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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Adiós al rey de la homofobia: Yahya Jammeh, ex presidente de Gambia

Por Alex Dorado (@DoradoAlex)

Ex presidente de Gambia Yahya Jammeh

Ex presidente de Gambia Yahya Jammeh

Últimamente nos despertamos con bastantes sustos electorales. Resultados que ponen en primera línea política y normalizan discursos cargados de discriminación hacia las minorías, sean estas raciales, sexuales o, cada vez más, inmigrantes o refugiados. Sin embargo, a principios de diciembre se ha producido un terremoto electoral que ha ido contracorriente, borrando del mapa a una de las figuras que más odio ha sembrado en los últimos tiempos. Ha pasado en gran parte desapercibido por haber ocurrido en un pequeño país de el continente más olvidado: Gambia. Pero tiene trascendencia por las características del personaje descabalgado, su presidente durante 22 años, Yahya Jammeh.

Aunque con algunos puntos positivos que se deben aplaudir, como la prohibición de la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil, Jammeh tiene una trayectoria a todas luces dañina para los derechos humanos, pero especialmente para aquellos de las personas LGBTI.

El régimen de Jammeh, que llegó al poder de la mano de un golpe de Estado en 1994 -si bien ha sido capaz de perpetuarse en el poder durante cuatro legislaturas- ha dirigido Gambia con mano de hierro, practicando detenciones ilegales, torturas, represión hacia periodistas, defensores de los derechos humanos y opositores, recrudecida tras el intento de golpe de Estado de 2014.

Jammeh es bien conocido en la arena internacional por su retórica anti-occidental y por sus críticas a organismos internacionales como la Corte Penal Internacional de La Haya de la que Gambia se ha retirado recientemente, o contra el Secretario General de Naciones Unidas, al que propuso que se “fuera al infierno” tras pedir éste que se investigara la muerte de un opositor del UPD mientras se encontraba detenido por manifestarse contra el gobierno.

Sin embargo, lo que ha lanzado a Jammeh al estrellato y a las primeras páginas de medios internacionales ha sido su vehemencia y beligerancia contra la comunidad LGBT. Jammeh, el hombre del boubou blanco, nunca ha tenido pelos en la lengua a la hora de expresar su odio y su fobia hacia los diferentes.

Las palabras más llamativas las pronunció en 2008 cuando dio 24 horas de plazo a todos los homosexuales para abandonar el país si no querían ser decapitados, advirtiendo de que impondría leyes más severas que las de Irán contra esta comunidad. Poco después, dos turistas españoles eran detenidos, y posteriormente liberados, acusados de homosexualidad.

Durante la celebración del 49º aniversario de la independencia gambiana de Reino Unido, el ahora depuesto presidente, declaró que los miembros de la comunidad LGBT (crónimo que responde según él, a “Lepra, Gonorrea, Bacteria y Tuberculosis”) suponían una “plaga, que su gobierno perseguiría como si se tratara de los mosquitos que transmiten la malaria”. Para nuestro campeón de la homofobia, en unas declaraciones con una lógica que también nos resulta tristemente familiar en nuestras latitudes, “la homosexualidad no es humana porque va contra las leyes de Dios, que creó a Adán y a Eva; no a Adán y a Adán o a Eva y a Eva”.

Para Jammeh, ni el cambio climático, ni la escasez de recursos, ni las desregulación financiera debían preocupar a los líderes mundiales convocados en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2013 ya que era la homosexualidaduno de los mayores peligros para la supervivencia de la Humanidad”. Jammeh ha sido, además, un innovador en cuanto a lo que a retórica anti-homosexual se refiere y, ya en 2015, advirtió de los peligros del “Imperio Homosexual”, mucho antes de que ese término se pusiera de moda en España.

La homosexualidad es, como podíamos esperar, un delito en Gambia. El Código Penal de 1965 condena a 14 años de presión a quien perpetrara “delitos contra natura”, incluyendo la homosexualidad -junto con la zoofilia para más inri-, en este grupo de ofensas. El mero intento de llevar a cabo relaciones homosexuales, puede acarrear penas de hasta 7 años de cárcel y son decenas los gambianos que cada año sufren persecución, detenciones y torturas arbitrarias en base a su orientación sexual, según organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, a lo que se suma la amenaza de Jammeh de matar a todo el que busque asilo en el extranjero alegando persecución por razón de su sexualidad.

Desde 2014, además, existe el delito de “homosexualidad agravada”, que incluye los actos homosexuales realizados por personas seropositivas, en cuyo caso la pena se acrecienta hasta la cadena perpetua. Esta modificación legislativa añade a la discriminación homófoba la basada en la seropositividad, de manos de un presidente que sorprendió al mundo animando a las personas que seguían tratamiento contra el VIH a dejar de tomar retrovirales y confiar en una mezcla de hierbas y poderes místicos que él poseía.

Aunque la marcha de Jammeh es una razón para la alegría, su derrota electoral nada ha tenido que ver con su homofobia, y está por ver la actitud que el vencedor y nuevo presidente de Gambia, Adama Barrow, vaya a tomar hacia la diversidad sexual y de género. Aunque es de esperar que su retórica cambie, dadas sus intenciones de mejorar la imagen internacional de su país, la despenalización de la homosexualidad está lejos de ser una realidad en el país africano. La situación del colectivo LGBT de Gambia y las declaraciones de su durante 22 años presidente deben servirnos para recordar que actitudes que parecen de otro planeta siguen muy vivas en el nuestro.

Y más cerca de lo que pensamos.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser yo

    Nadie es perfecto, es su cultura. El prohibir la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil invita a un moderado optimismo, poco a poco las cosas irán cambiando, es una cuestión de tiempo.

    06 diciembre 2016 | 22:14

  2. Dice ser Susana

    En cualquier caso, la cultura, por muy sui generis que sea no debe imperar sobre los derechos humanos, a ver si ahora escudarmos en la tradición va a servir como argumento de peso para defender atrocidades. Nadie es perfecto pero este hombre se lleva la palma de defectillos, eh? Aún inmersos en determinada cultura y dominados por ciertas creencias y tradiciones, la capacidad de decisión del individuo y la empatía deberían prevalecer, más si cabe cuando hablamos de derechos humanos. Esas prohibiciones no son más que migajas, a mí no me resulta tan esperanzador, creo que es más bien una pequeña concesión, a modo de lavado de cara ante las exigencias internacionales, o acaso es menos grave que se vulneren los derechos de LGBTI que los de mujeres y niños?

    Alex, gracias por acercarnos a las duras realidades del día a día de países de los que nadie se acuerda, no por ignorar los hechos o taparlos dejan de existir.

    08 diciembre 2016 | 23:39

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