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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Mi princesito, un cuento que trae paz

Razones por las que son necesario #LibrosDeTextoDiversos nos las da Nieves Gascón, (@nigasniluznina) cada mes con sus recomendaciones para que desde bien temprano se abrace la diversidad.

 

Portada del libro de la Editorial Bellaterra

Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas.

Gloria Fuertes

Comenzamos con esta cita que se nos hace imprescindible en este momento y a punto de finalizar el triste mes de agosto, dejando un amargo ambiente de odio y miedo.

Reitero una crianza repleta de poesía y relatos con valores de paz y diversidad. No perdamos la esperanza de influenciar positivamente a las y los más pequeños. En nuestras casas, aulas, colegios, talleres y todos los espacios es necesario, dedicar tiempo imprescindible para construir la cultura de paz. Es la forma más inmediata para combatir y lograr posturas críticas frente a mensajes de odio que escuchamos y proliferan tanto por redes sociales como en las conversaciones de las que participamos o presenciamos en estos días. No todo vale en nombre de nada, menos la violencia en cualquiera de sus variantes, ni se justifica bajo ninguna circunstancia o planteamiento. Manifestamos nuestra absoluta repulsa e intolerancia a la violencia.

Pero desafortunadamente y como menciona en uno de sus últimos tweets el Sr. Paco Tomas, los radicalismos no son exclusivamente yihadistas. Grupos neonazis, pensamientos como los de Hazte Oír, alimentan el discurso de odio.

La amenaza en contra de la diversidad de género y afectivo-sexual es la violencia homofóbica o transofóbica. Quizá no sea otra violencia más que la misma con sus excusas peregrinas, porque nadie puede agredir a nadie y no hay argumento válido que lo fundamente.

Sin mayor preámbulo y con ánimo de hacer nuestra aportación para construir esta cultura de paz, vaya nuestra recomendación del precioso álbum ilustrado My Princess Boy, de Cheryl Kilodavis, ilustrado por Suzanne De Simone, editado en 2010 por Aladdin e impreso por Simon & Schuster, Inc en Nueva York. Esta publicación ha sido traducida al castellano por Lucas Platero y editada en España, por Ediciones Bellaterra en 2015.

Un relato colorido y recomendado para lectores y lectoras de a partir de cuatro años, con un planteamiento amable y sencillo que nos trasmite valores de autoafirmación personal, respeto y cariño en la libre construcción de la identidad sexual de su protagonista, generando sentimientos de empatía a cualquier pequeño o pequeña que lo disfrute.

La escritora Cheryl Kilodavis y en la vida real madre de un princesito, nos muestra la felicidad de un niño de cuatro años al que le gusta ponerse vestidos, tiaras, el color rosa, las joyas o las “cosas para niñas”, que entrecomillo ya que creo firmemente que no hay cosas para niños ni niñas, sino para quienes gusten al margen de imposiciones socioculturales de género, absolutamente prescindibles.

Las ilustraciones que acompañan y construyen el relato son originales, dinámicas coloridas y repletas de detalles, acompañadas de textos que flotan, giran y bailan en todas las direcciones. Personajes de figuras estilizadas, sencillas y rostros sin caras, porque cualquiera de los personajes son quienes queramos que sean o nos imaginemos, ya que sus autoras nos brindan la posibilidad de ponerles la identidad que queramos, incluso la de quienes disfrutan de su lectura.

A nuestro pequeño y feliz protagonista, muy querido por su hermano, padre y madre, le extraña que se rían de él cuando lleva puesto un vestido, cuando se pone tiara o cuando va de compras de esta manera. No entiende que tiene todo esto de gracioso y en un principio tanto él como su madre lo pasan fatal ante muestras de ironía y rechazo. Pero frente a la intolerancia o la violencia, está la reafirmación de su identidad en positivo, el apoyo familiar y la convicción de que no hay motivo alguno para tan desagradable consecuencia.

Al final del relato, la autora invita a la siguiente reflexión:

Si ves a un Princesito (ó Chico Princesa),

¿Te reirías de él?

¿Le llamarías por su nombre?

¿Jugarías con él?

¿Te gustaría tal como es?

Tras estos cuestionamientos, la escritora nos lo deja muy claro:

Nuestro Princesito es feliz porque le queremos tal como es.

Nadie puede amenazar nuestra integridad, física, afectiva o psicológica. Un respeto para esta preciosa y rica diversidad de identidades sexuales, de géneros, opiniones, expresiones o de lo que pacíficamente queramos y bienvenida sea. Leyendo también construimos paz social. Lean y empaticen. No es tan difícil.

¡Hasta muy pronto!

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