Kim Pérez: lo político de una decisión personal

Por Livan Soto (@livansoto) jurista, activista por los derechos humanos

En la imagen, Kim Pérez, activista transexual

Kim Pérez, mujer trans en huelga de hambre, asume este acto fuera de toda regularidad con responsabilidad y conciencia. Su huelga denuncia el control sobre el cuerpo de las personas trans, la amenaza al ejercicio de derechos y la posibilidad real de ser borradas del discurso político-jurídico. Defiende sus derechos, los de quienes por razón de su identidad de género y orientación sexual se enfrentan a proyectos de vida imposibles, de quienes consideramos que es un referente de lucha. Su huelga propone una reflexión abierta a la forma en que la sociedad civil (asociaciones y personas) es capaz de generar mecanismos que incidan en la vida de las personas LGBTI+.

Es el ascenso de VOX como formación política y su representación en el parlamento de Andalucía, quien hace saltar todas las alarmas al articular un discurso donde la homofobia y la transfobia se convierten en argumento políticos. Saberse y presentarse públicamente como trans, lesbiana u homosexual, supone una amenaza para quienes llevan el lema de “España lo primero”, el cual guarda cierta similitud con el “America first” que llevo a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Esa España de tintes grises que se intenta recuperar ubica a las personas LGBTI+ en “la Casa de Campo”, “la intimidad de los hogares” y otros espacios sin banderas que les representen.

El despertar de la extrema derecha en el ámbito internacional y los discurso públicos de incitación al odio que gozan de impunidad, se unen a sistemas jurídicos deficientes en la protección y garantía de derechos fundamentales de las personas LGBTI+ cargados de simbolismo decepcionantes que poco atiende a las necesidades de la persona.

La situación jurídica de España con importantes avances, nos deja para las personas trans un texto legal con un marcado carácter patologizador, un cuerpo de legislaciones autonómicas que se enfrentan a serios problemas de implementación y a la tramitación parlamentaria de la Ley de Igualdad LGTBI que en el camino de revisión del artículado se van desvirtuando algunas de sus demandadas, especialmente aquellas relacionadas con la identidad de género, dejándonos ante un presente y futuro incierto.

El discurso de la ultraderecha del que se nutren Trump, Bolsonaro, Grozni o VOX atentan contra la vida y la salud de las personas LGBTI+, en tiempos donde se pretende que abortemos el ser visibles y nos resignemos a participar de una política que se utiliza para excluir a mas personas, mientras se desmantelan las redes de seguridad y servicios públicos.

Asistimos a la era Trump donde una ola de violencia estructural sobre las personas trans dificulta la obtención de sus documentos identificativos, promueve la reubicación en cárceles y centros de internamientos atendiendo al sexo asignado al nacer, les excluye  de prestar servicios públicos o participar de la vida militar, les niega el acceso a baños públicos, se excluyen del principio contra la discriminación el motivo de la identidad de género, se les niega la atención sanitaria cuando el profesional de la salud alega razones de carácter religioso y también son excluidos de ejercer otros derechos como el laboral. La preocupación de Kim Pérez nos advierte del retroceso que pueden tener los derechos reconocidos y la necesidad de articular una defensa.

El ataque a grupos vulnerables como la población LGBTI+, en particular a personas trans representa un momento de inflexión que pone a prueba a la sociedad civil en su capacidad de establecer coaliciones ponderadas y alianzas sólidas, desde un diálogo abierto sobre el ejercicio efectivo de los derechos, pero también nuestra capacidad de responder a cualquier vulneración de los mismos.

La huelga de hambre de Kim Perez nos hace reflexionar sobre el concepto de igualdad, ese que llegamos a vivir de forma diferente en el día a día y que para las personas trans se traduce en el ejercicio efectivo de derechos.

Para Kim, “tener derechos  es  vestir  de  mujer  por  la   calle  y   que  no   te   detengan. Es que llegues a una oficina y que te llamen por tu nombre de mujer. Es llegar al hospital  y que no te echen. Todo eso es lo que Vox quiere que acabe…”. Que sean cuestionados derechos reconocidos desde argumentos ideológicos y partidistas, nos obliga a revisar las prioridades y demandas actuales del movimiento LGBTI+, así como nuestra voluntad de movibilizarnos de manera coordinada cuando de la salud y la dignidad de las personas trans se trata. Esta revisión tiene que ver con nuestra capacidad de respirar juntxs en medio de este orden biopolítico que convierte nuestras identidades en jerarquías.

Recientemente el movimiento feminista y los colectivos LGBTI+ de Andalucía convocaron manifestaciones y concentraciones en respuesta a la afrenta de la ultraderecha. Bajo la consigna #NiUnPasoAtrasEnIgualdad reivindicamos que fruto de un pacto de gobierno no puede dejarnos políticas xenófobas, racista, misógenas, homofoba y transfoba capaz de poner en cuestionamiento el ejercicio de derechos más elementales como el derecho al propio cuerpo.

Hoy las personas LGBTI+ seguimos luchando contra algunas forma de discriminación, pero debemos repensar el cómo ponemos nuestros cuerpos en las calles, alzando nuestras voces para generar otro tipo de relaciones sociales. Cuestionar todas aquellas trampas de una igualdad formal y el principio de no discriminación, practicando la movilización a favor de lxs mas vulnerables podría ser un buen punto de partida.

Los discursos del odio anclados en valores de sociedades no plurales, no diversas y por tanto menos respetuosa de los derechos humanos, son reflejo de una democracia débil la cual estamos llamadxs a resistir. Kim esta en huelga de hambre por su firme convicción, considera que suprimir de la sanidad pública el derecho a las intervenciones quirúrgicas, es una imposición de poder, mientras que para las personas trans es su vida.

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