Familias homoparentales: Mi familia es igual al resto

#FamiliaHayMasQueUna,  y Ana Calderero Suárez (@AnaSsuarez101), activista LGTBI miembro de Galehi nos comparte esta reflexión en esta semana tan especial para celebrar la diversidad familiar.

 

Ayer escuchábamos hablar del Día Internacional de la Familia, no he podido evitar buscar en el diccionario la definición de “Familia” y resulta que se define como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas, entendiendo  “emparentar” como contraer parentesco por vía casamiento.

Está claro que no necesito formar parte de una familia homoparental para no sentirme identificada con esa definición. Las familias formadas por un matrimonio y que viven juntas sólo representan un porcentaje que ni mucho menos ronda el 100%, que ni ven esta cifra de lejos.

La familia va mucho más allá de un parentesco y de un casamiento. La familia son vínculos afectivos, respeto, cuidados, protección, educación, amor, entre otras muchas cosas. La familia es donde nuestros hijos, hijas e hijes adquieren un modelo de vida y unos patrones que probablemente repitan con los suyos (si deciden tenerlos), igual que el resto de familias.

Es aquí en el momento en que no veo ninguna diferencia con el resto de familias (aunque sí con su definición). Es en este punto cuando no logro entender por qué si mi mujer y yo somos una familia no pudimos inscribir a nuestra hija en el mismo hospital como sí hicieron el resto de familias. Tampoco entiendo por qué no veo ninguna familia formada por dos mamás o dos papás en los libros de texto o por qué en estos mismos libros sólo veo plasmada la reproducción sexual “tradicional” cuando es evidente que una parte de la población (heterosexual también) recurre a otras técnicas. Tampoco entiendo por qué mi hija, todos los años por el día del padre, tiene que hacer un regalo en el colegio para un padre que no tiene y que pretenden que demos a alguno de sus abuelos y que acaba en la basura porque sus abuelos no son su padre, son sus abuelos.

En este modelo de vida, de familia, si hay algo que nos caracteriza, que está en nuestro ADN, es la educación en valores de tolerancia, diversidad y respeto. Pero en la educación en estos valores de verdad, no la que se queda en un libro de texto de alguna asignatura alternativa a la religión, sino la que se practica día a día y en todos los ámbitos de nuestra vida. Intentamos inculcar a los más pequeños y pequeñas de la casa que la diversidad no es mala, que “su diversidad” no es mala, justo lo contrario, que nos enriquece, que nos hace crecer, mejorar, nos hace entender que “lo nuestro no siempre es lo mejor”.

Somos conscientes de lo importante que es esto para nuestras familias, para nuestros hijos, hijas e hijes, ya que será nuestro escudo cuando alguien en sus colegios, en nuestros trabajos (normalmente alguien cuyos padres y madres no le dan o no le han dado la misma importancia que nosotros a educar en estos valores) nos niegue un sentimiento o nuestra validez como padres o madres, o su legitimidad como hijos o hijas. Pero también para que sean motor de cambio y cuando el profesor o profesora esté explicando la reproducción sexual en clase, sean capaces de levantar la mano para explicar que hay otras técnicas de reproducción, que entre unos padres o unas madres y sus hijos e hijas no siempre hay vinculación genética ni parecidos y que no siempre que hay vinculación genética se es padre o madre.

No tenemos miedo a explicarles que cuando se nace nos asignan un sexo sin saber que puede haber una identidad que no se corresponde con esta asignación y que no es una aberración ni una enfermedad (todo se puede explicar desde bien pequeñitos, adaptado a su comprensión, para ir cultivando una cabecita libre de muros, o al menos que tengan los menos posibles).

Me temo entonces que aunque mi modelo familiar es igual que el resto en el fondo no lo es. Por este motivo seguiremos exigiendo esta igualdad en los colegios de nuestros hijos, hijas e hijes, en nuestros trabajos y en la sociedad en general, que se refleje en las leyes para protegernos de aquellos que insisten en decir que nuestras familias no son familia… Sí, seguiremos exigiendolo, día tras día y sin descanso.

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