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Cuando romper el armario puede propiciar una ley contra la violencia en la infancia

Por Juan Andrés Teno (@jateno_), periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar

Foto: Hernán Piñera

El pasado mes de mayo la plaza de Callao de Madrid fue invadida por la violencia: insultos, vejaciones, golpes, moratones, sangre y abandonos familiares. Era domingo y lucía el sol. Quienes sufrieron esta situaciones degradantes, además, eran menores de edad: niñas, niños y niñes que habían cometido el gran pecado de ser lesbianas, gais, bisexuales, trans  o personas no binarias.

El viernes pasado, la Ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar, Carmen Montón, anunciaba en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministras y Ministros que el gobierno iniciaba los trámites del anteproyecto de Ley de Protección Integral frente a la Violencia contra la Infancia.

En aquella mañana del final de la primavera madrileña, la FELGTB y Save The Children subieron el volumen para que las situaciones degradantes de violencia sufridas en la infancia por quienes hoy son personas adultas llegaran al conjunto de la sociedad española. Fue #RompeElArmario, la antesala del mediático #MeQueer, pero solo centrado en la población más vulnerable, en quienes tienen más difícil su defensa, aquellos a quienes no se les suele escuchar porque son ciudadanía de segunda: la infancia, la adolescencia, la juventud.

Recoger aquellos testimonios de boca de sus protagonistas se convirtió en un duro ejercicio, salpicado de recuerdos, de dolor, de angustia, de fantasmas pasados. Porque su vida se iba a exponer públicamente, la parte de su historia donde quien mandaba era el dolor.

Bujarra, tortillera, afeminado, marimacho, puta, maricón, nenaza, bicho raro fueron expresiones a las que  Luis Miguel, Isabel, Amalia, Mariam, Cristina, Yaneli, Rubén, Aitor y Lipe tuvieron que acostumbrarse. Pero esta dolorosísima violencia no es el pasado de las personas LGTBI de este país, es la realidad a la que tienen que seguir enfrentándose en sus casas, sus barrios o sus colegios las niñas, niños y niñes LGTBI españoles, de esta España democrática con calendario en el siglo XXI.

Por esta situación aberrante y castrante, FELGTB y Save de Children salieron a la calle demandando la puesta en marcha de una ley sobre infancia, para que el Gobierno de España se acercara a la terrible situación que pueden sufrir los menores LGTBI. Parece que desde la Moncloa han tomado el testigo, según se deduce de las palabras de Montón, ya que la futura ley “desarrollará medidas específicas de protección para grupos de menores en especial situación de vulnerabilidad como las niñas, las victimas de trata, los menores con algún tipo de discapacidad, los menores extranjeros no acompañados y los menores que están en el ámbito de la diversidad sexual: lesbianas, gais, transexuales, bisexuales..”

No importa que nuestros menores estén en el último lugar, porque están, o ¿sí es significativo que sean el vagón de cola? Además de las felicitaciones, hay que recordar a los integrantes del Gobierno de este país, a los grupos parlamentarios que tendrán que posicionarse en el Congreso de los Diputados que hace falta celeridad, que mientras se recorre el largo proceso legislativo seguirán sufriendo violencia los menores LGTBI (junto con el resto de la infancia en situación de vulnerabilidad) en las escuelas, en las calles, incluso dentro de sus propias familia. Es importante que asimilen que esta violencia que marca y que humilla, porque se produce en pleno proceso de desarrollo de las personas, no sólo está dirigida a lesbianas, gais, personas bisexuales o personas trans en su infancia, sino a quienes pueden parecerlo y a las hijas e hijos de personas LGTB. Es necesario que escuchen a las entidades LGTB y aprendan el significado de orientación sexual, diversidad de género, expresión de género y diversidad familiar.

Esperemos que esta norma tan necesaria corra rápido por los pasillos del Congreso de los Diputados y esté pronto en la calle, solucionado problemas, protegiendo a quienes son más vulnerables y más lo necesitan. Sin embargo, hay que recordar a sus Señorías que esta deleznable situación puede tener una solución más cercana en el tiempo que la que ofrezca la Ley de Protección Integral frente a Violencia contra la Infancia. No pueden olvidar nuestros representantes que sigue deambulando en la burocracia del Congreso la Ley de Igualdad LGTBI, una norma específica que solventaría con una sola votación en el hemiciclo las situaciones denunciadas por Luis Miguel, Isabel, Amalia, Mario, Cristina, Yaneli, Rubén, Aitor y Lipe.

¿Les querrán escuchar?

Luis Miguel tiene un mensaje para los 134 integrantes del Grupo Parlamentario Popular:

“Desde que era muy pequeño sufrí acoso por parte de otros compañeros de clase porque consideraban que me expresaba de forma amanerada. Me pegaban y me insultaban, llegaba a casa con moratones, pero no se lo contaba a mi familia”

Es necesario las 84 mujeres y hombres que integran el Grupo Parlamentario Socialista conozcan la realidad de Isabel:

“Es una niña trans de sólo 5 años. Sufre porque quiere a su papá y no entiende por qué la trata como alguien que no es. Sufre ansiedad, depresión y trastornos del comportamiento. Sufre porque le niegan ser quien quiere ser. Una semana sí, una semana no”.

Rubén alzó la voz y necesita la atención de las 67 personas que componen el Grupo Parlamentario Confederal de Unidos podemos-En Comú Podem-En Marea:

“Nunca se me olvidará cuando aquel chico saliendo del colegio cogió un cigarrillo del suelo y decidió apagármelo en la mejilla. Pero mi preocupación no era ese dolor, sino cómo iba a explicar en casa esa quemadura que, a diferencia de los golpes o los empujones, no iba a poder disimular”.

Yaneli traslada a quienes ocupan los 32 escaños del Grupo Parlamentario Ciudadanos la realidad de su infancia:

“Al nacer me asignaron el género masculino, pero yo era una niña. Desde los 5 años tuve broncas por jugar con niñas, por saltar a la comba, por no ser el hombrecito de la casa. Una mañana mi padre me llevó a la ciudad y me dijo que esperara allí hasta que volviera. Pero no volvió. Tenía 12 años.”

Amalia sabe lo que es la lesbofobia desde  que era niña, ¿sabrán comprenderla los 9 diputados del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana?:

“En el pueblo, los niños me tiraban naranjas cuando paseaba en bici, mientras, como predijo mi madre, me gritaban tortillera”.

Cristina necesita que los 5 integrantes del Grupo Parlamentario Vasco (EAJ-PNV) escuchen su voz:

“Todos los días durante el recreo tenía que escuchar lo mismo: que parecía un niño, que era bajita, gorda, fea, charlatana y muy rara. A veces me encerraban en el baño durante el recreo, me decían que era tan rara que no podía estar fuera con las demás niñas”.

Por ultimo, Lipe, narra una infancia que deben llegar a los oídos de las las 19 personas que integran el Grupo Parlamentario Mixto:

“Me llamo Lipe, aunque a veces me hago llamar Lipa, y soy una persona no binaria. Yo no me considero ni hombre ni mujer, algo que todavía genera una absoluta incomprensión para la mayoría de la sociedad. Todavía recuerdo a mi abuela regañandome para que no jugara con muñecas, para que no me pusiera faldas ni me maquillara dado que, según ella, eran “cosas de niñas”.

En estas fechas en las que se inicia el curso escolar, muchas niñas, niños y niñes se saben en la antesala del odio, de la LGTBIfobia, el acoso, de la violencia. Nuestra infancia es nuestro futuro, si no les protegemos hoy, mañana será demasiado tarde.

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