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2018, un año histórico para las Realidades Trans

Por Mané Fernández, coportavoz de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y experto en Políticas Trans

Foto: torbakhopper

Como hombre transexual, que en FELGTB, tras el voto de todas las entidades que la conforman, hayamos decidido dedicar el 2018 a las Realidades Trans me llena de alegría. Ya son varios los años que venimos trabajando de manera prioritaria sobre un tema. El recién terminado 2017 lo dedicamos a la defensa de los derechos LGTBI en todo el mundo, aprovechando que organizamos el WorldPride Madrid; y 2016 fue el de la Visibilidad Bisexual en la Diversidad. Dedicar un año temático a visibilizar la diversidad de las realidades trans es una deuda histórica de todo el colectivo LGTBI. No nos cansamos de recordar que las personas trans estuvimos desde el primer momento manifestandonos por los derechos de todo el colectivo, liderando las protestas, tanto en el Stonewall de Nueva York en 1969 como en Barcelona en 1977. Gracias a ello, en España conseguimos hace 39 años la despenalización de la homosexualidad y la transexualidad, y dejamos de ser delincuentes. Sin embargo, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) despatologizó la homosexualidad en el año 1990, la transexualidad sigue siendo considerada una enfermedad por este mismo organismo.

En el año 2018 podría vivirse un momento histórico para acabar con esta discriminación. La OMS debe revisar la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados (CIE) y, por ello, todo el activismo LGTBI mundial tiene la vista puesta en este año. La despatologización de la transexualidad ya es una realidad en algunos países y en algunas comunidades autónomas españolas, que han legislado para reconocer aspectos como que no sea necesario un diagnóstico médico para cambiar en todos los registros el género asignado al nacer, así como tampoco someterse a ningún tipo de tratamiento médico o cirugía de reasignación. Algo que debería ser tan sencillo como reconocer que el género no está en los genitales sino en la cabeza todavía resulta rompedor para algunos sectores de la sociedad, pero será cuestión de tiempo, y 2018 debe ser el año en el demos el paso definitivo para lograrlo.

Por otra parte, la despatologización de la transexualidad tendrá que ir de la mano del debate sobre el paradigma del binarismo social, es decir, sobre si nos determinamos entre hombres y mujeres o, ampliamos la conceptualización, y reconocemos otras maneras de identificarse, como es el género fluido, el tercer género… Este debate cada vez es más urgente, pero no olvidemos que el reconocimiento de esas otras realidades trans no supone ningún conflicto con respecto a las personas transexuales, las que nos identificamos como hombres o mujeres.  

Si logramos que las Realidades Trans protagonicen 2018 estaremos ayudando a quienes son nuestra prioridad: menores y jóvenes trans procedentes de todas las partes del país, de todas las clases sociales, de todo tipo de creencias religiosas…, a personas que sufren el acoso escolar, la presión familiar, la incomprensión médica, el rechazo social por el mero hecho de que se les obliga a ser quienes otros consideran que deberían ser. Como triste ejemplo reciente, no olvidamos a Alan, un niño adolescente transexual de 17 años que se suicidó en Rubí, Barcelona, hace poco más de dos años.

Necesitamos la complicidad de la sociedad en su conjunto: de otros colectivos, de los medios de comunicación, de los ámbitos educativos, de los sindicatos… Es una cuestión de derechos humanos. No se puede caer en el error de considerar a las personas trans algo lejano a la realidad social: estamos ahí, siempre hemos estado, pero en 2018 reivindicaremos nuestro lugar más que nunca. Como dijo Pedro Zerolo, uno de los presidentes de FELGTB, “no vagamos por el espacio: somos vuestros hijos, vuestras hermanas, vuestros compañeros de grupo, vuestras colegas de partido…”.

Necesitamos que la OMS, deje de tratarnos como personas enfermas, seguro que lo conseguiremos, pero también necesitamos que, pase lo que pase, España se sume a los países que se han desmarcado de la OMS y han legislado para acabar con su patologización. Para ello, la aprobación de la Ley de Igualdad LGTBI, actualmente en trámite parlamentario, es un paso imprescindible. El año 2018 ha de ser, y ese es uno de nuestros objetivos prioritarios, el año en el que en España, en toda España, las personas trans seamos, por fin, dueñas de nuestras identidades, dueñas, en definitiva, de nuestros destinos.

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