huesos que en sushi.

Sobre estas líneas, imagen distribuida por el gobierno australiano donde se ve cómo un ballenero japonés captura a una hembra Minke y su cría en el Océano Ártico, dentro de su supuesto programa de pesca científica.

Esculturas gigantes con esqueletos de ballenas

Hace ahora ocho años, un gigantesco rorcual común (Balaenoptera physalud) apareció muerto en Majanicho, un pequeño asentamiento de pescadores en el norte de Fuerteventura.

Se trataba de una hembra de 19 metros de longitud y un peso estimado de 15.000 kilos. Murió tras enredarse accidentalmente con un cabo de más de 300 metros de longitud. Enrollada en su boca, la cuerda le impidió alimentarse con normalidad, muriendo de hambre. Cuando el cadáver arribó a las costas majoreras, aún mostraba en su piel las dentelladas de tiburones y orcas que intentaron aprovechar parte de sus despojos.

No olvidaré nunca la imagen de ese inmenso animal de piel blanquecina arrumbado sobre la negra piedra volcánica, contra el que las olas chocaban como una roca más.

Hasta entonces todos los cetáceos varados eran trasladados al vertedero y enterrados allí. En esa ocasión el Cabildo de Fuerteventura aceptó la propuesta de los especialistas de convertirlo en una descomunal escultura. Enterrado para facilitar la limpieza natural de sus huesos, durante dos años los insectos hicieron la mayor parte del trabajo. Posteriormente, gracias a la habilidad de los técnicos de Canarias Conservación, su formidable osamenta ha quedado expuesta al aire libre en el Museo de la Sal, integrada en un paisaje marino que le pertenece por derecho propio.

La iniciativa ha tenido éxito y sólo en Fuerteventura ya está prevista la realización de una original Senda de los Cetáceos, a la que se suman el esqueleto de un cachalote de 15 metros en Morro Jable y de un zifio de Cuvier en el Centro de Interpretación del Faro de Jandía.

También en la vecina isla de Tenerife, donde el pasado 18 de julio la Fundación Global Nature inauguró otra de estas inmensas esculturas de la naturaleza en la localidad de Los Silos.

Nunca será lo mismo que ver a las ballenas nadando libres por el mar, pero al menos en esqueleto nos servirán para recordarnos su gran belleza y la permanente amenaza en la que nos hemos convertido.