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La comunidad LGBTI de Uganda resiste a pesar de las redadas y los crímenes de odio

Por Aimar Rubio

Foto: Rachel Adams (EFE)

“No pararemos hasta lograr la igualdad”, estas fueron las palabras pronunciadas el pasado 11 de diciembre por Frank Mugisha, actual responsable de la ONGD con base en Kampala Sexual Minorities Uganda (SMUG), antes de recoger el Premio René Cassin que anualmente concede el Gobierno Vasco a personas y organizaciones vinculadas a la defensa de los Derechos Humanos en el mundo. Frank recogió el galardón acompañado por Diane Bakuraira, también parte integrante de este colectivo que lucha día a día por los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) en Uganda.

La organización galardonada lleva trabajando desde marzo de 2004 en un país que ha sido paradigmático en la articulación de la homofobia de Estado y criminalización de la diversidad sexual. Actualmente SMUG se compone de una red de 18 organizaciones, que valientemente plantan cara a la homofobia y transfobia que instigan líderes políticos, medios de comunicación y voces fundamentalistas religiosas.

En Uganda, la vida no es fácil para las personas LGBTI. El pasado sábado 9 de diciembre, la policía ugandesa protagonizaba una redada contra el festival de cine Queer Kampala International Film Festival (QKIFF). Este hecho, caracterizado por el acoso hacia cualquier espacio que visibilice la diversidad sexual, forzó el cierre del único evento cinematográfico LGBTI del país. Los asistentes (las entradas al evento se encontraban agotadas) manifestaron su miedo ante la irrupción de la policía armada con rifles AK-47, pero no sorpresa. El pasado mes de febrero, el Director del QKIFF, Hassan Kamoga, ya nos recordó la dificultad y el peligro que corren en Uganda, tras ser premiado por su trabajo comprometido y valiente por el festival Internacional de cine LGBTI Zinegoak. Hassan Kamoga se puede enfrentar a una sentencia de 14 años de prisión por llevar el arte y la diversidad a la calle, en un país donde los derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión se ven continuamente vulnerados.

A la policía ugandesa, además de festivales como el QKIFF, también le preocupa la Marcha que se celebra para conmemorar anualmente el orgullo. Desde que se produjera la primera – y hasta ahora única – manifestación en agosto de 2015, estos dos últimos años las fuerzas de seguridad han prohibido deliberadamente que el colectivo LGBTI salga a la calle para visibilizar su lucha y manifestar su resistencia. Sin embargo, los Kuchus (término suajili empleado para referirse a las personas homosexuales despectivamente, y ahora rescatado como símbolo de empoderamiento) no se dejan amedrentar fácilmente, en un país donde los “delitos contra natura” se castigan con la cadena perpetua. Hablar de las personas LGBTI en Uganda implica señalar auténticas biografías de resistencia, que en el siglo XXI luchan por sus identidades y por sus vidas en un contexto homófobo, machista y patriarcal que reconoce la heteronormatividad como la única realidad legítima y aceptable.

Veamos algunos ejemplos… Antes de morir a sangre fría en enero de 2011, el conocido activista y miembro de SMUG, David Kato, había ganado el juicio contra el semanario Rolling Stone y propiciado su clausura. El diario publicó en reiteradas ocasiones fotografías y datos personales de más de 100 personas presuntamente homosexuales, llamando a la población a ahorcarles. Cuando el 20 de diciembre de 2013, el Parlamento Ugandés aprobó la draconiana “Ley Anti-Homosexualidad” destinada a recriminalizar la diversidad sexual, activistas LGBTI ugandeses de Freedom and Roam Uganda (FARUG) entre otros colectivos de la sociedad civil se organizaron y movilizaron, consiguiendo que el Tribunal Constitucional ugandés anulase la Ley el 1 de agosto de 2014. Desde entonces, el persistente hostigamiento, acoso, chantaje, extorsión, discriminación y violencia que sufren las minorías sexuales en Uganda tampoco ha impedido que reconocidas activistas como Kasha Jacqueline Nabagesera haya publicado la primera revista LGBTI del país, Bombastic Magazine, o que se haya puesto en marcha el portal informativo Kuchu Times.

Tenemos mucho que aprender de nuestras compañeras y compañeros ugandeses, al igual que del resto de aliados que luchan en una vasta y heterogénea África por la diversidad sexual y por los derechos humanos en mayúscula. En un tiempo en el que parece existir en Occidente un acomodamiento social en lo relativo a la consecución de los derechos LGBTI, en países como Uganda se reivindica con fuerza la discriminación múltiple que sufren las mujeres lesbianas, la vulnerabilidad extrema a la violencia de las personas transgénero y el empoderamiento del colectivo intersexual. Igualmente, los colectivos LGBTI presentes en los 54 países que componen África (32 de los cuales criminalizan la diversidad sexual) continúan dando la batalla, en un contexto donde la homofobia y transfobia se encuentran profundamente arraigadas en lo social.

En El Sur existe una auténtica agenda LGBTI interseccional, que con mucho orgullo integra la liberación sexual, así como la lucha contra la violencia de género, el machismo, las desigualdades socioeconómicas, el racismo y la xenofobia. Ellas y ellos son los protagonistas de una revolución que abraza la diversidad en todas sus formas, y en la medida de lo posible, debemos acompañarles en esta lucha. Siempre que hagamos nuestro su orgullo, habrá merecido la pena.

1 comentario

  1. Dice ser como estamos

    Alli no cobran subvenciones como aquí, ni tienen mas privilegios que los heteros, como aquí, con todo eso, nadie tiene derecho a perseguirlos, ni asesinarlos.

    18 diciembre 2017 | 09:37

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