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‘Girl’, esencia femenina sin maquillajes

Por Carolina Laferre (@TSM_es), de Trans·socialmedia – Identidades 3.0

 

Después de verla, me cuestiono por qué hemos tenido que esperar tanto para poder ver una película como esta. Incluso el propio título, Chica,  en su sencillez absoluta, sugiere un guión que se podría haber abordado ya hace tiempo. Sería de idiotas negar que Una mujer fantástica ha recibido la atención necesaria para abrir los ojos de una sociedad cada vez más implicada con la causa trans femenina, aunque, como ya comenté en su momento en aquí, diría que se trata más de una película importante que una gran película de Oscar y que predica demasiado “a coro” los prejuicios y victimarios a los que estamos acostumbrados, como para que se la considerara tan “universal”.

“Girl”, sin embargo, es una película importante y excelente, que canaliza el amor, la comprensión auténtica de lo que significa la transexualidad femenina en la adolescencia. Creo sinceramente, que es incomparablemente más poderosa por esta razón, que cualquier otra que haya cumplido, o tratado de cumplir, la misma función. El actor y bailarín Victor Polster interpreta de forma impecable y auténtica la transexualidad legitimada, genuinamente femenina, en un rol increíblemente andrógino y en un papel muy cercano a las emociones de cualquier chica de la edad que representa.

Polster es Lara; su entorno es su apoyo y zona de confort, aunque comprensiblemente inexperto por una falta de información anterior. Excepto por una escena extremadamente humillante, el drama de esta película no proviene de ningún tipo de presión externa. El hecho de que la protagonista se haya dado cuenta de que, ser transexual, es considerar que un “juicio” se está llevando a cabo a su alrededor, sugiere un esfuerzo por la inclusión y la transparencia de la identidad y la disciplina. En este aspecto, juega de forma refrescante y de forma desordenada con el resultado, sin dramas, pero tampoco mostrando algún tipo de triunfo personal. Un guión escrito de forma natural y próxima a una realidad cotidiana.

La credibilidad de “Girl” radica en evitar las situaciones que esperamos de las películas que tratan sobre las experiencias de chicas transgénero. No se percibe ningún obstáculo y casi no se consideran prejuicios, al menos no de la manera que los podríamos haber cuestionado hace algunos años. Esta es una película que desea mostrar que, una situación, existencial en muchos sentidos, es lo suficientemente difícil tal como es, en individual y singular, sin aditivos añadidos. Lara tiene que enfrentarse a situaciones con las compañeras de clase (empíricas y aliadas en su mayoría), presentándose como un caso más de adolescentes -que son adolescentes- donde cualquier suceso se conforma en un hecho existencial y súmamente vital, desparramando hormonas alrededor de un disciplinado grupo de ballet. De hecho, crecer es un tiempo suficientemente complicado, como para que importe en demasía desde qué lente o perspectiva se vea.

Este esfuerzo por mostrar la lucha de Lara como una historia de transición ante la mayoría de edad, es lo que creo que establece que, “Girl”, sea un punto y aparte. Un punto de inflexión donde el director del film relata su historia con pequeños momentos de crecimiento personal con los que, cualquier mujer transexual en su juventud, puede verse representada y relacionada: ciudad nueva, primer día de instituto, un primer encuentro sexual, la distancia que los jóvenes encuentran con los padres en esos años de pubertad y post-adolescencia, la incertidumbre de un cambio transcendental como es una transición y una cirugía de impacto… etc.

El tema “clave” de la película es quizás lo más conmovedor e informativo de esos momentos que surgen durante las discusiones de Lara con sus doctores y tutores, quienes le hacen cuestionarse si cree o no en su próxima cirugía, sobre su cuerpo, de cómo se define quién es ella… Precisamente porque en “Girl” se lidia con tantas circunstancias a la vez, la película se beneficia de algunas de estas visiones explícitas más allá de lo que una Lara real gestionaría en su mente. La culminación de la fotografía es tan bella y dramática, que necesitaba de una base sólida para que el resultado fuera dramáticamente eficaz y absolutamente creíble.

Girl es una máquina de empatía, una forma de experimentar la realidad de otra persona en un corto espacio de tiempo, para comprobar con otra mirada el sentido de un mundo tan impenetrable como el de la transexualidad femenina. En el caso de este excelente debut naturalista de Lukas Dhont, una niña transgénero de 16 años se desarrolla a partir de historias superpuestas que reafirman su identidad a la espera de su decisión definitiva que completará, a través de sus sus ojos, su transición física. Dhont no teme abordar un tema difícil y complicado al presentar una actuación estelar cargada de grandes dosis del talento en la actuación y baile de Polster, cuyo papel e interpretación no necesita de imaginarios relativos a la transexualidad como ya ha sucedido en películas como La chica danesa o Una nueva amiga, por ejemplo. Probablemente, algo que tal vez una parte de la comunidad transgénero femenina juzagará de cerca es la decisión de Dhont de elegir a un chico cisgénero para el papel principal, aunque me atrevería a decir, que podría ser casi imposible encontrar una actriz transgénero de su misma edad para interpretar a una chica pre-op de forma tan correcta y mimética. Polster es Lara, sin más; absolutamente Lara.

El trabajo de la dirección artística que a lo largo del film no duda en mostrar el cuerpo desnudo de Lara, su rostro tan femenino en primeros planos continuados, la adolescencia -y más concretamente encontrarte a ti misma- la confrontación de “ese” vestido prohibido de la feminidad trans durante décadas. Es la propia coreografía humana, tan caótica y compleja, que requiere de decisiones equilibradas en todo momento, y que estos elementos, a su vez, necesitan de preparación, una ardua capacitación basada en un trabajo personal disciplinado y motivado para llegar a tomar una decisión drástica que combina la imagen ideal con la imagen real, y eso, hace que una se sienta muy entusiasmada y referida con las secuencias que van sucediéndose, esperando más a continuación de cada escena. Un film que, sin duda, es necesario ver para enseñar a quienes aseguran que la transexualidd es una estafa, un disfraz, una mentira absoluta. Pero también, para quienes desean desde hace tiempo aprender más y “tocar” la transexualidad con la mano, para tender la suya. Puede ser que a partir de entonces, haya quienes cambien de opinión sobre ello.

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